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i Y ÁDMniSTRAaól! / /¿.(i
'/ L_lRICO-DRAMÁTlCA.
/ I, I
EL
DESHEREDADO
COIIDU IR TBES ACTOS, H mSO
ORIGINAL DE
D. VALENTÍN GÓMEZ
REPRESENTÓSE POR PRIMERA VEZ EN EL TEATRO ESPANpL
EL 18 DE NOVIEMBRE DE 1884. . .
*
\<r-
MADRID
IMPRENTA DB A. PÉREZ DUBRULL.
V\w Baja, núm, %%,
1884
Pablo. ¿Quién la ataca?
Elena. La calumnia,
Y usted, que, al venir, la afirma.
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D. EDUARDO HIDALGO, son los exclusivamente encargados
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ejemplares.
hecho el depósito que marca la ley.
v/
^-3- 33
/-
Tributo de justicia es declarar aquí que debo á la eje-
<;ución de esta obra una buena parte del éxito que ha
obtenido.
Antonio Vico, flexible, inspirado ó grandioso, según la
situación requería , se propuso dominar al público, y acabó
por hacerlo esclavo de su voluntad : privilegio únicamente
reservado al genio. La Sra. Tubau, que tantos triunfos
ha conquislado en la comedia , demostró que su talento es
capaz de vencer todas las dificultades. En algunos momen-
tos se elevó á la altura de las más insignes actrices que han
honrado la escena española. El Sr. Catalina, á cuya buena
amistad debo el desempeño de su poco simpático papel, lo
caracterizó tan maravillosamente, que si los aplausos de
los entendidos se oyeran siempre , en cada escena hubiese
alcanzado una ovación. El veterano Fernández, regocijo
tradicional del Teatro Español , probó que sabe hacer llorar
tanto por lo menos como sabe hacer reir. La incomparable
característica Sra. Zapatero, la señorita Casado y los seño,
res Cirera yBalaguer, dieron al cuadro los toques necesarios
para que resultara perfecto.
Reciban todt)s el testimonio de mi máá profunda grati-
tud, y de mi cord^'^í'"''^'» «ij^wHíJ.
Con que me pinches.
Ifjta. lQ°^ lástima 1
I Si fuera yo !.... (Como amenazándole $n broma.)
Cándido. (Alargando el brazo para darle en la cara á Rita.)
¡Tul.... Lo creo :
Gomo que eres más remala....
Elena. Pero ¿ te estás quieto ?
Cándido. ^s ella
Que me insulta.
Rjta. I Tarambana I
Cándido. Vieja.
.Elena. Vamos.
(Haciendo que se esté quieto y acabando de coeer.)
5
Cándido.
Se acabó.
Elena.
¡ Justo ! Te irás sin corbata. (S» la pone.)
Cándido.
; E9 verdad ! ¡ Buena está ya ella I
Elena.
I Qad qaieres , hijo I Se gasta
(Mientras se la pone)
Muoho, y papá, aunque es muy bueno^
Y sin descanso trab^ga ,
No logra que de sus manos
Corran arroyos de plata ,
En vez del agrio y copioso
Sudor que su frente baña.
Rita.
Porque es tonto.
Elena.
¡ Rita !
Rita.
Quiero
Decir que el señor se pasa
De bueno, y en este mundo
Al que es bueno lo machacan.
Cándido.
Entonces voy á ser yo
Más malo que una pedrada.
Elena.
Lo que has de hacer tú es traer
Buena nota. No te vayas
•
Á aturdir en el examen ;
Que si te dan calabazas ,
Para mi será disgusto,
•
Para tu papá desgracia.
/
Ya sabes lo que es....
Cándido.
De sobra-
Pero el caso es que son tantas
Las asignaturas.... |Y ^
Vete ahora á recordarlas !
El grado de bachiller
En Artes es uoa papa ;
Créelo, mamá.
Elena.
; Bah I No digas
Simplezas.
Cándido.
¡ Simplezas I í Vaya t
Todos los chicos lo dicen....
Rita.
1 Los chicos I Razón que aplasta^
Cándido.
Quien va á aplastarte soy yo,
Si me llevas la contraria.
Elena.
De todos modos, á ver
Si cumples como Dios manda.
¿Oyes?
Cándido.
Sí; sí.... pero, mira;
Papá tiene cosas rdras.
¿Por qué no me recomienda
Como hacen otros? Bien maula
Es Garlitos, y bien pigre y
Y ya Tes qué notas saca.
No hay miedo que lo suspendan.
Aunque no conteste nada.
¡Y es natural! Don Fernando
Con los profesores habla ;
Ó busca quien ios conozca ,
Y allá va con dos mil cartas;
Y al cabo, si una no pega ,
Siempre hay otra que no falla.
Elena.
¡Bonito es papá!
Rita.
Sí; vete
Á. él con esa serenata.
Elena.
Aborrece de tal modo
Todo aquello que no vaya
Por el camino derecho,
Que ni la vida aceptara.
Si, agonizando, debiera
Á una injusticia esa gracia.
Cándido.
Pues luego que no se queje
De lo que ocurra.
Elena.
Faltaba
Sólo que hoy á tu abnelito,
Que va á llegar, le obsequiaras
Con un suspenso.
Cándido.
Por mf....
( No voy á decir palabra ;
Lo estoy viendo.) ¡Ba I Hasta luego.
Rita.
Gomo salgas bien....
Cándido.
¡Qué!
Rita.
Nada.,
Cándido.
¿Vas á hacerme algún regalo?
Rita.
He echado el ojo á una tarta
De almendras....
Elena.
(Con dulce reconvención.) \ Mujer I
Cándido.
(Abrazándola,) \ Ay, Rita I....
(Me quedaré con las ganas.)
(Va á ealiry y entran Fernando y Luha.)
8
" ESCENA II.
DICHOS , FERNANDO y LUÍSA.
Cándido. iDon Fernando I
Fernando. \ Hola^ estudiante 1
¿ Estás todavía en casa ?
Cándido. Ahora me voy. ¿Y Garlitos?
Fernando. Salió hace media hora larga.
Cándido. Tiene numero más bajo
Que el mío. ¡ Adiós !
Elena. ¡Adiós I Calma,
Y no te aturdas.
Cándido. Veremos.
Fernando. Buena suerte.
Cándido. Muchas gracias.
(Y<M9 por el fondo con Rita.J
ESCENA IIL
ELENA , FERNANDO y LUÍSA,
Fernando. Estos hijos....
Luisa. ¿Y el pequeño ?
Elena. Ayer nos lo trajo el ama
De Hortaleza : está muy gordo.
Fernando. ¡Por milagro I ¡Son tan zafias
Las nodrizas de la tierra,
Y sobre todo en su casa I
Gomen mal : no beben vino ,
Abren puertas y ventanas ,
Dejando á las criaturas
Entre aires : luego trabajan
Gomo bestias.... [Ay, Elena!
Nodrizas , de la montaña ,
Y junto á los padres.
Elena. Gierto.
Pero, amigo, son muy caras ,
Muy exigentes....
Luisa. ¿Qué importa ,
Si crían bien?
Elena. ^ Al que nada ,
Gomo tú , en oro....
Fernando. l.Pamplinas !
^
9
Elena.
Luisa.
Fernando.
Luisa.
Fernando.
Luisa.
Fernando.
Luisa.
Fernando.
Elena.
Fernando.
Elena.
Fernando.
Elena.
Fernando.
Elena.
Fernando.
Sí Ricardo se empeñara ,
¿Qué digo empefiarse?, sólo
Con qae le diera la gana ,
Tendría lo qae yo tengo,
Y aan más ; pero él está en Babia ,
Pone á todo inconvenientes,
Á caalqaier cosa le llama
Picardía, indignidad ,
Bajeza , abuso ó estafa,
Y es claro : así están ustedes :
Con dignidad.... y sin blanca.
Tendrá usted razón , Fernando :
I Mas qué quiere usted que le haga ?
¿Qué has de hacer? Plantarte.
Justo.
Y hablarle gordo.
Y al alma.
Decirle que es mal esposo.
Que es un padre sin entrañas.
Que lo primero es vivir
Con decencia , como cuadra
Á vuestra clase.
Evidente.
Pero....
I Mire usted qué sala t
I Qué muebles ! \ Y cuarto bajo I
Estará lleno de ratas ;
Chiquitín, sin luz, sin' aire.... ^
Y con todo eso no es ganga.
Diez reales diarios.
i Bueno!
Él lo quiere : santas Pascuas.
¿ Y adonde ha ido ese simplote ?
Hoy llega su padre.
¡Cascaras!
¡ Otra boca más !
Por fuerza ;
Al pobre viejo le faltan
Los recursos : está enfermo :
¿Qué ha de hacer? Venirse á casa ,
Junto al hijo por quien tanto
Se desveló.
Sin sustancia.
10
Porque el hijo, que ha hecho ahora
Oposición á una cátedra ,
Y acaso puede obtenerla
Si no sé duerme en las pajas ,
Ni hace hincapié en el decoro
Ni en todas esas bobadas
•
Que le están volviendo el Juicio
Gomo al héroe de la Mancha ,
No dará un paso siquiera
Para inclinar la balanza
En su favor, y á la postre
Se quedará como estaba ;
Muy íntegro, muy honrado,
Muy caballero.... y muy mandria.
Elena.
Será como usted lo dice,
De seguro.
Luisa.
¿Y tendrás calma
Para aguantarlo?
Elena.
¿Qué harías
Si en mi lugar te encontraras?
Luisa.
Contéstale tú , Fernando.
Fernando.
¡ Bonita es ella ! Buscaba ,
Gomo golondrina errante ,
Otra atmósfera más grata ,
Y aquí dejaría el hielo ,
Y la ventisca y la ^escarcha
Para los demás.
Elena.
• ¿De veras?
Luisa.
¡Pudiera ser! (Riéndose.)
Elena.
¡Virgen Santal
Así te juzga y te juzgas:
¿Y vivís en paz?
Fernando.
Y en gracia
De Dios.
Elena.
• Lo dudo.
Luisa.
1 Qué tonta I
El que vive en la abundancia
•
TSa dichoso.
Elena.
' No lo niego ;
Pero es que no se me alcanza
Que nudo que el amor hizo ,
La pobreza lo deshaga.
Luisa.
Donde no hay harina , dice
11
El refrán....
Elena. Refrán qne fiíUa
Machas veces. Reconosco,
Porque es yerdad muy amarga ,
Qae el resplandor del dinero ,
Ciomo el sol que el mando bafla ,
Fecnnda hasta el yermo estéril
De la estúpida ignorancia ;
Con ropaje de yirtod
Á la iniquidad disíirau ;
Sepulta á la fealdad
Bajo deslumbrantes galas ;
Da á veces vida al enfermo ,
Incienso á la cortesana ,
Dignidad al vil , y acaso
Honor y gloria á la infamia ;
Pero que el amor se extinga
Al peso de la desgracia ;
Que el dolor no estreche más
Á corazones que se aman ,
Gomo unir suele el peligro
Á los hijos de una patria ,
Eso lo dirán tus labios,
Pero no lo siente tu alma.
ESCENA IV.
DICHOS, RICARDO, D. ÁNGEL y PABLO.
Ricardo.
(Dentro.)
Por aquí.... i Elena ?
Elena.
Ellos son.
(Dirigiéndose á la puerta del foro.)
Fernando.
(Á Lútea.)
Esta nueva lotería
Que les cae. (SaUn.)
Elena.
(Abrazando á D. Ángel.) ¡Padre I
D. Ángel.
I Hija mía I
Elena.
¿Qué iá[l (Cogiéndole del brazo y llevándolo á una
mala butaca que hay en un contado. )
Aquí.... en el sillón.
D. Ángel.
¿El viaje? Bien. Demasiado
Largo ; aunque es de sospechar
Que el deseo de llegar
12
Me lo haría más pesado
Ricardo. (Preientando á Fernando y Luisa.)
Fernando Gil ; su señora;
Vecinos y amigos tales ,
Qae no los hay más leales.
D. Ángel. Séanlo míos desde ahora.
Fernando. Así será.
Ricardo. (Presentando á Pablo y Elena recíprocamente. }
Mi mujer....
. Pablo, antiguo camarada
De colegio.
Eiena. (Dándole la mano J Muy honrada....
Pablo. Más que lo es no puede ser.
D. Ángel. ¿Y Gandidito, mi nieto?
Quiero verle; que le UaoieD .
Ricardo. Hoy le tenemos de examen :
Será un bachiller completo.
D. Ángel. ¡ Pobre muchacho I.... ¡Tan pronto
Metido en esa Babel
De librotes !.... Y eso que é\
No tiene nada de tonto.
Ricardo. No lo tomaba usté á exceso
Respecto á mí.
D. Ángel. Es diferente.
Ricardo. Sí ; yo era hijo solamente,
Y él es nieto.
D. Ángel. Pues será eso.
Fernando. ¿Y de dónde viene?
D.Ángel. ¿Quién?
¿ Yo ? De la ^Montaña .
Fernando. Aquello ,
Según dicen, es muy bello
En el verano.
Elena. Un Edén.
Fernando. ¿ Usted lo conoce ?
Elena. I Oh 1 Sí.
Allí mi infancia pasé ,
Allí á mi Ricardo amé ,
Y espero morir allí.
(Á D. Ángel.)
Aún veo, padre, aquel prado
Que está de la iglesia á espalda ,
Como manto de esmeralda
13
De flores mil matizado;
Aquellos anchos nogales,
Aquellos robles aflejos
Que parecen aún más Tiejos
Junto á los tiernos maiEales ;
Y abajo el cauce sombrío
Por donde, en hilos de plata ,
Entre guijarros desata
Sus puras ondas el rio ;
Lugares todos risueflos
Bafiados con la fragancia
De recuerdos de la infancia
Y de amorosos ensuefios ;
Allí pienso vegetar
Con mis amores á solas ,
Libre y lejos de las olas
De este turbulento mar ;
Yá través del aéreo tul
Que entre las brumas se pierde.
Ver abajo.... i todo verde 1
Ver arriba. ... i todo azul I
Fernando. {Poesía!
D. Ángel.
No: realidad.
Ricardo.
Y exacta.
Pablo.
Y encantadora.
Luisa.
Harás muy buena pastora
De aquella Arcadia.
Fernando.
Es verdad.
Ricardo.
(Á Pablo.)
Pablo, ya sé que te pesa;
Pero, pues te hallé en el tren,
Hoy, aunque no almuerces bien»
•
Vas á honrar mi humilde mesa.
Pablo.
¡ Imposible !
D. Ángel.
Yo repito
El ruego por cuenta mía.
Va usted á hacer compañía
Á mi excelente apetito.
Los dos solos, ¿ no es verdad í
Y cuanto antes.
Elena.
Sin demora.
Pablo.
Yo suplico á usted, señora....
Ricardo.
¿ Desdenes á la amistad I
14
Pablo. Si tengo el tiempo tasado....
I Si lo sabes I
O. Ángel. No es perdido
Cualquier tiempo bien comido.
Sino , al revés , muy ganado.
Conque....
Ricardo. i Justo 1 Al comedor. «
Fernando. (Á Luisa.)
Eran pocos....
Luisa. (Id, á Femando J \ Pobre Elena !
Fernando. Mira á ver si en su alacena
Falta algo, y....
D. Ángel. (Por Fernando,) Si este scñor....
Fernando. Mil graciav<}. Tengo que hablar
Con Ricardo.
Luisa. (A Elena.) Y yo contigo.
O. Ángel. Pues i eal : en marcha. (A EUna.)
Te digo
Que voy con gusto á almorzar.
(Vanee y derecha, D. Ángel del brazo de Elena» Pablo
ofrece el brazo á Luisa.)
Pablo. (Á Luisa.)
Sírvase usted conceder....
Luisa. Muchas gracias, caballero.
(Aparte.)
Es galán el forastero.)
Pablo. (ídem,)
(Es muy bella está mujer.)
ESCENA V.
RICARDO y FERNANDO.
Fernando. Por la nueva obligación
Que te impones , es preciso
Que, más que nunca , sumiso ;
Escuches hoy mi opinión.
Ricardo. Escucharla, como escucho
Tus consejos siempre , es poco.
Fernando. Pero dejar de ser loco
Quizá te parezca mucho.
Ricardo. Con arreglo á tu sistema
15
Fernudo.
Ricardo.
Femando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Femando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Femando.
Ricardo.
Fernando.
Quizá.
Si mi vos amiga
Noteconyenoe....
Qae siga
Cada loco con tu tema.
Ricardo, ¿quieres ganar
La cátedra?
Por sopuesto.
El tribanal me ha propaeeto....
Ya lo eé : en primer logar.
Mas no alcanza el que no mega ;
Y asi importa poco que
El tribunal te la dé ,
Si el ministro te la niega. «
Dices muy bien : .mas yo espero
Que no me la negará.
¿Por qué?
; Por qué I Claro está ;
Pues porque soy el primero.
Y aunque es libre en la elección ,
Tal es la ventaja mía ,
Que desairarme, seria
Escarnecer la opinión.
Todo el muudo ha presenciado
Los ejercicios....
De modo....
Que de mí lo espero todo ,
Pues todo me lo he ganado.
Nada : tu eterno registro.
¿ Qué quieres ?
Que me concedas
Que sin cátedra^ quedas
Como no hablen al ministro.
jCal
¿Te pasma?
Harto sé yo....
Mas repugna á mi conciencia
Que se otorgue á la influencia
Lo que á la justicia no.
Siempre igual : ¡ siempre don Justo I
¿Pero querrá este mancebo
Que se corte un mundo nuevo
Por el patrón de su gusto?
16
Tus doctrinas serán bellas ,
Mas no te hagas ilusiones :
Buscar recomendaciones
íüs lo derecho : sin ellas
No anda espediente ninguno ,
Ni se da á nadie un destino ,
Ni se concede un camino #
Á un contratista importuno ;
Ni te escucha un Director^
Ni te absuelve un tribunal ,
Ni llegas á concejal ,
Diputado ó senador.
Y, en ñn^ pues me apuras tanto
Considera que hasta al cielo
Hay que pedir con anhelo
Por mediación de algún Santo.
Luego bien se me figura
Que sin recomendación ,
Ni aun la eterna salvación
Puedes darla por segura.
Ricardo. De modo que Belcebú
Debe estar muy bien conmigo.
Fernando. Probablemente.
Ricardo. i Y yo digo
Que no me protejas tú ,
Y otro cualquiera también
Que se interese por mi ?
Mas , confiesa*^ : ¿ es asi
Gomo se vence el desdén
Del ministro?....
Fernando. i Hombre ! Confieso...»
Ricardo, i Si estoy ya de todo al cabo I
Él fluiere hacerme su esclavo ,
Y yo no nací para eso.
Ayer me hablaste otra vez
Del mismo asunto , y querías
Demo&trar que son manías
Las dudas de mi honradez.
Y, á vuelta de mil razones,
Adiviné— hablando en plata —
Que aquí de comprar se trata
La fe de mis convicciones.
Fernando. Que él trabsge cuanto pueda
^7
Pop lograr qae ta talento....
Ricardo. ¿ Cree él qae mi entendimieato
Es alhiga en almoneda?
Pnes dile qae no se estilan
Esas ventas en mí plaza ;
Qae ios hombres de mi raza
Ni se yenden , ni se alquilan.
Qa^otismo, necedad ,
Orgullo....
Eso de mi enenta.
Pero de la vuestra, venta ,
Ck)rrupci6n, indignidad..,.
CSoitapara....
Tu posición
Con la mía : eso has de hacer;
Y luego que tu mujer
Haga igual comparación ;
Y tu chico, si se muere
De hambre, y tu....
(Saliendo.) ¿Qué OS OSO?
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Palilo.
Ricardo.
Que hace el oficio de diablo
Un amigo que me quiere.
I Ay, Pablo f
ESCENA VI.
DICHOS y PABLO.
Pablo. Eso es grave.
Fernando. No haga caso.
Este es un loco de atar ,
Y es necesario sacar
Á este loco de un mal paso.
Ayúdeme usted.
Pablo. ¿Pues no?
Si usted se sirve explicarse....
Fernando. Que dice que es humillarse,
Pues que ya le concedió
Su cátedra un tribunal ,
Ver al ministro, ofrecer
Sus servicios . . . . ¡ vaya I . . . . hacer
Lo que hace cualquier mortal.
Pablo. No es este arranque el primei*o (Riéndose)
2 _
18
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Fernando.
Pablo.
Ricardo.
De su vida.... Siempre ha sido
Un caballero camplido....
Y tín tronado caballero.
Aún haréis qae me desate....
Explicándonos teorías
Que son puras tonterías.
} Pues ! De un tonto de remate.
I Conque ton to I . . . . Por Dios vivo.
Que mi amor propio ofendéis ,
Necios , porque no sabéis
Cómo el bien y el mal concibo, \
Cómo lucha mi razón....
Arrancad mi íe de aquí , (Dándose en el pecho)
I Y á ver quién me gana á mi
Á desleal y á bribón !
¡ Ja I I ja 1 ¿ Nos harás creer
Que la cosa es para tanto?
Bueno sofMPnque no santo :
Mas sé bien lo que hay que hacer.
¿Tienes fe? Quema tu templo.
¿Honor? Quebranta tu escudo;
Á toda maldad sé mudo ,
De toda vileza ejemplo:
Al débil , capirotazo ;
Con el fuerte , reverencia ;
Silenciosa la conciencia ,
Y dexible el espinazo.
Que tu mano se desmande
Y dé al prójimo un disgusto...,
Mas, ¿ vences ? Tú eres el justo ,
El sabio, el ilustre, el grande.
Y habrá lo que siempre ha habido
En este mundo traidor :
Laurel para el vencedor ,
Calvario para el vencido.
Como pasa en cualquier lidia.
Todo en la vida es igual :
Una batalla campal,
Y el que pierde, se fastidia.
Eso es , y así eí mundo acata
De cada cuál el destino.
Y castiga al asesino
Que á un solo individuo mata ;
19
' Y al que haca mil atropellos ,
Porqae la historia los cuente ,
Á ese le ciñe la frente
Con inmortales destellos.
Y más aún : eambia hasta el nombro»
Según sea lo ultrajado :
El que mata á uno, i malvado 1
El que mata á mil, ] grande hombre!
Así es el mundo: eso pasa.
Ya estáis viendo que lo sé.
lías no es ese el mundo-qne
Será huésped de mi casa.
Fernando. ¡ Y qoe ^tos sabios no entiendan
Que entre ser lobo ó cprdero,
Hay que elegir I
Ricardo. Pues no quiero
Ser lobo.
Fernando. Pues te meriendan.
Ricardo. Ó no.
Fernando. j Yaya I Y en adobo.
Ricardo. ¿ Por qué ?
Fernando. ¡ Por qué 1 Muy sencillo.
¿No estás siendo un corderillo
Porque no quieres ser lobo?
¿No pasas angustias mil?
¿No te encuentras apurado
Á veces por un puñado
De duros, que un zascandil ,
Sin méritos ni talento,
Ni fortuna conocida,
C!on una mojer perdida.
Se gasta á cada momento ?
¿No te ahoga?...,
Rieardo. ¿Gallarás?
Fernandor-¿Este modo de vivir?
¿Qué es esto sino servir
De merienda á los demás?
Ricardo. ¡ Pablo ! (Como pidiéndole auxilio,)
Fablo. La verdad : todo eso
Que te dice don Fernando ,
Me está, chico, demostrando
Que tienes muy poco seso.
Bien está que la conciencia
20
A toda ylrtnd respete ;
Mas DO tanto que sujete
Con grillos nuestra existencia.
Ricardo. Corriente, Ya se acabó.
No sé qué es mal ni qué es bien.
Soy un imbécil en quien
La desgracia se cebó.
Y en medio de tanto alarde
De concienzuda inquietud,
Resulta que es mi virtud
Escrúpulos de cobarde.
Pero al cabo hemos de ver
Quién mejor ha de salir :
La desgracia en combatir ,
ó mi constancia en vencer.
Fernando. {Se acaból ¡Voy á buscar
Á mi Luisa, y la del hnmo !
Que en esta casa presumo
Que nos vais á contagiar,
Y tengo mucho interés
En no aprender, ni el camino
Que lleva á San Bernardino ,
Ni el que va hada Leganés. ( v<u$ por la derecha.;
ESCENA Vn.
RICARDO y PABLO.
Ricardo, i Siempre así I Su corazón ,
.generoso cual ninguno,
Mas quiere verme hecho un tuno
Que no en mala posíción«
Y en esta riña constante ,
Él me-arguye y yo replico :
«Que tienes que hacerte rico
«Que no he de hacerme tunante... .>
Con lo cual, y esta virtud
De la que dice él horrores ,
Yo le debo mil favores ,
Y á mí él sólo gratitud.
Pablo. Parece bueno.
Ricardo. Y merece
Mi afecto, y á él me acomodo ;
Porque es , en medio de todo ,
21
Mejor de lo que parece.
•
Seria nn hombre cal>al ^
Si á SQ alma noble y hermosa
No le faltara ana cosa
Pablo.
¿Blqaé?
Rioardo.
Sentido moral.
Pablo.
Porqae á tu opinión me asocio
Respecto de ese sentido
Qae siempre en ti he conocido ,
Voy á fiarte nn negocio.
Rioardo.
¡ Negocios á mi I Medrado
Qaedarás , si en mí lo fias.
Pablo.
Tan £loil es , qae podrías
Encomendarle á un criado.
Es cuestión de buena fe.
Rioardo.
Aon así....
Pablo.
No te defiendas.
Necesito que me vendas
Estos créditos. (Saca uno* papeln.)
Ricardo.
1 Por qué
No los vendes tú ?
Pablo.
Porque hoy
Es imposible.
Ricardo.
Mal&ana
Puedes hacerlo.
Pablo.
Una anciana
Me está esperando, y me voy.
Ricardo.
¿Tu madre?....
Pablo.
Me llama ansiosa ;
Tal vez se siente morir.
¿ Necesitaré decir
Que no pienso en otra cosa ?
Pongo el endoso al momento....
(Se acerca al secreter, donde hay tintero y pluma, y mi-
pieza á'endosarloe mientras. habla, J
Fué una herencia. ...
Ricardo.
Mas....
Pablo.
Procura
Vender bien. Se me figura
Que están á veíate por ciento.
No tengo por muy seguros
Mis informes. Tú verás.
Calculo que sacarás
22
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
De caatro á oinco mil daros.
Le preguntaré á. Fernando ,
Qae de estas cosas entiende.
Él, que en Bolsa compra y vende,
Y está siempre acombando
Á sociedades y empresas
Gomo eterno consejero ^
Redncir podrá á dinero
Estas palabras impresas.
Guando cobres....
Te lo advierto
Por telégrafo, y te giro.
¡Hombre, por Dios I ¿Es un tiro
Tal asunto?
Sí, por cierto.
El oro....
Gomo te cuadre.
Bien que volveré en seguida ,
Si lo permiten la vida
Y la salud de mi madre;
De modo que es necedad
Manifestar esas prisas.
Vendes el papel, nie avisas,
Y guardas la cantidad.
(Femando y Luisa cruzan por ti forOy como fiara salir
de casa y marcharse á la suya.)
¡ Ah, Fernando ! (Llamándole.)
(Desde el foro .) 4 Qué hay ? ¿ Al cabo
Logró convencerle usted? (A Pablo J
Es de los que en la pared
(Á Pablo, refiriéndose á Fernando)
Meten con la frente un clavo.
Se trata ahora....
i Y que no empalen
Á hombres de tales ideas !
De que estos papeles veas
Y me digas lo que valen.
I Ah 1 ¡ Ya I Luego los veré.
(Se los guarda en el bolsiUo.)
Ahora voy al ministerio
Á decir que un hombre serio
(Con afectación burlesca)
No pone en venta su fe :
23
Ricardo.
Pablo.
Ricanio.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Cándido.
Ricardo.
RHa.
Que no sacrifloarás
Al intoréa el honor ;
En fin.... qne eres el mayor
Memo que he visto jamás.
fVeu$ con Luisa , ditjntéi de mtttr to« papeUt tn el
boMU}.)
¡ Implacable 1
¡ Delicioso I
¿ Te hace gracia ?
Es buen amigo.
Di más bien qae es enemigo
Sitiador de mi reposo.
(Mirando eu reloj.)
¡ Oh ! I Qué tarde 1 ¡Adiós I
Espera.
Te acompañaré.
¡ Tü|| Qaita.
Voy á hacer ana visita
De camplido, á la carrera ;
Luego un encargo y y después
Á la estación sin demora.
Pero....
(Abrazándole.) \ Adiós! Queda uua hora;
El tiempo justo.
i Adiós y pues!
(Le abra%fif y le acompaña hcuta la purria , 9aU$ndo al
paeiüo, donde vuelve á detpediree.)
\ Que esté bien tu madre I
Gracias.
Te giraré.
Me importunas.
(Vate. Ricardo vuelre hacia el proeceniOy y va á diri»
giree á la habitación donde ee supone que están su mti«
jer y su padre^ y entran por el foro Cándido muy
triste, y Rita que lo trae medio abrasado, )
ESCENA VIII.
CÁNDIDO, RITA y RICARDO.
Para él todas las fortunas ,
Y para mí las desgracias.
¿Qué es eso?
Nada, señor.
24
Ricardo.
Rita.
Ricardo.
Cándido.
Rita.
Ricardo.
Cándido.
Rita.
Ricardo.
Rita.
Ricardo.
Rita.
Ricardo.
Cándido.
Rioardo.
Cándido.
Ricardo.
Cándido.
Rita.
Ricardo.
Qaeasted es may bueno.... ¡Glaro^!
Y á todo pone reparo,
Y estima en macho el honor;
Y usted no ceja, aunque ceje
El mundo, ni en un tantico....
¿Y qué?
Pues nada; que al chico
Lo han partido por el eje.
¡Ehl
¡ Si mi suerte es más mala !....
Me tocó de Tiko*Brahe....
Las calabazas que trae
No caben en esta sala.
¡ Mentira I (A Cándido,) Di tú que miente.
¡Sil ¡Mentir!
No dé usted gritos,
Porque en cambio....
¿Qué?
Á GaHitos
Le han dado sobresaliente.
¡ Esto más !
No se descuida
Su papá, y toca el teclado....
No es eso : es que este malvado
Me quiere quitar la vida.
No, señor; si sá más que él.
¡ Si ha contestado muy mal !
¡ Si ha dicho que el lago Aral
Estaba junto á Teruel 1
¡Si á Aníbal lo ha hecho romano^
Y de Amílcar Barca suegro;
Y ha dicho querrá muy negro
Escipión el Africano !
¡ Disculpas de tu torpeza I
Son verdades.
Ya haré yo
Que entre, si la ciencia no ,
Esta silla en tu cabeza.
(Amenazándole con una silla.)
PerOy papá.... (Huyendo.)
(Amparándolo con su cuerpo.) ¡Señorl.... ¡Anda!
Tras de suspenso, garrote.
Al que es duro de cogote
2&
Con el palo se le ablaada.
(Cándido huyt d§ Ricardo, dando gñion dé auarilio, y
jalen E1$na y D, Ángel por la pu9ria dtrúeha.)
ESCENA IX.
DICHOS , ELKNA y D. ÁNGEL.
CáRdldo.
(Gritando.)
¡Mamá I
Elena.
¿Quá pasa?
Cándido.
(Refugiándose trat de Elena y D, Ángel.)
¡Ay de mi!
D. Ángel.
¡Hijo mío! (Abrazando á MU nieío.)
RIoardo.
He de matarle.
D. Ángel.
Si te atreyes á tocarle.
Verás tú quién manda aqoí.
RIoardo.
Usted no sabe....
Gandido.
¡ Ay, abuelo !
Han sido injustos conmigo.
Elena.
¿Suspenso?
Gandido.
Sí.
Ricardo.
¿Qué castigo
No merece ese pilluelo? ^
D. Ángel.
¿Por eso ? ¡ Vaya una cosa I
El miedo....
Cándido.
¡ No I La fortuna.
D. Ángel.
£1 miedo. Habrás dicho alguna
Barbaridad horrorosa.
Cándido.
Tanto....
Rita.
¡Nol
Ricardo.
1 También tú vas
A decir?....
Rita.
Porque se entere, (A D. Ángel/
Diré que el seftor no quiere
Recomendarlo jamás.
Y así que al pobre lo'atacan
Gomo á una cosa perdida ;
Y á poco que se descuide....
¡Es natural I.... Lo machacan.
Cándido.
Eso es , abuelo.
Elena.
Y yo abundo
Rn vuestro modo de ver.
26
D. Ángel. (A Ricardo.)
Hijo mío, hay que tener
Un poquito más de mundo.
Si exageras.... *
Ricardo. No exagero ,
Padre mío*
D. Ángel. Quizá sf .
Ricardo. Lo que de usted aprendí ;
, Justicia én todo : eso quiero.
Dócil soy á la enseñanza
Que usted me dio.
D. Ángel. ¿ Y yo decía
Que todo asi se debía
Lleyar á punía de lanza?
Ni yo era tan indiscreto ,
Ni me cupo en la mollera
Que mi enseñanza sirviera
Para reprobar á un nieto.
Ricardo. Gomo estudia él , yo estudié.
Nadie me recomendó.
¿.Usted recuerda si yo
En algo le disgusté?
D. Ángel. ¡ Nunca, eso no ! Por ningún
Ck)ncepto. Eras tú , en verdad ^
Mi orgullo y mi vanidad....
] Y sigues siéndolo aún I
(Le abraza con gran efutión.)
ESCENA X.
DICHOS y FERNANDO.
Fernando. \ Firme I \ Firme I (D. Unga y Ricardo «• separan,)
¡ No I ¡ No I Insistan
En el achuchón.
Ricardo. ¡ Fernando !
Fernando. (A d, Angei.)
I Le. está usted felicitando
Porque se queda j?^ istam ?
Ricardo. ¿Qué dices?
Fernando. Lo regular,
Lo lógico, lo esperado.
Ricardo. ¿Mi cátedra ?. . . .
Fernando. Se la han dado
27
Al qae iba en tercer lagar.
(ñila tira d$ un brazo á Candidiío pmra lk9ár$e¡o ; ptro
el muéhfkcho n r$mU , ponkndo at9nción á lo que «•
habla,)
Ricardo. ] Al tercero t Es an horror.
Fernando. ¡ El horror de los horrores !
Ricardo. ] Si de los opositores
Precisamente era el peor !
Fernando. Pero se dio buenas trazas ,
Y la ha pescado.
Rita. ¡ Ahí está !
Cándido. (0^*^ m ha separado de Ritaf y se acerca al abuelo para
decirle de modo que lo oigan todot.)
Y^ ve usted cómo á papá
Le dan también calabazas.
Ricardo. ¡ Bribón I ( Amenazándole. J
Elena. ¡ Yete I {Á Cándido, que te va con Rita.)
ESCENA XI.
ELENA, RIOARDO, D. ÁNGEL j FERNANDO.
D. Ángel. Se desquita .
LeiDJariaste....
Ricardo. Y me ha humillado.
I Este golpe inesperado .
Toda autoridad me quita ,
Hasta con él !
Elena. Ten más calma.
Fernando. La culpaos....
Ricardo. Es de mi suerte.
Que en deshojar se divierte
Las ilusiones del alma.
En mi estudio, en mi trabajo
Toda mi fortuna estriba.
El me está diciendo ¡arriba!
Y la suerte dice ; abajo I
¡ Y abajo siempre 1.... Es cruel
Por noble escala buscar
La manera de llegar
De la fortuna al cancel ;
Y al tocar en el peldaño
Que era toda mi ilusión ,
Interponerse el burlón
28
Rflpectro del desengaño:
Y llega el vil, y conquista
Lo que quiere,... ¡Á tal contraste
Ya no hay paciencia que baste ,
Ni virtud que se resista!
Fernando.
¿Al ña lo vas viendo claro?
Ricardo.
Del infortunio á ia luz.
Fernando.
¿Quieres arrojar tu cruz
Sin necio monjil reparo ,
Y á mi amistad verdadera
Dando inefable alegría ,
Ganar en un sólo día
^
El pan de tu vida entera?
Elena.
¿Qué dice usted?
D. Ángel.
¿Cómo es eso?
Ricardo.
Habla.
Fernando.
Y todo en tu interés.
Mas no me digas después
Si en el fiel está ó no el peso.
Podría hacer por mi cuenta
El negocio.... y lo mereces.
Mas ver prefiero mil veces
Á tu familia contenta.
Que próspero y sonriente
La vida pases tranquilo,
Y no te tenga de un hilo
La necesidad pendiente.
Ricardo.
I Acaba I
Elena.
¡ Dios Soberano I
¿Será verdad?
Fernando.
Yo lo digo ,
Y basta. Pablo , tu amigo ,
Te pone el oro en la mano.
Ricardo.
¡Sus papeles I....
Fernando.
Aquí están. (Los saca.)
•
Te habrá dicho que darían
Por ellos , si se vendían ,
«
Cinco mil duros ? (Ricardo hace signo
afirmativo.)
Darán
«
Veinticinco mi) .
Ricardo.
(Encogiéndose de hombros.) Mejor
Para Pablo.
Fernando.
Para ti.
Tú le darás el vendí.,..
Ricardo. [ Si I Por todo sa Talor.
Fernando. { Estúpido 1 1 No me entieodeef
Ricardo. (Con Moma.)
Puede ser. i Soy tan cerril I....
Fernando. Tú compras por cinco mil »
Y luego á mí me los Tendes....
Ricardo. ¿A ti?
Fernando. Por medio millón
Que te entregaré al contado.
{ En ty vida has sospechado
Tan hermosa operación I
Ricardo. Ni á comprenderla del todo
Alcanzo» ni en ti me explico....
Fernando. Mas si voy á hacerte rico,
¿i ti qué te importa el modo?
Ricardo. Tu criterio....
Fernando. Ya yolyemos....
{Á Eltna y D, Ángel.)
Díganle ustedes, por Dios, .
Que no sea atún.
Elena. Los dos
Ni voz ni voto tenemos.
D. Ángel. Bien estará lo-qae él haga.
Fernando. ¡ Si el negocio es evidente I
Él compra al precio corriente,
Y al precio corriente paga.
Sólo que yo, porque veo ,
Que.... asi la cuenta me sale,
Le doy más de lo que yale ,
Y se hace rico, y laus Deo.
D. Ángel. Yo no hallo en eso baldón
Ni ofensas á la moral.
Elena. Parece muy natural
Y justa esa operación.
Femando. ¿ No ha d^ ser ?
Elena. (Aparte.) (i Virgen María I)
Ricardo. (Aparte.)
( ¡ Si fuera lo que asegura !....
Es demasiada ventura
Para que pueda ser mía.)
Fernando. ¿Conque vamos á endosar?....
Ricardo. Espera un poco, ¡ pardiez! ,
30
Qae si snerte y honradez
Hoy se van aquí á encontrar
Unidas por lazo faerte ,
No vendrán con tal llaneza
La honradez por su nobleza ,
Por haésped nuevo la suerte.
Fernando. Bien.
Ricardo. Tu proyecto repruebo
Si á perjudicarte vas ,
Pues no he de deberte más
De lo mucho que te debo.
Fernando. ; Ah I No : no te cause apuros
Mi generosa arrogancia ,
Porque sobre tu ganancia
Gano yo cinco mil duros.
Ricardo. Entonces resultará
Que á Pablo no le conviene
El valor que el papel tiene ^
Sino el valor que tendrá.
Tú sabes que va á subir
De seguro.
Fernando. i Soy yo bobo !
Ricardo. ¿Y acaso no es también robo
El robo del porvenir?
D. Ángel. (Robol.... ¡Hijo mío!
Elena. Eso no.
Mira lo que haces.
Fernando. i Qué diablo I
¿Por qué hemos de darle á Pablo
Lo que él nunca imaginó?
La sociedad franco-hispana,
Cuyas son estas acciones,
Litiga por diez millones
Que le deben. Si los gana,
Es de absoluta evidencia
Que multiplica el valor....
¿Los ganará? Sí, señor :
I He visto yo la sentencia I
He aquí el secreto del cual
Depende que este papel
Suba á ciento y más. ¿ Tiene él
Que ver en esto?
Ricardo. Si tal.
31
¿La sabida es cierta?
Fernando. i Es
Infalible I
Ricardo. (Aparte.) ¡Honra tirana I
—¿Y cuándo?
Fernando. En esta semana.
Ricardo. Luego es robo : ya lo ves.
Fernando^- Di negocio.
Ricardo. Venga acá
Ese crédito endiablado.... (Lo coge,)
Hijo soy de padre honrado ;
Honra sólo en mí verá.
D. Ángel. { Bravo , hijo !
Elena. (Aparte.) Desprecia el oro....
{Pobres hijos 1
Ricardo. (Encerrando loe papelee en un cajón del eecreter.)
Al encierro.
I Y aun parece poco el hierro
Para guardar mi decoro !
Fernando. {Pero hay tal!.... Conque me avengo
Á que este negocio lo hagas
Sólo tú.... ¿y así me pagas
El cariño que te tengo ?
Ricardo. | Femando del corazón !
¡Tuya es mi sangre.... mi vida I
Pero que tu amor no pida
Al mío una mala acción.
Fernando. Eso es soberbia , 6 marcada
Insensatez , no heroísmo.
Ricardo. Sofismas del egoísmo
Contra mi conciencia honrada.
Fernando. Pues, h\jo, siguiendo así ,
Te morirás de hamb.re.... y de honra.
Ricardo. Morir de hambre no deshonra :
* j Vivir de la infamia sí I
Fernando. {Mentecato! ¿Eres capaz?....
Ricardo. { De todo, sí I {No me aterra «
Estar con el mundo en guerra ,
Si estoy con mi honor en paz !
(Fernando ee va muy contrariado. Ricardo abraza á i«
padre y á eu mujer, y cae el telón)
FIN DEL ACTO PRIMERO.
ACTO SEGUNDO.
La misma deooración.
ESCENA PRIMERA.
RICARDO y ELENA.
(Ricardo entra de la calle, y contempla á m mujer trabajando
Junto á la reja.)
Ricardo, i Trabajando sia reposo
Gomo ana esclava, sujeta
De la escasez fementida
Á la indomable cadena I
Elena. ; Qué remedio ! Más angustias
Tu corazón noble estrechan,
Que, sobre el trabajo, sientes
Lo ruin de la recompensa.
. Ricardo. No sabes bien ....
Elena. Lo que ignoro
Me lo dice la sospecha ,
Y en siendo desagradable,
De seguro nunca yerra.
¿Qué te han dicho?
Ricardo. iNada en suma.
Que traduzca más novelas
Y más libros sin sustancia ,
Y más odiosas simplezas ,
Si quiero ganar mil reales
Más al afio.... j Honra á cualquiera
Que es doctor, como yo soy ,
En filosofía y letras.
Tener cuatrocientos duros
Desueldo anual I
Elena. ¡Es miseria
Ciertamente !
Ricardo. Y entre tanto,
-El que explota por entregas
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
33
Todo lo Til qae prodaoe
La frivolidad francesa ,
Se está haciendo millonario.
Ya tiene hotel, carretela »
CSasa de campo, un negrito ,
Secretario y cocinera
De primer orden.
I Y entiende?....
I Vaya ai entiende de letras I
I Las ba llevado á la espalda
Gnando era mozo de imprenta I
Dentro de dos ó tres años
Será ministro de Haciend)i ,
ó senador vitalicio ,
ó titnlo con grandeza.
Así es el mundo.
Ya veo
Que el mando es de una manera....
Yo he visto, en cambio, crnaar
Por delante de mi reja ,
En un lando que arrastraban
Dos potros de raza inglesa,
Á una mcger entre pieles
De nutria y armiño envuelta ,
Despidiendo de sus ojos
Relámpagos de soberbia ,
Tales que más que miradas
Parecían desvergüenzas.
La he conocido. Era una
De esas mil aventureras
Que el vicio opulento ^Iquila ,
Y el impudor lisoi^ea ,
Llenando de oro y perfumes
Su corrompida existencia.
Su vista produjo en mi alma
Tal amargura, que hubiera
Perseguido aquel carru^e ,
Lanzando gritos de hiena
Gojitra el mundo que no arroja
De su seno e.?as vilezas,
Contra el ocioso magnate
Que en eso gasta sus rentas,
Y contra la misma suerte
34
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Eiena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Eiena.
Que á gente tal da riquezas.
I Tienes razón! Hay horribles
Injusticias en la tierra
Qae , bien miradas , parecen
Escarnio de la conciencia.
Fernando á veces arguye
Con tanto Yigor....
Que aterra ,
Porgúele ayudan los hechos
Con espantosa elocuencia.
En estos días amargos
Más la memoria recuerda,
Cómo á mi padre un amigo
Le robó vida y hacienda.
Y el criminal opulento
Quizá dejó pingüe herencia
Con que gozarán sus hijos
De los bienes de la tierra. (Pausa.)
¿Y mi padre?
Á Misa.
I Pobre
Viejo I Al llegar á la meta
De su vida , cuando más
Cuidados el cuerpo anhela ,
Y el espíritu más calma ,
Menos cuidados encuentra
Y menos paz.
Hasta ahora
No sabe , aunque lo sospecha ,
Cuántas cosjas hay que hacer
Porque no falte en la mesa
Ni lo que el gusto le pide ,
Ni lo que el doctor le ordena.
Privándote tú....
De nada,
j De todo !
I No 1 ¡Si supieras
Lo que el más pequeño exceso
Hecho de continuo , cuesta I
Y á Cándido hay que buscarle
Un profesor.
Y á Hortaleza
Hay que mandar el importe
35
Ricardo.
Elena.
:Rlcardo.
Elena.
Dlcardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
.Ricardo.
De dos mesoF.
¿ Dos se adeudan
Á la nodriza ?
Y van cnatro
Que nuestra honrada sirrienta ,
La pobre Rita , no cobra
Ni un real.
fPcueándou nervioio y agitado,)
\ Pues es lisonjera
Nuestra posidón sin duda I
I Y el poryenir se presenta
De color de rosa y nácar,
Salpicado de oro y perlas !....
¡ La cátedra !.... Era mi sueño....
Mi ilusión , mí recompensa....
Trabajé con tanto ahinco.
Tantas noches pasé en vela
Devorando libros , tantas
Esperanzas puse en ella ,
Que el desengaño me ha herido
Gomo si en noche serena
El cielo sobre mi frente
Desprendiese una centella.
No te amilanes por eso;
[ Valor , Ricardo , y paciencia !
Dios es bueno , y no abandona
Á los suyos.
Pero deja
Que la astucia y la perfidia,
La audacia y la desvergüenza ,
Monopolicen las altas
Dignidades de la tierra ,
Y da al orgullo palacios
Y chozas á la modestia.
I Y acaso van siempre unidas
La ventura y la riqueza ?
Ks verdad : Dios justiciero
Todo lo mide y compensa ,
Y este amor de que gozamos ,
Á muchos ricos les niega.
Dicha que el oro no compra....
Que á veces el oro ahuyenta.
Eso no ; porque te juro
36
Qae poseerlo quisiera,
No por mi y \ Dios es testigo I
I Por vosotros ! j Por mi Elena I
Si por eso cabalmente
Mi corazón se rebela
CSontra la suerte enemiga
Que me persigue y me cerca ,
Desbaratando mis planes,
ó amargando más mis penas I
ESCENA II.
DICHOS y D. ÁNGEL.
Elena.
Ricardo.
D. Ángel. ¿Qué hablas de penas?
Ricardo. i Hay tal t
¿ Qué penas puede aquí haber ?
Las que siempre ha de tener
El cuidado paternal.
D. Ángel. ¿ Alguna de las trastadas
De Cándido?
No, señor*
Justificado temor
De que vuelva á las andadas.
Si el verano no aprovecha ,
Ni lo perdido recobra....
D. Ángel. Para calabazas sobra
Con la reciente cosecha.
¿Y eso no más os apura?
Y es bastante.
No me fio :
Pues veo aquí en torno mío ^
Mirar triste, frente oscura,
Tal cual lágrima furtiva,
Tal cual sofocado anhelo ;
Hondas huellas de desvelo ,
Señales de in^iuietud viva....
Y el recelo, que es ladino,
Ha llegado á imaginar,
Que me queréis ocultar
Algo que quizá adivino.
Ricardo.
D. Ángel.
37
•Itioardo. j Ocnltarle I ¿ De qué suerte?
0 son ó no son antojos
El llanto de nuestros ojos ,
Las señales que usté advierte
De la inquietad en que estamos*
¿Son antojos? Nada son.
¿Son verdad? Pues no hay razón
En decir que la ocultamos.
Porque sí es fácil leer
En llanto, mirada y frente ,
Fuera ocultar neciamente
Lo que todos pueden ver.
D. Ángel. Tu argucia se desbarata
Por si misma. Nadie ignora
Que el alma á veces traidora
En el rostro se delata ;
Y aunque ocultarse pretenda ,
Porque sospechas recele ,
Casi nunca evitar suele
Que un simple gesto la venda.
Y esconde mal sus enojos
Detrás de una cardjada.
Pues el alma desgarrada
Se asoma entera á los ojos.
1 Ilusión I
¿También dirás
Qae me oye Elena con calma ?
(Observando qu« Signa tt Una «I panudo á lot ojoi»)
(Á eüa.)
Las madres tenéis un alma
Más franca que los demás,
babla tú : di con franquesa
Si estoy sofiando 6 despierto;
Aflrma qae sólo es cierto
Qae he perdido la cabeza ;
Jura qae es antojo vano ,
Aunque de í^o vacilas,
La perla de tus papilas
Que me ha caído en la mano.
I Señor I
¡Padre! Si nosotros.:..
Ya vuestro pesar sospecho..
Mas me negáis el derecho
Bleardo.
D, Ángel.
€lena.
Rleardo.
D. Ángel.
> .• •
38
Elena.
D. Ángel.
Ricardo.
Elena.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
De safrirlo con vosotros.
Y esto es una picardía ,
Una infamia.... Si, seflor....
I Para ellos todo el dolor,
Y para mí la alegría!
I Quién ha visto?....
; Padre amado!
Lo sé todo, hija querida.
Estáis pasando la vida
Que pasa el desheredado ;
No el obrero , el menestral,
Que con poco se contenta ,
Sino el que vive y alienta
De la vida intelectual :
El que su virtud no doma
Ante ofertas de villanos ,
Y en sociedad de milanos
Hace oflcio de paloma.
Y cuando es la casa escombros ,
Llega un viejo miserable
Á ser carga insoportable
De vuestros débiles hombros.
¿Y usted piensa?....
¿Quién le dijo?...,
Pien30>que vine á aguardar
El momento de espirar
Entre los brazos de mi hijo.
Y que á este dulce consuelo
De una vida triste y larga ,
Se opone la prueba amarga
Con que os aquilata el cielo.
¿ Pero usted ha sospechado ?. . . . *
No sospecho : cierto estoy
De que , á pesar vuestro , soy
Un estorbo harto pesado.
¡ Padre I
No hay nada que hablar.
¡ La pobreza !.... No me extraña....
Me volveré á la montaña ,
Á mi solitario hogar....
¿Hambre ? No la he de sentir.
Yi cas y hazas me darán
Rica leche y tierno pan
39
RicaNo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Elena.
D. Ángel.
De borona...., i y á vivir!
Nada me cansa temor,
Sino estar solo otra vez ;
Qne si es mala la vejez ,
Estando solo es peor.
Pero....
I Basta ! No consiento
Qne siga nsted , padre , hablando ,
Porqne me está desgarrando
El corazón con su acento.
¿ Usted carga ? ¿ Usted estorbo ?
¿ Y de nn hijo ? ¡ Padre mío 1 .
Ni el alma perdió sn brío ,
Ni la dura espalda encorvo
Ante el trabi^o y la Incha
Contra la fortnna loca.
I Qne hoy la recompensa es poca ?
Pero la esperanza es mncha.
Ni hay motivo ni ocasión -
De apnrarse y cavilar.
Usted á pedir , yo á dar ;
Porqne esa es mi ol^igación.
¿Qne trabajo, y Incho? Asi
También nsted trabigó. «
¿Qué menos he de hacer yo
Qne h) qne hizo nsted por mí?
iHyol
¡Si la sangre fuera
Mercancía , yo le fío
Que por nsted, padre mío,
Toda mi sangre vendiera 1
fAbrazándoU,)
I Bendito seas!
(Aparte,) Señor,
¿No premiarás sn honradez?
Dulce será mi vegez
Mientras conserve tn amor.
40
ESCENA III.
DICHOS y CÁNDIDO , por el foro.
Cándido.
Baenos días.
D. Ángel.
Ven acá
Descastado rapazuelo.
Hoy no te he visto.
Cándido.
(Con frialdad,) \ Hola , abuelo !
Ricardo.
¿Qué es eso de hola?
Eiena.
I Ya, ya I
Entras de un modo....
Cándido.
(Volviéndote hada Elena,) ■ \ Psché I
Eiena,
(Reparando en él.) \ A VCrl
^Qaé tienes aquí? (Señalando la naris.)
Cándido.
I Yo! Nada.
Eiena.
La nariz ensangrentada....
I Mírale f (á Ricardo).
Ricardo.
¡Sil ¿Qué ha de ser?
Cachetina ó coscorrón.
I Son de oro estos angelitos!
Cándido.
Cachetina con Cari i tos,
Porque me ha llamado hambrón.
Ricardo.
¡Hambrón!
Cándido.
Y otras cosas.
Eiena.
¡Sí!
Cándido.
Pero lleva una....
Ricardo.
¿Qué dices?
Cándido.
Él me ha dado en las narices :
Yo le he puesto un ojo asi.
(Señalando la hinchazón.)
¡Pues no faltaba más que eso!
1 Porque él tenga cuanto quiera
Va á insultamos?.... Ni que fuera
El hijo de un principesa.
Ricardo.
Y en resumen....
Cándido.
En resumen ,
Ha dicho que su papá,
De ti y de todos está
Hasta aquí. Que le consumen
Lo que él con arte ha ganado
41
Elena.
Ricardo.
Tu soberbia y tn altivez.
Qae 69 may buena to honradez
Para TÍYír de prestado.
Que es mny grande ímpertineDoia
Ser Yolontarios mendigos ,
Y moler á los amigos
En nombre de la conciencia.
Que , en fin , por tu culpa, todos
Pasamos horribles hambres ,
Y somos anos pelambres
Que nos comemos los codo9.
t Y más airado me paso.
Que de ello dio fe completa
El codo de esta chaqueta ,
Comido ya por el aso I (Eruéñando un codo rato.)
(A Rieardo, que ha oido todo uto eon demontraciont»
de ira y de vergüenza.)
{ Ahí (Ricardo!
Ya colijo
Lo que me dice tu afán.
Que tu alma abrasando están
Las palabras de nuestro h^o.
Si mi rabia adivinó
Cuánto te hace esto sufrir,
¿Para qué me has de decir
Lo qué estoy sintiendo yo ?
D. Ángel. Pero hacéis caso....
RIeardo. De nada,
Padre mió. ] Niñerías I
Sólo que hay algunos días
En que parece cargada
La atmósfera de un vapor
Que se dilata y transforma ,
Y toma á veces la forma
De un demonio tentador.
' Y la razón más tranquila
Se perturba y oscurece ,
Y el corazón se ennegrece
Y la voluntad vacila.
Y como el sol se apresura
Á huir si la sombra viene,
Huyela virtud, que tiene,
42
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
Gomo el sol, su noche oscura.
La virtud» hija del cielo ,
Debe ser perpetua aurora.
El corazón , cuando llora , .
Busca en la noche consuelo.
{ Ah t No quiero adivinar
Tu pensamiento....
¿Porqué?
Que he tenido mucha fe ,
Y que me empieza á faltar :
Que otras ideas oprimen
Mi cerebro ardiente y loco ,
Y, en ñn, que ya poco á poco
Voy comprendiendo.... { hasta el crimen !
j Doblar la frente á la dura
Adversidad!.... ¡Fementido I
El alma honrada ha nacido
Para mirar á la altura.
* ¿Hay tormenta? Pecho fuerte
Á una y otra sacudida ;
Que el combate de la vida
Lo acaba pronto la muerte. *
¿Triunfa el malo? No lo siento;
Porque yo sé que consigo
Lleva siempre su castigo....
¿Cuál es?
El remordimiento.
* Y menos que nadie puede
Ser infame el buen cristiano ,
Porque en este mundo insano
Ya sabes lo que sucede ;
Guando se cuenta ó se ve
La infamia de algún creyente ,
¡Qué alborozo entre la gente
Honrada, pero sin fe 1
Y es que en tal contradicción
Se supone este argumento ;
Honrado el descreimiento,
Infame la devoción. *
Todo es verdad, y, á mi ver,
Si de alga en esto he pecado ,
Es de haber exagerado
43
GDmplimientos del deber.
Usted lo sabe ; asted mismo
Me lo ba ecbado en can.
D. Aniel. Es oierto.
Rioarilo. Paes si ya con gusto advierto
Qae á mis pies se abre el abismo ,
Y basco ea sa oscuridad
Consuelos á mi inquietud,
I Qaé asaltos á mi virtud
No dará la iniquidad?
Y ja ha oído usted; la gente
Aprecia allá á su manera
Mi virtud.... Porque quisiera
Que no fuese ni indigente ,
Ni mendiga de un hermano....
I Mártir siempre ; eso he de ser ;
Qae no puedo ni tender
Al transeúnte la mano !
D. Ángel. ¿Ya te exaltas? Se acabó.
Exageras. fÁ Cándido,) Ven acá ;
Lo que dice ahora papá
No se lo he enseñado yo.
Que fuese leal , y honrado ,
Y caballero : eso sí ;
Y he de enseñártelo á ti ,
Si es que no lo has heredado.
Pero no que trae perjuicio
La virtud siempre y sin tasa ,
Aunque ponga mesa y casa
Á sus adeptos el vicio.
No, hiio mío ; al qae parece
Más dichoso , á aquel tal vez
Le reserva la vejez
Todo el mal que él se merece.
Y el que millonadas cuenta ,
Tiene, como aguda espina ,^
Un hijo que le asesina ,
ó ana mujer que le afrenta.
Porque todo está , en rigor,
Compensado por el cielo ,
Y no hay dolor sin consuelo >
^ sNi hay ventura sin dolor.
44
Cándido.
D. Ángel.
Elena.
Ricardo.
¿ Lo olvidarás ?
I Por supuesto !
Siempre honrado /aunque té apene.
¡ Siempre honrado I
(D, Á»g$l y Elma tienen en medio á Cándido , mienlras
Ricardo está á un lado luchcMdo con eiu pensamientos,)
D. Ángel. (Cogiendo á Cándido por un hrazo y poniéndolo Junto á
Ricardo.) ^ Á ver SÍ tiene
Que decir tu padre á esto
Alguna cosa....
¡ Oh I I Por Dios I
¡ Antes muerto que malvado !
(Abrasando á su hijo.)
Honrado él. (Por D, Ángel.)
Gomo él yo honrado....
¡ Sé tú digno de los dos !
(Femando aparece «n la puerta del fondo.)
(Ricardo á Elena , D, Ángel y Cándido.)
I Dejadnos I
¡ Es él ! (A Ric) Ten calma.
Sé prudente.
Nada teman.
(Los conduce suavemente hasta la puerta derecha , por
donde se van.)
Elena.
D. Ángel.
Ricardo.
ESCENA IV.
FERNANDO y RICARDO.
Fernando. Chico , me miras de un modo ,
Que si no te conociera ,
Más que tomar la palabra
Me harías tomar la puerta.
¿Qué te sucede?
Ricardo. Yo mismo
Quizá decirlo no sepa ,
Porque estoy viéndote , y dudo,
Por lo que el alma recuerda,
Si tu presencia es favor ,
ó es agravio tu presencia.
Fernando. Si tienes en la epidermis
45
La misma delicadeza
Que en el honor, es posible
Qne agravio, y profundo, yeas
En lo que yo considero
Qne es no más insticia seca.
Ricardo. ¿ Justicia vienes á hacerme ?
Traerás dogal.
FernaBdo. Gomo quieras.
¡ Tú has de ser quien te lo pongasl
Ricardo. Pero tú me traes la cnerda.
Fernando. Fácil te será cortarla
Si el orgullo no te ciega.
Ricardo. ¿ Por qué has de llainar orgullo
Á mi honradez ?
Fernando. Ó soberbia;
No riñamos.
Ricardo. Honradez:
Este es su nombre.
Fernando. De guerra.
Ricardo. ¿ No lo admites ?
Fernando. No lo admito. .
¿ Quá he de admitir ? ¡Bueno fuera
Que yo te diera patentes
De honradez, cuando con ellas
Podías dármelas tú
De bribón de siete suelas I
¿Reconozco tu honradez ?
Pues me declaro gatera.
Y como yo no me tengo
Por tal , que te juzgue es fuerza,
Ó victima del orgullo,
Ó enfermo de la cabeza.
Ricardo. Eres lógico.
Fernando. Mediano;
Pero sé dónde me aprieta
El zapato.
Ricardo. Ya presumo
Que en eso tu saber llega
Hasta el non plus.
Fernando. No exageres»
Porque ofendes mi modestia.
Puedo probarte que soy ,
46
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Aan en esa misAia ciencia ,
Una humilde medianía ,
Que á veces da en torpe y necia.
¿Aveces?
¿Pues tú lo ignoras?
¿Lo dirás?....
Vamos á cuentas.
Con todas las picardías
De un hombre tan sin conciencia
Gomo yo, por ti, Ricardo,
He hecho cosas que no hiciera
Por un hermano quizá
Algún santurrón de pega.
¿Es cierto?
Cierto.
Esperaba ,
Si he de hablarte con franqueza ,
Que tu mérito, auxiliado
De enérgicas influencias,
Te hubiese hecho profesor,
Abriéndote una carrera
Excelente y compatible
Con toda clase de empresas,
í'alló el cálculo ; tú sabes
Por culpa de quién ; primera
Decepción que á mis proyectos
Dio tu altivez quijotesca.
Vino en seguida el negocio
De tu amigo Pablo. (Ricardo mira al secreter.)
Observa
El mueble donde encerraste
Tu fortuna. Allí te espera ,
Ofreciendo á tu familia
Pan, sosiego y dicha cierta.
¿Qué haces tú? Noble y honrado ^ n
Rechazas esas ofertas ,
Porque tu decoro es antes
Que el pan de tus hijos. ¡ Mengua
Para tu virtud I Yo llamo
Á eso egoísmo, pues cuenta
Con satisfacciones propias
Á costa de ías ajenas.
47
Ricardo. ¡Fernando!
FerMUido. Nada me arguyas.
Cada caál ye á su manera
Lo que es bueno y lo que es malo
Lo que da honra y lo que afl^nta
Y yo digo que quien todo ,
Hasta su propia conciencia,
Sacrifica por ahorrar
Á los suyos hambre y penas,
Es bueno, y honrado, y noble.
Por más que á ti te parezca
Que es mejor dar á los hijos
Una ración de entereza ,
Dos varas de dignidad
Para calzón y chaqueta ,
Y para sus dlTersiones
Cuatro duros de vergüenza.
Ricardo. ¡ Sacíate bien ! ^
Fernando. ¡ Todavía I
Ricardo. ¿Todavía?
Femando. Sí ; me queda
, El rabo por desollar.
Ricardo. ; Pues continúa y desuella !
Fernando. Por amistad, porque admiro
Tu preclara inteligencia •
Porque esperé que llegases
Á la alta cima con ella ,
Y, en fin, porque soy un hombre
Que quiere y odia de veras ,
Ha puesto siempre en tus manos
La llave de mi gaveta.
En tus apuros más graves
Yo he sido tu providencia,
Y aun á ellos se adelantaba
Mi solicitud sincera.
Ricardo. No lo olvido.
Femando. Yo creía
Que sí.
Ricardo. ¿También me motejas
De ingrato?
Fernando. La gratitud
Jamás convence sin pruebas.
48
Ricardo.
Fernanjlo.
Ricardo.
Fernando
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
¿Cómo probarte?....
Es muy fácil.
Á ver. *
Pagando tus deudas.
¿Qué dices?
Obligación
Tan grave y sagrada es esa,
Gomo otras que tü te impones
Haciendo del mundo befa.
Ni contestes que por ahora
No puedes cumplir con ella ,
Porque está allí tu fortuna (Señalando el secretei)
Que te desmiente y protesta.
¿Pero seriamente dices?....
I Pues no 1 ¡La cuestión no es seria
Que digamos 1 Mil quinientos
Duros te he cargado en cuenta.
Los necesito. Veamos
Qué responde tu conciencia.
Venías á hacer justicia ,
Y ya has sacado la cuerda*...
Pero entiendo. Tú pretendes
Apurarme la paciencia :
Que la ira del corazón
Se me suba á la cabeza ,
Y/ sea yo al ñn y al cabo
Lo que tú quieres que sea.
¿ No es esto ?
Pido lo mío.
Lo demás no me interesa.
Tengo un derdcho : lo ejerzo.
Tú ún deber : cúmplelo.
I Sea I
Fuiste amigo ; fuiste hermano....
Nunca exigí á tu largueza
Lo que por su propio impulso
Quiso darme...* Hoy ya me lo echas
En cara. Los privilegios
De la amistad , las ternezas
Del cariño se acabaron ,
Y ya ñ'ente á frente quedan ,
Un acreedor que reclama
49
Y un deador qae no te nieft
Sa deuda. Me es imposible
Pagarla en el acto. Apela
Al tribunal ; has que embarguen....
Bstos pedazos de estera ,
Mis libros, mis pobres muebles ,
Bl Sueldo Til conque apenas
Puedo dar pan á mis hijos ,
T á mi padre y á mi Elena ;
Arrójame á los más hondos
Abismos de la miseria ,
Y pon encima una losa
Donde el mundo entero lea
Esta inscripción : «Aquí yace
La honradez , sitiada y muerta
•Por la mano de un amigo.
I Escarmentad , y huid de ella ! »
Esto hacer puedes , Femando :
Hazlo al ponto.
Fernando. ¿ Y consintieras
En ello ¡ mal padre 1.... , y tienes
En tus manos la riqueza ?
Ricanle. Si tal.
Fernaado. ¿ Y amas á tus hUos ?
Ricardo. Por ellos la vida diera.
Fernando. ¿ Y á tu mujer y á tu padre ?
Ricardo. Iría de puerta en puerta
por ellos.
Fernando. Mientes, Ricardo.
No hay en la naturaleza
Quien ame asi. Por sus hijos ,
Todos los seres que pueblan
La creación, se acometen "*
Con recíproca fiereza ;
Y matan, si es menester,
* Y mueren....
Ricardo. También muriera
Yo por ellos.
Fernando. ¡ No 1 Lo barias
Escrúpulo de conciencia.
Ricardo, i Oh 1 ] Yete ó calla 1
Fernando. Veremos
50
Adonde tu yirtud ll^ga.
Ricardo. ¿Pero eres capaz?
Fernando. De todo.
Ricardo, i Tú. ... mi amigo 1
Fernando. No me tengan
- Ppr tal. De hoy en adelante
Seré lo que más te aterra ;
Tu acreedor.
Ricardo. I Mi verdugo]
Fernando. Tu verdugo. Gomo quieras.
ESCENA V.
RICARDO y ELENA.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
(Ricardo queda un motrunto como dwopando toda la
amargura de su alma, y al votnor el rostro, se en*
cuentra con su mujer, que ha salido por la puerta dt^
recha,) •
jElenal *«'•*
iRicardoI ¡Noble
Mártir! Ven.
(Abriendo sus brazos. Ricardo se arroja en ell^,}
¿TÚ sabes? .. . :
Sé
Que es como el hierro tu fe ,
Y tu virtud como el roble. .
Alza tu frente serena ,
Y ya que padeces tanto ,
Da expansión á tu quebranto
En los brazos de tu Elena.
¡Mi bien!.... Del deber esclavo
Soy ; de la suerte capricho.,..
Hierro es mi fe ; tú lo has dicho;
Pero el hierro, al fin y al cabo»
Dócil y blando se entrega ,
Aunque de duro presume ,
Al fuego que lo consume
Y al yunque que lo doblega. '
Así para el alma son,
Cercada de iniquidad ,
El yunque la adversidad ,
51
filoardo.
■Elena,
fiioardo.
Elena.
Jticarilo.
Elena.
Ricardo.
El foego la indignación.
I Te ha humillado , y por tu amigo
Se Tendía 1....
En mí Beeeba....
Esta es la última prueba ,
ó es el último oaatigo;
Porque ya no sé, en verdad ,
Tan eoníuso y loco estoy.
Si soy un mártir, 6 soy
Un monstruo de iniquidad.
{ Mártir eres (
¡Mártir!.... Si,
Que á vosotros os Inmola.
¡ Si fuese mi dieha sola
La saeriflcada aquí I....
Pero es la vuestra....
Seremoe
Tas auxiliares.... : ¿qué importa?
Á la larga ó á la corta ,
] Ya lo verás !.... venceremos.
I Lachar siempre I Bien está. «
I Á luchar! Siento en mi pecho
Saikgrar la herida que ha hecho
El que fué amigo, y es ja
Mi acreedor. De tal modo
Le qaiero satisfacer,
Que estoy dispuesto á vender ,
Menosja conciencia , ; todo !
Da nuestras madres los dos
Algo que vale guardamos •:
Crimen es que lo vendamos ;
¡ Ma& que nos perdone Dios I
Yo un retrato , prodigiosa
Obra de arte. Tú escondido
Un medallón guarneóido
De diadema primorosa
De briliautes. { Prenda amada !
Venderemos sin reparo
Hasta el recuerdo más caro
De nuestra vida pasada.
¡ Imposible I
Con razón
62
Elena.
Ricardo.
Elena.
Mi pfoyecto te atormenta ,
Qae es duro poner en venta
Pedazos del corazón.
Pero lo exige la suerte ,
Y es preciso. -
Elena. | Es impcMsible I
Ricardo, i Si el sacrificio es horrible I
I Si es un insulto á la mnertef
¿Crees tú qae mi insensatez
Llega hasta desconocerlo?
I Es qué yo no puedo hacerlo,
Porque lo hice ya otra vezl
¡Otra vezl.... (Tú! ¿Cómo? ¿Guándof
^ Seis meses.... aún no los ha hecho....:.
Yo extenuada.... tú en el leicho....
Nuestra niña agonizando....
Dios al fin se la llevó,
Y otro án^el en su lugar
Vino en la cuna á ocupar
El sitio que ella dejó....
¿Recuerdas?
¡Oh! iSll..;-
¿ É ignoras^
I'Ayl, que muertes y dolencias,
Y largas convalecencias,
Y deudas abrumadoras
Que el endeble caudal minan
Y sacrificios exigen ,
Si espantan por lo que afligen y
Asustan por lo que arruinan?
Ricardo. Bien.... ¿y qué?
Elena. Todo fiütaba...»
La necesidad crecía :
El dolor nos consumía ;
La miseria añlenazaba ;
Por miedo á ingratos y esquivo»
No pedí de puerta en puerta
Un nicho para la muerta ,
Y pan ¡ay I para los vivos :
¿Qué hacer, dime, en tanto afiín?^
El medallón.... ¡Fui cruell
I El alma vendí con él ;
Ricardo.
Elena.-'
53
Ricardo.
"Elena.
Ricardo.
Cleaa.
Alcardo.
Pero dio nicho y dio jpta I
iBlalmal.... ¡Tieoes razón,
Elena I Yo reverencio
Mis tu heroico silencio
Qae admiro ta abnegación.
Remedio pusiste al mal :
Es cierto : ¿ mas tú podías
Gallarte caando vendías
Hasta el cariño filial ?
¿Cómo ni doliente grito,
Ni amarga qaeja exhalaste ,
Guando al mercado arrojaste
Aquel recuerdo bendito ?
¡Elena....! Del pecho sube
La sangre á la airada frente ,
Gomo del mar el hirviente
Vapor que forma la nube.
Tanta angustia , tanto amor
Tan estériles.... ¿Qué es esto?
I Qué monstruos se han interpuesto
Entre mi dicha ymi honor?
] Y aun me humillan I.... ¡Pues que venza
Ese mundo que me ultraga !
¡Ricardo!
Queda otra alhaja
Que vender.
¿ Cuál ?
¡La vergüenza !
Conservó este bien precioso
El alma donde reside ,
Y boy el mundo me la pide
Para hacerme poderoso.
Negarla fuera locura
Desde el punto en que he mirado,
Vuestra desdicha de un lado ,
Del otro vuestra ventura.
I Que á la conciencia no cuadre .
Tal solución!.... ¿Y quehacer?
' Que dé pan á mi muier ,
A mis hyos y á mi padre.
¡ Honor I ¡ rectitud I ¡ decoro I
Con ellos siempre he vivido ,
54
Y hasta ahora nnnca han sabido
Cómo se fabrica el oro.
* i Su compañía embaraza
Y hasta es bárbara y cruel?
Pues salgan , como papel
Que se cotiza , á la plaza I
I Mercancías al mercado I
(Elena se enjuga el llanto.)
\ Necia de ti I ¿ Por qué lloras ?
I Si ya me pesan las horas
Que he perdido en ser honrado \
No te dé pena ninguna ;
Desde hoy quedarán abiertas
De par en par esas puertas
Á la insolente fortuna. *
Elena. { Ricardo mío !
Ricardo. El inñerno
Me está prometiendo á gritos
Horizontes infinitos
Bañados de un sol eterno ;
Placeres, felicidad ,
Auroras llenas de encanto....
¡ Hasta las gotas de llanto
Serán perlas.... de verdad I
] Poner á esta dicha valla I
i Por el alma ? ¿ Y quién la estima f
■ ¡ Qao grita I Pues oro encima :
{ Verás cómo al fln se calla f
Elena. Me espantas.
Ricardo. ¿ Por qué ?
Elena. Por todo....
Por ti.... Por mí.... Es que no quiero
Que en este combate ñero
Arrojes tu honor al lodo.
Ricardo. Lo exige así nuestra vida,
Nuestra misma salvación.
Elena. Eso es desesperación
De tu conciencia suicida.
Peleaste : ha sido inñel
La fortuna á tu heroísmo :
Huyes ciego : hay un abismo ,
Y te sepultas en él.
86
Ricardo.
Elena.
Ricanlo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
I Eso pasa I
¡ Necio afin !
Si en ese abismo que dices
Están los seres felices ,
Vamos donde ellos están.
¿ Te olvidas de Dios , que aqiil
Mil veces nos amparó ?
¿He de pensar, en El yo,
Si Él se ha olvidado de mí ?
¡ Blasfemo! Tu fe acrisola.
Pues con el dolor la prueba.
Es una ola que me lleva ,
¿Y va á salvarme esa ola ?
¡Ricardo!
(Sé lanza al ttcrtUr, y abre a eaján.)
Aqulla salud.
La dicha, el goce, el encanto,...
Sal, fortuna, y seca el llanto
Que hace correr la virtud.
De escrúpulos y temores
Fuiste aquí i*uin prisionera.
Rompe el hierro y sal afuera
Á lucir tus esplendores.
¿Á qué mirar con desdén
Tus halagos y tus bienes ?
Cortejo de infamia tienes,
Pero lo pagas muy bien*
* Le das al triste alegría ,
Color sano al macilento ,
Al estúpido talento ,
Al deforme gallardía.*
Surja, pues, de estos papeles
El oro en raudal fecundo ,
Único rey en el mundo
De cristianos y de infieles.
¡ Yo le acato 1 Tú verás (Á Elena)
Si me da honor, dicha y nombre....
Ya soy vil ; ya soy un hombre
Como todos los demás.
(Se va por el foro con los papelee,)
56
ESCENA VI.
• ■ ■ ' •
ELENA.
]Se füál El vértigo le empi\jft....
(Kicuchando.)
Anhelante, atropellado
Devora losescaloneft,
Que crcgen bsgo sns pasos....
¡Ya llegó 1 Le siento arriba....
Percibo su fatigado
Respirar.... Ya suena el timbre....
Le abren.... La voz de Fernando....
La de Luisa.... Cierran.... Vienen
En direcoión del despacho.... >
(Como si por las pisadas del techo conociera lo que hacen
la$ personas que se supone están arriba.)
I El crimen que se consuma 1
¡El robol.... ¡Ohl.... ¡Ladrón Ricardo!....
De pena murió mi padre
Porque le arruinó un malvado.
¿Causará mi esposo ahora
En su amigo tal estrago?....
¡Ohl.... ¿Quién piensa?.... Lo que él haga
Por hacerlo él, ya no es malo,
Pues la perfidia no cabe
En quien vivió siempre dando
Á la maldad sus desprecios ,
Y á la virtud sus halagos.
ESCENA VIL
DICHA y RITA.
Rita. ¡Señora!
Elena. ¿ Qué hay ?
Rita. Que preguntan
Por el señor. .
Elena. No ha bajad o
Todavía.
Rita. Es un amigo
Que hará un mes , si no me engaño ,
57
BstUTo aqni.
Elena.
No recuerdo....
¿ Cómo se llama f
Rita.
Don Pablo
Marín.
Elena.
I Don Pablo I ( ¡Dios mío 1 )
Rita.
E¡8 aqael señor tan gnapo
Qae Tino de vifl^je....
Elena.
|SII....
Rita.
Y almorsó luego....
Elena.
Ya caigo.
Rita.
Y á qaien tanto agasajaba
La esposa de don Fernando....
m
Elena.
(Sin oiría.)
1 Marín I ¡ Marín I
Rita
Y por cierto
Que ella y él se han encontrado
Casi á la puerta , y que estaban
Tan obsequiosos y . . . .
Elena.
(Siguitndo él cur$o d« $u$ ideas.)
I Vamos,
Que extrafias coincidencias
m
•
Hacen efectos extraños I
Bse apellido despierta
Recuerdos tristes y amargos....
1 Marín ! Que pase.
Rita.
Al momento.
Elena.
(Denme los cielos su amparo.)
(Luiia Sé va por el foro, siguiéndola Pablo con
la visí.%
hasta que desaparece,)
ESCENA VIII.
ELENA y PABLO.
Pablo.
Elena.
Pablo.
¡Señora!....
Tanto placer
En que nos honre de nuevo.
(Indicándole una siüa,)
Nunca podré como debo
Su bondad agradecer.
58
Elena. ¿Llegó usted?....
Pablo. De madrugada ;
Y como en mi vida errante
Es un siglo cada instante
Y gran quehacer no hacer nada ,
Vengo, importuno quizá ,
Á saludarles ahora ,
Pues tal vez la nueva aurora
No me halle en la corte ya.
Elena. No.... ¡Importuno!.... (¿Porqué silente
Tan cruel agitación?
Lo que hay en mi corazón ,
¿Es odio ó remordimiento?)
(Sospecho que mi presencia
No es de su mayor agrado.)
Con que usted.... (Se para.)
¿La he molestado
Quizá con la impertinencia
De mi visita?
No á fe.
Harto sé yo lo que pasa....
Guando está Ricardo en casa, (Levantán(ion$)
Por la noche.... volveré.
Vendrá al punto. Si está arriba
En el principal....
Con todo....
Perdóneme si en el modo
De recibirle, algo esquiva ,
Displicente ó contrariada ,
Le he podido parecer.
Fuera de que soy mujer ,
Soy madre, y no afortunada,
Y apenas se pasa día
Sin que por varios azares
No reciba mil pesares
Á cuenta de una alegría.
Conque así, vuelva á ocupar
Su silla....
Pablo. A tales extremos.... (Sb menta.)
Elena. Y á Ricardo aguardaremos ,
En plática familiar
Y amistosa entretenidos.
Pablo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Pablo.
Etena.
Pablo.
Elena.
59
Pablo.
Elena.
Pablo.
Elena,
Pablo.
Elena.
Pablo. Yo me rindo á disoreción :
Porque es la conversación
Deleite de los sentidos ,
Guando ios mneye y provoca
Ei irresistible acento*
De on gallardo entendimiento
Qae habla por tan dalce boca.
Elena. Esa flor de cortesía ,
, Por el aroma qae encierra ,
Dice qae nació en la tierra
Del genio : en Andalacía.
Ándalas soy.
(Será.... ¡Cielos 1)
¿De Cádiz?
Allí nací.
Pnes á algaien conoció allí
Mi padre.... (j Si mis recelos
No eran falaces ! )
I Á quién ?
Lo recuerdo en este instante :
Era un rico comerciante
Que se llamaba también
Marín.... , como usted.
¿Su nombre?
José Antonio.
Exactamente :
Mi padre.
Su.... (¡ Dios clemente I)
I Usted hijo de aquel hombre! (Se Uvantt.)
Ese tono....
¿ Es agresivo ?
Présame que sí.
Mal hecho ,
Porque ahora siento en el pecho
Un placer tan hondo y vivo ,
Que no sabría decir
Cuánto debo agradecer
Qué me canse este placer
Quien tanto me hizo suíHr.
Pablo. No comprendo....
Elena. ¿ Qaé más da
Con tal que lo entienda yo.....
Pablo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Pablo.
.60
Una historia que pasó ,
Y otra historia que vendrá.
Desventaras y traiciones ,
Virtudes sin esperanzas ,
Y repentinas venganzas
ó Justas compensaciones....
I Qué sé yo !
(¡Está delirando I)
fisCENA IX.
DICHOS, y RIO ARDO.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Elena.
Pablo.
Ricardo.
Elena.
¡Elena!
I Gracias á Dios I
¡No hace poco que los dos
Te estamos aquí esperando !
Pablo, perdona.... Mi padre
Me entretuvo.... (A Elena.) (Vete afuera.)
(Elena se sonríe y no obedece.)
I No me preguntas siquiera
Por la salud de mi madre ?
Tu madre.... Sí. (Vete.) (A Elena.)
¡No!
( ¿También éste ?. . . . ¿ Será enredo ? )
( Delante de ella no puedo
Hacer una infamia yo.)
Te suplico.... (ÁltOf é insistiendo en que se vaya.)
I Qué tenaz I
Rarezas de mi marido,
Señor don Pablo. Ha creído
Que soy mujer incapaz
De entender en sus negocios,
Y piensa echarme, sin ver
Que el marido y la mujer,
Á cierta edad, son dos socios.
La prueba. Agentes leales,
(Con gravedad afectada)
Hoy hemos enajenado
Su crédito , que ha importado
Cien mil....
61
Rlcanio.
Pablo.
Elena.
Pablo.
Ricardo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Pablo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
{Interrumpiéndola con energia.J
Quinientos mii reales*
¿ Qué dices ?
Está demente.
Me lo flgnro hace rato.
] Quinientos mil I (Con firtMsa.)
1 Insensato!
4 Cuál es el precio corriente 7
Dígalo usted. (Á Pabio.j
El papel
Está á veinte ; y son cabales
Cien mil reales.
(Á Ricardo.) ¡ Cien mil reales !
(Á Pablo.)
I Ye usted si entiendo más que él ?
( Vttéhi á mirar á Ricardo ^ qu4 ttlá como atónilo.
Pero....
i Galla ! Y no te asombres
De que en varios pareceres ,
Alguna vez las mujeres
Sepamos más que los hombres.
¡ Ja I ¡ja ! I ja I No vuelve en sí «
De asombro y de confusión ,
Por la elocuente lección
Que acabo de darle aquí.
¡Tiene gracial (SeH$.)
¡Ya se ve!
¿Quieres dejarme?.^..
¿Qué? ¿ Hablar r
Nos volverás á probar
Que ignoras lo que yo sé.
¡Nada! (ímpidiéndoU hablar.)
En vano te atormentas ,
Hgo, por Justificarte.
Ya ves que puedo enseñarte,
(A Pablo)
¿Yerdad? á echar bien las cuentas.
Ck>nque (Á Pablo) duba al principal;
Femando y que es hombre exacto,
Le pagará á usté en el acto
La cuenta justa y cabal.
Él se ha encargado....
62 ^
Pablo. MU veces
Debo á usted agradecer....
(Elena le empuja euaüemfíntú haci^ la puerta,)
(A Ricardo.)
Aprende de ta mi:ger ,
I Infel iz ! ; No ia mereces.
Elena. ¡Ya se ve I jSi el majadero
Ni siquiera me conoce !....
¡Conque adíósl .... Y que usted goce
Muchos años su .dinero.
(Empujándole hacia la puerta, para evitar que Ricardo le
hable de nuevo. — Vaee Pablo.)
ESCENA X.
RICARDO y ELENA.
Ricardo. ¿Qué repentina mudanea
Es esta ? i Qué te ha pasado?
Elena. Que mi alma ha carbonizado
E|l rayo.de la venganza.
Te venció á ti la injusticia
Del mundo : á mi la de un hombre
Ha habido cambio de nombre :
Lo que era robo es justicia.
fiioardo. ¡ Nueva angustia , y más cruel !
Pablo.... á ti^,..
Elena. > ¡Qué desvario !
Fué su padre ; robó al mío
Más que nosotros á él.
Y no la fortuna sólo
Y todo inseguro bien, •
Sino la vida también
Costó á mi padre aquel dolo.
Ve, pues, cómo en la partida .
Es él. en ganar primero ,
. Porque él me da mi dinero ,
Mas yo le dejo la vida.
Ricardo, i Robos , crímenes , maldades »
Se eslabonan de mil modos ;
Y así van formando todos
63
Cadena de iniqaidadesl
4 Conque, en fin, e3 un rebafto
De fieras la hnmaaidad,
Donde reinan la maldad»
La Tíleza y el engaño? ^
¿Y en la ptga de cinismo
Se ha de dar, coal ley constante,
La gloria al que va delante,
Al que atrás queda el abismo T
¿Y en tanto gime y se apoca
La virtud siempre escondida ,
Como humilde flor nacida
En las grietas de una roca ?
Pues si esto es así , ¿quién trata
De redimir á esas fieras ?
¡ Dispon de mí como quieras ,
Genio del mal, roba y mata !
I Bien has hecho, esposa mía !
Nos saca el diablo en su coche
De las sombras de la noche
Á la luz de un nuevo día.
¿Falta que el ministro vea
Mi adhesión.... mi servilismo?....
¡Los verá mañana mismo I
¿Que seré un vil? ) Que lo sea I
Yengan oro, aplausos , gloria ;
Qae, puestas en parangón
La victoria y la razón ,
Lo importante es la victoria.
ESCENA XI.
DICHOS , CÁNDIDO y RITA , que traerán medio desvane-
cido á D. ÁNGEL por la puerta lateral izquierda.
Cándido. ¡Papal
Rita. I Señor I
D. Ángel. ¡Ah!
Ricardo. I Ese grito !
Elena. i Tu padre í
Rita. Está accidentado.
Cándido. No sé lo que le ha pasado ;
o4
Mas se muere.
Ricardo. { Dios bendito I (A mía,)
Yaela : i an médico !
(Ricardo y Elena sientan á D. Ángel en un sillón , donde
queda aplomado ^ como quien sufre «n ataque cerebral.)
Rita. ¡ Corriendo I ^i^eta /'oro.;
Ricardo, i Padre mío I.... j Horrible pena !
Elena. ¿Muerto?
Ricardo. No digas , Elena ,
Lo que está el alma temiendo.
¿ Qué es lo que el cielo me advierte
Al dar este primer paso?
¡ Fortuna., serás acaso
Mensajera de la muerte I
(Cae el telón. J
FIN DEL ACTO SEGUNDO.
ACTO TERCERO.
Sala «legante. Puertas laterálea y ea el fondo. MaeblM d« boen
gusto , aanqne no de gran Talor. Á un lado an entredós , y
encima algunos objetos de adorno^ con juego de reloj, can-
delabros, etc. Á otro , nn elegante secreter y recado de
escribir. Espejos , cortinajes, en relación con el tono general
de la pieza.
ESCENA PRIMERA.
D. ÁNGEL y RITA.
(D, Ángel sentado en un sillón. Habla y anda con atgún
trabajo , como quien está convaUeiente de un ataque á
la cabeza.)
Rita. i Quiere usted que abora le sirra
Uncaldito?
D. Ángel. ¡Nol
Rita. iQaéempeftof
¿Ya usted á morir de hambre
Por hacer caso del médico ?
D. Ángel. Déjame.
Rita. i Vaya una copa
De Jerez?
D. Ángel. ¡No!
Rita. ^ ( ¡ Pobre viejo I
No es el mal : es la tristeza
Lo que le está consumiendo.)
D. Ángel, i Ay !
Rita. Señor : ¿ le duele á usté algo?
(D. Ángel se llwa la mano al corazón,)
El corazón : lo comprendo.
¡Yo también siento una angustia ,
Una desazón.... , un pésol
D. Ángel. ¡ Pobre Rita f
Rita. , • . \ Claro ! Bstoy
Tragando tanto veneno....
i Que me calle ? Harto he callado :
5
66
Paes OD año de silencio
Para ana mcger es más
Qae quince siglos de infierno.
Es qae no hay trazas , señor ,
De mejora , ni de arreglo.
Usted pasa aquí los días
Casi impedido y enfermo »
Sin más consuelo que yo....
¡ Que ya ve usted si es consuelo !
El señor, siempre ocupado ,
Y distraído é inquieto ;
Gomo se acuesta con sol ,
Se levanta con luceros ,
Y una vez por la oficina ,
Y otra vez por el Ck>ngreso ,
Y otras porque don Fernando
Se lo lleva á esos consejos
De sociedades ó empresas ,
ó diablos , que yo no entiendo ,
Ello es que no come en casa
Sino allá de Pascua á Adviento ,
Y hasta para ver á ustedes
Le falta una honí'de tiempo.
La señora , por su parte,
Se deja llevar del celo
Con que doña Luisa busca
Distracciones y festejos ,
Y por no aburrirse aquí
Con este par de estaíermos y
Usted perdone , señor,
Nos llaman asi á los viejos ,
^ Se va donde bien le place ,
ó donde se aburra menos.
Y entre tanto el señorito....
D. Ángel. ¡Ese, ese I
Rita. Ya está buen nieto.
No estudia ni una palabra ;
Pero sabe el rapazuelo
De cosas que no debiera,
Más que Briján.
D.Apgel. ¿Juega?
RÍta. Juego ,
67
Gafé , fonda, toros.... { yamos!
No hay ya por dónde cogerlo.
Es de perlas el mocito
Desde qne tiene dinero.
I Mal haya, mal haya la hora
En que cambiaron los vientos »
Y vino aqu[ la fortuna
Gomo llovida del cielo !
D. Ángel. ¡Llovida del cielo I.... ¡Vaya I
Ricardo es hombre de mérito,
Y llegó á subsecretario
Por el camino derecho.
Esto me habéis dicho todos,
Y claro que esto es lo cierto, .
Pues la suerte al íin se cansa
De perseguir á los buenos.
Rita. Si no digo lo contrario ,
No, señor ; pero sostengo
Que estos cambios repentinos ,
Como los cambios de tiempo ,
Guando no matan, trastornan
La maquinaria del cuerpo.
* Ya lo decía mi hermano
Que murió de cura en Viesgo;
Dinero que cuesta poco ,
No da de sí nmk bueno;
Y aun el que cuesta sudores
Tiene sus más y sus menos. *
ESCENA II.
DIÓHOS y CÁNDIDO por el foro, con an paro «n la boca,
y con maneras algo acholadas.
Cándido. ¡Olél
D. Ángel. ¡ Cándido I
Cándido. Abuelito.
¿Qué tal va?
D. Angei. Migor.
Cándido. Me alegro.
Tiene usted muy buen <solor ,
Y empieza usté á andar más suelto ,
68
D. Ángel.
Cándido.
Rita.
Cándido.
Rita.
Cándido.
D. Ángel.
Cándido.
Rita.
D. Ángel.
Cándido!
D. Ángel
Cándido.
¿No es verdad? Si, |poco á poco
Se Yolyerá á poner bueno »
Y sano, y fuerte!... Un cigarro....
(Ofreciéndole un puro.)
Es de la Habana ; veguero.
. ¡ Quita allá I . . . . Puede servirte
de bastón.
iJal ijal
( I Arrapiezo 1)
Mamá, ¿no ha venido?.... ¿No oyes,
Vieja incivil?
Gomo tengo
Este quehacer á mi cargo,
En los demás no me meto.
Supongo que ha ido de tiendas
Gomo siempre.
({Y sin dinero!....
Ese imbécil de Garlitos
Me va á dejar sin pellejo.
Maneja el taco de un modo.... ^
1 Galla! \ Y ahora que recuerdo !
Me ha dado él con cierta sorna
Este número del Trueno,.,, (Lo naca.)
Mientras echo una ojeada,
Voy á ver si lo entrejtengp....)
(Refiriéndote á D: Ángel ^
Abuelito.
¿Qué te ocurre?
Usted que es un hombre experto
En cosas de mundo....
¿Quieres
Dejarle en paz?
Que es mi nieto,
Rita, y al fln me hace gracia....
No sabes ni entretenerlo,
¡Gruñona!
Habla.
Este papel
Es el número primero
De un periódico en que escriben
Muchos brillantes ingenios , '
Unidos bajo este lema :
D. Ángel.
Cándido.
D. Ángel.
Cándido.
Rita.
Cándido:
Rita.
Cándido.
«Garrotazo y tente tieso.»
De modo qae al que le cogen
Porsucaenta....
Ya comprendo :
Lo dejan en caeros tívos....
No, señor; en cueros mnertos.
Pues bien; Garlitos, que es ya
Un literato tremendo ,
Seirún él afirma....
¡ Qué oigo I
¿Literato el picaruelo ,
T no sabe una palabra
De nada ?
¡ Toma 1 Por eso. >^
Digo, pues , que él me ha entregado
Este papel, y riendo ,
Con esa risa cargante
Del que sorprende nn secreto ,
Y quiere darlo á entender
Con vaguedad y misterio ,
Ha añadido : « Que circule ;
Sale el número soberbio ;
Verás ahí un parrafillo
Que yale cualquier dinero
Este. (Señalando en el papel.)
El párrafo, en verdad,
Es feroz; mas no lo entiendo.
¿Quiere usted?
Quita allá. iEstamoa
Para lecturas y cuentos I
Y luego dices que nadie
Más que tú cuida al enfermo ,
Y nunca le proporcionas
Distracciones.
¡Trapacero!
¿Te atreverás?
I Galla I Y ponle
Los anteojos.... (Se ios pone il miemo.}
Así ; veo
Que soy más útil que tú.
Yo haría un gran enfermero»
¿No es verdad?
D. Ángel.
Cándido.
Rita.
Cándido.
D. Ángel.
Cándido.
D. Ángel.
Rita.
Cándido.
D. Ángel.
Cándido.
D. Ángel.
70
I Si tú quisieras
Darme gusto con ser bueno I
¿Quién ha dicho que soy mato?
Yo lo digo, y lo sostengo.
D(jolo doña Remilgos....
¿ Porque me gustan los toros
Y saludo á los toreros ?
¿Porque voy á los teatros
Á dirigir los pateos
Dé las comedias que escriben
Los amigos ? ¿ Porque juego ?....
jEn cambio soy un legista
Que va á saber más derecho....!
Ya ve usted que saco notas
Brillantes ; ya no hay suspensos....
Tu padre es subsecretario ;
Habla mucho en el Congreso ,
Y recoges ttí una parte
Del fruto de su talento.
Guando era él pobre y oscuro,
¡ Qué poco caso te hicieron I
Hoy que triunfa , y suena , y charla ,
¡ Ya eres muchacho de mérito !
I Justicia humana !
( Chochea. )
Pues busque usted el remedio
Para esas cosas.... ( Y en tanto
Veré si por aquí encuentro....
{Mirando por encima de loe entredoeee mientras
D, Ángel lee el periódico.)
I Quiá ! Será al fln mi reloj
El que me saque de aprietos.
I Como siempre ! Ya se va
Solo á la casa de empeños.)
¡ Válgame Dios ! j Á él aluden !
Señor , ¿ qué pasa ?
¿Qué es eso?.
¿ Le da á usted algo ?
No es nada*
Este periódico,...
¿ El Trueno ?
I Una infamia I.... i una calumnia
71
Horrible.... atroz I
Cindldo.
Por sopaesto :
¿Perogoiénes?....
D. Ángel.
No te importa.
Rita.
I Si no has de haoer nada bneno 1
¿ Quién te manda á ti traerle
Papelotes ni embeleooe ?
Sosiégaeae nsted.
D. Ángel.
( 1 Es claro t
Gomo he estado Un enfermo,
Entre la vida y la muerte ,
No he sabido nada.... ¡oh cielos 1
Si es verdad lo que aquí dicen ,
¿ Por qné , por qaé no me he muerto ? )
Rita.
I Seftor I
Cáadldo.
j Abnelito I
D. Ángel.
Digo
Que no es nada....
Cindldo.
( No lo entiendo.
Alguna chochez.... Mas juro
Que si hay aquí algún enredo
deltalGariitos, nosyamos
Á yer las caras muy presto.
Yo. haré que me explique hoy mismo....)
Rita.
Vamos, don Ángel, adentro,
Y arroje usted.... (Quiert quilarl$ el papa,)
D. Ángel.
1 Quita allá I (Guardándolo.)
i Qué sabes tú lo que es esto ?
Rita.
(Á Cándido.)
¡Por til.... 4 Lo ves?
Cándido.
I Galla ! Viene
•
Mi papá.
D. Ángel.
¿Solo?
Cándido.
No creo....
•
(Uirando,)
Con don Fernando. Me escurro
Por este lado. (S9 va por laputrta dtrecha,)
D. Ángel.
No quiero ,
Delante de gente extraña ,
Pedirle cuentas....
(Se dirige á la puerta izquierda, y entran Ricardo y Fer»
fiando por el fondo.)
72
ESCENA III.
RICARDO, FERNANDO, D. ÁNGEL y RITA.
Ricardo. No hay cuerpo
Ni espíritu que esta vida
Soporten eo paz y en calma.
Fernando. ¡ Siempre igual !
Ricardo. j Si hasta del alma
Parece que uno se olvida !
(Hacia dentro.)
No recibo á nadie ya : «
. (A Ftmando.)
Ni voy á comer contigo.
Fernando. ¡Pues no faltaba!....
Ricardo. Te digo
Que estoy hasta aquí.
Fernando. I Agua va I
Ricardo. ¿Ni un momento de reposo,
Ni un minuto de espsmsión
Obtendrá mi corazón
De hijo, de padre y de esposo?
Fernando. Aún guardas la levadura
De pasados quijotismos.
No se deben á sí mismos
Personiges de tu altura.
Está tu dicha presente
En subir sin descansar.
¿Te irías ahora á parar
En mitad de la pendiente ?
Ricardo. (Viendo á su padre.)
¡Oh! ¡Mipadrel
(Yendo á él con efusión.)
D. Ángel. Ni siquiera
Tienes ojos para mí.
Ricardo. Perdón, si al entrar no vi....
D. Ángel, i Qué triste es esa ceguera t
Ricardo. Diariamente pregunto
Por usted.
D. Ángel. Es de rigor.
Te dicen que voy mejor. ...
Ricardo. Cierto.
73
D. Ángel. Y paus á otro aannto.
RlGardo. Los negocios....
D. Ángel. Pero aunque es
Bíi mejoría verdad,
Tengo ahora otra enfermedad
De que he de hablarte después.
(V€ue apoyado en Rita,)
ESCENA IV. ..
RICARDO y FERNANDO .
Ricardo. ¿Yes, Femando?*...
Fernando. Que es un nifto
Setentón : eso se ve.
¿Le falta algo?
Ricardo. Quizá cree
Que le falta mi cariño.
Y á su inflexible virtud ,
Y á su viril entereza.
No le espanta la pobreza ,
Pero sí la ingratitud
Fernando. ¿Qué ingratitud?
Ricardo. Yo te digo ,
Por la fe del alma mía ,
Que el perder su amor sería
Para mí el mayor castigo.
Y que estoy saíriendo advierte
Tales amarguras ya ,
Que esto sólo faltará
Para maldecir mi suerte.
Fernando. Descontentadizo y loco ,
¿Qué habrá que te satisfaga f
¿Dinero? Ya no te halaga :
¿Poder? Te parece poco.
Ricardo. Bs el corazón humano
Sima que jamás se llena ;
Y está en su fondo la pena
Gomo en la flor el gusano.
Fernando. Es que el más inadvertido
Ve negra sombra en tu frente,
Que está diciendo á.la gente :
< Aquí va un hombre aburrido.»
74
Ricardo. Y dice bien , ¡ sí, por Dios I
Paes mi espíritu comprimen
Remordimientos de un crimen
Que otros de sí trajo en pos.
* Y ni esta existencia activa ,
Ni el fulgor que la rodea ,
Arrancan de aquí la idea
De la infamia primitiva.'^
Además.... ya lo estás viendo ;
Desde que al ministro hablé ,
Y en su fracción ingresé ,
Y empecé á subir, mintiendo
Doctrinas y convicciones
En que jamás he creído ,
Soy un hombre de partido ;
Hombre de odios y pasiones.
Por eso mi habilidad
Hace, con torpe malicia ,
Defensa de la injusticia
Y escarnio de la verdad.
Nunca siento lo que digo ;
Nunca digo lo que siento :
Soy veleta : sopla el viento
Del interés , y le sigo.
Voto y hablo sin conciencia ,
Gomo el más ruin mequetrefe :
¿Mi criterio? El de mi jefe.
¿Mi moral? La conveniencia.
* Si de uno y otro empleado
Anda el interés por medio ,
Sacrifico sin remedio
Al bueno por el malvado. *
Y como á lo alto subí ,
La envidia se desató ,
Y, es natural , se arrojó
Gomo un tigre sobre mí.
Así mi ilusión se acaba ,
Ahogándose en esta vida
Mi razón envilecida
Y mi voluntad esclava.
Fernando, i Oh suprema insensatez !
De cualquier cosa te asombras :
75
I Quieres volver á las sombras
Dé ta pasada estrechez ?
Reoaerda , si eres prodente ,
Lo que has sufrido y llorado.
Ricardo. El infortonio pasado
No oonsoela del presente.
Fernando. Pero comparar es cuerdo
De un tiempo y otro el valor.
Ricardo. La pena de hoy es dolor :
La de ayer sólo es recoerdo.
Y aunque valga menos oro,
Al fin y que es más noble advierte
Combatir contra la suerte
Que contra el propio decoro.
* Por eso I ay 1 harto de mi,
Harto de todo , ya voy
Echando de menos hoy
Algo que ayer hubo aqai.
Interior satisñicción ,
Reposo de la conciencia ,
Dignidad de la existencia
Y altivez del corazón.
Bienes casi inadvertidoT
Por amor de otros cuidados ,
Y nunca bien estimados
Sino cuando están perdidos. *
Femando. Pues , hUo, vuelve hacia atrás :
Sacrifica la materia ,
Y otra vez á la miseria
Dale aquí albergue. .
Ricardo. I Jamás 1
Si á costa del torcedor
Que me agobia en torno mió,
Ya no hay hambre , ya no hay frío ,
Ni lamentos , ni iiolor ;
Reine la perfidia aquí ,
Siendo, por distintos modos ,
El bienestar para todos
Y las penas para mí.
FemaBdo. {Bien!
Ricardo. ¿Y Pablo?
Fernando. I Pobre diablo I
76
Le he oonooido después ,
Y hombre no vi más cortés^
Ni más bonachón qne Pablo.
Ha poco en Satarrarán
Le hallamos , y no sabia
Separarse en todp eldia
De nosotros. Te dirán ,
Si á Elena y Luisa preguntas
Por ál , que Pablo es modelo
En quien poner quiso el cíelo
Todas las bondades juntas.
Ricardo. ¡Si sabe!....
Fernando. Es rico, y no entiende
De negocios , ni él se cuida
Más qne de comprar la yída
Gomo el placer se la yende.
Gara ó barata , es igual ,
Gomo le sea agradable.
Ricardo. * Pero está aquí , y es probable
Que circunstancia casual
De mi pérfido contrato
Le dé la razón. oculta,
Y si la sabe , me insulta ,
Y si me insulta, le mato.
Fernando. ¡ Echa !
Ricardo. i Pues no I Consecuente
Con tu modo de juzgar :
No se debe uno parar
En mitad de la pendiente.
I Tras de un crimen , ciento y mil I
¡ La bola que siempre rueda I
^ Logre el triunfo quien más pueda ,
Y puede más el más vil.
Fernando. Basta de locuras , ¿eh ?
Que el tiempo pasa volando ,
. Y nos están esperando
En los Cisnes.
Ricardo. i Para qué ?
Fernando. ¡ Hombre , por Dios ! Mis oonsocios
Los del canal del Oeste. '
La concesión.... ¡ Ay, qué hombre este
Para dirigir negocios !
Tí
Si la alcanzas , redondea»
Ta fortnna....
Ricardo. Sí ; ya estoy.
Y tú te libras por hoy
De la mina.
Fernando. (Alarmado,) No lo creas.
Ricardo. Has perdido un dineral
En Bolsa....
Fernando. No con exceso....
Ricardo. \ Has perdido I
Fernando. Paes por eso
Me hace más falta el Canal.
Ricardo. ¿ Para ahogarte en él ?
Fernando. ¡ Bromitu I
I Baeno ! { Ea I En casa aguardo.
Y considera , Ricardo....
Ricardo. ¡ Ya sé 1 Que me neoesitas.
(Se va Femando por el foro,)
ESCENA V.
RICARDO y D. ÁNGEL.
D. An«el. ¿ Sólo estás?
Ricardo. j Padre I
D- Ángel. Ya es hora
De que un momento te vea
Sin gente.
Ricardo. Bendita sea
Esta ocasión bienhechora
Que me permite anudar
De mi amor los dulces lazos ,
Porque no hay como estos brazos.
Señor, para descansar.
(Quiere abrazarle, y D. Ángel le detiene J
D. Ángel. No tan presto.
Ricardo. (Asombrado,) j Qué 1 1 Rechsza
De mi amor filial-?....
D. Ange). No tal :
Es que hasta al amor filial
Le sienta bien la cachaza.
Porque siempre sucedió
78
Ricardo.
D. Ángel.
Rfeardo.
Qaa ex\ja correspondencia
< Ese amor.... cuando en conciencia
Paede merecerla.... ó no.
¿Qaádice?
De razón lleno
Exigiste mi cariño ,
De nifio.... porque eras niño ,
De hombre ya, porque eras bueno.
¿ Quién sabe si esta razón
Ya á persuadirme no llega,
Y hoy su cariño te niega
Mi paternal corazón ?
] Usted.... á mí ! í Lindo paso !
¿Se figura que le olvido ,
Y está agriado y resentido
De mi ingratitud, acaso?
¡ Oh I por Dios, padre del alma ;
Considere que me encuentro
Gomo fuera de mi centro
Sin un instante de calma ;
Que estos deberes impíos
ftíe obligan á ser quizás
Esclavo de los demás
Y tirano de los míos,
Y aceptará mis disculpas ;
Y , al menos por esta vez ,
No serán para tal juez
Irremisibles mis culpas.
D. Ángel. Me duele, sí, verte lejos,
Siempre lejos de mi lado ,
Que son amor y cuidado
Nueva vida de los viejos ;
Pero por más que afligido
Me dejaseis todo el día
En un rincón, no saldría
Deíinis labios ni un quejido ,
Teniendo yo la certeza
De que eras digno heredero
De quien ante el mundo entero
Nunca dobló la cabeza.
¿Pues no soy?....
Eso es preciso
Ricardo.
D. Ángel.
79
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
Qne me digas sin demora :
Qae es la calumnia traidora
La qne mancillarte qarso,
Sin pretexto ni razón ,
Bq este papel infame.... (Saea a ptnódico.)
Y que es un vil qnien te llame
Publicamente ladrón.
(Aterrado,)
¡Ladrón I.... |Gon mi nombra.... Á ver...,
4 Tu nombre en bascar te empeñas?
Gaando se dan bien las sefias,
El nombre no es menester.
(Indicándole en el periódico lo que éste dice,)
(Leyendo por encima,)
«Orador.... alto empleado....
Pobre ayer.... desconocido....
Que amaneció enriquecido
Con un capital robado
Á un amigo generoso
Qne en su honradez confió. ...>
¿No eres tú? Dilo.
¡Yol.... ¡Yo!
¡Deshonrado!.... ¡ Dios piadoso I
(Devorando el periódico eon loe ojae»)
\ Aún hay más*!
Viéndolo estoy 9
Aunque apenas leerlo puedo.
¿De indignación?....
No : de miedo
Do verme tal como soy.
I Qué dices !.... ¿No es falsedad?....
Déjeme usted qne lo lea ,
Porque aún puede ser qne sea
Menos cruel la verdad.
(Leyendo con febril agitación.)
«Dicen que el amigo, empero,
Se venga del burlador,
Reintegrándose en amor
Á cuenta de su dinero.
Y que á la miger le halaga
Restitución tan oculta,
Porque asi el robo resulta
80
^
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D, Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Adelanto de la paga.»
¡Oh! I Qa¿ infamia I
¿LadeqniéB?
¡ La de todos 1
i Dios bendito 1
Manto de sombra infinito
Que oscarece todo bien....
Gedl del mundo á la idea ,
Cansado de angustia tanta ,
Y hoy contra mi^e levanta
Y el rostro me abofetea.
Y es conmigo tan cruel,
Que está mi honra vinculada
En una frase estampada
Sobre un mezquino papel.
¿Mas?....
¿Qué hacer, si me condena?
Ahogar la calumnia impia.
Si no lo es la traición mia ,
¿Por quá ha de serlo la ajena?
¿No es calumnia tu traición?
¡No, padre 1
¡Desventurado!
Tuve un hgo, que era honrado....
¡Lo perdí!....
\ Por compasión 1
¡He aquí el dolor más acerbo I
-Dájame.
No ; aunque merezca
Que la opinión me escarnezca
Después que me hizo su siervo;
Aunque me sienta morir
Entre pérfidos amaños ,
De celos y desengaños,
Todo lo podré sufrir;
¡ Falacia, escarnio, desvío ,
La muerte, si es menester ;
Todo, en fin, menos perder
Su amor de usted, padre mío !
Que á este amor ceda y se doble
Mi entereza lograrás ;
Pero en cambio perderás
81
Mi estimación, qoe es más noUe.
|Si por ustedes oail....
Bnsqaé pan con loso afán.
Honrado te di yo el pan ;
Dámelo honrado tú á mí.
Pedí al cielo, como un bijo
Pide á un padre; en vano fué.
¿Y quién le pone á la fe
Condición ni plazo QJo?
La injusticia de los hombres.
Se la afh>nta.
No se paede.
Pnes de lo que hoy te sucede ,
Ni te quejes ni te asombres.
Con sangre del msl nacido
La iivjuria he de reparar.
¿Con sangre quieres lavar
Honor que está ya perdido?
¡ Padre 1
(Con lágrinuu.j Recuerda que un día
Dejar quise esta morada ,
Por no ser carga pesada ,
De un hijo que yo tenia.
Hoy de nuevo me despido,
Y al pan negro he de volver ^
Porque no quiero comer
Pan blanco mal adquirido. fVcuepor laderteha.)
/ Ricardo f agobiado, oculta la cara «ntre ku manos, kanta
que oye la voz de EUna, que le saca de su abatimUnta.)
ESCENA VI.
RICARDO y ELENA por el fondo, hablando con un criado
y con Rita.
Rieanlt.
D. Ansel.
Ricardo.
D. Ancel.
Ricardo.
D. Aacel.
Rieardo.
D. Aacel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Elena. (Ai criado.)
k Luisa que esperaré
Impaciente su visita ,
Pnes tanto le importa. Rita ,
Lleva esto adentro. (Entra EUna.)
Rita. Bien. (Vase.j
Ricardo. (Volviéndose con rapidez como movido de un resorte.)
iQaó!
A
82
Elena. (Viéndole,)
¡Ricardo!
(Se contemplan un instante, Ricardo á Elena del modo
que su situación requiere: con oito, con ardiente euriO'
sidad, con altivez indefinille. Elena á Ricardo con ex»
trañeza mezclada de temor, en cuanto observa la acti-
tud de Ricardo.)
Tus ojos rojos....
I Me aterran !
Ricardo. Y á mi tu calma.
I No es verdad ! No sale el alma
Toda entera por los ojos.
Porque si esto fuera así ,
Tu espanto seria tanto/
Que no hallaría tu espanto
Donde ocultarse de mí.
Elena. ¡ Jesús 1 ¿Qué es esto? ¿ Á mí agravios ?
¿Tal lenguaje?
Ricardo. ; Fementida !
Elena. Primera vez en la vida
Que me escarnecen tus labios.
Ricardo. Hay razón.
Elena. Mucho ha de ser
Que á lo8 veinte años de unión
Encuentres una razón
Para poderme ofender.
Ricardo. ¡ Veinte años ! Sale la aurora ,
Y anochece en solo un día.
Para hacer una falsía
Sobra el día : basta una hora.
Elena. (Pausa,) Te miro, y en vano lucho
Por saber, en conclusión ,
Si tú me hablas en razón,
ó yo sin ella te escucho ;
Pues dicen esos extremos
Que, ó yo sueño, ó tú estás loco^
ó es que ya nos vemos poco
Y apenas nos conocemos.
Ricardo. Cierto que sueño ó locura
Es que yo en el alma herido
Haya tan bajo caído
Desde que estoy en la altura.
as
Aicardo.
¿No sabes?
Elena. Claro se ye
Qae te agobia nn dolor ñero :
Qae estás sa friendo... • que quiero
Sufrir contigo : eso sé.
Ricardo. Habíame asf , por piedad ,
Aunque me engañe tu amor:
Que todo engaño es mejor
Que una impúdica verdad.
€lena. ¡Yo engañarte! Galla, y piensa
Que de ultrajarme otra vez,
El silencio y la altivez
Serán mi única defensa.
¡ Eso ! Altiva , airada , ruda :
Pídele á tu corazón
Volcanes de inüignacir^n,
Para que abrasen mi duda.
Pues con la fama perdida ,
De mi padre despreciado,
Si de ti soy engañado,
¿Para qué quiero la vida?
Cálmese , por Dios , tu pena
Y esa fíebre que te abrasa ,
Y dime al fin lo que pasa ,
Y ña en tu honrada Elena.
Ricardo. Honrada.... ¿verdad?.... {honrad:' !
Mira que ya , por tu honor ,
Pido que vuelva el horror
De mi existencia pasada.
Este papel.... di que miente :
Di que el cieno que te arroja
Ni siquiera te sonroja ,
Porque no llega á tu frente.
Elena. Pues ¿qué dice?....
Ricardo. Eco sonoro
Que en ondas mil se derrama ,
Ladrón á gritos me llama
Y marido sin decoro.
Elena. ; Ladrón !... . ¡ Oh ! (Leijendo.)
Hicardo. iSíI ¡Quién diría
Que me llegase á haiagar,
Saber que no hay en mi hogar
Elena.
84
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Más infamia que la mía !
Elena. i Poder de Dios 1 1 Tal ultnge
Sólo el inflerno lo inspira !
I La verdad y la mentira
Dentro del mismo engranaje !
Luego ese papel mintió,
t^ara tu tranquilidad.
Mas para el mundo es verdad
Que soy una infame yo.
(Con duden.)
¡El mundo I....
¿No ves que entiende
Que, como lobo sin loba.
Nunca hay marido que roba
Sin esposa que se vende?
Anónimo acusador , (Ai papa)
¿Quién eres?
Ricardo. ¿Quién ha de ser?
El olvidado deber
De si mismo vengador.
La centella que fíilgnra
Del trueno al ronco estampido ,
Que perdona al escondido
Y mata al que está en la altura! (Paiua.)'
Mas I qué idea! ¿No podría (De pronto)
Ser autor de nuestro dafio
Pablo, que venga su engaño
Con tu infamia y con la mía? .
Elena. i Pablo !
Ricardo. Quizá nos deshonra ,
Vengativo ó justiciero ,
Para cobrar su dinero
En pedazos de nuestra honra.
Elena. No puede ser. . . .
Ricardo. Mas si eso es ,
Yo te juro que ha hecho mal
Poniendo á su capital
Mi infamia por interés.
Elena. ¿Qué intentas?
Ricardo. Que si en mi mengua
Por vengarse no repara,
Le voy á azotar la cara
85
Con sn dinero y ea lengaa.
¡ProYidencia bienhechora,
Qae al cabo me quino oir I
Ya tengo en qnien esprimir
El rencor que me devora.
ESCENA Vn.
l.uísa.
Hicardo.
t.Hfsa.
Ricardo.
DICHOS y LUÍ3A , por el fondo.
I Elena !
(Aiwr á Luisa. j ¡Loísat (¡\h! Él podrá
Bascar á ese hombro....) ¿Fernando?....
Le estaba á nsted esperando
Impaciente.
Corro allá. (Ym6 por tx foro.)
ESCENA VIII.
BLKNA y LUISA.
Loíaa.
\ Elena mía I (Con gran inquiitud.J
Elena.
¡Oh! ¡Quéá punto
Piadoso el cielo te envía I
Es la amistad el rocío
De las almas añigidas.
Luías.
(ñetírándotej
Yo no debo....
Elena.
¡ Virgen Madre !
¿También me juzgas indigna?....
Luisa.
¡ Al contrario I
Elena.
¿También dudas?....
¿Tan por el suelo y perdida
Anda mi fama, que todos
Me rechazan y abominan ?....
Luisa.
¡ Dudar yo ! j Si td supieras !....
Elena.
Que es una calumnia inicua
Que se propaga creciendo
Á impulso de la malicia ;
•
Que nadie la pondrá en duda.
Porque sabe hacer la envidia
De los más vanos indicios
86
Las pruebas máá fldedignas ;
Qae ahora me saldrán al paso
La borla con sus sonrisas ,
La virtud con sos desprecios ,
El vicio con sos caricias ;
Qoe el deshonor de mi esposo
Mi deshonor justifica;
Todo esto sé : ¡ ya ves coánto
He aprendido con ser rica !
Luisa. No exageres , y dé treguas
Tu dignidad ofendida
Al enojo. Lo que importa
Es que esa infame noticia
No dé ocasión á Ricardo
Para aumentar tu desdicha.
Elena, { Aumentarla ! No es posible.
Luisa. ¿ Sabe ?
Elena. j Todo ! É imagina
Que Pablo es quien me calumnia
Por vengarse.
Luisa. ¿ Y qué ?
Elena. Salía
Con ánimo de arrancarle ,
Donde le encuentre, la vida.
Luisa. I Jesús !
Elena. Si estoy por decirte
Que hará bien : y que yo haría
Lo mismo que él si pudiera....
Luisa. Elena ; \ por Dios ! { Deliras !
Pablo ignora lo que pasa.
Elena. ¿ Qué sabes tú ¥
Luisa. (Turbada.) Se adivina....
Quien le conozca....
Elena. También
Así pensaba yo misma
Hace poco , y ahora dudo
De todos.... y de ti , Luisa.
Luisa. I Elena !
Elena. Si ya comprendo
Que Ricardo dude, y pida
Que esté mi inocencia clara
Gomo el sol del Mediodía.... !
87
Guando se salta en el cieno ,
Hasta'al armifio salpica.
i-uiaa, ¡ Sosiégate I Y reflexiona
Que lo que hoy más necesitas
Es evitar cualquier lance
Entre Pablo y....
Elena. 2 Qué porfía !
¿ Por qué ese nombre en tus labios....
Y el carmín en tus mejillas ?
¿ Á qué has venido ? Responde.
Luisa. Á consolarte.
Elena. { Mentira !
Temes un duelo. Una muerte
Va á amenazar á dos vidas.
¿Cuál de ellas te importa ?
Luisa. I Elena !
Elena. Ya lo has dicho. No prosigas.
Ni te atreves á mirarme ,
Gomo la inocencia mira ,
Gara á cara.... j Oh cielo santo I
Si acaso tú sorprendida
Por Femando.... ¡ Es imposible!
i Tal maldad I
Luisa. ¿ Pero imaginas ? . .. .
Elena. i Qué sé yo ! Todo lo temo
De una disculpa egoísta....
Luisa , si me has calumniado ;
Si tu esposo le confirma
Á Ricardo la calumnia ;
Si eres tan falaz amiga....
Luisa. Galla , y sabrás. . . . (Pablo aparen^ en la pwtrU.J
¡Él....!
Elena. ; Don Pablo I
¡ Usted aquí ! ¡ Dios me asista I
ESCENA IX.
DICHAS y PABLO.
Pablo. Ruego á usted ....
Luisa. (Mis pasos sigue.)
Elena. Guando clava la malicia
88
Sus ojos ea esas puertas ,
¿Las cruza aaf su osadía?
Pablo. Mal recibe usté al amigo
Que fué en otro tiempo víctima....
Elena. Del de usted lo fué mi padre :
Hay faltas que son justicias.
Pablo. • Nunca las faltas ajenas
Nuestras faltas justifican.
Laísa. Grave es la de usted , sin duda ,
Al venir aquí,
Pablo. No , Luisa.
Me atrae....
Elena. El deseo inicuo
De venganza. Usted me priva ,
Al entrar aquí , de toda
Defensa de la honra mía.
Salga usted....
Luisa. Antes que llegue
Ricardo....
Pablo. ¿ Por cobardía ?
1 Eso no !
Luisa. Yo se lo ruego....
Pablo. (Apañe á LuUa.)
(Á condición....)
Elena. ¡ Y aun vacila I....
1 Y se precia de hombre honrado I....
Luisa. (Á Pablo.)
(Salga usted....)
Pablo. I Adiós ! { Va á salir.)
Ricardo. (Por ei foro.) ¡Justioia,
Castigo de la impudencia!
I Atrás !
ESCENA X..
DICHOS y RICARDO.
Elena. (¡ Mayor desventura I)
Ricardo. (Á Pablo.)
Lo que Fernando asegura
Lo confirma tu presencia.
Pablo. (Con sorpresa.)
I Fernando 1
Ricardo. {Solos aquí !
89
¡láosl (Á Eiii^.)
Elena. ( I Ay ! )
Liifsa. (A Eima.) ( ¡ Salvarte espero I )
fVá» Elena por la isquitrda y luÍMa por ti foro.)
ESCENA XI.
RICARDO y PABLO.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
Pablo.
Ricardo.
¿Me explicarás?....
El acoro
To lo explicará por mí.
Ni atenoacióQ ni disculpa
Para encubrir tu falsía.
Ten al menos la osadía
De aceptar toda tu cnlpa«
Que el rencor que en mi pecho arde
Se podría amortiguar
Si se llegase á encontrar
Frente á ícente de un cobarde.
No he Yuelto el rostro Jamás
Ni á los hombres ni á las ñeras.
Pero quiero....
Lo que quieras ,
En siendo sangre , tendrás.
* Que la tuya necesito
Lo dicen mi odio y mi honra,
Por autor de mi deshonra
Ó tíscal de mi delito. *
Bien está : mas me importuna
Que asi mi paciencia pruebe
Quien á mi dinero debe
Casi toda su fortuna.
Y es notable insensatez
Pretender, por lo que veo,
Que pase yo aquí por reo,
Guando puedo ser el juez.
I Sabes ?
Que fuiste traidor.
¿Quién lo ignora?
Nos juntamos
90
Dos que por igaal robamos :
Yo el dinero : tú el honor.
Pablo.
¡Yo!
Ricardo.
Pero en esta jornada
Sólo un ladrón aquí habrá.
(Va á m secreter y firma un talón,)
•
Esta es mi firma. Ten. Ya
Queda mi deuda pagada.
Pablo
¿ Quién te lo exige ?
Ricardo.
Es razón
Dejarte así satisfecho.
1 No ves que compro el derecho
De partirte el corazón?
No te seré ahora importuno
Con mis quejas y razones.
¿ Había aquí dos ladrones ?
Pues ya no queda más que uno.
Pablo.
Ó te engañan, ó te engañas.
Mira....
Ricardo.
No. seas yillano ,
Que está ya ardiendo mi mano
Por llegar á tus entrañas.
Pablo.
¡ Obcecación !
Ricardo.
¿ Ni el ultraje
Te exalta?
Pablo.
¿ De ti ? Lo arrostro.
Ricardo.
Pues te azotaré en el rostro
Para encender tu coraje.
Pablo.
i Oh 1 Basta, juro á los cielos,
De torpes baladronadas ;
Yo te curaré á estocadas
Tu necedad ó tus celos.
Ricardo.
Pero al punto.
Pablo.
Sí ; y á muerte.
Ricardo.
Fernando será testigo.
Pablo.
Llevo la razón conmigo.
Ricardo.
Y yo el odio , que es más fuerte.
(Vást Pablo por el foro,)
91
ESCENA XII.
RICARDO.
Al fia respiras , honor ,
ÍDespués de tanto luchar.
Ya me paedo presentar
Á mi padre sin rubor.
Ya mi conciencia se estima
Gomo luz de un hombre honrado.
Parece que me he quitado
Un mundo entero de encima .
¡Padre! ¡Elenal.... ¡Ella!
ESCENA XIII.
RICARDO, ELENA y D. ÁNGEL, qa« salea
por distinta puerta.
Elena.
(Me abrasa
La impaciencia.)
D. Ángel.
¿Qué sucede?
Ricardo.
Que un hombre de bien ya puede
Vivir tranquilo en mi casa.
D. Ángel.
¿Cómo? ¿Has hecho?....
Ricardo.
Padre mio^
Mi obligación; dar á ese hombre ,
Con un crédito á su nombre,
Un cartel de desafío.
Que si el mundo me arrastró.
Y hoy ladrón y vil me llama ,
Al volver hoy por mi fama
Me vengo del mundo yo.
D. Ángel.
¡Mi sangre es !
Ricardo.
Por ella exhalo
La luz del bien generosa.
D. Ángel.
¡Si el que tiene un alma hermosa
No aprende nunca á ser malo !
Ricardo.
Eso no es siempre verdad.
(Mirando á Elena con severa dignidad.)
92
D. Ángel.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Elena.
D. Ángel.
(Comprendiendo ,)
Dices bien. ( ¡ Baja la frente ! ) (Mirando á Elena.)
Aún se respira aqni ambiente
De impureza y liviandad.
La opinión , de su traición
Ha dictado la sentencia.
Si me absuelve mi conciencia.
¿Qué me importa la opinión?
Ella es juez. (Elena quiere hablar,)
íSilencioI Inmolo
Mi fortuna á mi honradez ;
Desheredado otra vez,
Virtud quiero aqui tan sólo.
Muerte daré al mal amigo
De su torpe amor en precio ;
Á la mujer....
El desprecio.
•¿ No es este el mayor castigo ?
Mas ¿por qué muerte violenta
También no ha de merecer?
Mata más á la mujer
La soledad de su afrenta.
¡Es cierto, cruel! Ni aun quieres
Con mi muerte demostrar,
Cómo saben castigar
Los que aman á sus mujeres.
¡ Me desprecias !.... Pues confieso
Que ni esa injuria me exalta..
Estoy yo demasiado alta
Para irritarme por eso.
¿Alarde?
Lo puedo hacer.
No hay falta en mí.... Sí que hay una ;.
Creer, cual tú, que la fortuna
Es todo dicha y placer.
Calumniada y perseguida.
Sólo un dolor me devora;
Ver que se pierde en una hora
Amor de toda una vida.
I A.diós I
(Á Ricardo.) Será pop ventura
Inocente?
93
Ricardo.
1 Ay I No.
D. Ángel.
Hijo» mira..
Ricardo.
Roba á yecos la mentira
Sa emoción á la temara.
D. Ángel.
Mas....
Ricardo.
2 Ay,si de sn traición
No hubiese una y otra praeba 1
¿ No ye asted qoe se me Hoya
Botero mi corazón ?
ESCENA XIV.
DICHOS y CÁNDIDO.
Cándido.
Elena^
Cándido.
Elena.
Cándido.
Elena.
Cándido.
Ricardo.
Elena.
Cándido.
Ricardo.
Elena.
(Al »alir Elenaj entra Cándido, que la detime,)
\ Madre !
¡Hijo mío I
(Enterándoee de lo que pasa.) ¿ Qué 68 OStO f
Me ultrigan.... ¡Me voyl
¿ Adonde ?
Donde la yirtad esconde
Rubor de un crimen sopaesto :
¡ Donde halle amparo de Dios !
No , madre : si ya he sabido
De quién el rayo ha partido
Que os hiere en la honra á los dos.
¡ Oh I ¿ De quién ?
Claro lo infiero.
¿De Luisa?
Ella lo ha fo]Jado ,
Y su hijo lo ha diyulgado,
Y hoy lo sabe el mundo entero.
¿ Cómo pudo ser capaz
De inferir tan graye ofensa ?....
Pues será ella mi defensa.
ESCENA XV Y ULTIMA.
DICHOS y FERNANDO por el fondo.
Fernando. La mía es más eficaz.
Eiena. (¡Él!)
Ricardo. ¡ Fernando ! Habla. Ya anhelo
94
Fernando.
Elena.
Ricardo.
D. Ángel.
Fernando.
Ricardo.
Fernando.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
Fernando.
D. AngeL
Fernando.
Noticias de mi enemigo.
Que tú serías testigo
Y yo actor en ese daelo ,
Á no huir aquel traidor
Llevándose eotre sus brazos
Mi decoro hecho pedazos
Y hecho escarnio vil mi amor.
\ Ah ! (Con natural satisfacción.)
¿ Qué dices ?
I Que esto pasa !
(Mostrando una carta á Ricardo.)
¡ De mi mujer !
¿Y ella cuenta?....
La escribió , por más afrenta.
De Pablo en la propia casa.
Calumnió, por explicar
Una carta y una cita.
Quien honras ajenas quita ,
Mal la propia ha de íjuardar.
Os causó breve perjuicio;
Mas mi ruina al ver segura ,
Se va á buscar la ventura
En el lodazal del vicio.
(Lee.)
« Adiós ; Pablo á huir me obliga;
Y aunque el honor me condena ,
Que soy , le dirás á Elena ,
Mala esposa y buena amiga.»
(Fernando, con la cabeza baja y agobiado de dolor. Hi.
cardo, al concluir la lectura, quiere arrojarse á los
pies de Elena , que le detiene^ indicándole con la mano
á Fernando. )
\ Elena I
í Galla !
Es razón.
Sea el infortunio ajeno
Triste y compasivo freno
De nuestra justa expansión.
¡ Oh I \ Gracias !
i Pobre 1
Es verdad
Que todo está compensado.
95
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Ricardo.
D. Ángel.
Elena.
Ricardo.
Elena.
Ricardo.
¡ Yo también desheredado
De toda felicidad !
¿Y dónde ese bien se encierra
Qae cuesta tantas batallas?
Pues si en la virtud no lo hallas ,
No lo basques en la tierra.
Es la virtud perseguida....
Ya lo sé: pero ¿es dichoso
Quien busca y goza afanoso
Los placeres de la vida?
i No á fe 1
Pues entonces.... ¡ea !
Busquemos el bien posible ;
La paz dulce y apacible
De mi cantábrica aldea.
¿Os place?
Al punto : á gozar
De nuestro amor allf á solas.
Á huir lejos de las olas
De este turbulento mar.
Y á través del aéreo tul
Qae entre las brumas se pierde...
(Interrumpiéndola con efusión.)
Ver la tierra ¡ toda verde !
Ver el cielo i todo azul I
fCa€ el telón,)
FIN.
LA
DESOBEDIENCIA
DRAMA ORIGINAL EN TRES ACTOS T EN VERSO
nc
D. RAMÓN LON DE COMPAÑA.
PREMIADO EN EL CONCURSO DE PRODUCCIONES DRAMATiCASÜ
ABIERTO POR LA EMPRESA DEL TEATRO
CIRCO BARCELONÉS
BARCELONA.
ESTABLKOIIIIENTO TIPOGRÁFICO DE NARCISO ÜAUIREZ.
calle de Eseudillers, n.' 40, piso principal.
1862.
/
Persona».
DOLORES. GARLOS.
D.' ISAREL. RICARDO.
JULIANA. D. JUAN.
RAFAEL.
Primer acto, en Cádiz ; los dos siguientes en Madrid
ACTO PBIISRO.
Sala de recíbimieDlo en una fonda. Puertas al fondo y una á cada lado.
ESCENA PRIMERA.
DOLOREá y después JULIANA.
DoLOB. [Besando un pensamiento.]
Sí, ya sé lo qae me dices,
aunque callas, bella flor.
Toma olro beso; del alma,
florecilla, te lo doy.
J ULIA. [Entrando por la i%qiúerda, )
; Ta está aquí la señorita !
Cumpliré mi obligación. (Sale foro,
Dolor. Di: me ama Carlos de veras ?
¿Podrá olvidarme? iNol iNo!
¡ Dejó en tus bojas, su labio,
un juramento de amor I
ESCENA I!.
DOLORES, CARLOS y JULIANA.
Julia.
[Señalando á Dolores.) Allí
Carlos.
Toma ! [Dándola dinero.)
Julia. '■
Cinco duros!)
Mil gracias. (Viva el amor I )
Carlos se acerca á Dolores de puntillas.
Dolor.
Por mensajera de amores
te pondré en mi corazón,
mas, antes, toma otro beso.
Car.
1 Qué dichosa es esa flor !
Dolor.
;AyI ¡Carlos I
Car.
[Dolores mia!
DoLon.
¡ Creí estar sola I
Car.
\ Por Pii»s r
— 6 —
Dolor.
JüL.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor,
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
; No te ofendas I El que adora,
siempre busca una ocasión.
Si viene mamá !.. (Juliana !
No hay cuidado, alerta estoy.
Yete pronto, Carlos.
¿Temes?
I Y es fundado mi temor I
Esta mañana, mamá,
de ti, un gran rato, me habló.
¿De veras? ¿Y qué te dijo?
iConsejos de madrel
( ¡Ay Dios! )
¿Pero ha observado?
iSus ojos
penetran mi corazonl
Allá en Madrid, mamá algo
de nuestro amor sospechó,
y al encontrarte hoy en Cádiz
mas se alarma, con razón.
No sé porqué; es natural
que también me bañe yo;
y haber elegido á Cádiz,
puede ser casual
iNol iNoI
(Cádiz, y una misma fonda!
Coincidencias raras son!
Yo la hubiera confesado
esta mañana mi amor;
(porque es tan buena mamá,
que no merece ficción!
Pero estuvo tan severa
;Y no eslrañes su rigor!
Que en verme feliz, mi madre,
cifra toda su ambición
Feliz conmigo serás.
Mamá lo duda, y su amor
justifica sus recelos.
¿Recelas tú también?
(Yo!
(Pregunta á la mariposa
si tuvo á la luz temor!
Yo, cual ella confiada
- 7 —
te eutrego mi corazón;
si tú con ta amor lo secas,
¡que te lo perdone DiosI
Car. ¿Mas, tu madre porqué duda?
Dolor. Allá en Madrid se informó
no lo estrafies, porque es madre!
Y alguien, con mala intención
sin duda, (lijo de ti
Car. Cuentos, chismes, como el sol
es puro mi proceder;
recta y noble mi intención.
Dolor. lAyl ¡Carlos! ¿Te has ofendido?
Perdona; culpable soy:
yo no he debido decirte..*...
Car. Dolores, cuando al honor
atacan los alevosos
Dolor. ¿Y qué le importa? Los dos
nos bastamos en el mundo!
Julia. ¡La señora!
Dolor. . ¡Yete!
Car. ¡Adiós!
ESCENA III.
DOLORES, JULIANA y después ü.» ISABEL.
JcLiA. Señorita, ahora conviene
que hable Y. mucho conmigo,
y asi disimularemos
Dolor. No, Juliana; ¡mortifico,
fingiendo, mi dignidad!
fietirate
JoLiA. [Humildemente.] ¡Me retiro!
D.*IsAB. ¡Dolores!
Dolor. ¡Mamá!
D.* IsAB. Te traigo
noticias de un buen amigo.
Dolor. ¿Quién es^ mamá?
D/ IsAB. Ralael;
nuestro valiente marino.
Dolor. (¡Cielos!)
D.* IsAB. En Cádiz está,
y viene á vernos hoy mismo
— 8 —
jDoloresl Poco te alegra
esta noticial
DoLOB. (iDios mió!)
Al buen Rafael, mamá,
yo muy de vera» estimo .
D/ IsAB. {Con tierna amargural) (Dolores mial
Dolor. ;MamáI
D.* IsAB. iGuantas penas adivinol
Dolor. ¡Penas!
D.' IsAB. I Si! Mi corazón,
traidor pufial me lo ha herido!
Tú eres toda mi ventura,
mi solo amor, mi delirio
¡cómo no sufrir al verte
hoy presa de un libertino!
Dolor. ¡Mamá!
D.* IsAB. ¿Te ofendes? ¡Lo veo!
Esa palabra que he dicho,
Dios la coloca en mis labios
para avisarte el peligro.
Dolor. ¡Ay!
D.* IsAB. ¿Lloras, Dolores mía?
¡Por piedad! Yo te suplico
;YoI jTu madre casi anciana!
¡Que olvides tu desvario!
Dolor Me rasga Y. el corazón!
D.* IsAB. Pobre corazón sencillo,
que en el cáliz de una flor
bebe veneno escondido.
Dolor. Yoy allá dentro un instante;
si V. quiere
D.MsAB. ¡Te fatigo!
¡Compadéceme, Dolores! [La he^a)
¡Te quiero tanto, ángel mió! [Se retira Dolores llo-
rando,)
ESCENA IV.
I).* ISABEL, después RAFAEL,
D.* IsAB. ¡Señor! ¡Señor! ¡Por piedad!
¡Iluminadla, Dios mío!
¡Su débil planta coloca
— 9 —
al borde de un precipicio,
y vendas de amor la o'caltan
los horrores del abismo I
Raf. {Desde lafmerta.) ¡La sefiora de Guzman?
D.' IsAB. iRafael! ( Yendo á él )
Raf . Mi buena amiga
i una lágrima en los ojosl
IsAB. \Si, Rafaell ¡Son desdichas
que á las madres suelen dar
por pagos de amor las hijas!
Raf. iDoiores....! ¡Me asusta Y.!
Siempre en Madrid la vela,
modelo de amor filial,
dulce, virtuosa, digna....
IsAB. Hoy de mi temor la causa
es tal voz su bondad misma.
Pura y noble, no sospecha
ffue cabe en amor perfidia.
Raf. ¡En amorl ({\yl llegué tarde )
IsAB. (Ella amaba....! Lo sabial) ^06«en'(ífu/o/e.;
Raf. Sefiora, con que Dolores?
IsAB. Temo que pueda ser victima
de los halagos de un hombre
de inclinaciones malignas.
Raf. ¡Dolores! Es imposible.
En su noble orgullo altiva,
no puede á un amor mezquino
dar en su pecho cabida.
IsAB. Por desgracia, Rafael,
bajo un eslerior que brilla,
ocultan algunos hombres,
la bajeza y la mentira.
Raf. iEs verdad!
IsAB. Y mi Dolores
hoy sobradamentejrica,
puede ser para un malvado
objeto de su codicia.
Raf. ¡Ay, sefiora! ¡Esas palabras
la dignidad mortifican!
Será verdad, pero es fuerza
que un alma noble resista,
el creer que todo un hombre
— lo-
ante un vil metal se humilla,
y roy de la creación
hace al alma mercancía. {Juliana atraviesa el teatro.)
IsAB. (¡Qué noble y qué generoso!
¡Cuánto pierdes, hija mia!)
Juliana, avisa al instante,
que salga la señorita.
Rai'. Tal vez estará ocupada.
IsAB. No lo está; vendrá en seguida:
y si V. triste la encuentra
es que ha poco la decia
cuanto el corazón padece
con los temores que abriga.
¡Y ella que quiere á V. tanto,
pena amarga sentirla. ..I
Pero, ¿quién es ese hombre,
que aquellas tiernas caricias
con que gozaban dos almas,
tiene en dolor convertidas?
IsAB. Tal vez V. lo conozca.
Es de muy buena familia;
tiene escelentes modales
y figura distinguida....
Pero después, sus costumbres...
Seguiré; viene mi hija
R,\F.
• ESCENA V.
DICHOS y DOLORES.
Dolor. ¡Rafael! {Le dá la mano.)
Raf. ¿Cómo vá?
Dolor. Mal;
y presumo que los baños
son científicos engaños.
Raf. ¿Siempre nerviosa?
Dolor. ¡Fatal!
Desde que á Cádiz llegué,
muy pocos son los instantes
que me siento bien.
IsAB Pues antes,
bien te burlabas....
— 11 —
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
ISAB.
Raf.
Dolor.
ISAB.
Raf.
ISAB.
Si á fé.
Yo decía que eran mimos
ios accidentes nerviosos.
¡No siempre somos piadosos
con el mal que no sufrimos!
¡Ay! ¡Es verdad, Rafaeit
Por eso nunca me quejo.
Curar puede un buen consejo.
iQue á veces es muy cruel!
Porque sí el padecimiento
llegó á hacerse ya invencible,
pretendiendo un imposible,
solemos dar un tormento!
((Dile que si, corazón!)
Si el alma es la que padece,
invencible el mal parece;
mas, lo cura la razón.
( Con la mano en el corazón, )
;Hay aqui dentro un poder.^..
Pero, de Dios la clemencia,
puso aqui la inteligencia,
para poderlo vencer.
ESCENA VI.
DICHOS y CARLOS.
Car.
¿Se sirve V. permitir...? [Desde 1
ISAB.
(iCielos!)
Dolor.
(iCárlos!)
ISAB.
¡Adelante!
Car.
Voy á marchar al instante.
y me vengo á despedir.
I5AB.
¿Va V. á marchar?
Dolor.
(¿Será cierto?)
Car.
Voy á buscar en Valencia
movimiento, concurrencia;
¡aquí poco me divierto!
Gozar en Cádiz crci
placeres y diversiones;
eran vanas ilusiones,
sefioras, y las perdí.
— 12 —
Por eso, en Cádiz ya triste,
la valenciana algueria
bosco para mi alegría.
Dolor, (i Algún misterio aqui existe!)
¿Y es muy pronto?
Car. Si; esta tarde.
Dolor. iQué prisa por viajar!
Car. Quiero á Cádiz olvidar.
Dolor. lEntonces, no lo retarde! (ofendida.)
Raf. (Me parece algo insolente.) (mirándole)
IsAB. ¿A qué hora sale el tren?
Car. a las tres.
Isab: iQue vaya bien! Isaludándole]
Car. IMÍucbas gracias; igualmente, {saluda y vúse,]
ISAB. (¡Gracias! Gracias, Virgen mia!)
Raf. (iDios mió! ¡Cuánta aflicción
en su pobre corazón!)
Dolor. (¡Dlme qué es esto, alma raia!) [eayend') en una silla)
IsAB. lAy! iNi aun me atrevo á mirarla!
A su amistad la confio: {á Rafael)
¡tal vez torpe el labio mío,
no supiera consolarla! [sale]
ESCENA VIL
RAFAEL y DOLORES.
Raf. iConsohurla y por él llora!
¡Rumbo ciego de la vida!
¡Amor para quien olvida!
¡Y amistad para el que adora!
¡Vamos!.... Probemos. ¡Dolores!
Dolor. Rafael!.... (¿Qué dirá, cielo?)
Raf. Difícil es el consuelo
para amargos sinsabores.
Pero si mi amistad fiel
merece á V. confianza...
Doi.OR. ¿Puede V. darme esperanza ...?
¡No puede V., Rafael!
Le confieso mi pasión,
¡bien su amistad lo merece!
¡sepa V. cuanto padece
— 13 —
este pobre corazón!
Raf. (Tanto amor....!
Dolor. {Es estremado!
Sí, mis labios no lo ocultial
Raf. (iCielosl.... Hay hombres, qae insultan
con so dicha al desdichado!)
Dolor. Por su amor perdí la calma,
y hoy lloro al verle cruel;
porque este amor, Rafael,
es el culto de mi alma!
Raf. |T él tan dichoso.... ¡Dios mío!
¡Riendo...! de Y. se aleja....
Dolor. Tal vez.... una Injastá queja... [meditando.)
Raf. (Quejas de un ángel.... Impío!)
Dolor. Mi amor, á mamá disgusta;
yo se lo indiqué, y su honor
sacrifica nuestro amor
á una repugnancia injusta.
Raf. Sí fuera tan delicado,
yo tal vez le perdonara...
Dolor. ¿Cómo?
Raf. El que hoy á Y. causara
un dolor tan estremado.
ESCENA VIII.
DICHOS y JULIANA.
Raf. (Le veré; si; mi lealtad
sofocará mi dolor;
iy si es digno de su amor,
Dios le dé felicidad!)
Julia. Don Rafael, la señora
desea que si Y. puede,
á comer aquí se quede
Raf. Con mucho gusto. ¿4 qué hora?
Dolor. Siempre á las cinco comemos,
mas sí Y. tiene que hacer
Raf. Antes pienso yo volver.
Dolor. Y si nó le esperaremos.
— 14
ESCENA IX.
Julia.
DOLOB.
Julia.
Dolor.
DOLORES y JULIANA.
Señorita, ¿qué hay de nuevo?
Muy triste encuentro el semblante.
¡Mas triste está el corazón!
¿Qué hay, sefíorita? (Curiosidad)
Pesares! (Entra en su cuarto)
Julia.
Car.
Julia.
ESCENA X.
JULIANA y después CARLOS.
I Pesares! íQué reservada!
No hay miedo que la sonsaquen I
Ni yo que soy su doncella
y sirvo de lleva y trae,
puedo pescar un secreto
de esos gordos. ¡Qué coraje!
Dicen que es de muy mal gusto
tener ciertas libertades
con las criadas. ¡Caramba! -
Si su correo nos hacen
siempre que les acomoda,
no es justo que después guarden
esa orgullosa tiesura;
lo uno ú lo otro. iCabales! [Carlos se asoma á la
^ ,. puerta con recelo.)
¡Juhana!
¿Quién es? iD. Cários!
Entre V.
Temo
No hay nadie.
¿Donde está la señorita?
Allá dentro.
¿Con su madre?
Sí señor.
¿Y el caballero
que estaba aquí poco hace?
1
1
— 15 —
Julia.
Ahora mismo salió,
y viene á comer roas tarde.
Car.
¿Y quién es?
Julia.
¡Un capitán
denaviol ;T elegante!
•
lYricol jY joven! jBuen mozo!
Car.
Chiquita, no td entusiasmes;
con que me digas su nombre
mi pregunta satisfaces.
Julia.
Se llama don Rafael
Poncede
Car.
Basta; no acabes:
■f.
el de, ya mé lo figuro.
Escúchame; es importante
que sin perder un momento
,
con la señorita hables;
.
y asi, con mucho talento,
como cosa tuya ¿sabes?
dila que me has visto aquí;
y si viene bien, añades,
que estoy de un humor fatal.
Julia.
¿Tiene V. también pesares?
Car.
¡A.y! isi, Juliana, los tengo! (Fi
Julia.
Están Yds. iguales,
la señorita también
Car.
lAy! iLos mios son muy grandesl
Julia.
iPero D. Carlos! ¿Qué pasa?
Car.
Ya te lo diré mas tarde.
Ahora vé; pero cuidado;
es preciso que remaches
que yo no te he dicho
Julia.
lYa!
Estas son tretas de amantes. (Eni
Car.
Pues señor, igolpe de Estado!
Hago bien, era preciso.
Su madre tiene talento
y sus ojos en mi fijos
Cortemos la retirada
con un golpe decisivo;
que mucho puede una madre,
si la ven llorar sus hijos.
(Fingkndü.)
(Entra en su cuarto,)
- 16 —
ESCENA XI.
DOLORES y CARLOS.
Car. {Dolores!
Dolor. [Garlos!
Car. ¡Aquil
Dolor. ¿Te causo tal vez pesar?
Car. No: mas, pensaba marchar
sin despedirme de ti.
Dolor. ¡Pensabas bienl Porque al verme,
hombre lú, de educación,
una vaga esplicacion
* tendrías que concederme.
Mas, no te importe el deber
de un hombre que es delicado,
¡que aquí queda ya esplicado, [al corazón,)
¡buen Garlos, tu proceder!
Car. ¡Dolores! ten compasión
de quien hoy mucho padece.
Dolor. ¿Qué tú padeces?
Car. ;Y crece
ai mirarte mi aflicción!
De mi suerte los rigores,
podré, sin verle, arrostrar;
mas... si té llego á mirar,
¿cómo dejarte , Dolores?
Dolor. Pero, si ha poco te vi...
Car. ¡Mostrando mentida calma,
por deber!
Dolor. ¡Carlos del alma! {corre hacia él)
¡Y yo dudaba de ti!
Mis palabras... .¡ya lo veo!
hirieron tu pundonor....!
Car. y sacrifiqué mi amor!
Dolor. ¡Te creo, Carlos, te creo!
Mas, tu sacrificio horrible!
¿no ves que me mataria?
Car. ¡Es mi deber....!
Dolor. ¿Todavía?
No, Carlos; es imposible.
Car. ¡No hay dicha que bien me cuadre
— 17 -
sin tas ojos adoradosl
Mas ¡son para mí sagrados
los deseos de una madrel
Dolor. iGárlos! {Profunda amarg^tra)
Car. En mi soledad
viviré pensando en ti;
ly ojalá! que deje aqui
mi ausencia, felicidad.
Dolor. {Felicidad! ;No comprendo
esa manera de amar!
Sin duda sabéis jurar
amor los hombres, ;míntiendo!
¿Cómo queréis que en el alma
dondelinfíltrais la creencia
del amor, ;qae es su existencia!
quepa, sin su amor la calma?
Mentiras son los amores
que nos pintáis, engañosos;
juramentos alevosos
los que nos juráis.
Car. iDolores!
Dolor. ¡Y la mujer, que suspira
por ese divino aliento,
rinde culto á un sentimiento,
que en vosotros es mentira.
Car. No es mentira mi pasión;
y son injustas tus quejas
Dolor. ¿Amas y de aqui te alejas?
Car. ¡Dejo aqui mi corazón!
¿No amas á tu madre?
Dolor. Si;
Icon toda el alma la quiero!
Mas ¡si yo morir prefiero
á separarme de ti!
Car. ¿y si en la prueba desmayas? «
Dolor. ¡Desmayar! ¡Vanos temores!
Car. ¡Tú me haces débil, Dolores! [Con ternura)
Dolor. ¡Carlos mió! ¡No te vayas! [Juliana atraviesa
el teatro y sale por el fondo)
Car. Pues vence la oposición
de tu madre.
Dolor. ¿Cómo, di?
t
18 —
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
¿Tienes confianza en mi?
¿No le di mí corazón?
Pruébame pues generosa
lafé de tu labio puro.
Ven conmigo.
¿Yo? [Asustada.)
Lo juro;
maSana serás mi esposa.
¡Pero hija ingrata s#é!
¡Mi madre que me ama tanto!
¿Quién enjugará su llanto?
iTienes razón! iQuédate! [En acción de irse.)
jCáriosl ¡Carlos! ¡Por piedad!
¡En qué terrible martirio
me colocas!
Un delirio
era mi felicidad!
Yo la soñé confiado
en tus palabras de amor!
Era sueno y el dolor
de la verdad me ha dejado.
¡Quédate!...
¡Nó!... ¡Qué agonía!...
¡Carlos! haré lo que quieras!...
(después de un momento de lucha .
( ¡ Ah ! Ya he vencido!...) ¿De veras?
(¡Perdóname, madre mia!)
Dolores mia, en mi honor
ten completa confianza.
Si perdiera esa esperanza
me malaria el dolor!
ESCENA Xll.
^ DICHOS y JULIANA.
JuL. He visto bajar de un coche
al señorito Rafael. [Entra precipitadamente.]
Car. ¿Serás á tu oferta fiel?
Dolor. ¡Sí! ¡Lo seré!...
Car. ¡Hasta la noche!
[Carlos al salir, hace sena á Juliana que sale
hablando con él. Dolores queda muy consternada.)
- 19 -
ESCENA XIII.
DOLORES y de»paes RAFAEL.
DoLOB. ¡Hasta la noche!... ¡Dios santo!
tengo un abismo á mis pies;
y como el mirarlo espanta,
¡los ojos cierro al caer!...
¡Pensamiento, no me acoses!
¡Razón mía, déjamel
¡Ven, corazón, con tu faego
á cegar mis ojos, ven!...
{Queda un instante en consternada aflicción y entfa Rafael]
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
A mi pesar me he tardado...
¡Ay!... ¡Dolores!... ¿Llora V.?
¡Rafael! Mi buen amigo,
no eslrafie mi padecer;
porque amo... ¡y esta palabra,
palabra de dolor es!
¡No lodos asi lo esplican!...
¡Mas, yo lo comprendo bien!
V., por amor derrama
un llanto, que habrá de hacer
feliz al hombre, que inspira
tan elevado interés.
¡Ser amado asi, Dolores,
dicha grande debe ser!
¡Suelen los hombres por dichas
desventuras devolver!
Su vida, á la que le mala,
ofrece el hombre también!
¡Si la lucha que padezco
pudiera Y. comprender!
Si á mi amistad la confía
quizás consuelo le dé,
¡que es grande ya la esperiencia
que tengo en el padecer!
Si, si; su amistad será...
mi guia y mi amparo fíel;
que al borde de un precipicio
tengo colocado el pié.
— 20 —
Raf. ¡Un precipicio!... iDolores!
¡Gaidadol... porque al eaer
es la vida de una madre
la que peligra...
Dolor. iLo sel
Por eso mi pena es grande:
porque el corazón se ve
colocado en lucha horrible
entre el amor y el deber .
Raf. iQue venza el deber, Dolores!
Dolor. ¡Ayl Por piedad, Rafael!
¡Tengo una oferta empeñada!...
¡No puedo retroceder!
Raf. Si esc empeño es una falta
¿quilín puede exigirlo, quién?
Dolor. ¡El hombre á quien idolatro!...
Raf. ¿Pero esa oferta cuál es?
Dolor. ¡Marchar con él esta noche! {con timidez)
Raf. ¡Dolores!
Dolor. Pero seré
mañana mismo su esposa.
Raf. ¡Dolores! ¡Me asusta Y.!
¡Es cierto!... Sobre un abismo
tiene colocado el pié,
pero está á su lado un hombre
que la sabrá sostener.
Dolor. ¡Pues á morir resignada
sin Garlos... me quedaré!
ESCENA XIV.
DICHOS y DOÑA ISABEL.
Raf. [Contemplándola],
¡Morir!... ¿Y no he de poder...?
IsAB. Vamos, vamos que ya es hora.
Raf. Si, vamos... (¡Ay cómo llora!)
¿Qué hacer. Dios mió, qué hacer?
IsAB. Dolores, que es tarde ya.
{Va poco á poco hacia el fotp-)
Raf. Hablar á Garlos espero. [Bajo á Dolores.)
Dolor. ¡Ay! ¡Si él se ausenta yo muero!
— 21 —
Raf. Sí ama á V., se quedará.
Qae por salvar el abismo,
qae ameDaza esa pasión,
obtendré la bendición
de un sacerdote aqoi mismo.
Dolor. ¿Es dé veras? {alegre)
Raf. Si, Dolores.
DoLOB. Me devuelve V. la calma.
Raf. (iSi nace el amor del alma
No lo matan los rigores!)
-- >**4^^ C^^"-
— 22 —
ACTO SEGUNDO.
Gran salón iluminado y adornado con profusión y elegancia. A menudo
atraviesan criados con objetos de servicio, y convidados formando
animados grupos. Música ¿ lo lejos.
ESCENA I.
CAHLOS y RICARDO.
Ric. Eres el rey de la noche,
chico , has producido efecto;
las damas le dan sus guiños;
sus halagos los banqueros.
Car. Déjame pues los segundos,
y toma tú los primeros.
BiG. Me acomoda^ y en justicia
yo solo me los merezco ;
porque si las damas gozan
esta noche el embeleso,
de ese aire tan confortable,
ese perfume arabesco,
esas flores, esa luz,
esos lán guidos acen tos ... .
Car. ¡Chico 1 1 Chico!... que te elevas!...
;Yas á hacer algún soneto!
RiG. ¡Ay! jOjalá.... ¡Cuánto diera
por hilvanar cuatro versos!
En tornees me lloverían
las conquistas....
Car. ¡Ui qué necio!
Hazte rico , y aunque escribas
peor que un alcalde lego,
y digas mas disparates
que un sacristán en un rezo,
conquistarás mas muchachas,
que protestantes Lutero.
EiG. Pues entonces , tú eres, Cario»,
j
— 23 —
escepciou de tu precepto.
Uá (res años, no tenías
en verdad mucho dinero;
vas á Cádiz, y te casas
con un ángel, que al regreso
te entrega su buena madre
un capitalazo inmenso.
Juegas , derrochas , negocias
con malditísimo acierto,
y á los tres aiios cabales
estás tronado....
Car. ¡Silencio!
Ríe. Nadie escucha. T sin embargo,
tronado y todo, yo creo
que no andas tan despreciado
de las Evas....
Gab. ¡Majadero! (mirando por todua parles)
Si Dolores ó mi suegra
llegasen á oír....
Ric. No hfiy miedo.
La cuestión de los honores
las ocupará allá dentro.
Aunque tu suegra es un lince
de ojos y oídos tan diestros,
que es fuerza no descuidarse,
porque las recoge al vnelo.
Car. Está siempre prevenida
contra mi.
Ríe. ¡Pues yo lo creo I
No olvidará fácilmente
el lance del casamiento.
Car. Ella, al ñn, nos abrazó....
Ríe. Cuando no había remedio.
Dada ya la bendición,
eran vanos sus esfuerzos.
Ella idolatra á su hija,
y aquel amigo tan bueno,
pudo al fín reconciliaros....
Y ahora que hablamos de eso,
¿qué se hizo el buen marino?
Car. ¡Qué sé yo! iVaya un recuerdo! {de mal hmior.]
RiG. ¡Hombre! ¡Tú le debes tanto..,!
— 24 —
Car.
Le pagaré en padre nuestros
si sé que algún temporal....
BiG.
¡Carlos! {sorprendido.)
Car.
|Ricardol...iQué necio!
mafiana dirás lo mismo
tú de mi.
RlG.
iQué pensamiento!
Car.
Hoy vives á mis espensas,
y cuando nos separemos,
repetirás el refrán....
Si le he visto no me acuerdo.
Ríe.
(Con dignidad] Tus palabras son indignas,
del labio de un caballero.
Si yo vivo á tus espensas
. es porque accedi á tus ruegos.
Car.
Vaya, chico, no te amosques.
Ríe.
Me insultas, y me deflendo.
Quisiste que te ayudara
á salir de tus enredos....
Car.
Que hoy están mas embrollados....
Ríe.
Por culpa de tus escesos.
Y si aun estoy á tu lado,
¡á tus espensas viviendo!
es por si puedo evitarte
el triste fin que preveo.
Car.
Pues pelillos á la mar;
isi tú conoces mi genio!
Ríe.
Pero dices unas cosas....
Car.
Las digo cuando no pienso.
Vamos á animar el baile:
■ ya sabes tú lo que intento.
Ríe.
Con mentidas apariencias
deslumhrar los usureros:
mas, en camino escabroso
al fin, Carlos, se dá el vuelco.
Car.
Veremos. Si yo consigo
que Dolores, á mis ruegos,
llegue á firmar la escritura
de los molinos, de cierto
dará D.^Juan por mi firma
con plena fé^su dinero.
Ríe.
¡Y esas fincas son ya solo,
- ¿5 -
de un caudal tan grande el resto!
Y tu hijal.... PobrecíUa....!
Cab. Déjate de sermoneos.
Para salir adelante
lo que importa es ganar tiempo.
ESCENA II.
DICHOS y D. JUAN.
D. Ju. Señores, beso la mano...
Car. ¡Señor D. Juan de Vinuesa!
D. Ju. Aunque Y. no me invitó,
como tenemos franqueza,
me hablaron hoy de este baile,
y dije.... Yoy, ¿qué me cuesta?
Car. Ha pensado Y. muy bien.
D. Je. Y si un podo mas me aprieta
la chica, también la traigo.
Car. Debió Y. hacerlo.
D. Ju. Es tarea,
la de andar cuidando niñas,
mas grande que mi paciencia.
Y además, hoy nd merece
que me afane en vcomplacerla.
Car. ¿A.lgun disgustillo?
D. Ju. Si,
mas si la niña se empeña
en seguir con su capricho
yo la ajustaré la cuenta.
RiG. Qué, ¿la ronda algún galán?
D. Ju. Ño, que ronda mis talegas.
Mas si se descuida un poco
yo se las daré en las piernas.
Tengo aun guardada la vara
con que media en la tienda,
y si la coge este puño,
no le ha de saber á -almendras.
Car. Pero, D. Juan, ¿es delito
el que los hombres la quieran?
D. Ju. Los hombres no : los canallas,
que dan de acera en acera
— 26 —
sin mas oíicio ni estudio
que oler ricas herederas [Carlos muestra enfado.)
Para esa plaga, D Carlos,
un garrote es la receta.
Ríe. [¡Pobre Carlos!. .. ¡Quécastigo!)
D. Jü. ¡Es cosa que desespera....!
Un pobre padre cavila,
suda, sufre y se desvela,
y cuando ya ha conseguido
asegurar la existencia
de la hija á quien adora
viene un quidam, la requiebra
y pone enjuego ese arle
que ellos tienen por carrera,
y la fortuna y la dicha
de una familia se lleva
para después.... ¡Asesinos!
Jugarla al treinta y cuarenta!
Car. Vamos, D. Juan, no se enoje,
ya sabrá su inteligencia
buscar para la muchacha
marido que la convenga
D. Jü. Marido trabajador,
honrado , aunque pobre sea,
esto es lo que yo deseo,
y esto ha de ser^ á la fuerza,
H) yo sabré poco á poco,
mis millones y mis rentas,
de una manera legal
ceder á Beneficencia;
que no ha de tirar el vicio
lo que falta á la indigencia.
Car. y por fin, ¿cuándo es la marcha?
D. Ju. Ha quedado ya suspensa.
Cab. ¿No va V. á Cádiz? {sorpresa}
D. Jü. No;
porque quiero estar alerta
de esas cosas de la niña.
¡Vaya!.... ¡A mi no me la pegan!
Ya mandé al corresponsal,
para el cobro aquellas letras.
Car. ¿Las mandó V,? [sobrecogido]
— 27 --
D. Ju. Pues es claro: {mirándole fyo,)
¿qué había de hacer con ellas?
Car. Lo decia... por .. ¡repontAidk)«e)
D. Ju. ¿Pensaba {con desconfianza'
Y. tal vez recogerlas?
Car. Quizás.... hoy me sobran fondos.,..
Ríe. (¿Qué borrasca será esta?)
D. Ju. Las mandé hace cuatro dias.
Tal vez el aviso venga
de la aceptación mañana.
Car. (Mañana. . . . !) {con amargura)
j) jü, (Algo le ¡nquietal) {observándole)
¿Si la noticia que dieron
en la Bolsa, será cierta?)
Ríe. (Algo le pasa. ) {observando á Cárhs)
D. Ju. I>on Carlos,
está V. tri8le,'¿en qué piensa?
Car. Yo triste....? No; distraído. ( reponiéndose)
D. Ju. ¿Pensaba Y. en esas letras?
Car. iCa...! No señor.,..! Y. dijo,
que guardaría en cartera
los fondos que sobre Cádiz
cómodamente le dieran,
y., •.
D. Ju. Al suspender el viaje
cosa muy natural era
negociar aquel papel
que no tenia ya cuenta.
Car. Muy natural, si señor,
¿y quién otra cosa piensa?
D. Ju. Me parecía que Y
Car. ¿Lo sentiría? iQué quimera!
Yamos, Ricardo, acompaña
al señor, para que vea
la animación, la alegría
que por los salones reina.
Ríe. Con mucho gusto.
D, Jü. Mil gracias.
(¡Aquí hay algo. iJuan, alerta!;
-- 28
ESCENA III.
CARLOS, y después DOLORES.
^\»
Car. ¡Mañana! ¡Sí! ¡Estoy perdido!
¡Malhaya mi negra suerte!
¡Cómo escapar de este trance!
¡Si las horas son tan breves! (Pausa.)
No hay remedio, la escritura
es necesario que quede
firmada esta misma noche,
y que mañana la entregue,
antes que venga el correo
y ese usurero se entere. [Dolores se acerca pausa-
Y aun es fácil ique aceptar daménte.)
la equivalencia se niegue.....
¡T^aldito juego! ¡En qué lances
tan apurados me^raetes!
Dolor. ¡Carlos! ¿Quién al verte asi,
que boy das baile pensará*?
Car. ¿Por qué?
Dolor. ¡Tan triste!
Car. Será
que estaba lejos de ti.
Dolor. ¡Carlos! ¡Carlos! Todavía
puedes hacerme dichosa.
Car. ¿Todavía? ¿Qué otra cosa
quiero yo, Dolores mia?
Dolor. ¡Sin embargo!.... ¡No lo soy!
Car. ¿En qué te pude ofender?
Dolor. ¡En hacerme coni prender
lo que va de ayer á hoy!
Car. ¡Pues qué! ¿Existe?
Dolor. No te asombres:
te ha estudiado el alma mia.
Car. Te amo como el primer día.
Dolor. ¡Qué saben de amar los hombres!
Llaman amor ál afán
que en su mente se despierta!
¡Llama vil, qxie nace muerta!
Cenizas que al aire van!
Car.
Dolor.
Car.
Dolor.
Car.
Dolor
Car.
— 29 —
Nuestras palabras....
¡Engaños!
¿Y las praebas?....
iFíngimíentos!
Verdades son
iLos tormentos
que nos dan los desengaños!
¡/Vy! no te enojes; ten calma,
no me quejaré jamás,
esto ha sido nada mas
¡un estallido del alma!
Mas, Dolores, ¡por piedad!
¿Qué puedo hacer por probarte
que deseo rodearte {Asoma P.» Isabel por el fon-
Dolor.
Car.
D.' ISAB.
Dolor.
D.* ISAB.
Car.
D.' ISAB.
Car.
D.' ISAB.
Dolor.
D.'ISAB.
de dicha y felicidad?
¡Felicidad! Ñola labra
el estudio ni el talento;
frágil como el pensamiento,
la destruye una palabra!
¡Ayl ¡Mi madre! ¡Carlos, ven,
si adivina mi dolor
se muere ¡Qué adulador!
¿Con que te parezco bien?
Esta noche, con razón
los hombres me envidiarán.
(¡Dios miol ¿Me engañarán?)
Pues ven conmigo al salón.
¡A.hl ¿qué es eso? En retirada!
La confusión me molesta.
Es brillante nuestra fiesta.
Si, Carlos, muy animada.
Voy con Dolores, á dar
cuatro vueltas por alli.
Muy bieft.
¿Se queda V. aquí?
Quiero un rato descansar.
do y baja ¡entamente)
[Hace que ve á
D.' Isabel.)
ESCENA IV.
D.' ISABEL
D.* IsAB. Será posible, Señor! {Migándoles al salir.)
que eso sea fingimiento
- 30 -
¡A.yl iQué lucha! Ni un instante
de tranquilidad encuentro
¡Siempre leyendo en sus ojos!
iSiempre disgustos temiendo!
iHacedla feliz, Dios mió!
¡Con toda el alma os lo ruego!
ESCENA Y.
RAFAEL y D.» ISABEL.
Raf. (Sin reparar en doña Isabel]
Un baile ¿Serán felices?....
iSi, Dios mió, protegedla!... .
D." IsAB. No me engaño .... es Rafael.
Raf. ¡Doña Isabel! [Corriendo á ella.)
D .' IsAB. ¡Qué sorpresa!
Raf. ¡y Dolores! ¿Es feliz?
¿Qué es esto? iA.y Dios! ¿Tiene penas?
D." IsAB. Yo no lo sé, Rafael.
Si juzgo las apariencias,
todas dicen que es teliz.
Su marido la rodea
de atenciones y cuidados;
por mas que mí amor observa,
jamás fundado motivo
á sus recelos encuentra
Raf. Entonces
D." IsAB. Yo no me esplico
la causa de mis sospechas;
pero dudo, Rafael;
y en una lucha tremenda,
sus halagos no me halagan,
su alegría no me alegra.
Raf. ¿Será quizás prevención?
D.' ISAB. No sé; tal vez eso sea.
Raf. No olvide V., amiga raia,
que la prevención altera
la misma verdad, y dice
un gran hombre al hablar de ella,
que es el crimen del honrado,
maldad de las almas buenas.
- 31 -
IsAB. Y diga V., Rafael,
¿cómo es que en Madrid se encuentra?
Raf. Sefiora, mi historia es larga .
IsAB. Pero mucho me interesa.
Raf. Estaba en Espafia triste
y me embarqué para América;
enfermo cal al llegar,
y vi la muerte tan cerca
que acordándome de ustedes
no creí volver á verlas.
El peligro venció al fín
mi fuerte naturaleza,
y con afán trabajé
fiel á mí Patria y mi Reina.
Su augusta bondad premió
mis servicios con largueza
y ascendí á jefe de Escuadra.
IsAB. Reciba mi enhorabuena,
y... ¡Rafael! una madre
con mas verdad no la diera
¡que le quiero como un hijo!
Raf. (¡Gomo á un hijo!)
IsAB. [iSi lo fuera!)
Raf. Mi buena madre perdí,
y otra buscaba en la tierra!...
IsAB. jLa suerte nos separó!
Raf. ;E1 corazón nos acerca!
¡En nombre de Dios seremos
unidos, su Providencia!
IsAB. Dios desde el cielo, hijo mío,
nuestra santa unión acepta.
Ahora ya soy mas fuerte.
Dos velaremos por ella.
Raf. Mi tío al morir en Cádiz
me ha dejado sus riquezas;
pero á mi.... ¿de qué me sirven?
¡Las olas del mar me esperan!
Isab. ¿Nos deja V. otra vez?
Raf. Yengo á Madrid con licencia;
y aunque otra vez aquí estuve.
ya nadie de mi se acuerda.
Solo pues vine á la corle
ISAB.
RAFf
ISAB.
Raf.
ISAB.
Raf.
ISAB.
Raf.
- 32 -
por ustedes; y quisiera
al separarme de aqui
que todos felices fueran.
No hablemos en este instante
de dolorosas ausencias.
Nosotros procuraremos
que aquí mucho se detenga
V Dolores y su hija...
[Aparecen D. Juan y Ricardo y van bajando
distraídos en su conversación
¿Su hija?...
jTengo una nieta!
¡Y es preciosa como un ángel!
iHija suya!... Quiero verla.
Antes iremos...
No, no;
primero la niña.
Sea.
Antes de llegar al cielo
quiero contemplar sus puertas.
[Entran por la puerta izquierda.)
ESCENA VI.
D. JUAN j RICARDO.
D. Jü. Debe ser un millonario
el que tira así el dinero.
RiCAR. El gusto también
D. Ju. No quiero
gusto tan estrafalario.
¿Yo había de ver á todos
trinchando pavos, jamones,
a costa de mis doblones?
iCa! Que se coman los codos.
Pero en fin, si el hombre es rico
y en eso goza, bien hecho;
á él le gusta, buen provecho
¿Y es grande el caudal?
No es chico.
(Se equivoca, aquí no caza.)
D. Ju. lOh! ¡Su crédito se afirma!
RlCAU.
— 33 -
;Sí sefior! ¡Yalesa firma
mucho dinero en la plasta!
Ya ve Y. ¡veinte mil duros,
por ella di yo al contado!
¡Oh!.... i Y estoy muy descansado!
i Sus giros son mny seguros!
¿Qué dice Y., D.Ricardo?
AiCAa. Yo nada. D. Juan.
D. lu. No es mHfho. (f^ Mkfado:
(Este mozo está muy ducho;
y esto me huele á petalo.
Pues como yo llegue á oler
que el bombre marcha en derrota,
antes de la bancarota,
los huesos le he de ttoler .
¡Pues quél ¿Somos aqni irrimos? )
Digo» sefior D. Ricardo
RiCAa. ¿Qué, D. Jua»? (Divinidad)
D. Ju. Nada«... Q«e aguardo
¡Yeremos cómo salimOBl (Sé ¥etirn.)
ESCENA VII.
RIC4RÜ0.
RicAa. Ese hombre des^onAa
y hace bien; algún enredo
hay fraguado en esas tetras;
yo de ellas no tengo asiento
en los libros ¡qué desorden!...
Algún apuro del juego
le obligó, y huyó de mi
No mas, no mas; yo no quiero
partir con él la deshonra
de sus instintos perversos:
quiero vivir con htmor
allá en mi rincón modesto.
AJli vienen ¡Pobre victima!
¡Tan buena! {La compadezco!.
— 34 —
ESCENA VIII.
CARLOS, DOLORES y RICARDO.
Car. ¡Hola, Ricardol ¿Tan solo?
¿Pues y D. Juan?
BiCAR. No lo sé.
Andará por allá dentro.
Dolor. Y ese buen hombre, ¿quién es?
Car. Un comerciante oany rico;
amigo mió.
HiCAR. Pues él {bajo á Carlos)
salió bufando de aqui.
Car. ¿Salió enfadado? ¿Por qué? (%o á él,)
RicAR. Yo creo que desconfia.
Car. Pues vé tú, Ricardo, vé
RiCAR. ¿Yo?
Car. ¡Por DiosI iNo me «abandones!
jEres mi amigo I Habíale,
Ricardo, y esas sospechas
procura desvanecer.
EicAH. Voy á hablarle, mas te advierto
que yo no le mentiré.
ESCENA IX.
DOLORES y CARLOS.
Dolor. Secretos á todas horas
y en todas partes tenéis.
Car. ¿Secretos, Dolores mia?
No lo creas, solo fué
hacerle unas advertencias
sobre
Dolor. No quiero saber
las advertencias que haces
á tu confidente.
Car. ¿El? .
¿Mi confidente? jDolores!
¿Porqué dudas de mi fe?
En fin, le seguiré hablando
— 35 —
f
de aquel negocio ¿Si?
Dolor. Bien.
Car. Pues verás, es una empresa
de gran resultado; (res
somos abora ios socios;
pero en cuanto la olfateen
adquirirán las acciones
crecidísimo interés.
Dolor. Puedes, Garlos, emprenderla
si tan ventajosa es.
Ya sabes qne yo no entiendo.. .
Car. Pero yo tengo el deber,
muy grato, de consultar
contigo estas cosas; ¿quién
podiera aconsejarme
con un deseo mas fiel?
Dolor. Eso en verdad, me sorprende,
por ser la primera vez
que de estas cosas me hablas;
mas te lo sé agradecer.
Car. Además, era preciso
que de esto te hablase, pues
necesito que me firmes
un documento.
Dolor. ¡EsoesI
¿Por qué, di, no has empezado
por donde concluyes?
Car. ¿Qué?
No comprendo
Dolor. Nada, Carlos;
cuando quieras firmaré.
Todo cuanto tengo es tuyo.
lAyl quién pudiera tener
arenas de oro en montañas
y ponerlas á tus piésl
Cab. Yo quiero tu corazón.
Dolor. ¡Mi corazón! ¿Para qué?
La riqueza que él contiene
poco te puede valer;
que en el mundo es mala prenda
la prenda que no se ve.
Car. Me hablas con tanta amargura....
[Sonrisa amar y a.
- 3« —
Doion.
Car.
Dolor.
Car.
DOiOR
€ar
Dolor.
€ar.
Dolor.
No me hagas caso; ¿Ao ves
que en mi locura de amor
ni lo que mo digo sé?
Pues voy á entrar en mí cnario
á buscar ese papel.
¿Tanta prisa corre?
Si;
iemprano debo tener
una j un ta con mis sm^los
y quisiera
Vé por él. íB^tra CMos.)
En algún conflicto Cárkrs
se encuentra: ¿qué podrá 9er?
Mas ¿qué importa? Mi U^Één*
toda mi ambición es él;
que arruine mis riquetM.
pero que en caftMo U dé
creencias al alma mia;
ilusión, venturftr, fó.
Dolores, aquí está ya.
Venga.
Lo puedes Her.
Dame una pluma. [Se ae&rcé pata firifmr en una
mesita y en el instante que coge lá ptunui salen
D.* Isabel y Rafael.)
ESCENA IX.
DOLORES, !).■ ISABEL. CARLOS, RAt^AEL.
D* ISAB.
Dolor.
Car.
Raf.
Car.
Aqui están.
I Dolores I
¡Ahí iRafaell [Al \>er Dolores á Rafael tira la plu-
ma y se dirige á él dándole las manos: D^ Isabel se
queda junto á la mesita mirando la escrilnrd.)
(£1 infierno es quien le trae.)
iCártos!
Un abrazo. [Kien!
Asi el corazón esplica
solamente su placer.
D.* ISAB. {Una escritura de venta!
Dolor. Supongo qUé esfai'á'V.
[Leyenda.)
— 37 -^
mucbos días C4»i DOgolrofi.
Raf. Tengo licencia de an mes.
Dolor. {Eso es tan pocol
Car. (Ks un siglo.)
Dolor. ¿ No habrá próroga?
Raf. Tal vm.
B.* IsAi. Mo fcfá míeqtros yo viva. (ñampt la e$cntufa.)
Dolor. ¡Mamá! ¿qué es eso?
D.* IsAB. Roaiper
un documento que es nulo.
Car. ¿Nulo, señora?
D.* IsAB. Lo es.
No es posible que en Espafía
pueda permitir la ley
que las madres deshereden
á sus hijos al naeer.
Dolor. ¡Mi hijal iCielos! (Es verdadl
Car. Yo soy su padre y sabré
cual cumple á la conyetiiencia
su fortuna defender.
D.* IsAB. Ya no creo en sus palabras,
• que me espliea ese papel
cómo ha defendido el padre
Um bienes que le entregué.
Raf. Yaya, Carlos, ya haUaremoR.
Yo ruego, D.* IsaM,
se suspenda este kicidente
para arreglarlo después.
Dolor. iMamál ¡Carlos! OenCe liega,
¡que no puedan oomprender!
ESCENA XI.
DICHOS, D. JUAN y RICARDO
D. Ju. ¡ Hola, D. Carlos I Parece
que el sarao ya le cansa.
Car. ¿ Cansarme? No, no seflor.
D. Ju. Como veo que se escapa^
Car. Un instante de familia. . .
D. Ju. ¿Es la señora? Su cara
diciendo está que es muy buena.
— 38 —
Dolor. ¡Cabailerol muchas gracias.
D. Ju. Yo no gasto cumplimientos,
señora, franqueza rancia,
lo que me gusta me gusta,
la hipocresía me enfada.
Dolor. Pues no es eso de estos tiempos.
D. Ju. {Es verdadl... [Hay cada trampal (Mirando á Carlos)
Mas, conmigo los tramposos
que no gasten muchas chanzas,
porque yo, nada de pleitos,
el que la hace me la paga.
Dolor. íQué hombre tan originall [á Rafael)
Raf. Algún sentido le falta
ó no tiene educación.
Car. ¿Qué tienes? {Bajo á él.)
RiCAR. Desconfianza.
Car. Vamos. ¿Y qué le parece,
D. Juan, del baile?
D. Ju. Una jaula
de gorriones que pican
batiendo todos las alas.
En mis tiempos, de otro modo
las. señoritas bailaban.
[Aparece un criado con un pliego en la mam>.)
(^BéADO. ¿El Sr. D. Juan Viftuesa?
D. Ju. Yo soy: ¿qué es eso? ¿una carta?
Criado. Del telégrafo... (iSereíira.)
D. Jü. iDiabloI
Algo muy urgente pasa. {Abre y lee.)
Car. ¡Del telégrafo!... ^Ricardo!
¿Qué será?
D. Ju. ¡Me lo peoisabal^..
Es V. un hombre infame.
(A Carlos: movimiento general^ los comidados
&e agrupan y se acercan.)
Car. ¿Y.o?...
Dolor. ¿Qué dice?
Car. Esa palabra...
D. Ju. Señor mió, está bien dicha.
Dolor. Mucho su orgullo le engaña;
que es torpe y grosero el labio
que no respeta á las damas.
— 39 -
D. Jü.
Dolor.
ISAB.
Raf.
Car.
D. Jo.
Car.
ü. Jü.
Dolor.
Raf.
D. Jo.
Car.
ISAB.
Rigar.
Dolor.
Raf.
Y es un infame, sefiora,
aquel que da letras falsas.
¡Cielos!
(Dios miol
(¡Es posible!'
V. se equivoca.
Vaya,
que decidan los seQores
si la cosa está bien clara.
Yo entregué veinte mildurop
con completa confianza
ai señor, que me dio letras
contra un D. Pedro de Vargas, * •
residente en Cádiz; mando
para el cobro las libranzas,
y al recibirlas me dicen
que no se encuentra en la plaza
el tal señor. ¿£h?... ¿Qué es esto?
Voy áesplicar...
iBuena farsa!
lAy! Dios mió! ¡qué vergüenza!
(Todo por ella.) Soy Vargas. (Col^feánaose al frente
Anoche llegué de Cádiz. de D. Juan.]
Cobre V. esas libranzas. (Le da una cartera.)
No hay duda, si, son billetes (examinándo¡of(.^
de nuestro Banco y de Francia...
Caballero, V. perdone.
[Mirando á Dolores y iu madre.) (¡Ay! ¿Ooe díráiiV
(¡Desdichada!)
(Pero ¿qué es esto?)
(Mirando á Rafael.) (¡Dios miol
Es el ángel de mi guarda!)
(La amistad vela en la tumba
de los amores del alma.)
— 4Q —
r^i»»n-
■y» — 1
ACTO TBRGIRO.
Sala amueblada con elegancia. Dos puertas á derecha é Izquierda ^ en
primer término. Otra al fondo.
ESCENA PRIMERA.
DOLORES y D.» ISABEL.
[Dolores sentada j^ UovntkiQ» haiiel de pié»)
Dolor, i Ay 1 . . . . Esas palabras i^idgan
el pobre corazón mió)....
IsAB. Dios que coleeé eB mis Ittbkfi
los materBalea avisos,
hoy nos dá también , Dolores»
la amargura por caslígo.
Tu pobre madre » llorando,
á tu corazón deaia:
«I pobre corazón sencillo (ÜNwnifi)
»que en el cáliz de la flor
«bebe veneno ese^mdido 1»
Dolor. ¿ De qué sirven , madre mía»
esos recuerdos?.... MaFtirío<ai
son , que redoblan cíñeles
los dolotrea que sufrimos t....
Y.... ¡ Dios lo sabe I.... No lloro,
madre , por el dolor díq,
I lloran mis ojos el Ihoito
de esos ojos tan goeríde» t
IsAB. No llores mas , hi>a mía ; {he$ándM)
yo por tus penas me aflijo,
porque daria mi sangre
para evitarte un suspiro.
No llores ; resignación ;
arrostremos del destino
los rigores , con firmeza :
tenemos un buen amigo,
benéfica Providencia
— 41 —
que alivia nuestros conflictos.
DoLOB. Pero sus favores puedsn,
sin él sospecharlo , herirnos.
Isas. ¿ Herir, hija f
DoLOB. V. no sabe
un secreto que adivina
y que entre amavios 4olon$s
está en su pecho esc<MKU4o.
El me ama.
IsAB. ¡ Ks verdad I
Dolos. (Sin duda,
lo habrá V. conocido 1
IsAB. Si , Dolores , mas su asMf
no te herirá ; yo lo fio.
DoLOB. Ta sé que no ruborisa
el amor que yo le inspiro';
que él ama sis ospenMia
de verse correspondió».
Mas , sus favores rectoi
de Garlos en beneficio,
y hay algo en mi qus rae dics
que no debo permitirlos.
Isas. i Ay I.... Es verdad , hqa wa;
nobles son eam instinloa ;
y aunque severos pareacaii «
tú no dudes e» eNfiinrloa ;
que en las materias da hmnr
es la esperlencia ub ddtto.
DoLOB. Por eso , mamá , deseo
que Garlos devueiva hoy mismo
á Rafael el dinero
que anoche de él f&oMutÉt»,
IsAB. \ Veinte mil durosl.... ¿Y ténoft
I En despilfarres y vicios^
nuestra envidiable fortmift,
tu Garlos ha consnisido I
DoLOB . Ese préstamo m» qo»mm
j dvroiverio es prscia».
— 42 —
ESCENA II.
DICHOS y D. JUAN,
D. Ju. I Señorash... Si me permiten....
Dolor. Señor D. Juan I.... Adelante.
*
D. Ju ¿Ustedes han descansado?
Dolor. Gracias.
IsAB. Tal cual.
D. Jo. Que me place.
Yo he dormido mal anoche,
y soñé mil disparates. •
Señora , por mas que hacia
siempre tenia delante
de mis ojos esa cara....
Ruego á Y. que no lo estrañe ;
porque yo anoche veia
tanta pena en su semblante
que no lo pude olvidar
después de pasado el lance.
Dolor. La sorpresa....
D. Jü. Soy muy rudo.
i Qué quiere V 1.... Mi carácter
es áspero , lo conozco.
Yo no quiero que me engañen ;
ese es todo mi prurito.
Con honradez , de mi hacen
cuanto quieren mis amigos.
Tengo apego á mis reales,
eso si , que mi fortuna
me ha costado mis afanes.
Mas , si llega la desgracia
á mis puertas , no va en balde :
^ara mi entonces la plata,
señora , muy poco vale.
IsAB. (i Oh I qué hermoso corazón 1)
Dolor. ¿Quiere Y. su mano darme? (alargándole la suya.)
D. Ju. Apriete Y. que aunque es áspera
corre en ella buena sangre.
Dolor. Hoy mismo , de su amistad
quiero una prueba.
— 43 —
D. Ju. Al instante.
Dolor. Quiero vender unas fincas.
D. Ju. ¿T son casas?
Dolor. OliTares,
en el término de Córdoba.
IsAB. ( I Los molinos t.... )
D. Ju. Muy distantes
están de mi vigilancia ;
pero no importa; y me hace
muy buena cuenta el comprarlos ;
tengo, ya hace tiempo, planes
de adquirir algunas fincas ;
porque si mis onzas caen
en manos de un perillán ,
muy pronto las dará al aire ;
y las fincas á lo iDenos
podrán tal vez conservarse.
Con que vamos al negocio ;
Y. dirá cuanto valen
Pero ¿ qué es eso ?. ... V. Hora . ' .4 Isa bel. )
Dolor, i Mamá!....
IsAB. No es nada.
D. Ju. ¿Hay pesares?
IsAB. Tengo cariffo á esas fincas.
D. Ju. Pues que de ellas no se trate.
IsAB. No sefior ; lo hago con gusto.
D. Ju. Ta yo no entiendo este lance;
¿ vende con gusto llorando ?
Dolor. Óigame Y. un instante
porque en Y. se descubren
sentimientos tan leales ,
que seria poco digno
nuestras penas disfrazarle.
D. Ju. Sí no hay franqueza , seSora ,
¿á qué son las amistades?
Después de darme la mano,
si sus penas me ocultase
yo lljimara á ese apretón ,
trampa para falsedades.
Dolor. Empresas muy desgraciadas
y gastos considerables ,
hoy nos causan el conflicto
de un compri^is^ muy grande.
D. Ju. jAhl.... ¡Yal..... D. fédrode VftKgas
8in duda por reembolsarse^
de los veinte mil que dié
aprieta porque le caldea
Dolor. No, no, D. Juan, ni él es Valgas ,
ni desea qm le pa^uan.
D. Ju. ¿Que no es Vargas?
Dolor. No sador^
Ya sabrá V. e^ios itelaUee.
Ahora , si de m amistad
quiere Y. una pruebí^ darüN »
puede recibir los UtuJo^
de esas fincas al ia»Uatd.
D. Ju. Si en esta ocasión , seUorat
fuera solo comercianid ,
yo podría fácilmaníe
de su apuro apro¥eeharme.
Mas soy su amigo y bo ^nieri^
por VUQ4IS cuaiUos reales ,
apretar mas el dogal
en la garganta de un óa^.
Yo támbim tet%f§d una hija ,
y podrá un día efaomAnsne
en apuros como estes.
IsAB. I Ay I.... ¿ tan amargm?
D. Ju. iQmén eabe t...
I Ojalá encuentre «n amige
que de su aflicción lasáis 1....
Vamos vamos si tiegoeio.
Yo compro esos olivares
por toda su tasación.
Dolor. Pudiera perjudicara,
y nosotros no queremo......
D. Ju. Yo soy rico, Dids es graii4e,
otros negocios hairé
en que pueda desqiii4arme :
que aunque es el tanto for ciento ^
la vida del comerciable ,
tiene también oorazoQ ,
y si se llega á tocaiie
se acuerda que Mm ie sioMla
- 45 —
qae aasilie ásus seiiiejantte»
Vamos , señoras , Horatida ,
nada puede adelantarse.
¿Hace falta hoy el dfner»?
Ü0ÍM. Boy , sft setter , ^er o antee
iremos al escritorio
por los titules.
D. Jo. Mas tarde.
¿Y. cuánto neoesitií?
DoLOi. Veinte mil duros. (Con Umides )
D. Ju. Cabales
los tengo en una cattera ;
voy por ellos al instante.
Dolor. ¿ Pero asi , sin docuisento?....
D. Jo. Lo tengo en ese semMante ;
que es el honor para mi
la firma mas respetable.
DOLOl.
ISAB.
Dolor.
ISÁB.
Dolor.
ISAI
ESCENA III.
D.* 16ABBL y DOLORB&.
I Ay ! I Qué hombre tan bondadoso !
I Dios ilumine á su bija ,
y él no sufra la amargura
de verla infeliz un dia 1
1 Mamá 1 1 Siempre esos recuerdos !
Tú eres madre , y necesitas
afirmarte en el consejo
que habrás de dar; pues si olvida*
que fué tu desobediencia
la causa de tus desdlebas*,
has de llorar como madre
lo que yo lloro, hija mia«
I Mi hija ! Voy á besarla y
el4a mis pena»<aliviai [Mnlra izquisrdit]
ESCENA IV.
D« ISABEL.
I Bésala ; que ese conduele {fátfúHéMkn mwnñarse)
es el que Dios te destffm ,
— 46 —
para poder soportar
con valor tu pobre vida 1. ..
Allí viene i infame I.... vamos,
hoy su vista me horroriza.
( Entra precipitadamente por la puerta izquierda.)
ESCENA V.
CARLOS y RICARDO.
Car. Sobradamente moral
estás , chico, y le confieso
que no es lo que me hace falta
tu sermón , sino dinero.
Ríe. Si no lo hubieras tirado
Car. Lo tendría , ya lo creo ;
pero es el resultado ,
mi amigo , que no lo tengo ,
y que sin él es la vida
para mi un enorme peso.
KiG. I Un peso I i Si , es la palabra !
Cuando apuráis los escesos ,
cuando entre vicios y orgias ,
alegres pasáis el tiempo ,
llamáis á la vida humana
leve soplo , pero es cierto
que servis con vuestra vida
al cuerpo social de peso,
pues sois pedazos podridos
que estorbáis su movimiento.
Car. Gracias , chico.
Ríe. Es la verdad.
T si tuvierais al menos
firmeza para sufrir
la pobreza , y de escarmiento
(Dolores aparece en la puerta y escucha los últimos
versos de Ricardo)
sirvieran las privaciones
hijas de aquellos escesos ,
el mundo os perdonária :
mas , como arrepentimiento,
os cansa de las familias
€ar.
— 47 —
la dulce paz y sosiego ,
y en vez de buscar ansiosos
su bienestar y sustento ,
á la vida , que es su vida ,
cobardes , la llamáis peso.
I Oh ! la vida de familia
está llena de embelesos I
ESCENA VI.
DICHOS V DOLORES.
Dolor, i Está llena de amarguras
y desengaños horrendos 1....
€ar. ( Esto es lo que me faltaba ! ) ( Con disgusto)
Ríe. I Dolores I ( Saludándola, ]
Dolor. V. es bueno.
A mi pesar escuchó
lo que estaba Y. diciendo,
y yo tengo que pedirle
perdón por mis pensamientos.
Car. Asi en lodo te equivocas ;
creías que sus consejos
Dolor. Al oirlo , mis creencias
he cambiado, y lo confieso.
Hic. Yo, Dolores , sus sospechas
con grave pesar comprendo ;
mas , crea que tiene en mi .
un amigo verdadero. [Saluda]
Car. i Ah ! no te vayas ahora. ( Bajo á Ricardo )
BiCAR. Con tu esposa, bien te dejo.
ESCEiNA VII.
DOLORES y CARLOS.
Dolor. ¡Carlos!.*.. ¿Qué tienes?;
Car. Dolores,
mal humor. . .
Dolor. Pues yo quisiera.... .
Car. V Qued^ continuo estuviera
— 48 —
requebrándote de amore».
Dolor. ¿ Quién te ha dídio t.... (Oon éégmdmi)
Car. Yo lo sé<
Dolor. Pues muy mal que lo has ]Mnsado ;
del labio que me ha engañado
mentiras no codicié» '
Car. ¿Lo ves?.... Quejas.
Dolor. No lo son ;
nada ya mi amor pretende ;
mas , al sarcasmo que ofende
contesta mi indignación ,
Car. \ Hola 1 i hola 1 1 Tienes bríos 1
Dolor i Mi amargura me los dá !
Car. Pues ten presente que ya
me cansan los di^svarios.
Dolor. ¿Desvarios?
Car. La verdad ;.
¿ cree tu mente estremosa
que es matrimonio otra cosa
que una sincera amistad?
Dolor. Si por el mió juzgara,
yo que desdichada soy,
al oirle , Carlos, hoy,
vil engaño le llamará.
Car. Me insultas....
Dolor. Tú abres las llagas
que hiciste en el alma tnia ;
\ consuelos á dar venia
y con injurias me pagas !
Car. \ Si para verte contenta,
eis preciso que mi amor
te cante cual trovador
que en sus layesl se alimenta!
Es fuerza ya cónypi^nder, ..
aunque bajes de tu cielo,
que el amor retnoofta d vuelo
para después descender.
T ya en la tranqcriia calma
que nos dá ia ftetidicion,
habla fria la razón,
y deja quieta el ahina.
(Marcha con desenfUb por fl fmrr y qméda DqIm'sí
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
DotOR.
Raf.
Dolor.
Raf.
Dolor.
Raf.
— 49 —
manifestando en 9U ¿emhlaiUB lu doloroM torpre$a.¡
¿T es este por quien ingrata
los consejos desprecié
de mi madre, y la causé
ese dolor que la nuLla?
¿Es este por quien... ¿que digo?
¿Pensamiento criminal!...
Aunque él sea desleal
mi amor vivirá conmigo.
ESCEMVIH;
RAFAEL V DOLORES.
[Rafael entra pausadamente observando á Dolores, y
ella al verle procura disimular su dolor sosíriéndose.)
iQué pensativa, Dolores!
lAh!... ¡Rafaell Si... pensaba...
en un vestido... y casaba
en mi mente los colores.
(jSufriendo está!) El pensamiento
es por demás ingenioso;
tal vez por eso^ dudoso
me parece.
¿Con que miento? (Sonriendo.)
Mentir, no; mas, desfigura
lo que está en el corazón;
¡también las sonrisas son
recursos de la amargura!
Soy feliz...
Verdad es esa
que sirve al dolor de ultraje!
jTiene la pena un lenguaje,
que riendo, se conflesal
(¡Alerta, decoro mió!)
Yo no sé porqué le estraña
mi sonrisa.
¡Porque engafia!
No; de veras me sonrio.
(¡Qué insistencia!)
Lo que es hoy,
V. no acierta.
Tal vez...
- 50 -
(lAtertal lAlerta, honradez!)
BoLOR. Como nunca feliz soy.
R^F. Reciba la enhorabuena {dignidad)
cíe mi cariño profundo.
¡DoloresI Nadie en el mundo
como yo siente su pena.
Y si en creer he insistido
que y, misma se engañaba,
al hacerlo, no olvidaba
mis deberes.
DüLOR. ({Le he ofendido!)
iRafael! Si Y. comprende
-* la pena del alma mía,
¿porqué la falsa alegría
que llevo al rostro le ofende?
¿No es simpático el delirio
que entre las sonrisas crece?
jPues qué!... ¿Usted no compadece
al que ríe en el martirio?
Raf. Yo lo sé compadecer;
y si descubrirlo anhelo
es para darle consuelo.
Dolor. ¡Consuelo!... ¡No puede ser!
Su buena amistad no alcanza
á mitigar mi aflicción.
;¿Quién consuela un corazón
que adora sin esperanza?
Raf. |Ay! ¡Es verdad! Lo olvidé,
¡y olvidarlo nodebia!..»
per lone Y., amiga mia,
si su dolor aumenté.
Yo bien sé que es invencible
ése dolor que devora
el alma, cuando se llora
por un amor imposible.
Dolor. ¿Usted?
Raf. Dejemos, Dolores,
esa cuestión que entristece,
y hablemos, si le parece,
de bailes, música y flores.
51 —
ESCENA IX.
DICHOS V RICARDO.
DOLOB. ¡Ah! Ricardo, venga Y.
Bafael, yo le presento
en el señor un amigo
á quien de veras queremos.
Raf. Favorecido seré
si me concede su afecto.
Ric. Aunque no he teníJo el gusto
de tratarle, ya hace tiempo
que le conozco y le admiro
por sus nobles sentimientos,
Raf . M uchas gracias.
DoLOB. Rafael,
voy un instante allá dentro.
Raf. To también voy á salir.
DoLOB. Mas volverá?
Raf. Si.
DoLoa. Basta luego.
ESCENA X.
RAFAEL y RICARDO.
Raf. ¿y Garlos? Hoy no lo he visto.
Ríe. Aquí estaba hace un momento
con Dolores.
Raf. (;Ah! sin duda
algún disgusto tuvieron.
Esos eran los colores
en que ella pensaba lesosl)
Ri€. (Está muy triste... ¡Qué ideal...
jEll... iDios mió!... ¿Será cierto?)
ESCENA Xí.
DICHOS ▼ D. JUAN.
D. Ju. Caballeros, buenas tardes.
¿Por dónde está la familia?
- 52 -
RAr.
¡Holal ¡El sefior de Yinuesal
B. Jü.
Servidor...
Raf.
(Hoy mi mentira
preciso esjnstiñcar.)
D.Jü.
¿Lo tendremos muchos días
por la corle?
Raf.
Si, señor,
algunos.
D. Jo.
Pues yo creía
quo negocios del comercio
poco aqui le entretendrian.
Ríe.
El sefior no es comerciaiite.
D.Jü.
I Ahí ¿No? Pues me maravilta.
Raf.
¿Acaso las letras, soto
á comerciantes se ^ran?
D. Jo.
Es verdad.
Ríe.
¿Usted queda? (a Rafael.)
Raf.
Si, un instante.
Ríe.
Hasta h vista; .
voy á ver si encuentro á Cárlód.
D. Ju.
Y á echar cuatro guiñadítas
á los balcones.
RlCAR.
D. Juan,
no busco heredefa» ricas.
ESCENA X.
RAFAEL y D. JUAÍÍ.
Raf. Me alegro de verle á solas.
D. Juan, el deber me obliga
á darle una esplicacíon.,.
D. Ju. ¿Sobre el nombre?... Lo sabia,
el Vargas no es su apellido.
Raf. ¿y quién pudo?
D. Ju. Mis amigas
las señoras de esta casa.
Raf. Yo creí que guardarían
cierta reserva...
D. Jo. ¿Conmigo?
Se equivoca: depoéitati
en mi toda coufíanta.
^ 53 —
Y hacen may bien... tPobreeillasl
¡Con qué amargura lioratev
al ofrecerme sus fincasl
Raf. ¿Qué es lo que dice, buen bomibr»?
¿Que lloraban y ofrecían?
D. Ju. En venta unos olivares;
ipues quél... ¿Y. no lo saikiaf
Raf. Si lo hubiera sospechado...
D. Ju. Cometí una losteria,
mas como yo le vi anoche
tan unido á esta familia...
Raf. Soy su amigo mas leal.
D. Ju. Su cara lo garantiza.
Raf. Pues no me guarde reserva;
los hombres de bien...
D. Ju. Confian..,
y mucho mas, que la compra
al fin ha de ser sabida.
Raf. Pero ¿V. compró?
D. Ju. Al contado:
mas, compré con hidalguía;
que aunque una venta apurada
era lo que me ofrecían,
yo olvidé mi profesión
al frente de sus desdichas.
Raf. iMuy bien, D. Juanl Y otra prueba [apntándole la
permítame que le pida. mano.;
D- Ju. ¿Y qué es ello?
Raf. Qao ahora mismo
me venda Y. esas fincas.
D. Ju. ¿A V.?
Raf. a mí: y no reparo
en el precio.
D. Ju. ({Cuánta prisa!
¿Querrá después obligarlas?]
Raf. ¡Pobre hombrel Desconfia...)
¿Qué dice V.?
T>. Jü. Caballero,
anoche yo presencié
una acción que fué muy digna;
pero al fin esas señoras
que deben ser sus amigas. . .
— 54 —
Raf. lAcuden á V. liorando,
y de mi amistad se olvidan I
D. Ju. Y como ellas son tan baenas^
eso me da mala espina.
Raf. iCaballero!
D. Ja. iSeñor miof
la franqueza es mi divisa.
Yo ni sé quién es V...
Rai^. Un general de marina. (Enseñándole elfajxn,)
D. Xü. iGeneralt... Ya es otra cosa,
que aquel que una faja ciña,
debe ser en sus acciones
tan noble como su insignia.
¿Qué quiere V.? ¿Los molinos?
Suyos serán en seguida
que los títulos me entreguen.
Raf. ¿No lo han hecho todavía?
D. Jü. No señor, yo conocí
que hoy necesidad tenian
de dinero; fui por éí
y á traérselo venia.
Raf. Es V. un hombre honrado.
D. Ju. En eso cifro mi dicha.
Raf. Procure V. averiguar,
D. Juan, lo que necesitan,
y ofrézcaselo al instante;
yo abonaré cuanto pidan
y cuente con mi amistad. [Dándole la mano,)
D. Ju. Disponga Y. de i:a mia.
ESCENA XIII.
D. JUAN y después DOLORES.
D. Ju. ¡Yaya un hombre campechanof
¡Y ya general!... iTan jóvenl...
jDigoI... iQué linda pareja
harían él y Doloresl...
Dolor. ¡Aquí, D. Juan, y tan solol
0. Ju. Estaba aquí con un hombre,
señora, que me ha hechizado.
- 53 —
DoLOB. ¿Y quién es?
D. Ju. No sé su nombre,
el general.
DoLOB. ¿Rafael?
D. Ju. Ese será. ¡Vaya un portet
Señora, si Y. enviuda...
Dolor. ¡Jesusl... {D. Juant
D. Ju. No se asombre;
lo mismo lleva la muerte
á los viejos que á los jóvenes.
Pero no hablemos de eso.
Aquí la traigo en talones
contra el banco ese dinero.
Dolor. iQuánta bondad!
D. Ju. (Ya noesmia,
pues tengo quien me lo abone.)
Dolor. Ahora Garlos no está ahi,
tiene los títulos...
D. Ju. Tome
V. el dinero ahora;
y ya habrá tiempo que sobr»
para arreglar lo demás.
A mamá, mis espresiones,
y hasta luego.
Dolor. ¿Vuelve V.?
D. Ju. Puede que vuelva, Dolores.
1 Me gusta tanto su trato I
Dolor. Pues vuelva un ratito entonces :
yo procuraré un instante
olvidar mis aflicciones.
ESCENA XIV.
DOLORES y después CARLOS y RICARDO.
Dolor, i Qué honradez I.... Estas personas
son ángeles en la tierra ,
son los médicos del alma
que mitigan nuestras penas.
(Carlos aparece con Ricardo y demuestra malhumor
en su semblante, Dolores se dirige á su encuentro. Un
criado coloca luces en las mesas.)
- 56 —
Dolor. ¡Garlos!....
Car. ( ¡ Vamos con la era2 ! )
Dolor. Garlos , estoy muy contenta.
Car. ¿Si, Dolores?.... iQué milagro!
No sueles tú
Dolor. Mí imprudenoia (con enmrgura)
me hace á veces declarar
de mi corazón las penas.
Car. Bueno, bueno, no empecemos
con altisonantes quejas.
Dolor. (No me quejaré , descuida I
Ríe. ( I Dios mío ! ; Qué difórencia I
I pobre Dolores I )
Dolor. Yo creo {eomáuíwwru)
que boy, Garlos , te desesperas
porque no puedes pagar
con exactitud tus deudas.
Car. Pero yo las pagaré ; [con tnftíéé )
tengo aun negocios , empresas,
y me ba de sobrar dinero
para saldar esas cuentas.
Dolor. Si> mas tú, pundonoroso,
estarás sufriendo mientras ;
y yo, como es mí deber,
quiero ayudarte.
Car. ¿De veras?
¿ Acaso puedes aun ?
Dolor. Sí, [toma l09 MíHes de k in^)
darte lo que me queda.
Toma.
Car. ¿ Qué es esto ?. . . . ¿ Billetes ?
Dolor. He realizado la venta
de los molinos.
Car. Dolores ! {con Alegrúi)
\ Qué buena eres ! [ Qué buena !
Dolor. \ Garlos I { Me haces mucho dáfio 1
Car. Perdóname mis rarezas.
Ríe. ( (Ayl i Cómo degrada el \UÁol)
Dolor. Garlos , tienes una d«ada
que considero sagrada.
Car. i Y cuál es ?
Dolor. La de las letras.
— 67 —
Car.
¡ Ah I Si , pero Rafael
es rico y tendrá paciencia.
Dolor.
No, Carlos , ese di&ero («on «iikmnM )
es preciso que devuelras.
Car.
I Pero si nos qaiere tanta!
Dolor
Por eso.
Ríe.
(lAhl i Mi sospecha 1....
Sin dada su honor la dkta — )
Car.
Yo no sé porqaé te empeñas
Dolor.
Págale, yo te lo ruego.
Car.
Corriente.
Dolor.
No lo detengas.
Car.
Bien , descuida.
Dolor.
Gracias , Carlos.
( I Qué peso de aqui se aleja ! )
•
ESCENA XV.
CARLOS y RICARDO.
Car. Ciento doscientos... .« (conUmdo m la mesa)
Ríe. I Qué aiaía ! ( €onttmp¡ándok
Estos hombres se deleitan
con la \lsta del dinero,
y ese mismo afán los lleva
á arruinarse en el vicio ;
porque en su ambición , desean
dejar hambrienta y desnuda
á la humanidad entera.
Car. i No hay mas que veinte mil duros 1
I Y justamente es la cuenta
pendiente con Rafael I
Ríe. Pues le pagas y te quedas
por ese lado ya libre.
Car. Está claro. Mas , no piensas
en que tengo otros boquetes
que tapar.
RiG. Por ese eaipiezas.
Car. Empiezo y acabo, chico.
Esto es todo lo que queda
de mi caudal ; si lo doy / j
— 58 —
Ríe. ¡ Garlos I i Por Dios I No detenga»
ese pago que Dolores
con tanto interés desea.
Car. Ella e^ mujer y no sabe.
llic. (Quizá es él el que no sepa.... )
Car. y tal vez con inedia hora
de buena suerte pudiera
Ric. I Garlos 1 ¿Qué dices?
Gar. ( Ricardo I
I Ahi enfrente I Está tan cerca I....
I Media horita de fortuna I....
Ríe. Quizá con menos te pierdas
para siempre 1
Car. o me desquito.
Ric. 1 Garlos I I Por Dios I ¿ En qué piensas ?
Gar. (i Qué oficioso!)
Ríe. A Rafael
busca al instante y entrega
ese dinero.
Gar. Rien, voy.
Ríe. ¿ Sí ? Garlos , ¿ sí ? ¿ vas de veras?
Gar. i No te be dicho ya que si 1
Ríe; Te acompasaré.
Gar. No ofendas
mi decoro con tus dudas.
Ríe. Rien , no insisto.
Gar. Hasta la vuelta.
ESCENA XVL
RICARDO, después RAFAEL y D. JUAN.
Ríe. ¿Irá?.... ; Quiera Dios que sí 1
Ya muy poco de él me fío ;
1 lo ha llegado á dominar
de tal manera ese vicio I....
Pero irá , sí , no lo dudo ;
está en su interés i Dios mió I {viendo á Rafael)
Los ha debido encontrar
A Viene Garlos ?
Aa'v. Lo hemos visto
— 59 —
al entrar ; iba de prisa.
Ríe. i Y qué 1 ¿ nada les ha dicho ?
D. Ju. Nos saludó y siguió al trote.
Bic. ¡ Voy 1 ( sale corriendo )
D. Ju. ¿ Está loco ese chico ?
Eap. Tal vez Carlos se olvidase
de algún encargo precioso
Aqui vienen las señoras.
ESCENA XVII.
DICHOS y DOLORES y D.« ISABEL.
Dolor.
1 Oh t ¡ Nuestros buenos amigos 1
D. Jü
Buenas noches.
ISAB.
¡ Rafael ,
en todo el dia le he visto !
Baf.
Aqui he estado.
ISAB.
Yo allá dentro
con mi nieta
D. Jü.
Los mimitot
de los abuelos ; ; caramba t
1 Si tuviera un nietecillo !
Raf.
¿ Hay hijas ya casaderas ?
D. Jü.
Una sola hemos tenido.
Dolor.
Y deseo conocerla.
D. Jü.
No vendrá , porque la envió
á viajar con su madre.
Raf.
¿Y V. se queda?
D. Jü.
Preciso ;
mis negocios no me dejan
ir con ellas , y afligido
me quedo , créanlo ustedes ,
porque mis placeres cifro
en sentarme junto á ella
y que me lea algún libro ,
que muchas veces no entiendo^
porque estoy entontecido,
sin pensar mas que en mirarla^
sin ver mas que sus hechizos.
Dolor.
Entonces ese viaje
j
j
— 60 —
D. Ju.
El diablo lo ha querido.
Ibab.
¿Lo motiva algún pesar?
D. Jü.
No es muy alegre el motivo.
Mas , lo teugo por su bien.
Raf.
; Ah I 1 Ya caigo ! Habrá amoríos
D. Jü.
Algo hay de eso, general ;
me la ronda un lechuguino,
comerciante del amor.
que pretende hacerse rico
vendiendo palabras tiernas,
juramentos y suspiros.
( Dolores permanece muy tnste durante esta parla
mentos, )
ISAB.
( 1 Ay 1 1 El retrato de Carlos ! )
D. Jü.
Ta yo hubiera concluido
ese negocio, á mi modo ;
pero mi esposa me dijo.
y no le falta razón ,
que era mas fácil camino
poner leguas de por medio.
ISAB.
Una ausencia , amigo mío,
suele también, no lo dude,
apresurar el peligro.
Dolor.
iMamá, por DíosI {Bajo.)
ISAB.
Sobre todo,
si V. quiere estar tranquilo,
ino se quede V., ü. Juanl
Como amiga se lo aviso,
que vence á una pobre madrt
la trama de un libertino
D.Jo.
¡No lo echaré en saco roto!
Raf.
Sefiora, yo la suplico
que dejemos esas cosas.
D. Jü.
Si, vamos á hablar. . del Circo
de los caballos... jCarambal
¡Cómo me gustan los brincos
que dan aquellas muchachas!
¡Eh! ¿general?... iQué prodigio!
Raf.
Me gusta poco el talento
en los pies, amigo mío
„ «
Dolores, sí V, qnisiera
tocar un poco...
- 61 —
D. Jü. Preciso:
¿no ha de querer, si es taa buena?
BoLOR. No me siento bien.
Raf. No insisto.
IsAB. Si, Dolores, toca un poco.
D. Ja. Y. me tiene ofrecido
olvidar sus aflicciones.
Dolor. Es verdad.
D. Ju. Pues on ratito
de música, vamos, vamos.
[Se ürigm todo» á la fmeft^dé la ÍM'fuiéf áspero Do-
lores ve entrar á Ricardo y «a á «« mmifintro: los
demás entran.)
Dolor. ¿Y Carlos?
Ríe. De aqni ha salido,
y no he podido encontrarle.
Dolor. ¿Dónde estará?
Ríe. No adivino...
Dolor Si vuelve, dígale Y.
que quiero verle ahora mismo.
RiG. Bien: se lo diré, Dolores.
Dolor. No lo olvide, amigo mío. (Entra.)
ESCENA XVlil.
RICARDO.
RiCAR. ¡El corazón se me parto
al mirarla! ¡Pobrecilla!
¡La miseria y deshonor
premios de su idolafríal
llnfelízl |Tan confiadal
De aquí se marchó tranquila
creyendo que su marido
sus deberes cumpliría.
lY él mientras tanto en un naipe,
la honra de su familia
depositará, riendo
cuando la vea perdida!
( Aparece Carlos , con ilsetnbkmte demuiaió a caida la
eabexú sobra elpecho,)
• ••• •
• • w • •
• • • • •
— 62 —
|A.llí viene!... Dios piadoso!.. .
Es segura su ruina.
( ün instante de pausa mientras Carlos baja lentamente
á la escena.)
ESCENA XIX.
CARLOS y RICARDO.
Ríe.
Di, Carlos, ¿de dónde vienes? {Con timidez.)
Car.
De j ugar . (Secamente . )
Ríe.
¿Y perderías?
Car.
Si; todo lo que llevaba.
Ríe.
¡Carlos! ¿Qué has hecho?
Car.
Quería
desquitarme, y he perdido.
Ríe.
¿Ya, qué te queda? (Con amargura.)
Car.
(Mi vida;
la jugaré en un albur
que es seguro...)
Ríe.
(iMe horroriza
esa calma!...)
(Se oyen melancólicos sonidos en el piano.)
«Car.
Di, ¿qué es eso?
Ríe.
Es Dolores.
Car.
(Despedidas
parece que esté tocando!...
Pues voy á darle la mia.)
(Entra precipitadamente en la puerta de la derecha
y cierra.}
Ríe.
¡Carlos! Di, ¿qué vasa hacer?
iHa cerrado!... ¡Virgen mía!...
¡Carlos!... ¡Carlos!... No le veo...
(Mirando por la cerradura.)
¡Y esta puerta! ¡Ah! una silla! (Mirando.)
¡Sobre ella pone los píésl...
¡Oye, Carlos! ¿Qué meditas?
¡Piensa un instante en Dolores!
(Cesan los sonidos del piano.)
^ ¡Piensa, Carlos, en tu hijal...
»-^«"^- ^
¡Carlos! ¡Carlos! ¡Piensa en Dios (con grito amargo)
- «3 —
qoe condena al SQícidal...
[Empujando.) La paerta está mal cerrada!...
Tal vez con faerza consiga...
( Hace esfuerzos por abrir la puerta que va cediendo
lentamente. Entran Dolores y todos los demás.)
ESCENA XX.
DOLORES, D.* ISABEL, D. JUAN, RAFAEL, RICARDO.
DOLOm.
Ríe.
Dolor.
Ríe.
Dolor.
Ríe.
Dolor.
Ríe.
Dolor.
Ríe.
Dolor.
ISAB.
D. Jü.
ISAB.
Raf.
ISAB.
Dolor.
Isab.
Raf.
Dolor.
¿Qaé hace V.? (A Ricardo.)
lüolores!... Nada...
¿Y Carlos?
To no lo sé.
Quizá en sn cuarto... veré... (Se dirige á él ,
Está la puerta cerrada.
¡Cerrada I... (En aceton de abrirla.)
¡Por Dios, señoresl
iNo permitan que aquí venga!
Nadie habrá que me detenga.
[Se dirige á la puerta y empuja con fuerza.
lEsta es su tumba, Dolores!
¡Su tumba! i Ahí
(Gran grito y cae en brazos de Rafael. La puerta
se abre.)
iCielo santo!
¡Qué horror! ¡Dios mió! iQué horror!
(Mirando al cuarto.)
¿La habrá muerto su dolor?
No, que ya veo su llanto.
{Dolores!... iVen, hijamia!...
¡Dolores se desprende de los brazos de Rafael, y des-
atentada y tropezando se dirige, poniendo las manos
por delante, hacia el lado opuesto de donde vio á
Carlos muerto.)
¡Luces ! ¡ Luces !.... ¿Dónde está ?
¿ Luces ?
¡ Dios mió!.... ¿Será?
¡Quiero verle!.... ¡ Qué agonia I....
¿ Porqué la luz apagaron ? ( restregándose (o« ojos )
¡ Jesús ! ¡ Y qué horrible velo !
• **•
— «4 —
Raf. 1 Está ciega 1 ( griio amargo )
Dolor. i Ciega ! { Cielo !
(Cae en brazos ds Ráf&el)
Raí. i Ta mis temores llegaron 1
1 Y Dios en su omnipotencia ,
para cumplir su jaicio ,
alli ha castigado ^1 vicio ,
y aquí la desobediencia !
FIN WL DBAMA.
Habiendo examinado este drama, no hallo in-
conveniente en que su representación sea auto-
rizada.
Madrid 20 de mayo de 1862.— El censor de
teatros. — Antonio Ferrer del Rio.
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DE SOPETÓN.
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MANUEL QUEÍRO
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DE SOPETÓN
JUGUSTB
EN DN ACTO Y EN PROSA
ORIGINAL DE
RICARDO REVENGA.
£ftf eoado con éxito en el Teatro LARA el JaoTes 20 de Octubre de 1M7»
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MADRID.
SkCPBBNTA DB JOSB RODRICKTBZ.
MoiAa, 100, priiuipal.
' 1887.
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■ k
f '
PERSONAJES.
ACTORES.
MERCEDES \\... S¿ía. D.* Matilde Rodríguez.
JOAQUINA N. Sanz Sevilla.
RAFAEL.' Sres. D. José Rubio.
DON TERENCIO N. Díaz.
Esta obra es propiedad de sa autor, y nadie podrá, sin su per-
miao, reimprimirla ni representarla en España ni en sus posesiones de
Ultramar, ni en los países con los cuales haya celebrados ó se cele-
bren en adelante tratados internacionales de propiedad literaria.
El autor se reserva* el derecho de traducción.
Los comisionados de la Administración Lírica-Dramitica de DON
EDUARDO HIDALGO, son los encarg-ados exclusivamente de conceder
ó negar el permiso de representación y del cobro de los derechos de
propiedad.
Queda Hecho el depósito que marca la ley.
■s
ACTO ÚNICO. %.
Gabinete tocador de una señora. Á la derecha un balcón; á la Izquierda
puerta que se supone ser do ana alcoba. Paerta al foro. Sillas, aillo-
nes, un tocador, un velador con servicio de té, un qainqa¿ encen-
dido. Es .de noche.
^l levantarse el telón aparece Joaquina sentada en an sillón y
darnoiendo. Transcurrido on breve momento sonari un campanillo*
ESCENA PRIMERA.
JOAQUINA.
JoAQ. Calle, mo he dormido, no tiene nada de particular^
ya debe ser rnuy tarde; y los señores sin venir, (suena
un campaniiiaio.) GraCÍaS á DioS, ya están ahi. (Sale ne-
vándose el quinqué y dejando á oscuras la escena •)
ESCENA II.
JOAQtJINA y RAFAEL.
Oyese ruido de voces como si disputar».
JoAQ. ' Le digo á usted que no puedo, estas no son horas do
recibir.
Rafael. Todas las horas íon santas y buenas para recibir
— 6 —
cuarenta reales. (Dincosoios.)
JoAQ. Para eso si señor, (Tomándolos.) pero yo no puedo con-
sentir... Yo no le conozco á usted; no sé si es...
Rafael. ¿Un- ladrón? No debe serio quien se presenta con se-
mejantes tarjetas; y además, por ventura, digo, no;
por desventura, ¿tengo yo cara de ladrón?
JoAQ* No digo eso; pero veamos qué pretende usted en esta
casa y á hora tan intempestiva.
Rafael. ¿Qué pretendo? ¡Ahí joven simpática; busco la paz
del corazón, la felicidad!
JoAQ. ¿Aqiií busca usted eso?
Rafael. Y lo encontraré. Yo diré á tu señora...
JoAQ. Usted dirá lo que quiera, y ella le pondrá de patitas en
la calle, como hago yo; advirtióndole que si no se mar-
cha alboroto y chillo, y...
Rafael. Tranquilízate niña. Promete ayudarme y te lo re-
feriré todo. Has de sabor amabilísima y graciosa
María. ¿Te llamas María?
ioAQ. No señor, Joaquina.
Rafael. Es igual. Has de saber, repito, amabilísima Joaquina,
qu& la felicidad de tu señora depende de que yo hable
con ella esta misma noche. ¿No se casa mañana?
JoAQ. • Sí, señor, pero...
Rafael. Yo vengo á impedir ese matrimonio.
JoAQ. ¡Pues vaya una gracia! y á usted quién le mete...
Rafael. Mucho deseas saber. Bastan esos cuarenta reales
para que me permitas esp'^rar la llegada de tu señora
escondido en cualquier parte?
JoAQ. No, señor, ni mucho menos.
Rafael. Pero sí algo más. Ahí Tan cien reales. (Dándoselos.)
JOAQ. Tampoco bastan. (Tomándolos.)
Rafael. ¡Joaquinal ¡Joaquina! Eres insobornable, pero te guar-
das mi dinero. ¿Qué es preciso hacer para ablandarte?
JoAQ. Marcharse.
Rafael. Quedándote con mis siete duros. No me marcho, (s©
ftionta.)
; JoAQ. Considere usted que me compromete.
A7
\
TUfásu
iOAQ.
Rafael.
JOAQ.
Rafael.
JOAQ.
Rafael.
JOAQ.
— 7 —
¡Oh! qmé idea tan feliz! Juro no comprometerte; me
esconderé en el balcón y diré que he saltado desde
el de la casa próxima* Están muy juntos y fácil-
mente...
Ni aún así.
|Gómo! ¿ni saltando?
NOy señor, ó se vá. usted ó pido socorro. (SaMs na mb-
puiíiaxo.) ¡Ayl ¡Ya están ahí!
Lo ves, ya no hay tiempo. La Providencia quiere que
salve á tu señora.
{Estoy perdida, qué va á ser de mí! Escóndase usted,
por Díosy y no diga que yo...
Soy mudo. (Se esconde en el beleón.)
¡Qué compromiso. Dios iníol Estoy temblando, (saie.)
ESCENA III.
JOAQUINA, MERCEDES y D. TERENCIO.
Terenc. ¿Cómo has tardado tanto en abrir?
JoAQ. Me había dormido, señor.
Terenc. Está bien; retírate.
JoAQ. ¿La señora quiere que la ayude á desnudarse?
Merc. No, me desnudaré sola. Vé á descansar, que bien lo
necesitas.
Por eso no se prive la señorita de mis servicios.
JOAQ.
Merc.
JOAQ»
Gracias. Retírate te digo.
(¡Jesús, Jesús! ¡qué vá á pasar aquí!) (VMe.)
ESCENA IV.
MERCEDES v D. TERENCIO.
Tere^<^« ^^ cuatro y media, poco tiempo nos queda para des-
cansar... Á las cinco tienes que estar dispuesta para
que lleguemos á San Luís á las seis. Qué cariño tengo
á la iglesia de San Luis. Allí me he casado tros veces;
y tú ya vas con la segunda, y quiera Dios que no sea
la última.
— 8 —
«
Merc. ¿Tío, qué dice usted? pieasa usted ya en que se mue-
ra Isodoro.
Tbrenc. No, pero no quiero verle viudo; y no le veré: en
nuesta familia los matrimonios han tenido siempre un
término feliz. ¡Pero me parece que no estás todo lo ale-
gre que debías! ¿Aicaso no te satisface tu matrimonio
con Isidoro? Es un buen muchacho, un poco así... ¿Có-
mo diré?
Mero. ¡Tonta, y además tan inexpresivo! ¡Parece que siem-
pre esta durmiendo!
Tere;«c. No sólo lo parece, sino que se duerme efectivamen-
te. Esta misma noche en el baile he tenido que des-
pertarle.
Merc. No es un marido lo qiie me ha proporcionado usted, es
una marmota.
Terenc. ¿y de eso te quejan? Las marmotas se dice que duer-
men durante seis meses del año. Esto te asegura un
semestre feliz.
Merc. ¿Cuál, tío?
Terenc. Ese; el que duerme no molesta. '
Merc Puede usted creer que si me caso, es únicamente por
• complacer á usted. Isidoro es tan superficial, tan po-
quita cosa; es un cero.
Terenc. Pónle á tu derecha y valdrá diez. Tú harás de él man-
gas y capirotes, ¿qué más puedes pedir? Un marido así
es una ganguita, y yo te lo he buscado, ingratona.
¡Ah! y se me olddaba la mejor condición que tiene; os
tan- enclenque y tan flacucho, que con razón espero
que no será tu último marido.
Merc ¿Pero tío, qué teorías; está usted en su juicio?
Terenc Ya lo creo, y en mis glorias, viendo que las gentes se
casan. Yo soy así, muy belicoso; gozo viendo luchas
intestinas.
Merc ¡Pero eso es cruel! Yo debía demostrar carácter; ca-
sarse sin amor...
Terenc ¡Déjate de tonterías y además ya no es tiempo de re-
troceder. ¡Animo! A la tercera ya la vencida, el otro
o
— 9 —
será mejor. Conque (La^tiiUndoie y didgiéodoM hteia la
puerta.) ten esperanzas y buenas noches.
lÍEitc* ¿Dfgame usted tío; hace algún tiempo no le pidieron»
á usted mi mano?
Terenc. ¡Naturalmente, Isidoro!
Mbrc. No me refiero á él, sino...
Terenc. Ah, si. Un perdido, un cualquiera.
I^Ierc. Nunca quiso usted decirme su nombre. -
Tebeng. Ni te interesa.
Merc. Sin embargo; la curiosidad...
Terenc Es hermosa condición cuando signiílca limpieza,
pero...
Merc, Sea usted amable.
Terenc. ¡Qué empeño! en fío, te complaceré para que me dejes
ir á descansar. Piedi ahila, ese comicuclio calaverón
tuvo el atrevimiento de...
llERC. ¡Pedrahita!
Terenc. Si, un hombre como una piedra que hubiera hecho
imposible tu tercer matrimonio. Ya estás satisfecha, á
dormir y mañana á las cinco...
Merc. Buenas noches, tío.
Terenc. Hasta mañana, digo, hasta luego, (váse.) .
ESCRNA V.
MERCEDES qaítáadose las flores de la cabeza y poniéndose sobra «I
vestido un peinador.
Merc ¡Qué particular os mi tío y cuáo débil soy yo! ¿Por qué
consentiré en casarme con Jsidoríto de mis pecados?
No le amo, es verdad; pero también lo es que no amo
á nadie, lo cual ya es una ventaja para é! que dentro
de pocas horas tendrá dereclu) á llamarme suya...
¿Cómo será esej Pedrahita? Dicen que es hombre de
talento y que tiene gran partido entre las mujeres. So-
lo por esto quisiera haberle conocido; pero ya es tar-
de. Mañana no tendré ni aún el derecho de alimentar
— iO —
este deseo. (Saenan los eristales del balcón.) ;Ay¡ ¿qué ruí-
do es ese? El balcóa que está abierto. Joaquina se ha
olvidado de cerrarlo. ¡Qué frío! (Se diñge á cerrar el
balcón.)
ESCENA VI.
MERCEDES y RAFaEL.
Merc. ¡Ay! ¡Ladrones! ¡Socorro! ¡Soco
Rafael. ¡No grite usted, seuora, po.r favor! (Rafael aparece sin
sombrero ni gabán, sucio y descompuesto el traje como si habie»
ra escalado el balcón.)
Merc. ¡Socorro! ¡SO^O... ¡ah! (Cae desvanecida en un sillón )
Rafabil. Buena entrada. ¡Señora! ¡señora! No vuelve en sí. ¿Qué
la daría yo? Aquí... en el tocador. Opoponax, Heno,
Vinagrillo... Con esto la rociaré. (Hace lo que dice.) Ya
vuelven las rosas á su cara. ¡Qué linda es!
Merc. ¡Ay!
Rafael. Nada tema usted. Tranquilícese, señora. ConQeso que
la manera de entrar es un poco rara, pero deseche us-
ted el miedo, soy inofensivo, una palomita sin hiél,
. créalo usted...
Mero. ¡No puedo! ¡no puedo! ¡Estoy temblando. ¿Quíe'n me
' asegura que no es usted?...
Rafael. Un desgraciado, señora. Un desgraciado que ha tenido
la desventura de que un mando llegara inoportuna-
mente. Si como un atrevido gimnasta no salto á esc
balcón, precioso asilo para mí, el honor de una señora
se hubiera perdido y yo quizá no tendría alguna cos-
tilla sana.
Mero. Esa aventura...
Rafael. Yo no he sido, yo no lie sido. ¡Soy inocente! Una víc-
tima de la amistad y de...
Merc. Pero...
Rafael. ¡Chist! ¡Gállese usted! (se acerca ai balcón.) ¡Gracias á
Dios! (Dejándose caer en un sillón )
— n -
Merc. ¡Caballerol ¿se sienta usted?
Rafael. ¡Me ahogo, señora, me ahogo! (Ahora creo que me
tocaba á mí desmayarme.)
Merc. Aquí no puede usted permanecer un instante más.
Rafael. Es verdad; pero permita usted que tome alientos. ¡Ha
sido tan grande mi susto!
Merc. Le ruego á usted que cuanto antes se tranquilice, y
sobre todo, que...
Rafael. ¿Que me vaya? Al punto, pero no sin pedir á usted
mil perdones, excusar una y cien veces mi conducta
y rogar á usted que crea que siento eu el alma.^.
Mero. Está bien, caballero, apresúrese usted.
Rafael. ¿Pero no me perdona usted? ¿ni siquiera me dice que
me compadece?
Merc Si, si, todo lo que usted quiera; le perdono y...
Rafael. ¡Ah! Entonces, ya será usted tan amable que' me con*
sienta que arregle un poco mi traje antes de salir, (ai
deciV esto eog^e aa MpUlo, se eepilli mlriodose ai espejo y se
arreg^u la corbata.) ¡Y ahora que caigo! He perdido mi
sombrero. ¿Cómo voy á salir sin él? ¿No tiene usted
ninguno que prestarme? Cualquiera, una cachucha,
una gorrilla.
Merc ¿Se está usted burlando?
Rafael. De ningún modo. ¡Burlarme yo que soy el hombre
más galante del mundo, de una señora tan distingui-
da y tan hermosa! Porque usted es muy distinguida,
y sobre todo muy hermosa.
Merc (¡Pues no me echa flores! Este hombre está loco, y
es lástima, tiene distinción y es guapo.) ¿Concluye
usted? (Coa irooía.)
Rafael* En seguidita. Un instante más y me pone usted de pa-
titas en la calle. ' • , ^
Merc Y una vez en ella, espero... '
Rafael. ¡Ah! Puede usted contar con mi discreción.
Merc. Es una suerte para m!.
Rafael. ¡Ea! Ya estoy. ¡Hola! ¿Parece que ha estado usted de
baile? Elegantísimo traje, precioso color, muy chic.
O
— l!íí —
¡Bonito! ¡boQÍtísimo!
Merc. Espero á usted, caballero.
Rafael. Crea usted que si hubiera podido encontrar otra sa-
lida...
Merc. Abusa usted de mi paciencia.
Rafael. ¡Señora! (Saludando y dlrlgiéndogo hacia la paerta. Antes d»
llegar á ella suenan dos g^olpet.)
Merc. ¡Ay, Dios mío!
ESCENA VII.
DICHOS y D. TERENCIO desde fuera.
Terenc. ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¿Estás visible?
Merc No, tio; ¿qué quiere usted?
Terekc. Acabo de leer en La Correspondencia que anoche
hubo un robo en esta calle. Ten cuidado y echa el
pestillo.
Merc. Sí» tío.
Terenc Para mayor seguridad te encierro con llave, (cierra.)
Merc ¡Cielos!
Rafael. ¡Nos encerró! (Me alegro.)
Terenc Si necesitas algo, llama. ¡Buenas nochesl
ESCENA VIH.
MERCEDES y RAFAEL.
Merc No, esto es imposible. ¡Tío! ¡tío!
Rafael. ¡Por favor, no le llame usted! Va en ello el honor de
una señora.
Mkrc , ¿Y el mío, caballero?
Rafael. Bueno; será el honor de dos señoras.
Merc Poro es que usted ^o puede permanecer...
Rafael. Lo que es por poder, sí sóñofa. Pero en fin, dígame
usted una salida y...
Merc Si no la hay.
— 15 —
Rafabl. Entonces, ¡qué remedio! Esperaremos á que llegue
el día.
Merc. Pero si me caso á las seis.
Rafael. ¿Y eso qué importa para que llegue el día? Daráa las
seis y usted se casará. ]Qué desgracia! Y yo á l;m
seis menos cuarto me esconderé en cualquier parte.
Poco sitio me basta; sé hacerme el chiquito.
Merc. ¿Pero hasta entonces?
Kafael» Hasta entonces, figúrese usted que hago una visita.
Me invita usted á que tome asiento. Yo lo tomo, (se
sienta.^ y para distraerla, refiero anécdotas, historie-
tas, chismes del gran mundo.
Merc. No estoy para chismes ni cuentos.
Rafael. Bueno; pues no se* los refiero á usted. Quiere usted
que recite versos:
Una tarde de verano,
cuando pájaros y flores...
Merc. ¡Jesús! Hágame usted el favor de callar.
Rafael. ¿Tampoco le gustan á usted los versos? ¡A,h! vamos,
quiero usted que esta visita tenga el corte habitual,
que hablemos del tiempo. ¡Pero ha visto usted qué
tiempo tan frío, y esto no es natural! ¡Qué viento! ¡qué
lluvias!
y Merc. ¡Qué chaparrón es usted! Me ha puesto usted nervio-
sa. ¿Quiere lísted decirme qué necesidad tenía yo de
verme en este compromiso?
Rafael. Ninguna, señora, ninguna.
Merc Confiese usted-..
Rafael. Confieso y comulgo con lo que usted desee.
Merc. ¡Verme á estas horas, y la víspera de mi matrimonio,
^encer^ada con un desconocido!
Rafael. ¡Oh, señora! perdón, perdón mil veces, por un olvido
que al punto voy á subsaoar. Tengo el gusto de pre-
sentar á usted á mi más querido anfigo Rafael Pie.
* drahita.
Merc ¡Piedrahita! ¿Usted es?...
Rafael. Piedrahita, sí, señora, actor eminente, según dicen.
^o
- 14 —
¿Quiere usted que h recite alguna escena de mi reper-
torio? ¿Desea usted que cante? ¿En español ó en fran^
^ C^S? (Canta.) ^^ , , „^,^„,^„ .„ ty
YÍt \ Je venáis adentre dans ta charntre, \ hf/
í/l íl 1 Minuit finissait de sonner. Lní V
Merc. MejorTiubiera áido que noüübíese usted entrado.
Rafael. Para usted, sí, y también para mi, que saldré impre»^
sionado por su belleza y... ¿Por qué se casa usted^
señora?
Merc. ¿Y á usted qué le importa?
Rafael. ¡Es verdad; pero qué lástima, tan joyet), tan hermosa
y viudal Porque usted debe serlo, ¿verdad?^
Merc. Sí, señor.
Rafael. Entonces para qué repetir. La viudez es el apogeo de
la gloria. ¡Una viuda, es una capitana generala!
Merc Sin embargo, un marido...
Rafael. Es un trasto incómodo, cuando no se le ama, y usted
no debe amar al quQ lo va á ser suyo.
Mero. Esa suposición...
Rafael. No es suposición, es seguridad. El mundo anda tan
revuelto, que los matrimonios sin amor son muy fre-
cuentes. Por eso no me caso yo. Hace poco pensé ha<-
cerlo. Un amigo pidió en mí nombre la mano de cier-^
' tK deliciosa viuda; pero su tío, siempre ha de haber
un tío por medio, me la negó.
Merc ¿Y por qué?
Rafael. Porque soy cómico, porque soy un artista. ¿Pero qué
saben los tíos de arte, ni de nada?
Merc Quizá no fuera esa la razón. Si lleva usted una vida
de aventuras, como la que aquí le ha traído.
Rafael. ¡Oh, no^ señora, no! Sólo el arte me ha dejado soltero.
¡Compadézcame usted, señora!... ¡Yo amaba y amo á
esa colega de usted en viudez con toda el alma, con!. ..
Merc Y diga usted, ¿esa señora se llama?...
— 15 —
ESCENA VIII.
DICHOS T D. TERENCIO, dtob*.
Tereng. ¡MercedesI ¡Mercedes!
Merc. ¡Otra vez mi tíol
Rafael. ¿Pero ese señor es sonámbido?
TiaENG. Veo luz en tu cuarto. ¿Por qué no has apagado? ¿Estás
ya acostada?
MsRC. Si, señor; pero estoy leyendo.
Tereuc. ¡Qué imprudencial Vas á prender fuego á las corti-»
nillas.
Rafael. (Excelente idea.)
Terenc. Si no apagas en seguida, voy yo mismo.
Merc. Pero tío...
Rafael. (Apagando uius.) Nada tema usted, señora.
Merc. ¡Ah! ¿Qué ha hecho usted?
Rafael. Es preciso no contrariarle.
Tererc. Yaya, muchas gracias. Duérmete y descansa.
ESCENA IX.
MERCEDES y RAFAEL.
Merc. ¡Dios mío, qué noche! Yo asi no puedo estar.
Rafael. Pues yo empiezo á acostumbrarme á las sombras.
Merc. ¡Oh, caballerol ¡Sálveme usted! ¡Váyasel
Rafael. ¿Pero á dónde?
Merc. Al balcón.
Rafael. Señora, sea usted caritativa. La mañana es muy fría
y sin sombrero, y muy constipado.
Merc. Entonces, ¿qué hacer? Así no podemos seguir.
Rafael. ¿Por qué? Una luz apagada no estrecha las distancias.
Yo soy todo un caballero con luz ó á oscuras,*y para
probarlo voy á colocarme lejos, en el otro extremo de
la habitación, (caminando á tiaatas tropiesa con •! velador y
romp» una tasa.)
í
— 16 —
Merc. i\y, Dios mío! ¿Qué es eso?
Rafael. Nada, oada; una taza rotd.
Merc. ¡Mi servicio de té! ¡Uu regalo de mi marido!
Rafael. Lo reemplazaré, señora; ao el marido, síqo el servi-
cio. Compraré á usted lo que he reto y lo que pueda
romper en adelante. (Se sienta en un rincón de U sala.) En
verdad, señora, que...
Merc. Le ruego á usted que no me hable, porque no pienso
contestarle.
Rafael. Entonces hablaré solo. ¡Oh desgraciado de mí, y cuan
feliz podía haber sido si don Terencio no rae hubiese
negado la mano de Mercedes, de esa mujer, de ese
ángel tan hermoso y tan!...
'Merc. ¡Caballero!
Rafael. ¡Y la amo, sí, más que pueda amarla ese imbécil de!...
Merc No guardará usted silencio.
Rafael. Imposible, una. vez tomado el hilo, soy una carretilla.
Continúo.
Merc No, no; .dígame usted. Si tanto ama usted á esa seño-
ra, dejando farsas á un lado, si tanto me ama usted,
¿cómo se explica la aventura de esta noche?
Rafael. Esa aventura es una comedía más sobre las muchas
que hago, el oficio...
Merc. ¿Entonces cómo entró usted aquí?
Rafael. Por la puerta.
Merc ¿Podría usted probarlo?
Rafael. ¿Tiene usted interés en ello?
Merc Quizá.
Rafael. Sí puedo, sí; puedo probar á usted eso y también que
la adoro. (Se levanta y se acerca poco á poco á Mercedes.)
Merc Caballero, se me figura oír su voz másicerca.
Rafael. No; es que levanto la voz para que usted me oiga.
Merc. Falso. Usted ha dejado fu sitio.
Rafael. Si; pero no tenga usted miedo, no romperé nada.
Mrrc ¡Vuelva usted á su rincón, ó...
Rafael. ¡No sea usted cruel! (Se acerca hasta ponerse 4 su lado y se
arrodüía ante «lia.) ¡Déjeme que la diga cuánto la amo,
I
1
Q
— 47 —
!•••
eseúcheme usted, óigame!.
MKRC» (Se 1eT«nta, eocre al baleen y lo tbre. Et d< día.) | áhl | Al fiot
Rafael. (]>«iamiirado.) ¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Qué es esto?
Merc. El sol.
Rafael. Sol indiscreto*
Merc. ¡Ay, Dios mió! ¡Las seis!
ESCENA X.
DICHOS y D. TERENCIO» dmiro.
Tere?(c. ¡Mercedes! ¡Mercedes!
Rafael. ¡El tiol ¡Pero ese señor és un posma!
Terenc. Las seis. ¿Estás dispuesta? ¿Puedo entrar?
MsRc. En seguida, tío. ¡Por favor, escóndase usted!
Rafael. ¿En dónde, señora? ¿Aquí? (En la aUoba.)
IIerc. No, esa es mi alcoba*
TERErvG. Date prisa, mujer.
Merc. Aquí, en el balcón... Pronto, pronto, (se ateondeRtiaei.)
Terenc. ¿Puedo entrar?
MeRG. Sí, entre usted. (Entra D. Torendo.)
Terenc. Yaya una calma. ¿Pero hija, aún estás así?
Merc. Iba á vestirme ahora mismo.
Ter£!«c« ¿Pero cómo demonio llevas el traje de anoche?
Merc. Es verdad; distraídamente me lo he vuelto á poner.
Tbrenc. Estás turbada, emocionada, pues si esto es á la se-
gunda.
Rafael. (Dentro.) ¡AtChísr(E8toniodando.)
Merc. (Torpe.)
Terenc. Dios te ayude.
ItfERC. Gracias.
Terenc. Hoy es un gran día para tí. Vas á jurar en los altares.
Rafael. -¡ Atchisl
Terenc. ¿Te has constipado, sobriiúta?
Merc. (¡Ay, Dios mío! ¡ese hombre quiere perderme!)
Rafael. ¡Atchis!
Terei^c. Me ptrece sobrina, que esta vez no has sido tú.
JtfBRC. Si, tío; la emoción me hace estornudar. Esto es muy
— 18 —
frecuente.
Terenc. Emociones que obran como el rapé, no lo creo; antes
bien se me figura haber oido en el balcón...
Merc. ¡Ah, sí, habrá sido el loro.
Terenc. ¡Un loro que estornuda!
Merc. {Habrá aprendido de oírme! Teda la noche estoy
¡Atchís! ¡Atchís!
Terenc. No me convenzo, quiero verlo por mis propios ojos.
(Dirig^éndcse al balcóa.)
Merc. No, tío, deje usted,
Terenc. ¡Caracoles! Un hombre. No es mal loro.
Rafael. (SaUendo.) ¡Atchis!
Terenc. Dios le... ¡Un cuerno! ¿Qué hace usted aquí? ¿Se pue-
de saber?
Rafael. ¡Qué inconvenientes son los constipados de cabezal
Terenc. Responda usted, pero pronto. ¿Qué hacía usted en el
balcón? */
Rafael. Perdóneme usted, soy muy caprichoso, y se me había
antojado un clavel que...
Teremc, No sea usted embustero: ni en el balcón hay claveles,
ni siquiera es tiempo de ellos.
Rafael. Por eso no los he encontrado.
Terenc. Broraitas á mí, ¿eh? Ya adivino, usted debe ser el la-
drón que anda por estos barrios. Si, si; usted tiene
cara de ladrón.
Rafael. ¡Señor mío!
Merc. ¡Sálveme usted, no le desmienta!
Rafael. ¡Señora! ¿quiere usted que^ vaya á parar á la cárcel-
raodelo.;
Merc Sea usted generoso, mí honor...
Rarael. Voy á salvarlo. Escúcheme usted, señor de Marín.
Terenc ¡Sisera conocido! hasta los ladrones stiben mi apellido.
Rafael. Yo no soy ladrón, sino Rafael Piedrahita, actor, y...
Terenc. Falso.
Rafael. Puede usted convencerse de ellos. (Dándole una eartera.)
Examinando los documentos que encontrará en esa
cartera. Ya en otra ocasión pedí á usted por conducto
^ Q
-. i9 —
de un amigOy la mano de esla señora, y hoy vuelvo á
repetir mi petición.
MxRC. Y yo contesto por mi tío, diciendo que no puedo con-
ceder mi maso á^^uien entró en mi casa huyendo de
un marido celoso.
. Tereüic. ¡Canario! ¡Conque asi las gastaba Isldorito! No es ex-
traño qiy; se duerma, y que esté tan... Expiíqueme
usted estas cartas.
Rafael. Son una correspondencia entre el fuiuro de esta se-
ñora, y ju vecinita de ustedes. Llegaron á mi» ma-
nos de un modo difícil de contar, y si ustedes me lo
permiten, voy al punto á devolvérselas, rogándoles
. que por el honor de esa señora, no divulguen la aven-
tura. •
Tebe2(íc. ¡Vaya, vfiya; con Isidorito?
Rafael. Señora. (Deipidióadose.)
Merc. ¿Se va usted?
Rafael. Sí, la esperan á Usted en la iglesia.
Terenc. ¿Cómo en la iglesia? mi sobrina ya no se casa, y á fé
que lo siento.
Rafael.. ¿Lo siente usted? Todo tiene remedio, concédame us-
ted la mano de su sobrina, y...
Mehc. Si la concede, yo...
Tereiic. ¿Os casáis D12 sopetón? ¡Bravísimol Los malos tragos
pasarlos pronto. ¿Te decides?
Merc. Veremos... Si estos señores, (ai público.) Me ofrecen
el regalo de* boda que deseo...
Rafael. Yo lo perdiré. (ai púbUco.) Señores, Doña Mercedes
Marín y don Rafael Piedralílta, participan á ustedes
su próximo enlace, y les ofrecen su casa en la ca-
lle de Teatro de Lara.
FIN.
M Q
lid
1
DESQUITE
JIGUETE EX TRES ACTOS Y tH VERSO
ORIGINAL
DE
CEFERINO FALENCIA
ESTRENADA
Etf EL TEATRO DE APOLO L\ NOCHE DRL 5 DE JUÍ.tO DR 1881.
MADHID:
Imprenta de La Ioi<:ria , á cargo de Josó Blasco.
LOPE DE VEGA, 23 Y 25, BAJO.
1881.
{
PERSONAJES ACTORES
ADELA. Skñora Tübaü.
ANA Señorita Rodriodez.
DOROTEA SeSorita MsifENDia.
MIGUEL 8eSor Zamora.
EMILIO 9 Guerra.
TORCUATO . RiQüELM*.
SIMÓN » Lirón.
ÉPOCA ACTUAL.
1
y
Esta obra es propiedad del autor , y nadie po-
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla
en España y sus posesiones de Ultramar, ni en
los paises con los cuales haya celebrados ó se ce-
lebren en adelante tratados internacionales de
propiedad literaria.
El autor se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados de la Galería Lírico-Dramá-
tica, titulada El Teatro, do los HIJOS de' A.
GULLON, son los exclusivamente encargados de
conceder ó negar el permiso de representación y
del cobro de los derechos de propieaad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
ACTO PRIMEKO.
Sala elegantemento amueblada. Puertas al foro y laterales. Balcón i la derecha
segundo término.
ESCENA PRIMEEA.
ANA y EMILIO. Este sentado en un BÍllon ó butaca sin reparar en Ana, haciendo
números en ana cartera. Ana sentada en una silla Junto ¿ un velador, leyendo
unas tarjetas que va dejando sobre dicho mueble.
Ana.
Emil.10.
Ana.
Emilio.
a Luis Ordofíez. — José Iglesias. —
Las de Vega.— El Doctor Pardo.—
El Coronel Castro — Nunez. —
Merceditas Buiz. — Milagros». —
¡Todos, todos, menos él!
(Dejando do leer y con abatimiento.)
¡Menos mi esposo adorado,
todos hoy me felicitan
día de mi cumpleaños I
¡Ni un recuerdo, ni una frase
ha salido de sus labios 1
¡Es natural I... su memoria,
asuntos mucho más altos
la tienen preocupada:
¡los números! (Con amarga ironía.)
(Llevo cuatro.) (Para sí.)
(¿Eh? ¿Qué tal?)
¡Hola! ¿Ahí estabas?
(Reparando en su niujer.)
No te he visto... (Sin deJw de haoer número» )
Ana.
No es extraño:
¡hace tiempo qae estás ciego!
Emilio.
(1 Qué torpe soy! ¡Al contrario!)
Ana.
¿Luego no digo verdad?
Emilio.
(Eso es: aquí.) (8»ii oiría y abstraído en lo sayo.)
Ana.
¿Con quién hablo
yo?
Emilio.
¿Eh? ¿Qué decias?
Ana.
Decia... Nada. (¡Dios santo!) (Pausa corta )
¿Has visto cuántas tarjetas
mis amigos me han mandado?
Pairan de veinte.
Emilio.
8í, negro.
Ana.
I Emilio!
Emilio.
(Poniendo el cuadro
y después á la docena,,.)
Ana.
¡Emilio!
Emilio.
¿Qué?
Ana.
¡Por los clavos
de Cristo!...
Emilio.
Di cuanto quieras.
Ana.
Pero si te estoy hablando...
¿Recuerdas qué dia es hoy?
Emilio.
¿No es viernes?
Ana.
¡Sábado!
Emilio.
(Procurando ayudar á su memoria.)
¿Sábado?
(Sigaiendo distraído y contestando maquinaimente.)
¡Me alegro! (Estaré de buenas.)
Ana.
¿No caes?...
Emilio.
La verdad, no caigo...
Ana.
Pero hombre, ¿en qué mes vivimos?
Emilio.
En... Febrero.
Ana.
8i es en Marzo...
0
y estamos á veintisiete.
Emiliq.
¿Y qué? (Después de quedarse un momento parado.)
Ana.
•
¡Ingrato!
Emilio.
¿Eh?
Ana.
¡Ingrato!
ESCENA II.
DICHOS.— Kistwl.
Miguel.
¿Eso es por mi?
Ana.
Nó, señor,
es por tu entrañable hermano.
MiauBL
¿Sí? ¿Pues qué?...
Emilio.
(Que continúa como en la escena anterior.)
No sé qué tiene
ni por qué se ha incomodado.
Miguel. .
Siempre habrás i&áo motiyo...
Emilio.
I Mira, déj&me!
Ana.
Me marcho. (^^^ «^
Miguel.
Pero oye...
Ana.
¿Qué?
Miguel.
Aún no me has dicho
qué te parece este cuarto.
¿Te gusta?
Ana.
fc^i.
Miguel.
Ya lo creo;
como Adela y yo habitamos
el de enfrente, y de ese modo
«
Y Ivés de tu hermana al lado...
Ana.
Igual que nosotros dos;
aunque sospecho que el cambio
de inquilinos, para tí
uo ha sido muy de tu agrado.
La Tiuda que aquí habitaba...
Miguel.
No hagas juicios temerarios:
es una señora... (viuda),
me consta, pueJo afirmarlo;
sólo que Adela, tu hermana
—que es la que te habrá enterado,^
tiene celos de su sombra;
pero créeme, infundados.
porque yo... (Lo cierto es que
no ha sido por no intentarlo.)
Ana.
Sí, sí; tanto tú como éste
¡jamás habéis roto un plato!
8
lEa! Hasta luego.
Miguel.
¡YfelicesI
Ana.
I Felices!... Eso á tu hermano.
Miguel.
Pues ¿no es hoy tu dia?
Asta
Cierto;
pero el que tiene el encargo
de hacer felices mis días
se cuida tan poco...
Miguel.
¡Ah! Vamos...
Ana.
I Adiós! ¡Que almorzamos juntos!
Miguel.
8í, ya sé.
Ana.
Solos los cuatro.
Miguel.
Nó, yo no sé si podré,
y á decirte eso he pasado. '
Tengo una cita...
Ana.
¿Una cita?...
Miguel.
Quiero decir... (¡Soy un sandio!)
que almuerzo hoy...
Ana.
¡Eso es escusa!
¿Con quién?
Miguel.
Con un candidato
á senador; la política
le convierte á uno en esclavo...
Tengo que ir luego á las Cortes
á ver á dos diputados...
y desde allí al Ministerio,
y... ¡Te digo que estoy harto!
Pero otro dia cualquiera...
«
Quizá me escape hoy un rato.
Ana,
I Solas! (May afligida.)
Miguel.
¡Vamos, no te apures!...
Ana.
¡Apuesto á que ese inhumano
se va también!
Miguel.
¿Por qué dausa?
¡El no est:i, tan ocupado
como yo!
Ana.
¿Ves? Ni aun me oye.
¡Me voy de aquí! (Vásc.)
Emilio.
(¡Di en el clavo!)
9
ESCENA III
£MIL}O.^MIGUEL
Emii^io
Miguel,
Emilio.
MiauKL.
Emilio.
MlGUBL.
Emilio.
Miguel.
tiMlXlO.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
(Looo de contento y para b1 . )
Una peseta á esta linea ,
dos duros á este caballo^
ocho pesetas á nones
y otras ocho al encamado,
I Ya hallé la combinación!
Voy ahora mismo. . .
¡Despaciol
{Déjame, qne estoy de prisa!
También yo.— Pues es el caso. . .
(Deteniéndose al ver que bu hermano se ha entrado en el cuarto
de la derecha. Emilio sale y onira cuando el actor lo t'-iiga iH>r
conveniente y á la par ceta trocando el traje de ca&a por el do
calle.)
Pero hombre. ..
Signe, que te oigo.
Nó; ¡ven aquí!
I Qué pepado!
¡Si te oigo perfectamente!
Continúa, (i Soy un sabio!)
Pues bien; yo, por impedírmelo
un asunto reservado
que reclama mi presencia,
hoy no puedo acompañaros
á comer. ¿Me has entendido?
Sí, que te vas. ¡Bri bonazo! . . .
haz lo que gustes.
Es que . . .
¿Qué?
Si los dos nos marchamos
y las dejamos sólitas,
hoy que es dia señalado . . .
¿Señalado?. . . ¿Pues qué es hoy?. . .
¡Hombre, si es el cumpleaños
de tu mujer!
¿Eh?
10
Miguel.
Lo qne oyes.
Emilio.
I Toma! . . . ¡pues ya está explicado
su enojo conmigo!
Miguel.
iPi^es!
La manera de enmendarlo
es que ahora mismo, al momento,
hecho un borreguito manso,
vayas á su gabinete
y confieses tu pecado.
Emilio.
• I Eso es; y quedarme en casa
y no salir ahora! . . .
Miguel.
Es claro.
Emilio.
¡Pues es turbio!-
Miguel.
¡Bah! Después
que la pobre me ha rogado
con lágrimas en los ojos! . . .
Sobre tpdo . . -
Emilio.
¡Voto al chápiro I
Miguel.
¿Qué se diría de tí?
I Horror! ¡No quiero pensarlo!
I ün marido que abandona
asi á su objeto más caro
en un dia como el de hoy! ...
Emilio.
¡Miguel!. . .
Miguel.
¡Si tal! (Le he aplastado.)
Emilio.
Pero bien, ¡si tú te quedas! . . .
Miguel.
¿Quién, yo? ¡Me están esperando!
Tengo que ver al ministro
para un negocio. . .
(Pugnando ix)r marcharse. Emilio le dAtiene )
Emilio.
•
Eso es falso.
¿Qué negocio es ese?
Miguel.
Uno . . .
Emilio.
De faldas, eh?
Miguel.
¡ Calla ! (Todo asuBtado.)
Emilio.
Callo;
pero has de quedarte aquí.
Miguel.
Hoiuhre, si estás engañado.
Emilio.
¿Sí, eh? ¿Piensas que soy tonto?
¿piensas que no estoy al cabo?
¿que yo no sé bien tu vida
Miguel.
EImilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
11
y no B6 todos tus pasos?
¿Crees que á mi se me oculta
qne en la calle de los Ca&os?
(Muy Bobrwaltado y temiendo qoe le oigan.)
¡ Eso era antes!
Antes y ahora:
y sé hasta el nombre,
lMá6biÚ<)!...
Gomo tu mujer : Adela.
¿Qué pensaste, mentecato?
Yo soy tu hermano mayor
y tengo el deber sagrado
de velar. . .
¿Vas ahora á ecliarme
un sermón? ¿Y si yo canto?
¿ Y si yo digo que tú,
fingiendo estar ocupado
en cosas de abogacía,
pasas las horas jugando
á la ruleta y perdiendo
hasta el pelo?
Te «igafiaron.
¿Engañar? Estos no engañan.
¡ Si te he visto! | Uu abogado
(Se han cambiado Ioh papelee.)
joven, rico y de talento
perder su tiempo buscando
combinaciones! . . .
Y al fin
di con una.
iVisionarioI
Me han ganado mucho, ¡mucho!
i Oh! Pero he de recobrarlo,
¡y hoy mismo ! (Olsponiéndoee á t«alir.)
Bueno, tú vete;
yo también.
¡Alma de cántaro! . . .
Si yo gano, ¡tú no pierdes !
¿Transigimos?
I Transíamos I
¿Juegas á pares ó nones
'.Por 8WoJo«.)
Miguel.
Emilio.
MiGüBL.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
12
el que se queda?
Aceptado.
Si acierto te quedas tú.
Pide. (Sacando unas monedas del bolsillo.)
(¡El Espíritu Santo
me ilumine!) Pares, nones;
digo . . . (Queriendo decirlas dos cosas á la vez.)
lEa! ¿en qué quedamos?
Pues . . . pares.
Bien: está dicho.
A ver. — Nones, te he ganado.
(Contando las monedas )
¡Los nones! ¡Siempre los nones !
¡Adiós!
Pero escucha, hermano.
No hay tio pásame el rio.
Vuelvo. (Saliendo sin hacerle caso .)
¡Lucido he quedado!
ESCENA lY
EMILIO solo.
¿Y qué hago yo? Si me voy
provoco aquí mil cuestiones!
Pero ¿y mis combinaciones,
por qué no ensayarlas hoy?
¿Por qué hoy mismo no tocar
sus felices resultados?
(Cogiendo el papel ó cartera donde ha estado hp.ciendo números.)
Nada, los tengo amarrados;
no se pueden escapar
por ningún lado, ¡ninguno!
Yo nunca pierdo: ¡eso es!
Que son pares, gano tres,
que son nones, gano uno.
Mucho me tenéis allá ,
¡banqueros sin corazón! . . .
Pero esta combinación
de todos me vengará.
13
¡Cómo me voy á reir
al mirar vuestros semblantes 1
¡Eal marchemos cuanto antes.
¡Demonio!
(Al ver é, RU inuj r )
ESCENA V
Dicho. ANA.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Ehilio.
Ana.
Emilio.
¿Vas á palir?
Sí, ya estoy haciendo falta:
tengo que ver á un cliente
ahora mismo.
¡Justamente
ahora mismo! . . •
El tal Peralta
me tiene vuelto el sentido.
Conque ¡adiós!
¡Adiós!
¡Ah!
¿Qué?
(Ya me iba.) Perdóname,
hija, soy un aturdido.
Ya sé por qué antes de aquí
te fuiste tan enojada.
Esta memoria endiablada. . .
¡Hola! . . . ¿ya caíste?
Sí:
y te quiero yo vengar
de mi proceder injusto.
¿Qué usarías tú con gusto?
Nada.
(Como he de ganar
la compro cualquier prendido.)
Varaos, di; y cese tu encono.
Yo otra joya no ambiciono
que el amor de mi marido.
Ese seguro le tienes.
¿Seguro?
Sí, te lo jtlro.
i4
Aka. Pues si le tengo seguro,
ya no ambiciono más bienes.
Emilio. Como pmeba, sin embargo...
Ana. ¿Cómo prueba? En el momento
puedes darme una.
Emilio. Consiento.
Ana. ;No.te vayas!
Emilio. Hazte cargo
de que esperándome están;
que es mi presencia precisa..
Ana. Si, si.
Emilio. Mira, tengo prisa;
creo me dejarán
muy pronto; y si así no es,
id comiendo y no esperanne.
¡Adiós! (i Voy á desquitarme!
Que son pares; gano tres.)
(Sale apresuradamente y tropieza con Adeáa que viene por la
puerta del foro.)
ESCENA VI.
ANA.— ADKIiA.
Adela.
¡Ay!
Emilio.
¡Perdona!
Ana.
¡Hermana mi a!
(Llorando y arrojándose en brnzo$< de su hermana.}
Adela.
¿Vas á llorar? ¡Esta es buena!
Ana.
¡Si me está ahogando la pena!
Ni siquiera en este dia
se ha podido reprimir,
por más que se lo he rogado.
Ya lo has visto; ¡se ha marchado!
Adela.
¿A jugar?
Ana.
¿Dónde ha de ir?
8i ya no tiene otro oficio,
•
ni otra ilusión, ni otro sueño?
¡si hoy es tan sólo su empeño
ese malhadado vicio!
it
Adela.
Ana.
Adbla.
Ana.
Adela.
Ana.
i Afición torpe y maldita
que con él acabará I
¡Qué TÍda lleva y me da!
¡Dártela, nó: te la qnita!
Ya nada le hace sentir,
ya todo le importa nada,
y sn esposa desgraciada
tiene qne mirarle ir,
como nn ciego, al precipicio,
cansa de tantos tormentos;
¡y es que ya sus sentimiento!»
se los ha secado el tícío!
— Escúchame: el otro dia
entré en su cuarto, y estaba
todo que lástima daba:
él, en un sillón dormia,
¡ay hetmana! y como un hido.
Las sillas, la mitad rotas;
aquí el chaqué, allí las botan;
los papeles por el suelo,
medio cojo el velador,
un tintero en él volcado,
¡el sombrero apabullado!...
en fin, Adela, un ¡horror I
Le desperté^ abrió los ojos,
y al verle tan descompuesto
le dije:— pero, ¿qué es esto?
¿Quién ha estado aquí?— «Los rojos,»
— contestó lleno de ira,
quedándose en mí muy fijo.
¿Los rojos?
Sí, eso dijo»
¿Es que juega ó que conspira?
Yo no sé ni estoy segura
si ambas cosas le trapn ciego;
¡sólo sé que en este juego
he perdido mi ventura!
En fin, cuanto yo te diga
acerca de sn extravio
resulta pálido y frío;
10
y á tanto el juego le obliga,
que en números y barajas
cifra toda su ambición.
Adela. i Qué vergüenza I
Aká. El muy bribón,
hasta me ha empeñado alhajas.
Adela. Terrible es, hermana mía,
cuanto llevas referido:
pero... aquello tan sabido
«Cuentan de un sabio que un diaD.
viene de perilla aquí,
y calmar puede tu duelo:
si quieres hallar consuelo,
oye, y compárate á mí.
Tu esposo al vicio se entrega
y de su vicio es esclavo,
es muy cierto, pero al cabo
si un dia, que siempre llega,
viendo ya su error patente,
vuelve, pecador contrito,
y el beso de paz bendito
quiere estampar en tu frente,
podrás su halago aceptar
llena de amor, y segura
de que tu frente tan pura
sus labios no han de manchar.
Que aunque t- naz y ambicioso,
no es á tu cariño infiel.
Pero, hija mia, ¿y Miguel?
¿y mi carísimo esposo?
Ese á la fea y la hermosa
siempre se halla persiguiendo,
y á todas ellas vendiendo
amor que roba á su esposa.
El á todas las iguala,
pues lo mismo hace la corte
á la dama de alto porte
que á la humilde mcuestralíl*
i Y así se pasa las horas
y los meses pasa asi!
17
Aka.
Adela
Asa.
Adela.
Ana.
Adela.
Ana.
Adela.
Ana.
Adela.
iOh!
La otra noche le vi
dando el brazo á do?... 8etiora9.
¿Piensas que se avergonzó
al Terse de mi delante?
¡Nadal signió tan campante;
y al interrogarle yo
cuando á casa hubo venido,
me contestó el bribonazo
que las llevaba del brazo
porque se habian perdido.
¡Perderse!...
Sí tal. ¿Te olvidas
del sugeto que es Miguel?
¡Quién duda que al ir con él
estaban ya bien perdidas!
Pero bien, ¿y tú qué has hecho
para que ese Belcebi'i
se enmiende?
Pues lo que tih
ahogar el llanto en mi pecho.
¡Qué pruebas de amor! ¡Qué pruebas!
¿Habrá en el mundo otras dos
más desgraciadas? ;Ay Dios!
No te aflijas ni conmuevan;
nada de llantos, no tal;
muestra tus ojos serenos:
¿será que yo sufra menos
siendo más grande mi mal?
Ríe y halla por los codos,
qne es lo que debes hacer:
el llanto de la mujer
se traduce de mil moJos;
y no son lágrimas, nó,
lo que aquí necesitamos,
f 8 menester que algo hagamos,
Bif n, ¿y qué hacer?
¿Que se yo?
s
18
ESCENA VII
Dichos. DOROTEA.
DOBOTEA.
Señorita, un caballero
espera y pide permiso
para entrar.
Ana.
¿No lo conoces?
Dorotea.
Nó; yo aquí nunca le he visto.
Ana.
Bueno, pues dile que vuelva,
porque no está el señorito.
Dorotea.
Pregunta por la señora,
Ana.
¿Por mi? ¿Quién será?
Adela.
No atino...
Ana.
Sea quien quiera, no estoy
ahora para cumplidos.
Dorotea.
Bien.
Adela.
Dorotea, que pase.
Verás cómo descubrimos
algo que no sea bueno;
y si me engaño en mis j uicios.
con despacharle en seguida
es asunto concluido.
(\^áse Dorotea.)
ESCENA VIII
Diclias. TORCUATO. (1)
Torcüato.
Adela.
Torcüato.
Adela.
Si ustedes dan su licencia.,.
¡Adelante!
(¡Qué prodigios
de belleza!... Pero ¡tate!
¿á cuál de ellas me dirijo?
¿cuál será la que yo busco?)
Usted dirá...
(Desde la puerta.)
(1) Esto personaje debe representar'iin tipo extremadamente nervioso, y efecto
de ello son los gestos y guiños de que se haeo mención en el diálogo. Al buen talen-
to del actor queda confiado la oix)rtunidad de las rofcridas contracciones, i>ro-
curando que el carácter no resulte recargado.
Í9
ToRCÜATO.
Adela
ToRCÜATO.
Adela.
torcuato.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCUATO.
Adela. -
ToRCÜATO.
Ana.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
Torcüato.
Ana.
TorcüaTo.
Adela.
Torcüato.
Paes j'o digo...
(Esta debe ser...)
Bepamos...
(; Ay qué jestos y qné guiños!)
(¡Caramba, ya estoy nervioso!)
Soy Torcüato Riotinto
y Ríoclaro.
Está usted
fresco con sus apellidos.
Qué quiere usted, mis abuelos
tuvieron ese capriebo...
¿Y bien?
Soy el encargado...
más claro; yo soy el íntimo
de las señoras de Grande.
¿De Grande?
Un señor muy chico
que se apellidaba asi.
¡Ah, vamos!...
Contrasentidos
de este mundo. (¡Es de primera!)
(Esto no es hombre, es un mico.)
(Qué aspecto tiene esta viuda
tan francote y expansivo.)
Pues bien, como usté ya sabe,
la otra noche en el tresillo
que ustedes jugaron...
¿Eh?
Perdió usted, y me lo explico,
porque . . .
Caballero, usté
se engaña.
(Caracolitos!)
Pero ¿qué dice este hombre?
(Qué apostamos que erré el tiro!
pero como no está sola. . .)
Hable usted claro, y repito. . .
Nó, nada; me he equivocado:
soy bastante distraido
(Haciendo gestog.x
20
Ana.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCÜATO^
Adela.
ToRCÜATO.
¡Me gusta! '
Mil perdones. . .
(De primera, de primí8*<iiiio!)
Ya usted sabe demasiado . . .
pero como soy muy listo
comprendo su situación.
Pero si es que. . .
Sí, entendido.
Ya vendré otro cualquier dia
á recoger ese pico:
no corre prisa ninguna. . .
¿A qué hora?
I Señor mió!. . .
Estoy á los pies de ustedes.
(Vise )
ESCENA IX
ADELA , ANA y después DOROTEA.
Adela.
Ana.
Adela.
Dorotea.
Ana.
Adela.
¡Toma! ... y se va sin decirnos. . .
Pues quedamos enteradas:
y lo que es esto no es lio
de los otros.
¿Lo estás viendo? . . .
Mejor nos hubiera sido
no recibirle.
Es un necio. (Mirando por el balcón )
¡Calla! mi eaposo amantÍ8Í7no,
¿(!ómo volverá tan pronto?
Algún percance imprevisto
le hará venir. — ¡Dorotea! (Llamando.)
(La doncella se presenta onsoguida )
Si vienen los señoritos
y preguntan por nosotros,
dice usted que hemos saliJo.
Muy bien. (Váse.)
¿Piensas que salgamos?
Xó, sígneme; aunque rs un vicio
muy feo, voy á espiar
á Miguel, porque imagino
Ana.
Adela.
Ana.
Apela.
21
que hoj' va á ser dia de prueba. .
¿Quién gabc?
Ya va á servirnos
la puerta que hemos mandado
abrir con el fin sencillo
de Comunicarnos todos
hin que nos sea preciso
el salir á la escalera;
V como nuestros maridos
aún no saben nada de esto,
gracias á lo repulsivo
que á los do» les es su hogar. . .
Pero . . .
Haz lo que te digo:
pasemos ahora á mi casa,
y defines yo . . . con sigilo . . . (Váttse por la derecha.)
ESCENA X
MIGUEL. DOROTEA
Miguel.
Dorotea.
Miguel.
Dorotea.
Miguel.
¿Y no está en casa mi hermano?
Nó, señor.
(Habrá bandido!...
no ha podido contenerse.)
¿Y la señora?
Lo mi«mo:
s«li > con la scñorit^i
Adela.
(¿Dónde habrán ido;
en un dia como el de hoy
y sin nada habernos dicho?
En fin . . .) Puede usted marcharse.
ESCENA XI
MIGUEL. Después ADELA.
Miguel.
Pues, señor, ¡estoy lucido!
Salgo de casa llevando
07
Adela.
Miguel.
cien duros en el bolsillo,
espero á que baje Adela,
baja; j pian, pÍQuino
nos lleva uu simón de plaza •
al restaurant del Retiro.
Empezamos á comer,
y al trinchar un solomillo
la digo viendo su mano;
«Ay que manojo tan lindo
de azucenasl — ¡Lisonjero!
i Adulador! . . . — ¡Nó, mi hechizo!
I Y qué garganta! — ¿Te gusta?
i Oh! qué medallón he visto
tan precioso el otro día . . .
—¿Dónde?— ¡Cállate, aturdido!
¿A que piensas regalármelo? .
— Pues claro está.— No lo admito.
— Dime dónde. Te lo ruego.
— ¡ Ay, Jesús! — ¡Te lo suplico! . . .
— ¿Ha sido en casa de Marzo? —
— Sí. — Y apenas citó el sitio,
me planto en la joyería
en menos que ahora lo digo.
Veo el medallón; me piden
dos mil reales; no replico
y los pago á toca teja :
pero .¡ay Dios ! en el camino
me acuerdo de que la fonda
me va á costar un sentido,
y no me ha quedado un céntimo.
Vengo aquí á buscar á Emilio
y se ha marchado á la timba.
¿Qué hacer? ¿A quién me dirijo?
(Que ha entrado de puntillas por la derecha.)
¿Qué le pasa que habla solo?
(Y es un regalo bonito.
(Se ha sentado en una butaca y está mirando el medallón.)
¡Ya lo creo! esmalte negro ,
con su inicial y un cintillo
de brillantes.)
2:;
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel,
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
]\[lGUEL.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
^
y
(I Hola, hola!
(Mirando por encima do Miguel y sin ser viüta do este.)
¿Será para esa?...)
( i No VÍ70 ! . . . ) (Impaciento.)
(Como asaltada por una idea y arrobatando el modallon á
Miguel.)
Mnclias gracias.
¿Eh? (iDios santo!)
¡Qué elegante y qué sencillo! . . -
Y con mi inicial y todo! . . .
(Sumamente contrariado y procurando quitár¡jcle.)
Si , pero mira . . .
I Qué lindo!
I Ay, Miguel! ... ;tú no comprendes
todo el placer que recibo
al recibir de tu mano
esta prueba de cariño! 'i^
(¡Yo sudo!)
Esta es la primera
desde que al altar subimos. *
¡Gracias, Miguel de mi alma!
¡Gracias mil, te lo repito! (^uciía ironía.)
¡Nó, no hay de qué! . . .
¡ Con qué orgullo
le ostentaré, suspendido
de mi cuello, como prueba
del amor constante y fino
que me profesa mi esposo! . . .
(¿Y" ahora cómo se le quito?)
Bien, sí; dame acá.
(¡Te veo!)
Trae.
Déjamele; imagino
lo que me vas á pedir:
que me lo ponga ahora mismo.
Pues bien , te daré ese gusto, (intentando ponérsele.)
(i Ya escampa!) ¡Nó, nó, trae !
¡Niño!
Lo que se da no se quita. (Con cierta coquetería.)
Si, no niego ese principio;
V
24
pero yo no te le he dado.
Adela.
¿Nó?
Miguel.
Me le has quitado.
Adela.
(Inicuo!)
¿No es para mí?
Miguel.
Nó, señora.
Adela.
Bien; de ese modo. . .
(Alafgándole aunque sin intención de soltarle.)
Miguel,
(Respiro!)
{X\ ir A cogerlo . )
Adela.
Antes di para quién es.
(lio tirándolo.)
Miguel.
Para . . .
Adela.
(Ya no hay duda.) Dilo.
I Ah! ¡Ya! Nó, no me lo digas.
•
(Me he de divertir contigo.)
•
Es para mi hermana.
Miguel.
(Atiza!)
Adela.
Como hoy es su dia. . . i Picaro! . . .
I qué callado lo tuviste!
Miguel.
Mujer... (¡Estoy divertido!)
Adela.
Mira, pues te le agradezco
mucho más.
Miguel.
¿Sí, eh?
Adela.
¡Muchísimo!
La tiene en tal abandono
el bribón de su marido.
que... ¡voy corriendo á llevársele! (Di>i)oniéndose á «ai ir ^
Miguel.
¡Nó, nó!
0
Adela.
¡ Ay, hombre. . . qué gritos! .
t •
Miguel.
Si es que no me pertenece
esa joya.
Adela.
¿Nó?¿E8de Emilio?
Miguel.
Si.
Adela.
¡Pues mejor que mejor! ....
Miguel.
Nó. . . sí. . . (¡Soy un beduino!)
Dámele y te explicaré. . .
Adela.
iCá! (¡Qué torpe es el delito!)
Voy á darla el alegrón.
Miguel.
Pero...
Adela.
(Toma regalitos!)
(Escapándose por la segunda izquierda.)
ESCENA XII
MIGUEL solo.
I Adela!— iQiie se le lleva!
— ¡Oye? —¡Que so le llevó!
Y me está bien empleado;
lo merezco, sí señor!
¿Quién me manda á mi sacarle
aquí, en esta habitación,
y estarme hecho un papanatas
contemplándole! . . . iGran Dios!
y la otra estará esperando. . .
Si tuviera un chiripon
Emilio.-— El cielo te enviii,
(Al ver entrar á bu hermano que ^icne muy alicaído
ESCENA XIII
Dicho. EMILIO.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel,
Emilio.
I Di el infierno, y es mejor!
¡Dios mió! ... ¡le han desplumado!
Ya sí que no hay salvación.
(Pausa corta durante la cual los dos so hau scutado cuu cierto
abatimiento.)
Pero ¿lo has perdido trd j?
Todo, ¡menos el honor!
¡Veintitrés negros seguidos!
¿Veintitrés?
O veintidós.
¡EsD es casi una partida
de insurrectos!
¡Maldición!
¿No era tu juego infalible?
Lo sostengo, ;sí, señor!
Entonces ¿cómo has perdido?
¿Cómo? Se me concluyó
el dinero antes de tiempo
26
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio,
Miguel.
Emilio*
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
porque estaba en un error.
Yo creí que el diez y ocho
era pasa,
¡Y resultó
higo!
i Mira, no te burles! ...
Pues tengo bonito humor! . . .
i Burlarme! ¡Si tú supieras
en qué compromiso estoy! . . .
Nó, no quiero saber nada! ( pausa.)
I Ah ! (Al ver el secretai re.)
¿Qué es ello?
¿Y por qué no?
(ContefctáHdoEc á tí niitmo.
Mira, en aquel secretaire
que está junto á aquel balcón,
(Se supone que dicho mueble está en la habitación de la de.
derecha.) «
tiene mi mujer el gato;
por suerte aún no la ocurrió
quitar la llave . . .
Comprendo.
I Vas á ser tú el tomador
de lo tuyo!
Nó, al contrario ;
vas á serlo tú.
¿Quién, yo?
Sí tal.
¡Y cómo me arreglo
estando ahí mismo las dos!
Yo me las traeré á esta sala,
y con cualquier relación
procuraré distraerlas:
tú mientras . . .
Di, ¿no es mejor
que te las lleves más lejos?
¡Nada de eso!
;.Por qué nó?
Porque Anita está escamada,
y si advierte la intención
MiOUEL.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
27
lo echamos todo á perder.
El negocio es tentador:
pero , la verdad ... ni Caco . . .
I Eh! ¡no tengas aprensión! . • •
sal airoso de tu empresa,
que aquí queda el editor
responsable.
Mas. . .
[(¿ue vienen! . .
aprovecha la ocasión.
ESCENA ULTIMA
Dichos. ANA y ADELA.
Ana.
Adela.'
Emilio.
Ana.
Emilio.
Miguel.
Ana.
Emilio.
Adela.
No esperaba tal sorpresji. (May ooEtenta á su hermana.)
Pues tu esposo le ha traído.
Vamos, ¿ves cómo he venido,
tontuela mia?. • . Confiesa
que antes, al verme marchar ^
sin hacer caso de tí,
me echaste una fama . . .
8í.
¿Por qué te lo he de ocultar?
(Durante esta escena Emilio no cesa de dirigir miradas á su her-
mano, indicándole que pase ¿ la habitación del secretairc. Mi-
guel procura obedecerlo, pero lo detienen las miradaf* de Adela,
que muy recelosa procura adivinar algo en los semblantes do
los hermanos, hasta que el diálogo lo indique. El autor deja al
buen juicio do los actores la repetición de esto juego.)
( ¡ Jem ! ) (A su hermano .)
(¡Ya voy!) (id.)
Y no te extrañes
si CHta vez fui mal pensada.
¡ Estoy tan acostumbrada
hace tiempo á que me engañes!
¿Quién, yo? ¿engañarte tu esposo ?
Desecha juicios tan vanos.
(¿Qué traerán ahora entre manos. . -
porque en su acento meloso
se ve clara su falsía.)
28
Pues 6Í, querido. . . pariente, (irónica á Emilio.)
tienes un gusto excelente,
y á esta se lo decía
viendo el rico medallón
' con que hoy la has obsequiado.
Emilio.
¿Eh? ¿que yo la he regalado? (Muy sorprendido.)
Miguel.
(Chit, que me pierdes!)
Ana.
Acción
que está grabada en mi pecho,
y estará por siempre.
Emilio.
¡Amen!
Ana.
Tú no sabes todo el bien
que en este dia me has hecho.
Emilio.
(Pero oye . . . ) (a Acieía.)
Adela.
i Es joya muy rica! (Desentendiéndose.)
Ana.
Para mí de gran valor,
porque la estima mi amor. . .
Adela.
Justo, en lo que significa.
Emilio.
¿Pues qué te habias creido ?
#
(Procurando sacar partido de la situación.)
Miguel.
f ¡Aquí yo soy el que pierdo!)
Emilio.
¿Que hoy no tendría un recuerdo
para tí tu íiel marido?
Adela.
(¡Bribón!)
Emilio.
No te ocultaré ,
francamente, que ignoraba
hasta en el dia que estaba ;
pero apenas me enteré,
salí de aquí por la posta
y fui á casa del joyero.
Miguel.
(¡Qué cinismo!)
Adela.
(¡Habrá embustero !)
Miguel.
(¡Cómo se luce á mi costa!)
Emilio.
Así, pues, cese el enojo
que nublaba tu semblante,
y . . . (¿Qué hace ese tunante?)
Miguel.
(Nada, no me quita ojo
mi mujer!)
Adela.
Yo si que espero
tener un recuerdo igual
'>9
en mi dia.
Ana. Es natural.
Adela. ¡Vaya! Este es mny caballero
y me quiere. . .
Emilio. Con locura;
y yo á su defensa acudo.
Adela. Si lo sé; si no lo dudo ,
¡hombre, si estoy muy segural
Emilio, Adela, eres inclemente
y muy injusta : ¡óyeme 1
Más cerca. ¿Sabéis por qué
(ProcuraDdo atraerla é interef>arla en lo que dice.)
se muestra algo indiferente .
Miguel? •
Adela. ¿Tiene celos?
Emilio. Sí;
¡y unos celos horrorosos!
Ana. ¿De quién?
Emilio. Hija, los celosos
de todo dudan.
Adela. ¿Y á tí
te lo ha dicho?
Emilio. Sí, señora.
Yo trato de disuadirle,
pero... ¡Da lastima oírle!
Ana. ¡Pobre!
Emilio. Hay reces que llora,
y si asi sigue fe muere.
Adela. Pero bien, ¿por qué está así?
Emilio. Porque... atiende, ven aquí,
que no quiero que se entere.
(Emilio procura esti-cchar máa el gi'upo. Adela oye lo qne eite
dice íJon curiosidad, pero sin creer en e lo. )
La marquesa de la Encina
dio un thé, — trillante por cierto,—
porque á su sobrino Alberto
le hicieron guardia marina.
Los dos fuimos invitados;
pero... Miguel...
Miguel. (¡Cómo suda!)
30
Emilio.
Como él os así... ó sin duda
por RUS múltiples cuidados,
pe olvidó del dicho thé.
Yo iba solo,— aunque era un feo,—
cuando ya en la puerta, veo
á tu es esposo.
Adbla.
Bien: ¿y qué?
Emilio.
Sube conmigo, le dije.
— No puedo,— contestó al punto;—
me importa más un asunto
que ahora mi presencia exige.
Ni vengo vestido yo
como la etiqueta manda...
—¿Y eso qué? ¡Anda, hombre, anda!
¡Entra!
(Muy impaciento y procuramlo que ku lií.»rmaiio le entienda/)
Adbla.
¿Y él?...
Emilio.
; Por fin entró! {X tiempo que el otro pasa.)
Subimos, y en el thé aquel
perdió Miguel su alegría,
pues todo el mundo decia
al verle:— ¡Pobre Miguel!
Adela.
¿Y eso le tiene aburrido?
Emilio.
\ a ves que aunque calma sobre...
Ana.
Cierto.
Emilio
La palabra «pobre»,
tratándose de un marido...
Adela.
Bien, yo curarle prometo;
y eso que su enfermedad
es ya crónica. (Mucha intención.)
Emilio.
. (Verdad.)
Miguel.
(Que ha salido de la habitación y al oido do Emilio:)
(Conseguimos nuestro objeto.)
Emilio.
Pues vamonos. (Sin iwdcr.^o contener )
Ana.
¡Cómo! ¿os vais?
Adela»
(¡No digo!)
Emilio.
Sí; mas descuida,
que volvemos en seguida:
entre tanto os arregláis
y»«.
2Í
Adbla.
(¿Dónde irán estos dos?)
Ana.
Quien te espere que se aguarde.
(Muy couti'AríaUa y en touo do súplica.)
MlGUBL.
¡Que es tardtí, Emilio, que es tarde!
Adela.
No le niegues. (a Ana.)
Emilio.
Vamonos.
Adela.
¡Vete! y tú también: ¿qué tardas?
si ese es el plan combinado.
Emilio.
Adela,- esto es demasiado.
MlUEL.
Pero sigúeme; ¿qué aguardas?
Adela.
¡Sí, que esperan!
Ana.
Oj^e; oid...
Emilio.
Mire usted que suponer... .
(Fingiendo mncha indignación y alejándose Kin hacer easo á lu
esposa.)
Adela.
¡ Ah! i Abierto el secretante!
(Entra precipitadamente en la habitación.)
Km i LIO.
(¡Bravísimo! ¡eres un Cid!)
Miguel.
(\ o compro otro medallón.)
Emilio.
(¡Me traigo hasta los tapetea!)
(Vanee i)or el foro del brazo y locos de al<»gria.)
Adela.
(Saliendo mny indignada.)
¿No tenias dos billetes
guardados en tu cajón?
Ana.
De cuatro mil reales, sí.
Adela.
¡Pues se llevan uno!
Ana.
(Corriendo á la puerta para llamarles.)
I Infames!
Adela.
Kó, ven aquí, no les llames.
Ana.
¡Oh!
Adela.
Nada de eso.
Ana.
¡Ay de mí!
Adela.
No llores ni hagas extremos.
Ana.
¡Infiel!
Adela.
Nada de afligirse.
¿Ellos van á diveitirse?
¡Todos nos divertiremos!
t'IK DEL tRlMER ACÍO.
^M^^ki
ACTO SEGUNDO.
Gabinete. Balcón al foro. Secretaire ¿ la izquierda del balcón. Tres puertas
laterales. Una á la derocha 3' (I08 ü la izquierda. Chimenea.
ESCENA PRIMERA.
EMILIO y MIOUEL.
Emilio.
Ha sido por un azar,
porque mi plan es muy cierto.
Me encontré en la calle á uñ tuerio,
¿cómo habia de ganar?
Luego, cuando allí llegué,
al sentarme en mi sillón
ipaf! me veo á don Simón;
y es natural, me azaré.
Ya yes que todo usurero
tiene mala sombra.
Miguel.
Sí.
Emilio. .
No miento: apenas le vi
me echaron el primer cero.
Miguel.
¿Qué hay que esperar de un judío?
Emilio.
¿Y sabes con qué entremés
vino? Pues los pagarés
que se cumplen lioy.
Miguel.
. ¡Dios mió!
Emilio.
Y que si no le pagamos
nos lleva á los tribunales.
áá
MiauBL..
i No es nada, yeinte mil reales
en la sitnacíon que estamos!
Smilio.
Yo, porque eo paz me dejara
7 de mi lado se fuera,
^
le dige que se TÍniera
por aquí.
MieuBL.
¿Qaién nos ampara?
Emilio.
Yo.
MlOUSL.
¿Tú?
Emilio.
Yo mismo: si tal.
Dame veinticiDCO duros
y acaban estos apuros.
Miguel.
¡Hombre, si no tengo un real !
Emilio.
¿Quenó?
Miguel.
¿Yo qué he de tener?
Emilio.
; Bribón! ¿En.qué has invertido
lo que te ha pertenecido? .
¡Dos mil realazosi
Miguel.
¡A ver!
Medallón, fonda...
Emilio.
¡Bah! ¡bah!
¡Eres un derrochador!.
Miguel.
¿ Hubiese sido mejor
que tú lo perdieras?
Emilio.
¡Ca!
Si vieras cuan se admiraban
al ver mi juego infalible ^
los banqueros...
Miguel.
¿Es posible?
Emilio.
¡Te digo que tiritaban!
Claro, soy su perdición,*
su eonstante pesadilla:
pero yo, teme en mi silla,
les trato sin compasión.
Miguel.
Sí, ya lo he visto.
Emilio.
Nó; atiende.
Miguel.
(i Está loco!)
Emilio.
Yo ya sé
que he perdido iimcho.
Miguel.
¿Y qué?
3
Emilio.
Miguel.
ErifiLio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
34
Chico, perdiendo se aprende.
¡Pues eso es lo que yo digol
Ea fin, hoy hay que minar
el mundo, para callar
á ese feroz enemigo.
¡A don Simón!
¡Claro ee.!
¡ Oh dicha! (Fijándose en el secretaire)
¡Nó! Está cerrado.
¿Y tu mujer?
Se ha marchado
con la tuya.
¡Hola! ¡Y van tres!
¿Vas á dudar de tu esposa?
¡Hombre, nunca falta un bu!
¿Si será ella com<!> tú? .
¡ Es que yo soy otra cosa!
Vaya, tú eres un pedazo
de tonto, que por andar
así, te vas á ganar
el mejor día un trancazo,
si das con uno de genio...
¡Soy muy prudente!
¡Bobada!
Di, la de ahora ¿no es casada?
Sí, ¡pero tiene un ingenio!...
¡Oh!
Y un marido celoso
que de su poder abu?a.
¡Ya!
La tiene cual reclusa.
Pero, chico, lo chistoso
es que, á pesar del rigor
con que guardarla ha querido,
hasta hoy solo ha conseguido
ser él nuestro...
¡Horror! ¡Horror!
Y ella ha inventado ese ardid...
¿Bí?...
¡Si es lo más ingeniosa!...
35
1
Verás, oye: es muy g^sa,
¡macho!
Emilio.
¿Hija de Madrid?
MiOUEL.
Nó, señor, et de Almadia.
-
Su esposo, que es de los lelos.
la compra anos caramelos
de cierta confitería
donde yo conenrro mocho,
casi cuotidianamente.
¿Me entiendes?
Emilio.
Perfectamente.
MlGUBL.
Como el hombre es poco ducho,
no se le ocurre pensar
que entre aquellos papelítos. . .
Emilio.
¡ PuesI vaú algunos escritos
•
en cifra, para evitar...
Miguel.
¡Sí! sí. Pues ¿y la manera
' (Oekbrándofle la grada.
que tiene de contestarme?
Emilio.
Pero, hombre, ¿Tas á contarme?...
Miguel.
¡Si eso enamora á cualquiera!
¡Si es lo más lista!...
Emilio.
¡Lo creo!
Mas...
Miguel.
¡Es para que te rías!
A las tres, todos los días
recibo yo mi correo.
y ¡asómbrate!
Emilio.
¡Ya me asombro!
Miguel.
Me lo entrega en propias manos
uno de esos italianos
que con la mdsica al hombro
se ganan por ahí la vida
tocando un mal organillo.
Emilio.
Pero ¿cómo?
Miguel.
Es muy sendllo.
A la hora convenida
se planta bajo el balcón.
mi hombre: sueña una tocata.
que suele ser La Traviata,
56
y ella, con gran precaución...
Emilio.
¿La Traviata?
Miguel.
iNó: no tal!
Adela, que ese es su nombre.
se asoma: ve si es nuestro houibre,
y en perros le arroja un rteal
bien envuelto en un papel.
Emilio.
Papel que estás tú esperando.
(Miguel hace signos aflrmatiTOi )
¡Lo que se ya adelantando^
en ciertas cosas, Miguel!
Miguel.
¿Qué quieres?
Emilio.
La gran cuestión
es ver ahora de pagar...
Miguel.
Yo me tengo que marchar...
Emilio.
Huyendo de don Simón,
¿no es cierto?
Miguel.
(iPues claro es!)
Nó: Toy á ver si realizo
un empréstito al Suizo..
donde me espera Valdés.
Emilio.
¿Eso es verdad?
Miguel.
I No que nó!
Emilio.
Oye...
Miguel.
Si me da dinero.
pagamos al usurero,
¡y á vivir! (^rase.)
Emilio.
iEh!... Se largó.
ESCENA II.
EMILIO.
¡Pues lo que es yo no me aguardo!
Pero... ¡si soy un gallina!
Una vez que el campo es mío
y ahora no hay quien me lo impida,
¿por qué no probar á abrir?
Al momento. — En su mesilla
creo que tiene unas llaves...
(Vaie, primera puerta izquierda )
87
ESCENA III,
ADELA 7 ANA que salen por la aegunda paerta izquierda muy quMito.
Adela.
Ana.
A OBLA.
Ana.
Adela.
Ana.
A déla.
Ana.
Adela.
Ana.
Adela.
¡Giste! iLapuertecita
Ya á servinioB de mnehol
¡Ohl
iDíoB mío! iCaánta perfidia!
¿Conqae mi señor marido
lecibe todos los dias
un papel de uaa manera
tan ingeniosa y artística?
¡ Yo le daré caramelos,
y Traviatas y cartitas!
¿Te sabes bien la lección?
Saberla, sí; pero mira
que yo uo voy Á poder
fingir bien.
¡Qué tontería!
¡Y nos exponemos mucho
en este juego!
Pues, hija,
¿és poco lo que toamos?
¿Y si perdemos?
¿Te olvidas
de que hasta hoy han sido inútiles
las lágrimas^ las sonrisas,
las súplicas, los desdenes,
y en fin, hasta las caricias?
¡Pues vamos á ver sí, hiriéndoles
del corazón otras fibras,
toman luego al buen camino
ese par de almas perdidasl
¡ Ah! ¿Dónde has puesto la llave
del secretmre?
Aquí encima,
en este joyero
Nó:
Ana.
Adela.
Ana.
Adela.
38
ponía a^uí más á la vista.
(Adela. la pone sobra el mueble en que esté el Joyero.)
Guando vuelvan á la carga,
que estoy de ello segurísima,
verán qué buenos billetes
se encuentran.
i No estoy tranquila!
i Calla, que vuelve tu ospoao!
Pero...
I Ven^ no seas niüa! " (Vanse por la derecha. )
ESCENA IV.
EMILIO: después A^A.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
(Sin verla.)
(Al ver á Ana.)
Por poco eneueako las llaves.
A ver si alguna.,. Esta es chica.
(Probando las llaves que trae en su llavero.)
(i Adela no me engasaba!
¡Dios mió, qué villanía!)
Ninguna ajusfa.
(Si eséoy
por confundirle!...)
¡Por vida!...
Quizá con unas tijeras...
Voy á... (¡María Santísima!)
¿Te causa ya miedo el verme?
Nó... es... qué... como creia...
que. . . babias salido. . .
lYal
Y no oí la campanilla
ni...
¿Me esperabas?
¡Es claro!
(¿Me habrá visto?)
¿Qué decias?
Nó, nada. (Señor, ¿hay duerides
en esta casa maldittt?)
¿Supongo que pensarás
salir?...
39
Emilio.
Nó: ahora no teaia»..
Ana.
¡Gracias á Dios qiiQ una vez
se te puede hablar sin prisa!
Emilio.
¿Pues de qaé quieres hablarme?
Ana.
De algo que el sueflo te quita.
Emilio.
¿Y qué es ello?
Ana.
No te enfades;
y perdona si, atreyida,
pretendo darte un consejo,
más que de esposa, de amiga.
No juegues más á docenas,
ni á los cuadros^ ni á las lineas.
E MILIO.
lAnita!
Ana.
No seas tonto
y juega á la repetida.
(£1 asombro de Smilio debe ser creciente.)
¿Que salen pares? A pares
hasta que quiebren. ¿Que tiran
nones? Pues te Tas á nones
sin vacilar.
4
Emilio.
iPero chica!...
(¡Dios mió, qué estoy oyendo!)
Ana.
La jugada es muy sencilla.
lAh! No juegues martin-galas
(Medio mutís.)
porque son una engañifa:
para uno que sale bien...
Emilio.
íYo estoy en Babia!
Ana.
¡Medita
mi consejo, y buena suerte!
•
(¡Cumplí mejor que creial)
ESCENA V.
EMILIO.
¿Pero oye?... ¡Yo estoy sonando!
¿Esto es verdad ó. mentira?
¿Quién I9. ha enseñado e^ps térniinos
ruletescos, que se estilan
Bolamente en ciertos eirculos?,..
40
cNo jae2;iiee cuadros ni lineas.»
¿Sí tendrá razón? ¿(jaé es esto?
(Reparando en la liare que ha dejado Ana..>
¡La llave de ahí! [Oh dicha!
¡Se la ha dejado olvidada!
¡A ver antes si me expían!...
(Mirando por la puerta que se ha marchado su mujor.)
¡No está, no está! ¡El mando es mió!
Cometo una acción indigna;
¡pero el caso es explotar
sin perder tiempo la mina !
(Se dirige al secretatre, le abre y comienza i it^gistrar los ssl>
Iones.)
A ver... Aquí nó... Tampoco
en este. Guantes, horquillas...
¡ Domonio! Si no hay un céntimo,
á lo menos á la vista!...
¿Calle? ¿Qué esto que asoma
dehajo de esta tablilla?...
¡Un papel! ¡Nó, que son dos!
¡Una carta con la firma
de Adela! ¿Cómo? — «A las siete»...
¿Qué es esto? ¡Ah, fementida!
¿A ver? ¡Y una papeleta
de empeño! Y que esta no es mia
estoy cierto. — «Medallón
con esmalte y piedras ñnas.»
¡ Será el medallón que.. . ¡ An a !
¡Adela! ¡Qué significa!.*.
ESCENA VI
Dicho. TORCUATO.
torcüato.
Emilio,
tobcuato.
Emilio.
torguáto.
Caballero...
¡ Eh! (Sorprendido y muy incomodado.)
Servidor...
Muy señor mío. ¿Podría
saber?...
¿A lo que venia?
41
Emilio. Si; si me hace usté el favor...
(Que contraste U dulBura de Tormato con el carActer agrio y
fuerte de Emilio.)
ToKCüATO. (¡Dios mío! Este ¿qniéu será?
Según dijo doña Inés,
era viuda.)]
£milio. (¿Qué entremés?...)
ToRCüATo. ¿La señora no estará?
Emilio. iCómo!
ToRCüATo. (¿Será algún amante?)
Emilio. ¿Buscaba usté á la señora?
ToRCüATO. Justamente,
Emilio. Pues ahora
no se halla aquí*, mas, no obstante,
yo...
ToRCüATO. Nó, no tal: es distinto .
Emilio. ¿Cómo distinto?
ToRCüATo. ( í Me escamo ! )
Emilio. ¿Quién es usted?
ToRCUATo. Yo me llamo
don Torcuato Riotinto.
Emilio. ¿Y qué?
Torcuato. (Mala cara tiene;
mas si paga...)
Emilio. Sin pretextos;
¿quiere usted no hacer más gebtos
y decir á lo que viene ?
Torcuato. Pues yo... La señora sabe
quién soy. Antes vine...
Emilio. (¡Hola!)
Torcuato. Mas como no estaba sola...
Emilio. (¡Caracoles, esto es grave!)
¿Y ha de ser sola también .
como usted pretende verla? (Procurando dominarse.)
Torcuato. Yo por no comprometerla...
Eimilio. Es claro, hace usted muy bien.
(¡A este le rompo el bautismo!)
Torcuato. La cosa no es casi nada,
y ya estará acostumbrada,
porque otras veces lo mismo
42
le ha solido acontecer.
Amigo, el jnego es asi:
hoy á tí, mañana á mí...
Emilio. ¿Cómo?
ToRCüATO. La tocó perder
en la última reunión.
Emilio. (¿Qué dioe?)
ToRCüATo. La suerte es loca;
tuvo que jugar de hoca,
«Azares del juego son.»
Emilio. ¿De qué juego?
ToRcuATo. (¡Este me pega!) ■
Emilio. ¡Hable usted pronto! (Muy incomodado,)
ToRCüATo. (¡Aydemí!)
Emilio. Porque sepa usted que aquí
¡yo solo soy el que juega!
ToRCüATo. Y la seno...
Emilio. i No es verdad ! (Sin dejarle terminar la frase.)
¡Eso es falso!
ToRcuATO. ¿Cómo? ¿qué?
Emilio. (¿Jugar Ana?) ¡ Salga usté
ó hago una barbaridad!
ToRCüATO. Lo pide de tal manera...
(8eñor ¿dónde me metí?) (Medio múüs.)
Emilio. (¡ Ah! qué idea! ¡Es mejor, sí!)
Oiga usted: ¡soy una fiera!
(Trayéndole al proscenio cogido por las solapas de la levita.)
ToRCüATo. Lo creo.
Emilio. Gran tirador
de sable y pistola.
ToRCüATo. (¡Atiísa!)
Emilio. Escoja usté: una paliza
ú obedecer.
ToROüATO. (¡Pues, señor,
la elección no es muy dudosa!)
Bien: ¿qué q^uiere usté de mí?
Emilio. Poca cosa. Entre usté ahí
sin replicar.
ToROU ATO. (¡Qué graciosa
situación!) Pero...
£milio.
torcüato.
Emilio.
torcuato.
43
I No admito
escusas!
(¡Ay qné Nerón!
Me ya ¿ salir sarampión
del disgnsto!)
¡Y si da nn grito,
si alguien llega á sospechar
de que está usté ahí encerrado!...
Nó, nó; yo estaré callado.
(Lo encierra en la primeva habitacbn de U izquierda, anB<|ao
sin quitar la Uarc.)
Emilio. ; Pronto lo he de averiguar!
ESCENA VII
EMILIO, despnee UI6T7EL.
Emilio.
I Ana! — ¡Si no puede ser! (LUmando.)
Pero... ¿y esta papeleta?
(Se ha guardado la carta y la papeleta la tiene en la mano.)
¿Y la lección de ruleta?
■
¿Y este hombre?... ¡Voy á perder
el juicio! . . .
Miguel.
¿Qué te sucede?
Emilio.
Nó, di mejor: ¿qué nos pasa?
(¡Qué idea! Voy á esta casa
de empeños, y que ese se quede
encerrado.) CPor la casa de préstamos que indica la papeleta.)
Miguel.
¿Vasa hablar?...
Emilio.
Me quiero antes persuadir .
Sólo te puedo decir
que haces bien en sospechar
de Adela.
Miguel.
¿Te burlas?
Emilio.
Nó.
Miguel.
¡Explícate!
Emilio.
Tengo pruebas...
Miguel.
¡Cielos!
Emilio.
De aquí no te mueras
hasta que regrese yo.
44
MiauEL.
¡Perjura!
Emilio.
I Paciencia! j Calma!
(Deteniendo á sa hennano que quiera ir ea busca de su miúer.)
I Ni nna palabra, ni un gesto
hasta mi yuelta!
Miguel.
¡Eb que esto,
chico, le llega á uno al alma!
Emilio.
I Oh! ly tanto!
Miguel.
¿Ana también? . . .
Emilio.
I También: también me la pega!
Miguel
I Horror!
Emilio.
I Me consta que juega,
y que pierde! . . .
Miguel.
Pero ¿quién
ó quiénes? . . .
Emilio.
¡No has de decirlas (sin hacerle caso.)
ni tanto asi de este asunto!
Miguel.
Si puedo. . .
Emilio.
Yo yuelTO al punto.
(Vase segundn puerta dcrcclia.)
Miguel.
¡Pronto, para confundirlas!
ESCENA VIII
MIGUEL: después ADELA.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
ce Piensa mal y acertarás,»
dice un refrán que yo sé.
Yo pensé mal. . . y acerté.
(¿Si? ¡Pues tú lo pagarás!) (Que le habrá oído.)
(¡Ella!)
(¡Valor, y adelante!)
(¡Qué mal me reprimo! ¡Ingrata!)
Miguel.
(¡Cómo se retrata
la traición en su semblante!)
¿Qué tienes? ¿Qué te ha pasado?
(Con extremada solicitad.)
4
.>
MlOÜBL.
Adela.
Miguel.
Adbla.
MlGUBL.
Adbla.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel,
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Nada.
Mejor que m^jor.
(Se BÍenta en el confidente, saca nn caramelo de loa que traerá
en el bolfillo y arroja el papel cerca de bu cüporo, con el fin de
que éste se fl}e en ella. Miguel no hace cara.)
¿Quieres hacerme un favor?
¡Cuál?
Ven: sentarte á mi lado.
¡Me encuentro muy bien aqui!
No me extraña lo que escucho.
Hace mucho tiempo, mucho,
que advierto que huyes de mi.
(¿Y se atreve á provocarme?)
Soy, no obstante, de las terca»;
y ya que tú no te acercas,
tendré yo que aproximaime.
(Cogo una silla y se sienta al lado de Miguel. Al minno tiempo qne
está hablando, pix>cura dar vueltas al caramelo que tiene en
la boca.)
¡Qué cinismo! (Leyantándose.)
¡Hombre, por Dios, (Haciéndole sentar.)
no te vayas: siéntate!
(¡Sefior: paciencia!)
¿Por qué
no hemos de charlar los dos
un rato aqui, sin testigos?
¿O es que á mi me negarás
lo que, de seguro, das
al peor de tus amigos?
¿Qué tienes? ¡Algo me oculta
ese pecho en este instante!
¿Qué sientrs?
¡Ay qué cargante!
¡Nada!
¡Bien!
(¡Es que me insulta
al mostrar tal interés!)
Callaré si te incomodas.
¡Te amo tanto!. . .
(¡Lo de todas!)
ÁDfiLA.
MíGUBL.
Adela.
MlGUAL.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel,
(Estudíese esta frase.)
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
46
I No te enfades!
(Cierto es!)
¡Alza la vista del snelo,
que pueda yo verme en tí!
I Adela! ¡Adela!
¡Así, así!
¿Qué comes?
Un caramelo.
(¡Dios mió!)
¿Qué, quieres unO?
(¡Qaé casualidad!) Bí, dame. . •
(¿Qué apostamos que esta infame?)
Este es hoy mi desayuno.
¿Sí?
No he tomado otra cosa,
y eso que es tan tarde.
(íOh!)
Mira: no sabia yo
que fueses tú tan. . . ¡golosa!
(Al tomar el caramelo que le ha dado Adela, lo dewnvuelTe y
proctira ver si el papel tiene algo escrito.)
Nó, pues no soy mucho.
(¡Infiel!)
¿Qué haces, hombre? ¿Tú estás lelo,
ó es que en vez del caramelo
vas á comerte el papel?J
¡Ay qué cara!
(¡No reposo!)
¡Ahí ¡Necia! Pues si sé ya
lo que tú tienes... ¡Jal ¡ja!...
¡Siempre has sido tan celoso!...
¡Mira que esto es inaudito!
¿Conque usted de mi recela? j
¿Y es sin razón?
¡Ja! ¡jal
¡ Adela!
¡Vaya otro caramelito! . (Mucha coquetería )
¡Mira, y de guayaba!
¿Sí?
¡ Sí : . para tí lo guardaba !
i1
Miguel.
Adbla.
MlGQSL.
Adela.
Miguel.
Adela.
(¡tHoB mió, me da guayaba!)
{Ahí (Al doKnTolyerle y mirar el |«p«l.)
(¡Ya dio con ello!)
Di:
¿qué es esto? ¡Nó! ¡Calla! ¡Vete,
yete de mi lado!
¡Ay, liyol (Mostrándow soQveiidUa.)
¡Dámelos todos: lo exijo!
¡ Bien, hombre: toma el p^qnete!
(Dándole el 'paqnetito de caramelo! qae traerá en el boMIlD.
Miguel los arroja sobre un yelador, y muy colérico y oon^iUao
comienza á desenvolvcriof.
Miguel.
¡A ver!...
Adela.
(Mncho le exaspero;
pero ese ardor le redime.)
Miguel.
¡Una ka! ¡Una jota! Dime:
¿esto es una o ó un cero? (Mostrándola un papeUto.)
•
Adela.
¡Ay, yo no sé; soy tan lerda!...
Miguel .
¡Es cero, no hay duda, nó:
como diciendo qne yo
soy aqni nn cero á la izquierda!
¡Mas ya lo yeremosl
AdbIíA.
¡Hombre!
Miguel.
Dime; ¿dónde se han comprado?
Adsla.
6i me los han regalado.
Miguel.
¿Quién?
Adela.
¿Quién?
Miguel.
¡Su nombre! Su nombre!
Adela.
¡Cálmate!
Miguel.
¡Que asi me váidas,
infiel!
Adela.
¿Yo infiel á tu amor?
Miguel.
¡Si, señora!
Adela.
¡Nó, señor!
Miguel.
¡No rae insultes!
Adela.
¡No me ofendas!
Miguel.
¿Conque no amas?
Adela.
¡Con locura!
Miguel.
¿Y lo confiesas?
Adbla.
¡Pues Bí!
4g
Miguel.
¡Qué descaro!
Adela.
¡Si esa tí!
Miguel.
¡Perjura!
Adela.
¡Miguel!
Miguel.
¡Perjura,
aparta!
Adela.
(¡Voy viento en popa!)
Escucha.
Miguel.
¡No!
Adela.
¡Pues adiós!
Miguel.
¡Nos veremos!
Adela.
¡Sí! (Los dos
van apurando la copa!)
(Vaae por la primera puerta derecha )
ESCENA IX.
Miguel.
torcuato.
Miguel.
tor guato.
Miguel.
Torcuato.
Miguel.
Torcuato.
Miguel.
Torcuato.
Miguel.
MIGUEL: después TORCUATO.
Pero, señor, ¿es posible?
¡Pues claro! ¿No lo estoy viendo?
Yo necesito saber
quién es el vil que trae esto.
¡Si le cojo entre mis manos! . . .
¡Caballero!
(Por el paquete.)
(Llamando dentro.)
¿Eh?
¡Caballero!
Pero ¿^uién diablos me llama?
¡Aquí!
¿Dónde? Si no veo...
¡Aquí en este gabinete!
Hágame usted el obsequio
de abrir, estoy encerrado.
(¡Un hombre aquí! ¡Dios eterno!
¿Será esta la prueba que
Emilio? . . . Ahora lo veremos.)
¡Salga usté!. . .
¡Un millón de graciaB!
No hay de qué.— Mas sin rodeos:
¿qué hacia usted en ese cuarto?
49
torcuato.
Miguel,
torcüato.
Miguel.
ToRCÜATO.
Miguel.
ToRCÜATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
tor guato.
Miguel.
ToR GUATO.
Miguel.
ToR GUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel..
Torcuato.
'M<>í»trí\nclosolo.)
Miguel.
Diréánstei...
¡Sin cnmplíinientog!
Soy Torcuato Riotinto.
Al grano.
(iUjI ¡qué mal genio!)
He venido aquí á cobrar. . .
¿De parte del usurero
don Simón?
No tal: de parte
de unas señoras . . .
¡No es cierto!
¿Eh? (¡Qué afán de desmentirme
tienen esto^ caballeros!)
Le juro á usted que es verdad
cuanto le digo.
¡Acabemos!
¿Conoce usté este paquete?
¿Cómo?
¿Y estos caramelos?
¿A ver? — «La colmena de oro».
¡Si, señor; y son muy buenos!
Doy fé, porque compro muchos.
Sí, si estoy en el secreto.
(¡No sé como no le ahogo!)
Oiga usted, yo soy de hierro:
¡tengo el corazón de bronce!
¡Ay Dios!
¡Y entrañas de acero
colado!
Es usté una mina
sin explotar.
¡So embeleco!
¿Es que piensa usted burlarse?
(Gogiendo una silla paru tirársela.)
;Nó, notal! ¡Socorro! ¡fuego!
(¡Ahí ¡qué idea! ¡Así me escapo!)
¡ Señor mió, este atropello
de que yo estoy siendo víctima,
ni es justo ni le tolero!
¿Eh? ¿qué quiere usted decir?
J^eyendo )
TORCÜATO.
Miguel,
torcuato.
MiniTKL.
ToRCÜATO.
MiOUKL.
ToRCÜATO.
Miguel.
ToRCÜATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCÜATO.
Miguel.
Miguel.
Miguel.
50
¡Ahí tiene usted, y hasta Inego!
(Alargándole su tarjeta qiio Mjjfuel rpchaz.T . deteniéndola: al
minmo tiempo.)
¡Cá, nó! ¡Si usted no se vá!
¿Duelitos á mí?
¡Eso quiero!
8í, 3'0 lo mato á usted;
pero ha de ser como á un perro.
Pero, hombre, ¿por qué?
¿Por qué?
¿Acaso no ha dado en ello?
¡Yo soy su esposo!
¿Mi esposo?
(¡Este es un pillo ó un necio!)
¡ Esposo de esta señora!
¡Dios mió! ¡Qué estoy oyend(I
¿Pues no es viuda?
Demasiado
sabe usted que nó.
(¡Yo muero!)
¡Hacia aquí Tiene! ',Miraii«ioj
¡Que venga,
que venga es lo que deseo!
¡Cá, nó! ¡si va usté á decirla
que yo he salido!
Comprendo.
Y va usted á hablar con ella,
mientras yo en este aposento . . .
Ese recurso es muy pobre
y además muy violento.
Bien: será lo que usted quiera.
Pero es el único medio
de probarme su inocencia.
¡Y ei hace usté un solo gesto! . . .
Hombre, de eso no respondo:
soy un manojo de nervios,
y...
Pues bien: ¡si ella sospecha
que yo les estoy oyendo. . .
salgo y lo estrangulo á usted!
5)
'1^
ToRCUATo. i Pero hombre! . - .
Miguel. ¡Lo dicho!
(Entra en la primera puorta izquierda, qnccl¿ndo<io entre las
cortinas.^
ToucuATo. ;Cielo8!
¡Y lo hará como lo dice!
;De aquí salgo sin pellejo!
ESCEÍTA X.
TORCUATO, ADELA, MIGUEL oculto tra?« laí» cortinn*.
Adela. ¡Oh, señor de Riotiiito!
¿Usted por aquí otra vez? ^
roRci'ATo. Yo. . . si . . . (¡Qué cara de juez!)
El actor encargado do este papel comprenderá perfectamente lo
critico de su útnacion. Toda la eocena debe hacerla temblando
j sin apartar la rista de la habitación enquee^tá Miguel O
¡Ya voy!— (¡Tengo un laberinto
(Contestando á las «eñas que le hace Miguel para que hable ú sn
esposa.)
de ideas en mi cabeza! . . . )
Señora, debo advertir
que yo . . .
A.D15LA* (Se va á divertir
el que escucha en esa pieza!)
Siéntese usted.
ToRcuATO. (¡Sí, al momento!)
Adela. Y hable cuanto guste ahora.
ToRCüATo. Muchas gracias; nó, señora.
Adela. ¿Cómo? ¿qué?
ToROüATo. ¡Que no me siento!
Adela. ¿Tanta prisa tiene usté,
ó tan mal ae halla á mi lado?
TorcuaTo. Nó, mas. . . (Bien, ya estoy sentado.
(Miguel lo hace señan )
Verdugo!)
Adsla. ¡Pero hombre!
ToRcüAto. ¿Qué?
Adela. ¡La ocurrencia es peregrina!
Torcüato. Nó, pues yo no he dicho nada.
Adela.
Miguel.
Adela.
tokcüato.
Miguel,
torcuato.
Adela.
ToRCUATO.
Adela,
tor guato.
Adela.
ToR GUATO.
Adela.
ToR GUATO.
(Mucha ii trnci<ni_)
(A Toi'cunto.)
Sí, si ya lo sé.
(¡Taimada!)
Mas yo no tengo bocina;
y aunque así podemos vernos,
para el ca^o no es iguSl,
porque á una distancia tal
es imposible entendernos.
(¡Qué lenguaje, santo Dios!)
(¡Acerqúese usted!)
; Comente!
Aquí en este confidente
hay sitio para los dos.
(Torcuato so sienta al lado de Adela. I^as fígiira» deb^n estar co-
locadas de modo que Torcuato y Wipruel so vean do fronte, y
Adela de espaldas á su esposo.) . •
(¡Esto se pone muy serio!)
I A jajá!
(¡Y el otro allí!)
Ea, empiece.
(¡Desde aquí
me llevan al cementerio!)
(¡Veremos si te resistes
á esta lección!)
(¿Y que digo?)
Su esposo de usté. . .
(Queriendo indicarle con los ojos que Miguol escucha. Adela no
le entiendo.)
Adela.
¡Ay, amigo!
¡no hablemos de cosas tristes!
Torcuato.
Iba á decir que salió . . .
Adela.
Bien: ya volverá. . .
Torcuato.
(¡Y al punto!)
Adela.
Hábleme usted de su asitnto
V dejémosle en paz.
Miguel.
(¡Oh!)
Adela.
El pobre anda por ahí
ajeno de que aquí estamos . . .
TtRCUATO.
¡Sí; muy ajeno! (Apostamos
que se ha prendado de mi!
¡Y P8 preciosa!)
Adela,
torcuato.
Adela.
torcüato.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
TORCÜATO.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCüATO.
Adela.
ToRCUATO
53
Vamos... ¿qué?
Temo dar á usted enojos. . .
(i Ay! iqué ojos, señor, que ojos!) (Por Ioü do Mignoi )
¡Cómo!
¡Qué ojos tiene ui»té!
¡Já! ¡Já!
(¡Se alegra! ¡Yo muorol . . )
Señora . . .
¡Nó, si me rio!. . •
Ante todo, amigo mió,
¿usté es casado ó soltero?
Lo que á usté le agrade uiús.
Digo, nó, me he equivocado:
soy casado y muy casado,
y con hijos además.
Adoro á mi esposa, ciogo,
y Dio8 nuestro amor bendice;
asi que, como quien dice,
estoy ya fuera de juego.
(¡A ver si ese tigi-e hircano
cesa ya de sospechar!
¡Miento; mas en mi lugar
mintiera el mejor cristiano!)
Pues me resisto á creer
ese amor que usted proclama:
si tanto á su esposa ama,
¿por qué dice á una mujer
lo que antes á mi me ha dicho
lleno de amoroso afán?
¿Por qué, moderno don Juan?
¡Ahí verá usted, por capricho !
porque me obligan . . . á ello
las gracias que usté atesora;
por eso mismo.
¿Si?
(¡Ahora
me ahogaban con un cabello!)
Ciego dice usted que está,
y el que está ciego no ve.
, (¡Y tanto!)
Adela.
torcuato.
Adbla.
torcüato.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCÜATO.
Miguel.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
torcuato.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Más claro; que
usted para si dirá:
«Mujer que por su marido
se ve tan abandonada
y sin piedad relegada
al más humillante olvido,
por fuerte y santa que sea,
es tanto lo que padece,
que si otro su amor la ofrece. . y>
(\Aj, Dios mió, que flaquea!)
«Sólo por dar que sentir
al infiel que la maltrata,
es capaz. . .
(I Aliora me mata!)
¡Jesús! ¡lo que iba á decir! r
Sí, sí; no diga usted más:
lo que resta lo adivino.
¡Mi esposo es un libertino! . . .
¡Nó, nó!
(¡Ya me lo dirás!)
¡De esos que al crimen incitan
con su infame proceder!
Consuele á usted el saber. . .
Sí, que liay muchos que lo imitan
y exigen de sus esposas
amor y fidelidad.
Señora, ¡por caridad,
no me diga usté esas cosas!
¡Usted me ama, de fijo!
¡Yo, nó! (Levantándose muy asustado.)
Y aunque bien no cuadre
a. . .
¡Chist! ¡chis! . .. (Creo en Dios padre!)
¡Infames!
Creo en Dios hyo.
(Al decir esto cae medio desmayado en el aliento
áS
ESCENA XI.
Dichos. MIGUEL: despnei ANA.
Adela.
Pero ¡estás loco!
Miguel.
¡Traidora!
TORCÜATO.
(¡Qué sitaacion tan crael!)
MiGüBL.
¡Te he escuchado! . . .
Adela.
¡Si!...
Ana.
¡Miguel!
(Eutrando muy usurad*.)
IGCEL.
Ana.
MIGUEL.
tobcüato.
Ana.
Adela.
Ana.
Adela.
Miguel.
torcüato.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
Miguel.
ToBCÜATO.
Miguel
¡Abajo está una señora
que pretende yerte!
¡A mi!
Y grita que se las pela.
Dice que se llama Adela. . .
(¡Dios mió!)
(¡Adela!)
Y que 8Í
lio ki obedeces muy listo. . .
¡Quién te manda de tal modo!
Sube, atropella por todo
y arma la de Dios es Cristo!
¡Qué mujer es esa!
Vov.. .
(Sumamente conti-aiiado y siti haber qué rcs^ionder.^
Diga usted, ¿qué señas tiene? ... (a Ana/j
Una señora que Tiene. . .
¡Abuscarte; sí; ya estoy:
esa es alguna querida! . . .
¡Yo quiero verla!. . .
¡Nó! (¡Cielos!)
¡Y tú de mí tienes celos!
Déjame: vuelvo en seguida.
(Pero. . . este se escapará. . .)
Pase usté á esa habitación . . .
¡Otra vez !
¡Sin dilación!
;
Ton cu ATO.
Adela.
MlOüBL.
Adela.
Miguel.
56
(¡Si será! ... ¡Si no será!)
(Miguol encierra á Torcuato en la misma habitación de que le
sacó, guardándose la llave y corriendo además un pestillo.)
¡Esos BOD necios estremos:
el señor es inocente!
Bien; vuelvo al punto.
Corriente :
¡mal esposo!
¡Ya hablaremos!
(En tono de amenaza y saliendo precipitadamente por la .segun-
da derecha.)
ESCENA XII.
adela y ANA.
Adela. ¡Oh! ¡no hay tiempo que perde» !
Ana. ¡Esto es provocarles mucho!
Adela. Animo, no me abandones,
que falta poco; lo último.
Ana. No dirás que no fui exacta
en venir.
Adela. Si; muy á punto.
¿Y ese hombre?
Ana. ¿El usurero?
¡Ahí está hecho un energúmeno I
Como ha venido tres veces
y no ha encontrado á ninguno
de los dos . . .
Adela. Dile que venga.
¡El cambiazo va á ser chusco!
Ana. ¡Dorotea, trae á ese hombre!
(Llamando. La criada aparece y vuelve á 6ulir euacguida.
Adela. Se le darán sus mil duros;
pero antes ha de ayudarnos
á conseguir nuestro triunfo.
57
ESCENA XIII.
Dichafi. D. SIMÓN, DOKOTKA.
Adela.
Pase, pase usté adelante.
Simón.
¿No están? ¡Esto es un abuso!
lesto no se hace con nadie!
¡Esto es estafarle á uno!
Ya lie venido siete yeces
y otras que vengo y no subo
y me estoy en el portal
acechando: son recursos
de que tengo que valerme. . .
Adela.
Bien; mas.. .
ISlMOiN.
Su esposo. . . uó, el suyo...
(Di rigiéndose alternativameuto á la» dob )
me ha mandado que viniera
y aún no le he visto: presumo
que faé por desentenderse
de mi.
Adela.
¡Por Dios!
Simón.
¡Mas les juro!...
Ana.'
Bien: ¿usted querrá cobrar?
Simón.
¡Me parece que es muy justo!
Adela.
Pues yo le prometo i usted
que cobrará.
Simón.
¡Oh! ¡de seguro!
Adela.
Y habiaiá usted con los dos.
Simón.
Ese es mi deseo único.
Adela.
Pronto, acompaña al señor. a Dorotea ^
Dorotea.
Venga usted.
Simón.
¿Qué es lo que escucho?
¿Es así como se paga?
Adela.
Yo lo que prometo cumplo.
Quiero qne usted les sorprenda.
Simón.
Bien: de ese modo. . . mas dudo. . .
Adela.
Entran ustedes por casa, i^ dorotca.)
dan la vuelta. . .
Simón.
(¡Con qué gusto
Dorotea.
Adbla.
Dorotea.
Adela,
58
les echaría á presidio!)
Vamos ...
Si el otro hace escrúpulos,
con un engaño cualquiera. . .
Descuide usted.
( Vaae con don Simón, por la segunda puerta derecha . )
|Ay! ¡yo sudo!
ESCENA XIV
Dichas: luego TORCUATO,
Ana.
AdEL4.
Tokcuato.
Adela,
torcüato.
x\dela.
tor guato.
Ana.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela.
ToRCUATO.
Adela.
¡Dios quiera que tanta farsa
no nos dé serios disgustos!
¡Encerrarle en ese cuarto! . . .
¡Oh, sí! ¡el cielo lo dispuso!
¡Bendita puerta secreta
y quien tal idea turo!
¡Cómo se van á quedar
mi buen marido y el tuyo
al ver salir á . . .
¡Respiro!
¿No está su esposo el verdugo?
¡Nó!
¡Mi bastón, mi sombrero!
¡ No estoy aquí ni un minuto!
Es que estarán á la puerta;
y al verle salir. . .
¡San Bruno!
¡No importa, por la boardilla
me marcho: yo más no sufro!
¡Pobre! Deja que se marche.
Nos hace aún falta. ,
¡Qué escucho I
¡Oigo voces! ¡Ellos son!
¿No hay por ahí un baúl mundo?
¡Un armario, en cualquier parte!
¡Aquí!
¡Nó, no estoy seguro!
¡Que llegan!
(Cogiéndolos de doiiUe
los haya dejado^
torccato.
Adela.
Ana.
Adela.
59
¿Tiene cerrojo?
¡Si!
(i Yo tiemblo!)
(iDisimulo!)
ESCENA ÚLTIMA.
Dichas. EMILIO, MIGUEL y TORCUATO entre las oortinaa. Emilio y Miguel,
ciegos de furor, se dirigen cada cual á su mujer y latí llevan al proscenio. Todo»
quieren hablar á un tiempo, pero procurando que lleguen bien al público toda»
las palabras. Esta escena debe ser un relámpago.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Adela.
Ana.
Emilio.
Miguel.
ToRCÜATO.
Emilio.
Adela.
Miguel.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Adela.
Emilio.
Adela.
Miguel.
Emilio.
ToRCUATO.
Emilio.
¡Venga usted, señora!
¡Responda usté, ingrata!
¿Conque usted empeña? . . .
¿Conque usted me engaña?
¿Conque caballitos?
¿Conque la guayabal
¡Yo!
¡Yo!
¡Que vergüenza
jugar una dama!
Admitir piropos
de un quidam, de un mandria! . . .
(¡Creo que me nombran!)
¡ Esto es una infamia!
¡No es cierto!
¿No es cierto?
¿Me engaño?
¡Te engañas!
¿Miguel, oyes esto?
¿Oyes esto, Ana?
¿Aún niegas?
¡Aún niego!
¡Pues basta!
¡Pues basta I
(Los dos se dirigen al cuarto donde dejaron encerrado á Torcua-
to, que es el primero de la izquierda. Ana y Adela se remuMi
celebrando el triunfo que van á conseguir.)
(¡Oh qué par de tigres!
¡Si allí me encontraran! . . .)
Oye: ¿tú qué buscas
aquí en esta estancia?
60
Miguel.
Eso te pregunto.
TORCÜATO.
(¿A que ahora se agarran?)
Emilio.
¿Dónele está esta llave?
Miguel.
lAqui!
Emilio.
¿\ quién te manda? . . .
¡ La vida de este hombre
es mia!
MiüEL.
¡Caramba!
»
¡ Pronto lo sabremos!
¡Que salg^i !
Emilio.
I Que salga!
Los DOS.
i Salga usté al punto!
(Hau abiort» la puerta y se prefcouta D. Siuion, que con muy
bruscas maneras dice:)
Simón.
Pero ¿se me paga?
Los DOS.
¡Don Simón! ¿Qué es esto?
Emilio.
¿Y el que aquí se hallaba?
Simón.
¡Basta de encerronas!
(Se oye en la calle un organillo que toca La Tro. data.)
Miguel.
¡Cielos! ¡La Traviata!
Adela.
¿Quién es este hombre?
TORCUATO.
(¡Dios mió, qué casa!)
Adela.
(Afcom ándese pc>r el balcón y envolvicudo uno» cuarto» eu un
papel, que le an-ebata bu esposo, conforme lo marca el diálogo.'
¡Ay! ¡es el que viene
todas las mañanas!
Le echaré unos cuartos . . .
Simón.
Voy al juez de guardia.
Miguel.
¡Traiga usté eso, infame I
Ana.
Y ahora ¿por qué callas?
Torcuato.
(¡Igual hace Adela!
¡Esto ya me escama!)
Miguel.
«Mañana al Retiro ...» Leyendo >
Simón.
¡No valen palabras!
Emilio.
Miguel.
Ana.
Adkli.
¡Dios mió!
¡Dios mió! vTiruudosc sobre unas butaca^.'
Nos aman!
¡Nos aman!
FIN DEL ACTO SEGUNDO.
ACTO TERCERO.
La mUniu docoracion del acto K^tnindo.
ESCENA PRIMERA.
MIGUBT^ y EMILIO, ambos s^ntaüoB en butacas y áormuim.
Emilio. ¿Eh? ¡Demonio!... ¡Me he dormidol
¡Y qné suefio, Santa Tecla!
Soñaba qne mi mnjer
daba impulso á una ruleta,
y que yo estaba jugando.
¡Sólo el pensarlo me altera!
¿Habrán venido? ¡No hay nadie!
(Levantándose y registrando toda la (^-icena.)
; Y son ya las cinco y media! . . .
«Dormid tranquilos: estamos
(Leyendo un papel que habrá «obre el vt'l:níor.)
en casa de la Condesa.i>
¿Se jugará allí? Pues nó,
y se bailará sin tregaa,
y habrá buffet, y habrá pollos
y con tomates .. . ¡pérfida!
y estará allí el Riotinto,
y ella, infiel, falsa y coqueta. . .
¡Bah! ¡Nó, la estoy ofendiendo! . . .^
¡Imposible! . . . ¡Tan modesta,
f52
MlGCEL.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
MlGUKL.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Emilio»
Miguel»
tan amorosa, tan santa! . . .
¡Oh! desde que sé que juega
creo que oculta en su pecho
cuanto hay de malo en la tierra.
¡Dios mío! ¡Si ya amanece! (Asomándose ai balcón.)
¡Miguel! . . . ¡Pero, hombre, despierta!
¡Ah! ¿Eres tú?
¡Yo! ¡Cuidado
que se necesita flema! . . •.
¿Para qué?
Para dormir
en situación como ésta.
Hombre, me quedé traspuesto;
pero he soñado con ella,
con mi mujer.
¡Como yo!
¿Y te extraña que me duerma?
Es que yo sueño despierto. . .
Bien. ¿No han venido?
Ni piensan,
por lo visto.
¡Yo no aguanto
más; no tengo paciencia:
¡me voy!
Pero ¿dónde vas?
A casa de esa condesa. . .
¿Y sabemos por ventura
qué titulo es el que lleva
dicha señora, si hasta hoy
ignoramos que tuvieran
tales relaciones?. . .
Cierto.
¡Valiente noche!
¡Soberbia!
¡Mira que estar esperándolas
aquí siete horas enteras! . . .
A mí se me han hecho años.
¡A mí siglos!
¡Y ese pécora,
^se mono con levita,
est4urá allí dando vaeltas!
Pero lo qne aún no me explico
es cómo, de qné manera
se CBcapó.
Emilio.
Yo lo oncern*
y dejé la llaye pnonta.
yiiovF.L,
Y yo le volví á encerrar.
y hasta tení?o la certeza
de haber corrido el pestillo.
Emilio.
Menuda fué la sorpresa. . .
¡hallarnos con don Simón! . . .
Miguel.
¡No me le nombres siqniera!
¿Le pagaron?
Emilio.
Le pagaron.
Miguel.
Porque yo no me doy cuenta
de lo que pasó después.
' En fin, menos mal. ¡No llegan! (Mny iuipActerite.)
¡ Ah! Ya me había olndado. . .
¿No dices que tienes pruebas
de que mi esposa es culpable?
Emilio.
Las tengo.
MlGUflL..
Vamos á verlas.
Emilio.
Tengo una carta.
Miguel.
¿Una carta?
Emilio.
Que con una papeleta
de empeño, estaba escondida
en el secretaire: espera . . . (Rpgi«tráníirwo los boiPiíios/
¡creo que la llevo aquí!
Miguel.
¿Qué dice?
Emilio.
Dice á la letra. . . •^uq^^.
(tMañana, á las siete en punto,
bajo para ir á la Perla.
Mi honor á tu honor lo fío.i>
MlGUKL.
Cielo santo, ¡qué sospecha!
(Todo aiitistado por el rocuonlo do 1.1 carta )
¿Tiene un borrón el «honor?»
Emilio. •
Sí le tiene»
Miguel.
Pues es de ella.
Emilio.
¿De qué ella?
Emilio.
¡Déla otra!
VÁ
Emilio.
MlGUBL.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
MlíilTEL.
Kmii.io
¿De quft otra?
¡Qué torpeza!. . .
De mi . . .
¡María Santísima!
¡Ay! ¡Y habrá visto esta esquela
mi mujer! . . .
¡Pues está claro!
Pero ¿tienes la evidencia?
¡Sí, hombre! ¡Si en cuantas cartas
me ha mandado hasta la fecha
ha echado en el mismo sitio
un borrón! ¡Oh! ¿Con qué fuerza
moral, ahora á mi mujer
me atrevo á pedirle cuentas?
Si no fueras imprudente. . .
Esos pape'es se queman.
Mas no importa; aquí estoy yo.
¡Chist! que creo que se acercan.
ESCENA IT.
PiohoR. ADELA y AKA. Vienen con trajes de baile y con abrigos, rióndosc y
Ungiendo no reparar en áu» marido» hasta que lo marque el diálogo
Adkla.
¡Ja, ja! ¡Vamos, aún me rio!
El lance ha sido extremado.
Mira que haber deshancado
á la condeFa . . .
Emilio.
(¡Diosmio!)
Ana.
¿Pues y aquel otro que á tí . . .
Adela.
¡Ay! ¡Si no le pongo gesto. . .
Emilio.
¡Pero, señor! ¿Oj'es esto?
Adela.
¡ Ah! jque estáis los dos aquí!
Emilio.
Ya lo ves.
Adela.
A fé de Adela
que . . *
Miguel.
¿Te espantas?
Adela.
¡Sí, me espanto!
Miguel.
¡Qué quieres, nos gusta tanto
pasar las noches en vela . . .
(a Miguel.)
Adela.
MiGUEr,
Adela.
Miguel.
Emilio.
Adela.
Emilio.
Ana.
Adela.
Emimo.
Adela.
Emilio.
AXA.
Emilio.
Adela.
(Ifodio mutis.)
(ion enorffia.)
(Con altaneria.^
(0->n fuerza.)
Eso hace tiempo ]o sé:
imejor diVho, lo Rabemos!
¡Ea! Nosotras tonemofl
que dormir. . .
I Señora!
No,nailn.... (j Todo lo sabe!)
Espprad
Pero. ..
^. i Lo exijo! ,u,.n ruerza.;
^Vlira, 30... (Quorionnosíncorarso y pronta ádoí.oiibririoMo ^
(iSiloncio!) Ay, hijo, ca Ana can rapIJer. ^
¿a que ese tono tan gjare
y ese ceño tan adusto?
¿Y aim lo preíjuntas?
i Es claro!
Habla: no tengas reparo.
Decidme: ¿es lícito, es justo
qnc- estemos aquí los dos
de horribles celos muriendo
cuando os estáis divirtiendo
por €8os mundos de Dios?
¿No es indigno proceder
que de los límites pasa,
que se esté el marido en casn
y en el baile la mujer?
¿No es... íachi!
i Jesús!
Di, di:
¿no es esto un cruel sarcasmo,
que hasta hemos cogido un pasmo
por esperaros aquí?
¿Quién tal maldad supusiera?
¿Quien tal hubiera creído?
¿Conque tanto habéis sufrido
(Estornuda. >
en una noche de espera?
¡Pues juzgad cuántos disgustos
y cuántos pasmos cogieron'
las que uno tras otro vieron
trascurrir dos años justos
C »n oonipapion cómit.i.}
e,r,
esperando que ú su hogar
volviera su esposo amado! (Movimiento do los dos.)
Xó; si nos hemos cansado
ya de sufrir y esperar:
que en este mismo silion
tanto frío hemos sentido,
que ya está seco, aterido
nuestro pobre corazón.
Emilio. ¡Adela!
Adela. Hoy por vez primera
rompimos nuestra clausura
y . . . mira, se me figura
que no será la postrera . . .
¿Sí, eh?
¡Porque hemos pasado
el tiempo admirablemente!
;8í, si ya lo sé!
(¡Serpiente!)
Ya sé que habéis deshancado . . .
¡Jesúfr!
¡Esperad! ¿No ois?
(¡Ay!)
Esas no son razones:
queremos explicaciones.
¿Atin más?
¿De dónde venis?
¿No lo oyes? De divertirnos.
Pues qué ¿no somos de Dios
como sois vosotros dos?. . .
¿O creísteis que al unirnos
para siempre, al pronunciar
el 81 que á todos ataba,
una mártir ó una esclava
comprasteis en el altar?
Ana. ¡Por Dios, déjales, no hables! (a Adela muy a^nstada.)
Adela. ¡Os engañáis muy de veras:
somos vuestras compañeras
y no siervas miserables!
8i debemos lamentar
vuestras penas y dolores,
Emilio.
Adela.
Emilio.
Miguel.
Emilio.
Adela.
Miguel.
Ana.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Adela.
(erodio mutis.)
Miguel.
Emilio.
MlGCEL.
Emilio.
Adela.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
Adela.
Miguel.
Emilio.
Adela.
Emilio.
<;7
todos vuestros sinfiaboros,
también debemos gozar
como TOBotroR ^zais:
también nuestro corazón,
que ve con qué sin razón
crueles le atormentáis,
necesita recrearse
para que no le ahogue el llant^i,
ya que los que amaba tanto
nunca quisieron cuidarse
de darle paz y ventura
como juraron , im pios ;
por eso á tantos desvíos
no pagamos con usjara,
y á su profundo desden
con el desden contestamos: .
si así los atormentamos,
que sufran ellos también,
que puedan pbr sí apreciar
el dolor que aquí sentimos:
como ellos cumplen, cumplimos:
¿de qué se pueden quejar?
(¡Anda, contesta!)
^EPte y Emilio están como anonadados iT«r lan razones de Adela.)
(¡Yo!)
(¡Pues!...
porque yo estoy coartado.)
(¿Y acaso yo no. he faltado?)
(¿Lo ves, hermana, lo ves?)
Pero aunque hemos áelinquido
es muy diferente.
Sí.
I Adela! í Adela!
¿Es á mí
(Mu j pória y mirándole fijamente.)
ó á la otra?
(|Me ha partido!)
Es qi# si esas teorías . . .
¡Estamos rendidas!
¿Eh?
cd
Adela.
¡Adiós!
Emilio.
i Ana!
Adela.
(Sigúeme.) (a Ana.)
¡Bnenos dias!
Ana.
Buenos días.
( v'^anse primera puerta derecha )
ESCENA III
MIGUEL y EMILIO.
Miguel.
Después de esto, ¿qué nos qne.la?
Emilio.
i Una horca!
Miguel.
iNó, te engañas:
la separación al punto!
Emilio.
Sí.
Miguel.
Pero antes la venganza.
Yo necesito matar
á ese hombre.
Emilio.
¿Y dónde se halla?
Miguel.
¿Crees que si lo supiera
no estaría ya en la caja?
Me voy á ver á Ramiro.
Emilio.
¿Ah(M-a?
Miguel.
Ese tarambana
conoce á medio Madrid,
puesto que de todos habla,
^
y en todas partes se mete,
y á todos saluda y trata.
Quizá ese me dé noticia.
¿Recuerdas cómo se llama?
Emilio.
Rio tinto. Pero observa
que ir ahora tan de mañana
á incomodar á tu amigo. . .
Miguel.
Tengo con él confianza.
pero aunque no la tuviera.
Adiós. (Va á salir do bata y con el sombrero puesto.)
Emilio.
Que vas hecho un fachii
Miguel.
Es verdad: tira de aquí.
(Se quita la bata y se pone la levita.)
69
Emilio.
Te advierto qne si le hallaR
te le traigas por la posta.
Miguel.
¿Para qué?
Emilio.
La cosa es clara;
porque quiero que me saque
de estas dudas que me matan.
Miguel.
¿Pero atín dudas?
Emilio.
¡Qué sé yo!
Que DO hagas una trastada
Miguel.
y...
¡Bueno; te le traeré,
y después le rompo el alraaf
(Vatóo.)
ESCENA IV
EMILIO: despaes ANA.
Emilio. ; Ay Dios mió! ¡En unas horas
estoy purgando las faltas
de mis treinta años! ¡Si creo
que hasta me han salido canas! (Mirándose á un c&iwjo.)
Ana. (¡Nó, yo se lo cuento todo,
quiera ó no quiera mi hermana,
que la lección, aunque justa,
se va haciendo muy pesada!)
¡Emilio!
Emilio. Ven, ven aquí.
Siéntate ahí y séme franca.
(Con cierta entonación cómica lo (iii^^ sigue, despucs de sontarác.)
¿Por qué tienes ese vicio
que tus virtiides empaña?
Si tú no eres ambiciosa
ni las riquezas te halagan,
¿qué vas buscando en el juego?
¿Qué es lo que pretendes, Ana?
¿Qué deseas tú en el mundo?
A mi lado, ¿qué te falta?
Ana. ¡Tu cariño!
Emilio. ¡Mi cariño! . . .
¿Y le buscas en la banca
70
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
ó en la ruleta? . . -
i Pero, hombre! . -
¡ No proiiuucie» uiás palabras,
que cada frase que dice»
el corazou me desgarra!
¿Tú sabes lo que es el juego? . . .
¿Tú lo sabes, desgraciada?
¡Oh!
¿Sabes tú que ese vicio
es huracán que arrebata
los más nobles sentimientos
que florecen en el alma?
¿Sabes que todo el que juega
lleva la ruina á su casa?
¡Así estamos sin un cuarto! (Coii cxasiwraciün cómica.)
¡Asi empeñamos alhajas! . . .
¡Y así tendremos un dia
que empeñar hasta las sábanas!
¿Ignoras que el jugador
es un ser que se degrada
á tal punto, que hasta olvida
BUS afecciones más caras? >
¿Sabes que pierdes mil veces
por sólo una vez que ganas,
y que hay muchos caballeros
(ine sin ser justicia amarran^
Pero . . •
(Aparcco Ailcla por la primera puerta ilerecha, desde donde oye
lo que resta de la escena.)
Adela.
(¡La está predicando
él mismo! Pues tiene gracia.)
Emilio.
¿No sabes que la ruleta
es fiera que no se sacia
y que si mucho la das
más te pide y más se traga?
¿Cómo sin faltarme á mí
puedes tú jugar á faltas?
Ana.
¡Por Dios!
Emilio.
¿No sabes que tod
el que juega no descansa?
7!
Si duerme, sueña en el juego,
y cual sediento con agua,
¡sueña que bebe y no bebe! .
i sueña que gana y no gana!
¿No sabias todo esto?
Respóndeme: ¿por qué callas?
Eu fin, ¿uó sabes que el Código ,
conjunto de leyes sabia»,
impone penas muy duras
al taliur; y si le atrapan
lo conducen á una cárcel,
donde mil tormentos pasa?
USCENA V
Dichoe. ADBLA.
Adela.
i Ay! ¿Pues cómo estás tú aquí?
(A Emilio)
Emilio.
Estoy porgue...
(Furioso.)
Adela.
¡Dilo, acaba!
•
Emilio.
Porque soy un caballero:
¿lo entiendes?
Ana.
(¡Por Dios!)
(A su hermana.)
Emilio.
Y basta
de estúpidas transacciones
que mi dignidad rebajan;
porque tú con tu cinismo^
y esta con estar callada,
habéis hecho ya imposible
■
vivir en la misma estancia.
Ana.
Pero óyeme. . .
Emilio.
Nada, hoy mismo
escribiré á Salamanca
y le contaré á tu padre
la verdad lisa y muy llana.
Adela.
Bien hecho, porque nosotras
pensamos llevar la carta.
Emilio.
¿Que 08 vais? jeso lo veremos!
Adela.
¿Pues no nos echas?
Emilio.
i Ingratas!
Ana.
Emilio.
72
1 Emilio!
¡Déjeme usted!
(Vá£C pacrta derecha )
ESCENA VI
ADELA.— ANA.
/-/
Ana
Adela.
Ana. 5
Adela.
Ana.
Adela.
Ana.
Ade'la..
Ana.
Adela.
Ana.
¡ Por Diütí, escucha! (Qiiieudo aotener á Emilio )
¡Ten calma!
Nú, no callo más.
Pues bueno;
ve y arrójate á sus plantas
y dile que se equivoca,
que todo esto es unaT farsa,
que eres lo que siempre lias «ido,
en fin, que eres una santa;
y aunque jures y perjures
y aunque en llanto te deshagas,
ni él hará caso de tí
ni creerá en tus palabras.
Pero ¡Dios mió! ¿que hacor^
Lo que ya te he dicho: aguarda ..
á que venga don Torcuato
y verás cómo se aclara
todo esto en un minuto .
Sí, sí. . . espérale sentada.
Buen rato ha llevado el pobre
para que le queden ganas
de volver.
Pues volverá.
Antes de que se marchara
ayer tarde, le exigí
la promesa de. . .
¡Bobada!
Pues vendrá, te lo repito,
y vendrá hoy por la mañana.
¿Te olvidas que el muy pobrete
supone que estoy prendada
de su figura? . . .
No obstante . . .
Al>BLA.
Ana.
Adbla.
Ana.
Adela.
Ana.
Ad£la.
Ana.
Adbla.
Ana.
Adela.
Ana.
Adbla.
Ana.
Adela.
73
(Que se ha dirigido al baloun y mirado por él á la calle.)
¿Ves como no me engañaba?
Allí está.
¿Quién? ¿Don Torcuato?
El mibnio que viste y calza.
¿Le dijiste que á esta hora?
Yo nó. . . pero por las trazas,
el amor no le ba dejado
dormir . . . (Casi estoy tentada
de. . . 81; cuanto antes mejor.)
( Viendo que bu hermaua ha abierto Uw peraiauab y que agita nu
pañuelo.)
¿Qué haces?
Abrir las persianas:
le dije que no subiera
hasta que yo le avisara.
Pero ¿estás loca?
Ya sube.
Adela, yo estoy en ascuas.
Todo esto, aun cuando es fín¿j^ido,
la dignidad lo recliaza,
y hemos hecho mal, muy mal.
i Y dale! ¡Ya estás pesada!
¡Perdón ame I
No te niego
que en esta ruda batalla
hemos avanzado mucho;
pero, hija, el refrán lo canta:
«nunca mucho costó poco,»
y sabes que la ganancia
ba sido grande.
Eso si.
¡Son recursos de quien ama!
(Cumo incxjmodada )
ESCENA VII
Dichas y D. TORCUATO foro derecha.
Torcuato. Señoras . . .
Adela. ¡Oh! Pase usted. . .
74
TüRCüATO.
Adela'.
torcüato.
Adela.
ToRCüATO.
Adela.
ToRCÜATO.
Adela,
torcuato.
Adela.
ToRCUATO,
AdeIíA.
ToRCÜATO.
pase ubted, y muchas gracias
por su obediencia sin límites.
Señora^ hablemos en plata:
yo no he pasado en mi vida
horas tan desesperadas
como las que han trascurrido
desde que pisé esta casa.
Yo he sufrido tres encierros,
yo escuché mil amenazas
y me he expuesto á que dos tigres
se comieran mis entrañas . . .
Porque esos dos caballeros
son dos tigres de Bengala.
Yo no he pegado mis ojos
en esta noche pasada,
y esta es la razón por que,
apenas despuntó el alba,
me he encontrado en esta calle
como traido por máquina.
Yo no pensaba volver,
sin embargo, á esta morada,
y si he tenido valor
esta vez para pisarla,
es debido solamente
á los celos que me abrasan.
i Celos! ¿De quién?
i De su esposo!
¿Pe mi esposo? ¡Virgen santa!
Dígame usted: ¿su marido
fuma?
Si.
¿Y usa petaca?
¡Claro!
¿8e llama Zurita
de apellido?
Así se llama.
¿Y tiene un lunar aquí . . .
quiero decir, en su cara?
Sí, señor.
(¡El es! ¡él es!
(Señalando )
¡Oh! ¡Tomaré la revancha!)
8eñora, usted, segau dijo,
se eacuentra mu/ ultrajada
por £u esposo... ¡JO tambiea
deseo tomar venganza!
¡Venguémonos!
Adela.
¿Cómo?
TOUCÜATO.
AmáudoiiOH.
Adela.
Basta, señor mío, basta.
Ana.
Pero ¿qué dice este hombre?
Adela.
Usted- no sabe lo que habla;
y si perdono la ofensa,
lo hago solamente en gracia
á la serie de disgustos
que llevó por nuestra causa.
Usted vino aquí engañado,
pues la viuda que buscaba...
TORCÜATO,
Sí, señora, lo sé todo;
sé que esta misma semana
se ha mudado de este cuarto.
Adela.
AuilW), usted con su charla
no me dio tiempo á decirle...
(Aparece Migad i)or la pucrla del furo.)
Miguel.
¡Santo Dios!
Todos,
¿Eh?
TORCUATO.
No se vayan (-^ ^^ scñoraa.)
ustedes.
Miguel.
¡Dejadnos solos!...
¡Salid!
Adela.
(¡La verdad le salva!)
(A Torcaatü bajo y rápido.)
ESCENA VIII
D. TORCUATO.— MIGUEL.
ToRCüATO.
Miguel.
(¡Yo te haré que te refrenes!)
Ahora sígame usté. (Torouato quiere hablar.)
¡Silencio! (Antes cumpliré...)
¿Emilio? (Llamando.)
Emilio.
Miguel.
70
¿Qué? .
I Allí le tienea!
ESCENA IX
Dichos.— EMILIO.
(Saliendo.)
Emilio.
Toro ü ATO.
Emilio.
Miguel,
torcuato.
Miguel.
TORCÜATO.
Emilio.
Miguel.
ToRCüATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Emilio.
ToRCÜATO.
Emilio.
Hombre, celebro de veras
bailarle otra vez á tiro.
¿Eb?
Te ba indicado Ramiro...
No tal: dile cuanto quieoras.
Yo aquí, mero eí^pectador,
ni aun despegaré mis labios,
porque exigen mis agravios
una explicación mejor.
Pero...
i Que no quiero bablar
con usted una palabra!
Veremos si abora hay quien le abra
la puerta para escapar.
Yo daré á ustedes, cual debo, '
explicaciones...
Al punto.
Termina pronto tu asunto,
que enseguida me lo llevo.
¡8eñor mió!
No alborote
y siéntese usted ahí.
(¡Nada, disponen de mí
como si fuera un monote!)
Usted que mejor pai ece,
mis disoulpas oirá.
Acusado, el juez bará
la justicia que merece
su criminal proceder.
¿Criminal? Nó, no hay razones.
No me haga usté observaciones
y comience á responder.
¿Cuántos años usted cuenta?
(A Emilio.)
(Grave )
I é
torcuato.
Emilio.
torcüato.
Emilio.
ToRCÜATO.
Emilio.
ToRCÜATO.
Emilio.
Miguel.
ToRCÜATO.
Emilio.
ToRCUATO.
Miguel.
tórcuato.
Emilio.
ToRCUATO.
Miguel.
Emilio.
Miguel.
ToRCÜATO.
Miguel.
ToRCÜATO.
Emilio.
ToRCUATO.
(¡Pero estoB hombres son Iocob! )
Treinta y cinoo.
¡Eh!
Si son pocos,
por mí me pondré noventa.
¿Qué intención trajo á esta onsa?
La verdad clara y desnuda.
Vine buBcando á la viuda
del brigadier Bala-rasa.
¿La que Re mudó de aquí?
)Sí, señor, el otro día;
cosa que yo no sabia
hasta ayer cuando salí.
Y á propósito: ¿se sabe
cómo y por dónde ha salido?
¿Supongo que no habrd sido
por el ojo de la llave?
Nó, señor.
¿Pues de qué treta
para escapar se valió?
La c nada me sacó
por una puerta secreta
que creo se comunica
con ese cuarto de enfrente.
¿Con el mió?
Justamente.
Entonces asi se explica
el hallar á don Simón.
Todo esto ha sido una farsa
en la que he hecho yo el comparsa.
(¡Este mozo es un bribón!)
(O un tontucio sin malicia.)
(¡Me hace gracia tu paciencia!)
Probada ya mi inocencia,
reclamo á mi vez justicia.
Está usted en un error,
porque yo no le he creído.
Señor juez, justicia pido.
¿Contra quién?
Contra el señor.
Miguel.
torcuato,
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel,
tor guato.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Miguel.
ToRCUATO.
Emilio,
Miguel,
torcüato.
Emilio.
ToRCUATO.
Emilio.
ToR GUATO.
Emilio.
ToRCÜATO.
¿Contra iní?
Sí, caballero*
j Ea ! basta ya de engaños.
En la calle de los Cafios,
número treinta, tercero...
¿Cómo?
Habita una sefiora...
¡Silencio!
i No callaré!
(¿Cómo sabe este?...)
¿Por qué
no me desmíente usté aliora?
¡Que le rompo á usted el alma
si oyen esa relación !
Bien, bajaré el diapasón;
pero escúcheme con calma.
Esa engañosa sirena
de mirada tan ardiente,
astuta cual la serpiente,
con un corazón de hiena,
estaba ligada á mi
por lazos...
¡Puf!... (¡Te has lucido!)
¡Cómo! ¿es usted su marido?
¡Yo soy su marido, si!
¡ Puf!
Sí, sí, ríase usté,
¡búrlese de mi desgracia!...
Hombre, yo... (¡Puf! ¡Tiene gracia!)
Sí^ señor, yo soy el que,
de mi buen nombre en desdoro,
— sin saber lo que eran celos-
compraba los caramelos
de la «Colmena de Oro.»
Yo soy el que aquella ingrata
trató como á presidiario;
¡yo le daba un real diario
al bribón de la Traviata !
¿Pagaba usté al mensajero?
Sí, señor; porque la infiel,
(Riendo )
•39
para arrojarle el papel
me pedia á mi el dinero.
¿Concibe usted, la verdad.
que haya tan inicnos seres?
¡Le digo á usted que hay mujeres ..
Miguel.
(¡También es casualidad!)
TORCUATO.
¿Y aún se atreve ¡por quien soy!
ese sefior á insultarme?...
«
¡y aún pretenderá matarme! ...
MlGÜEIi.
¡Vaya!...
ToRCÜATO.
¡Más muerto que estoy !,.,
Emilio.
Pero...
TOBCÜATO,
olYo la amaba, si;
mas con lo que habéis osado,
imposible la haisr dejado
para vos y para uii.»
Miguel.
¿Va usté á hacer ahora el Tenorio?
TOR GUATO.
¡Nó: lo que yo he estatlo haciendo
es el Cristo!...
Emilio.
¡Puf!
ToRCUATO.
* ¡Y sufriendo
las (venas del purgatorio!
Miguel.
¿Y usté á mi esposa asedió
"•^ "^
para vengarse de mí?
TOR GUATO.
Merecia usted que sí...
pero lo cierto es que nó.
Mjgüel.
¿Y quién le pudo contar?...
porque aunque sea muy listo...
ToRCÜATO.
Las escenas que aquí he visto
me empezaron á escamar.
Fui á ver á Adela...
Emilio.
¡Es chistoso!
ToRCUATO,
Y á poco rato sonó ^
la Traviata: me pidió
el real: entonces furioso
arrebátela el papel,
vi su delito palmario,
registré bien en su armario. . *
y esta petaca de piel (Mostráníloie la qne habrá
explicarle más me evita. sacado del boisiuo.)
Emilio.
torcuato.
Emilio.
torcüato.
MlGURL.
ToRCÜATO.
MiauEL.
Emilio.
Miguel.
Ton cu ATO.
Miguel.
ToRCÜATO.
Emilio.
Miguel. '
80
¡Déjeme uatod qae me asombre!
¿ De piel?
Justo.
¿De piel?
¡Hombro,
hay muchas que son de pita!
Yo supongo, caballero,
que usted no os^rá decir.
Nó, señor, no sé mentir.
Porque tiene tarjetero ...
Bien; termine esta cuestión,
y puesto que no hay manera,
elija el arma que quiera.
¡Miguel!
¡No hay apelación!
Yo me doy por satisfecho,
pues también me vengo así,
con hacer ambos allí
la escena que aquí hemos hecho.
Va usté á verla: yo furioso
subo y les sorprendo. . . -
¿Eh? .
¿Es decir que piensa usté
que vaya yo á hacer el oso?
¿No le he hecho yo? De esa suerte
Adela me deja en paz;
porque si no, es muy capaz
de perseguirme de muerte.
Si es ó nó justo mi intento
que lo diga el señor juez.
(Acepta por esta vez
y date por muy contento.)
¡ Es que si bien se repara,
también vo estov ofendido'
(Burlándose.)
81
ESCENA X
Dichos ANA y ADELA.
ADSL.A.
MlGUSL.
Al>£LA.
torcüato.
Ana-
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Ana.
Emilio.
MlOüSL.
Adela.
Miguel.
Adela.
(A EiLÜio.)
Miguel.
Adela.
Pues si aún no estás convencido,
fíjate bien en mi cata.
¡Adela!
No mira asi
la majer qae es cnal nosotras.
(Eso segnn... porqne hay otras...)
¿Y tú dudas aún de mí?
Yo no quisiera dndar
de tn pnro corazón;
pero, hija, aquella lección
y el lenguaje singular
que usaste...
Si, si.
¡Confiesa
qi ^ CBcami.'fa al más bendito!
Lo aprendí en este librito
que estaba sobre la mesa. *
(Mostrando uno que trac en la mano )
«Manual del jugador.»
(¡Que haya estado yo tan ciego!)
¿Qué haces? (Vi«ndo que lo arroja al fuego.)
Arrojarle al fuego,
que ese es su sitio mejor.
¿Y la gitayaha? ¿Y el cocOy
(A Adela y oomo continiiando la conversación,)
y el organillo y la cita?
Pues todo eso...
i Quita, quita!
Ven aquí, no seae loco.
De tu labio lo escuché
cuando á Emilio le contabas
cómo te comunicabas...
¡Ah!
Y estas cartas que hallé.
^ *
82
Miguel.
Adela.
Miguel.
torcuáto.
«
Emilio.
Adela.
Miguel.
Adela.
Emilio.
Ana.
Emilio.
Adela.
Miguel.
Adela.
Emilio.
Ana.
Adbla.
Ana.
Emilio.
torcüato.
Miguel.
Emilio.
torcuato.
Todos.
Miguel.
ToRCUATO.
Emilio.
me acabaron de explicar...'
(Mostrando las que trae en la mano.)
¡Basta! ¡ Perdona á un infame!
iBah!
Dame esas cai*tas, dame,
que las quiero yo quemar.
(Merece aquella coqueta
verse aquí fcan despreciada.)
Y decidme: no es por nada,
pero... ¿y esta papeleta
que yo hallé de un medallón?
Yo ese destino-le he dado...
como estaba tan manchado...
¿Manchado?
(Con la intención.)
¿Y ese baile á que habéis ido?
i Sí, buen baile te dé Dios!
Mientras dormíais los dos,
en casa le hemos leido.
¿Leer? ',t.
¡No ha sido mal ckasco!
¿Qué baile ó qué amiga es esa? i
<ic El baile de la condes a.D
i Ah! sí, una amiga de Blasco.
Ea, todo se acabó
y pelillos á la mar.
Sí.
¿Volverás á jugar?)
Mira... no digo que nó.
(Con la intención que el actor comprende demasiado.)
(Estos señores no ven...)
(Emilio y Miguel estrechan reepectivamente á las dos.)
¡ Qué buenas!
¡Qué cariñosas!
(No puedo ver ciertas cosas.)
iQue ustedes lo pasen bien!
¡Ahí
¿Amigos ó enemigos?
I Amigos! (Si no me mata.)
• Ha perdido usté una ingrata
(^edio mutis.)
(Tendiéndolo f u mano.)
831
y ha ganado cuatro amigos.
Adela. Hacer como hacen.. . uo tanto
que Bólo el pensarlo espanta;
pero es difícil ser santa
cuando el hombre no es un santo.
Y pues somos vuestro encanto,
que el fuerte la lucha evite
y nunca nos precipite
con cieg^a y loca manía.
Porque ¡ay de todos! el dia
que buscamos el Desquite.
FIN.
r
LOS DISTL1ÓS PDBUGOS.
V
i *
DESTINOS PfiBlICOS
COOBU El TRIS IGTOS I n PftHI
ORieiHAl vt
DON ADOLFO VARGAS.
BADAJOZ:— 1873.
Iiwprenta y librewa de D. Emilio Orduíu.
MATILDE,
£ursá.
ANÍBAL.
EUGENIO.
ANTONIO.
BERNABÉ.
GARCÍA.
SANTIAGO fOrdei^%a,4e<m Gobiertio cwil)
Otro Ordenanza de Telégrafos.
Inspectores y Agentes de orden público.
Esta obra es propiedad de su autor.
Queda hecho el depósito que marca la Ley.
ACTO PBUeRO.
Despacho de un Gobernador de provin<!Ía. Sala lujosamonfe ntnu<'blada. A la dere-
cha un velador: profusión de papeles. Puerta al foro y laterales.
dsoena. 1.
AMBAL, ANTONIO, GARCÍA esori'bieodo sobre el velador.
•
Aníbal Señor don Arptoniol Tanto bueno por mi casa Habla perdido h
esperaazu de ver á usted hoy. Creí que no iba t tener el gnsu
de saludarle.
Antonio. Yo no quería privarle de esa satisfacción , ni privarme tanipocc
de la que siempre esperimento al estrechar mi mano con la de
una persona tan apreciable y tan...
Aníbal. Basta, basta: agradezco infinito.. •• y.... vamos, quó' hay de
política? ,
Antonio. Lo de todos los días. Aeabo de recibir algunas cartas de vario!
' companeros de Diputación, en las que me dicen que se nota ei
Bladrtd cierta efervescencia, y se temen nuevos trastornos ei;
provincias.
Aníbal. Esta es la Espafia de siempre! A todas horas amenazados poi
esos malditos revoltosos, que lo mismo gritan en tavor de Im
instituciones liberales, que enarbolan la bandera del absolutismo.
Y la verdad q^, que hoy no bay motivo... £1 gobierno dá á cada
cual lo que es suyo y creo que nadie debe tener queja.
Antonio. Si hoy se abusase del poder como en otros tiempos... En la épo^
ca en que usted y yo andábamos errantes y perseguidos; cuandc
no regia otra ley ni se conocía otra justicia que el capricho de
los encargados de^admisistrarlas, entonces estaban justificadas la;
conspiracioues, tos motines, las asonadas. ..(Qué tiempos aquellos!. ,
Anikal . iQué perversidad da costumbres I
Antonio, ¡t^uánto abusol
Aníbal. \Qué despilfarrol
Antonio. ¡Qué inmoralidad!
Aníbal. Si el pais comparase en calma aquellos tiempos con estos, po«
diamos vivir boj ea uaa paz octaviana. ^
— 2 —
Antoi9IO. Momentos, hay sin embargo, en qae dudo si los terribles males
qué sobre nosotros pesan, tienen origen en las desacertadas dis-
posiciones de los gobernantes, ó en la resistencia que á obedecer
prestan de ordinario los pueblos. Desengáñese usted, señor don
Aníbal; raientfás los encargados^de adhmiistrar las leyes, no pro-
curen que la Justicia aparezca pufa'y brillante en todas sus ma-
nifestaciones, la Nación será ío que viene siendo hace algún tíem-
• . po, y al fin veremos realizado el adagio vulgar de «el maJ largo...
Aníbal. Me parece que usted como l)ipulado, y yo como Gobernador... no
dejamos nada que desear Entodos* mis actos procuro inspirarme
en esas ¡deas Si todos mis compañeros fuesen como...
Antonio. Ahí Si todos h¡ci6s -n lo que usted Dfaee, el país sería una balsa
de aceite: pero desgraciadamente.^.
Garcia. (Aparte ) iMiíntras el uno cobre cuarenta mil realtís de sueldo, y
el otra sea arbitro de los destinos del país, todo vá bien.
Aníbal . ¿Qué dice üsterf, señor García?
Gargu. Q^ue'nb áé cóíno contestar á las remetidas súplicas de los que en
la última elección favorecieron al Gubierno con el suíí^agio. Us-
tedés han coíitráido con ellos ciertas deudas, q<ie aún no estfia
'satisfechas.
Aníbal., Hombre! Ladeuda'es la vida de las naciones!.!, y ¿cree usted
íjíie hay 'alguien-, éñél dia, que pueda vivir sin ella?
Antoj^io. Procure usted alimentar en tos am*lgos la esperanza de que todo
se andará
Aníbal. Justo! Dígá'es/jue con'el tiempo... . ' .
García: (Aporte) Sí, Con el iietíipo... ráadárán las 'bfévás. ¡Cuánta
farsa! Estaos .la política!
Antonio, lia política úo' tiene ¿ntranás, sefthr Garcia.
García.' Lo que no liéne la í)ólítica, señor Diputado, es otra cosa. (Ap)
Aníbal. Con que' lo diéha: en la primera vacante colocaremos ^á su her-
iríanjío de'ósted. • '
García. i(Lo dudo.)
Aníbal Este muchacho 'és una alhaja!
Antonio. Lo parece ¿n efecto.
» • • • » ' ■ . ' ¡ . '
*
Dichos y Bernabé; ;
Aníbal. Aquí tiene usted al jefe de la Adminjsthtejbn'ecbnóniifca, persona
muy apr.eciable por todos <?onceptos.'
* (de estrechan (odas tas'ffídñó^:/ / '
ANTomo._Le conozco mucBo. Sé qae eke c'abáíldro ¿á'tín''fltó'(}R)nar¡o pú-
- $ -
bllbb, di^rfo de la ftiais'alta e^tim oioii, y i' qoién hoy tenia que
hablar de un asunto de granírntarte.
BeintABÉ. NíDguríaoida^íotí mejor que esta.
ANTONIO. 1.0 dejareíno-^ para mas tarde,
BJBftMABÉ. Mejor áefá. fWrfpiéñéoie á 'Amia/ ) Tenérnoste orden de cef^n-
tía de aquél' mozo. VA ftHnistro ha rBspéndido a nuestras iniiíca-
'Giones'iBaB'pr(Vnlo de loque yo esperaba; paro es el «aso» qun
para reeoiplazarle nombra á otro quevoes il sobrino de su señora
de \isted *
AifiBAL. De terts?
Bébiyabé ,£I oiievo en^eado se llama don Lope de Hodaja5^ ..
AisJBAL. De Rodajas!. . |EI mismol fEÉtrafiánUoH J Rcidajillas!... pues...
jnstamentel ;. El hi}o de una señora eéti quien, según se di66 por
Madrid, sestuvo- el Ministfo en' sus buenos tiempos ciertos amoríos
« de un carácter estravagante y raro El sBhor don Lope RodajasI . . .
Coma quiea dióe . un n^oo qne no servirá en la ofíoina mas que
de estorbo, y no hará otra ekm que a}>radar ia sangre a su jefe!
Bernabé. ¿Y para esto hornos pedido nosotros ia cesantia de un joven tan
aprovechado, deisn chico que pre-Ua tari buenos servicios?
Aníbal. ¡Estamos fresóos con el señor Rodajast Siquiera mi sobrino, aun-
que tampoco sabe bien á bien escribir, ai lado de su tío...
Antonio. Al lado de su tio seria con el tiempo un grande hombrel
Bernabé. Y qué vamos ha hacer ahora, señor Gobernador, con el pobre do
Cuesta? .
"Antonio, Qné?. . . Qué?. . . Qué es eso de Cuesta?
AnibAi.. Friolera! Que el Ministrólo 030 de sus atribuciones, le ha dejado
cesantiBl
Antonio. ¿A Cuesta cesante? Cesante mí ahijado!... y cesante, merced á
las gestiones de ustéd^ dos, para qne le reemplazase el sobrinito
^e su esposa, que es un buen perillán?
Aníbal. fCon energía) Mi esposa oo es p^rillftn, señor Diputado!
Antonio. Su' sobrinito de usted quiero decir; señor Gobernador! y es pre-
ciso que la injtetícla que acaba de cometer el Gobierno, se re-
pare inmediat^mien te ^ puesi de lo (entrarlo, mañana salgo para
Madrid, y no qneda en esta provincia títere con cabeza.
Aníbal. Lo hecho no tierie remedio •
AitTómo. : Puede^nsted servn^e del telégrafo*
Aníbal. Está interrumpida la líoea.
Bernabé Señores; podemos fohnar ana nueva combinación,
ANTONto. Véáníos cómo; • •
íftNÍBAt. Este. Administrador -es el hombre de los grandes recursos.
BfiBNABé. En la dependencia de'fei cargo hay cuatro- empleados que disfru-
• tan el mbmo haber qüc ol rce{«nendado del seüior don AntoniOj
7 sacrificaodo á uoo de ellos., estama'i fuera del paso.- (Saca un
papel y lee.) En la seocioa de propiedades) es inútil ppnsj»r: el
ufioial primero cuenta con.uiia alta influencia dentro del MinUle-
rio. Eq la de Estancadas tampoco, porque se hi estancado en
eli(t sU antiguo y bien reputado jefe y no hay fu^rzís humanas
que le muevan de su puosto Solo nos queda el q.ie constanto»
mente está auxiliando los trabajos de la S<íoretaria del Gjbieroo«
y el señor Betanzos.
INtonio. k ese seQ'>r Bjtanzos acusa la opinión pública de no jugar nunca
limito en el despacho de lo^ negocios Se di<íe, que vende los es-
tancos, que negocia las comisiones de apremio, 'que descuenta
los libramientos de carreteras, etc . etc .
VwBAL, ¿Es punible?... jQ.ié inmopalidadl Qué esc-'m-Ialo! En una provin-
cia á cuyo frente se encuentra, don Anibal Gimeaezl... ¿(Jué se
dirá si yo sigo consintiendo?...
\ntonio. Asi lo aseguran las gentes, y voz del pueblo . Abusos tamaños
deben castigarse, y como representante del país tampuco consiento..
Serfyabé. Tienen ustedes razón, señores: todo lo que de él se dice no ca ->
rece de verdad, pero ese ejnpleado son mis pies y mis manos, y
sin él no podría marchar la dependencia,
Inibal. ¡Habráse visto un hombre mas cínico I
Vntonio. Este hombre no sabe lo que se habla. ¿Cómo se atreve osted á
declararse cómplice de tan criminales hechos?
ÜLNiBAL, Si la dependencia no puede marchar, que se esté parada.
ANTONIO. Lo que procede, señor Gobernador, es suspender & ese faneiona-
rio de empleo y sueldo, y dar af Gobierno cuenta.
IVnibal (Con energía) Queda suspenso de mi orden.
I^NTONio. Yo apoyaré 4.a^ted en tan justa determinación.
Bernabé, Ustedes, sei^res, podrán hacer lo que gusten, pero no ban con-
tado con la huéspeda. La persona que nos ocupa es ía que está
en los secretos íntimos de ciertos acuerdos tomados para el triun-
fo de las últimas elecciones; debido & su sagacidad y á su auda-
cia» se legalizaron aquellas cuarenta bajas en la matricula de sub-
sidio, á cuyos industriales debió la victoria el señor don Antonio.
.Por consecuencia de un medio ingenioso propuesto por el mismo,
disfruta usted una dehesa, cuya cabida es de cinco mil fanegas,
y no ha hecho k la Hacienda mas que el abono da mil quinientas,
y merced k él...
iNTomo. Bueno, biieno, señor don Bernabé.
ANÍBAL. Ble parece que sería una imprudencia, señor don Antonio...
(ANTONIO. Es claro: eso seria atrepellar por todo: eso sería pagar con una
ingratitud los buenos. servicios y... •
\«iBAL. El hombre, ante lodo, debe ser agradecido.
-5- I
kmwvk. Ldifaote ttstad Ift suspéns oa, hóflrt)re; lemat» usted la sospeosion. >
Anisal Quedar de mi orden levantada.
BsRiiAQÉ. .£d último tármJQo, sacrificar al boeno de Rodrigues diciendo al
MíQíslro que los cargos hechos al abijado de don Aalooio eran*
iofundados. y que del espediente resulUa gravisimas acusaciones
coQira esta nueva víctima. . ^
Aníbal. Eugenio!..* £ttgenio es un ebieo virtuoso • . tan buen hijo .. que
me e.^ muy dnro legarle la infamia de hitas qne él no ha coroe-j-
tidoy poro por servir á este sehúrr, seria yo capaz. .
Amoiwo* No esperaba meóos de un amigo tan leal y tan sincero como usted.
Bebivabé. Yamo;}, pues, al telégrafo,, y una vea coaaeguido laqoe se desea,
concluya esta enojosa cuestión. ^
Antonio. Vamos, sí, pronto.
Aníbal. (Qué cesas tienen que hacer los hombrea cuya subsistencia de-
pende del presupuestol) fAparte.J
{VámeJ
Elsoexia III.
MATILDE.
De seguro han estado fraguando alguna intriga. Gradas á Dios
q4ie se loarcliaron ese par de empalagososl Me tiemblan las car-
nes Gtda vez qu^ cojeo a papá por su cuifnta No le dejan ui d
sol ni á, sombra Desde que se encuentra al frente de eBta provin-
cia, se ha quitado lo menos diez años de vida. Cualquiera creerá
que el eargo de Gobernador civil es uua ganga. A las horas or-
dinarias de oficina, sude convertirse este despacho en un valle
de lágj'iffias; y eso que yo procuro que no lleguen hasta aquí
muchos infelices ¿^quienes despido á la puerta, socorriéndoles
con algunas limosnas Esta mañana me eché doce duros en el
bolsillo, y en el trascurso del dia los he repartido oomo pan ben-
dito Poco míls da quinientos reales me quedan de los dos mil
que me dio papá para el abono del teatro yel pago de la modis-
ta,, pero yo puedo pasar sin diversiones y sin lujo. Harto caro me
enasta tan cristiano desprendimiento.- Fijas en mí las miradas de
todos al verme con este modesto tragp; separada de la sociedad;
huída^ por decirlo asi, denlos sitios públicos, atribuyen mi con-
diicta á una economía mal entendida, me tachan de miserable y
dicen que los cuarenta mil reales de sueldo- no son para guardar-
los: deben destin^^rse á dar al cargo de Gobernador el dec(;ro
que su alta posición reclama En esta razón se apoyan las mr
maraoiones de que en la caita sociedad soy obieto^ §¡ osteal
lojd y grandeza, me vería libre de sus amargas oensiiras,' pero
estaría sujeta á la de esos pobres cuyas lágrimas enjugo hoy.
iQué'diffcil es. Tivír á gusto de lu mayoría do lus gente^^l A papá
le sucede pooo mas ó monos que á ral. Cuando recibe con agra-
dable solicitud á los 'humildes» creen los poderosos que esto es
darles alas para que se eleven á una altura desde la que puetiea
hacer vacilar los fundamenloB sociales. Si albaga la sobppbia de
. los grandes, le tachan de tirano, le acusan de dé>pota ¡Cuánto
sufre! Curanto padecel Solo continúa en este maldito destino alen-
tado por la espe«imza de oumplir el tiempo que le falta para al-
canzar el máitímuttáe la jubiiuoion.
E^scexia. I'V.
MATILDE, EUGENIO.
5üGE!fio. lOué agradable sorpresa! Dispénsame, Matilde, pero suponía qua
tu papá estaba...
»1atildb. Habrá ido k las habitaciones del telégrafo.
íuGENio. Es fácil. El gabán y el sombrero están sobre aquella silla. Vol-
veré...
íatilde. Puedes esperarle si gustas.
íiíGENio Sentiría mucho ..
Iatílds No eres incompatible., . Ilace algunos momentos que estando
aburrida en mi habitación, bajé á este de^spacho con intenciones
de escribir á una primita que quiero mucho , y llegué en oca-
sión en Tque salian por esa puerta el señor lavares y el jefe de la
Administración económica. Me sf.nté en esta butaca, y compren-
diendo lo difícil quri es desde estos elevados puestos aunar mu-
chas voluntades, recordaba el gracioso pasaje del anciano leiia-
dor, que no sabiendo como agridar á los viajeros que hallé por
el camino, aceptó la estraua resolución de echarse el jumento h
cuestas. No hay día que no se me lamente papá de un suceso
análogo al del leñador, porque ¿con quién mejor que con una bija
puede un padre desahogarse?
¡UGKNio. Pero tu papá, en medio de las contrariedades de la vida y de las
que tienen origen en eít cargo que desempeña» es el hombre mas
feliz de la tierra. Sabe herir perfectamente las teclas del piano
gubernamental. Es tan buenol Yo le quiero tantol
Iatilde. En eso no haces otra eosa mas que pagarle en la misma moneda.
En algunos casos habrás podido apreciar lo mucho que te dístin-
tingue. Tiene formado de tí el mejor concepto
itXENio. Es verdad! Yo creo que debiamoi hacerle alguna indicación res-
íK Qe()t_o_á nuestras relaciones amorosas! ;Oué oDínas tü?
-7- •. ,
Matildb. No, no, de nin^ttn modo.
EcGsmo. AI arrojar ayer flores á tus plantas me dljpste que cnanto ma
puro y sencílln es el amor, eo opinioo de un poeta fastellüno'
mas se opone á la amoii^ion de la eJocueooía Me rogaba? que e'
lo sucesivo te hablase el lenguaje ríe la verdad y la verdad es ()u
ya es tiempo qae te resuelvas, que te decidas... Chica, ó herra^
ó quitar el banco.
MAmDE. Considera, Eugenio, que la posición del empleado, cuyo destino h
debe sólo al favor, es una posición falsa Además» tu conoces^
como yo, las necesidades de una casa y sabes lo diOcíl que es cu-
brirl&s con el modesto sueldo que hoy disfrutas.
Eugenio. La razón de que te vales para eludir tus compromi<«os es bastante
cguista.
Matilde. Nunca El amor hnpone sacriflcíos á que yo estaré siempre obli-
gada y no es pequeño el que hago con no acceder á tus dfseos.
Casarme contigo seria parcí mí la mayor de las dichas, si al hacerle
DO arrebatase su bienestar á tu* pobre madre, ft tu desgraciada
hermana
BuGEmo. Ellas pasarían por donde pactásemos nosotros.
Matilde Y todos lo pasaríamos bastante mal.
EuGBRio. ¿Pretendes que continuemos asi toda la vida?
Matilde. Toda la vida no. Si como cfoo ingresas de aquf h poco en la
carrera del profesorado, que es tu carrera, ó consigues un destino
de más porvenir, realizaremos nuestro deseo con el desahogo....
Medita un poco acerca de mis palabras y te coiveocerás que es
estemporánea tu pretensión. Siempre han sido las pasiones ei mas
temible consejero del hombre.
EuGEmo. Lo conozco, atraso el cariño que te profeso me ciega hasta el pun-
to de no ver el negro porvenir que con nuestro enlace nos aguar-
da; pero el que no se arriesga, Matilde, no pasa la mar.
Matilde. Algunas veces te be oido decir que es más elástico el duro que se
gana con independencia que la onza procedente de un sueldo. Tu
eres Bacbiller en letras; ¿por qué no espiólas ese título?
Eugenio. ¿En qué forma?
Matilde. Podrás establecer una Academia preparatoria para los aspirantes
. á ingreso en las carreras especiales y abrir una cátedra de repaso
para los alumnos del Instituto.
Eugenio Aplaudo la idea , pero me falta lo principal. La penosa enferme-
dad de mi madre ha consumido mis ahorros y me encuentro en
una situación ecoffómica. algo lamentable. Tendría que vivir una
casa de mas precio que la que habito, mejorar los moebles y hacer-
me de los útiles indispensables al establecimiento de un colegio.:
Además, esta clase de empresas necesitan da la protección oficiay
— $~
La influencia de la política alcanza hoy á laa profesiones que míí
. distante est&fl de^eUav y üe^raeiado dai que no cuente oon elapoyo
«del Gohierno mi oualquier modo de vivirqoe escoja.
lATif.DE. 0tros[Gontar&QConiaiénDS'elefD6aAe»qae tu. A papá le tendrías de
tu parte.
ÍUGBNic^. No echaré^en ^^aco roto tu advertancis , aunque me parece imposi-
ble vencer las graves dificultades que han de presentarse k la rea-
lisacioA de ta idea. £s una< idea: feliz. ^
ÜATiLDK. Siento pasos
^üGBmo^ Ellos son. fRirigiénéoie i tá pumi».) Biea dicen que no hay
en el mundo /elioidad compilen.
MÁitLOE. Adio9« (Vme )
[ EUGENIO, ANÍBAL. ANTONIO, BERNABÉ.
ikmBAL. ¿Qtué bañe, por aquí este buea mozo?
CuGENio. Esperaba k usted para dar cuenta de los asuntos pendientes del
negociada.
Aníbal. ¡Qué chico más laborioso! Todos los asuntos los tiene al dia: el
porvenir debía ser de la juventud esludioaa; pera desgraciada--
menté en España los boi^os empleados como ustsedv sueteBdarar
poco« Tengo la evid^encía de que en el arreglo praciioMlo y que
está: á punto de publicarse, le dejan á usted, fuera de la plantilla.
£1 país es patrimonio de dos docenas de. familias, y hoy por des-
gracia, la de usted se enaueotra desheredada y proscripta
Antonio. Si su tic de usted no se hubiese ido á formar parte de la disiden*
oía del Congreso, olro gaJIo le cantara. fDiripéndose á Eu§9nioJ:
&£RiNABÉ, Lo natural es que el Gobierno no respete las heofauraade los que
le son hostiles
Eugenio. No me cojerfa de novedad; pero aún me queda un resto de espe^
raoza. Antes de declarar el Gobierno mi cesantia, dejará en la
calle á los que públicamente hacen un bastardo uso de la confian-
za que en hHos se deposita. Algo chucante es que el señor Belan-
zos se considere seguro, y yo.... Además , supongo que ustedoa
tres. ..
\ntonio. Nosotros ..
fteu^ABÉ. Si; nosotros no podemos menos...
íIníbvl Es cfórot Nosotros qué hemos de hacer mas que recomendar á
un joven tan pundonoroso y tan inteligente como usíled?
ANTONIO. Media hora hemos estado en el telégrafo al habla con el Ministro,
y le hemos dicho lo que puede fijfurarse; pero las gentes de lU-
drid^ sabe Udted lo q^ie son.
AmRAi'. Nada tionede ostraftp que ba^anoMo de mercader á Qoef^tral
r»'olamao¡ünes.
Bernabó iQoé di.'^paratel
Antonio. Piensa rnal, y acertarfts.
KmKXL. Uited se recoíiiienda por si mismo.
AifTomo. flornhres como usted oo necesitan apelar...
Bernabé Cornj á mi me consulten, esté usted seguro ••
Eugenio. No sé comió pagar á usle^ie^ tanto favor
Aníbal; Deje usted los papeles sobre la mesa, y después de comer no<
ocuparemos del despacbo.
Antonio. (¡Inocente!)
Anuial. (¡n sventurado!)
BfiaNABÉ. (i Te compadezcol)
EiGEMo. Con el perniso... (VaseJ
(IncUíkon todos ta cabeza J
Dichos, menos Eug:enio
Andai. (En tono de arrepentimiento ) Las últimas palabras de este joven
me han conmovido: estoy resuello á deshacer !o hecho. Yo nc
puedo regalar ¿ mi conciencia ona carga tan pesada.
ANTONie. Lo hubiese usted mirado antes.
Aníbal. Los remordimientos me pondrían al borde del sepulcro, y morir
bajo la presión de un crimen, es una idea que mo horroriza.
AdroNio. Poca alma, poco estómago tiene usted para ser hombre politícoj
Aníbal. Sí yo careciese de estómago, cree usted que había de esur en
este puesto? ¿Cree usted que habia de transigir con ciertas cosas,
ni pasar como paso en él la pena negra?
Antonio. Los hombres débiles oo sirven para Gobernadores La polftíca no
tuvo entradas cuando nos eocoatrábdmos en el ostracismo, y
ahora quiere nstéd tener caridad de quién con nosotros no usó de
la mas ligera benevoleneia.
Am^iL. Las faltas de nuestros adversarios no jasttficán las nuestras, y se-
guir la conducta que usted aconseja es rebajarnos más de lo que
ellos estaban á la caída de su dominación. ¿Qué va á ser de nues-
tra bandera? Dónde están la moralidad y la justicia, tan decan^
tadas cuando nos hallábamos caídos?
Antonio. Esas son antiguallas que no vienen al císo. Todos los partidos en
la oposieíon predican lá buena Üoclrina; pero cuando llegan ai
peder hacen lo que más conviene k ios intereses ste sus hombres.
Con que al vado ó & la puente. I
Artral. ¿Tanta plísale O^ffé i ostidd que rdildiñvan al séKor Cive^ta?
Amtokio. Muohal y ... on fin, u^^ted sabo que el marquéis dd Navia perdió
días pasados el eorto resto de tu larga furluria en el Castino de
Madfid, y que hoy pretende dejar h usted mas deshancado que
lo que él se encuentra; para conseguirlo, sólo le falta el peso de
mi influencia^
Aníbal. ¿Serla usted capái?...
Antonio. Tan cap&z como ha sido usted deiqiiítaf á mi ahijado* con iaidea
de poner et) sa puesto al sobrinito de su esposa "^
Aníbal. Haga usted la que quiera, séaor don Antonio Haga usted lo que
quiera. (Con energía)
BfiRNABÉ. Señores, por Dios! Yo me encargo de arreglar este asunto, utili-
2ando los buenos servicios de este oaballeritp. fDin^éndf^ i
García. J
. Bi43hos y GARCÍA
García. Siempi^e estoy k las órdenes de mis jefes: en el campllmiento de
tni deb^r obedezco ciegamente como el más subordinado de los
de mi clase.
Bernabé. Se trata de haoeir ver al Miaisiro, que los ai»usos de que se le dio
cuenta el miéreoles átliino relativos al seu0r Cuesta, resulta ser
hoy autor de ellos el señor Kodriguez. Usted se encargará de for-
mar el opartudo espediente, y ii so buen juicio, á si» alta pene-
Irioion dejo. .
García. Comprendo, señor Administrador. Pero es el oaso que al señor
Eodriguez^ me unen lazos de íntima amistad. Además tengo miry
adelantadas relaciones con una hermana suya.
Antonio. Oira misa sale...
Bernabé. Este problema es mas dificit de resolver que el de la cuadratura
del circulo.
Anibal. a la primera objeción que haga usted á su jefe, le planto de pa-
titas on la calle. One diga ahora el señor Drpotado que yo no ha-
go uso de toda la energía que el cargo de Gobernador exige.
García. Yo no he pretendido, señor Gobernador, . desobedecer su manda-
to; pero es el caso, que contra mi amigo doo Eogeoio Rodríguez
00 puedo, ai debo hacer nada.
Bernabé. Porqué?
Aníbal* Sí, Señor, por qáé?
García. Por respeto á la amistad y por la Circunstancia espeoialfsima en
que me colocaa las relaciones amorosas qw too so hermaaa
sostengo.
ANiBAt Pero, bombVe, usted pmn oasarse? asted «alie la qtiereon las-mn
jeres? KsU uslea lopo? Ademái» ¿CQQ qué vA usted á ffiaoleoerla
Coo cpatro mil reales de aoatdo?
GAaau. ¿Qué dirían ustedes $i m pago de la ooQi^ideracíoQ quf les merez
eo y He la honra que me dispaosaa liaciéodome (guardador de lo
seoreiüs de ta poliiica, yo revelase eslos aéralos?
AnTOifitL Qué bftbiafooe de deeU? Que er» usted qq. fpal caballero .. Qu
era «isted aa.timidor.
Garcu. Pues eso misoio dir& rai amigo don Eageoio, y algo a&s que es
80 f»rei;iDsa barHoaiia, A quien profaio el máa.siocero > deaintere
$ado carino.
AüTOKio. La poHiioa m 4ieoe eBlraots, y como usted no baga abstraccío!
4e las sayas» dinoilmef^e Ueg»r4 i.ooiia^uír un deatioo que valg
la peoa
Aniru Qué cAndide es este -chichi
Bernaíé. IÍ4] c^Biiop bft^eoogidM, si pretende bueer su carrera como empleado
Antomo. Los hombres públicos no se perteneceo ft. si mismos; esclafos d
laa eireqnsUACias iiedeo. que obrar en lef or de elUoi aunque t
hacerlo manchen una y mil veces su conciencia.
Ahiial. Por tercera vez advierto & osted» señor Geroia* que su obligacia
es obedecer ciefamenle los mandatoe de sus aoperioree.
Garcu. Pero cuando hay una mujer de por media, & quien. ••
AHiaAi«. Asnino hay mujer que valga.
3Sscezxa. V^III.
• . .1
Dtcimd T MATILDE.
Matilms. Estpy yp p^ra desmentir tn Aserto.
Ambal. Si Dios nos hubiese paesto un ojo en la espaldaí no incorririamo
en ciertas equivocacienes
Antohio. Pero Y. 00 es mujer, Matilde.
Matilde. Pues qué soy? Me hace graoial No me pesarla haber vivido en u
error. * •
Antonio. V. es un protesto de la providencia para tener en el mundo el ti
po de los ángeles, la vera efigia da los serafines. ,
JUathm, QuógaUatey qttépoótíco}.«.iQuó hubiera dicho el señor don An
tonio, si hace p«>co a^ hubiese, visto en la .cocina haciendo el café
calentando la cena y freganda U lozal
Aníbal, Qué es esto de fregar. Ios^l,, baeer caM y ealeniar cena?
ÜATiLoi. ,S1, papá: el ordenanza, que es el que ahora está haciendo las ve
cesdei <9peioero, le cqnvid^rgio boy 4 un bautiso, y el pobrecill
ae b^ esceiU^o .^go w beber, enfipn^rindose incapaz de hace
nada. • '
!«rB\L. Na deja de estar chnseo el lanoel
aiLOB. Ni él deja de estar alegre y festivo.
NiRAL. ¡Convertida la hija de uo Gobernador en fregatriz por- los escesos
de nn ordenanza! Reto no se paede sufrir.
LNTOffio. Grave cosa es que los dependientes de los Gobiernos de provincias
se entreguen t tos vicios. A propósito: hay un ehico en mi casa
que me sirve de ayuda de cansara, hijo del ama que im cri6,
que desempeñaría á las mil maravillas ese destino: adem&s, ha ser-
vido en el ejército.
[atilde. Este que tto<otras tenemos también habe(d)o la campaña de Áfri-
ca, y está casado con la nodríza que lactó á una bermanita mia.
LWBAL. A este diputad<í todo le viene bien. (Aparte,)
ANTONIO Pero puede darle algún día que se eneu<%ntre bebido por. ..
Iatilw. No, señor, ne: no le dá \íqv nada cnalo: por lo único qbe le dá es
por contar cuentos. Ahora )e dejé reflríendo uno que ha oído en
esa botica de al lado donde hay un mancebo amigo suyo, (Mo ^^
hecho reir tantel
LNTONio. Algo bueno daría yo porque lo repitiesen esos bellisímcs labios de
coral.
(krnabé. F.sta señorita es muy amable...
Iatilbb. No es preciso dar nada. Si tienen ustedes gusto en que yo*. •
kNTo.MO. No gu8to,'Siao placer.. ' .
íatildb. Pues bien. Es el casoque.al traisladarse de un paebio á otro un
portugués, llevAbaup loro que á cada paso iba diciendo: — «Lorito
real, para España y no para Portugal.»^ Indignado el portugués
al ver que el papagayo repetía esta especie de estribillo, muy oo«
muo entre los animalitos de su clase, miró al loro y le {lijo con ai-
re de indignación. — «Vosé irá para doade lo leven.»
Ilntonio. No dejadíe lenferchistel
Bernabé . ¡Qué ocurrencial
1atíli»e. y oportunidad , señor diputado.
kNiBvL. Cuenta otro, hija; eueuia otro.
bio^io. Diga usted, Matiiditai por qué cree usted que el cuento es oportinot
¿ATILDE. Porqués!.
ANTONIO. La /azon es conduyente.
Iatilde. Puesto que usted se empeña, le diré que el cuento es oportuno por-
que usted á mt juicio, ha tomado á papá por el lofo de la jaula y á
cada paso le está marcande el camino que há de llevar.
itiTONio. oye tísfedj señor don Aníbal, á su hija?'
ÍRnMABÉ. (Chúpate esa!)
^^ÍBAL. Con muchísimo disgusto la oigo: tur ffo tienes que entromnlerte ea
las cosas de los hombres peiitieos. La eosa públnsa está vedada á
las mujeres* ...
Í--I8 —
Matilob. Qoe no sirva de dhgasto» ptpi. To no 1m qaeriJo ofender.... a
seAor don AnUmio.
Antonio. Ni yo puedo ofeoderme nonei de sus palabru, qoe sólo sirreo
para ensanchar mi ooraion, para elevar mi espirita
11 ATILDE. Las siete bao dado, y estos caballeros nos dispensarán hoy el ho-
nor de acompañarnos A oomer.
Antonio. Mooho lo siento, pero me esperan anos amigos.
Aníbal. Serta on desaire ...
Antomo. No, no: • yo no quiero qoe osled lo interprete....
BfiRN/iBa. Tampoco á mi me seria grato que nsted se 0^'urase*...*
Aníbal Vamos, pues.
Hatildb. Mira, papá: como yo no estoy aoostombrada i oonfeeoionar el caré.
se me ha ido la mano, y en ?es de tres tatas, he beobo lo menos
nueve.
Anírai. Bien; y qué?
Matilde Que debías eonvidar A «se jovencito q«e siempre esti cojido & la
pinma y |iarHcetan laborioso y tan bumilJe....
Anibvl Lo es eu efecto.
Ásmiio No lo es,
Aswa. Le digo á uíl^d que si
Antonio, Le repito á u^ted qué no; porque aun cuando lo sea, hemos que-
dttdu en quH d**je de sei*to, ha^ia que venga su cesantía y coló*
quen en su logar á donMarttelini>(»ii9sfa.
BftNNABí. Usted no sabe, Matilde, los peligros que corre nn jete cuando di
df masidüa coufianta á un subalterno.
Anual. A cumer.
(Toda$M$9ún ménoi Gurda)
GARCÍA.
(Se levanta preei/niaáamnte de h silla, apar Unióte del fíela '^
dor, dende figura estar escribiendo cartas)
¿Podrá darse una posición mas especial que la miaf Habr& quien
tenga valor para pretender un emplt^ i vista de lo que & mi me
pasa? O tengo demAs el corazón, 6 me estorba el estomagó. Aquí
tienen ustedes & un hombre que le dan á elegir entre una mujer y
on destino; entre la idealidad y la realidad: entre la esencia y el
ser: entre ei objetivo y el subjetivo: eatre el yo y el oo yo. como
diría un filósofo alemán . Me decido por dejar ... pere, pó
el caso es grave y lo consultaré esta noche con la almohada, y
ella es posible que me dé on salodabte consejo, ^
éM
^14
garcía y EU6SN10.
Eucpiuo. E^oy yo aquí para dArtoiol Qu¿ iieoes? Q\\é te púa?.
García Nada, chico, natía.
KuGEKio Algo te>o<i«*^ A^uRfMMar teatoroieola: esas frtaeft que estabas
Itroouociaíido, indican . .
GAitcf A Es uq seer^io que oo puedo revelar. Te ruego, te sufilieo, que lo
respetee^
Eugenio. Para aii no debes tener secretos nunca; a^i como me haces partí*
cipe de tus ^li^beoiiQQe», deto» quiero QQaipar(4r coutigo los dis-
García. Una vez sola en la vida.
Eugenio. Ni una, ni media. Coniu insistas en negarte, creeré que ba9abosa-
ófi áp 1% Qoofiftcua queipa ti aieinpredapesKo. Creeré t^ue e^tás en
inieltgeo^í^'i WQ ihUiáfi jf l^attajoe atrtweria ásuepeotiar... pero,
nó: injuriarle es iojoriariDe.
García. El sacrificio á que tus palabras me obligan...
Eugenio. No, no: perdona mi debilidad.
Garcu. Ahora qeiero que lo eepee ledo Se trMa de eometer conligp uea
vil^Hi, Me hüf) buaeado a ibI Qoffio iostrumeiitQ y cofpo verdugo
de tu porvenir y eaeaieo de iu lieofa.
Ku^ISMQ, ^ui^ef el infaoie^.. dónde esli?
García. Ten caima El Diputado,. el (¡rohemador y el Adipipjstrador, quie-
ren que ioHruya un expediente que justifique aoV9 ei ^linis^ro un
parte que de tí h^adfMtOr atrib0iyé«dPl^ ewi^ois abusos cometidos
como funcionario páblico.
Un ordenanza ^ieléjjrf^Oi énira en*pl salón lletando un porí$
€n la mano, y ánies de dirigirse á ias habitaciones del Goberna^
dor^ dice:
Ordenanza ¿El señor Gobernador?
García. Eett comieodo. ¿Qué quiere uetedj
Ordbnansa Entregarle eate telegrama.
GjircU. Entre u^ted por ahi y que le pasea iieeado» ; .
fVáse Or4enanza.J
Eugenio. Dame, fiarcie» pormeoores.
Garqa. Seria una imprudencia decir
Eugenio. Yo no tónge pacteoeia para esperar» i
García. Ni yo ieogo valor para revelártelo aiquU
EuGEMo. Habla, García,. no me martirices.
"'• Calla, Eugeoioi calla, oo me.ooioprpipeU^ Asola^ettu despacho
te lo diré todo, Elk» son: ue^ le ú^ujvv^. . . . >
-!$-
. ANÍBAL, ANTONIO, BERNABÉ. ORDENANZA.
t
AiviBAL, Ei mat cartiino anrlarlo pronte: Armaré el telegrama «lela ^nperío*
riJad y ins^iadáré iomediatamente la órdea ai iQtere5atlo \Po^
brecillo!
fUaci que firma el reeibo y ee h mlreg^ al Ordenanza , y iiri^
^éMose é ét diré:
Enlre usled en It necretarfa y diga al seftor doo Eugenio Redri-
fii>z qué se me preíMile enseguida* Ni 3Íqiiier& puede «d > comer
tranqníto con este picaro car$;o.
Antonio. Gracias á quD nosotros comenzafiios á tomar café cuando se sentó
á la mesíi
Bernabé Y que e«taba por cierto mujf bien hecho
AfiToNib. De u»ks rttanos iau delicadas oonoo las de Matilde; bo podía menos
de re:«uliiir un maojar asi^oisito.
Aníbal, (listo fa ya paiaodo de castaña oteuro.) ¿Sí protaoJerá este carca*
mal eaaiDorar & mi hija? (AparXie)
Dichos y EUGENIO.
Eugenio ¿Dá osla su permiso?
Aníbal . Jamás lo ha necesitado usted para entrar en mi despacho: pase usted •
Bernabé. (Af]uí fué Troyal)
Anibal. Le ilaino á usted para comomcarle» coa harta pena mía y de estos
dos señores, que ambo de recibir un telegrama del Ministro, en el
queme preríeoe haga usted inmediatamente entrega de todos
ios papeles de so negociado, puesto que (e declárd oesante. La
obligación en que yo me encuentro de cumplir con los mandatos
del Gik>iernO| ma profKvoioBa el disgusto de ponerlo en su cono-
cimiento.
EucKiAio. Quisiera, seftor Gobornaéor, saber k» motitos de tan apremiante
drded.^ .•
Awbal. Lo ^oro^ Los dé^thios p6blieo9 que sólo ae dan con el titulo de
la iaflaeiiciar sequítaa por la adi raaoa de que esta influencia falte.
RuGKmo. Sospecho que soy victima de una calumnia infame, de una combi-
nación indigna.
Aníbal. Si su sospecha de usted se convierte en realidad, oosotroa tres,
' obrando oon la lealtkd ijua noi) oaraoterica, desinentíriamos ^ ^^
impostorei» .
~ J6-
ERifiíiÉ. iQiié iniqíiida II No es eslrano qii« hxjw sorprendido la buena N
* dfíl Ministro
NTONio. Nosotros ()9ianK>9 dí^piiesliid á inQoir en favor de usled basta don-
de onestras fuerzas alcaooen. *
MiukL. Bien de<;ici usted, spñor don Antonio» que las j^entes de Madrid
eran capaces da hacer oídos de meroador á nuestras roctamaciones.
NTONio. No hay luien pueda eou ellos.
EUNABÉ Yo sicmpí^ imgo al al «la en un hilo.
LGENK). Y si yu le digera á usted, seúor Goberaador, que esa calumnia ha
nacido aquí, y esa combínaoion 89 ha fraguado hace pocos luinutos
eo este despacho por las tres poraoMS que me están oyendo, ¿qué
diría?
NiBAL. Cóoio se atreve á suponer?. . .
NTONio. [Usted está delirando!
ERNABÉ ¿De dónde saca que nosolrnB?
uttENio. Lo que yo oigO no oeoesito que nadie me lodiga. Al salir de esta
habitación pooobá, me detuvo ua agente & la puerta para hacer-
me dos preguntas «relativas á mi negociado, i^a casualidad hizo
que en aquellos mom^^ntus estuvjeseu ustedes ocupándose de mi
persona y sin querer percibí ciertas frases que una por una pudie-
ra repetir El seflor don Antonio, cuyos compromisos son tantos,
que para satisfacerlos no tendría bastante con todos los destinos
habidos y por haber, quiere ol que honrada y lealmente desempeño
yó, para colocar en él á don Marcelino Cuesta, cuya orden de. ce-
santía se ba recibido boy.
.NTORio. Usted está soñando.
NiB\L. No puelo tolerar que continúe en ese camioo*
tiiiNinÉ. Es un desacato 6 la autoridad.
CGESfio. Voy á conoluir, señores, ffo hin eaoontrado ustedes otro empleado
más bonito que jó de losque tienen igual sueldo y la misma catego*
riü? ¿Có no había de desprenderse el señor don Bernabé del señor
Betanzos, que para sus miras ulteriores es una linda alhaja? ¿Có-
mo había de consentir el señor don Antonio, que su ahijado se
quedase en la calle? ¿Qué iba á ser entonces de ustedes? ¿Cómo
ni quién habla de formar Iob expedientes madQsos qoa benefician
los intereses del Diputado y redoblan el sueldo del Administrador?
No contestan I jQué han de contestar? El miedo ^es ooa conseouen*
cia del crimen, y el crimen, como el miedo, inrbaa siempre tos
sentidos.
NTomo. La cólera me ahogaf •
ERNAB?. La ira me ciega, . . •►
NTBAL. (Le asiste la razón y ante ella no puédamenos de enmudecer.)
.liTONio. ¿Pero usted en qué piensa, señor don Anibal? .
— 17 —
Bernabé Usted es el llamado...
ÁifiBAL. Yo, ti, yo. Salga osted lomediatamente y...
EuoBifio. Si, señor, salgo; pero salgo pofqqe no qoiaro respirar la viciada \
Dósfera de este despacho: porque oo quiero enbngarme en el i
mundo lodo que le sinre de pavimeoto; pero antes de salir be dec
ciiles que son los autores de la ruina de una familia decente; c
políticos como los que me están oyendo^ deshonran los partidas
que se aGlian; y sepan, por ultimo que el castigo de la«Providenc
cae m&sd menos tarde sobre la cabeza de los que sin fé, sin ce
ciencia y sin religión, se conducen como ustedes han obrado ce
migo. ¡Miserablesl (Vate Eugenio; sí miran iiHfrindidos Ambi
Anloni0 y Bernabé ^ y cae el kbn.J
< 1
I . t . \
p— »
ACTO SEGUIDO.
' la misma decoración qué el primero.
• • • • . , TT^
UATILDÉ, CRECÍA que entra por la puerta que conaunioa cotí
lasoÚQinas. ....
García. Ifoy buenos (fias, HaiSdite.
Mathoe. Jiuy Inieúos; ..
Garoa. Mudip hi madrugado usted hoy.
lÍATiLDB. fCooio qu0 «I toda la ooobe ba.podido pagar los ojos. Me hizo tal
impresioo el incidente de Eugenio» que en mi vida reeaerdo ha-
bermb visto dito afeotaiia^ De^poeé que ^ep^iarchó, segun me ha
dicbei papá, acordaroD poner eo oonuoimienlo del Jtugado el des-
j aoaii» que eoo ellafi oomaliera Gomo papá ed tan bueno, ha aci^e-
dklo á. mis ruego» y desiste- por w parte de cUr semejaote paso, y
' estay asperaiido 4 qiie toogan esos dos señores á fln de iiifljir
cerca de ellos y que tamblgo. deiislan. ¿Usted ha visto a Euge-
nio después del lance?
García. Ahdraveog^ de;stt 4ft8a;<Está furioso, desesperado; parece que
ha perdido el juicio: no le bastan retlexiooes: se cae el corazón á.
los; pues o]féndoM -. N madres,* moribunda eu una cama, pije la
I muerto a toda prisa: la bermaua llora ooioo una Magdalena, y él
nüas veoas pretende emididaf se, y otras intenta desaliar a los que
;liB haii>ti^id0á tan. triste aituaoion» ; .
ÜAxafiEu. ¿Serta etapas Kle compeler, ua a^eiktade?'
Garqa. Póngase usted en su jugar, y coippirQmdérft q<ie una persona en ta^-
. ie»í0ir0iyMtaQk3íaBi éaifa4i;Bfu46ta:&ci»aiqMier.«x)sa^
Matildr. y no habría u;:\ .a]^io de? .«. .,
GAicti* . £ólé osiedr^drla qa¡i^&...
Maiujd&^ JUI«f)atr^e4'qQa^'oigo au voz^.^ Él ea; dígale q/xe entre y déjeno? ^^
blar & solasttop^ iostaotea* Y4or.y.p<'ude&«ia.
.1
r
-10-
Elscexia. II«
Matilde. Eugenio 1
EuCffiNio. ADoehe juré m voWer á respirar la Tfciada atmósfera de efite des-
pacho. Si al verme próximo i sds puertas has supuesto que fo
pretendía ^neirar por elUsv t6. eq^lvocaate, Uatilde. César murió
¿ las puertas del santuario de las leyes: á otros Césares fingidos
esperaba yo para quitar.es la vida 4 las puertas del santuario de
las infamias.
Matilde. Cálmate, EogenioVyo pondré ouanto esté de mi parte...
Eugenio. Muy mal harías si. te tomases la molestia de ipQuir en mi favor,
-parque en ve2 de agradeoértefo, lo jmgo tina grave ofensa; oofDO
considero en todo caso los favores con qué uris eneaiigos me con-
vidan.
Matilde. KI concepto que acabas de afAúitar dasraíenle las palabras qos OQ
esle mismo sitio, me dirigías hace poco nás de qninceliocaa.
Eugenio. Ayer eras la bija de m( bienhechor y dáira «iniípn: tii amigo y
fDi t^ienheélwsi iá. isaiDbtado mi ni -vieril^ga; y d» labi^ de 0i
terdiigd..¿
Matilde. Kso ne; mi padre es inetpAz d« baeer wAs jA ' alguna vez tran-
sige con ciertas exigencias, contrarías A lo que si» Mbles senti-
mienlos le aconsejan, ye sN>y ia eaosa inoeente; n» le mueve otra
idea que kt de mí porvenir; no tiene otra aspiraeion qne comple-
tar los aítos qne le faltan para jfubilarse^ j dqar i bu kija cuands
^ muera, oo pedaio de pan.
Eugenio. Buen principio de moral.
Matild8. No debes calificar de matos los setos qne emanan de nn sentímiea-
to tan legitimo.
Eugenio. La coaciencia está por cima de todas las miras interatedas.
Matiloe. Reprueba su conducta! A mi na roe oausarfa eFtrafteía que la pa-
sión que ayer Día declarastes en este mismo siliO' te hubiera coo-
ducido .. O las frases que entánees me dirigias eran ttipdcritas, ó
el aborreoimiento de ahora es^*. Bl amor no peede cambiarse ooa
tanta facilidad e» ddid.
Eugenio. Cuando ei hombre tiene de por medio et Muieslar 4e una madre,
el porvenir de una familia y en honra...
Matilde. A esa anciana madre, á esa desvattdn famHia, M l<e ialtasá nada
mientras yo... (ItevindosB la mano al bohith d$ iumitíé^
EusBNio. Pretendesrebajar mi dignidad basta el punte...
— íl —
ine con la di^i^j^raeia misma; yo, qtie mí mayor placer es eompar^
tír con ios desgraciados la:* penas qoe sos (fssreotoras les pndu
cen, ahora qne u siioauíon es triste y desesperadOi todo lo qu
l^ago y todo lo qne val^o...
Eveemo. De^ptiés qne veoRiie las ofensas qoe me bao inferido y el peijuicic
que me han ocasiuoado, hablaremos.
ims4L. (Dentro J Matilde...
Edcbhio. ] Ah! .. (Hace un m»mment^ de ira, inimtando iirifirieal $ilk
en que Aníbal kabla, y Matílde te iujela.)
ÜAtiLDc. ¿Tt; vas á atrever?...
Eugenio. (Furinto ) Si... sf!
MATiLitt. fSujHánéole aún ) ¿T te otTidarias de nuestro amor basta el paO'
to <1e cometer con a<í padre nn atentado?
EcGBNio. (faeilande primero jf volviendo emeguida á tu primer ímpetu.^
Matildel .. qaital...
Matilde. (Con apñsitmamietUo y enerqinj Bl cariAo que ayer roe Tendías
la fé y la moral de qoe haces alarde a todas horas, y el inleré
que demuestras por esa pobre madre á quien Tas á matar con e
Irlttmo disgusto, son oná grosera mentira, na embusie criminal
EoGiNio. La voz de una mnjer Tirtnosa es el m&s poderoso freno & las pa*
siooes del hombre. (Vane )
(Matilde cae aceidentadé en una butaca)
AsiBAt. (Deede fuera.) M%\\\6ñ !
Matilde. Eugeniol... Padrel
JiKtUM», ANIfiAL, ANTONIO que entra por la puerta de la oficina.
AsTONio/ ¿Qné habrá sucedido aqi]f? Algo académica es la posición qu(
guarda esta señorita; la e^ena debe haber sido bastante trágica
¿Oiié tiene usted, Matilde?
Matildb. Ha visto usted salir & líu^enio?
Artqhk) Me he eacoiifrado (?on él^ & la ptierta, pero it>a tan ciego que n<
me ha conocido. '
AmsiL. "* (Ácétcándose.) ti?í\M^, qué baees?
Matilde. Estoy saludando al éenor don Aotonio.
Aníbal. Observo qne estás asustada. . conmovida . . . esplicame A que se debe
MATaDE; Ró'iriieoio ñaídá; nó se qué motivos tengas...
Antowo. «Su papá tiene derecho...
Aníbal. Justo! Tu papá tiene derecho...
Matíldb. Pues bien; Eugenio, con quien acabo de hablar, vino á bu?carm
A fin de que yo iaterceda con ustedes y vean de remediar eo I
posiUe $0 Iristo y aflictiva sauaoian. Desgarra!^, el alma al hacer
h {HDUira de du estado y el.de «u anciana madre; sosipeché que la
• • : fdila (h reoMRsoü fiieieiel.priooipal nHíQlivo.de $<i dese^peraciun , y
con un movimiento inslinliva dirigí la mano al yboúíllo pa^a darle
el dinero: que: tt^vjese; élo(Hiiprenclió\miA iQi^oeio(i6i« ; y of^odiéii-
dose de ellas, en ..vez de. .eaixnacse, redobl<} su furia , cosa muy
natural cuando se trata de una persona, deoei^te y; delicada. Mi
iblor Xué.e&ioB^ea Qlkátf pirpluodo;. oin^os^la voz de paDá, <jél asun-
tado se maichú preQ)|%dC^(Uer\te« y yo eoDq)pvída caí sobre esta
butaca.
Antonio. Pobre chico y pobre Matildel No se pueden tener. tan boeaos^sen-
Umiento$::las persoaas demasiatk) filan liTópioas, como usjli^i.yivea
en un ¡nflerno perpetuo.
Matjlde... Más vale. pecar pojr ejpooso que por defecto,' ^eaor Diputado; yoüo
puedo remediarlo: en viendo una desgraeia...
Antonio. Pues, es precisa qus lo recnedie; cuaudo. ia (iíaalropía sale de apa
yerdcideros iímites^resun vícím, y ios vicioa,.»
Aníbal. Esta hija mia tiene uoas cosaR,*.
Matilde. Y no podrá hacerse oada eo favor de esa familia d^savalida?...
Antoniq.. Yo úé$áQ luegj ie perdooo las .ofensas q^e anoche* .^ ; . :. .
Aníbal. De mí no hay que hablar nada. .
IMatilde. Eso no os basl^nte^t pai^ . ea oe^eaario proporcionar á Eugenio
una colocación, un destino^ un asedio pai^ que esa femiliá boaca-
da no perezca en la miseria. i
Aníbal. Bueno, hija, bueno.
Antonio. He ahi tiene usted, eefior don Aníbal, los inconvenientes de la probi-
dad en los empleados, al otrodia de dejarles cesantes, no tienen
.que comer Si ese niAo hubiese hecho la vista, gorda, y. hubiese
tenido la manga ancha, no se vería hoy con el bolsillo tan estrecho.
Matilde. ¡Au, señor don Antonio! Vale mucho la tranquilidad de coooíei|«
cia. Üips no se olvida nunca de los buenos; y los malos, más tardo
ó más temprano, reciben en esta vida el castigo, y ^n ia otra...
quién sabe lo que les espeía?
Antonio, Antiguallas ridiculas como las dé 8o padre!. ••
Matilde. Antiguallas!...
Anibal. Son las once; dentro de una hora tengo que estar an le Diputa-
ción: acompáñeaos usted ¿ almorzar.
Antonio. Con mucho guato.
Matilde. (Hay representantes del país, que eo tocando á oomer son los pri-
meros qué acuden ) {Vame.J
garcía y LUISA.
i
Gificu. Sucedió lo qne me Agaraba; asUo almorxando; siéntate en esa
balaca y es^iérala on pono. Él no poede tardar mucho.
LcisA. No qiiisi(»ra «fuedarme sola: me dá noa vergQeua..*
GiiR€tA« No sé de que...
Luisá. Yo oo esu>r acostiraibrada á estas casaa; y adem&s la pobreza es
tan cobarde» que dudo si á su presencia podns articular palabra.
GhMQk. La necesidad oarece de ley, y ante )a ley de Üa neoeaidad, no bay
otro medio que iocliaar la frente.
Luisa. No (tuedes lli^ararle el trabajo que me cuenta; pero otros sacrifl-
• eios mayores «er la capas de taaae^ per aai esa (^obre aociana»
dsoencí "V"*
Dichos y BERN.ABÉ.
Gaacu. Al safior Adoiioístrador puede usté I indicarle el motivo de su ^^i-
sita, y él le facilitará ei camioo..* Esta señorita es la hermana del
señor Rodríguez y trae una preteosioo cerca..»
fiBRivASÉ. Coo que esta es...
García. Sf seúor.
BcfiNASÉ. Tiene uste<l muy buen gusto. Yo también serla capaz de dejar to-
dos los deslinos del mundo, ánies de hacer traición & uoa jóAon
tan bella.
García. Favor que usted. tf dispems^. .
BfiRs«AB&. No habrá para el seiior Gobernador y para el señor Tavares una
recomendanh?Br ipi^ pódenme q,ue I4. presencia, de esta encanta-
dora beldad.
LmsAi Idirgracias; es osted muy gaiatite.- .
Gmm:U. Tengo que cbnclair para lasdoce naos. trabajos. Confio en que...
Berhabé. Yaya usted descuidado.
• ' ■ ■ •
LUISA y iKIlNABfe.
BfiRRaÉ. Ni so hermano de usted, ni ese otro póUuelo sirven para emplea*
dos. No se pdeden llévat hís cfasas tan k putita de lanta como ellos
quieren. Los que vivimos del presupuesto tenemos que tragar ea
ocasiones mucha saliba* . •
j
~-2» —
iUrsA. Lo comprendo, «^cftor Admioisirador; pero sas pocos años discoU
pan en cierto modo su proceder.
lERNittÉ. Si no hubiese sido yo, el uno á estas horas está en la cárcel» y el
otro fuera de su destino Yo ¡os he defendido á capa y espada, y
graéias á. mi . . .
tUisA. Se conoce que tiene asted muy buen oorazoo,
I^RifABÉ Tanto, que tuve intenciones esla mañana de lle^r i casa de usted
an despacho de apremio con las dietas de treíoU realas. Es la me*
jar ooíñiston de que poedir disponer boy, y con treiuU reales dia-
rios nadie se mucre de hambre.
iUiSA. {Cuánto le agradooeria que ese despacho de apr^iio ma lo eoire*
gasel Mi hermano tal vez na quiera recibirlo de manos de usted.
JLt cree* . •• •
(ehnaré. Entonces, lo mejor será que en caliendo Gugeoio do casa, me
mande un recado, y yo iré en persona...
iUisA Tanta molestia... pliede usted valerse.,:
¡ERNABÉ. No, no; su hermano de usted no «abe cómo de estas cofbisiones
se saca el mejor partich), y yq quiero instruirla.. . C!on que me
avisará luego que esté sola...
lUiSA. El caso es que no tengo criada ood quien... Esa miqer qua^ na
acompaña es la doncella de una vecina •
cBif ABÉ. Yo colocaré un portero en la^ esquinas de la calle^ era QRcargo de
que cuando vea salir á Eugenio...
•uisA . No me parece mala idea.
KHNABÉ. Quedamos... en que.. «
.ÜISA. Sí.
H!soenei VII.
Dichos, MATILDE, ANÍBAL, ANTONIO.
ifiBAL. Apropósito. El señordon Bernabé, que es persona de gusto, j
•siá sieínpre á la altora de la moda, convendrá en que voy beolio
una.visioo.
ERNABÉ. No: ese frac es todavía presentable.
Iatilde. Además, papá, el habitó no baoe al monje Se ha empeñado este
buen señor en hacerse un traje completo de etiqueta; como los
destinos duran tanto ea EspaS^^ pueden gastarte la paga de este
mes, para tenerlo quizá que arrinconar al siguiente.
NiBAi. El cargo exige ..
ATILDE No me habia fijado en usted. {Á Lma) Saluda á esta señorita.
{A Aníbal.)
NTomo. Qué arrogante figura! .
. -2»-
ik ftaOftM Esta 86fi«>riU es U barmaoa Ja ttodrigueii y trae cerca de ustedes
yua pretensión...
XkibaLs Usted di(& eu qué podemos ••.
(Luisa prorrumpe en llanto )
Matiíde No llore usted, hija. Depae Dsled ese taso de agua, don An-
tonio
Amonio. (Dándole el a^na ) La pena me aboga Estas escenas m) coa-
nnueven hasta el punto de.
Bkemabé. Es preciso tener corazón de piedra para Qo entristecerse en estjs
ca.sos
Hatílde. Btiba usted, hija Beba usted.
AviaiL* (Conmovido J Supongo cuál es el objeto de su visita; pero yo no
le ^UMiLo reroe<iio á su^^ uíliri.'iontís Bslos s<*ñ<irps, qu*^ son la cau-
sa de oIIhs, Son Urnbien lus únicos que pu^ilen rouisUÍHilus.
Aktoivio. ¿Nosotras? UstcU, que es la jinmera autoridad de U pit^vinoia, e£
. el qu(* ptie'le haber dado motivo •••
Berraré Yo« señores, soy aquí un cero 6 la izquierda.
AnTuHio. Me parece que el que ha pedido la cesantía *"% el obligado.. ••
Aníbal. El aliligaiio ^^ el que me ha oblígadp a pedirla.
IUtilob. Entre lodos ia mataron, y el a sola. .
Luisa. Sea el que quiera. señ^Tcs, mi objeto es pedir perdón de las of^^.n-
sas que Eugenio haya podido iuferirle.^ y rogar d li>s tres su colo-
cación, aun cuando sea en un destino de méiius sacudo.
Antonio, Kso va con usted
Aníbal. Conmigo no vá na la, porque yo me voy en este momento A la Di-
.putarioQ provincial á presidir la sesión.
AirroNio. La misma falta hace usted allí que los perros en misa.
ANIBAI4. .. Le he dicho que boy se discute una cuestión de altísimo interés, y
mi presencia es indispensable.
Antonio. ¿Qué cuestión jbs esa que le tiene tan preocupado? Do seguro es
una de las muchas pamplinas A que este seuor suele dar gran im-
portancia. ¿Qué hay^ don Anibal, qué hay en la Diputación?
Aniial. Casi nada. Hoy seria muy fAoíl que se ara&aseo dos diputaditos, si,
cerno tercereen discordia, no fuese yo A dirimir la contienda.
Antonio. ¿Tan grave es el asunto?
Aníbal. Tan grave» que v¿ A cubrirse^la vacante de Oficial primero de la
Secretaria.
Antomo. y qué calladito se k) tenia usted lo*
Besnabé, Ya pareció aquello,
Matilui* La ocasión la pintan.,., y es necesario que ese destino se dé al
hermano de esta señorita.
Antonio. Ha tenido usted muy buen acuerdOi Matilde»
AKU4I., Mp puede ser.
liNTOjíio. 0'^ fa!? Ei<a.< ñúi palabra^ «^ la m»^jor defensa qae ante Idítjos
de esla señorita, ha podido fiaoer de mi. '
liERNABÉ^ No le qoedurá á usted duda-que yo úo soy et autor de la cesaotia
de su hermano -
¡M^K. Pero, señor Gobe'rhaífor.... . -.
Jatildb. Espo«?ihle, pap,íi ... que no...
liNiBAL. He diohíi que íio, y doblemos* la h6ja. ¿Otiiáres que tu madreónos
I eslé fastidiando k cartas mn la colocación dé so sobrino? Dema*
I fiíado fíiibes Uv í^tie nos -dice* cada Vi?z (]ftio nos escribe Sin diída
aprendió en Viernes aq lello da «no podemos hacer carféfa de es-
te niño; ningún dia asisto á ¡,1 uhivi^rsidad; no haoe' otra- ksosa que
I matar pefros por la^ calles de MaíFrid; ttí lo voy * h mandap ^jwa
I . que \e domestiques los huesos.» Bonito géníó tiene tu madrel por
no oirfá sé piyede dar algo bueno.
>fATit)>c. Mi primnr es ri^'O Si n<i quiere aplioárse al estudió, qué sé dedi«'
que ¿ cuidar ^us haciendas y saldrá mejor patadó qtM con un des-
tino: al cabonó le hace falta para vivir, como á esta pobr^ familia.
ínibal;* Dóefio es uñ pan con un pedazo. Su padre se habrá echiaído la
cuenta que .<é hacen otros: elqud üo sirve para nada, áirvef>flra
cobrar la nóri[iina. • - . .;>
3ÉRNABÉ. Eso es; él óBcíó do eihpleado m es otía profesión cótuo otra cual-
quiera. * .:.... í<
^NTONío. Para ser emplekdó; aéfior don Aofbal; se Aeoe^tA intéligenoia,
aplicación y probidad . ' I . >
\ÑinAL. Hombres. nórAíe'há^aníiálédes'HáBlar... •- : »
Antonio. Cualidades, que seguti nstéd mísrhé, lió reuncí so ^brinb.
^NIBAL. Es la hora en que debe abriese lá sesión y i -[df mé gaka eM'ar
á k)unto ea todáis parléis. Seüoresr/ ta exaMilütf..;. f intuía úmt^
charle. J . , • '
Matilde. f*apá; por Dios... • ' '^ • ^
ASíBAL. H&dicho que nó, y iVóV ....
LtisA. Pero, señor fiotflBrttád'éK;.
Artonío. Deje usted', L(riiaí Irétdóá jútilos^ á 1á DipittacKoii', fditfySéndtí^ 6
Artihal); y yo; ecrfrteítiydé'usíéd, dé f aler á p(yaer¿ Véreriaos quién
triunfa. Cuente usted, nina, con iá d^eUéacfál, t(i]!é'y<]f \vk eár ptt^'
sOTitídefaqíifá^'pééb' á'llév^íiiáSo-cása: j
íuiSA. Mil gracias, caballero.
Aj<ibal. Este Biputado es la somork dé ffMd; jptiBá ^ díjb )i^i la tfóble
pasada, que no volvía á pisar los umbi^élfeá ide'átfeíMlfeL^^pc^iSíd^-
' t\é ífti d'écfá bsieA* qiié^ná^ieVpuedééoM'h^iéUó^ éMpieaMs),^ y
que cualquier dia van á morir aíf^d^'eYtipsñlhd'dg l^átidad, des-
de el secretara hefs^ta vél^ élHfiSo^ péiíHáí^' kl elfté* jiéV^djIes'fiWíéó
de doQ fulano, explica un curso completo dtPi)ttl^diiUÍicadd^1^
qqe se te balita do t/iU áp (iioales; esotro por^e ea mi&ado de no
sé quiéfl, (tone repar«» A todas las ouoQtaa miioicipales; el otro,
porque ee ooodUcipiilo üe doo Pereooejo y el atro porque Qo b
es . . pero eaio serla el caeoto de nuQoa acabar.
ÁNTOifia. Eolonees estaba de aq^iel parecer, y ahora esloy del parecer con«
trario Repito que yo iré eo persona ..
Akíbal.. No, no: seú«»rita. veo^a usted & rei'^jerla aquí, que yo quiero «en-
tregársela por mi propia roano. (VIH no nietf5 este (lájaro las na-
ri<^es ) Los Dipnlad<i$ provú^ciales son muy iodepandieotes. (Aparte /
fSe disponen á cogeih los somlfreros.J
Matílds. f Dirigiéndose á Lwsa.J Ksia o(*asioQ me proporciona el placer de
ofrecarie upaca^ y una. amiga.
Luisa. En el u(;»(aero treioU v do9 da esta misma calle« puede disponer
de una modeála choza y de una humilde servidora.
■
EIsoexiA 'VIII*
MATILDE.
I
Qué peso se rpe ba quitado de encima! No liay mal que por biea
no venga. Después de ascender en sueldo y categoría vi á una de*
pendencia donde, portándose bien, como, él sabe hacerlo, tendrá
destino para toda la vida. La Providencia es muy sabia; jaio4s se
olvida de los buenos. ¡Con cuánta satisraocioo verJa .yo en este
momento ¿lEqgenio! Quisiera antes que otro darle tan buena aoticia.
Dicha y EUGENIO-
Eugenio. Pues aqni me tienes*
Hatilm. Qué feliz soy! No es posible que pueda explicarte el placer que
én estos instantes experimentol La satisfacción que me acompaña
es tal, que acaso y sin aoaso no podria decirte todo lo que mi alma
siente... Voy á contártelo todo. Interesada tu hermana Luisa en
tu porvenir y,e& el bienestar de tu madre, ba hecho el sacriQcio
de presentarse en este despacho & gestionar tu reposición. Sus tier-
nas lágrimas, su especial candor y singular belleza conmovieron
tanto ÉL papá y ablandaron de tal modo el duro pecho de los otros
dos señores, que han ido & la Diputación provincial, decididos t
que recaiga en favor tuyo la elección para oficial primero de aque-
lla secretaria, con más sueldo que tenias en esta. Yp espero que
papá estara pronto de toelta porque no le llevaba otra idea.,.
-28- .
¿Estás contento? Creo qae esti es la mejor satisfaccioD que pueden
darle.
EuGimio, Si .. pero sentirla que mi pobre hermana hdya hecho algo que le
desdoro ó lastime su dignidad, porqne eotónoe^...
ÜAYiLpB. Los hijos no se desdoran jamás cuando, en la forma que ella lo ha
hecho, buscan un pedazo de pan para su.^ padres. No creas, Euge-
nio, que apesar de lu sucedido desi.Uo do mi primera ¡dea. La em-
presa qtie le inicié ayer tienes que lietarta a cabo á todo trance.
El establecimiento de un colegio preparatorio proporeiona méuos
gasto del que tú supones.
EuGBtvio. Moy fácil es formar el presupuesto.
M ATiLüB . Manos á la obra, fDirigiéndoss al velador y tomando una pluma .J
ÉucsNio. Tu irabajo fa á ser ínfiiil. Yo no puedo disponer buy de un cuar-
to. • Ps... por poco que aqtiél artoje..*
Matilob. [Magniflca ocasión! Ahora que recuerdo el Comandante general
piensa recibir de un dia á otro la orden declarándole de cuartel.
La casa que deja es muy apropósito, y según me ha dicho, hace al*
moneda de lodos sus muebles, que valdrán ciento cincuenta ó dos-
cientos duros Alli tienes butacas, alfombra, profusión de camas,
útiles de cocina, cómodas habitaciones y absoluta independencia
entre las que podíamos ocupar iiosotros y las que han de dest Qirse
á los alumnos.
Eugenio, Bien cantas, pero mal entonas ¿De dónde quieres tú que saque esa
cantidad?
Matildb. También pnedo proporcionarte al meilio. ^Santiago el ordenanza
cobrará á fin de mes lo que como reenganchado alcanzó al recibir
la Ucencia absoluta y desea colocarlo con un módica interés y su*
ñcicnte garantía.
Eugenio. Pues.,, si me lo prestáá mí lO Uene tan seguro como un ochavo á
la puerta de una escuela ¿Cómo ni con qué había yo de pagármelos?
Matilde. Destinando á ese fln lodos I09 meses el aumento de sueldo que vas
á tener en el nuevo destino, eslíoguirás en poco más de un año la
deuda: y aquí de tus palabras de ayer; errar ó quitar el banco;
mientras no adquiera$ una posición independiente que te dé lo bas-
' tante para atender á las necesidades de hoy y á las que habías de
crearte en tunacvo estado, me opongcf á que demos á nuestras
relaciones cierto carácter de seriedad., ^
Eugenio. Conforme: quiera Dios que tus proyectos den el resultado quQ
' deseas.
Matilde. Voy á decir á Santiago que nú dé apMcacion alguna al' dinero.
Eugenio. ¿Vuelves? ..:..:
10. Adiós. /Káíf.; '• : .......':.'::. ...•.';.;
--»-
garcía. ANÍBAL, EUGENIO.
García. Muy pronto ha dado asted la vuelta. No habrá habi lo sadíou.
I^IHL' C»\\e luled» hombre: si ooo.eistos dipuiados^no hny quien |MiA«1a*
AJ bajar la escalera me eooontPó oon cuatro de p11o<) y in«^ dijeroQ
que el Vicepresideule sigue eou uu fuerte catarro eo U cama. Se
ha empeñado eo no tomar los polvos de Dower que le propinó, y
quiera Dios no ten^a que seotir.
GAB<a4. OfS modo que iio traerá usted la credeucial da esta caballerito?
A>üUit« i/^ iq*>6 traigo es U cabeza ha^ha uo bombo. No habia yo visto 4
Bhta linda aihiija que eo veinte horas me tiene dados uiás disgustos
que |)e|os tengo' ea la cabeza. Tiene este muebacbo peor ({énio
que mí mujer, que es cuanto hay que tener.
Eugenio. Lof poc^^s unos.
Ambal. (Aparle,) Cuando yo tenia si> edad era lo mismo.
GarcIa. ¿Qabrá .usted hablado á esos cuatro sefiores en favor de Eugenio
para cubrir la vacante de cflcíal primero de su secretarla?
AwBAL. Fues no faltaba ma^ Fué el saludo que les hioe. y en el momento
me dijeron que era cosa corriente; pero enseguida sacó cada uno
un plieguecito do exigencias que deben ser graciosas» como la ma-
yor parte de las que hacen.
GARai. Será, necesario servirlos en todo.
Aníbal. Al momeo to Lea usted. (Dá á García papeles. J Espere un poco.
fDirigténdoee á Eugenio J •
Con esta tarjeta vá á casa del señor Vicepresidente, y después de
ofrecerle. sus re.ipetos, le hace presente el gran interés mío por-
que se le coloque ea la referida vacante. Es cosa beeba, pero nun«
caestá demás..,
EdCBíiio. Muy t)ieo. {VaseJ
ANÍBAL, garcía.
Aaíbai. Manos á la obra. ¿Do quién es esa nota que vá usted ¿ leer?
GarcU. (Leyendo las noiat.J De don Basilio Valdemoro.
AifiEAu El que siempre se encueolra entre Pmto y su apellido: no dejaráa
de ser chuscas bus pretensioaes.
GAII6I4. Quiere que se autorice á un ayuntamiento para roturar la dehesa
boyal y poner además en ella ana piaotacion.
jAUCIA
^NIÍSAL.
jÍABClA.
Vnjbal.
JARCIA.
KmnKL .
jAftClA .
blBAL.
JARCIA*
ILmbal.
xAKCIA.
ANÍBAL
Sarcia.
^MBilL.
— 50 —
Be viñas , eb? .
Justo.
Me lo figuré. Concedido. Despaes esteoderii usted las órdenes.
Si eso le compete á ellos,
No deja de estar enterado el señor Yaidemoro de las atribuciones
de su cargo.
(Como si él supiera las del suyo.) Además quiero que se eche del
iBÍsmo pueblo al ama del cura porque influyó en las últimas elec-
ciones apoyando al oandidatu de oposición.
T eso es posible?
No señ'>r. Eso es preciso que ella lo pida.
Una orden al alcaMe para que prevenga a esa señora que en el
término de tres dias solicite el cambio de vecindad. Vea usted has-
ta qué punto engeu'ira odios la política. Suspenda usted lodo pro-
cedimiento El cara es de seguro algún pobre aiusiano que estará
hecbo k la mano de esa señora, y si lo separamos do * ella, ¿qué
se bade hacer sin su ama de gobierno? Consultaremos el asunto con
el oficial letrado.
(A buena parte vá á parar ) Y por último, pide* que le paguen ai
maestro de ed>'U»^la las diez mensuali<iades que se le adeudan.
De ningún modo Los profesores de primeras letras deben no co^
mer. El hambre aguza el entendimiento; y sobre todo si cerniesen^
desmenlirian aquél antiguo proverbio de ((tienes m^S hambre qtl0
un/ maestro de escuela»... Pasemos adelante.
Esta otra nota es del señor Pelaez. Solicita que se resuelvan en
justicia varios espedientes de fallidos por contribución territorial:-
que Sü declare la*cadu(.*jdad de una mina, y que se dé un estanco
á la viuda de un Guardia civil, que cerca de su pueblo fué victi*
ma de la ferocidad de unos malhe(.borés.
De esa no tenemos nada que hablar. Ueclamaciones de tal género...
El señor Becerra solicita que se abone & un ayuntamiento el inte-
rés del ochenta por ciento de sus bienes de propios vendidos. Que
se otorgue una plaza de fámulo en el seminario á un hijo de un
amigo suyo. Que se despache el expediente de dispensa para con-
traer esponsales dos primos. Desea que se traslade del regimiento
de Zaragoza al batallón de Simancas á un soldado. Que se noaibre
vista de la Aduana & uno que seguía la carrera de eirujano me-
nor» y se ba quedado medio ciego. Que al Juez de paz de su pue-
blo se le haga oidor...
Que se lo lleve el diantre k este hombre. Creen que un Goberna-
dor civil puede convertirse en papa, obispo, capitán general, mi-
nistro de Gracia y Justicia, Audiencia del territorio, y hasta He-
dentor del mundo. ¿Si podré yo hacer milagros?. .
— 51 —
Garoa. No se apnre mM señor Gobernador, todos han de quedar con*
teDtos. Yo roe encargo de ooid placerlos.
Aníbal. Usted se (compromete?
Garcu. Ahora mismo; y para qoe tenga lagar oon la mayor premura me
voy á encerrar en «1 despacho resertado» j aai oo me perlurbari
nadie.
Akibau Magnifico acuerdo!
fVdse García par las hahilaeimes del Gobernador.)
Qué muchacho mas dispuestol Qué talento y qué sagacidall Los
siete sábioi^ de Grecia, no hubiesen sido capaces de inventar y
discurrir lo que él.
ANÍBAL, MATILDE, LCTSA.
Vatildi. ¡Pobre chica ! ¿Qué le habrá pasado? la be visto salir de su casa y
'dirigirse á esta enjugándose las lágrimas con un pañuelo.
ANiBáL. ¿\ quién, bija, á quién?
Matilde. A Luisa, papá Tal vez estarla sola en los momentos en que Dios
haya puesto término á la vida de so madre.
Luisa. (Enira llorosa,) No, no: mi madre aun vive, y á fin de que no se
entere de lo que icaba de sucederme, hé abandonado en este inti*
mentó mi casa. Rl señor don Antonio y el señor don Büruabé la
han elegido por teatro de sus malogrados deseos.
Aníbal. Como no se esplique usted mejor, no la entiendo Luisa.
Luisa. Ellos creian sin duda que agoviada por el p^o de mis desdichas
iba á inclinar mi frente con:>intiendo que pusiesen en ella el sollo
de la deshonra. ¡Insensatos! M^cho quiero á mi madre: grande es
el ioteré-) que tengo en que se reparen las ofensas que á mi hcr-*
mano han hecho, pero ni el bienestar de la una ni la honra usur-
pada al otro, los comprarla yo jamás á tan alto precio.
Matildb. El cielo sin duda está poniendo á prueba so paciencia y so virtud.
Akibal. To no había podido creer nunca que hubiese en el mundo seres
tan depravados.
Luisa. Quiero que lo sepan ustedes todo: ellos serian capaces de desfign->
rar los hechos, de ponerse el parche antes de la herida. Al llegar
á mi casa de vuelta de este despacho, se presentó on ella el señor
Administrador, que en este mismo sitio me habia ofrecido una co-
misión de apremio para Eugenio: yo le recibí en la sala con las
formas de la buena educación que mis padres me han dado: se
sentó á una vara distante de mí y me dijo que mis ojos eran dos
especies de diablillos que habian conseguido enredar su alma como
u
.— 8? •!»
piid]«fa babeF^ fnradado el ipisiiu) Li|2b<)il. A esfaa palabra^ afiíl^
(tió ütras , qu43 1% bon0stída<l se ofenda con 8u si.m[>Ja recaendo y
fué acercando con industrioso disimuJo su silla á Id nnia) hasU el
poato de> cpi6^ en plgua xnome^Ao cf»\ que mi roslüQ polja ^^c
ruiiochadp p^H* el. virus 4^ $a repugoiiote lAbM>f
Matilde. ¡Que iDcügnidac^I
Ambal. |Miserablel
Luisa. No piíd^Q nicoos 4^ signifi^afln mi dj^i^f^r^de. y l^ despedí con fra-
ses no niu y corte599
Matilde, Cualquiera eael Ing^r da fisl^l bebiese hecho lo mismo.
Aníbal. A eso se ésponea los que no respetau nunca las copve^jencias so-
ciales, c
Luisa. La casualidad brto que mamá me llamase entonces para incorpo-
rarla en la cama, probé mis fuerzas y viendo que me era imposible
moverla, traté de llanfiar a la criada de mi vecina. Al abrir la es*
calera, me encontré de manos á boca coq el señor Diputado Des-
pués de algunas oortesfa^, ^n tener eo cuenta mi silnaclon, trató
de hacerine recordar un pasaje mítológ^ico , pues que según dijo
iba diispuesto á hacer conmigo lo qud el dios de los infiernos, Plu«-
tón, hizo 000 Proserpina. Vi que» tenia tendencias á estrepharP9$
entre sus brazo? y ceveslida de) ppder qu^ d4 la razpi|y me abri
r ptiso por la esQajera salvando cpp. grao prontitud siis peída ño^^At
llegar 4 la puerta de la calle quise dar voces, pero casi no tenia
aliento para respirar, y sin saber oóo^o oí por dóoda Íie llegado
aquí.
Matilde. ¡Qué horabresl
Ambal. |Están or. par de calamidades!.. • ^ ^
ti^iSA El uoQ me bablaba de Luzbel! el otro me recordó á PlutonI '
AJaiilde. No pueden tener en la memoria otra cosa los que siempre se en-
cuentran tan cerca del pecado, como distantes de la virtud. Luz-
bel y IMiiton serán eternamente sus ami|20S
Luisa. ¡Es verdad! Este lance inesperado eojendrará nuevas dificultades
para la colocación de mi hermano.
Matilde. Papá pondrá cuanto esté de su part9 y conseguirá vencer las»
Aníbal. Sí, sí :
Luisa. Estoy impaciente^ Mi madre habrá ya estrañado mi ausencia.^ No
puedo dejarla 3o|a un instante; pero sí np me atrevo ^ volver á
mi cas^.
Matilde, ¿Qué hacemos eq este, caso, papá?
Aníbal. Puede ir con usted qoo de los inspectores de vigilaocia que están
en esa antesala.
Acepto la oferta, mil gracias.
{luim se dirige Aóct^i la puerta con intención de marcharse.)
titea
-Í5-
BiüHOs; EUGENIO, ANTONIO, BEIlNABt, GARCÍA.
AKTomo, Estoy seguro qne los diputados proirinciales no me faltan y doy á
usted anticipadamente la enhorabuena por su nuevo destino.
BsanAPt. Al propio tit*inp<» reoiba oeled mi m&s sincera felioitaeion.
(Estas palabras dichas desde h puerta donde Luisa al intentar
salir los encuentra).
Ixmíu fRelrocede sorprendiáaj . \Kh\
Elocüio. Esta chica es una criatura particular. No sé A qué viene eso, Lui«
la: de cualquier cosa le asustas.
Luisa. fAfectaétaJ. Ht^ Q^uré al verte con esos seAores que .«•
EofiERK). ¿Qiié te flguraste?
Luisa. Nada: que los hechos pasados podian dar lugar A que tuvieses al*
gun grave disgusto con ellos.
taufío. Todo lo ves siempre de la misma manera. Todo el que babla con*
. migo cree que es rai enemigo.
AitTOHio. Y á todo el que babla con ella le tiene por un seductor de mala fé.
AiviSAL. Ya pareció aquello.
OnufABÉ. Me alegro que usted reconozca en su hermana rarezas que A ven-
ces podrán traerle- graves compromisos.
lucimo. No m^esplico...
k^uku Son cosas de la vida, A qué usted no debe dar ninguna ímpor*
tancia.
MATanc. Muy mal baria usted si las tomase en...
Ilccekh). Pero señores ¿qué enigma es este?
Amtokio. Su hermaniía de usted es á mi juicio nna de esas j<}venes virtuo*-
sas, que tienen la idea de que á la desgracia todo et mundo se lé
atreve; y ha creidb ver en mi hoy á uno de esos seres depravados
.que en beneficio de sos pasiones y de sus miserias, esplolan su in-
fluencia como bofflhres públicos y atrepellan por lo que debe ser
más sagrado y respetable. Elia no podrá menos de reconocer que
ba partido de una equivocación.
Aníbal. (Aparte). Él es el que debia confesar que equivocó el camino.
LuiiA. Las circunstancias de que en aquellos momentos estaba rodeada»
el temor de que la visita que ustedes me hacían pudiera dar mo-
tivo á las murmuraciones de mis vecinas, me obcecaron basta el
punto de ver tanto en usted como en este otro caballero, no la
mano del amigo qtie trataba de protegerme, sino el brazo criminal
que pretendía asesinarme Conflepo (qi debilidad, y esta cenf
debe satiifacer tanto al uno comfi i^ odo.
Bernabé. Si no podía menos do ser asi.
iAntonio. Soleen aomooieato de estravlo poade itodar una persona de mi
lealtad.
Bernabé. LeaUad también es.,. / .- ,
¡Matilde. (Apajrle). La lealtad del perro que lame el látigo oon qae se le
castiga^
Jarcia. Me coorandisn sas palabras.
lEuGENio. Yoy á ahogarme ea ei iiiar de las dudas. Te exijo Luisa esplica*
cioaes ciaras y terminantes.
Matilde. ¿Para qué?
An[b.\l. 'i'odose ha concluido. Ciertos asdátos no es prudente ▼entilartos'
en este sitio.
Eugenio. Es prer^rible la muerte á la desconQanxa en que me han colocado.
i ¿Por ventura, Luisa, en cambio del deslino prumetido bas hecho
I alguna concesión que nos deshonra? |Si tal supiese!...
ILutSA. ¿Tan mala idea tienes formada devmí?
Eugenio. Entonces por qué ese interés en ocultar lo que más tarde be de sa«
ber «luizá con menos exactitud que puedo saber ahora?
Matilde. El suceso de que se trata habla muy alto en favor de su hermana
de usted.
Eugenio. Acabemos de una vez, Luisa.
A^^bAl. Luisa ha partido de una equivocación: ba faltado sin pensarlo y
sin quererlo á estos dos cabüileros. Ahora que puede juzgar con
calma de sus palabras y de sus acciones, comprende que el ánimo de?
ellos 00 fué asaltar su casa, f que al invadirla no la confundieron'
con esas mujeres que ciegas por el oro que se les ofrece ó por el
porvenir cui que falsamente se les convida, no ven que la bonra:eS'
la más briltanta de las posiciones, la más preciada de las riquezas.
.( Ella |0S faltó. suponiéndoles pensamientos que no hablan pasado
por su imaginación. Declara su culpa ¿por qué no oonfersarla?
Sólo falta que le perdonen.
Eugenio. ¿Con que han pretendido seducirte? ¿Con que lian alentado contra
In honra?
Matilde. No, no: lo ha entendido usted al revés, Eugenio.
Aníbal. Es todo lo contrario.
Antomo Esplicarse con mas claridad que don Anibal lo ha hecho, seria
imposible.
Beknui£. Este señor no habla en griego
KuGEiAo. En cambio yo voy á hablarles el lenguaje que se merecen los que
jp tan indianamente proceden. Disponga usted de mi credencial,
señor Gobernador.
García. Puede usted hacer uso de «mi plaza.
EuGGiHio. Los que van á pedir perdón á ella son ustedes» pues de lo contra-
-88>
rio, ni el sitio en qae me eocueDlro n\ las personas qae me rodean,
serán para mi obsiaculo & reparar las oTeasas que le bao inrerido.
ANTomo. Fíjese usled en lo que dice.
Bernabé Este joven acoslombra á echar la fnerxa por la booa. fCon d$sprecio J
EuGEKio. fHace un movimienío d$ ira dirígiindase á BernabéJ . (García
lo hace al propio tiempo y se dirige a Antonio).
Matilob. fSujeiando á Eugenio). Tenga usted oalma. Rodrigues.
Luisa. fSujeiando á García.) No se comprometa usted, por Dios.
Aníbal. Orden, señores /^£/af}iamfo>/. Salvaguardias, inspectores.
Antonio, Observe que soy un representante del país.
Bernabé. Se ba olvidado usted que soy su jefe?
Eugenio. Qué di^»otadOy ni qué..
García To no tengo ya que ver oon nada.
Matilbs. Por Diosl...
Luisa. Garda!
•fSe produce gran confusión. Acuden inspectores y agentes de ár*
den público, y en medio de molimientos agresivos por parle dé
Eugenio y Garda ^ cae inslanláneamente el lelonj.
t
« /
ACTO TERCERO.
La misma decoración.
ANÍBAL, ANTONIO, BERNABÉ.
kmki. Ayer mismo quedó en poder del Juzgado de primera instancia 1 a
comanicacion dando cuenta del alentado que ante mi cometieron
los señores Rodiiguez y GarcfA.
AüTomo. Asf me gusta. Bl principio de autoridad deb^quedar en sn pu<»sto.
Akibau^ La dignidad del diputado reclama para los culpables nn severo
castigo.
BniiABÉ. El prestigio del cargo que desempeño quedaría rebajado sí no se
les sentase la mano.
KmáL. En medio de todo, yo creo que ustedes dos han tenido alguna par-
te de culpa en aquel incidente y bueao sería que escogiésemos ua
medio de conciliación...
Aktorio. T# no transijo. Pues no faltaba mas!
Bbmubé. To no cedo un ápice de mi derecho Estaría bonito!
inoNio. A esa señorita ba de costar cara su Imprudencia.
Aníbal. Seamos justos. Usted, señor don Antonio, y usted, señor don Ber«
nabé, creyeron, como generalmente se cree que á la pobreza s<
la puede seducir con facilidad: dijeron, aquí q^ie no peco... les b<
salido la criada respondona y ahora pretenden que paguen justo
por pecadores . Confleson ustedes que allanaron su inorada coi
• * ona intención no santa. *
AüTorao. Pero eso es natural en el hombre.
Bernabé. El 'hombre busca... y el buscar... Ps. n» es pecado»
AniBAL. Pero si io es codiciar los bienes ajenos y desear la mujer de U
prógimo.
Antomio. Siempre á pleitos con el catecismo I
Bernabé. Este señor os del siglo pasado!
Anwal. Yo soy de todos los siglos. La moral y la religión no mueren jaraáj
Atiiow¿. Antiguallas! EÍ catecismo de Ripalda es una letra mueíta.
Aníbau. . Porosa sin duda aquellos cabalierilos, dijeron: «la letra con san
~S8 —
grd entran y abriéndole á nst^d la cabeza» iolenlaron iotrodoGic
en sus cerebros tan saludables duolrinas
Bernabé. Se llevaron chasco. Yo no recibí mas que una bofetada.
Antonio . Y yo ... *
Aníbal La pren-^a periódica se ocupará del asunto^ y vamos á andar por
ahí (le boca e^ boca...
Antonio. YaIienlH cuiílado me üá á rnf de los pf^rí<)d¡cos. Hoy, merced á las
exaJHfaciouos de algunos, sucede con^eiios lo que al paslor que
engañó más de cuairu veces á sus com|:mñeros con que venía el
lobo, y cuando en realidad fué acornelido por la fleray oo le hicie-
ron caso.
Aníbal. ¿Con que insisten ustedes en cometer una iniquidad?
AntoniO Yo s!. ' '
Bernabé. Y yo.
Aníbal. Haz bien y no- mires á quién» como dijo Jesucristo,
Behnabé. Esas palabras no creo que sean del Redentor del mundo; pero caso
que lo fueíao, no las repeiirid en estos tiempos en que las baenas
acciones son generaímeole eavidiudaSi y sabido es que' la renvidia
crea más enemigos (jiie la injuria. ^
Antonio. No volvamos á io mismo. Procure usted que le teman y no que le
compadezcan • Terminemos esta cuestión que no merece la penada
que nos ocupe el tiempo. Se trata de dos subalternos, y nuestro
decoro, nuestra dignidad, nuestra bonra, están & más altura»
Aníbal. Ayl Si Dios no lo remedia. (Aparte )
Antonio. ¿Ha visto usted, señor don Bornabé, el telegrama?
Bernabé No he visto nadía. •
Antomo. Se recibió esta madrugada. El Ministro llama & Madrid á lodos loi
Diputados adictos, porque las oposiciones intentan dar la bLataHa
al Gobierno Hay crisis, y yo pienso partir esta tarda.
BisRNABÉ. No se olvidara usted do gestionar mi ascenso»
Antonio. |Quó disparalel
AT91BAL. (A lo que estamos.)
ScRNABÉ. Llevo dos mjeses ya le Administrador de segunda, y es razón.. «
IviBAL. ¿Le parece á ustedes que demos una vuelta á la poblaoion? Me
han dicho que ba'V síntomas de alterarse el orden.
kHTONio. No tengo inconyeniéate Aqui no se ha de mover nadie. .
iCRNABÉ. Iremos.
tmoNio. Pero convendría que llevásemos cuatro ó seis parejas de la Guardia
civil, que esploren elt terreno, y otras cuatro ó. seis que nos guar«
den la espalda.
OiiBAL. To no tengo nada que temer,
iÑTONio. No lo digo por eso. Tampoco yo creo que le he hecho da&o Anadie.
laRNABfi. Me parece que no hay rason para que yi» teog^ eoeoiigod» .
-5d-
ÁKtBit. (NingiiDO se conoce )
AüTeüio No no9 aldjart»mos muoho^ Lo qae interesa es vigilar esta mama**
Da: en ella debe asted aglomerar toda la faerza pública.
Aníbal. Esloy seguro t|ue no habrá neoesidad.
SBoexici II.
MATILDE con una carta' cerrada en la mano.
Le pondré un sello de franqueo y el interior es el medio mis pron-
to y seguro para que llegue & su poder. El ordenacza lletará
la carta al correo. (Llamando J ]Santiagol f Sufra el Ordenanza) .
Sin hablar Ci>n nadie, sin detenerle en el camino^ la pones eo el bu-
zón y te vjfnés enseguida. (Yase el Ordenanza). Todo piulo oírlo
desde mi Gnarto^¿Teniirán valor de apellidarse caballeros ios que
tan indignamente se conducen? .. Adulándome, el seiior don Amo-
nio me dijo hace dos ñochas, que yo era nn pret«!Sto de la Pi ovillen-
cia para tener en este mundo el tipo de los ángeles, la vera ePigío
^ de los sera HneV Cona'guoa mas verdad podré yo decirle ahora
que esa misma Providencia la tiene á él en e) mundn para que la
especie humana pueda apreciar la distancia qun media enlre el vi-
cio y la virtud, entre el error y la verdad. La Siwjíedad debia le-
vantarse como un solo hombre contra tan villano cumportamiento.
¡Qué días tan amargos esperan á esa pobre familia! . . Si yo encon^
trase una i>ersc»na de mi confianza c(»q quien enviarles estos qui-
nientos realesL*.
Ssoexisi III.
MATILDE, LUISA. •
LmsA. Ay, Matilde! Usted es mi único puerto de salvación , mi ánico con*
* suelo! Declaro, confieso que ayer comeii una Iigere7a imperdona-
ble, pero lo hice cediendo á los impulsos de mi conciencia y de mí
razón. Obré mal, pi^ro ya no tiene remedio.
HatiíiDb. No, Luisa,, no; los corazones nobles se engrandeCeo en la adver-
sidad, alzando la cabeza ante los yue pretenden esniavizarios.
Luisa. Ui madre se agrava de hora tfn tora. ICi^ta mañana al de«:()ertaf
llamaba á su hijo Bogenio para despedirse de él: yo procuré ale-
jar ioda sospecha y me van faltando las fuerzas.
MiTiLDE. Dios acude siempre á las mayores necesidades. Tenga usted fé y
resignación. Me voy & permitir ofrecerle estos quinientos reales,
' ^hica cantidad de que dispongo. No e^s ana limosna que le dov <h
uñ préstamo que le liag».
~|0-
jUisa. Soto ftsi puedo aceptarlos, A qué estado ilegao las personas qa#
viven del presnpoesloK.. y sip embargo, para oada deslíae bay
quince prelendíontef:!... Caáiido llegará el día eo que los cargos
públicos busqiíen k los hombres? *
Matilde Eutónres la oaolon seria utia nación feliz, y los españoles estamos
condenados...
liUtSA Influya usted, por Dios, con sn papá y haga porque no los trasla*
den á la cárcel. Yo estjy dispuesta á sacriQcar si es necesario... ái
pedirles pñblicamenle perdón, á...
íIatilds, Kso. jamás.
^uisA. iNo puedo detenerme! Mi madre no puede estar Mía on momento.
il ATILDE Yo avisaré 4 ^^^^ luego que... '
^viSA. Asi lo espero. Adiós.
ttATU.I)B. Adiod.
MATILDK.
■> , ,
Estoy atravesando la má^ terrible délas crisis. Este es el roomeo-
to histórico de mi vida más interesante Mi razón corre el grave
riesgo de ahogarse en el mar ie las lamargurae. Cualquiera que
ahora me oyese diría: |Lo que puede el amor! No; no es el
carino que á Eugenio tengo la causa de que yo pierda el juU
, ció; no es el móvil de mi locura; no es el motivo de* mi deses-
peración Mi dolor se inspira en un sentimiento, quizá mas grande.
La idea de que á mi padre pueda alcanzar la responsabilidad mo-
ral de la muerte de esa iofeli/. señora... No quiero pensar en ello!.. •
pero, sí no puedo menos. Son impotentes la fé y la íllosoí'ía á que
prescinda. . Acaso leyendo en este libro cristiano, que siempre me
acomfiaña, se mitigue mi dolor, se disminuya mí penal {Sata un
libro del bolsillo y lo abre J
MATILDE, ANÍBAL, ANTONIO, BERNABÉ.
kmB4L. ¿Se le habr.) perdido algo á ésta chica en este d^.^pacho?
klATiLDE. No se me ha perdido nada. Me aburro de estar sola entre las cna-
tro paredes de mi gabinete, y veago aqui á contemplar las de este.
VmBAL. Habrás querido decir á esperar y no á contemplar.
Matilde. ¿Cómo? .. Qué! ,
. Lo sé todo, hija, tpia Tu sagacidad y tu cautela no te han valido
en ésta ocasión.
— «♦ —
AuBu. Digo que e;tar&8 esportodo k e^ntastioloii á oiii oirta qao e
OrdeoaDza ba llevado al correo.
ÜAmiis. ¿Te has permitido sorprender mi oorrespondeaoia?
AiiTDMO. Ja, ja. jal
Bernabé. Ja, ja, jal . .
Ahíbal. Tq padre tiene dereobo, tiene obligación. ••
Antonio, Ja, ja, jal
Bernabé. Ja, já, jal <
Macuñi. ¿De qué ríen^slOB?... se harían tal toe? fAntonio^f Bimabé «r
. gmn r^iemio.} Si?... Ya que me provocáis con vuestra risa, voy i
repetir las palabras, qne un momento antes de entrar vosotros es;
taba pronunciando. Bacía yo: no es et amor el que perturba m
razón, no es el cariño que le profeso la causa de mi locura: es ui
sentimienlo m&s grande; es* la idea de qne k mi padre pueda alean
car la responsabilidad de vuestros actos, y para calmar la dcses
peracion a que estas consideraciones me traían, comencé á leei
este libro cristiano, porque la doctrina que sustenta es uo buei
bálsamo que derrama en el corazón afligido; porque la verdad qu(
(predica, es la llama britiante que ilumina mi apagado espíritu.
Antonio. Está iospiradai Ja» jal (Bernabé ri$).
Aníbal. ¡ Aprieta 1
Matílue.. Segáis rieodoi sin dada porqoe la sociedad, á pesar de vuestras
infamias, os mima, os considera? La sociedad ós acoje por lo qu(
mundanamente valéis; el cielo os repelerá mañana por lo que mo<
mímente representáis. £1 amac k un hombre como yo le amo , nc
es ni ejquiera una falta: el obrar como vosotros obráis, es un crf-
menl No tne avergüenzo de quererle!... Vosotros si que debéis
' avergonzé rosl
Ajítonio. Ni Cicerón 1
Berivabé. Ni Sénecal
Aníbal. (Anda con ellos).
Matilde. ¿Qué es usted, señor don Antonio, mas que.nn especulador, qyu
gracias á la politiza, pusée lo que legítimamente no le pertenecel
¿Quéasasted, señor ()on Berns^bé, mas que un funcionario públi.
co,que escudado con la autoridad de su cargo, le espióla hasta el
estremo de mejorar m sueldo con e^ sudor de esos infelices á quie-
nes 1^ necesidad obliga á pedir comisiones de apremio, de cuya;
dietas U^ué usted la avilantez de reservarse una bueoa parte? S
reíais, porque sorprendiendo mi carta, habéis visto en ella que
amo a Eugenio, sea eohorabuenal... ¿Mi padre no es gustoso?
Aníbal. No
Maítílob. Iiio7J?ues ahora voy A escribirle una oartí, diciéndoie que le abor-
reeo#, porqoa entre mi amor y mi padre, ha¿o jó qoe tiebe Ineer
'iifla bofoi bija; pérb eDtr¿ sú bija y ustedes, la eleGoioo para mi
padre 00 puede ser dudo^.
Los MISMOS, menos MATILDE.
KiBAL . Pendiente de sus palatoas; 't\\> 'he podido articular una siquiera!
¡Qué talento tiene esta crialural iNo sé á ^uiea se parepel
[ERNABÉ. {K su papal). -'
^ííTONio. Bonito discorsol
Urnabé Brillaote peroractonl
LNTomo. Esto surte en mi ánimo un resultado contrario. La*» lecciones de
moral solemits oírlas ios hambres políticos como quien aye llover.
{krnabé. a mi« maldita la impresión que me ha beeho. •
ANÍBAL. (Predicar á ciertas personas, es predicar en desierto).
kwTONio. Voy á decir al Juez que duro en ellos. ^
)ERKiiB¿. Al Promotor le encargaré yó quo les siente bien la mano.
(Dispuestos á marchar , entra un Ordenanza de íeíégrafos y Mé
detienen) .
iifiBAL. Este telegrama sera alf^ufta oirfulár á los Gobernadores, diaiéof
í doles que la crisis se ha conjurado.
kNTOifio» Creo lo mismo. En tan críticas circunstancias no podia caer él
i ^ Gabinete. De ésta hecha nos afirmamos en el poder para mucho
tiempo.
3£RNA6É. ¿Quién lo duda?.... Después de sofocar una insurreoctoo y haber
alcanzado un triunfa completo en las elecciones, no podia espe^
rarse otra cosa.
kifTomo. Ahora puede usted contar de todas veras con el ascenso^ yes pre«<
ciso que antes se resuelva el espedientilfo ese de Bienes Nacíoba-
les, en qoerestá basada una gran- parte de mi fortuna.
Sbrnabé. Prometo á usted, dob Antonio, que eso queda de mi cuenta.
UNTomc Ahora si que resuelvo el problema, mejorando mí capital en más
de cincuenta mil duros.
Bernabé. Y yo resolveré el mió, yendo á una capital de primera, que son
( ' mis sueños dorados. Algo comproraetiüilio es hacer lo qoe usted
quiere; pero tenemos la sartén por el mango, y. lo que aquí haga-
I tnos lo darán por heoho en la junta superior de Ventas.
^wxAniio^ De eso no hay que hablar. Mi carácter de representante del país...
Pero, señor Gobernador, ese telegrama está en griego?
Viene ea cifra y be. tenido qua a[»9lará la olave^ Atancioa: «La
erillisebt iPMueito, eoaargindata de 'formar el MiohlBrio do
. Salvador Hi>(lrlgu£i feoa. u-^K^to Uioe la primera parte
JürroNio. Supiima (i$ted lo demáa ¿Qqíóo btbia de sospechar qao don Sal
vaiior pfxlia llegar á MíBisiro? £atró doa Salvador y se salvó <
pais! iQtié dwáadatol l¿\ seAor Peña, (foo es más rudo que nú
iAññtl li$&2i ee la qacioii de loa vioeversas!... las qae valicíDao e
ptiltUoa andao.Meiqpreiior. 109 oerros de Ubedal Ko España nuoc
surrAe lo qtie lóji^icameote debe sucederl
BsRiféBÉ. iBueaaf) r^n & estar las coeas» ¥ la eegofida parle» qoé diee?
kf^íBm,, aM iii^j>b«oi9a4e bsGdrtesl»
Antonio, üh nm pliHoada le dqaa ft uaa como el gallo di* Moroo, cacareat
do V sin plumas Adkks, toda mi iaQueaoial... Adiós, todo mi ta
lerl Piieiltí usted ir liando el hati»; peroaoies resolverá .. La ciuj
de4)oy e.s un itiértto q/áñ omtrae (sara no dobla asoaoso maDana
Aníbal. Y la ier.cem ^rle, qite es \a más oegra, dispone: «que en <
aolo eoiiegtie el luaA'lM de la proviflQi& á don Kegeoio Uodríguei
ioteiiQaiaeate eorabrado Gobernador.» *
(Se mrm los Ires algunos inslantssj.
AflireNio. No lo entienda. A ese obi^ganiv:Í8? Üigo que lio Id eetieodo.
Bernabé Ni.yul (l^asmnioBé.ptsoipiiado)^
Aníbal. La eunsecuencia es la coas...
Amorío. Ae|M>o á ii^ted 4|ue oo b eotieado, y no lo enlieodo. Venir ese sil
bant^á ocupar eLBÍtlOQ de la prifliera autoridad de QSta provincia
desd(^ el ooal trastornará todoe oais planes, sacará nuestros trapos
relucir y 3dtieihoi.'baata<}qó ponto pretenda ejercer cch) nosotros s
veuganzal
Anibu. Confui^ro» (loo Antonio^ ostoy seguro qne no ha de estrellarse.
Berx'vabé. Ocmmi^o tampoco. Yo en las cuestiones de ustedes no podía se
otra eo:=^á queosDoro á la izquierda.
Antonio. Todas las cul^)as á mil El señor don Aoíbal, que cuando sorpren
dio al Ordenanza la cartita de su bija, so puso de veinte coloro
y bubÁese sido eapa& de desbacerlo entre sus mano^, quizá aspir
á casarla c^in^l ahor^.. . y... vamos viviendo] Don Bernabé lava
rá SU3 mauos, y yo» que no quiero sérmenos que ustedes, le ofre
celé nii a (loye para cualquiera que en mi distrito soa caodidat
del Gi»bit*riuji. Pero, mirándülo bien» ¿no comprenden ustedes qu
la actnai siloaoioo no puede, durar mocho? ¿que esto no puede se
más que ww Ministerio transitoriü?
Bkrnab¿ Estoy en lo mismo.
Antomo* Las primm^asdiaposieionQs dan la, medida át, lo que es, y de 1
que será en ailelanté. ,
(Aníbal escribe contestando al parle).
.^44 —
^tRVAitf. ¡Qué escándalo!... qaé pafsl Nombran Gobernador interino & na
oiñOy que ayer por todo eldia acabó la carrera de Letras? Y yo,
^ qne llevo tres años de servicios, no he podido ascender más que i
gefe de una AduiíDistracion de segunda!
'A.Niomo. Y le parece á ast ed poco, bombre de Dios?
Bbrmabé. Comparado con el Director general, que el año anterior cobraba
seis reales diarios por escribir las f^jas de un periódico... mi car-
I rera no es una grao cosa. '
^íiNTomo. Ninguno está contento con sa suerte p Apostarla la oabeza á qae
designan para candidato por mitlistríto, á un... cualquiera.
{Bernabé. Pongo cuanto tengo á que mi sucesor es un pelagatos.
ANTONIO. iQiió iniquidadl ¡En qué país vivímosl
BfiKNABÉ. ¿Dónele vamos á parar?
- \NTOMo. Esto es iniouo! El porvemr de dos hombres honrados, sujeto á los
^ Vdi venes de la poUtical Ya no se miran los servicio^)
I BERNABÉ. Ya no se atiende á tos antecedentHsl Haga usted méritos en una
^ nación comoeslal Quisiera nn vivir en Espáñal
j^KiBAL. Bueu remetiío. . (Cerca es4á Po<rtngal).
.^^TONio. iQué manera de dar los destinosl Dios sabe el tiempo que- tendré^
inos que vivir bujo el peso de una tiranldl Pero, bombre, qué hace
n^l'é (Dirigiéndose á Aníbal),
^\kibal. He coocluido. En la necesidad de cumplir con la orden del Minis-
I tro, me dispongo á poner en libertad al señor Rotlríguez, bacién-*
^ . dolé entrega del cargo al mismo tiempo^ De paso pienso referirle
I . c por.6 lo ocurrido, en obse^^ujade la verdad y descargo de mi
>. conciencia.
• Vntonio. Bombre, no; veamos de discurrir una fórmula con que todos que-
demos bien.
Vmbal. Ha de ser pronto. Yo quiero qne ustedes no sufran las oonsecnen-
cías de sus estravlos.
''^NTONio. Usted qué opina, Administrador?
' íérnabé Opino, qne el soííor don Auibal se dedique sin perder momento á
< influir cerca de su hija Matilde, á flo de que ella incline el ánimo
. del señor Hodrigoez y queden las cosa^ como si nada hubiese pa-
, sado. Así podemos conseguir que usted quede de Gobernador, don
Antonio s'ga con la misma influencia, y yo conserve mi destinillo.
¡^ Después de todo, la política es ooa farsa. El señor don Antoaio
se encargará de llevar la noticia á su familia, y yo bajaré á la Ins*
peccion a comunicarle el telegrama.
Antonio., Tade me parece bkn, meóos ir yo.á una casa, donde una vez fui
í y no debo volver jamás.
AlHíbal. La obligación de trasladar la orden, es mia, y yo no falto nunca
á mis deberes.
— 45 —
Bernabé. Iremos los tres; pero aotes seria oomreiilefitl lo diga tisted i M
tilde que lo estimará maoho.
Aníbal. Sí, al. Matildel f Llamándola J
Dichos, MATILDE.
ü ATtLDB . Llamas , papi?
Aníbal. Estos cabdlleros qoierea hablarte.
Matilde. Puedan empezar cuando gusten.
Beriubé. Usted, MatUdíta, no babrá escrito á Eogenio la carta didénd(
que lo aborrece?
Matilde. SI, escrita la tengo.
BsttMARÉ. ¿Y la há puesto usted ya en el correo?
Matilde Nu, pero pienso hacerlo.
Bernabé. No la ponga usted. Su papá está conforme con esas relaciones,
hasta los veria & ustedes oasados OOQ macho gusto.
Aníbal Yo, no. Estos señores...
Matilde. Ay, qué gracia!
Beunabé Matilde^ el inu.td) dá muchas vut'ltas, y quién sabe si mañana
otro (lia puede soplarle á ese j6^en la fortunal...
Matíloe. Ja, ja. jal Bien iimn qi)<^ la risa anda á Darrios. Todo lo sé:
he oído todo desiie mi gabinete Ja, )a, jal Muy pronto han ap
gado uí^tedes sus fuegosl Coa qué taoilidad deponen algunas pe
sonas sus rencores! Ji, ja, jal Ahora toca reír a los que hace di
• mi&utos lloraban; abiira tooa llorar 4 kis que hace diez mínut
reíao
Antonio. Considere usted, Matilde, que no es muy noble cebarse con 1
victimas.
Matilde Toiios queremos tnsticia, y ninguno por nnestra casa. La mist
considerdciun hádetelo usted hacerse para que no llegara este cas
Antonio. Siento mucho decirla que sus obras no respond- n á sus palabra
Matilde. Caballero, mtí estrada mucho que un represeutante del país, e.
rezca del criterio necesario para dar la dd)ida interpretación á i
contento.
Aníbal. (Chúpate esal)
•Bbhixabé. (Sí cdotináa la discns^vD, lo tritural)
Matilde. Mi risa tiene origen eu la satisfacción de que rae reo pof^eida ca
vez que estoy en lion'liiiione.s de hac'T un favor. Yo quiero al pri
gimo como á mí raisina Antes lloraba porque no tenia elemeol
para haoer triunfar la verdad y la justicia; ahora raecr
porque dispongo de los bastantes á praoiicar un prece^
sionT y lodo mi valknitíQlo lof>oogí><le$íte toego;A8USíórdet)esl
i\?Ah. Apren<lan ustedes. v . . . .,..<:. .\. .1.^ . k
kTiLDE. Proceder de otro modo sería imitarlos, y alguna distancia existe
entre don Anlóaiof "yá^^ams y -daüci Mitlilde Gimonez; entre don
Bernabé ..
NiB\L Kxisip la misma qjíe;eíitfe ios tagetes y los...
•:iinaBé Bien hace en suprimir la Sí^gnhda parte.
siBAL. La imfmc-iencia en que me encuentro po(! coasáaicarib'el iébMifyttt'
ma, es tal, que no rae;jrteí|eiijjo,ínMW.
?íTONK\ Con que por parle de U3t«d ..
K-xwm Tiííiw e^lá AJomneSra; «Prwwí., V^p\^ m^ iS«ba lE^tí^^ióí enisígüida',
!>íiuNio iQué buenas son algunas mujeres!
NiBAL iQué m<il<»s swn algunos polilicus! .
íKNxBÉ. ¡Qué apuros pasaíín<í« Uí3 i^TíÍ«lQajdés!
ATiLUE. jQué sabia es U Providencial <
■•'*«.''•'.■
MATILDE.
Famosa lecoioiB haa reoibidol Si íe« afurovocha» do será mala.
Creían q.ae yo. ^ra Hjapai dse aconsejar A Bu^^erjiio que ^jercte^. cí»
ellos una vertganza; p^rak venganza ao pUttde. 'leoer cabida ea
los coraxoaes nobles, ¿Góibo habla de laoerla en el sujfo? ¡No só
,qtte siento! Todo^ei sistema nervioio... Las ifiipresion^^agraflHble»
son -á v0ce^ 'Curtoo las.peaas.iQUfi-oo ínaiiaD,Mpeco ayudan. Estaría
gracioso que.
}• . •
MATILDE, LUISA.
[JiSA. Matilde! Matilde!. Han llevado 4 casa este tplégrama M» Uo Sa}-
yadornos.ha «aladul: Bs el Prasideolf^dal Coasejo 4e Ministros
y nombra á líugenio Gí)bernador civil interino ¿Ü$t#d.lo sabía?
[atilde. Sí: papá ha recibido otro igual.
ifiSA. En el momento que lo leyó mi wadra. se puso tan contenia, taa
alegre, tan animada, qwe ya-oo d^bemqs teioer per su vid^ Cier-
tas noticias son ca-paces de resurilar á m muerto! Si .hubiese un
destino para cada español, los español es -éramos eterpos.
Iauldb. El Gobierno que publique una ley haciendo ewpleatfosiá todos los
babitaní^ de la oacioa» se eierpiaa en el. poder.
— 47 —
Lviai. ]Cómo «orreo las nuevasl Al pasar por íi poerta de lá Inspecoioi
de policía, donde esláo arrestado?, me detóve ud tnomeoto y o]
pude entrar á causa de ia roncha ($ente. ¿Se estraua de vercn
alegre? Usted eslarft triste porqne a su papa le dejan casante. N<
tenga cuidado; que estando mi tío en el poder, no le fallará des
«tino Mi madre y yo hemos dispuesto dirigirle un télég^rama pi-
diéndole veinticuatro mil reates de sueldo para García.
Matilde. Veinticuatro mil reales?...
Luisa. Yeinticnalro mil reales, ó más; y luego que se los den me caso
¿Quiere usted ser la madrina de boda?
MiiTiLDE. Con mucfio gusto . En <mmbio usted no se negará & serio de la mia
Luisx. Qoél... se casa usted también?
Matilde. ConTlo en qoe Eugenio...
Luisa. Mi hermano Kui^enio? Qué locaral Mi hermano ocupa hoy .um
posición que le hace digno de la roano de... y al fio y al cabo
usted es la bija de un pobre cesante . .
Matilde. Luisa, fijese usted en lo que dicel... ¿Se olvida tal vez de?...
LoiSA. ¿De los quinientos reales que me prestó esta mañ^ioa? No, señora
La primera paga de Gobeírnador que cobre Kugenio, sera para pa
gárselos & o.sted. Mucho tardan en subir Los minutos me parece
años. Voy a ver si surge alguna diíicultad. {VasiJ •
MATILDE.
Le ba perturbado la noticia De no ser así, sos palabras hubiese
producido una honda pena en mi aUna. íi& lo estraño. Estoy se
gura que muy pronto ha de arrepentirse de ellas Es muy frecuen
te. por desgracia^ que un favor se pagoe con una ingratitud Lo
que de la miseria se eWan repentinamente á una altura que nun
ca imaginaron, suelen en\anecerse y su envanecimiento se encierr
a veíres'en los repugnantes limites de la soberbia: esa es una pro
piedad de los espíritus débiles Eugenio vive en otras regiones. ;
80 carácter noble y generoso no le es permitido ostentar otro or
gallo que el que despiertan las buenas acciones Yo soy capaz de en
trar por él la mano en el fuego sin el temor de abrasármela, ¿l^oi
qué no ha dé haber en el mundo una mujer que no dude?
MATILDE, LUISA.
LvisA. . (En tono gravej. No los dejan andar. De todas las <}ep<
— *8 —
$e apn^soran & felicitarles En ias veinte harás que ba duraiio su
prisión solo dos ó tres amigos bau ido á verlos.
riLPE La desgracia tiene tan n^ala cara, qiie todo el mando huye de ella.
SA. Los qua ayer anatematizaban sus actos, hoy de seguro aplaudí ráa
su qonducta (Qué grande es el poder de la polílical Me daba las-
. tima de ver. el papel desaírala que viene liaoiendo su pa^^á: hasta
los porteros parece que le miran ya por enoima del hombro.
riLDE. Eso probara á usted lo que son los destinos púiblícos. |Los desti*
nos públioosl Flores galanas que al más ligero soplo se deshojan, y
sólo quedan como recuerdo de su existenoia. un tallo oi^bierto de
p^uneantes espina?. No sé como hay persona á quien envanezca ooa
posición oficial por elevada «que sea Cuanto hnás alto es el puesto
que por el favor y la influencia se alcanza, m&s negro es eKporve-
DÍr que al agraciado áe le ofrece. Cuando mi padre no era más
que un simple o&cial de gobierno y le dejaban cesante, jamás se
desdeñó en dedicarse á. ciertos trabajos, que hoy de8pu<^ de haber
Stido O'ubernador civil Je provint^ia, lesera imposible hacer. £i ia-
dostrial más humilde, el artesano de menos foriuna y el infeliz
bracero, viven con más tranquilidad que los empleados. .
SA. La miama idea que tiene usted de* ellos; tengo yó. Con más gusto
vería á mi hermano al frente de una Cátedra 6e un . Instituto,
que sentado en esa poltrona: boy es Gobernador civil: mañana
que mi tio caiga del poder acaso será perseguido por los adversa-
rios. No me al'haga nada su falsa posición. Opino como'usted, Ma*-
tilde. iQué pobres de espíritu deben ser los que se envanecen con
los destinos públicosl
nU)B. Pues óehese usted uoachinita en el bolslHd, Luisa. Pocft armonfa
guardan sus palabra» de ahora, con las que hace un momento
prouuHciaba.
SA. No recueirdo... La impresión que en los primeros momentos me
hie;o la noticia y el cambio repentino que en favor de su salud que-
brantada sufrió mamáj-quizá me estravíarian basta el puuto de po-
. ner ea mis labios pensamientos que nd pueden tener cabida ea mi
pecho. ¿Qué be dicho yo, Matilde, que pueda ofenderla?
TILDE» Dijo usted, Eugeuio oisupa hoy una posición que le hace digno
de la mano de... y ye, al fln y al cabo soy la hija de un pobre
cesante.
SA. £n esos instantes en que DO era dueña de mi niisma, en que no
me daba cuenta de mis palabras y de mis acciones, he podida in*
ferirle tan grave ofensa. Ne, no. Matilde, esas frases no fueron
bijas del egoísmo; nacieron de mi extraviada razón. Quó mayor
dicha puede alcanzar un hombre que tramarse su esposo! Ninguno
fiíáa feliz ique Eugenio si al cabo se uuie á aa^ed: á niMd, que tan
— 49 —
Mlisinuis caaKdades adornan: & usted qoe posee ten nobles y
nerosos seolimientos.
M4TI&D1. La honrada lo seré yó. Él es digno de mejor suerte.
L0194. ' MiL veces no, Matilde. Antes de tratarla , mi madre y yo i
deshacíamos en su elogio cada vez que de usted nos ocupaban
ahora qut la conocemos la prorasamos una especie de idolatría
(Maiüde arroja algwu^s iágrimat que enjuga con iu pañuel
Á»IBAi.
Mathj».
Akibal.
Antohio
Apiibal.
BeRII4B6
Aníbal
ASTONIO
Bbrnabí
AtriBAL
BSHRABÉ
AüTOMlO
Al«lBAL
Bernabé
AVIRAU
A^tOMO
Bi>KttABÉ.
BUCEHIO.
Tobos.
Soberbia ocasión para que se aclare la verdad de lo ocorrido.
que estdmos lodos juntos, quiero esponer-los becbosi dando á c(
cual lu que le pertenazüa.
Si, si; que bable pa[>á.
El MÍQi5iro dejó cesante con fecha trece á don Maroelino Cues
abijado üe doo Antonio.
Porque usted había pedido la plaza para un sobrino de su seño
Üuu Bortiabé, que es un segando Maquiavelo...
Yo he diohu y repito; que uo soy mas que un cero k la izquier
Discurrió el medio de reparar la falta, reponiendo al señor Cue
en el deslino del señor Kodriguez. Don Antonio me amenazó:
al principio no le hice caso, {^ro después, como los hombre^ (
bti<;u8 leñemos...
ReQera usted las cosas tal y como han pasado. El qoe se opuse
que quitaran á ese caballero, fui yo.
Ha iucurrido usted en un error. .
Yo no (ello nunca k la verdad. Bon Bernabé tuvo la mayor pa
de ia ouipa
La tiene su debilidad de usted, fia ambicioo de este caballón
[C^o se aiiKTvel..»
jCói3>ü5e.atrev.e?,..
Ustedes me calumuianl
¿Nosotros?
Yó? '
Usted.
(Todas $tta$,palahrat djichai ton emrfia y con actitud molem
Silencio, seopres« Jamás he querido: saber quienes son mis ene
gos¿ píorque.no sé si tendría ka auSoieate virtud para<. perdonar!
Klqua trató ayer de perjudú^me, con. su pan se lo coma.
ilogfiojafiíiilp que bajrao tianido lu«^Jod fnisideofes pasa '
alegro^, y deben liiiedés alegrarse más que yo, porque c
ridacl Di de mi posición en j^^erjuioio dd ustode». ámnopn mi con-
ducta t]or«s'ifomuo'l9n»te ti«nlMBs¿pDHtíeo6, ftida «ada küai l0t|iié
quibra yUe baga fetta^i^ue ^\^$ áh by^ jostieia, /dibfitiesto a8to|
Tonto^ l)oü Aq4M, pída^fisted.
jENio. . At settoriuiereacacgo yo de todaig^ar tBaa:.larda.\»;.>. .
roMO Hombre, yo voy á ser franco. La situación pasada no me llenaba
y me amoldo cofirlaei^Rted térla^Hresaií^wi El Gobierno reciente*
mente caído nos ha dado perro.
;enio. Observo quQ usted, S9guQ.>su btstoria, se amolda & todas las sí-
iuaciories.
Tomo. üs v0rdid...:F4a(|desas'bnBiaQa».«^ Nb^úedo vitir fAibra ia. las
esferas aciales; ooaodo respiro otra attoiésfara iqoe 90 es esta,
me aboga. Como soy politico viejo, 90y>taalbien un etomento muy.
útil á la autoridad ., Cazo muy Jaq^I... Alnt^s qaeutío pieOBe^a
coBSpif^r -so lo ooQi>isao«ñ t(is>oi66; y e^tabdo yo ¡al hdo.ule ihiis
Gobernadores, el orden público do eí 'fiioii'^tie 9e.alt«re, porque
los pungo >al üoiriente'^de todos li^s planea de tos «nüomigos :3to;ú
grande ioilueooia en mi disirilo; 7 si el GolrieroO ^ine' pre^'Hü
bgeíio'opoyo, iriuafaré en (as próximas^ eteootones jf |íroaiaie edf
un SeliM^nsordel áiCAualórden'de ootsas. " . ^
;eifio. No me es ipo^ibte aceptar "SUS ofertas PieaiOiÜacertoiaiintrario de
^ . lo't)iíe oiroe'Gobernadores hao iieebo Weoso'gdberQaf4K)n el buen
ejemplo^ porque el buen ejemplo de los <gobemanies es la única
4at4a (le saNiSCion'para'el'p2fls:l*aa;N«ar ta ley y la jaaiiciay<e84c:fo
único que aspiro ¿boita, usted,^$eaor4dQ<'B»MiiaM.
TONio. (La justicia déoste, sera la juatida de'Bnero)
<NABl& blempfe hb ^4o ¡cénioite . jiefo3.*)Ki.5uito: jamáá fce^Jejaflo de íreé-
pond^ 4 todas sus exigencias, á todos sus mátadates^^ya se hayan
ín9|^aatec»la<ley^46 3[a<ealtovieieñj&)éra ^de^Ha. Tengo ea nii
maao (os medios para ganar IranquUa.'^ aesiaig^áameiit^ unaa eiee-
clones, j loda mí inieUgenuia, toda m^4etMidad, ia pongo '^Stts
Ordenes. ! . : . . .
GENIO. Muy malas mañas debe usted haber adquiríde ^n esa oondueíai
y gentes de malas mañas no las quiero yo á mi lardo* ^Geeliooe
usted su traslación á otra provincia, y eso le tendrá looaactfeiiia.
'Sr^te&irodoo AeMMl* #8 iiioob pero
yo me encárgale de «queiresuetvaa en Madrid >:oa eiípe(Keate-'de
daaifUacfon^/enel sentido qee apetece. Mi(9»atten yo an
'^ Mgrato,i8Í taoyi^e.me eonrie4a'fortDaaH)Mldase loatouevos ofi-
ciiQs dei9tt taija^ a la tqo6 isói^ia y^lomiüaiaMei^de ^A astei por
AmUAi. Bombre, eso es casarse por telégrafo.
Eugenio. Nuestro amor do es de tres días; trae algoaa fecha. ¿Usted s
resuelve? Repito & usted que se decida, señor don Aníbal.
Amibal. Yo no voy á ser el casado... & ella corresponde primero. ••
Matíldb. Si papá es gustoso, por mi parte..;
Aníbal. Siéodolo tá...
Eugenio, Mi hermana ser& la madrina de nuestra boda, y Matilde y y6 d
la' so ya.
Garcu. Nosotros también nos casamos.
liOisA. Somos felices.
MATILDE. fDirígiéndose al públicoj.
Somos felices, verdad:
Sin embargo, aqui me asalta
La idea, de que algo nos falta
Para serlo en realidad.
T por m&s que en mi sentir,
Pueda alguno contestar
Que hay la virtud de no dar
Contra el vicio de pedir;
Si la comedia os agrada
Señores, muy poco cuesta;
Debéis coronar la fiesta
D&odonos ana palmada.
FIIV,
DETALLES
PARA LA HISTORIA
Farsa cómico-üríca en un acto y en verso
orlglunl d«
JOSÉ JAOKSON VEYAN
zAÚaloa á9\ maestro
MANUEL NIETO
Biatrenada oon extraordinario éxito en el Teatro del Prín-
oiPs Alfonso el 2 de Ootnbre de 1888.
MAORIO
KNRIQUS AERSaUI, EDITOR
Atoeba, 64. segvodo itqaierda
1888
PERSONAJES. ACTORES.
Paca Srta. Pastor (L).
Doña Rosa Sra. Rubio.
Paco Sr. Navarrete.
El Profesor » Escríu.
•
Coro dr Costureras y de Coristas
Esta obra es propiedad de su autor^ y nadie, sin su
permiso, podrá ponerla en escena.
Los representantes de la Biblioteca lírico dramá-
tica de D, Enrique Arregui son los encargados eooclusiva'-
mente de conceder ó negar el permiso de representación, del
cobro de los derechos de propiedad y de la venta de ejcm
piares.
El autor se reserva el derecho de traducción,
Queda hef'hc el depósito que marca la ley.
ACTO ÚNICO
Sala de una oasa de haéspedes.^Paerta al fura y lataralea.
ESCENA PRIMARA.
Aparece BOSA, eniegolda PaCA y PaCO^ que lalen por la
dereoha*
BoSA. Qaé bien la vida se pasa
8Ío laberinto de gente!
Tengo un bnésped solamente
que ocupa toda la oasa.
Paga sin darme ruidos
doee duros. Sí, sefior.
Es un sabio profesor
de los Estados Unidos.
Con fiambres se mantiene
y así yo no me atropello
por guisar, pues come aquello
que más á mano le viene.
Esa costumbre sencilla
me impide hacer buenas obras.
Y se han quedado sin sobras
loB\)obres de la guardilla.
Dos comediantes tronados,
que no sé qué van á hacer,
pues necesitan comer
^ aunque están enamorados.
_ 6 —
Alguien se acerca... Ellos sod.
(Yendo al foro. — Saena oampanUla en la prima-
ra dereoha.)
Llama el httésped. Volveré
á decir que no hay de qué.,.
Pobres, me dan oompasiónt
(Vaie por la primera dereoha.)
ESCENA II.
Pausa y salen PaCA y PaCO, bastante mal vestldoa.
MÚSICA.
Paca.
Yó soy Paoa Peca.
Paco.
Yo soy Paco Peco.
Paca.
Yo nací en Ateca.
Paoo.
Yo he nacido en Meco.
I
Tal miseria toco
que por juicio saco,
que me llamo Foco
en lugar de Pace.
Paoa.
Soñó glorias Paca,
pero el arte rico
descubrió la maca
•
y me ha dado el mico.
Los DOS
Saludan á ustedes
con mucho placer.
Paca Peca y Paco Peco
que no tienen que comer.
Paoo. Muy niño me hicieron que el
pecho dejara,
y tuve, oh, tormento,
por todo alimento,
bizcoc)i08 borrachos de Guadalajara.
Paoa. Mi madre infelioo murió al darme á luz,
y cuando lloraba
— 7 —
mi abuela me daba
bizoochos bañados de Oalatayad.
Paco.
Ob niñez avaral
Paca.
Ob infiel juventadl
Paco.
De Guadalajara.
Paca.
Da Oalatayad.
BABUillO.
Paco
Proteooión, dioses ingratos I
Paga.
De desventuras ya bastal
Pago.
Qae somos artistas, basta
la suela de los zapatos
Que baya á nuestro afán remedio.
Paca.
Siendo ambos dos maravillas
vivimos en dos guardillas...
Paco.
Que están tabique por medio
Paca.
El amor, bravo adalid ,
que eleva los corazones,
nos alzó eien escalones
sobre el nivel de Madrid.
Paco.
Así bailamos el resorte
para ensanobar nuestro anbelo.
Paca.
Sobre nuestra frente, el cielol
Bajo nuestros pies la oortel
Esottcbar el loco enjambre
que va del placer en pos
Paco.
Y encima nosotros dos
muertos de amor y de bambre.
Paca.
Turba mis dicbas completas
esa frase.
Paco.
£1 bambre: es cierto;
Ye me comía un cubierto,
'
entero, de á dos pesetas
Paca.
Y si bubieras de escoger
entre el cubierto y mi amor.
PaOO.
Callal Oalla, por favor,
y no me tientes, mujer!
Paca.
Qué barias?
Paoo.
Ninfa de Ateea,
tu afán de inquirir aplaca.
-^ 8 —
Mi corazón dioe, Paca,
pero mi estómago Peca,
Paca. £1 oabierto has elegido.
Paoo. No, mi bien, es que te amo
y hambriento de amor te Hamo
por tu nombre y tu apellido.
Becuerdas mi amante oara
cuando di el primer repique
sobre el prudente tabique
que nuestros cuartos separa?
Paca. Nunca olvida mi pasión
aquel solo de nudillos;
oada golpe en los ladrillos
sonaba en mi corazón!
Paco. Becuerdas que al otro día...
de tu fama en menoscabo...
Paga. Justo: atravesaste un olayo...
Paoo. y vi tu rostro, alma mía!
Paca. Aquel intersticio fiero
se abría...
Paco. Qué hay que extrañar^
cada suspiro al pasar
ensanchaba el agujerol
Una tarde de verano,
pude á través del tabique
oogerte el dedo meñique.
Paca. Y luego, pasó la mano.
El amor es buen obrero
Paoo. A la siguiente mañana
logré abrir una ventana
sin permiso del casero.
Paco. Sí, pero mi honesto amor,
cortó tu intención dañina,
colocando una cortina
como velo del pudor.
Paco. Oon respeto sin iguall
no temas rompa la valla.
Pfura mí es una muralla
la cortina de percall
No temas, no que avasalle
tu virtud sagrada y pura.
En casa estás tan segura. .
— 9 —
como en mitad de la oallel
Paca. Gradaí, mi Paco querido.
Paco* Mi honor, Paoa, el tuyo abona.
Faca. Aquí viene la patrona...
Paco. Si habrá sobrado ooeidol
ESCENA III.
Los MISMOS y Doña Rosa.
Rosa. Hola, apreeiables vecinosl...
Paca. Dofia Rosa de mi alma...l
Rosa. Cómo vamos?
Paoo. Conque... cánulí
Sin ecrnter.
Rosa. T 1» oontraU
para Buenos Aires?
Paca. Solo
nuestros dos pasajes pagan,
no dan un cuarto de préstamo...
Rosa. Así. y todo... pecho al agua.
Paoo. Imposible!
Rosa. Bn el lugar
de ustedes, yo me lanzaba.
Paco. Y y® también, pero amigo,
dice ésta que no<se embarca.
Paca. T lo sostengo; con Paoo
no parto á tierras lejanas,
sin que antes nos eche el cura
su bendición en el ara.
No, yo tendré t\ genio abierto,
seré alegre y vivaracha,
pero á fé de Paca Peca,
que no pecará esta Paca
para que la historia diga.
Pobrecita, pero honrada I
Rosa. Bien.
Pj^oo. Dame la mano y toma
lo que quieras.
Paca. ¿Qoi^n lo P»«»?
Rosa. Y no podrían casarlos
de balde?
— 10 —
Paoa. Qniáa de eso tratal
Paoo* £1 sacramento más oaro
de todos es la oasaea.
Rosa. Tal vez bajen.. .
Pao A. Imposible.
Es precio fijo; do bajan.
Rosa. Qaien debe ser millonario
es el huésped que hay en casa,
un profesor. Mire usté...
su anuncio en la cuarta plana.
(Dándoles «La Correapoadeuoia,* qaa OOgd de la
meaa.)
Paoa. Mister Jacques: profesor
de mundología práctica,
autor de una historia monstruo,
moral y contemporánea,
á todo el que lo dé datos
particulares de £spafia
y rasgos característicos
de esta nación desdichada,
gratificará al instante
que se presente en su casa.
Pez, veintidós, principal,
frente á una casa de vacas. >
Paco. Es original el hombre.
Paoa. £1 anuncio tiene^ gracia.
Quiere datos de esta tierra...
Paoo. Nos hemos salvado, Paca!
Ese honabre es nuestra fortuna.
To me caso, tú te casas,
tú te ajustas, yo me ajusto,
yo me embarco, tú te embarcas.
Rosa. Pero qué ha pensado usted?
Paoa. Pero qué has pensado?
(Le habla al oído.) Bastal
A las guardillas del artel
Paoo. Apolo nos dé sus armasl
Rosa. Pero oiga usted...
Paoa. Hasta ahora.
Rosa. Sepamos de qué se tratal...
(Vaae por el foro detrás de ellos.)
— 11 —
B3CKNA IV.
Sala fiSx* P&OFI80R por U primarA Uqulerda/Vestlcá may raro
y reproientArA unos 50 aflos.
MÚSICA.
Yo soy UQ profesor
que no lo habrá mejor
•n todo Filadelfia
ni en todo Naeya-Yorok.
Si se&or. Si sefior.
No es favor. No es favor.
Ni en todo Filadelfia
ni en todo Nueva- York.
Yo tengo la historia
toda en la memoria.
Yo escribo con gran critica
y gran moral política.
Esclavo del deber
si empiezo yo á escribir
me olvido de comer
y dejo de dormir.
De los Estados Unidos
me he venido aquí á estudiar
y aunque de mi tierra vienen
los camelos y cañarás.
No hay que dudar
de mi formalidad.
Yo soy un profesor
que no lo habrá mejor
ni en todo Filadelfia
ni en todo Nueva- Yorck.
No es favor. No es favor, etc.» etc.
BABI.ÍÍ90
No fui embustero -jamás
y el no serlo no me pesa.
A mi en la América inglesa
me educaron nada más.
— 12 —
Nifio á New-Ycrck me UevAroD,
pero el de España es mi sol...
Soy un arbusto espafiol
que al nacer lo trasplantaron.
Aunque en apariencia inglés»
si escucho una seguidilla
se alegra la pajarilla
y se me bailan los pies.
Una historia universal
•soriboi y á tomar nota
vengo, pues no sé ni jota
de este mi país natal:
son también mis intenciones
yer si Qtro asunto se zanja
y hallo mi media naranja.,.
Allí no hay más que limmesl
fis la mujer más barbiana
la española^ á no dudar.
Yo me he pedido casar
con una chica alemana.
A una extranjera belleza,
vamos, le falta el aqueU.
Estoy por el moscatel
y no quiero la cerveza.
Con mi anuncio han de venir
á verme por de contado.
Si tomo notas y estado,
aseguro, el porvenir.
Patronal... (Sabiendo al foro.)
FiSCENA V
El mismo.— Doña Rosa.
Boba.
Pbof.
Qué hay que mandar?. . .
Ya sabe que espero gente:
Quépase inmediatamente;
el que me venga á buscar.
Rosa.
Pbof.
sin anuncios se le pasa
hasta aquí.
No tendrá queja.
Ahí... Si viene alguna vieja
— la-
que DO estoy en oasm.
Dtle QBté uDft exmwa tublgiUL
Roñk* Anciaou no qviore vor?...
Paor. Yo do tengo que aprender
nedn de la Hbioria antigua.
8i es joren» sin más reeado
me la pasa «leté en seguida.
Sosa. La intención ee eonoekia...
Es usted enamorado?
Prof. De mi el amor no se mofa,
perdí ya tanta ilusión
que tengo mí ooraión
lo mismo que una aloaohofa.
Y me gusta el sexo bello,
sin embargo.
Rosa. Vaya, yaya!
Ptov. Poniéndome donde lo bay* '
yo no me quedo sin ello. (Paai* eorts.)
(Sa»iia eamiMBUU.)
BOSA. Llaman.
Pbof. Alguna yisita.
Boba. Voy á ver. No; que son des.
(AwHnándOM al foro.)
Pbof. Que todo sea por Dios
y por 1» eienda bendital
(Yase doAa Sos* y salea Pa«a 7 P«eo.)
ESCENA VI.
El PBOFISOB y PaOA, Teitlda de labradora aragoneaa y PaOO
de maeitro de eieaela eon levita 7 loa 6odoi de faer a.
Paoa.
Se pué pasar? (Deipoéa de entrar.)
Paoo.
Caballero...
Es usted el Profesor...
que se anunda...?
Peof.
Si, sefior.
Paoa.
Hemos leío el letrero.
P&OF.
Bien» pues se pueden sentar.
Paoa.
Gradas...
Paoo.
Inútil intento.
Prof.
Por qué?
— 14 -
PxoD. PorqDo 8i me siento
no me puedo levantar.
Prof. Está usted como un alambre.
P^OA. El pobre está esfalleoío...
Prof. Qué es eso...? Tiembla de frío...?
Paoa. No sefior, tiembla de hambre.
Pago. Hoy acudo á su presencia
á facilitarle nn dato
de este país insensato.
Oiga usted, que habla la ciencia.
En mi triste senectud
el saber me da su palma
y robustezco mi alma
al calor de la virtud.
Sin que premien mis desvelos
con retribudión mezquina
yo le enseño la doctrina
á los pobres pequcñuelos.
Les demuestro que hay un Dios,
regla de gran interés,
y les demuestro después
el que una y una son das.
No será ciencia que asombre,
pero es, aunque elemental,
N la piedra fundamental
del edificio ¿el hombre.
Con tan «anta profesión
mi estado me desconsuela.
Yo soy maestro de escuela
de un pueblo, allá, de Aragón.
Inútil es mi interés
y recompensa no espero.
No me pagan, caballero,
desde el año ochenta y tresl
La miseria me desploma
y contra el Gobierno chillo.
Si no me como un chiquillo,
qué pretenderán que coma?
Ayer me vine muy serio
á ver al ministro. QuiAl
Como hace calor, está
de baños el Ministerio.
— 15 —
#
Si esa eondaota leeztrafia,*
j tíene nn jnioio sensaU»
apante usted oste dato
para la Historia de Espaftal
Pbof. Qaeda el oaso examiDado
(ApnnUndo en on llbrlto.)
y doy mi juicio prudente.
El maestro, sobresaliente;
y el ministro, reprobado.
Qué nación tan peregrina...
Y usted... (A Paca.)
Paca. Otrai yo he Tinfo
oon el maestro, ques mi tio,
pues, porque soy su sobrina.
Vengo á hablar lo oonveniente.
Pbof. usted me dirá, sefiora.
Paca. Pues yo he sío «grioultora...
Otra vitima inocente!
Mi padre era Juan Costal,
un labriego aragonés;
y yo soy su hija, pues,
aunque el decirlo esté mal.
Aragonés de nación,
á la holganza le hiso guerra,
pues, y temblaba la tierra
al golpe de su asadón.
Trabajando de oontino,
llegó Tifias á comprar;
y tuyo afios de encerrar
dos mil cántalas de yino.
Siendo rico agricultor...
pobre hiso Dios que muriera...
Pboi*. Quét... Le entré la fiioxera...
álasyifias?
Paca. Aún peor.
Le entré el Gobierno., que es ya
una nueva plaga aquf:
con trataos por aguí
y trataos por allát
y con la tarifa extrafia
y con la escalera alcohálica,
ha perdió la bucólica
& .. M. .> '. .. ,
— 16 —
•
It^ «grioultura de Espafia.
Otrál que no hay salvaciÓD.
Por cada grano de trigo
sale un recibo eoen^ígo
de esos de ooDtríb'iuiÓD.
Gomo sigan de ese modo
el gobierno va i embargar
hasta el templo del Pilar
con la virgencioa y todo!
Mi padre vivir queria
mas la suerte dijo truco.
Peof. No dejó nada?
PáOA. Un trabuco
que pué que me sirva un dial
Si es que el hambre no mitigo
y se presenta ocasión,
ni Agustina de Aragón
va á tener quever conmigo!
Gomo se arme una contienda
tomo parte desde luego,
y, otral que le pego fuego
al Menisterio de Hacienda.
Lo dichol No se concibe
un gobierno más ingrato!
Gonque ahí tiene usté otro dato
pa ese libróte que escribe!
Pkof. € Agricultura perdida
por el Reino de Aragón...»
(Bioriblendo en nn libro de memorias.)
Paga. y por toda la nación
se halla la ruina extendida.
Vaya, no quiero cansar...
Pago. Son preciosos los instantes.
Paoi*. Esperen ustedes que antes
los debo gratiácar.
Paoo. Tal molestía le prohibo.
Paga. Se agradece la merced,
pero si se empeña usted,
yo lo que me dan recibo.
(Bl Profeior les da na billete.)
Pago. (Ginouenta pesetas!...) (Aparte á Paoa.)
I'ACA. (Bravol)
— 17 —
Taoo. (T esta «n la primera eeeeva...)
PBor. Aunque su estado me ajMiia
JO BUS noticias alabo.
Páoo. Si oye que un maestro murió
en España de ayunar,
no tíene que preguntar,
ese maestro soy yo.
Paoa. Si oye que una agríeultora
pierde la oonformidá
y haoe una barbarídá,
ya sabe: una servidora.
Pttor. Adiós.
Paoo. (Nos lució el trabiuo.)
Paoa. Vaya, no hay que entretenerle.
(Ahora que suban á yerle
las costureras de abajo!)
(VftDS» por el foro.)
ESCENA VII.
El PboFISOB y enseguida el GORO DI OOSTÜBIBAB.
^PboF. Pobre Espafia: en lontananisa
tiene su ruina segura.
Buena está la agricultura,
y buena está la ensefiania.
Sus penas al declarar
el maestro me enternedó.
(Sfteft el pafiaelo.)
En un sabio como yo
está muy feo el llorar.
Las matemáticas ciertas
apagan el sentimiento.
(Raido de voces. >
Eh?... Qu4 es eso?...tJn regimiento
que se cuela por las puertas.
(Sftle el Coro.)
HÜSiCa^
A verle venimos,
aefior profesor.
— 18 —
porque ahora salimos
de nuestro obrador.
Prot. Por tantas mercedes
las gracias se dan.
A ]os pies de ustedes»
y ustedes dirán.
Coro. Por lo alegre y por, lo lista^
es un tipo la modista
que se debe conocer.
Y al hacerle esta visita,
nuestro gremio solicita
que se fije con cuidado
si lo quiere cenecer.
Cuando por las calles
vamos á entregar,
moviendo los talles
solemos andar.
Y si acaso llueve
y un charco se ve,
todas enseñamos
algo más que el pie.
(Levantándoae an pooo ol vestido.)
PboV. Ojalá que hubiera
cien charcos y cien,
para que les viera
algo más que el pie.
Cobo. Pasamos el día
sin pestafiear:
cose que te cose,
dale que le das;
y tanto pespunte,
y tanto hilvanar,
con una peseta
nos suelen pagar.
Pbot. Pues cosiendo menos,
y sin tanto afán.
— 19 —
▼ioiéndose á oasa
les daría más.
Cobo. Ay! Mi peoho sospiros tihala
de amargo dolor.
Ay! qué vida tan mala, tan mala,
sefior Profesor.
AjI que el fuego me abrasa por dentro
y asi no estoy bien.
Ayj que qniero easarme y no enenentrOi
no encuentro con quién.
Co&O* Si vuelve á Filadelfia
6 Tuelye á Nueva Tork«
guárdeme usted un pasaje
á bordo del yapor.
Y si es qae me mareo
cemo suoederá«
diré en e] balanceo.
Que me dal Que me da! Qbe me dal
Pebrecitas nifias
que les da el mareo
y no tengo tantos brazos,
tantos brazos cual deseo.
Cobo. Vamonos á América,
vamonos de aquí,
que ya ningún hombre
se casa en Madrid,
ni por lo eclesiástico,
. ni por lo civil.
-\
Allá en las costas americanas
á los milores les sobran ganas
y sin tardar,
nos echa el cura las bendiciones
y somos duefias de diez millones,
si no son más.
Al vapor
á embarcar
y mar adentro
á navegarl
— 20 —
Peo r.
Vayal Que 0OÍ8 muy btnitas.
Lo digo formal y franoo.
.
Y lodas ooseis?...
Todas.
En blanoo.
Psor.
Paos ooiie nsted pantaditai.
TJvík.
Si algo nos onoarga?...
PaoF.
Ciólos»
y qué ojos tíonon tan pillos!
Tú hazmo treinta oalzonoillos.
Y tú oaarenta pafiaolos.
Camisas qniero al instante.
Tú haime oohonta do dornur,
y tú, oiento do vestir
00» chorreras por delante.
Todas.
Brayol
Paor.
Ya me he disparado.
A coser y no haya apuros.
Tomar yeintioinoo daros
oomo pago adelantado.
ÜKA.
Gradas, y adiósl
Psor.
En mi vida
▼i oosa igaal. Yo estoy tontol
Todas.
Adiósl (Vanse por el foro corriendo.)
Prof;
Ehl... Qae volváis pronto
á tomarme la medidal
ESCENA. VIII.
El PaOflSOR y eiuagnida Paoo, de ftao, esvaoterisando
ándalas fino.
Esto merece apuntarse
aunque no es la cosa extraña.
cCostureras en España
grandes ganas de casarse.
Todas suspiran amor
de gracia y encanto llenas,
y son baenas, pero buenas;
de una clase superior.»
(Baoribiendo en el libro y lale Paoo.)
Luego sacaré do aquí
an
— 21 —
grandef datos. Ya m ye.
Paco. Bstoy á la ordao de usté
7 perdone que entre así.
A floatrar su jaido erítieo
▼engo...
Pbof. y qoiéa esi..
Pago. Ay, qué lila!...
No oonose por la fila
que soy un hombre polítioo?
Pbof. Bs de yeras?...
Paco. Oomo el soL
Aqoi tieae, al natural,
el tipo más general
del politice espaftol.
Pbof. Ya le eaoaoho satisfeolio.
Paco. Bn esta siensia ó este arte
entra nno por oaalqoier parte,
en no siendo por derecho.
Soy dlpatao después
de bastantes desengaftes
y de Hoyarme seis afios
chillando por los o«fés.
Había tela oorriente
para comprar 9I turrón
y aseguré mi elección
llamándome independiente.
Fui al Congreso, come digo,
y al yer tirante la cuerda,
zas! que me senté en la iaquierda.
Pbof, Híxo usted muy bien, amigo*
Paoo* Un día tuye un encuentro
con mi gente pereíosa,
no conseguía gran cosa
y zasl me senté en el centro.
Me ofreció el Gobierno más
que me ofrecían los míos
y cogiendo los ayíos
me fui á la derecha...
Pnof . Y zas\
Paco. Aquí ne hay más opiniones
que la ganansia segura.
Yo en una legislatura
— 22 —
figuré en siete fracsiones.
Oon ooDstaQsia y oon vigilia
7 QDos poBes naturales^
pesqué treitita oredeusialés
y coloqué á la familia. *
PñúW. Y usted habla?
Paco. Come un loro.
Me da cuerda el interéii
y me estoy charlando un mes.
Si tengo un pico de oro. ^
Pues si el charlar es el arte '^
que aquí la ignorancia amengua.
Oréame usté, que sin lengua
no se va á ninguna parte.
Teniendo buena memoria
y audacia^ y poca aprensión.
Pa muestra basta un botón.
Ahí va un trozo de oratoria.
(Be oolooa tma aiUa delante toMi y le laoa loa
paños.)
Sefiores; la libertad
y el poder, y el despotismo
y la fé y el servilismo
están en la humanidad.
Todo gana y tede pierde.
No hay un color liso y franco
y lo que ayer era blanco
mafiana puede ser verde.
Qué es la ley? Un fuerte escude.
Nada: palo y tente tieso,
desde la ley del progreso
hasta la ley del embudo.
No he de hablar del pueblo hebreo,
de Abraham ni de Josué
ni pretendo hablaros de
los hijos del Gebedeo.
La verdad es una sola
No admite demostración.
]De aquí la constitución
y la unidad española!
Quien diga otra cosa miente.
Ño equivocarse?.. Imposible.
— 23 —
Aquí no hay nadie iníalibU
mu que nuestro presidente.
|Ah, seftoresl.. Yo hablaría
de oieneia haciendo derroobOi
de por qué es negra la noebe,
y por que es radiante el día.
Yo hablaría del digesto
y las leyes más gloriosas,
pero hablaros de esas ooaas
era salirme del tiesto.
No he de abandonar el eurso
de mi expresado problema,
ni he de salirme del tema
objeto de mi discurso.
Bl tiempo, la eternidad,
el medio ambiente del hombre,
la reputación, el nombre,
el aire, la inmensidad.
Todo sujeto al capricho
está de la sabia mano.
No hay invierno sin verano
ni sombra sin luz. He didio.
(Se slentft y se limpia el sudor con el pa&aelo.)
Pbof. Bs lo quo mi duda labra:
qué ha dicho,
p^oo. Lograr mis firutes
hablando dnco minutos
sin decir una palabra.
PaOF. Adivinarlo no supe.
Paco. Es la política lucha.
Prof. y el país?
Paco. Paga y escucha;
otro fuma y él escape.
Conque ya hice mi retrato
al óleo y de cuerpo entero.
PbOF. Yo le daría dinero,
más de ofenderlo no trato.
Paco. Pnes su cortedá es ociosa
é impropia de su alta crítica,
una cosa es la política,
y el negocio es otra cosa.
A recompensarle voy.
— 2* —
Su audacia no tiene igaal.
Usted será liberal? (Le da dinero.)
Paco. Qoíéa sabe lo que yo soy.
Veleta que vueltas da
al viento que la reclama,
sin saber cómo se llama
ni saber adonde va.
Un charlatán oportuna
que habla y habla por los codos.
Soy el bosquejo de todos
y el retrato de ninguno.
La conveniencia es el sol
que me da calor vital.
Soy la regla general
del político espafiol.
(Vase por el foro.)
ESCENA IX.
Bl PeoFXSOB y Doña BoSA, qae sale foro derecha.
PmoF. Abur. Pues es un trabigo...
oir á esa tarabilla.
Bso es una maquínilla
de hacer frases á destajos.
Apunten..* (Bsoribiendo en el libro.)
Rosa. Verle desea...
Prof. Quién?
J^SA. Una desconocida
PROP. Es fea?
BoSA. Bien parecida.
Pbof. Pues que pase si no es fea.
(Vase Bosa.)
ESCENA X.
El PboFESOR y Paca, vestida de ^hola pobre-
Prof. Es bonital... Qué fortwial...
(Sale Paea.)
A los pies de usted, sefiora.
— 26 —
Paca. Soy Pepa U plaoobsora...
con más brillo que nbgnna.
Yo planoho bien y deprisa,
y lo sostengo muy bneca,
porque es cuestión de mufieoa
sacar lastre á una camisa.
Tengo fuerza suficiente
y se lo pruebo al que quiera.
Planoho en oasa, y planoho fuera
si me llaman mayormente.
Buscando estado seguro,
hace años qae me casé;
pero del todo, está usté...
No á medias.
Pbof. Ya me figuro.
Paca. Con enterarse, no hay duda.
No hay quien responder no sepa;
en preguntando por Pepa
en la calle de la Ruda...
Vivo en el catorce.
Prof Sí?
Paca. De frente á la trapería...
Ye usté la buñolería?
Prof. No señora.
Paca. Pues allí
Prof. Me podría usté explicar
á qué viene ese relato?...
Paco. Pues viene pa darle un dato
que le pué á usté aprovechar.
Mi hombre, que es Pepe Pulió
es un mozo muy varil;
pero el pobre es albaftil.
Será bruto mi marío!
Siempre haciendo el primo estás,
le digo y de tonto pasas.
Miá que estar haciendo casas
pá que vivan loa demás.
El trabajo qué te dio
nunca? qué jornal me traes?
Morral, si un día te caes
y te matas, que hago yo?
Con tus trabajos eternos
— 26 —
pues nHnoa salir del paso?
No es más expuesto á un fracaso
el andamio que los cuernos?
No tíenes tanta afición
á los toros, según cuentas?
Pues tira las herramientas
y coge el percal, melón!
Pá eso DO serás tan zote,
yete al terreno á aprender
I j déjate ya crecer
los tres pelos del cogote!
Que sale un bicho valiente
y te coge de verdá?
Morirás con dinidá
donde te aplauda la gente!
No es más noble y más honrao
morir Heno de oro y plata,
que morir como una rata
por una viga aplastao?
Asi le hablo con enojo,
y al ver que él no dice ná,
le daba así una morra
que le saltaría un ojo,
PlKOF. Bien hecho.
Paoa. Si usted le viera:
joven, de buena figura.
Digo, y con una estatura
que domina á cualesquiera.
Pero él matar?... Esa es trola.
No tiene delicadeza;
y en vez de irse á la cabeza
sigue arrimao á la cola. I
Ni le pico ni le enciendo, J
y gracias á que el ISefior
me dio un hijo mataor
de tres años, que yo entiendo.
Ese hará una suerte rara,
moreníto, ya se ve,
con dos ojos negros que
no le caben en la cara.
Tiene un aire, y un salera,
y una planta, y un aquel,
'-- "f ■
— 27 —
7 que ae llama Bafael
pa que no sea torero!
No tiene ideas mesqninaa.
Ese oon mi sangre oreoe,
7 está desde qae amanece
toreando á las Tecinas.
Aunque tan pequeño es
da señales de torero.
Ya le dá el quiebro al oasero
el día primero del mes.
En cuanto á llamar empiesa
i la puerta sale ya
diciendo: No está mamá.
Pues ten quiebro en la cabeza;
como ya tiene el chiquillo
sus banderillas...
Qué horrorl
Paca. Se las puso al aguador
ayer tarde en el pasillo.
Se las puso cuarteando,
y al ver que huía el gallego,
dijo: Dármelas de fuego
que este bicho salió blando.
Él día que Rafael
mate en Madrid una fiera
no hay en la tabacalera
cigarros puros para él.
El chico canta en la mano.
No hay miedo de que se pierda,
y tiene una mano izquierda
que ni el mismo Cayetano.
El es mi alegría entera
y al ver su gracia le grito:
ole mi niño bonito
con sangrecíta torera!
PbOF. a usted no le infunde miedo
esa taurómaca lid?
Quiál... Si yo soy de Madrid
y del barrio de Toledo!
fin eso española soy
y á mí el toreo me iiania.
Como que he empeñao la cama
i«. ' ^^
— 28 —
por T6r los toros de hoy .
Sin el dinero bastante,
y pensando en la función,
le dije: «coje el colchón,
Pepe, y echa pá adelante.»
Se lidian toros de fama
y hay que llevar á Rafael.
Yo eché á correr detrás de él
oon las ropas de la cama.
Foco dan esos judíos,,
pero, en fio, quién se resiente?
Dos duros. Lo suficiente
pa comprar los dos tendíos,
Al oir... Ehl A la plaza!
quién no pierde la prudencia?
Y que es de Beneficencia.
Ocko toritos cíe raza!
Bichos de esos que dan guerra,
de empoje y de muchos pies.
Dos de Colmenar y tres
de Moruve y Concha Sierra.
Puén darse los intereses
por las cuadrillas, de fijo.
El Guérrita y Lagartijo] •
Yaya un par de cordobeses!
Aunque tenga que vender
la casa, quién no va allí?
Por ver una cosa así,
quién so deja de comer?
Prof. Nadie puede sospechar
delirio tan insensato.
Paga. Pues ahí tiene usted el dato
que yo le venía á dar.
Pbof. Es verdad y se agradece.
c Cuernos, afición inmensa!»
(Apuntando en el libro.)
Tome usted la recompensa.
Paca. Mil gracias.
Prof. No las merece.
Paga. No hay quien de este afán me aparte.
Conque ahur, que me las guillo
á llevarme á mi chiquillo
— S9 —
i la aoftdamia del arto.
Andando, Pepa, que ya
por yer la sangrienta lid
irá rodando Madrid,
por la calle de Aleda.
Fiestas que son nuestras solas
son más alegres y francas.
Ole las mantillas Maneas
qne llevan las espaflolasl
OM los qne yan gritando:
A la Plazal A dos reales!
Y olé los mosos juncales
con salero toreando!
Que viva con su alegría
la planeluora de fama
que sabe empeñar la isama
para ver una corría!
(Vam eovriendo por el faro.)
ESCENA XI.
Bl PBOFXSOR 7 enaegolda BOSA 7 Las COBISTAS.
Pbof. Siempre faé tan loco afiin
causa de nuestros desdoros.
Bn España Pan y toros^ '
y antes los toros que el pan.
CSftle doña Roía.)
Ta las visitas deplbro.
Be aquí no habrá quién me aparte.
Sosa. Una comisión del arte.
Pbof, Sí...
Sosa. Las señoras del Coro.
(Vase y salea las eoclafeat. Vestlcáxi de ealle, ele*
gantes, paca dlferenelarse de lai oostarerai.)
MÚSICA •
Somos las coristas:
sernos las artistas .
que cantamos siempre
en comunidad.
Si el arte se hermana
al sueldo que gana,
— 80 —
pAra dos pesetas
no lo hacemos mal.
£s la verdadl Es la verdad!
Si se tiene en cuenta e 1 precio
no 86 puede pedir más.
Hoy se empeñan los autores
en sacarnos los colores
con los trajes que nos dan.
La cuestión es desnudarnos
y lucirnos y ense&arnos
con rubor de la moral.
FrOf. Según lo que veo,
muy honestas van.
OoBo. Si va á vernos al teatro
usted mismo juzgará.
Pbof. Pues prometo mi asistencia.
OoBO. El rubor es natural
al salir con esos trajes
de capricho que hoy nos dan.
Prof. Pues son trajes de verano
que me gustan por demás.
Coro. Nos dio el público la norma
y es cuestión de buena forma ,
buena forma nada más.
Presentadas de ese modo
en el cuerpo estriba todo,
lo de menos es cantar.
Si hay una polquita
así movidita,
con el balanceo
se lleva el compás.
Y la que es bonita
se lleva á casita
oon su contoneo
cien novios detrás.
— 31 —
Lao... larán... lao... larin...
Ay, qué afáD. Ay» qaé afán.
AI mirar los eaballeros
qué ▼«rgüenza que nos dá.
Prof. Lau... laráu... lan... larán...
Ay, qué afán. Ay, qué afán.
Batas ohioaa son muy ricas,
na las puedo ni mirar.
Me entusiasmáis, sí por Dios
ooristas angelicales.
Y las partes principales?
Paca y Paco. Pues somos nosotros dos.
ESCENA ÚLTIMA.
Los lOBlIOS. Paca y Paco vestidos enau trojQ, oomo en la pri
mera esoena.
Paca,
Artástas de gran valia.
Paco.
El arte representamos,
y cantamos y bailamos,
que esa es la moda del día.
Prof.
Cantáis y bailáis?...
Paca.
Eso es.
Paco.
Con el público me voy.
Paoa.
Desgraciada de la que hoy
no redoble con los piéa.
(Dando unas pataitas por lo flamenoo.)
Esto da la fama toda.
Prof.
Y el drama?...
Paco.
Yo le sé hacer.
Lo quiere?... Pues va usté á ver
lo que es un drama de moda.
Asunto oómico-sério
realista y trascendental,
con su problema social
y sus puntas de adulterio.
La forma grosera y rara.
■
Hermana de Clara es Lu2.
amiga de Luis La Crux
y esposa de Juan Ferrara.
El padre, don Pedro Lista,
— 32 —
68 muy formal y severo.
Ottando joven faé negreríf^
cuando viejo, presi'imistaf
La Clara idolatra á Jaan^
y á la pobre esposa Luz,
la pretende Luis La Craz
que es muy gnapo y muy tmhán»
Luis se enciende en torpe fuego;
la honra de Luz no decae,
y Francisco lleva y trae
que es oficio de gallego.
Juan desprecia á su cufiada,
y con el alma en un tris,
sabe que su amigo Luis
quiere á su Luz adorada.
Habla al padre de su honor,
y don Pedro, con desdén,
dice que Luis hace bien
porque hoy es libre el amor.
Luz averigua que Olara
ama á Juan, promueve un cisco,
y da á su hermana un mordisco
en la mitad de la cara.
Juan, del suegro se aconseja,
busca á Luis con ciego af4n,
pero Luis le pega á Juan
un tiro entre ceja y ceja.
Muere el bueno y triunfa el malo;
pero indignado don Pedro,
exclama... «To no me arredrol»
y desnuca á Luis jde un palo.
Grita un inspector: «AtráaU
al don Pedro furibundo
que exclama: cQué importa al mundo
el que haya un cadáver más! »
Y mata al pobre inspector,
y con saña enfurecida
á si mismo se suicida
murmurando: cBsto es honorl
Clara y Luz la muerte ven
del padre, y con ira insana
se tiran por la ventana
— 33 —
imoidándotfe tambiio.
JBn esto, llega el gallego
y acaba el drama ínsensate.
Al gallego üo lo ttiato
imra que declare laego!
OomsTAS. BraTO... Bien!
Pbof. Jamás oí
escenas tao realistas.
Paco. Pues aplauden las coristas,
que son el público aquí.
Paga. Ño hay quien el arte levante.
PsoF, T el drama Urico?
Paca. Horrorl
Los escriben, sf señor,
pero ya no bay quien los cante.
PaOF. T la comedia?
Paga. BI Parnaso
no halla premio á su vigilia,.i^
Paoo. Son pláticas de familia
de las que nadie hace caso.
Paca. La comedia de interés
á lo extranjero se inmola.
Paoo. Las dan con salsa española,
pero el guisado es francés.
PftOF. Pues está el Arte en un brete
Paga, obra que el cartel resista
den noches, si no es revista
es piasillo ó es saínete.
Pago. Muchos tipos.
Paga. Alusiones
á la política tropa.
Paco. Muchos trajes.
Paga. Poca ropa.
Pago. Y vánte decoraciones.
Paga. Los chulos están hadendo
gran furor.
Paí o. Oiga usté el timo.
Paca. TA eres un lila. (Hablando ea ehulo.)
Paco. T tú un primo.
Paca. Yo distingo!
Paco. J^ues yo entiendo.
Paca. Tú ¡ó que eres es un randa.
— 34 —
Paco. Tira de hacha.
Paca . Pues comienza.
Yo tengo tanta vergüenza r
como el que menos, conque anda.
(Hacen ademan de tirar de navajftS.)
Paco. Ya estás de cuerpo presente!
Paca. l/no sobra de los dos.
(Las coristas aplauden.)
Paco. Voz del pueblo voz de Dios.
Paga. Esto le gusta á la gente.
Prof. y el canto?
Paca. Pnes en la escena,
lo flamenco ha 4c privar.
una danza hay que cantar
si no cubana, chilena.
Eso es lo que priva aquí.
Pago* Es la música maestra.
Paga. Quiere un botón para muestra?...
Pues chicas, venga de ahil
Un capataz tenía
una neguita esclava.
Pago. ^ Y aunque la sacudía
ella no taba jaba.
Paga. ^^ Por fin la dio un neguito
compañero, compañero.
Pago. A ver si el tabajito
marchaba más ligero.
Paga. Ella desde aquél día
se animaba, se animaba.
Pago. Y con la compañía
vaya si tabajaba.
Pago t Paga. A las más peresosas
la dan los negos
dulse alegría.
Salen mejor las cosas
cuando se hacen
en compañía.
Por eso desde entóneos
la pebreoita esclava
• ^■'
— 35 —
8Í la dejaban sola
8Ín el neguito
no tabajaba.
Tobos.
A las más perezosas, eto.
Paca.
nifia Salomé
chaladita está;
cuando al negó ve
digol... DO te digo ná!
Tobos.
nifia Saloma, etc.
Pbof.
Paca.
rBoi*.
Paca.
Paco.
Paoa.
Paco.
Paca.
Peof.
Paca.
Paco,
Paca.
Pbof.
Paca.
Paer.
Los BOS.
Pbof.
Paco.
Paca.
Prof.
Paca.
Paco.
Está bien. Tengo del arte
el verdadero color
Se olvida usted, Profesor...
(Indioando dinero.)
Verdad. De recompensarte.
(Le da un billete.)
Cinco durosl
Los cincuenta.
La cantitad reunimos.
Nos casamos.
Nos unimos.
Gracias: nos salió la cuenta.
Qué dicen?
Soy xmtk artista!
Nada: su anuncio leímos.
Y siendo artistas fingimos
esta especie de Revista.
Engafio piramidal.
Y estas niñas hechiceras?
Son las mismas costureras,
vecinas del principal.
Conque fué farsa.
Segura.
Y que siendo yo tan diestro!...
El politico. £1 Maestro.
La Pepa y la agricultura.
Con sus tretas insensatas,
me han reb&dol
Tontería.
Pe tanto hacer la Oran Tia.
■rr'
— 36 —
ten«mo8 algo de ratas.
Paca. T oob grama, sí sefior.
Prof. Boa ratasl... Ta considero.
Falta uno. Bl raiqi tercero,
;Paco. ¡Pues, llame usted al aatert
(Múiioa 7 eat al telón.)
ÍIN DE LA FARSA.
*
DETRAS DE LA CORTINA
Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podr&,
sin 8U permiso, reimprimirla ni representarla en Es-
pafia y sus posesiones de Ultramar, ni en los países
con los cuales haya celebrados ó se celebren en ade-
lante tratados internacionales de propiedad literaria.
El autor se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados de la Administración Lirico-dra-
mática de DON EDUARDO HIDALGO, son los encar-
gados exclusivamente de conceder ó negar el permiso
de representación y del cobro de los derechos de pro-
piedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
mki DE Lt mm
JUGUETE CÓMICO
EN UN ACTO Y EN VERSO
ORIGINAL DE
FRANCISCO FLORES GARCÍA
Estrenado en el TEATRO LARA, de Madrid, el 3 de
Noviembre de 1891
-ií^^í» m^^^i* —
■<>
MADRID
ft. VELASCO, IMPRESOR, RUBIO, 20
1801
REPARTO
FEBS0NAJE3 ACTOBES
ESPERAl^ZA Sha. Rodríguez.
POLITA Valverde.
DON PASCUAL Sr. Rubio.
ANDRÉS Ruiz de Abana,
ISIDORO Ramírez.
ANTONIO Capilla.
^W^V^'^^r^^^^^l^^^^^'
La acción en Madrid, época actual
Derecha é izquierda, la del actor
'■ kCTO ÚNICO
^^^r^^/%*s^^>^^
Gabinete rico y elegante.'- Puertas laterales y una en el centro del
foro.— Un sofá pequeño á la izquierda, y Junto al mismo un rela-
dor con timbre, libros, periódicos y recado de escribir.
ESCENA PRIMERA
ESPERANZA, POLITA, ANDRÉS y DON PASCUAL
And. Vaya; yo les dejo á ustedes,
si otra cosa no me mandan.
Es ya muy tarde, y me voy
á la oñoina.
Esp. ¿Te marchas?
PoL. Espera un poco, Andresito.
La ocasión la pintan calva,
y es ocasión...
And. (Ha llegado
el momento que esperaba.'^
PoL. Siéntate.
And. Vuelvo á sentarme.
(Hay que proceder con calma.)
PoL. Tenemos que hablar de asuntos
de la mayor importancia.
Sé que vas á sorprenderte.
And. ¿Sorprenderme? Usted se engaña.
Sé lo que va usté á decirme.
PoL. Si á nadie he dicho palabra
— 6 —
del asunto, ¿cómo sabes
de lo que trato?
And. usted trata
de buscarme un sustituto
en el amor de Esperanza.
EsP. Eso es imposible. (Se levanta.)
PoL. ¡Niña!
PaS. ¡Yo no lo permito! (Se levanta.)
And. ¿Estaba
^n lo cierto?
Pas. ¿a qué obedece?...
Esp. Yo quiero saber la causa...
PoL. Siéntense ustedes, ó hago
una que sea sonada, (se sientan.)
And. ¿Qué tal? ¿Estaba en lo cierto?
¿Di en el hilo de la trama?
PoL. Sí, Andrés; tienes un olfato
de nariz privilegiada.
Esp. ¿Por qué quieres realizar
tan insólita, mudanza?
PoL. Silencio. Al que me interrumpa
lo voy á echar de la sala.
A mí no me tose nadie.
Esp. Voy á estar muy constipada.
Pas. Yo también. Y toseremos
cuanto nos diere la gana.
PoL. Yo os haré sudar.
And. Señores:
moderación y templanza.
A mí, aunque me afecta el caso,
quiero tratarlo con calma.
Pas. (Aparte á Esperanza.)
({Este hombre no tiene sangrel)
Esp. (¡O tiene sangre de horchatel)
(vuelven á sentarse todos y Politar toca Tin timbre.)
ESCENA n
DICHOS. ANTONIO por el foro derecha
PoL. Si viene algún posma, de esos
que vienen á dar la lata,
le dices que hemos salido.
— 7 —
Ant.
Eetá bien, (ifedio mutur.)
POL.
Oye; que aún falta.
And.
(Rápidamente.)
Esa consigna no reza
con don Isidoro.
Pas.
(|Cá«pital)
And.
En el momento en que llegue,
pasa recado.
POL.
{Me pasma
tu penetraciónl— Ya lo oyes.
Se nará como usted lo manda.
Ant.
(Vaae Antonio por el foro.)
ESCENA m
DICHOS, menos ANTONIO
PoL. Libre ya de interrupciones,
al asunto.
Esp. (¡Estoy en ascuasl)
PoL. Mi marido, aquí presente,
ha sido tan papanatas,
(Movimiento de disgusto en Pascual.)
que, habiendo ocupado en tiempos
las posiciones más altas,
Len las cuales ha podido
icer... lo que otros, se halla
pobre, viejo y jubilado...
y sin servir para nada.
Pas. (Paula!... ¡Decir que no sirvo
ya es el colmo!
PoL. Vamos, calla
y no interrumpas. Sabiendo
que en la clase burocrática
aquel que es escrupuloso
nunca llega á tener blanca,
no me conviene que Andrés,
hombre de la misma laya,
quiero decir, empleado,
y, al parecer, con las rancias
costumbres de mi marido,
entre en mi familia.
Pas. ¡Paula!
—.8 —
PoL. Polita. Sabes de antiguo
que así es como se me llama.
Pas. Bueno, bien; Paula,., ó Polita:
bí de ese modo pensabas,
¿por qué has aceptado antes
al hombre que ahora rechazas?
PoL. Porque... no había otra cosa,
y á falta de pan...
And. ¡Me encanta
esa franquezal...
Pas. ¿y ya tienes
el yerno que te hace falta?
And. Tiene á Isidoro, (ponderando mucho.)
Pas. ¿Es posible?
And. .Positivo.
PoL. Veo que estabas
perfectamente enterado
de mi pensamiento.
And. jAnda!...
Me la sé á usted de memoria ;
y sé cómo usted las gasta.
Esp, (¡Esto me parece un sueño!)
PoL. (Con cierta cortedad.)
¿De modo... que... no te enfadas?
And. ¿Enfadarme? ¡Buena es esa!
Pas. (¡El chico es de buena pasta!)
And. Yo me pongo en la razón.
Ese rival me aventajo....
por sus medios de fortuna.
PoL. ¿Luego, te consta?
And. a mí, nada.
Sé que es rico, porque él mismo
lo ha dicho. Yo lo ignoraba.
PoL. Pero, ¿no es amigo tuyo?
And. Sí; desde fecha muy larga.
Estudió latín conmigo,
juntos fuimos á las aulas...
PoL. (Ayl ^'También sabe latín!
Pas. ¡Qué felicidad!
Esp. . ¡Qué ganga!
And. Después le perdí de vista.
Sé que se ausentó de España
y que estuvo por América...
PoL. Y ha estado en París de Francia,
— 9 —
en Buda-Pesth, en San Fete^
Burgos,,.
Pas. (Y en Guadalajara.)
PoL. Es un hombre muy corrido...
y muy viajado,., y muy...
Pas. BaBta.
And. Desde que le encontré aquí,
me dije: «este me desbanca...»
Y me di por desbancado.
Esp. (iQué humillación!)
Pas. (Es un mandria.)
And. * Para allananarle el camino,
hasta he mentido.
Esp. (¡Qué farsa!)
And. Al preguntarme Isidoro,
con cierta desconfianza,
si me gustaba esta joven,
dije que no me gustaba.
Pas. jHombrel... [Eso de no gustarte!...
Esp. Dijo bien. Las cosas claras.
And. Hasta, para precaver
su más leve suspicacia,
le he dicho que soy casado
y que tengo un chico.
Pas. ¡Cascaras!
And. Que ustedes son... cualquier cosa;
y que visito esta casa
como agente de negocios
y para asuntos de banca.
PoL. ¿De banca has dicho? Muy bien.
Pas. Muy mal. Y no se me alcanza
por qué la banca has nombrado.
And. Por aquello de: «otro talla.»
PoL. Andrés; te has portado como
un caballero sin tacha.
Pas. y sin miedo.
Esp. (Y sin vergüenza.)
And. En obsequio de una dama...
PoL, iQué lástima que no seas
rico!
And. Pues á mí me halaga
ser pobre, que así he podido
en este caso agradarla.
PoL. Creo que tienes talento.
s
— 10 —
And. Creo lo mismo.
EsP. (Levantándose.) Dos palabras.
Todo esto es muy fin de siglo.
Según moda üteraria,
hoy suele llamarse ^n
de siglo á la extravagancia.
E& fin de siglo, repito,
respecto de Andrés, que pasa»
ó intenta pasar ahora,
)or las envidiables auras
le la originaHdad,
fruta que anda muy escasa
en los tiempos que corremos.
Esto de dar calabazas
el novio á la novia, tiene
desde luego mucha gracia;
debe llevarse al teatro
con su poco de mostaza,
y es de lo más^n de siglo
que cabe en cabeza humana.
Lo acepto, y paso de largo
á cosas de más sustancia.
Tú apareces, madre mía,
enteramente atrasada.
Este es^n, tú eres principio;
y en medio de los dos falta
algo que yo he de poner
sin miedo y sin arrogancia.
Eso de concertar bodas
como antes se concertaban,
sin tomanse Ja molestia
de oir á la interesada,
es absurdo, y no transijo
con semejante antigualla.
PoL. ¡Niñal...
Esp. No quiero á Isidoro.
Pas. Muy bien dicho.
PoL. Aquí, ¿quién manda?
Esp. En mis sentimientos, yo.
Pas. Justo; y yo mando en mi casa,
y en mi mujer, y en mis hijos...
V ahora ordeno...
PoL. (Gritando.) TÚ te CallftS.
Pas. ¡Polita!...
I
— it —
PoL. ^Cómo se entiende?...
Pas. (Esta mtijer me avasalla.)
And. (Bi^o 7 lApido á Esperansa.)
^Hablaremos. Tengo un plan.)
PoL. (moj enyalentonada.)
¿Quién se me opone? ¿Quién aka
el dedo?
And. Nadie se atreve.
Esp. Yo he dicho...
Akd. (Aparte á Siperanxa.)
(Calla 7 aguarda.)
ESCENA IV
DICHOS y ANTONIO por el foro derecha
► Ant. Don Isidoro González.
PoL. Espera un momento. ^A Esperanza.)
Calma
la agitación de tus nervios
' y la expresión de tu cara.
Esp. Si estoy... tranquila.
FoL. (a Antonio.) Que pase.
And. (Aquí de toda mi audacia.)
ESCENA V
BICHOS, IsmORO por el foro dezeehA
Ibid. ¿Se puede posar?
PoL. Avanti.
IsiD. ¿Qué tal va?
PoL. Cosí.,, cosí.
Pas. (¿Cosiendo?) (Aparte á Pollta.)
PoL. (a Paacnai.) (Para que él vea
eme yo también sé latín.)
Isro. ¿Y usted, mi bella Esperanza?
£SP. (Ásperamente y retirando la mano.)
Muy bien; gracias.
IsiD. (jMe lucí!)
Poi«» (¡Esta muchacha es atrozl)
^ 42 —
IsiD. ¿Y don Pascual?
Pas. Tan gentil.
PoL. ' (iSí; gentil de casa y boca,)
IsiD. Choca, Andrés.
And. Venga de ahí. •
(Con él tengo que chocar
por fuerza al cabo y al fin...)
Pas. Sentémonos.
(Esperanza cambia de sitio para evitar que Isidoro se
siente á su lado.)
PoL. (Esta niña
me está dando que sentir.)
(Se sientan todos.)
Isro. Andrés... ¿qué tal la señora?
And. Pasando.
IsiD. ¿Y el chiquitín?
And. Pasando... también. (Pasando
por un estado civil
que no es el suyo.)
Isid. ¡Te envidio!
Pas. (Por su aplomo en el mentir.)
And. jLos chicos! ¡Ah! ¡Cuánto cuestan!
Isid. ¿Y ese tuyo?...
And. (Burlándose.) ¡El infeliz
ahora está echando los dientes!
(¡Y yo las muelas!)
Isid . En fin,
tu estado es el más perfecto.
And. (Y el más barato que vi.)
Isid. (Mirando amorosamente a Esperanza.)
Como yo pueda, muy pronto
ingresaré en tu redil.
And. Lo de rcdiZ... aplicado
al marido...
Isid. Es un decir.
El hombre, solo, se aburre.
Esp. (Y quiere aburrirme á mí.)
Isid. En llegando á cierta edad
hay que doblar la cerviz
y entregarse, sobre todo,
cuando se puede vivir
con ciertas comodidades. . .
y con ciertos lujos... y...
PoL. Está entendido. (¿Le escuchas?)
— 43 -
Pas. (i Ya lo creo!)
And. ¡Hombre felizl
PoL. Si ayer no le entendí mal,
iba usted hoy á venir
á tratar... no sé que asunto...
IsiD. Sí... pero...
Pas. (Aparte á PoUta.)
(No seas cerril.)
PoL. Pasaremos al despacho
de mi marido; y allí... (Aparte á Pascuala
(No hay que dejar que se enfríe.)
Pas. (¡Qué mujer más incivil!)
PoL. (Dirigiéndose á Andrea.)
¿No lias dicho que te querías
marchar?
And. (Sorprendido.)
¿Yo?
Pas. ¡Cómo!...
And. Sí... sí.
PoL. Pues no quiero detenerte.
Pas. (¡Qué modo de despedir
á las gentes!)
And. Sí... me voy...
IsiD. ¿Por qué no esperas aquí?
10 salgo pronto. (Bajo á Andrés.)
(Tenemos
que hablar.)
And. Tengo que escribir
algunas cartas urgentes
á... banqueros de París.
(Bajo y rápido á Isidoro.)
(En el Suizo á las dos.)
(Dando la mano á Polita.)
Estoy á sus pies.
PoL. Mersí.
And. Don Pascual... (Dándole la mano.)
Pas. ^ Hasta la vista.
And. (Bajo y rápido á Pascual.)
(Muy pronto he de descubrir
algo que á usted le interesa.)
Señorita... (¡Estoy febril!) (vasc foro derecha.)
PoL. Tú esperas aquí un momento.
EsP. (Quieren tratarlo sin mí.)
Si te es igual en mi cuarto...
— 44 —
PoL. Es lo mismo.
Esp. Adiós.
IsiD. jQue spritf
(Vase Esperanza por la primera izquierda.)
ESCENA VI
DICHOS, menos ESPERANZA y ANDRÉS
PoL. IjO del sprit es de familia.
Pas. Cierto.
IsiD . Esa niña gentil. . .
parece triste...
Pas. y lo está.
PoL. No es tristeza. La infeliz
se encuentra ruborizada.
Sabe que va usté á pedir
su mano... y le davegüenza.
Pas. (jQué descaro!)
PoL. Yo no fui
nunca vergonzosa.
Pas. ¡Paula!
PoL. Polita. (a Isidoro.) ¿Vamos?
IsiD. (Por fin.)
(Vanse los tres primera derecha. Queda la escena sola
un momento, pasado el cual asoman la cabeza res-
pectivamente, Esperanza por la primera izquierda y
Andrés por el foro derecha.)
ESCENA VII
ESPERANZA y ANDRÉS
Akd. ¿Estás sola?
Esp. Sola estoy.
(Ambos entran en escena.)
And. Entonces voy á explicarte
mi plan.
Esp. Puedes excusarte
de ese trabajo.. No doy
importancia á lo ocm-rido,
— 45 —
y únicamente lo siento
por ti.
And, Escúchame un momento.
Esp. ¿Para qué? Hemos concluido.
And. OTa me esperaba esta gresca.)
Si no quieres escucharme,
¿por qué has salido á buscarme?
Esp. rara decirte una fresca.
And. Deja ese fiero arrechucho.
Mis propósitos son buenos.
A un grillo, que vale menos
que yo, se le oye.
Esp. le escucho.
And. El asunto es muy sencillo, (inquieto.)
¿Oirán la conversación?
Esp. Si están en la habitación
que hay al final del pasillo.
And. Quiero, para la jugada
que hace días discurrí,
que á todo digas que sí
y no te opongas á nada.
Esp. ¿Accedo á todo? ¿No hay mal
en ser tan condescendiente?
And. No á todo, precisamente;
no seas tan materitü.
Esp. Pero, con tal sumisión,
¿qué podremos conseguir?
And. Ganar tiempo y ver venir
los sucesos. Mi intención
es que él esté satisfecho
de este su mejor amigo,
que sea franco conmigo
y me descubra su pecho.
Cuando muchaclio tenía,
por norma la indiscreción;
es de fácil condición
y expansivo en demasía.
Esp. Muy bien. ¿Y si en su franqueza
no hallas nada censurable?
And. Pues... dejo de ser amable
y le rompo la cabeza.
Si tras de estos intervalos
de intriga y de sumisión
no realizo mi intención,
— i6 —
arreglo el asunto á palos.
Esp. ¿Y si al dar con su impostura
estoy ya comprometida?
And. Es muy fácil la salida.
Esp. ¿Procedes á otra rotura
de tu rival? Si eso vale,
la victoria es para tí;
pero al proceder asi
arriesgamos mucho.
And. jDále
bola! Trastorna mi juicio
la resistencia que ofreces.
Esp. Cálmate, Andrés, que pareces
un marido en ejercicio.
Yo te quiero secundar;
pero si tu plan fracasa...
And. ¡Le pego fuego á la pasa!...
Esp. jNo; que me voy á quemarl...
And. Yo estoy ya frito y quemado
con tantas observaciones.
Tengo fundadas razones
para el plan que me be trazado.
Tu madre está deslumbrada
con el nuevo pretendiente
y una oposición de frente
no serviría de nada.
Esp. En fin; ya está convenido.
Yo haré todo lo que pueda.
And. Suceda lo que suceda,
yo habré de ser tu marido.
Esp. Repíteme que me quieres
después de ese alarde fiero.
And. Sí; te quiero y te prefiero
entre todas las mujeres.
Esp. Vaya; esto es ya otra cosa.
And. Tú eres mi dicha, mi bien
y mi cielo.
Esp. Tú mi edén.
And. Mona.
Esp. Mono.
And. ¡Deliciosa!
Esp. Nada; ya es cosa resuelta.
And. Me voy. Pudieran venir
y mis planes destruir.
►
— 17 -.
Esp. Adiós, vida.
And. Hasta la vuelta.
(Le dft un beso en la mano y se va por el foro dere-
cha. En el instante de sonar el beso, Pascual y Pollta
por la primera derecha.)
ESCENA Vni
ESPERANZA, POLITA y PASCUAL
Pas. iCaracoles!
PoL. ¡Eh! ¿Qué es eso?
Pas. Nada. ¿Estás sola, hija mia?
Esp. Sí.
PoL. ¿No lo ves?
Pas. (Juraría
que oí el chasquido de un beso.)
PoL. ' Parece que estás tocado.
Te distraes con frecuencia.
Pas. (Casi tengo la evidencia.
¿En dónde se lo habrán dado?)
PoL. Cuando acabe con tu padre,
contigo he de principiar.
No te vayas.
Esp. Está bien.
(Se sienta Junto al velador y hojea un periódico de
modas, sin prestr.r atención al diálogo.)
PoL. (¡Qué tono!)
Pas. (¡Qué sequedad!)
PoL. Mientras que Isidoro acaba
de escribir á su papá
pidiéndole los papeles,
concertemos nuestro plan.
Tenemos que dar un té
y un baile de sociedad,
como anuncios oficiales
de la boda.
Pas. Pero, ¿estás
loca? Eso cuesta muy caro
y no tenemos un real.
PoL. De sobra lo sé. Por eso
te hablo del caso. A contar
con lo necesario, nada
te hubiera dicho.
— 48 —
Pas. (Es verdad,)
PoL. Vas á llegarte en seguida
á casa de Sandoval.
Pas. ¿De Ezequiel?
PoL. Del mismo.
Pas. Es que...
PoL. No me repliques.
Pas. Bien.
PoL. Vas
y le pides diez mil reales...
y te ofreces á pagar
con mi renta... y en tres plazos.
Pas. Si tu renta., cuando más,
asciende á unos tres mil reales,
difíciles de cobrar,
y hay ya varias hipotecas
afectas al capital.
PoL. Bien; ¿y eso qué importa?
Pas. Nada.
Pues... que vamos á tardar
en solventar esa deuda
una ciuisi eternidad.
PoL. Por eso digo en tres plazos.
Pas. ¡Tarde, mal y nunca! jYal
No lo consiento.
PoL. Yo sí.
Pas. (Polital... (Escandallsado.)
PoL, Déjame en paz.
Vete ahora mismo.
Pas. ¿Tan pronto?
PoL. Sí; no quiero demorar...
Pas. Bueno, voy. (Que si no voy
esta mujer es capaz
de cualquier cosa.) Hasta luego.
PoL. Te espero con ansiedad.
(Vase Pascoal foro derecha.)
ESCENA IX
ESPERANZA y POLITA
POL. (Qnitando el periódico á Esperansa.)
Supongo que habrás oído...
Esp. Nada.
— 49 —
PoL. Escucha y lo sabrás.
(Me parece que esta niña
es muy dura de pelar.)
(En tono de autoridad.)
Está acordada tu boda
en principio.
Ksp. No está mal.
PoL. Con Isidoro.
Esp. Muy bien.
PoL Y á la mayor brevedad.
(Pansa corta. Transición.)
¿Qué dices?
£sp. Que á mi me toca
obedecer v callar.
POL. ¿Oí bien? (Asombrada )
Esp. Perfectamente.
PoL. De modo... que...
Esp. Que no hay más.
PoL. Esto me asombra, después
de aquella genialidad...
Esp. Ya lo he pensado mejor
y de sabios es mudar
de consejo; y como tú
quieres mi felicidad...
PoL. (En un arranque de súbita ternura.)
¡Ven á mis brazos! {Con esto
me acabas de conquistar!...
¿De modo, que cuando él salga
y explore tu voluntad?...
Esp. Ha de quedar satisfecho.
PoL. jQué cambio tan radical!
lAhl iQué idea se me ocurre!
Ya sé quién te ha hecho cambiar.
Andrés, ¿eh?
Esp. Lo has acertado.
PoL, Si la que á mí se me va...
¡Qué muchacho tan juiciosol
¡Si tuviera el capital
del otro!... Pero no hablemos
de eso. Te voy á dejar,
porque creo que se acerca
Isidoro, (volviendo á abrazarla.)
Adiós... imán.
Tienes un sentido práctico
— so-
que no tuvo tu mamá;
y te has hecho de sentido
con mucha oportunidad.
(La abraza nuevamente, la besa y vase primera i%-
quierda.)
ESCENA X
ESPERANZA, y en seguida ISIDORO, primera derecha
Esp. A ello me he comprometido
y afronto la situación.
IsiD. ¿Sola? (Sale guardándose una carta.)
Esp. Sola.
Isro. (Es la ocasión.)
iQué buena suerte he tenidol
Siéntese.
Esp. Me sentaré,
si usted quiere, sin protesta.
IsiD. Yo... porque no esté molesta...
Esp. Muchas gracias.
Isro. No hay de qué.
(Se sientan. Pausa conTeulente.)
Su benevolencia invoco.
Esp. Se la doy por de contado.
IsiD. Sus padres me han otorgado...
Esp. Sí; lo he sabido hace poco.
IsiD. Pues nos vamos á casar...
Esp. (¡Este hombre no pierde ripio!)
IsiD. Empiezo por el principio.
A mí me gusta abreviar.
Dejemos de hacer el bú
como lo hace mucha gente.
' A esta altura, es conveniente...
(Con cierta timidez.)
que nos hablemos de tú.
Esp. ¿Es conveniente? ¿De veras?
IsiD. Y natural... Yo supongo...
Esp. Pues tampoco á eso me opongo;
empieza tú cuando quieras.
IsiD. (Algo desconcertado.)
Tiene usté una ingenuidad...
que...
— 24 —
Esp. La que el caso reclama.
Yo soy muy dócil.
Ism. (i Me escama
con tanta docilidad!)
BiSP. (Con candor infantil.)
A mi no me satisface
que te me hayan designado;
pero mamá lo ha mandado...
y ella sabrá lo que se hace.
Ism. jQué confesión! (Esto va
como una seda.) De modo,
que... usted...
Esp. Yo paso por todo
porque lo ordena mamá.
rero me pides que venza
lo grave del tratamiento
. jy aún sigue tu miramiento?
¡Habla de tú... sin vergüenza!...
Si ya todo está acordado
y todo está definido,
debes de ser atrevido
y francote... y descarado.
Ism. iMe enamora tu franqueza!
Esp. Hija es de mi buen deseo.
Yo soy asi.
Ism. Ya lo veo.
(¡Es tonta de la cabeza!)
¿Conque, hablando en puridad,
tú vas á ser mi mujer
sólo para obedecer
á tu madre?
Esp. Es la verdad.
Ism. Dime también con la misma
franqueza, y sin que te asombre
mi pregunta: ¿hay algún hombre
aue mires bajo otro prisma?
o entiendo...
Ism. Quiero decir
8i amas á alguno.
Esp. ¿Quién? ¿Yo?
Ni nadie lo pretendió,
ni sé qué cosa es sentir.
Ism. Siempre es un consuelo. ((Está
en el limbo este angelito!)
— 22 —
Esp. En punto á amor, me limito
á lo que ordene mamá.
Isro. ¿Y si tu alma se complace
en otros amores?
Esp. jAndal
Yo me atengo á lo que manda;
y ella sabrá lo que se hace.
Ism. ¿Tu corazón no ha latido
de amor al dulce embeleso?
Esp. jEl corazónl ¿Y qué es eso?
IsiD. (|ün inconveniente!) El nido
de toda humana pasión
y el centro de toda fe.
Esp. Pues, francamente, no sé
qué cosa es el corazón.
Pero si es como lo pinta
tu deseo, en mi sentir
te has debido conducir
de una manera distinta...
y explorar mi inclinación
antes que la de mamá.
Ism. (Como tonta, lo será,
pero me dá una lección.)
Ciertamente... yo he debido...
Esp. El sistema que prefieres
es el mejor, y tú eres
cortado para marido.
Ism. ¿Cortado?
Esp. Y predestinado.,,
para una lucha suprema.
Ism. ¡Gracias! (¡Es flojo el problema
que queda aquí planteado!)
Esp. De que piense de este modo
debes dar gracias á Dios,
q.ue, siendo asi, entre los dos
muy pronto se arregla todo.
Del corazón no hay que hablar
nada.
Ism. (Yo estoy escamado.)
Esp. El corazán está á un lado
y á un lado debe quedar.
Pensar así es un consuelo
que evita tribulaciones,
disgustos y desazones.
}
— 23 —
ísiD. (¿Me estará, tomando el pelo?)
Esp. Ya es asunto terminado.
IsiD. (íAyl... Si no fuera tan rica...)
Esp. Yo discurro así...
Isro. Se explica.
Esp. Porque asi me lo han mandado.
Ism. Conque el asunto... (Leyantándose.)
Esp. (lo miBmo.) Por mi
se le puede poner punto.
Penetrada del asunto,
á todo digo que sí.
IsiD. Me marcho, pues.
(intenta besarla la mano y ella la retira bruBcamente.)
Esp. ¡Qué osadía!
Isro. ¿Eh? ¿Te alarmas por un beso
en la mano?
Esp. Para eso...
es muy pronto todavía.
IsiD. ¿Y esa dócil voluntad
que se amolda como cera?
Esp. És en lo que cae por fuera,
sin tocar la dignidad.
Isro. (Menos mal; es pudorosa.)
Hasta luego.
Esp. Hasta después.
Isro. (Tengo que buscar á Andrés
pfira aclarar una cosa.)
(Despedida muda. Isidoro, ya desde la paerta, tira
dos ó tres besos á Esperanza y desaparaee por el foro
derecha; Esperanza acciona con ambas manos como si
quisiera quitarse los besos, y en esa actitnd la sor-
prende Follta.)
ESCENA \í
ESPERANZA y POLÍTA, primera Izquierda
PoL. ¿Eh? ¿Qué miro? ¿Estás pillando
moscas?
Esp. Parece.
PoL. Mujer...
si no hay moscas.
Esp. Hay mosíJones.
~ 24 —
«
PoL. Eso es otra cosa. Y, ¿qué?
¿Has aceptado á Isidoro?
Esp. Por siempre jamás.
PoL. Amén.
Esp. y ya que te he complacido
en todo sin oponer
(Todó muy eDérgico.)
la más leve resistencia,
vas á hacerme la merced
de no hablarme de Isidoro,
ni de la boda, ni de
nada que se relacione
con este supremo bien,
en lo que resta de siglo...
que bastante poco es.
jFavor que pido de veras
y que sabré agradecer!..
(Vase por la primera Izquierda.)
ESCENA n
POLITA, y en seguida DON PASCUAL, foro derecha
PoL. »Qué tono tan imperioso!
Me ha pegado á la pared.
Estas mudanzas...
PaS. (Muy agitado, lirapiándüse el sudor con un gran pa-
ñuelo de yerbas.) Ya estoy
de vuelta y sudando pez.
PoL. ¿Has visto á Ezequiel?
Pas. Le he visto.
PoL. ¿Qué tal se ha portado?
Pas. Bien.
En su clase, es lo mejor
que puede encontrarse.
PoL. Fué
tu amigo desde la iafancia.
Pas. Y me sigue siendo fiel.
PoL. ¿Te ha tratado con cariño?
Pas. 1 con un gran interés,
POL. ¿Es de veras? (May alegre.)
Pas. hA sesenta
por ciento. Figúrate...
— 25 —
PoL. ¿Y dices que es lo mejor?...
Pas. üe la tribu de Israel.
Como judio es perfecto,
y es perfecto como inglés,
aunque es inglés de la Mancha.
PoL. Cuesta trabajo el creer
que llamándose tu amigo...
Pas. Me extraña tu candidez,
si crees que un usurero
puede, en algún caso, ser
amigo de nadie. Y yo
no me quejo de Ezequiel
sino de tí, que has querido...
PoL. La necesidad es ley.
Hay que casar á nuestra hija
con gran decoro.
Pas. ¿y después?
PoL. Después... nada. Viviremos
con lujo y esplendidez
á la sombra de Isidoro.
Pas. Eso es indigno.
PoL. ¿Y por quéí
Pas. Primero, porque nosotros
tenemos para comer
con mi cesantía...
PoL. Y para
echar coche. [Qué sandezl
¿Si pensará este pasivo
que soy pasiva también?
Pas. Además, que la riqueza
de Isidoro, está por ver.
PoL. ¿Aún dudas? Que es hombre rico
á simple vista se vé.
Cuando habló de casamiento,
tú quisistes, á tu vez,
hablar de dinero. Entonces
dijo; «no es el interés
el que me guía; no hablemos
de dinero.»
Pas. Bien; y, ¿qué?
PoL. Con eso vino á probar,
como dos y una son tres,
que el dinero no le importa...
porque lo tiene.
— SO-
PAS. O porque,
no permitiendo que le hablen
de ese asunto, no habla él,
y á nada se compromete.
PoL. ¿Te atreves á suponer?...
Tiene tierras en la Habana,
y en Ghina y en Buda-Pesth.
Pas. Pues Andrés me ha prometido
descubrir hoy el pastel.
POL. (con mucho énfasis.)
Andrés, aunque resignado,
resignado al parecer,
aunque neutral, me parece
que es sospechoso, porque es,
aunqtie pasivo, un rival
del otro, y no he de creer
lo que diga, por su parte
interesada... é infiel,
aunque hipócrita; y á mi
no me la pega ese pez.
Pas. ¿Has concluido, hija mía?
¡Qué modo de retorcer
la frase!... Me has disparado
un párrafo tan cruel,
con tantas sinuosidades
y con tal insensatez,
que en diez minutos lo menos
no me podré reponer
del susto. (Suena la campanilla.)
Llaman. Me ocurre
una idea.) (a Antonio que cruza por el foro.)
Escúchame.
Ant. Soy todo orejas.
Pas. Si vienen
don Isidoro y Andrés,
les dices que hemos salido,
que aguarden aquí.
Ant. Muy bien.
(Vase Antonio foro derecha.)
Pas. Tú, ven. Desde aquella puerta(Primera derecha)
vamos ahora á sorprender...
POL. ¿Qué me propones? (Escandalizada.)
Pas. Un medio
que me ha ocurrido, y que es,
— 27 —
como hijo de mi invención,
de asombrosa brillantez.
Yo no he inventado la pólvora
porque he nacido después
de estar inventada.
POL. (Burlándose.) ¡Es clarol
¡Pirotécnico tambiéul
Si tú nunca has dado chispa,
¿cómo quieres suponer?...
Pas. Oigo rumor de pisadas.
Ven, Paula.
PoL. ¡Polita!...
Pas. Ven,
y da treguas, por ahora,
á tu estulta pesadez. (Vanae primen derecha.)
ESCENA Xin
ANDBÉS y ANTONIO por el foro derecha; POLITA y PASCUAL
ocultos
And. ¿Don Isidoro?
Ant. Se ha ido.
And. ¿y los señores?
Ant. No están.
And. (No ha concurrido á la cita.
Es una contrariedad
grandísima.)
PoL. (¡Ya habla solo!)
Pas. (Mira, todo es empezar.)
And. (Desesperado y alzando la voz.)
Creo que he jugado con fuego
y que estoy sobre un volcán.
Pas. (¡CaracolesI ¿Le has oído?)
PoL. (No temas. Eso es liablar.)
And. (Dirigiéndose al criado.)
Oye. Yo también me voy. (suena la campanilla.)
Ant. Llaman; y tal vez será... (vase foro derecha.)
And, Como sea la familia,
buena lata me va á dar
doña Polita, trasunto
de la insustancialidadl...
Pas. fQuien escucha su mal oye.)
PoL. (El también me escuchará.)
— 28 —
ESCENA XIV
DICHOS, ISIDORO y ANTONIO, por el foro derecha
Ant.
Ahí tiene usté á don Andrés.
ISID.
Te encuentro, gracias á Dios.
And.
Quedamos en que á la,R dos,
y son cerca de las tres.
ISID.
¿Los señores?...
Ant.
Han salido;
pero me han dicho que aguarden.
No tardan.
Isid.
|Por mi que tarden.
POL.
(¡Qué groserol)
Ant.
(iSe han caido!)
(vase foro derecha.)
ESCENA XV
DICHOS, menos ANTONIO
And.
¿Dónde habrán ido esas gentes
con el peso del calor?
Isid.
Solos estamos mejor.
Celebro que estén ausentes,
que así podremos hablar
con entera confianza.
And.
Justo.
Pas.
(Principia la danza.)
ÍSID.
Andrés... me voy á casar;
y en trance tan peligroso,
á modo de confesión,
quiero abrir mi corazón
á un am;go cariñoso.
En esta empeñada lucha
quiero ser franco contigo.
And.
Puedes serlo.
Pas.
(iDigoI)
PoL.
(iDigo!)
And.
Habla.
Pas.
(Escuchemos.)
Thii).
Escucha..
— i9 —
Tienes conmigo el deber
de ser franco.
And. (En lo que quepa.)
Claro.
Ism. Para que yo sepa
á qué me debo atener
con toda seguridad
respecto del porvenir.
And. (Ya le veo de venir.)
Habla con más claridad.
IsiD. Júrame por cuanto vales
que guardarás el secreto.
¿Me lo juras?
And. ¡Lo prometo!
^ás con reservas mentales.)
Isid. ^n mi triste situación
y en mi porvenir incierto,
el matrimonio es mi puerto,
mi puerto de salvación.
Esa es la esperanza sola
de mis dichas anhelantes.
Pas. (Yo lo tiro al agua antes
de llegar á la farola.)
And. iMe dejas maravilladol
¿No eres rico?
Isid. No lo soy.
And. Pues, ¿no me digiste?...
Isro. Estoy
completamente tronado.
And. ¿De veras? (¡Cuánto me alegro!)
¿V... te casas?...
Isid. ¿Soy un zote?
Para que me ponga á flote
la fortuna de mi suegro.
Pas. (Ya estás fresco.)
And. ^i^^ pensado.
Eso hacen los hombres duchos.
Isid. Sigo el ejemplo de muchos.
PoL. (¡Tunante!)
Pas. (¡Ya está aviado!)
Isid. No soy sólo en mis quimeras.
And. ¿Qué has de ser? Hay una raza
que se dedica á la caza
de las ricas herederas,
- 30 —
y consigue el galardón
que ambiciona en su porfía,
teniendo mucha osadía
y poquísima aprensión.
Hay también entre esa gente
que comprende mi relato,
algún que otro mentecato
que se cansa inútilmente
persiguiendo la opulencia
por el camino más ruin...
y viene á quedarse, al fin,
á la luna de Valencia.
IsiD. Tú, en ese sentido, has sido
algo tonto.
And. No lo dudo;
mas si, por suerte, enviudo...
seré un hombre de sentido.
Pas. (¡Tiene gracial)
IsiD. Me has de dar
datos seguros, Andrés,
de esta fortuna.
And. Eso es
difícil de calcular.
IsiD. Pero ¿tú no eres su agente
en los negocios de banca?
And. El crédito es la palanca
que sostiene á mucha gente.
Las casas más poderosas
llegan un día á quebrar.
El comercio suele dar
sorpresas muy dolorosas.
IsiD. ¿Y... esta casa?., (con temor.)
And. (No conviene
que se enfríe su heroísmo.)
Ism. ¿Don Pascual?...
And. iVaya! Ni él mismo
debe saber lo que tiene.
Pas. (Vaya si lo sé.)
PoL. (¡Qué par!)
Isro. Debe de ser millonario.
Ha sido alto funcionario
mucho tiempo en Ultramar.
Si le ha llegado su vez
j no supo hacer dinero,
— sí-
es simple de cuerpo entero.
Pas. (Primer premio de honradez.)
IsiD, Según pública opinión,
solo se vá á esas regiones
S>r... especiales razones.
In eso tiene razón.)
IsiD. Pero no tengo maldita
inquietud sobre ese asunto.
¡Don Pascual es un buen punto/
Pas. (¡Bribónl)
PoL. (Saluda, Rosita.)
IsiD. De suerte que tú no sabes,
por cálculo aproximado,
de esta fortuna el estado.
And. Esas cosas son muy graves.
Isro. Ser muy rico es mi deseo,
si nó no baria mi esposa
á esa... niña.
And. Es guapa.
Ism. Y sosa...
y cargante.
Pas. (iPiUo!)
PoL. (¡Feo!)
And. (procurando contenerse.)
Eso de... sosa... á mi ver...
Isro. De ello persuadido estoy.
Sosa y cargante.
And. (No voy
á poderme contener.)
PoL. (¿^^^ ^^^® Andrés que no le estrella?)
And. Tú juicio es apasionado.
Isro. ¡Ayl Si tú hubieras hablado
cual yo, de amores con ella,
advirtieras claT amenté
que es sosa, simple y cargante.
PoL. (¡Ya es mucho insistir!)
And. No obstante,
PoL. (Es un tuno.)
Pas. (Un inocente.)
Isro. Pero todo lo concilla
la dote que he de pescar.
Si nó, jqué había de entrar
en semejante familia!
PoL. (i Ya nos llama semejante!)
/•••
— 32 —
IsiD. Familia cursi.
Pas. (¡Ya escampa!)
IsiD. Don Pascual es viva estampa
del paquidermo pensante.
PoL. (jTe pone de oro y azull)
IsiD. ¿Y doña Polita? Aburre
con su chachara, y discurre
lo mismo que un abedul.
PoL. (¡Graciasl)
Pas. (Tu vez te llegó.)
Ism. ¿Y la chica? El angelito
parece un pájaro frito.
And. (Vaya; á este le pego yo.)
Estás duro.
IsiD. Créeme, Andrés.
PoL. (¡Este hombre no tiene freno!)
IsíD. Aquí no hay más lado bueno
que el lado del interés.
And. (Levantándose.)
¡Ya basta! ¡Voy á curarte
del error que has padecido, .
y no sé cómo he tenido
paciencia para escucharte
ese estúpido aluvión
de insultos y groserías,
sin dar á tus demasías
la debida corrección!
IsiD. (Que so ha levantado muy sorprendido.)
¿Eh? ¿Qu é es esto?
And. ¡Cuánto diera
porque te escucharan!...
IsiD. (Asombrado.) ¿Qué?
PoL. (Estás complacido, y te
sale por nna friolera.)
And. Mas yo les he de contar
toda esta conversación..
Isro. . , Si me haces esa traición,
si llegas á malograr,
indiscreto, mi jugada,
rompo este pérfido lazo...
And. a ver... ¿cómo?
Ism. De un balazo.
And. ¡Qué risa!
IsiD. O de una estocada.
Esp.
POL.
Pas.
IsiD.
Pas.
■
ISUL>.
And
«
Ism.
POL.
1
1
And.
Esp.
1
Pas.
POL.
Pas.
-.33 -
De matarte soy capaz
como de perderme trates.
(Salen á un mismo tiempo: por la derecha PoliU y
Pascual 7 por la ixquiorda Eiperanxa.)
ESCENA XVI
POUTA, ESPERANZA, ANDRÉS, ISIDORO j PASCUAL
No le mates... (cantando.)
íidem.) No le mates...
Déjale vivir en paz. (ídem.)
¿Qué es esto?
Que hemos oído
el cúmulo de imprudencias
que ha dicho en sus confidencias
con don Andrés.
(¡Me he lucido!)
(Qué feliz casualidad!...
¿Conque oyeron?...
(¡Suerte ingrata!)
Todo. (Aparte á Andrés.)
(Hasta lo de la lata
y la insustancialidad.)
(¡Demonio!)
(Á Isidoro en tono de burla.)
Verde y azul
se ha puesto. ¿Está usted enfermo?
¿Conque soy un paquidermo?
¿Conque soy un abedul?
¡Un paquidermo pensante!
No sé cómo no salí...
Esp. ¿A qué? ¿No ha dicho de mí
que soy sosa y soy cargante?
Esa franqueza, que alabo,
no me puede incomodar.
Las cosáis se han de tomar
según de quien vienen.
And. iBravol
¡Bien dicho!... ¡Muy bien!
IsiD. (¡Me aplasta!)
And. Con tu ingenio peregrino
-34-
has procedido con tino,
y has puesto el dedo en la...
Pas. Basta.
PoL. Me explico en este momento
por qué has sido complaciente.
Andrés, decididamente,
eres hombre de talento.
Ism. Se me ha tendido una red
para causarme una afrenta.
And. ¿Te atreves á pedir cuenta?
Esp. ¿Y la conducta de usted?
Isro. Es que...
Esp. Basta, caballero;
termine aquí la disputa.
Ha equivocado la ruta,
busque usted otro sendero.
Mujer tan sosa y cargante...
no puede ser su ideal.
IsiD. (Una sosa que al final
na resultado picante.)
Me marcho.
Pas. Eso haría yo
en su lugar.
PoL. No debemos
retenerle.
Isro. (Á Andrés.) Nos vcremos.
And. Se me figura que no.
IsiO. (volviendo desde el foro.)
La maldad que en tí se encierra
me tiene maravillado.
Siendo tú un hombre casado
¿por qué me has hecho la guerra?
Todos |Já, jál
PoL. Se la han dado á usté
como al ser más inocente.
And. No soy casado al presente;
pero en breve lo seré.
IsiD. ¡Ahí |Yal
PoL. ¿Se va usté enterando?
IsiD. (iQué planchal |Qué situación!)
Abur. ([He sido un melónl)
fVase por el foro derecha.)
POL. (Asomándose al foro.)
No escriba usted en llegando.
/
— 35 —
ESCENA ÚLTIMA
DICHOS menos ISIDORO
And. Ahora...
PoL. Calla, por favor.
(Dirigiéndose al público.^
Desde luego se adivina
que la comedia termina
con boda. Esto es de rigor.
Y el desenlace sabido
y la materia agotada,
te suplico una palmada
si la obra te ha entretenido, (cac ei teióu.)
FIN DEL JUGUETE
OBRAS DE D. FRANCISCO FLORES OARCÍA
EL 11 DB DICIBMBRB, comedia en un acto y en Teño.
EL 1.* DE ENERO, drama en nn acto, id.
QUIEN PIENSA MAL.... juguete cómico id. id.
LA. CUERDA SENSIBLE, id., id., id.
LA MÁS PRECIADA RIQUEZA, comedia en id., id.
LLEVAR LA CORRIENTE, Juguete cómico en an acto y en Terso,
original.
UN DEFECTO, id., id., id.
DOÑA CONCORDIA, id , id., id.
RECETA CONTRA EL SUICIDIO, id., id., id.
SE DESEA UN CABALLEBO, id., id., id.
VICENTE PÉRIS. drama liietórico.
ENTRE AMIGOS, comedia eo un acto y en Terso.
EL NACIMIENTO DB TIRSO, drama en un acto. (Segunda edición.)
LA MADRE DE LA CRIATURA, comedia en dos actos y en Terso.
CUESTIÓN DE TÁCTICA, comedia en un acto y en verso.
LOS VIDRIOS ROTOS, comedia en un acto y en prosa.
NAVEGAR Á TODOS VIENTOS, comedia en dos actos y en verso.
QALEOITTO, jogaete cómico en un acto y en verso. (Caartaedieión.)
DB CÁDIZ AL PUERTO, comedia en dos actos (1).
LA HERENCIA DEL ABUELO, comedia en un acto y en verso.
LA ÚLTIMA CARTA, monólogo en un acto, en prosa y verso.
CONFLICTO ENTftE DOS INGLESES, jugaete cómico en un acto
y en verso (2;.
¡EN CARNE VIVA! juguete cómico en un acto y en verso.
METERSE EN HONDURAS, juguete cómico-lírico, en un acto y en
prosa. (Segunda edición).
MAPA-MUNDI, juguete cómico en un acto y cuatro cuadros y en
verso.
DE CÁDIZ AL PUERTO, zarzuela en dos actos. (Refundición.)
LAS CARTAS DE LEONA, juguete cómico en un acto y en prosa
original (3).
EL HOMBRE DE LAS QAFAS, juguete cómico en un acto y en
prosa.
(1) En colaboración con D. Julián Rome^
(2) Con el nii«mo.
(8) Con D. Ángel Rubio*
ME PESCA, comedia en un acto y en prosa.
UNA DONCELLA DE ENCARGO, jagruete c6mico-liñco en un acto
y en prosa.
POLÍTICA INTERIOR, jugrtiete cómico en nn acto y Prosa.
VIRUELAS LOCAS, humorada cómica en nn acto y tres cuadros (pa-
rodia del drama LA PBSTB DE OTRANTO), escrita en yerso (1).
COMO BARBERO Y COMO ALCALDE, saínete en un acto y en verso
EL DIABLO HARTO DE CARNE..., Juguete cómico en un acto y
dos cuadros (parodia del drama VIDA ALEGRE Y MUERTE
TRISTE,) en verso.
GANAR EL PLEITO, jugruete cómico-lírico en un acto y en prosa.
POR LAS RAMAS, comedia en un acto y en verso, original.
EL HIJO DE SU PAPÁ, juguete cómico-lírico en un acto y en prosa.
original.
GUZMÁN EL MALO, humorada cómicp, en un acto y en prosa.
EL SEGUNDO GRUPO, comedia en un acto y en prosa, original (2).
TRINIDAD, comedia en un acto y en verso.
EL ORO DE LA REACCIÓN, sátira cómico-lírica en un acto y en
verso,
i EL COCO! juguete cómico en un acto y en prosa.
MIXTO DE INGLÉS Y CANARIO, juguete cómico en un acto y en
verso, original.
LA. GENTE DEL BRONCE, saínete lírico, en un acto y tres cuadros
original y en verso.
LO PROHIBIDO, comedia en acto y en verso.
DOS PASOS AL FRENTE, juguete cómico en un acto y en prosa.
B ALT AS ARA LA POLLERA, sainóte en un acto y en verso.
A CARTAS VISTAS, comedia en un acto y en verso.
JUICIO DE FALTAS, comedia en un acto y en verso.
EL PARAÍSO, comedia en un acto y en verso.
LA CARTA DE UNA MUJER, comedia en un acto y en verso.
LA LEY DEL EMBUDO, comedia en un acto y eu verso.
LA PASTORA, juguete cómico en un acto y en prosa, original.
EL PRIMER ACTOR, comedia en un acto y en verso, original.
DETRÁS DE LA COaTINA, juguete cómico en un acto y en verso,
originaL
galería de TIPOS -{Retratoit y cuadros de co8tumbres)*Un tomo.
¡COSAS DEL MUNDO!~(Narraciones>-Un tomo.
LA CÁMARA OSCURA.— Tipos y cuadros de costumbres,— Un tdmo.
(1) En colaboración cen D. Julián Romea.
(2) Don D. Luis Taboada.
%•
Deuda de Gratitud.
¿2<;^?^z><-«=^
y/zxatr
^^í^^^
y
DiDÁ i mmi
EN DOS ACTOS Y EN VERSO,
DE
D. JOSÉ PASCUAL Y TORRES
ooOOOOooe=s-
Basado en el primero y segundo ac-
to del drama
Triunfó la Libertad ó la batalla del Puente de
Alcolea,
i del mismo autor.
MÁLAGA.
Imp. d« H. Hartinez Rieto. Gttmk 69.
XSVl.
Adolfo.
Eduardo.
D. Gregorio, (oiétfoótlé cámara.)
Elsna.
Marta.,
Brujida.
gumersinda.
D. Diego, (médico).
D. Salvador, (idem). •
Rafael, (criado de Adolfo).
Bartolomé, (criado de Eduardo).
Ca acción |)a0a en (íóríraba en Setiembre be 1888.
i
/
Al SR. D. mt TIKSC4 Y SIIRRA.
DEL
ÍLDSTBE CASINO ^ADUANO.
Muy 8r. mioi recibid esta pequeña muestra
de afecto, este ligero estudio literario, que os de*
dico; confiado en vuestra benevolencia, feliz re-
cuerdo de mi breve estancia, graio testimonio de
{^atitud á ese Centro, que vos presidís, tan dig-
namente, reunión escogida de la aristocracia ga-
ditana, del caballerismo é hidalguía; de la siem-
pre para mí, grata, beUa y culta Ciudad de San
Servando y San Germán.
Si. al leer en el billete de presentación la si*
guíente nota: «El Casino deja consignado, en sus a^,
honor tan distinguido é inolvidabk, constando tal distinción
como preclaro timbre,»
Me considero en el deber, al dar á la imprenta
DEUDA DE GRATITUD, que tan bien cuadra,
por baber sido tan bien acogido y atendido, mas
bien por deferencia, que por mis merecimien-
tos, por eáe galante Círculo, dedicando esta obra
al Sr. Presidente, en representación del mismo.
Por lo tanto, si merece la aquiescencia del
Hustre Casino Gaditano, quedarán satisfecbas
las aspiraciones de su afectísimo seguro servidor
Q. S* M. B.
JOSÉ PASCUAL Y TtíftRES.
Hálasa r de Dicieinl]re de 1870.
. r
Esta producción es propiedad de
su autor, quien perseguirá ante la
ley al que la represente en cual-
quier teatro del Reino, café cantan-
te ó de Ultramar y del estrang^ero, y
quien la reimprima sin su permiso.
El autor se reserva el dereclio
de traducción con los paises estran-
geros.
Los corresponsales de la Galería
del Sr.GuUon son los encargados de
la venta de los libretos y cobro de
dereclios de representación en los
Teatros de España y América.
Queda hecho el depósito que mar
ca la ley.
NOTA.— Todo ejemplar que no Ue-
ve el timbre del autor y una se-
flal de la imprenta, se declarará
I furtivo y se perseguirá ante la
ley.
2l(to lúvxmeto.
■■ • ' 3 ^ ^vC^ ^ W ^ • "
El teatro representa una casa de campo de regular
aspecto arquitectónico, al frente; en el lado izquierdo
de la fachada, una reja grande saliente, de orden an-
tiguo. Delante de la puerta habrá un pequeño jardín
con su enverjado. Encima de la misn^a el n.* 4. Eii
cada lado de la escena, en primer término, dos árboles
frondosos y debajo del de la izquierda un banco ó
peldaño de piedra. Es al amanecer; escúchase el ru-
gido de la tempestad, acompañada de truenos, lluvia
y de vez en cuando se ilumma . la escena por los re-
lámpagos. La escena pernpianece solitaria por un corto
tiempo y después sobreviene la calma del firmamento
irritado.
ESCENA PRIMERA.
Adolfo, entra con un par acaguas abierto y enmedio
de la escena, le cierra.
¡Gran Dios!
que noche
íne ha cogido!...
¿De qué me sirve
mi coche,
si lo tengo escondido?
Y á propósito
uno ne recibido
del constructor
— 8—
Mr- Dumont,
en París establecido,
del arte un primor.
Mueble inútil,
hubiera sido...
Tal vez mis caballos
.con la tempestad;
al rugido mfemal,
se huoieran desbocados.
Y pobre de mí,
espantados, ,
mi cuerpo, al suelo;
hecho pedazo^.
Y al rodar
por el duro pavimento; •
mi padre despertar,
en su tranquilo aposento.
[Estallando un relámpago y truenos).
. '. {pausa)
Noche cruel,
aun de mí,
se acuerda Lucifer.
Pavura me dá,
venir por éstos .
vericuetos,
á ver un rostro angelical.
Pero á una cita,
es preciso acudid-
dacta una palabra,
no se puede huir. fpatisaj
Estoy hecho un chupón,'
quién podia figurar,
desenvuelto el aquilón ,
si no hacia mas que chispear.
• » ••
Así confiado,
de este mueble
fui armado, fpo^trando el para-agv^J.
I
Elena.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena.
ün rostro hechicero
mirar,
del espacio, fúlgido lucero,
apreciar,
querer y amar.
Las tres dan, (dando)
en el silencioso arrabal.
•Ruido siento, si ella seró...
ESCENA II.
Dicho. Elena, (abriendo la reja)
¡Adolfo!
/Elena!
fmroximándose á la reja.)
¡Encanto mió,
sufrido' por tí,
yerto de frió!
El huracán desenvuelto,
el relámpago, la lluvia,
el granizo envuelto.
Los elementos desencadenados,
corriendo horrible tempestad,
por esos caminos tortuosos*,
silvando el furioso vendaval.
Ya á tus plantas postrado
estoy,
de una dama tan celestial.
¿Por qué has venido?
áe tu cuerpo,
no te has condolido!
El cariño, el amor,
que te profeso...
Pobre joven,
Cupido, te ha cegado;
ciego, no has visto el relámpago,
sordo, no habéis oido el trueno,
é insensible al agua que ha caido.
2
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
~10~
Si el amor me ha cegado,
no importa;
acudo á la reja del enamorado.
Pero caballero...
yo á daros la cita,
no contaba con una noche...
Horrible ... Si Señora , infernal .
Sin embargo, es para mí,
lo que al General victorioso,
cuando se apodera de un fuerte.
Me considero tan feliz,
que los rayos del huracán,
me parecen cohetes, brillando
en el horizonte, celebrando mi dicha.
El trueno zumba en mis oidos,
como las salvas de la artillería,
al saludar un personage real.
¿Pues qué, tan fuerte sois,
á las influencias atmosféricas?
Cuando se escudan en el amor,
ni se vé, ni se siente, ni se escucha.
¡Sois tan hermosa...
Permitidme besar^
vuestra alba mano!
Tomad... — Soltad,
mi madre se aproxima,
va alborotar la vecindad.
¡Oh, me amáis!
¡Como la rosa, al roció!
¡Gracias, bien mió!
{Elena vase, cerrando la ^centana.)
Me quiere, no hay duda, {ala escena)
me ha dado prueba,
pues á la cita no faltó.
Si yp he pasado noche cruel,
ella de centinela, bástalas tres.
Su blando lecho dejó,
á la ventana amorosa se asoinó.
Ya mis fatigas olvidé,
{dándosela)
—11-
al fin tuve el gusto de ver,
al sonMNsado clavel.
Vuelve á chispear...
{Abriendo él par ü'-aguas. Escúchase al-
gunos truenos y se ^servan relámpagos.)
Se inicia otra vez,
el horrísono huracán.
Los elementos
se conjuran contra mí.
Cuántas fatigas se pasan,
por ver á una bella muger.
A los salteadores expuesto,
á un catarro, á una pulmonía,
al pasmo y al tétano.
Y todo por una seductora muger.
Debajo de este árbol,
trémulo me cobijaré,
sus fi-ondosas ramas,
el turbión aguantaré.
{Sierra el para-aguas y siéntase en el
banco,)
Y todo por un palmito,
el rostro, para ver;
de una hechicera muger.
Mano á la petaca,
puro á la boca,
y /weyo á quema-ropa. {con brío,),
{Enciende un puro y fuma).
ESCENA III.
Dicho. Eduardo, {con capa.)
Eduardo. jBendito, loado sea Dios!... {ap.)
y que noche me ha ofrecido!...
{sacudiendo la capa.)
¿Apesar de la capa,
Adolfo.
Eduardo.
jLa Uuvia ha cesado»
pero estoy tan empapado I . . .
(víielve d sacudiría.)
Con esta clara, me marcho, {ap.)
al fin cojí el constipado...
Josús, María y José. {Estornudando.)
{Sacando él pañuelo, se le olvida el para-
aguas y vase.)
¿Ruido he sentido,
algún pájaro, tal vez;
del nido, habrá salido?
{Escudrinando el árbol dd lado opuesto ,
en donde está el peldaño, qne es de
su salida.)
Ya se despide el verano,
á paso agigantado.
El risueño otoño,
ofrece verdor á la pradera,
Los árboles aun conservan sus hojas,
con el roció bienhechor,
crecen las aromáticas flores,
se oyen los trinos de los ruiseñores,
y las rosas abren sus corolas.
El trinar de los pájaros,
el ambiente emoalsamado,
los pastores con sus cánticos, *
y cuidando el ganado.
(Dan las tres y media J
Qué escucho, las tres y media,
hora de la cita es...-
(^Las campanas de la iglesia próxima,
tocan el aliaj
Ya las campanadas,
de la iglesia del arrabal;
anuncian al mundo, con lenguas
de metal, la aurora matinal.
f
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
ESCENA IV.
Dieh4). Marta.
¡Eduardo! fabriefulo la ventana J
¡Marta, vida mia!
{Se aproxima d la reja y se quita la
capay poniéndola soir§ él enverjado
del jar din.)
Cjseí no hubierais venido,
llena de pavura he estado.
Toda la noche, en vela,
esperándote, al amor,
del lento fuego; á su fulgor,
he sido constante centinela.
Horrible noche,
El firmamento se desencadenó,
de mi capa el broche,
con presteza ajustó;
Sí, estalló furiosa tempestad.
El silvido del viento azotador,
el rugido del aquilón,
retumbaba desomdor,
en mi p^echp amoroso.
¿Me quieres?
Sí. — ¿y tú que pruebas me das?
La cita. — quieres más.
Mi lecho tranquilo dejado,
espuesto á mil peligros,
no temiendo del aquilón su bramido.
Me basta.
Pero dejad.*,
bese su nacarada mano.
Jamás.
Cuando el himeneo,
eche su bendición nupcial.
Palabra os doy.
Pero antes besar.
Jamás^
( Vase cerrando la ventana con nnfutf^
te adlvazo.)
ESCENA V.
Dichos. Adolfo aparece por él lado izquierdo de la
escena ^ se sorprende al ver d Edttardo jparado en
la reja de su amada, quédase quieto, estátwo y con-
vulso.
¿Cáspita? {ap.)
¡Fresco, hemos quedado,
en alas de un lindo rostro,
y de un beso apasionado!
Pícara, ^[ue mi corazón
en la reja de tu ventana
se aprision<^...
¡A la cita comparecí,
por pri^mio de tantos desvelos,
ni siquiera un beso conseguí! {vase.)
Adolfo.
Eduaüdo.
Adolfo.
Eduaudo.
Vuelvo por el para-aguas, {ya enmedio
de la escena.)
con paso veloz,
f)ues ya cad alumbras,
os rayos lúcidos del sol.
En su puño, grabado mi blasón,
mis amores descubiertos;
si mi padre lo supiera
me daría un pescozón.
("Toma el jtara-aauas.J
Cáspita, mas que observé,...
mi Elena, hablando con otro doncel.
Ahora mismo,
la llamaré...
(Dando tres palmadas, delante de la
reja O
Por vida de... mi capa, (volmcndopor
el lado derecho.J
Pero tate, un hombre, {ap. y sorprendido)
parado en la reja^
obaervaró...
Adolfo.
Eduaírdo.
Adolfo,
Eduardo.
Adolfo.
Eduardo.
Adolfo.
Eduardo.
Adolfo.
Eduardo.
Adolfo.
Eduardo.
Adolfo.
Eduardo.
Adolfo.
La perjura, poroso,
no quiso dame un ^beso.
Otro mas afortunado...
("Colocado ya tras el árbol del lado de-
recho J
Elena, Elena, ("permanece ante la reja)
así me juraste
fiel amor.
Parece,, padece, {ap.)
la misma afección.
Ya no te quiero, {á la escena.)
insconstante, ingrata,
infiel, traidora.
A la furia de los lementos,
espuesto
á los salteadores, á los malvados.
...
. * . •
Eso no será conmigo. {ap.)
Mirad, lo que son las mucres,
no contentas con uno, quieren dos;
de reemplazo...
Señorito, quedo, despacito.
Decidme, a esa reja. . .
{Valiéndole al encuentro, y aquél se
asusta.)
Satisfacción, no debo dar. (reponiéndose)
¿Cómo que nó?
pronto, acabad...
¿Y vos? ¿por qué no me la dais á mí?
hace poco á la ventana os vi.
Del laberinto, pronto,
acabad, salir.
La punta de mi espada,
mi enojo, vais á sufrir.
A 'ese buzón, vine aechar...
Ese no e» correo,
y esa casa,
merece respeto...
Vuelvo á decir. . .
Vive Dios...
—16-.
Es 1? casa ele un ángel.
Eduardo . ¡ Hola! una dama!
Adolfo. Del error finjido,
ya habéis salido,
¿Vos venido,
á enamorarme
mi dama? {Arroja él para-agi^as)
Eduardo. Sí.
Adolfo. ¿Cómo se llama?
Eduardo. No doy satisfacción.
AiK)LFO. Pues entonces,
á batirnos los dos.
{Se haten, yol ruido de las espadas^
Gümbrsiiída se asoma oL halcón y con
él plumero en la mano.)
Gumersinda a la guardia, á la guardia,
socorro, socorro.
{A las voces huyen los combatientes por
lados opuestos y Eduardo se lleíoa su
capa, t}um£rsi%da cierra él tcdcon.)
ESCENA VI.
D. Grbgorio.
A visitar la hidrópica.
la enferma de la ascitis.
La visita del arrabal,
lo primero; se levantan temprano
máxime, cuando está de gravedad.
Después la gente de tono...
Para mí, es una obra de candad,
familia que están en la orfandad.
Dos niñas bellas, y la viuda de un militar,
que murió en la batalla de Tetuan.
¡Marta... es una deidad!
¿Qué es esto? ~
{tropezando con él para-aguas y lo cojé)
Un para-aguas.
ioh, que hermoso*..
—17—
qué empapado...
¡qué puño tan elegante! . . .
¿nabrán alguno desplumado?
La noche á ello, se prestó;
que furioso huracán;
mis persianas, el viento se la llevó.
¡Gracias á Dios
la tempestad calmó!
Gumersinda, Gumersinda.
f^Tira de la campanilla de la puerta del
jardín, ^
ESCENA VIL
Dicho. GUMBRSINDA.
GuMEHSiNDA Allá voy... {de adentro.)
buenos días,
Señor Doctor, {saliendo)
Gregorio. ¿Y la Señora?
GüMJERBiNDA. Mejor.
Gregorio. ¿Cnica, este para-aguas
de quién es?
GUMERSINDA. NO lo Sé.
¡Y qué hermoso es!
Gregorio. Calle... en el puño esculpido,
las armas, de un blasón.
De conde...
¿Esta noche,
lo habrán desplumado?
GUMERSINDA.Tal VOZ,— Ó UÓ.
Esta mañana,
desde el balcón.
Gregorio. ¡Qué! ("con ansiedad. J
GüMERSiNDA . ¡Un duelo! ...
Lo vi, si Señor.
Gregorio. Te burlas.
GümerSinda.No Señor.
Yo en aquel aposento
estaba, barriendo
fin TiAvimento.
-18—
. De repente,
siento rugir las espadas;
y convulliente,
me asomo al balcón.
Yo llena de pavor,
y eso, que la lengua,
algo se me travo:
di fuertes voces, que con ellas;
pude conseguir,
de la batalla su conclusión .
Tal vez, sin mi aparición,
la sangre se hubiera derramado;
y hubiera causado defunción.
Gregorio. Y al fin qué pasó...
¿y los combatientes?
GuMERSiNDA. Echaron á correr los dos.
Tengo el gusto de decir,
Que á la contienda,
di conclusión.
{D, Cfregorio le dá á Gnmersinda él pa--
ra-agnas.)
Gregorio. Hiciste buena obra,
y te la premiará Dios.
A visitar la enferma...
Gumersinda. Os acompañaré...
GregoiIio. Será mejor.
( Vanse á la casa y Gnmersinda cierra
1% puerta del jardín.)
ESCENA VIII.
i
Rafael. Gumíirsinda. {después.)
SinMuda, este será el sitio,
al menos las señas iguales son.
Una casa, con su balcón,
delante de la puerta,
un jardin con su enverjado.
—19—
el número se me ha olvidado.
{Golpeándose la frente.)
El para-aguas. . . si no esta. . . [Imscándolo)
si no parece, al Guadalquivir,
el amo me echará...
Bonito se vá á poner,
si no vuelvo, con él.
Y qué hago yo,
por San Camaleón... ^
Me ha amenazado,
dejarme mocho,
es decir, desorejado... (pausa)
' Aquí hay algún misterio,
gato encerrado....
y no me atrevo á vaticinar. .'.
A esa puerta, voy á golpear,
á ver, si por casualidad.
¿ Y con qué achaque, diré
que con ese peldaño,
me he roto las espinillas?
{Tira de la campanilla de la puerta del
jar din)
GUMERSINDA. Quién es? {astymdndose á la ventana)
Rafael . Señora, por el amor. . . [Se dirige á ella)
GuMERSiNDA . Perdouc , hermano .
Rafael. Sino pido limosna, sino qué,
al tiempo de pasar,
con esa piedra tropecé,
GuMERSiNDA. AJ hospital.
Rafael. Señora, por caridad,
ponerme unas hilas,
aunque sean con balsamina.
GUMERSINDA . Esperad . {r^ase)
Rafael. ¡Ay, que chica tan hermosa,
es mas bonita,
que la hoja de la rosa!
GüMERSiNDA.Tomad... bálsamo de Malats, {wlmendo)
es un magnífico vulnerario,
hacen mis Señoritas, por caridad.
Rafael. Gracias... aunque sea
imprudencia... ¿por casualidad,
-90—
esta mañana, cuaüdo ¿sacudir las esteras,
visteis un pBra-aguas?...
GuMERSiNDA No. ("Cerrando con un fuer te
porrazo la ventana J
Rafael. Vaya con la chica... ¿y qué humos?
¡Si 'será alguna duquesa!... ó archidu-
quesa! ...
Pobre oijejas mias,
no lo he encontrado,
en capüla, están metidas, (vase)
ESCENA IX.
D. Gregorio. Marta.
Gregorio. Si se pone peor,
Marta.
Gregorio.
Marta.
{Salen de la casa
y en la escena.)
al instante...
no haya dilación.
Ayer tarde,
mas me gustó.
Anoche hubo,
gran cerrazón,
a atmósfera,
perjudicado, su constitución,
a Dios. (vase.)
Vaya con Dios,
el Doctor.
("Paseándose por delante del jar din, J
Dijo, un cumplido caballero,
á una inocente jardinera;
dime niña encantadora!
¿me das un beso de amor?
Ella asomada á la ventana,
le respondió, que nó.
El caballero, insistiendo
con mas fuerza, le suplicó;
rendidamente enamorado,
á ella, con frases que cautivó.
Mas sólida, en su pudor,
í
Marta.
Eduardo.
--Si--
^ante espresicmesv despreció.
La lluvia, el granizo,
el relámpago, el trueno,
á sus cuitas invocó;
pidiendo de su cabello un rizo.
en recompensa de su amor.
EUa fuerte en su honor,
le dijo serena, ^ue nó.
Despechado de mi negativa,
ligero se despidió.
Pero, si amante, torna otra vez,
en lugar de un beso, le daré una flor.
{Entra en el Jardín y se entretiene en
cuidar las Jíores y permanece en ¿I,
durante la siguiente escena) ^
ESCENA X.
Dicha. BDUAfiDO.
Eduardo. Mi curiosidad,
mi honra lo exige...
¿Quién será,
nocturno rivalf
^ Si supiera donde vive,
quien es...
le retaría al combate,
otra vez...
Esquela de desafío...
la mancha inferida,
á mi amor,
requiere cumplida
satisfacción.
En lu^r de un beso,
le darcuna flor.
Qué escucho...
el canto de un ruiseñor,
que gozosa saluda
£U Creador.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Eduardo.
Marta.
Le daré una flor.
No es ruiseñor
me parece es,
su aulcevoz.
{Se aproxima al jardín y la reconoce.)
¡Marta!
¡Eduardo!
¿Por qué me llamas,
impía Señora?
¡No me faltéis así,
amado Eduardo! '
¡Cruel, fementida!
¿Aquella fé promelida,
dó está?
¡En mi corazón!
No, he llegado á ver,
la traidora mudanza,
de una engañosa muger.
¡Ayer fui tu encanto,
tu felicidad, tu bien!
líoy soy el blanco,
de tu malévolo desdén.
¡Eduardo!
Te acuerdas anoche,
cuando me [retiré;
otro afortunado amante
á la reja, se llegó después.
Nó.
Si, qué distinto entonces,
fué tu querer.
Qué amante, consecuente,
qué falsa después.
¡Crueles recuerdos,
matadme de una vez!
¿Por qué habláis así,
no soy merecedora,
de lenguaje tan cruel.
Si la veleta de la torre,
se varía al impulso,
del viento azotador.
En mí no haycambio»
es firme mi fé, mi amor.
Ei>u ABXK> . Mis ojos, han llegado á ver,
la falsaria mudanza,
de una voluble muger.
{vaset y eUa d su casa.)
ESCENA XI.
Rafabl.
No lo dije...
me ha dado , cada pescozón ,
que por poquito,
me convierte en chicharrón .
¡Maldita sombrilla!
que por tí,.
me han roto una" costilla.
bribona. . .
Al tiempo de entrar,
viendo que no venia con ella,
estalló la tempestad.
Y me despide...
me cambia la veleta,
y tengo que picar de zoleta...
Otra vez en su busca,
pardiez...
\Vase por lado opuesto.)
ESCENA XII.
(pausa J
(pausa J
Elena. Adolfo, (despuesj (aquella por fuera del
jar din.)
Elena . Pobre jardin
con la enfermedad...
está casi seco, el jazmin. ^
Quiero hacer un ramo,
para perfumar su aposento,
para mi padre:
Adolfo.
Elena .
Adolfo.
Elbna.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
buscaré |el resedan,
hortensias, trinitarias,
dalias, carmelitas,
dianas, tulipán. '
. * . . . CpausaJ
Para Adolfo:
pensamientos, ialelí.
claveles, tamarindos,
lilas,- jacintos,
violetas, flor de lí.
(Entra en él jardín, para escoger las
flores, para formar los ramos J
Si , aquí me lo dejé . . . {entrando . )
¿Si mi rival,
se lo habrá llevado?
Por todas partes
lo he buscado.
. . . ¡ Hé aquí , que la casualidad ,
me ha puesto, otra vez;
delante de la casa,
de aquella beldad!
Sino, nunea, fementida,
faltará su fé prometida.
Falsaria muger, engañosa,
dándome su habla ponzoñosa.
Huye no te quiero ver, .
cara de Lucifer.
¡Adolfo!
Diablo, ¡este sitio está encantado!
¿Será aquel mocito,
á la ventana estaba colocado?
¡Adolfo!
¡Caramba, el eco otra vez!
En este árbol,
algún nido
escondido...
{Se" Silbe en el peldaño y escudriña él
árbol.)
¡Adolfo!
JParcüeK...
{Bajando con presteza y pavura.)
s
Elena.
Adolfo.
Elena,
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elbna.
¡Adolfo! {llorando)
Lágrimas...
8i serán de alguna
muger?
¡Que sollozos,
que gemidos!
fSfe aproxima al jardín y reconociéndola)
¡Elena!
¡Adolfo!
Bompe* las cuerdas,
mi resentida lira,
mis dulces endechas,
rebosan celos, ira.
¿quién es aquel, queá tu reja,
contigo estaba hablando?
¡Yo inocente, de negra impostura!
A Dios vanas ilusiones.
Escuchad... (saliendo d la escenaj
de mí ten piedad.
Este ramo, que estaba
preparando, con las flores
derni jardin... tomad.
¡Jamás!
Son tan inocentes,
como el cariño mió.
(Xe dd el ramo, Adulfo lo toma y lo ar-
reza sohre el pddaño, yoase. — Elena
d la suya, cerrando él jardint con
desden. J
ESCENA XIII.
D. Gregorio, Gumersinda y Rafael (después.)
Gregorio. A la obligación,
los enfermos de cuidado,
son de preferenteatencáon.
fTira de la campanilla de la puerta del
jardin y le ^e.) '
Gumersinda. Señor Doctor, ("saliendoj
4
—26--
Gregorio. ¿y la enferma?
GüMERSiNDA. Oreo está peor.
Gregorio. Voy sin dilación, {entra en la casa)
GüMERSiNDA. Pero ya es hora fd la escenaj
de la limpieza,
y es menester
hacerla con presteza.
{Con el sacudidor limpia la reja y la
verja del jardin,)
Rafael. '" No lo he encontrado, {saliendo)
por mas que lo he buscado.
¡Pero tate, la criada de esta quinta,
la del otro dia, la bella niña!
¡Algo me tenia de haber encontrado!
Por casualidad,
y que linda que es.
Su rostro, es tan rojo,
como un clavel.
GuMERSiNDA. No Señor,
a(]^uí no se venden,
ni rosas,
claveles,
ni mosqüetas.
Es un recreo,
de mis Señoritas.
Rafael. A pares.
GuMERSiNDA. Si, sondes hermanitas.
la mayor se llama
Elena, la menor Marta.
Rafael. ¿Son solteras?
GuMERSiNDA. Vírgenes de puro candor,
Rafael. Un para-aguas...
GuMERSiNDA. Uno compré ayer.
Rafael. ¿Si será el mió?
GuMERSiNDA. Al público estaba,
con dos letras
enlazadas.
— S?7—
Rafael. Una cifra, la C y F,
Conde de la Florida.
GüMERSiNDA No sé leer,
mas voy por él {vapor él)
Eapael. ¡¡El mismo!! ♦
/Reconociéndolo y lleno de alegría, le
dé muchos besos y abrazos J
GuMERSiKDA ¡Insolente.— atrevido!
(Dándole un bolso con monedas,)
Rafael. Tomad, para un vesttdo.
GuMERSiNDA . Gpacias , gracias .
este ramiflete tomad.
{Dándole el ramo de flores d Rafael,
quien vase.)
ESCENA XIV.
Dicha. Bartolomé.— Marta y Elena, {después.)
Bartolomé. ¿Esta es la casa de la viuda
del Coronel D. Antonio
Chinchilla?...
GuMERSiNDA. La misma.
Baírtolomé. De parte de D. Eduardo
Rósales . . . para la Señorita
Doña Marta.
(Entregándole una caria J
GuMERSiNDA. Está mujbien.
Bartolomé. A los pies de V. {vase.)
GUMERSINDA. Agur.
Señorita Marta, {llamando)
Marta. ¿quié es? (de adentro)
GuMERSiNDA. Una carta.
Marta. A ver. {saliendo á fuera del jardin.)
GxJMERSiND A . Tomad ...
Marta. {leyendo en voz (uta,)
«Anoche mis esperanzas fenecieron.
Marta, he visto un bulto, un hombre,
parado á la reja, después que yo la
abandoné.— La vida me es muy pesada,
cruel. — En el mundo, ya se acabó la
—28—
virtud, todfi és^ una mentira. — Dentro de
una hora y á su vi^ daré Sñ • '& mi
\ existencia.— *iK5?í^^rá(>. »
(declamandoj
¡Diosmio! qué es esto, no puede ser mas,
que el fruto de una calumnia. —
Mi conciencia está tranquila,
mi conducta, es tan pura,
como la luz divina del sol.
(Se desfallece y y se le cae la carta, ca
pendo sobre él jpeldano.)
GuMÉRSiNDA. Señor Doctor, Señor Doctor.
Gregorio. ¿Qué se ocurre? > {saliendo)
GuMERSiNDA. ¡La Señorita Marta!
Gregorio. Un desmayo...
el pomo del espíritu,
volad... Pobrecita,
perdido su bello color,
opaco de sus ojos el fulgor.
GUMERSiNDA . 1 omad . {volviendo)
Gregorio. Es un soponcio.
Descuidad. .'.
{Le aplica el pomo.)
Ya vuelve en sí.
Marta. ¡Eduardo!
GuMERSiNDA. Negra trama.
Gregorio. Lances de amor.
Gumersinda al lecho,
mucho abrigo...
( Vase Marta, apoyada en Gumersinda
y se detienen un poco en el jardín.)
Elena. .¡Hermana mia!
Marta. ¡Elena!
Elena. Qué tienes...
Marta. Nada... un poco
indispuesta . . . {vase)
.Tífíar-
ESCENA XV.
Dicho. Bafabl, Elbna. {desfk la^jpt^erta de la casa.)
Rafael, La Señorita, {entrnndó)
Doña Elena Chíncl^Ula.
Elena, ¿Qué se le ofrece? (safiendo d la escena)
Bafasl. De parte del CoAde de la Florida.
Elena. A ver.
Rafael. Tomad...
A la orden de V. : {¡OMse)
Elena.
(peyendo)
«Un ciego ao^or, me }ia impulsado, en
una noche hom|)le» ififernal, acercarme
á su ventana.— No he temido á los fu-
riosos elementos; ni el trueno, que zum-
baba en mis oidos^ ni la lluvia que Qaia
á torrentes, evitaron, mí idolatría hacia
vos. — En cambio, al volver las espaldas,
un rival mas dichoso, conversaba con
aquella, que yo creia, me era fiel.—
Dentro de una hora,. y á y:u€«(tra pre-
sencia, dejaré de (^}bí\v. — La Florida.^
{Se le cae la carta y se desmaya Sfíbveiél
banco.)
Gregorio. Otra tenemos...
Gumersinda , Gumersinda.
GüMERSiNDA. Señor, Señor. (saliendo)
GREGORIO . El Álcali- volátil ,
aquel tarrito...
Gumersinda. Que está sobre
el velador.
Gregorio. El mismo.
( Vase 0%tímrsinf[fl)
Gregorio- ¡Pobrecita!
lo que son losxikQVÍf»...
Gumersinda. Aqui esfá Qii^i^ndé
Gregorio. Unas gotas,
echad. . .
fChmersinda merte en él pañuelo de D.
Gregorio, unas gotas, quien se lo
aplica J
¡Adolfo!
dueño mió.
¿Qué es éso,
mi hermana...
¡Elena!
¡Marta!
GuMERSiNDA. Señorita, {á Marta)
por el estilo
otra cartita.
Elena. ¡Adolfo!
Elena.
Marta.
Elena.
Marta.
Pero antes,
que nuestros amantes,
tanto nos querian.
¿Por qué estas cartas,
ahora nos envian?
GUMERSiNDA. Debe ser el fruto,
de una ^ave,
equivocación .
Marta. Asi será,
y tal vez
tengan razón.
{Permanecen cuidando d Siena J
ESCENA XVI.
Dichos. Eduardo. Adolfo.
Aix)Lfo* la muerte ó la vida.
Elegir armas,
Eduardo. La pistola.
duelo ó jeuicidiOí
-31-
Adolfo.
El duelo es mas noble.
Marta.
¡Eduardo!
Elena.
¡Adolfo!
( Volmendo en si, se levanta como una
furia, y le quita la pistola. Marta
hace lo mismo.)
Gregorio. Señores, ya la pendencia,
se acabó...
{Interponiéndose entre los dos)
Lástima es,
que dos jóvenes,
mueran en flor.
FIN DEL ACTO PRIMERO.
C'
ACTO
t . <
LA ENFERMA
'^áo $emnho.
»»3jqccctt
Gabinete modestamente amueblado, á la derecha
del espectador; dos puertas laterales, una de estas,
con cortinage; otra á la Izquierda y otra grande al
íondo, con su tirador de campanilla. Al frente, una
cómoda, con su respectivo espejo encima y floreros, á
nn lado de la puerta principal y al otro, una mesa,
con tapete y recado de escribir, sillones; y al otro,
una tarima, con su copa y fuego en ella.
ESCENA I.
D.* Brígida, aparece sentada al lado de la copa; y de
vez en cuando, remueve él fuego\ con la badila.
Qué agustia,
qué pesadez;
qué agonía,
qué languidez.
Vivir de esta manera,
es'tan cruel...
Tantos medicamentos^
tomados con el ojimiel.
Tres años de sufrimientos,
y de continuos tormentos.
Ni los brevages, ni los opiatas,
electuarios, resolutivos; ^
u pildoras ,^ íiyudas, ■
—34—
I
sinapismo, cáusticos*
Ni los temperantes, emolientes,
anodinos, narcóticos;
fortificantes, rubefacientes,
Absorventes, carminativos.
Nada, todo es música celestial,
la muerte será mi conclusión final .
ESCENA II.
MABTA.
Brígida.
Marta.
Brígida.
Marta.
Brígida.
Marta.
Bicha. Marta,
¡Mamá!...
¿qué tal, os ha sentado
la medicina?
La de hoy, muy bien.
Desde que D. Gregorio,
os visita, observo estáis mejor.
El rostro, que es el espejo del alma,
manifiesta sonrosado color.
Antes mucha languidez.
y suma amarillantez.
Es un famoso doctor,
médico de Cámara,
No visita mas que á la aristocracia,
á los Duques, Marqueses,
rara vez á la democracia.
y es mucho, de agradecer,
venga á visitar al arrabal,
á una familia de poco caudal.
A la viuda de un Coronel...
Cuando venga le pagaré,
se le deben muchas visitas.
Hasta ahora, no ha permitido.
por su trabajo, obtener,
columnarias pesetas.
Es muy generoso.
¡Y muy guapo mozo!
• •
Brígida.
Marta.
Su salud, algo quebrantada,
ha venido á Córdoblí á mejorarla.
Le gusta por las mañanas salir,
visitar las encantadoras orillas
del Guadalquivir.
Me voy á reclinar, un poco...
Muy bien, .. déme usted, el brazo.
(Vanse al cuarto de la cortina^
ESCENA III.
Elena, sale besando él retrato de Adolfo, que lleta
al pecho.
¡Adolfo mió!
mi amor,
mandarme una carta
tan desconsoladora,
de injusto furor.
Esos celos infundados,
son los que te han
impulsados...
Cuando te amo tanto,,
eres la luz (jue guia,^
• mi existencia,
el faro de mi vida.
No puede vivir,
sin mí; la temjjestad pasó;
y quiere revivir,
correspondencia de amor.
Adolfo.
Elena .
Le voy á despedir,
me deje en paz,
sola, con mi hermanita
y mi Mamá.
* >•••
¡Elena, Elena! {de adentro)
(golpeando á la ventana)
¡No lo dije,...
si no me deja de vivir!
(^Adolfo golpea con mas fuerza.)
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
—36—
Le abro, lo recibo, nó,
no lo quiero recibir.
{Aproadmdndose á la ventana.)
{Adolfo vuelve d golpear.)
Qué fastidioso...
¡Mas quién se resiste,
á un amoroso adalid!
{A inendo la puerta . )
Estrella divina, {saliendo.)
que alumbráis
al firmamento;
diamantina,
Surpurina,
el Cielo apo^nto.
Porfiado galán,
martíharos, no me deiais,
ün momento de paz.
Dijustada me tenéis,
con aquella misiva cruel.
Asi como, por derrochador,
faltáis al estudio,
y en el examen probareis,
vuestra falta de aplicación.
Siempre por esa Sierra Morena,
en busca de los osos, jabalíes,
podéis encontrar una pantera,
y á morir se esponeis.
¡Demonio de afición,
las cabezas de la caza
ponerla luego en el corredor!
Me acompaña mis criados,
hago parada en el Capricho;
de mi pariente el Marqués
de Benamejí, palacio de recreo.
\
ESCENA IV.
Adolfo. Elena, después D. Gregorio. (Suena la
campanilla. J
Elena.
Adolfo.
Elena.
Gregorio.
Elena.
Adolfo.
Gregorio.
¿Q¡uién será?
sin duda, el médico.
¡D. Gregorio!...
Sin duda. . .
esa persona tan digna
tan numanitaria,
tan filantrófica.
Que de la altura,
que su saber, su ciencia,
le ha colocado;
ora visita al poderoso
como al desvalido. {Le airela puerta)
Buenos dias.
Señorita Elena.
Buenos dias,
Señor Doctor.
¿Estáis de sus achaques,
ya mejor?
¿Este pais, os sienta bien?
Sí, desde que respiro,
el ambiente puro ael aire,
doy mas libre el suspiro;
que á Marta dedicado,
S[uisiera, por ella...
uera aceptado.
fpausaj
En la Corte, sofosante,
una atmósfera,
pestilente»..
A caballo hago mis escursiones,
á Córdoba la Vieja, á Rivera, .
al Capricho, á las ventas de Alcolea.
Este movimiento, esta acción,
Adolfo.
Elena.
Adolfo.
Elena
han fortalecido mi constitución.
Otras veces prolongo mas el viage,
y me dirijo a Sierra Morena,
á las Ermitas,
á Belmez y Espiel,
ásus cuencas carboníferas;
esas piedras negras,
que puestas en combustión,
dan unnulso á las fábricas,
á los ferro-carriles,
á las navegaciones marítimas
por medio ael vapor del agua,
en ebullición.
La gloria de esa invención
se debe á un navegante español.
A Blasco de Garay.
' Hizo un ensayo
para propulsar,
una nave de doscientas toneladas,
llamada la Trmidad.
En Barcelona, en 1543,
llegada de Oolibria
al mando de Pedro Scarza,
su Capitán.
Francia, Italia, Inglaterra,
y los Estados Unióos; se disputan
la gloria, de la invención, del vapor;
pero el descubrimiento,
es del Ilustre marino esi^diño\.{con/íierza)
{ pausa)
La máquina, en aquel puerto se probó,
nombrada por Carlos Quinto,
una científica comisión.
Los esperimentos estrangeros,
mucho después se verificaron,
i. *..«..••
Se reducía á una gran caldera»
de agua hirviendo y unas ruedas
cotíipiicadas de madera,
á uno y otro lado de la embarcación.
Aquel asombroso invento,
perfeccionado con el tiempo;
le quita las alas al viento.
Y marchamos, tan cierto
y ligero á Paris, Berlín,
Mosco w y San Pesterburgo;
que el mismo diablo, del aserto,
se espantaría del portento,
del huma y del movimiento.
./ . , fpausa)
Gregorio. España, otras veces, la Señora del mundo,
tan rica en productos agrícolas,
minerales, riqueza pecuaria, marinas,
y ahora en letargo profundo.
.' (pausa)
Elena, Consiste en que todos los dias,
hay una zaragata, una revolución;
la presa se disputan como fieras,
en Madrid, se vende dulce turrón.
Adolfo. Levanta tu cabeza, noble y erguida,
{con energía.)
y será acatada, respetada y querida.
Gregorio.
Elena.
Adolfo.
¿Y la enferma?
Creo está peor,
la fatiga le produce,
sofocación...
Lleva tanto tiempo de padecimientos,
ya desahuciada por muchos médicos.
Mi única esperanza,
la cifro en vos.
En su habilidad,
y en su famosa reputación.
Gregorio.
Adolfo.
—40—
Confio en Dios.
{Vanse este y Elena ai cuarto de la
cortina)
Mucho,
alivio
deseo.
Aqui reina, una agitación estrema,
la hoguera encendida, va á estallar.
Voy á mi casa, tomo la escopeta,
y me lanzo á la calle... á olfatear
. {pausa)
y si preciso fuera, al campo á pelear,
el puesto del honor me llama,
acudamos liberal.
( Vase 'por la de enfrente)
ESCENA V.
GUMBRSINDA, sole por la puerta principal, con man-
tón y cesta.
Vengo de la compra,
el pueblo está armado. '
Muchas tropas
vienen de todas partes.
No se puede transitar,
> por la calle del Potro,
y los alrededores déla Catedral.
Yo me apresuré á comprar,
y en casa me meto,
por si esto, viene formal.
Esto es, el juicio final.
ipatisa)
{Vase a su cuarto, izquierda)
-41—
ESCENA VI.
D. Gregorio. Elena. Marta, {salen del de ia
derecha, y después Gümersinda, por la izquierda^
Gregorio.
Elena .
Marta .
Gregoiíio.
Elena.
Gregorio.
^ Marta.
Elena.
Gregorio.
Marta.
Gümersinda.
Marta.
Gümersinda.
Elena.
iSfUMBRSÍNDA.
Junta al instante...
la enfenna,
está de sumo cuidado...
Agotados los medios
terapéuticos,
hay que apelar
á los quirúrgicos.
A la operación
de la paracentesis.
Como único y supremo
esfuerzo de la Medicina.
Vos sois el médico de cabecera
y lo que disponíais... •
Damos, por necHo.
Pues Junta.
¿A quién se llama?
A quienes ustedes quieran.
A D. Diego Rodriguez.
Y á D. Salvador Valdecaiito.
Conforme.
Gümersinda. ftlamándólaj
Señora. fsaliendoj
Al instante llamad,
á D. Diego Rodriquez,
y á D. Salvador Valdecanto,
que antes visitaron á Mamá.
Pero, si por las calles,
no se puede transitar;
no se vé, mas que gente
armada, fusiles, escopetas,
tambores, cometas
y una efervecencia infernal.
No hay, otro remedio.
¡Y si me meten,
6
■ I
—42—
en el principal!
^con intencionj
Marta.
Gregorio.
En fin, allá voy, y sea
lo c|;ue Dios quiera. .. . "!
("Vase d su cuarto, toma él mantón^ vol-
mendo; vase por la puerta principal
de enfrente)
Tomad, señor Doctor,
el importe de vuestros
honorarios ... (le ofrece un bolsoj
Que disparate, '
mi único anhelo,
es procurar restituir;
mi vehemente deseo.,
á la enferma , la salud , ;
con tierna solicitud.
( Vase al cuarto de la cortina con Mena)
ESCENA VII.
MARtA. Eduardo (por la principal J
Eduardo. Hoy no salir á la calle,
ni á misa, Gordo va
es un babel...
¿Y Mamá? *
(pausa)
Peor,
pide Junta,
D. Gregorio.
Pues Junta,
la misión que me trae,,
hoy á visitaros,
es el de despedirme de vos.
Tengo que partir, sin dilación,
para Manila,
via de Marsella
por el primer vapor.
Marta.
Eduardo.
Ayer recibí, una misiva, de mi tic»
rico hacendadbp de aqUeUfi pabladon:
/
Marta.
Marta.
Eduardo.
Marta.
-43-
es muy anciano y t^l vez, me declare,
su heredero universal, á su defunción.
Voy á despedirme
de Elena y de tu Mamá,
{Entrando en la haütacion de esta.)
¡Como una piedra,
me he quedado. . .
Se fué para mí,
el lucero adorado! • . '
D. Gregorio, con atención
cariñosa me mira,
su mustio corazón ;
propicia, creo esj^ra,
favorable ocasión;
Es seguro, recibirá
inesperado alegrón.
Nosotras, qué esperamos
evL el mundo, sino una colocación.
. (^pausa)
Un rato á la labor,
otro ál balcón,
en el peinado, bella flor,
en el vestido, no falte un botón.
(^pausa)
{EduQ/rdo sale y desde él dintela del
cuarto de acuella)
A Dios, á Dios.
¿Y volverás pronto?
]Hiia mia!
será muy difícil...
conque asi, á Dios (abrazándola, vase.)
A Diófl, á Dios.
Se fué mi ¡Eduardo!
haga buen viaje,
quiera Dios.
Le salve la tempestad
^e la furia, s^ rigor.
Mis relaciones
dieron conclusión.
--44-
ESCENA VIII.
Dicha. GüMERSiNDA, fpor la principal y entra y deja
el mantón sobre una silla.)
GuMERSiNDA. La diligencia despachacja,
los médicos pronto vendrán;
Tódavia me dura el pavor,
aquel rugir de las espadas,
y todo fué grave equivocación .
Mis Señoritas;
á sus respectivos amantes
en distintas horas,
é la reja los citó.
Marta. EUos acudieron,
y como se vieron,
era una misma
creyeron ;
hacia cara ^ las dos
y de aquí partió ' .
^ la ofuscación.
Aquel maldito,
para-aguas olvidado,
aquella capa empapada
en la verja colgada,
fueron la culpa
de la trabazón.
GuMERSiNDA.D. Eduardo, al tiempo de marchar
V encontrado no muy lejos de acá,
ha dado muestra de su hberalidad. '
Como recuerdo de despedida,
me ha regalado una onza de oro.
Y me compraré un miriñaque,
un trage, una bata, un gorro,
como Señora, aristocrática.
Marta. De tu clase, quiere salir,
cuando trasciende á democracia
»GüMERSiNDA. Nunca he tenido,
una moneda tan gorda...
Marta. Muger, se dice
—45—
de mas valor.
A ver...
GuMERSiNDA. Tomad.
Marta. El busto es de Carlos III,
rey sabio, prudente y justo.
^ Aquel, si que fué un gran Monarca,
E adre' benéfico de sus pueblos,
uena elección en sus ministros,
un Conde de Aranda, un Floridablanca.
En su reinado,
la marina militar,
lle^ó á un gran apogeo
poder colosal.
Hoy escalan el poder,
hombres de poca sabiduría,
y de poco valer.
GüMERSiNDA. Así anda ello,
siempre revuelto...
Voy á guardar
la onza al cofre. {vase á su cnarto)
Marta. Esa es la habilidad
de los polítiQos modernos
por regla general.
Mucho prometer,
nada bueno hacer.
ESCENA IX.
Marta. D. Diego Rodríguez y D. Salvador Val-
decanto. Suena la campanilla y aquélla dbre. Des^
pues D. Gregorio.
D. Diego y
* D.Salvador. Señorita,
buenos dias.
Marta. Buenos,
lo tengan ustedes.
Diego. ¿Y la enferma?
Marta, Peor,
pasen ustedes
a su habitación*
Salvador. C&n vuestro permiso* (^Stúe D. (hegOnol
Marta.
Gregorio.
Marta.
Gregorio.
Marta.
Gregorio.
Marta.
fSntran en d (matto de la cortina !>•
SoH'oadOT y D. Diega.)
Quiera Dios
le den la salvación.
Quiero aprovechar
los momentos,
mientras el diagnóstico
hacen mis compañeros.
Marta,
vuelvo á reiteraros,
mi carino,' mi pasión;
á manifests^ros,
este sincero amor,
hace tiempo os profeso, ,
sois vijda mia, mi embeleso.
Siendo tan buiena hija,
seréis I;)uena esposa.
Os contestaré.
¿Y cuando?
Salvándose la enferma.
Si mis compañeros,
son de la misma opinión,
es seguro el triunfo,
su salvación...
Entonces con mi amor,
pagaré vuestros desvelos,
vuestra abnegación.
{patcsaj
/■
ESCENA X.
Dichos. Elena. D. Salvador y D. Diedo. {mlviendo)
Diego.
{dB. Gregorio^
Compañero,
soy de vuestra
opinión, y
No hay otro recujrso,
que hacer de la paracentesis,
la operación.
Pues el líquido,
esparcido en el abdomen,
r
-47—
í empuja el diafragma, *
y demáa viceras,
naciendo ya muy difícil \
la respiración.
Salvador. Yo peopinaría la escila,
las nojas de digital purpurea,
las fricciones cop el acetato de amoniaco.
Diego. Esos son medios paliativos,
hay qiie recurrir á los heroicos.
Gregorio. - La punción ó la muerte, {con energía)
Esta última es infalible,
ejecutemos lo primero,
Dios querrá; '
evitemos lo segundo.
Diego. La operación,
la confiamos en vos.
{Entran en el cuarp. Siena con el pa--
ñuelo, injuga sus lágrimas. Marta
hincase de rodillas, hasta la conclu-
sión de la plegaria de Mena.) 0
Marta. Virgen María, ^
prestad acierto,
vuelva la alegría,
á estas hijas,
desventuradas,
y en tí confía.
{pausa)
Sé, Virgen beUa, »
mi amparo;
mírame con amor;
no soy digna,
con una mirada,
de compasión.
ípausaj
Elena . Virgen pia y clemente , {arrodillándose
• hasta concluir
laplegaria.)
amparo del desvalido,
desde la mansión celeste,
vela por nuestro ser querido,
/
Diego.
Salvador.
Gregorio.
Marta .
Gregorio.
Marta .
—48—
Yo vengo, Virgen á besar,
las estrellas de tu manto,
misericordiosa acoge nuestro llanto,
del peligro á la enferma salvar.
' . . (pausaj
Niñas la operación , {saliendo 'primero)
salió ala perfección.
La enferma, {despnes)
ya respira mejor.
La ciencia triunfó. {último)
¡Con qué, Señor Doctor
podré pagaros, vuestra ciencia,
vuestros servicios, su abnegación!
¡¡Con vuestra mano!!
HiComo DEUDA DR GRATITUD!!!
FIN DEL DRAMA.
EL DIABLO EN EL nOLINO
n- ;
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.y
Á->
Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie podrá,
sin su permiso, reini]n*im ría ni rdpiesentarla en Es-
paña y gu8 posesiones de Ultramar, ni en los paÍT«s con
quienes hnja celebrados, ó 5» celebren en adelante tra-
tados intero&cionales de l)ro^ iedad literaria.
Los autores se reb*^rvan el ñerecho de traducción.
Loa comisionados lie las Galerías delosSree. Hidal-
go y Arregui y Aruej, son los encárgalos exclusiva-
mente de conceder ó neg-ar el permiso de represen-
tación y del cobro da los uereclios de pro'áedad.
Queda hecho el de;-ó¡sito que míiviui la ley.
Por ser tan vivo de genio el Sr. Ciiartcro, no ha sido
posible imprimir esta obra hasta la cincuenta represen-
tación.
ViGARVA.
OPUm CÓMICA ER ER ICTO T DOS CUIDIOS
LETRA DE LOS SEÑORES
CUARTERO Y VIGARVA
MÚSICA DEL MASSTBO
DON RAFAEL TABOADA
Estrenada con gran éxito en el TEATRO DE RECOLETOS la noche dei
n de Julio de 1891
-<^^^^^-h
MADRID.
R. VELASCO, IMPRESOR, RUBIO, 20
1861
\/'
I/'.
Á LA SEÑORITA
f)oííá I<uéfeéiá, ^fáijá
Ya que Lucrecias la historia
menciona tan sólo dos,
muy pronto será precisa
esta notable adición:
« Lucrecia Arana y cantante,
£ntre todas la mejor,
que aun haciendo de diablo
tiene de un ángel la voz. »
^uaztcto
9)
ic^axva
Madrid, 26 de Agosto de 1891.
REPARTO
rZfiSOlTAJSS
ACTOBES
LAMBERTO. . • Srta. D.^ Lucrecia Arana.
BERTA » » PiIarAcevcs.
C0LÁ8 Sr. D. Vicente G.« Valero,
EL BUQUE i) » » Mariano de larra.
FINGEELING » » Alfredo QueYedo.
UN ALDEA^O •» » Pablo Arana.
Aldeanos y aldeanas
La acción en el Ducado de Augustoburgo (Sajonia)
Siglo XVII
(l) Por iDdisposlción del Sr. Larra se encargó dol papel el beñor
Vcdia desde la quinta representación.
ACTO ÜNICO
CUADRO PRIMERO
Campiña frondosa. A la derecha una granja ó casa de labor, con
pnerta practicable.
ESCENA PRIMERA
ALDEANOS y después COLAS y BERTA por la primera derecha
Maslca
Coro Hoy es día de alegría,
de placer y bienestar,
pues se cafia la muchacha
más bonita del lugar.
La fortuna le sonríe
á ese timo de Colas,
pues se lleva la muchacha
más bonita del lugar.
Aquí los novios llegan,
que vivan años mil;
la novia es muy bonita,
el novio muy cerril.
Desde hoy siempre juntitos
felices vivirán,
y boda tan dichosa
preciso es festejar.
8
Colas
Coro
Berta
Coro
Mujeres
Colas
Berta
Coro
Mil gracias muchachos.
¡Que viva Colas!
Gracias, amigas mías.
Qué bonita está.
Envidia nos causa
su felicidad.
Pronto mi esposa,
Berta, has de ser,
y yo tu esposo
amante y fiel. .
Yo tus caprichos
satisfaré,
como un borrego
por tí seré.
Nada me importa .
que quieras ser
conoto un borrego
sumiso y fiel.
Toda mi alma,
toda mi fe,
la tiene otro,
lo sabes bien.
Al ver en ella
tanta frialdad,
muy mala espina
esto nos dá.
Berta es muy lista,
torpe es Colas,
y algo muy grave
le ha de pasar.
HaMado
Colas Bien; basta de bulla y dejadnos en paz.
Berta Yo os doy mil gracias.
Colas Y yo también por vuestras atenciones, y
sólo me resta rogaros paséis á mi casa á be-
ber y comer todo lo que os apetezca.
Uno jViva Colásl
Todos ¡Viva!
Ald. (Llevándole aparte.) Sea enhorabuena. Colas.
¡Cómo te envidiamos todos! ¡Buen bocado
vas á comerte!
Colas ¡ Animall A tí sí que te hace falta un bocado.
— 9 -~
Berta Entrad, amigos míos.
Uno ;Que vivan los novios!
Todos ¡Vivan! (Vanse por la izquierda.— Rltomello en la
orqueslft.)
ESCENA n
BERTA >' COLAS
Colas Nada, está demostrado que no hay manifes
taciones tan espontáneas como las de los
estómagos agradecidos.
Berta Colas, tengo que hablarte seriamente.
Colas Bueno; pues prometo no reirme.
Berta Ya sabes que pobre y huérfana me recogió
mi padrino, á quien procuro siempre com-
placer.
Colas Bien, ¿y qué?
Berta Espera. Mi padrino ha dispuesto que rae
case contigo, jiorque eres un hombre...
Colas Eso sí.
Berta Un hombre honrado.
Colas Como que me llamo Colas.
Berta Yo me caso por darle gusto, pero ya sabes
que no te amo.
Colas Vamos, no disimules, mujer, déjalo para
después de casados.
Berta {Animal!
Colas ¡Dice que no me ama y me llama animal!
(Riéndose mucho.)
Berta Ya te he dicho mil veces que mi corazón no
me pertenece, que es de otro.
Colas Pero, mujer...
Berta Y qué quieres, yo le he jurado eterno amor.
Colas Eso no es más que una alucinación; no en
balde os llaman flacas á las mujeres.
Berta ¿Y tengo yo la culpa?
Colas ¿De ser flaca?
Berta De que hayan ganado mi corazón.
Colas ¿^^^ jugado? |Haber dicho... mus!
Berta Tú no eres capaz de comprenderme y te
dejo. Reflexiona bien á lo que te expones si
te casas conmigo. (Entra en la casa.)
— 40 —
ESCENA III
COLAS, á poco EL DUQUE, FINGERLING y CORO, por la izquierda
Colas ¡Que reflexione! jQue reflexione!... La cosa
tiene mucho que pensar... (Después de meditai-
un rato.) Pero, ¡bah! Me caso y luego pensaré
lo que debo hacer. Si todos los maridos lo
hubieran reflexionado antes no habría ba-
das, y no habiendo bodas... pues, ecétera.
Música
Coro El Señor de estos dominios
boy nos viene á visitar,
y sin duda vá de caza
por lo apuesto y lo marcial.
¡Viva el Duque! Viva el Duque,
nuestro noble bienhechor,
que perdona los arriendos
si es mal año de labor.
¡Viva el Duque! ¡Viva el Duque,
nuestro noble bienhechor!
DuQ. (saliendo con gravedad cómica, seguido de Pingerling.)
Yo soy un Duque singular,
original, muy especial,
que su ilusión es el cazar
y buenas liebres atrapar.
Por mi donaire sin igual,
no falta nunca una beldad
que admire el porte seductor
del más bizarro cazador.
¡El terror de perdices, conejos,
, de patos y liebres
el gran tirador.
Coro Pues hace bien
el gran señor,
en sostener
esa afición.
Mas como al blanco
nunca da, ,
ni una perdiz
logró cazar.
Y le elejamos
con su ilusión,
porque siempre nos compra perdices»
conejos y liebres
el buen tirador.
DuQ.
Coro
Yo soy un Du(jue original,
que abandonando la ciudad,
se viene al campo, y le es igual
el que haya caza ó no cazar.
Pero si encuentro una mujer,
se inunda mi alma de placer,
y del conejo corredor
no hace gran caso el cazador;
porque quiero muchachas bonitas,
remonas y guapas,
que es mucho mejor.
Pues hace bien
el buen señor, etc.
H¿&bl:4cio
FlNG.
DüQ.
PlNG.
DuQ.
FlNG.
Colas
FlNG.
Colas
FlNG.
Colas
FlNG.
Colas
DuQ.
Señor: debo advertiros que no hay que per-
der tiempo; la noche se viene encima y hay
que pensar en buscar alojamiento.
Procura que sea donde haya mujeres bo-
nitas.
Pero, señor...
Haz ió que te mando. Ya sabes que soy un
Duque oríginal, y no permito que me con-
tradigan.
(a Colas, que estará á la puerta dé la casa.) ¡Acér-
cate, estúpido!
(¿Quién será éste que me conoce?)
¿A quién pertenece esa casa?
Al padrino de mi novia.
¿Es guapa?
Como un sol.
(ai Duque.) Ya tciiéis el alojamiento que de-
»seábais.
¿Qué, pensáis hospedaros aquí?
i Yo soy un Duque muy original!
— ín-
colas
DUQ.
•OOLÁS
Coro
DuQ
OoLÁS
Coro
DüQ.
Colas
Coro
DuQ.
Colas
DüQ.
FíNG.
Colas
FlNG.
Vos podréis ser todo lo original que queráis,
pero en esa casa no podréis dormir.
¿Por qué razón?
ror la razón de que me voy á casar esta no^
che. ¿No es verdad que voy.á casarme?
Sí, si; va á casarse.
Mejor.
Y habrá b illa. ¿Verdad que habrá bulla?
Si, sí la ha:)ra'
Mejor.
Y habrá...
|Já, já, já!
Mejor.
Y además, ya comprenderéis que yo necesito
quedarme solo con mi mujer:..
Fingerlíng, dispon lo que te he ordenado.
Entremos, señor.
Pero ..
Entremos. (Entran en la casa. Ritornello en la or-
questa. El Coro se va por la izquierda, haciendo burla
a Colas; éste los arremete, las mujeres dan un chillido
y desaparecen. Golas se va por la derecha arriba.)
ESCENA IV
BERTA, que sale de casa
jEs imposible convencer á Colas! ¡Y nada,
mi padrino se empeña á todo trance en que
la boda se efectúe! ¿Por qué no hemos de
tener Hbertad para, expresar nuestros sen-
timientos? Si así fuera, yo le diría á mi
Lamberto.,.
Lam.
Masica
(Dentro.) Anior es la delicia,
si se ama con pasión;
su fuego da la vida
al triste corazón.
Dame tu amor;
que suspira por tí fiel y amante
el trovador.
- 43 -
ESCENA V
BERTA y LAMBERTO
Lam. ¡Berta mía!
Berta ¡Mi Lamberto!
Lam. ¡Luz del cielo!
Berta ¡Dulce bien!
Lam. El hr.llarto entre mis brazos
es la dicha que soñé, (se abraz«n.
Como en la aurora
naciente, el sol
H'i hiz derrama
sobre la flor,
así, bien mío,
al verte yo,
lu2 á mi alma
presta tu amor.
Berta Como en la aurora
naciente, el sol
su luz derrama
sobre la flor,
así, bien mío,
al verte yo,
late amoroso
mi corazón.
Lam. ¡a salvarte, mi bien, yó vengo aquí!
Berta ¡Con tu amor, mi Lamberto, soy felizf
Lam. ¡Con ingenio y astucia venceré!
Berta ¡Tuya siempre, yo juro, ñel seré!
Los dos Como en la aurora, etc.
¡Oh, qué dicha es amar
con ardiente pasión!
¡Es delicia sin par
el gozar del amor!
¡Mi dulce bien,
mi dulce amor,
tuyo será
mi corazón!
— i4 —
Hablado
Bert^ Pero, ¿cómo has venido?
Lam. ¡Por salvarte lo he arrostrado todo! Sé que
esta noche te ibas á casar con un estúpido,
que de seguro no sabe apreciar los tesoros
que encierras en tu corazón.
Berta ¡Y lo malo es que la ceremonia se llevará á
efecto.
Lam. Ya lo creo que se llevará. •
Berta Entonces no veo la salvación.
Lam. Sólo que habrá algo imprevisto.
Berta ¿Algo imprevisto?
Lam. Confía en mí , que pronto hallaré un medio
para que seas feliz con tu esposo.
Berta ¡Imposible! No le amo.
Lam. Ya le amarás.
Berta ¡Si es tan feo!... Me voy; si nos vieran juntos,
daríamos que murmurar.
Lam. ¿y te vas así?
Berta ¿Cómo?
Lam. Sin darme un abrazo.
Berta j,Y si nos vieran?
Lam. Nada temas, bien mío. (La besa la mano ai mis-
mo tiempo que sale Colas, con capa.)
Colas (¡La llama bien mío! ¡Y la abraza! Pero , no
importa... Me caso, lo he reflexionado bien.)
Berta ¡Colas! (Vase corriendo.)
ESCENA VI
LAMÜERTO y COLAS
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Señor bar] ji lampiño, ¿sabéis que Berta se va
á casar esta nocl;ie?
Lo, sé.
¿Y, sin embargo, la abrazabais?
¿Y qué mal hay en ello?
Mal no hay ninguno; pero yo voy á ser su
marido, y no consiento...
¿El qué?
No consiento que nadie la abrace antes
que yo.
— IS-
LAM.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
IjA^Í.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
¿Y ella te ama?
Yo creo que sí, aunque dice que no ; pero á
las mujeres ya sabéis que les gusta disi-
mular.
¿Y, sin embargo, te casas con ella?
A lo seguro me atengo; Berta es muy boni-
ta y además tiene buen dote.
jY si te pesa?
Que me pese.
¿Y si después?...
También me caso; he decidido sentar pla-
za de...
jEstúpido!
De eso.
Oye, Colas; voy á proponerte un negocio.
¿Qué dote tiene Berta?
Cuatrocientos florines.
Yo doblo la cantidad si me dejas ocupar tu
puesto.
¿Cómo?
Casándome con ella.
Pero eso no es pasible, se conocerá el cam-
bio y todos se burlarán de mí.
¿Y qué te importa, si vas á ser rico?
(Después de pensar nn breve momento.) Acepto. Es
un ])onito negocio, doblo la cantidad y me
deshago de una mujer que, aunque me
ama, lo disimula mucho.
Dame tu capa y toma. (Le da un bolso y Coiós
le entrega la capa.)
(Abriendo el bolso y contemplando el dinero.) ¡Cuán-
to oro! No vale tanto una mujer, por guapa
que sea.
No olvides que este convenio ha de quedar
entre nosotros.
Descuidad
Protegido por la noche, voy á casarme con
tu futura.
¿Con mi futura? ¡Já, já! ¡Tiene gracia! Pero,
decidme , ¿vos quién sois?
El diablo.
(santignándose.) ¡Ave María purísimal... ¿Y
veníís?...
Del infierno.
~ i6 —
Colas Buena tierra para el mes de Enero.
Lam. Largo, á esconderte; cuida con no faltar á
tu promesa, y además has de obedecerme
en todo, porque si no...
Colas Descuidad. (No hay duda, es el diablo; pero
lo cierto es que estos son florines. ¿Harán
moneda falsa en los infiernos? Eso sí que uo
me gustaría.
(Vase por la izquierda. Obscura la escena.)
ESCENA Vn
LAMBERTO , luego BERTA y CORO
Lam. La noche está obscura, y embozándome no
es fácil que me conozcan; el Padre Agustín
está preparado de antemano, es amigó mío y
me guardará el secreto. (Se oyen voces dentro.)
jYa vienen! (Lamberto se emboza en la capa, da el
brazo á Berta, que sale de la casa y desaparecen por
la derecha; el coro sale por la izquierda y sigue á IO0
novios.)
Hfnsiea
CdRO Vamos contentos
hacia la ermita,
tan grata boda
á celebrar.
Y que los novios
felices sean,
miles de años
en el lugar,
HVTACIOJT
— n
CUADRO SEGUNDO
Interior de un molino.— A la derecha, en primer término, puerta
practicable que figura ser la habitación do Berta; en segundo
término, una escalerilla que conduce al dcsváu ó cámara, con
ventana grande, practicable, en la derecha del foro, y capaz para
colocarse una persona de cuerpo entero.— A Ja Izquierda y en
primer término, puerta también practicable, que íignra Hcr la
habitacii'm donde se encuentran alojados el Duque y Fingerllnp;.
—Portalón grande en el foro en forma de arco.— Varios sacos y
útiles propios de la molienda eu diferentes sitios.- A la izquier-
da, en segundo término, una messi sobre la que habrá una vía
encendida.
ESCKNA VIII
El DüQüE y FIXGKRI l'SCr sin CHroüHos, espuelas, arrnag, etc.
Luego LAMBERTO
Hablado
FiNG. Pero, señor, parecéis un molinero; estáis
todo empolvado.
DuQ. Ya sabes que, á pesar de mi edad, me gus-
tan las aventuras amorosas.
FiNG. Reflexionad que en^ este maldito molino,
según cuenta la tradición, anda el diablo.
DuQ. (íTe permites darme consejos?
FiNG. Es por vuestro bien.
DuQ. Te prevengo que soy...
F'iNG. Un duque sumamente original; losé desde
el primer día que entré á vuestro servicio.
DüQ. Pues bien; es necesario que los novios no
nos vean.
FiNG. ¿Pero el marido?...
BvQ. Es un animal.
Finí;. No me opongo, pero es un animal que puede
darnos de palos.
\)v<j. f;Tienes miedo, por ventura?
FiNG. Por Ventura, no; por mi, que no me haría
gracia semejante caricia.
DuQ. Calla, cobardón; mira qué sereno estoy. Eso
que se cuenta del molino es pura patraña.
FiNG. ¿De modo que no creéis?...
— '18 —
DuQ. ¿En el diablo? ¡Qué he de creerl Aquí no
hay más diablillo que una hermosa mucha-
cha, á la cual es preciso conquistar,
FiNG. ¿Pero qué plan tenéis?
DuQ. uno, tan original como mío. Los duques de
Augustoburgo son demasiado nobles para
consentir que un villano se lleve semejante
tesoro.
FiNG. ¿De modo que pensáis?...
DuQ. jFingerling! ¿Te permites hacerme observa-
ciones?
FiNG. Dispensad, señor, pero no sé lo que me digo.
Además, desde que entré en este molino,
tengo un miedo atroz. Aseguran que el dia-
blo empieza por llevarse á los mayordomos.
DuQ. No tendrás la conciencia muy limpia.
FiNG. ¡Qué queréis, señor; todos somos pecadores!
DuQ. Bien, no pretendo confesarte; pero te doy
la absolución con tal de que salgamos bien
de esta aventura.
FiNG. ¿P^^'^ persistís?...
DüQ. Calla, coge la luz y ocultémonos; porque ya
no deben tardar los novios y es preciso que
nos crean descansando.
Fino. (cogiendo la vela.) ¿Y no sería mejor?...
DüQ. Te repito que no necesito tus consejos.
LaM. (Sale por la puerta del foro y se detiene al ver al
Duque y Fingerling, permaneciendo medio oculto.)
(¡Cielos! [Mi tío y Fingerling! ¿Qué buscarán
en este sitio?)
DüQ. Además, ya sabes que la molinera me ha
impresionado vivamente.
Lam. (¿Conque esas tenemos?)
DüQ. Y que el marido no nos estorbará.
Lam. (Eso lo veremos.)
FiNG. Ya sé que habéis dado orden de que lo se-
cuestren.
DüQ. Por esta noche nada más.
Lam. (¡Hola, hola! No es mal susto el que os
pienso dar. Ahora, por el pronto, me cdn-
viene alejarlos de aquí.) (Se aproxima á Finger-
ling por detrás y le apaga la luz.) ¡Bribón!
FiNG. (Temblando.) jSeñor... Scñor... Han apagado
la luz!
— 19 —
DuQ. Habrá sido el viento. rAnda delante, cobar-
de, que estás temblanaol
FiNG. Pasad vos, que sois valiente y también
tembláis.
DuQ. Vamos, anda delante.
Fino. Os tengo demasiado respeto para pasar pri-
mero.
DuQ. Bien, agárrate á mi y pasaremos los dos
juntos. (Lamberto va por detris y agarra á Fíd-
gerling )
FlNG. (Aterrorizado.) lAy, Señor!
I^UQ. ¿Qué te pasa?
FlNG. Que el diablo me tira del faldón. (Entran pre-
cipitadamente en su habitación. A obscuras la escena.)
ESCENA IX
LAMBERTO
¡No llevan mal susto dentro del cuerpo!
Hay que convenir que este molino favorece
mis planes. ¡Ja, ja, ja!
música
LEYENDA
Cuentan que en este molino
moraba Luzbel
en forma de hermosa
y esbelta mujer.
Fama, nobleza y dinero
ganaba Gortrón,
su amante marido,
en esta mansión.
Mas una noche vino hacia aquí
un galán en un corcel,
y la hermosa del molino
á la grapa fuese de él.
Como la bella
despareció,
por el ducado
corrió la voz
— 20 —
de que á su esposa
muerte le dio
el molinero
maese Gortrón;
y por su crimen
le condenó
nuestro gran duque
á ser tostón.
Deshabitado quedó el molino,
sólo del buho se oyó el cantar,
duendes y brujas se entretenían
gruesas cadenas en arrastrar.
En la comarca despavoridos
los aldeanos de este lugar,
cuando pasaban por el molino
hacían siempre ¡por la señal!
(santiguándose )
¡Já, já, já, jál
Ni duendes ni brujas
me arredran aquí,
que venga el diablo
si quiere por mí.
Haremos un pacto
famoso los dos,
que no es el demonio
más diablo que yo.
ESCENA X
LAMBERTO y COLA
Hablado
Colas (Entra jadeanle y asustado.) ¡Por fin Uegué! ¡Tu-
nantesl ¡Bribones' Yo creo que querían ro«
barme la bolsa que me dio el personaje mis-
terioso. De repente, cuando estaba oculto
esperando á que salieran de la ermita, dos
hombres tratan de que me rinda y quieren
ponerme una mordaza; pero yo... á este-
. quiero, á este no quiero... ¡zas! los dos en
tierra, porque á listo me ganarán, pero lo
que es á bruto,..
Iam. jColás!
<JOLÁS
£rAM.
COLÁB
Lam.
Colas
Lam,
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
— 21 —
(Asustado.) ;.Eh? ¿Quién me llama?
Soy yo. ¿Has olvidado nuestro convenio?
No, señor demonio.
Pues tráete una luz.
Al momento. (Vase por la luz, viniendo al poco
rato primera derecha.)
Este estúpido va á echar por tierra todos
mis planes.
Ya está la luz (nejándola sobre la mesa.)
¿Con quién has venido?
Solo; pero esperaba que viniese ella.
Presumo que venías á ocupar mi puesto.
Interinamente, sí señor.
Eres un estúpido.
El afán de quedar bien.
No olvides que estoy decidido á hacerte
rico.
Me gusta que os decidáis.
Y que también puedo decidirme por ahor-
carte.
En eso no me gustaría la decisión.
Ya sabes que si te pago á peso de oro no es
por tu linda cara.
Sí, ya sé que es por la linda cara de mi mu-
jer, digo, de vuestra mujer.
Ahora es preciso que yo permanezca en sitio
seguro donde nadie pueda verme, pues los
aldeanos, al notar tu ausencia, vendrán aquí
con la novia.
Tenéis razón, pero yo no sé dónde vais á
esconfleros.
(señalando la escalerilla del segundo término de la
derecha ) ¿A dónde comunica esa escalera?
A un desván.
Pues en ese desván pienso ocultarme,
(santiguándose.) |Ave María purísima! ¿Igno-
ráis que ese desván está habitado por el
diablo?
¿Qué dices?
Que el espíritu maligno del molinero Gor-
trón ha fijado su residencia en él.
¿Has subido alguna vez?
¿Yo? ¡Dios me libre!
Entonces, ¿cómo la sabes?
— 22 —
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Colas
Lam.
Porque cuando compró el padrino de Berta
esta hacienda dijo el escribano al hacer el
inventario que en el desván había un arca
grande llena de vestimentas extrañas y con
cierto olorcillo á azufre, y aseguró que mae-
se Gortrón, poseedor de ellas, tenía pacto
con el demonio.
Pues me conviene ese desván.
Pero reparad... (Se oye dentro gran algazara.)
Calla, que ya llegan los aldeanos con la no-
via; procura justificar tu ausencia.
Bien, señor; ¿pero no podíais darme algo
más á cuenta?
Silencio, que ya están aquí. ((Sube por la es-
calerilla del segundo término derecha y se oculta.)
ESCENA XI
COLAS, BERTA y CORO; después EL DUQUE, FIN GERLINO y LAM-
BERTO
Ald.
COLÁS
Todos
Uno
Todos
j Colas! ¡Colas! Aquí está el muy mandria.
Como supuse que me seguiríais, me vine
corriendo hacia el molino, porque no me
gustan las bromas que me dan las mujeres.
¡Já, já, já!
Aquí está Berta, i Viva la novia!
jViva!
Coro
Berta
Coro
Masica
A la novia es necesario
de sus galas despojnr;
la madrina solamente
con la novia debe entrar.
Buenas noches. Muchas gracias;
agradezco tal bondad.
(Esta farsa ¡tengo miedo!
no sé cómo acabará.)
(Entra con la madrina por la primera puerta de-
recha.)
Vaya una chica que te has llevado;
mímala mucho, mi buen Colas.
— 23 ~
DuQ.
FlNG.
Coro
Colas
Caiita á la novia como acostumbran
los que se casan en el lugar.
(a la poerta de su habitación, aoompañado de Fio-
gerling y medio ocultos.)
¿Cómo el marido
se encuentra aquí?
¿Tú sabes esto,
bnen Fingerling?
Es que las órdenes
que disteis vos,
sin duda el diablo
las revocó.
Anda, muchacho;
anda, Colas.
Estad atentos;
voy á empezar.
Coro
Todas las cosas del mundo
no parecen lo que son,
porque há tiempo están reñidos
el dinero y el amor.
El dinerito, din, din,
es mi ilusión;
y con él soy más feliz -
que con amor.
El dinerito, din, din, etc.
Colas
Coro
L#AM.
Las mujeres los florines
prefieren á un buen galán;
y los hombres preferimos
florines á una beldad.
El dinerito, din, din, etc.
El dinerito, din, din, etc.
(Dentro.) Amor cs la delicia
si se ama con pasión;
su fuego da la vida
al triste corazón.
Dame tu amor, dame tu amor,
que suspira por tí, fiel y amante,
el trovador.
(Mientras Lamberto canta la trova, todos quedan
aterrados, guardando cada uno una posición distinta,
— 24 —
formando cuadro, y el que esté más cerca de la lue
que hay en la mesa debe derribarla al suelo, á fin de
que la escena quede á oscuras.)
DuQ. ¿Quién canta aquí?
FiNG. " Del diablo es la voz.
Coro ■ Ese canto nos aterra
y nos llena de pavor.
(Ábrese la ventana grande del desván y aparece Lam-
berto, vestiso caprichosamente de buho. En la cape-
ruza teudrá dos focos de luz eléctrica, que figuran
ser los ojos, dando á la escena un aspecto fantástico.
Todos quedan aterrados. Muy rebajada la luz de la
sala; el escenario á oscuras.)
Lam. Amor es la delicia, etc.
(Todos hacen la señal de la cruz.)
Hombres {Vade retro! [Satanásl
¡Es el alma de Gortrón!
¡Escapemos presurosos
de esta tétrica mansión!
(Vase el Coro por el foro.)
Lam. ¡Já, já, já!
(Se cierra la ventana, y queda la escena otra vez á
obscuras.)
ESCENA XII
EL DUQUE, PINGERLING, y luego LAMBERTO
HaliSado
DuQ. ¡Fingerling, Fingerling! Aquí pasa algo que
no puedo comprender.
FiNG. Señor, dejemos este maldito molino.
DuQ . ¿Tienes miedo?
FiNG. A qué negarlo, sí, señor.
DuQ. La verdad es que yo tampoco estoy muy
tranquilo.
FiNG. Volvámonos...
DuQ. ¿Piensas que el Duque de Augustoburgo
retrocede ante ningún obstáculo?
FiNG. Mirad, que eso es tentar al diablo.
DuQ. Pero, ¿cómo no habrán cumplido mis órde-
nes los encargados de secuestrar al marido?
— 25 —
FiNG. Lo veis, señor, eso es sobrenatural; á vos os
obedecen todos en el Ducado, y cuando no
acatan \'nestras órdenes es que ocurren co-
sas extraordinarias.
DuQ. No importa, me he propuesto conquistar el
corazón de esa hermosa molinera y no re-
trocedo.
FiNG. Señor...
DtjQ. Cállate. Ahora todo está en silencio, la oca-
sión es propicia para hablarla. (Lamberto baja
las escaleras.) El marido huyó acompañado de
los aldeanos y nos dejaron dueños del mo-
lino.
Lam. (Aparte.) ¡Hola! ¡Hola!
DuQ. ¿Sabes hacia dónde estala puerta?
FiNG. ¿Conque al fin nos vamos?
DüQ. [Fingerling! Te prohibo que adelantes los
acontecimí entos.
Fino. Como habéis dicho ¿dónde está la puerta?
DuQ. La del cuarto de la moünera.
Froo. ¿Conque seguís adelante?
DuQ. Siempre avanzando.
Lam. (Aparte.) Yo te haré retroceder.
FiÑG. Pero, señor, ¿no sería mejor que nos fué-
ramos?
DüQ. Cállate.
Lam. (Aparte.) Es preciso que salga Berta para que
mi señor tío se lleve el gran chasco, (na dos
golpes en la habitación de Berta.)
Los DOS (Aterrados ) jAh!
FíNG. ¿No OÍS?
DüQ. En efecto, parece que dan golpes á la puerta.
FiNG. . Señor, todo esto es misterioso, tengo un
miedo que no me lo merezco.
DuQ. También empiezo yo á desconfiar de esta
aventura. (Lamberto vuelvo a llamar.)
Los DOS |Ah!
FiNG. (con mucbo miedo.) Señor, vuelvcn á llamar.
DüQ. (Tembloroso,) Fingerling, anda con tiento y
mira si encuentras una luz.
Lam. (Aparte.) Eso es lo que no has de conseguir.
— 26 —
ESCENA XIII
DICHOS, BERTA y luego COLAS
Berta (Desde la puerta.) ¿Eres tú, Lamberto?
Lam. Baja la voz, no estamos solos.
FiNG. Señor, ahora parece que siento pisadas j
muy menuditas, sin duda es la molinera. '
DuQ. Pues cállate, porque se aproxima. ¿Eres tú,^
preciosa molinera?
Lam. (Bajo á Berta.) Contéstale.
Berta Sí, señor Duque.
DuQ. Al fin te tengo entre mis brazos.
Música
(Lamberto á la derecha, sigue Berta, el Duque y Fin-
gerllng.)
DuQ. SinparmoHnera
(a tientas coge á Berta por la cintura.)
de rostro precioso,
de lindo perfil,
'permite que amante
estreche mi brazo
tu talle gentil.
Por Dios, no desprecies
las tiernas palabras
de tanta pasión.
Escucha mi ruego
y Véme á tus plantas, (Se arrodüla.)
rendido de amor.
(Berta huyendo pasa á la izquierda del Duqne.^
Lam. No temas, bien mío,
acércate más.
Berta No hay duda, es el Duque
tan tierno galán.
(eI Duque se apercibe de la pasada de Berta, y bufl-
• candóla, coge á Fingerling.)
DuQ. Escucha mi ruego.
Berta Dejadme.
Lam. Verás
qué buena lección
le vamos á' dar.
— 27 —
DuQ.
Sin par molinera, etc.
Berta
Me embarga el temor.
TjAM.
Acércate más.
FlNG.
El lance es atroz
y temo el final.
(Apercibido de que requebraba á Fingerliiig, vuelve á
buscar
á Berta en la derecha.)
DuQ.
Te adoro.
Berta
¡Lambertol
DuQ.
Tu amor es mi dicha.
Lam.
Pesado está ya.
Berxa
Dejadme.
DuQ.
Te adoro;
de mí ten piedad.
No seas ingrata.
(La coge la roano.)
Berta
jSoltadme!.. ¡Tomad!
^
(Le da
una bofetada al Duque.)
DuQ.
Su mano de nieve
ha herido müaz.
. FlNG.
Señor, esto sí
»
que es original.
Lam.
Por atrapar
tan linda flor,
espinas sólo
se encontró.
Berta
Amante audaz
es el señor,
más contener
sabré su amor.
DüQ.
No he (le ceder,
que impresionó
esta mujer
mi corazón.
FlNG.
Amante audaz
es mi señor,
pero su faz
Cupido hirió.
(Andan á lientaa y se colocan Lamberto junto á Fin-
gerling y Berta al lado del Duque.)
DüQ.
No te has de ir;
te he de pillar.
Berta
Lo he de impedir.
Lam.
Te he de burlar.
FlNG.
Lam^
DuQ.
Colas
Todos
— 28 —
(a Lamberlo creyendo que habla con el Daque.)
Que era cerril
os dije ya.
jEs Fingerling!
¡Toma, truhán!
(Le da una bofetada.)
Lo (jue aquí pasa
no sé explicar.
(Entra á tientas y con precaución, y se coloca entre
Fingerlinsr y el Duque.)
Temblando de miedo
aquí vuelvo á entrar,
puer> pienso que alguno
me quiso burlar.
(Le da una boíetaia Fingerling y otra el Duque.)
¡Socorro! j Socorro!
Conviene escapar.
(Berta y Lamberto entran por la primera puerta de la
derecha y Colas se va por la del foro.)
ESCENA XIV
EL DUQUE, FINGERLING y BERTA
flalilado
DüQ. ¡Dar una bofetada á un Duque tan original
como yo!
FiNG. Pues la que yo he recibido ha sido mayús-
cula.
Berta (saliendo con una vela encendida.) PerO, ¿qué SU-
cede? ¿Qué gritos son esos?
FiNG. ¡La molinera!
DuQ. Dispensad, hermosa niña, pero en vano tra-
téis de disimular.
Berta ¿Yo?
DuQ. ¿No habéis estado aquí hace poco conmigo?
Berta Señor Duque, soy honrada.
DüQ. Ya he sentido vuestra honradez en la me-
jilla.
PiNG. Y yo también.
• Berta ¿Qué decís?
- 29 —
DuQ. Que creyendo que eras tú quien andaba por
el molino, 6alí^á tu encuentro.
Berta ¿Y habéis recibido?..
DuQ. Una razón contundente.
FiNG. No, dos razones contundentes.
Berta ¡Já, já, jal
Los DOS ¡Se riel
DuQ. Pero ahora, preciosa molinera, prometo des«
quitarme de tanto susto.
Berta ¿Cómo?
DuQ. Empezando por darte un abrazo, (intenta dár-
selo.)
Berta (Huyendo.) Eso sí que no lo consiento.
I^UQ. ¿Quién lo impedirá?
ESCENA XV
DICHOS y LAMBERTO
LaM. (Saliendo de pronto.) ¡Yo!
DüQ. jlVli sobrino! ¿Tú, tín ose traje?
FiNG. Señor Duque, no es Lamberto, es el diablo,
que toma Ja forma de vuestro sobrino.
DuQ. Calla, imbécil.
Lam. Soy yo, que sabiendo vuestras intenciones,
he venido á este molino para salvai: á esta
pobre niña de vuestias acechanzas.
DuQ. ¿Nada más que á eso?
Lam. y de paso á deciros que la amo.
DuQ. ¡A una mujer casada!
Lam. Decid, ¿y vos no sabíais que lo era?
DuQ. (Apañe.) ¡Me partió!
Lam. Además, todo puede arreglarse con tal de
que deis vuestro consentimiento.
DuQ. Pero el marido...
Br:rta Yo me encargo de él.
FiNG. iLo que son las mujeres!
DuQ. Eso sí que no lo entiendo.
Lam. Habéis de saber que la farsa de esta noche
ha sido un ardid para engañar á esas pobres
gentes
Berta Que me creen casada con Qolás.
DuQ. ¿Y no lo estás?
— 30 —
Lam. ¿Podía por ventura consentir que un villano
ge llevase semejante perla?
DuQ. . ¡Bravo, sobrino! Te reconozco en ese arran-
que.
Lam. ¿Entonces consentiréis en que me case con
Berta?
DuQ. No debía...
Berta Señor...
DuQ. Yo te destinaba la mano de una Duquesa
de Augustoburgo, pero soy tan original, que
apruebo vuestra unión.
Berta Gracias, señor.
Lam. jQué felicidad!
ESCENA ULTIMA
DICHOS, COLAS y CORO
Colas ¡Aquí estál ¡Aquí está! Adelante, muchachos.
(Todos vienen armados de garrotes y se detienen al
ver al Duque.)
I^UQ. ¿Qué es eso^
Colas ¡El Duquel
Lam. Colas, ya sabes nuestro pacto.
Colas Sí, ¿pero y los florines?
DuQ. Yo te los daré, porque he decidido que Ber-
ta se case con mi sobrino.
Colas ¡Viva el Duque!
Coro jViva!
Todos Amor siempre triunfante
su diciia logra al fin,
81 el público apadrina
enlace tan feliz.
TELÓN
DE VUELTA DEL VIVERO
Esta obra ea propiedad de su autor, y nadie po-
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en
España y sus posesiones da Ultramar, ni en los países
con quienes haya celeNrados, ó se celebren en adelante,
tratados internacionales de propiedad literaria.
El autor se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados de la Administración Líriodra-
mitica de D. EDUARDO HIDALGO, son los encar-
gados exclusivamente de conceder ó negar el permiso
de representación y del cobro de los derechos de pro-
piedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
Tora DEL meo
ZARZUELA MAORILERA
EN UN ACTO Y TRES CUADROS, EN PROSA
0BI0I5AL DI
música del maestro
Ü. JERÓNIMO JIMÉNEZ
Eslreiiada en el TEATRO DE LA ZARZUELA la noche del 21 de Noviembre
de 1895
-»
fe~j%Ví,
MADRID
ft. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 20
Teli/ono numera ssi
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-•••3
i II QUniDbDIO IIUIKO
&milio y^ráy:$o^
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♦ Qy'¿ac9^o
REPARTO
?EBS01TáJ£S ACTOfiES
LUCÍA Seta. Montes.
DOÑA EÜLOGIA González (N.).
CONVIDADA 1.» Catalán.
DON AMBROSIO Se. Rosell.
MARTÍNEZ (viejo murguieta) Romea..
MAXIMINO (camarero) (1) Castilla.
NICANOR ! . . Moncayo,
CELEDONIO (camarero) Abana.
MURGÜISTA !.• Navaeeo.
ÍDEM 2.** MoBA.
ÍDEM 8.*'.<! Feías.
ídem 4.® González.
CONVIDADO 1.0 ToHA.
Convidados y acompañamiento. — Coro general
r
^poca actual
Las indicaciones del lado del actor
(1) Este papel, á pesar de sus cortas dimensiones, debe
repartirse, siempre que haya facilidad para ello, á un actor
cómico de verdadera gracia. Comprendiéndolo así el primer
actor cómico D. Gabriel Sánchez de Castilla, y accediendo á
mis ruegos, se encargó de personificar el MaocimUiOy con tal
propiedad y lujo de detalles que, debido á eso, acogió el pú-'
blico esta obra con marcadas pruebas de regocijo, desde sus
primeras escenas.
Quedan autorizados todos los Sres, Archiveros para repro-
ducir los materiales de orquesta de esta obra y servir los pe-
didos á las empresas teatrales que deseen ponerla en escena.
ACTO ÚNICO
«»^^<i%^rf*^
Decoraeióo á todo foro representando el Jardín dd uno de los Yíto-
ros de Madrid. En el telón de foro la vista panorámica de Madrid
tomada desde el Mansanares. £n primer término, izquierda, nna
caseta rústica que sirye de leñera, la cual tendrá una yentana pe-
queña en alto, de frente al público. A la derecha, primer lérmino,
calle de árboles que conduce al cenador, j en eegnndo, fitchada
del restaurant que da frente á la escena y entrada al comedor. Al
foro yerja ó empalizada con puerta grande de entrada al Jardín,
de modo que quede paso entre la verja y la fachada. En escena
varios veladores con sillas y banquetas, etc., etc. La acción em-
pieza á media tarde.
ESCENA PRIMERA
CELEDONIO arreglando los veladores que habrá en escena. Otros
Camareros entran y salen en el comedor durante el número de mú-
sica. DON AMBROSIO y CORO GENERAL (dentro)
Música
Coro (Dentro.)
¡Brindemos por los noviosl
¡Que viva la alegría
y siga la algazara
hasta que acabe el día!
jBrindemos por la novia
que ya impaciente estál
--8 —
Voces . ¡Venga ya!
¡Venga j^al
(fiuido de chocar las copas.)
Coro ¡Que brinde ahora el padrino!
Todos (Grandes risas.)
iJá, já, já, já!
Amb. (Hablado.)
¡Señores, no apurarse
que aquí estoy ya!
¡Brindo... por mi parienta!
Todos ¡Já, ja, já, já!
¡Brindemos por los novios! etc.
(Ruido de copas y grandes carcajadas.)
ESCENA n
CELEDONIO y MAXIMINO, que sale del comedor
Ha1>lado
Max. ¡Vaya una juerga que se traen lus de la
Doda!
Cel. ¡Ya, ya!
Max. Milagru será que nun tengamus que sacar
el AM0NAQÜIU.
Cel. ¿El qué?
Max. El amona... buenu, esu que se les da á los
borrachus pa que se les pase.
Cel. ¡Ah, ya!
Max. ¡Diablu! ¡Si están bebiendu más vinu que
las muías agua!
Cb^. ¡Naturalmente! Como tienen un padrino muy
rumboso y es el que paga el gasto...
Max. y á propósitu, Celedonio, ¿tú sabes quién
es el padrinu?
Cel. ¡Anda, pues no lo tengo de saber! El padri-
no es el señor Ambrosio.
Max. Nun le conozcu.
Cel. Bueno, pues es el dueño de la salchichería
esa de la calle del Gato. Un señor muy juer-
guista que viene mucho al Vivero, porque
dice que está hasta aquí de su mujer, y tiene
- 9 .-.
bnen humor. . y mucho pa^-né... y ole que sí.
(Desplante eómico.)
Max. No; lu del parné nun me choca teniendu
salchichería en la calle del Gatu, pero lu
preguntaba porque hame parecidu que le
gusta mucho la novia.
Cel. jTóo pué ser! ¡Como que la Lucía es lo nie-
jorcito del gremio de chalequeras! ¡Digo! ..
¡Una mujer de U^apío y de circunstancias...
y ole que sil (Lo mismo que antes)
Max. Yo lo digu, porque cuando he entrad u con
la merluza, heme metidu debajo de la mesa
pa coger la servilleta que se le había caído á
uno... y he visto que el padrinu estaba...
tras, traSf irás, dándule cun el pió á la indi-
vidua.
Cel. ¿En dónde?
Max. En la bi;?otera... vamos, en la punta del za-
patu... lu cual que me escamó.
Cel. Eso pasa tóos los días. Ya te irás acostum-
brando.
Max. ¡Sí, es verdad! Esu pasará todos los días. Lo
que nun va á pasar es un billetitu de cinco
durus que hanme culado esta mañana.
Cel. a verlo.
Max. ¡Míralo! (Enseñándole un billete «.ie Banco.)
Cel. ¿y es falso?
Max. ¡Cumpletamente falsul
Cel, Pues está bien imitao. ¡A cualquiera se lo
dan!
Max. Esu es lo que yo quisiera, dárjíelo -}. algunu.
(Sc guarda el billete en el bolsillo izquierdo del cba-
Jeco.) ¡Pero qué -le vamos á hacer!... ¡Tendre-
mus paciencia!
Cel. También á eso te irás acostumbrando.
Max. Conque dime, dime, ¿y con quién se ha ca-
sadu esa chica?
Cel. Pues se lia casao con Nicanor, el dependien-
te de la salchichería; por eso es padrino el
señor Ambrosio.
Max. ¿El salchicheru?
Cel. Cabal.-
Max. ¡Ah! Ahora me explicu lo del...
Cel. ¡Naturalmente! ¡Já, já, já!
— 40 —
Max. jJá, já, já!... (alen ios dos.)
Cel. Como (|iie el novio dicen que es un panoli
que no va á ninguna parte.
Max. ¡Já, já, já! El novio no irá á ninguna parte»
perú el padrinu sí que va h-as, tras^ tras,,.
tras la novia.
Voces (Dentro.) ¡Mozo, mOZOl... (Mamando.)
Max. (con gravedad.) ¡Anda, Celedoniu, que te lla-
man!
Cel. ¡Que te llaman! ¿Y á tí no?
Max. No. ¿Nun oyes que dicen mozu? Pues esu
nan va conmigu. Yo soy casad u.
Ceí. ¡No estás tú mal gallego! (contestando.) ¡Va en
seguida! (Vase ai comedor.)
Max. ¡Já, já, já! ¡Ahora me lo explicu todul |Si
teni;í) una penetración pur debajo de la
mesa!...
ESCENA III
DirFios y DOÑA EÜLOGIA por el foro derecha en traje do vifi^e y
con un saquilo de mano
EuL. (Muy agitada.) ¡Ay, muy buenas tardes! (se sien-
ta junto al velador Izquierda y se abanica.)
Max. Téngalas usted muy buenas.
EuL. i Ay, camarero, no sabe usted lo que me ocu-
rre! ¡No sabe usted lo que me pasa!
Max. Nun, señora; si nun se explica.
EüL. ¿Dónde están? ¿Dónde están?
Max ¿Perú, quién?
EuL. Los de la boda.
Max. ¡Ah! ¿Pregunta usted por?... Pues, ahí den-
tro están atracánduse y curriendu la gran
juerga. ¿Quiere usted pasar?
EuL. (Rápido.) ¡No! Al contrario; lo que quiero es
que no sepan que estoy aquí.
Max. Pues usted se la pierde, porque la boda es
de lo más rumbosu que ha habido en el Vi-
veru.
Euí.. (¡Granuja! ¡Viejo yerde!...) (Levantándose.) Es-
cuche usted, caballero, digo, camarero, ustez;
perdone. Ustez no se ofenderá si le doy me-
dio duro, ¿jDerdá ustez?
- 11 —
Max. ¡Nunca! Tratándose de una señora, ni aun-
que me dé uno. (c:un gravedad )
EuL. ¡Graciasl Pues ahí tiene usted medio duro» y
COntÓBteme en seguida. (Le da una moneda y el
cmniarero le exaDilna con mucha atención.) Yo nece-
sito enterarme de too; necesito que alguien
me ayude y no tengo otro medio...
Max. (Rápido.) No iniport¿i; es buenu este. (oaardáD-
dose la moneda.)
EuL. Digo, que no tengo otra manera de averi-
guar lo que quiero.
Max. ¡Ah, j-a!
EuL. Vamos á ver. ¿Ustez conoce al padrino de..*
de ese bodorrio'? (con desprecio.)
Max. Yo... la verdad .. (vacilando.)
EüL. (Rápido.) ¡No me lo nitgiie usted; no me lo
niegue usted!
Max. ¡Bueno, señora, bueno! (Aquí de Celedonio.)
(imiundo el estilo achulado de Celedonio.) ¡Anda!
¿Pues nun lo tengu de conocer? El padrina
es el señor Ambrosia. Un señor muy juer-
guista que viene muchu al Viveru, porque
dice que está hasta aquí de su mujer...
EuL. ¿Eh?
Max. y tiene buen humor y mucho parné, y una
salchichería en la calle del Gatu... y ¡ule que
sí. (imitando el desplante que h!2o Celedonio en la eir
cena anterior.)
EuL. jBasta! Sei)a usted que 3^0 soy su señora.
Max. (Rápido.) ¿La del Gatu?
EüL. [No!
Max. ¿La del budorrio?
EuL. jNo! La de don Ambrosio.
Max. (¡Anda, demonio, la salchichera!)
EuL. Mi marido se piensa que yo estoy entoavía
en los bai'íos de La Puda .. ¿sabe usted? y
aprovechando mi ausencia se ha permitida
el inuy... el muy...
Max. jYa, ya comprendu!...
EüL. Pero yo, que he adelantao mi regreso por
tma casualidaz, al llegar á casa he sabida
que estaba aquí, y como la novia me tiene
muy escamaa... pero muy escamaa...
Max. (jEsta suspecha lu de la bigotera!)
EíTL, Quisiera que usted me ayudase^ y me dijera
desde donde puedo verlo todo sin que se en-
teren.
Max. jYal Quiere usted esconderse y...
Küi.. ¡Precisamente!
Max. Pues mire usted, en cuanto acabe la comida
saldrán aquí, porque va á haber baile y can-
te, y de todo; y usted, si quiere, puede es-
conderse ahí, en la leñera, (por la caseta de la
izquleida.)
EüL. ¿En la leñera? ^
Max. Bí, ahí estará usted bien, y puede verlu todu.
(Medio mutis hacia el comedor.)
EuL. Muy bien pensao... (¡Y como se propase...
como se propale!...) (con rabia.)
Max. (volviendo.) Le advierto á usted que habrá
leña...
EüL. Sí, señor, muchisma leña. (Por pegar.)
Voces (Dentro.) ¡Mozo! ¡«.'amarerol... (Golpeando con las
cucharillas en ios vasos.)
Max. (Contestando.) ¡Va en seguida! (a Euiogia.) Me
llaman, señora; hasta lue^o... y ya lo sabe
usted. La puerta está por el otro ladu.
JB3uL. Sí, sí... íVarnos á la leñera! (vase izquierda.)
Max. Per allí, por allí (indicándole la dirección.) ¡Va
en seguida!... ¡Nun sé por qué me parece
que la boda se va á complicar! (se dirige ai
comedor en el momento que sale don Ambrosio con
la servilleta prendida al cuello y coa la boca llena de
comida.)
ESCENA IV
DICHO y DON AMBROSIO por el comedor
Amb. (Desde la puerta )'¿Pero vienen esos postres ó no?
iÍAX. Ahora mismo, señuritu. (Medio mutis.)
Amb. ¡ Ah, oye! ¿No han llegado todavía los músi-
cos para el baile?
Mrx. Nun señor, señuritu.
Amb. ¡Recorcho! (¿No habrá recibido Martínez
mi carta?) Pues mira, en cuanto lleguen
— 13 —
avísame porque tengo que hablar con el cla-
rinete.
Mx. Está bien. (Medio mutis.)
Amb. |Ah, toma! Por si á mí nie se olvida, cuando
vengan los músicos les das este billete. (Dá».
dolé un billete de Banco.)
Max. ¿Cinco durus? (Con sorpresa.)
Amb. Me parece que están bien pagaos, ¿eh?
Max. jYa lu creu! ¡Cinco durus pa una murga! (se
gunrda el billete en el bolsillo derecho del chaleco.)'
Amb. No es una murga. Es una orquesta lo que
va á venir. Además, en algo se ha de cono-
cer el... vamos... las... pero, anda, hombre»
anda por los postres... (Empujándole.)
Max. ¡£n seguida, en seguida! (vase segundo térmiiio
derecha.)
Voces . (neutro.) (Padrino, padrino!
Amb- ¡Voy, voy! jíPero qué rica está la merluza... y
qué rica está la chalequera!...) ¡Voy, voyt
(Vaso al oomeJor.)
ESCENA V
MARTÍNEZ y MÜRGÜISTAS 1.® 2.° 3.® y 4.** Entran por el foro coa
tristeza y bastante derrotados.— Martínez llevará en la mano vi»
clarinete y los vitQñ, cornetín, flauta, trombón y contrabajo respecr-
tivamente.
Música
Los aNCo iHoy en nuestra profesión,
somrs genios de verdad,
y en tocante á ejecución
una notabilidadl (Tocan.)
Y á pesar de ser abí,
como ustedes pueden ver,
no comemos, ¡ay de mí!
desde ante, ante, ante anteayer^
¡Cómo ha de ser!
¡Cómo ha de ser!
— li —
Yo por un trozo de ro&biff
toco el Guillermo y el Falsfaff^
y hasta les toco aires del Riff,
y el Paraninff,
y el Paragraff.
{Mareando mucho los Anales.)
Al saber que hay boda ahí,
^Señalando al comedor,)
y hoy lo quieren ceUibrar,
nos colamos hasta aquí,
por úi hay algo que tocar. (Tocan.)
Como es fácil suponer
habrá baile y buen humor,
y en seguida de comer,
el tocar es de rigor.
¡Si hay buen humor
es de rigorl
Toco Irs polkas de Farbach,
como me obsequien con sandwich
y el repertorio deOffenhach
y hasta el áeBach,
y el de Kaulich (Tocan.)
{véase la nota que va en la música, en la parte de
apuntar.)
Con esta armonía,
y esta fantasía,
y esta melodía
que me traigo aquí,
no hay cacharrería,
ni zapatería,
ni panadería
qu'í se abra sin mí, etc. etc.
(Tocan todos.)
Ha1>lado
Hárt. Esto, amigos míos, es para que vean ustedes
que me acuerdo de mis comprofessres y les
- 15 —
busco cuando se presenta algo de provecho.
MURG. 1.^ ¡Gracias, don Niceto! (Dándole la mano.)
Los OTROS TRES. — jMuchísimas gracias, don Niceto!
Mart. jNo hay de quél
MüRG. l.<> Yo, por mi parte, le agradezco doblemente
el que se haya acordado de mí, porque ten-
go seis hijos y suegra, que es como bí dijéra-
mos seis... y repique, ¡y no tengo trabajo!
(Con gran desconsuelo.)
Mart. ¿Que no tiene usted trabajo?
M'JRG. l.o ¡No señor!
Mart. ¿Pero le ])arece á usted poco trabajo tener
seis hijos... y repique? Sin en)bargo, no hay
que apurarse. Hoy comeremos bien, porque
el padrino es espléndido y además cobrare-
mos nuestro par de pesetillas por barba.
MüRG. 1.0 ¡Dios lo haga!
Mart. ¡Sí, amigos míos! Esta situación pasará pron-
to; pasarán estos tiempos y entonces no se
verá postergado el verdadero mérito. (Todos
asienten á lo que dice Mariin<>z.) ¡Sí, amigOS míOS!
¡ Mi desgracia es haber nucido español,
créanme ustedes. ¡Ah! ¡Si yo fuese italia-
no!... ¡si yo fuese italiano!
MuKG. 1.0 ¿Qué sería usted?
Mart. ¡Una eminencia musical!
MuRG. 1.0 ¿Porqué?
MuRG. 2 o ¿Cómo es eso?
MüRG 3.0 ¡No veo la razón!...
MuRG. 4.0 Expliqúese usted.
Mart. Pues, hombre, muy sencillo. ¿Cómo me
llamo yo?
MüRG. 1.0 ¡Don Ñiceto!
MuRG. 2.0 ¡Eso ya se sabe!
MuRG. 3.0 ¡Don Niceto!
MuRG. 4.** ¡Eso es evidente!
Mart. ¡Pues ahí lo tienen ustedes! Si siendo espa-
ñol soy don Niceto, siendo italiano sería Doth
niceíil
MuRG. 1.0 Y la verdad es que tiene usted razón.
MüRG. 2.0 ¡Pero mucha razón!
MuRG. 3. o Está usted cargado ..
Mart. (Rápido.) ¡Sí señor, y harto!
MüRG. 3.0 Digo, que está usted cargado de razón.
— 16 —
Marx. ¡Ah, yai Pero es claro, hay envidiosos que
todo lo acaparan y mientras uno tiene el
mérito y el talento, otros tienen la fama.
(Llevándolos á im lado y con coroje.) Y SÍ no, dí-
ganme ustedes, ¿qué es Bretón? ^qué es
Bretón?
MURG. 1.0 (Como quien hace una revelación muy grave.) ¡Sala-
manquinol
Mart. No es eso; pregunto qué es Bretón, como di-
ciendo: ¿qué méritos tiene] Bretón? ¡Ningu-
no! (Con rancho desprecio.)
McRG. 1.0 Es cierto, ninguno.
Muro. 2.o ¿Qué hh. de tenerlos?
MüRG. 3.0 ¡Ni por asomo!
Mrrg. 4.0 ¡EbO es evidente!
Mari. ¿Y íJhapí?
MüRG. 1.0 ¡Ah, ese sí! (Descubriéndose.)
McRG. 2.0 [Muchísimos! (ídem.) . [ / . \
MüRG. 3.0 ¿Quién lo duda? (ídem.) - ^ ^^ ^* ''^^'■>
MüRG. 4.0 ¡Eso.es evidente! (ídem.)
Mart. (con desprecio.) jTampocol
MüRG. 1.0 (cubriéndose ) DÍgO, 110, tampOCO.
Mttrg, 2.0 (ídem.) ¿Qué ha de tenerlos? ( /. , n
MüRG. 3.0 (Mera ) ¡Ni por asomo! ¡ ^^ '^ ^^^'^
MüRG. 4.0 (ídem.) ¡Eso es evidente! \
Mart. ¿Y dónde me dejan ustedes á Caballero?
MüRG. 1.0 (ai segundo ) (¿Dóudc le dejamos á Caballero?)
MüRG. 2.0 (ai primero.) (l)onde él quiei'a.)
MüRG. 1.0 (a Martínez) Donde ustcdquiera.
Mari'. ¡Qué ha compuesto La Marsellesa! ¡Mentiral
La Marsellesa la conozco yo desde peque-
ñito.
Todos ¡Y yo! ¡Y yo!
MüRG. 1.0 Si mi padre la cantaba...
Mart. Y mi abuela la tocaba...
MüRG. 1.0 ¡Y todos!
Todos ¡Y todos!...
MüRG. 4.0 ¡Eso es evidente! (Marcando el estribiHo.)
Mart. En fin, repito que esto pasará. ¡Vaya si pa-
Síirál
(
— ti —
ESCENA VI
PICHOS 7 MAXIMINO, por el segando ténnlno derecha, con nn
plato de dulce montado, muy grande y colocado en una bandeja,
de modo qne le ocupe ambas manos. Otros dos camareros salen
también con postres y entran en el comedor
Max. ■ (viendo á los murgnisias.) ¡Holal ¿Ya están us-
tedes aquí?
Mart. Sí señor, pero hoy no venimos á lo que
oaiga; hoy venimos llamados.
Max. Ya lu sé. El padrinu de la boda hame en-
cargadu que le avise en cuantu lleguen us-
tedes, porque dice que tiene que hablar con
el señor de clarinete.
¿Ab, le ha encargado á usted?...
Si señor, y además hame dadu para la or-
questa...
¿Qué? ¿Qué?... (Hablan unos con ©tros con mucha
alegría.)
(jAh, qué ideal ^Aquí del billete falsul Estus
peleles no habrán vistu nunca billetes é nun
lo conocerán...)
Pero sepamos...
¿Qué le ha dado á usted?... (1)
(AManínea.) Métamela manu en este bulsillitu
chiquitU y ahí lu tiene. (Martínez le mete la mano
en el bolsillo derecho del chaleco.) ¡iNoü {En el
otrul ¡En el otrul (¡En ese está el buenul)
(Martínez pasando por detrás, hace lo mismo en el
♦ del lado Izquierdo.) jAhí, ahíl... ¡Ay, qUC me
hace cusqujllas! ¡Qué me hace cusquillasl
¡Ay... ay!... (Riéndose.)
Mart. (sacando el billete.) ¡ Aquí CStá! (2).
Max. (Viendo el billete.) (¡Es el falsuI ¡es el falsu!)
Todos ¡Un billetel
Mart.
Max.
Topos
Max;
Mart.
MURG. 1.0
Max.
(l) De derecha á Izquierda:
Knrguistas 4.° y l.^—Martlnez-Maxlmino— Murguistas 2." y 8.
(2) Mur?ui8tas 4° y
y 8.»
1.— Maximino— UartlDez—Murgalstas 2.
— 48 —
,Mart.
Max.
Ma&t.
MüRG. 4.0
MARf.
Max.
Marx.
Max.
MURG. 1.0
Max.
Muro, l.o
Max.
Marx.
Max.
Marx.
Max.
Marx.
Todos
Marx.
MüRG. 1.0
MURG. 2.0
Marx.
jDe cinco duros! ¿Ven ustedes cómo les de-
cía yo que esto pasaría pronto?
(Yo nun lo creía tan fácil.)
I Vamos á comer opíparamentel
Eso es evidente, (los cinco miran al plato de dul-
ce que tiene el Camarero, con muchas ganas de meter-
le mano )
(Abrazándole.) ¡Gracias, camarero, muchas gra-
cias! Y diga usted, diga usted... ¿A dónde se
ya por ahí? (señalando á la primera derecha.)
¿Por ahí? (Mirando hacia la derecha.) Por ahí Be
va al cenador. (Mientras Maximino vuelve la cabe-
za hacia la derecha Martínez y los Murguistas 2.® y S.®
cogen dulces y meten los dedos en el plato.)
¡Ah, ya! ¿De modo que el cenador está por
ese lado?
Sí, señor, por ese lado.
(Que ha visto la operación de sus compañeros.) Y
diga usted, diga usted, ¿qué es esa caseta?
(Por (a de la izquierda.)
Pues esa caseta (Mirando á la izquierda.) es la le-
ñera. (Mientras vuelve la cabeza los Murguistas 1.** y
4.® repiten la operación.)
¿Conque la leñera, ¿eh? ¿Y hay dentro leña?
¡Jel¡ je! ¡je! (¡Si supieran lu que hay!) Ningu-
no de ustedes se figura lu que tiene dentru.
(Que aprovechando un descuido ha metido el dedo en
el pastel y chupado luego.) jChantillyl
¡Qué chantilUriy ni chantiUínl.., pues dentru
hay... perú nun quieru decirlo porque si lo
digu va á descubrirse el pastel.
No, ya no se descubre, (con intención.)
Ea, cun permisu, voy á entrar estu, y le avi-
saré al padrinu que están ustedes aqu^
¡Sí, vaya usted, vaya ustedl... ¡Adiós, cama-
rei-ol
¡Vaya usted con Dios, camarero! (Todos le
acompañan entre abrazos hasta la puerta del comedor.)
(Bajando al proscenio.) ¡Ya lo han vistO US-
tedesl ¡Cinco duros! ¡Aquí están! (Enseñando ei
billete.)
¡Cómo me voy á poner el cuerpo de judías!
¡Y yo!
Ahora, si les parece, mientras hablo con el
— 19 —
señor AmbroBÍo y se organiza el baile, pue-
den ustedes ir al cenador y pidan ustedes de
largo... de largo, que aqui nay dinero para
todo.
MuRG. l.o jMuy bien pensado! |A comerl
Todos ;A comer! ¡A comerl (Vanae ios cuatro muy ale-
gres por el primer término deredia.— Masica en la or*
questa.) '
ESCENA Vn
MARTlI^EZ. D05}A EULOGIA, asomándose á la ventana de la leñ«.
ra, y Inego D<yi AMBROSIO por el comedor. Martínez se sienta
Junto al velador de la izquierda, y limpia el clarinete con el pañuelo
Marx. Y á todo esto, ¿»iué me querrá el señor Am-
brosio? ^Querrá convidarme á comer? ¡Es
muy posiblel Como es amigo mío, nada ten-
dría de extraño, y si Uil sucediese les doy un
par de pesetillas á esos (con desprecio.) pobrea
hombres y me quedo yo con... justo, con
diecisiete. ¡Negocio redondo!
IiUL> (Asomándose á la ventana.) jCuánto tarda eSft
gente!
AmB. (Que sale del comedor con un racimo do uvas en la
mano y hablando á los de dentro.) ¡LuegO VUelvol
¡luego vuelvo!
EuL. (¡Aquí sale el infame!)
Mart, Ya esta aquí el señor Ambrosio.
Amb. (volviendo hacia el comedor.) ¡Ahí Que no se Co-
man ustedes todo el queso, que aun no lo
he probado.
MaRT. (Levantándose.) ¡Señor Ambrosio! (saludando.)
Amb. ¡Hola, Martínez! (picando del racimo.)
Marx. He recibido su carta, y aquí me tiene usted
á su disposición.
Amb ¡Muy bien hecho! Ya sabía yo que usted no
faltaría. ¿Y los otros murguistas, han venido
también?
Marx. Sí, señor; los p^'of esores (Con gravedad cómica.)
están cenando en el comedor; digo, están
comiendo en el cenador.
Amb. y usted, ¿ha comido ya?
— 20 —
Amb.
EUL.
Amb.
Marx. No, señor; desde ayer por la tarde estoy sin
probar bocado. (Ahora me va á convidar.)
Amb. Pero, hombre, ¿y por qué no me lo ha dicha-
usted antes?
Marx. (Muy alegre.) (|Me convida, me convida.)
Amb. ¡Ah! Yo no puedo consentir" que un amiga
mío siga sin probar bocado. jNo faltaba más!
í Pique usted, hombre, pique usted! (presen-
tándole el racimo.)
Marx. ¿Etí? (Valiente comida... pero en fin.)
EüL. (Lo que es generoso, es como él solo.) (Du-
rante esta escena dou Ambrosio aceionará al hablar, dd-
modo qne le retire ol racimo cada vez que Martínez-
va á picar. Ensáyense los movimientos.^
Vamos á ver, Martínez; ahora ^ue estamos-
solos, voy á decirle á usted para qué le he
llamado. (Se lo lleva hacia la derecha.)
(Si yo pudiera oírles.)
Yo soy padrino... No, aquí nos pueden oir.
(por los del comedor.^ {Hay quc tfencr prccau-
cióll! (se lo lleva hacia la derecha^ colocándose de>
bajo de la ventnna donde está Eulogia.) Yo SOy pa-
drino de una boda, y en este momento esta-
moS ahí... (señalando ni comedor.)
Marx. Hí, ya lo sé. Sé que el novio es Nicanor, su
dependiente, y que la novia es Lucía, lacha^
lequera. Una chiquilla muy guapa... (ai oído.)
y que le gusta á usted mucho.
Amb. ¡Rocorcho! ¿Quién se lo ha dicho á usted?
Marx. ¡Todo se sabe!
Amb. Bueno, pues... (ai oído.) sí que me gusta.
Marx. (ai oído.) No me extraña, porque tambiéa
me gusta á mí.
Amb. (ai oido.) Pues limpíese usted que está de
huevo.
Marx. (ai oído.) ¡Ojalá! (Aito.)La verdad es que es una
muchacha muy guapa y muy trabajadora.
Amb. ¡Vaya! Le llaman la chalequera porque su
eppecialidad son los chalecos, pero sabe ha-
cer también ternos completos, ¡ya lo creo!
Marx. Entonces, ¿por qué no se dedica á los ternos?
Amb. Toma, porque si en vez de chalecos hiciera
teriios, ya no sería chalequera,
Marx, Es verdad.
"»^*
— 21 —
A&fB. Seria tetiiera.,, y eso es lo que no quiere.
Mart. y tiene razón.
Amb. Bueno, pues oiga usted para qué le he lla-
mado. Yo quisiera, ya que usted es discreto y
buena persona, que me escriba usted una car-
ta, conforme á este borrador, y cuando todo
el mundo esté entreteni<lo con el baile... (bo-
tregándole un papel.)
£UL# (Asomáudose á la Tentana.) ({ Ah, pillol)
Marx. Basta, ya comprendo... se la entrego á la
muchacha.
Amb. (Rápido.) |NoI Al contrario, se la entrega us-
ted á Nicanor.
Marx. ¿Pero va usted á declararse á su depen-
aiente?
Amb. ¡No, hombrel El objeto es alejarle un rato y
poder divertirme á mis anchas; ¿comprende
usted? (Acción de abrasar.)
Marx. Sí, señor, pero ¿cómo se consigue?...
Amb. Muy fácilmente. Yo sé que Nicanor tuvo
una novia, que se llamaba Petra, y á la cual
le tenia mucho miedo... porque era atroz.
Pues bien; la Petra se marchó á Fihpinas
hace dos meses, pero como Nicanor no lo
sabe, fingiendo una cita bajo amenaza...
Marx. Ya comprendo, por miedo... (Acción de mar.
charae.)
Amb. jNaturalmentel
Marx. ¡Vaya, vaya con don Ambrosio! Siempre
tan alegre...
Amb. ¡Qué recorcho! Hay que aprovechar las oca-
siones. Además como mi mujer está fuera...
(Muy alegre.)
EüL. (Eso es lo que tú quisieras.)
Marx. ¡Hombre, no lo sabía!...
Amb. Si; está en los baños porque padece una
hinchazón...
Marx. ¿Y en dónde? ¿en dónde?
Amb. En La Puda.
Marx. ¡Qué hinchazón más rara!
Amb . Hombre, no; digo que está en los baños de
La Puda, porque tiene una hinchazón en la
pierna...
Marx. ¡Ah, ya!
<¡)<9
EüL. (¡Pero qué falta le hará decir esas cosasI...)>
(Oyense dentro voces de los convidados.)
Amb. Ea, ya salen los de la boda. Vayase usted al
cenador, y mientras come me escribe la
carta, ¿eh?
Mart. Como usted guste. ^Nada, que voy á tener
que pagarme la comida. (Afortunadamente-
tengo dinero de largol) (Vaae derecha.)
EuL. (Ya salen; no quiero que me vean.) (cerrando.
la ventana.)
ESCENA VIII
DICHOS, LUCÍA, NICANOR, UN CAMARERO y CORO GENERAL;:
salen del comedor con mucha algazara
CONV. 1.*
Todos
Nic.
CoNV. 1.^
Todos
Amb.
Nic.
Amb.
Nic.
Amb.
Lucía
Nic.
Amb.
CONV. 1.»
CONV. 1."
Todos
Nic.
Camar.
j Vivan los noviosl
|Vivaaaan!...
{Gracias, señores; muchas gracias.
¡Viva el padrino!
iVivaaa!...
(como dando nn viva.) jGraciaaas!... digo, nop
(con mucha finura.) gracias, señores, muchas
gracias. ¿Y qué tal? ¿Se lía comido bien?
Muy bien, superiormente bien; y ahora, Lu-
cía... á casita, á casita, que creo que va á
llover, (cogiéndola del brnzo.)
iQué ha de llover, hombre, qué ha de 11^
ver! No seas impaciente. Luego irás...
Pero, si es que... vamos... que...
¡Hay tiempo para todo!
Tiene razón el padrino. Hay que complacer
á los amigos.
¡Bueno, tendré paciencial (¡Cuándo nos do-
jarán solos!...)
Y, sobre todo, después que he mandado
venir una orquesta para el baile, ¿me vas á
desairar?
Tiene razón el padrino.
¡Muy bien hablao!
¡A bailar, á bailar!
¿Y en dónde están los músicos?
Están en el cenador, atracándose de judias».
— 23 —
Amb.
Todos
Nic.
Amb.
Lucía
CONV. 1.'
Nic.
lAnda y diles que vengan en seguida! (vase
el Camarero por la derecha.)
jEso, eso! jVenga música!
iPero, si á mi no me gusta bailar!
No importa; yo bailaré por tí. (a Luda.) ¿Qué
tal?
Con mucho gusto.
(a Nicanor.) Nosotros, entre tanto, echaremos
un tute.
¡Vamos allá! (Nicanor, el Convidado 1.^ y otroi
dos amigos se sientan Janto al velador de la derecha
y jaegan ¿ los naipes.)
ESCENA IX
DICHOS, el CAMARERO. MARTÍNEZ y loa MURQUISTAS^ por U
derecha
Camar.
Amb.
Mart.
Amb.
Mart.
Amb.
Marx.
Amb.
Todos
Coro
¡Aquí están los músicos! (Entran los Mnrgnis.
tas comiendo todos y con grandes pedazos de pan en
la mano, y vanse á colo( ar á un lado de la escena y
tocan á BU tiempo, dirigidos por Martiaez.)
(a MarUoez.) Pero, ¿aúu no han acabado us-
tedes de comer?
¿Cómo aún? Si yo no he empezado, y á es-
tos todavía les faltan dos ó tres platos...
iHolal Se conoce que se están dando un
banquete...
No es eso;* digo que les faltan dos ó tres
platos que rebañar.
(Ah, pues ya los rebañarán luego; ahora
venga música y... (sajo.) ¿Está ya la carta?
(ídem.) Sí, señor; la tengo en el bolsillo.
(Pues venga una habanera... y siga \sl juerga!
(A bailar, á bailar!
Hnslcft
Cógete del bra/o
y á bfiCilar,
porque ya la murga
va á empezar.
Coro
— 24 -
(Toca la orquesta una habanera. Todos * bailan en
parejas, y don Ambrosio con Lucia.) ^
(Bailando.)
jAy, ay, ay,
no te acerques así
que me voy á caer,
ay, ay, ayl
I Yo me siento morir
de placerl
Cuando bailo la habanera
con s^ suave movimiento,
lo hago yo de tal manera,
que no sé lo que me da.
lAy, ay, ay,
no te acerques asíl etc.
Todos
Amb.
Siga el balanceo,
mueve el cuerpo bien,
porque la habanera
tiene su vaivén.
(ai pasar por delante, bailando con liucia.)
(jTodo un salchichero
verse en este estao\
I Yo estoy que echo bombas!
I Yo estoy sofocao\
(ai terminar el número las parejas seguirán pasean*
do8e por escena, dispersándose poco á poco en dis-
tintas direcciones.)
Todos ¡Otra, otral
NlC. (Dejando el juego, y lo mismo que antes.) ¡Muy
bien, Lucía, muy bien; y ahora á casita, á
casita, que creo que va á lloveri
Amb. iQué ha de llover, hombre, qué ha de Uo-
verl ¡No seas impacientel Luego irás...
Lucía (¡Ya me va escamando el padrino!)
Nic. ¡Bueno, tendré paciencia! (¡Cuándo se acá-
— 25 —
Marx.
Nic.
Marx.
Nic.
Marx.
Nic.
Marx.
Nic.
Marx.
Nic.
Amb.
Nic.
Lucía
Amb.
bará eBi&juergal^,) (Don Ambrodo j Luda, ha-
blan aparte en vos baja.)
(Acercándose con dislmnlo y bajo á Kieanor.) ¡Ni-
canor!
¿Qué hay?
¡Chistl Esta carta que me han dado para
ueted. (Entregándole una.)
¿Para mi?
¡Chist! Mucho ojo, porque es reservada.
(Bajando la toz.) ¿Y quién se la ha dado á
ted?
(Como qnícn dice un gran secreto.) )La Petra!
(Rápido.) ¿Eh? (ocultando la carta.)
¡Hasta luegol (Dirigiéndose á loa murgnistas.) ¡Se-
ñores profesores. .. á rebañar! (Vanse loa mú-
sicos por la derecha.)
(¡Dios mío, qué contratiempo!)
Nosotros vamos á dar una vuelta por el jar-
dín. (Del brazo.)
¡Sí, vayanse ustedes, vayanse ustedes!...
¡Hasta luegol «
¡Luego vuelvo! (Vanse oro izquierda.)
ESCENA X
NICANOB, bajando al proscenio y sacando la carta con mucho recelo
de que le yean
Nic.
Marx.
Nic,
¿Qué me querrá esa chica? ¡Veamos, vea-
mos! (Leyendo.) «Por UQ gabán de verano...
tasado en tres pesetas, cincuenta...»
(Que sale corriendo por la derecha.) ¡NicaUOr, Ni-
canor! (Con una carta en la mano.) Ño eS eSa. Me
he equivocado. Esa es una papeleta de em-
peño... Esta es<.. esta es... (Dándole la carta.)
I Ah, ya decía yo!... (Vase Martínez por la derecha.)
¡Veamos! (Música en la orquesta.)
(Leyendo.)
«Mi cerido Nicanor:
He sabido por Pilar
que te olvidas de mi amor
y te acabas de casar.
Si como es de suponer
tú no ciereSj con razón,
que se entere tu mujer
y tengáis una cusHón,
antes de iros á dormir
dega á todos los que estáu,
y no dejes de salir
al café de San Millán.
Vé al café, que allí estaré,
mas te azbierto, Nicanor,
que si no vas al café
te armo un lío superior.
Quiero despedirme así
de lo mucho que te amé
y recibe para tí
un abraco de tu — P.»
¡Tú P! •
(Mirando la firma.) ¡Tu PI ¡La verdad cs quG se
necesita tupé para escribirme una carta como
esta el mismo día de mi boda. Porque esta
carta es de la Petra... no me cabe duda. La
conozco en... en el tupé. ¿Y qué hago yo? No
tengo más remedio que ir á la cita, porque
sino es capaz de presentrrse en mi casa y
armarme un escándalo. Conozco bien á esa
chica y sé que se atreve á todo. ¡Tal vez por
dinerol... ¿Y cómo dejo á mi mujer con esta
gente? ¡Ah! ¡Sí; es lo mejor! El señor Ana
brosio, que me ha hecho tantos favores, no
se negará si le pido otro más. El puede ayu-
darme. (Llamando.) ¡Señor Ambrosiol ¡Señor
Ambrosio!...
ESCENA XI
NICANOR y DON AMBROSIO, luego EULOGIA
Amb. ¿Qué es eso? ¿Qué te ocurre? (¿Se Habrá tra-
gado el anzuelo?)
ííic. ¡Ay, señor Ambrosiol Un compromiso, un...
vamos... un gran^compromiso..» (No sé cómo
decírselo.)
Amb. ¿Qué es ello? ¿Quieres dinero? ¿Necesitas
dinero? (sacando una cartera.)
_ 27 —
Nic. No, muchas gracias: es decir, lo cogeré por si
acaso, pero... pero... es otro favor el que quie-
ro de usted. (Se guarda la cartera.)
Amb. ¡Si es cuestión de dinero, gasta lo que quie-
ras! (|Se larga, se larga!)
Nic. Pues es que., un asunto muy urgente me
obliga á dejar á ustedes un momento... es
decir... no sé lo que tardaré y...
Amb. Vamos, que quieres marcharte, ¿no es eso?
Pues, anda, hombre, anda; por mí, ya te estás
largando. (Empujándole.)
Nic. Sí, si ya me voy... ya me voy. Pero es que yo
no quisiera dejar aquí á mi mujer, ¿usted me
comprende? porque como hay tanto pillo.,.
Amb. ¡Muchos, muchos, no lo sabes tú biení
Nic. Yo quisiera...
Amb. (¿Q^^ querrá?)
Nic. Que me hiciera usted el favor de... vamos,
de acompañar á casa á mi mujer...
Amb. (Con grai^ borpresa.) ¿Qué dices? ¡ruf I (Conlenlen-
do una explosión de risa.) Conque... \puf\ COn
que quieres que yo acom... \puf\ acompañe
á ♦u mujer?
Nic. Si, señor... digo, si no lo toma usted á mal.
Amb. ¡Quita, hombre! ¿Qué lo he de tomar á mal?
Nic. ¿De modo que está usted conforme?
Amb. Completamente; siendo cosa tuya no puedo
negarme.
Nic. Entonces, voy á decírselo á mi mujer.
Amb. No hace falta; ahora llamaremos á todo el
mundo para despedirlos... y á casita, á casi-
ta que creo que va á llover...
Nic. No, si no corre prisa. Ya ha aclarado...
Amb. ¡Qué ha de aclarar, hombre, qué ha de acla-
ran ¡Cuanto antes mejor!
EüL. (Desde la ventana.) (|Tú no cuentas con la hués-
pedal)
Amb. ¡a ver, señores, todo el mundo aquí! (Dando
voces y fuertes palmadas.)
Nic. ¡Pronto, Pronto todo el mundo!...
— 28 —
ESCENA ÚLTIMA
DICHOS, LUCÍA y CORO GENERAL por todos lados
Coro
Miislea
¿Qué es eso?
—¿Qué ocurre?
¿Qué es eso?
— ¿Qué pasa?
¿Será alguna broma?
¿riera alguna guasa?
¿Por qué tales voces
y tal confusión?
Sepamos la causa,
¡silencio, chitónl
Amb.
(Lucia habla aparte con Nicanor.)
Señores, la fiesta
se va á rematar,
porque estos muchachos,
como es natural,
después de seis horas
de mucha ansiedaz,
no es raro que quieran
á solas hablar.
Ellos
No es de extrañar
que á su casa los novios
se quieran marchar.
Ellas
Tienen razón,
yo en su caso tendría
la misma opinión.
Nic.
(a Lucía.)
Aunque mucho lo siento,
esposa mía,
— so-
nó puedo acompañarte
como querÉi;
mas luego iré
y al fin entre mis brazos
te estrecharé.
AUB.
(a Lucia.)
Por si acaso yo sirvo
ya le he propuesto (por Nicanor.)
mientras dura su ausencia
cubrir su puesto,
y así lo haré...
y al llevarte, Lucía,
me luciré.
Lucía
^No sé por qué sospecho,
pero adivino,
que esto es una emboscada
de su padrino,
y si acerté
yo le juro que pronto
me vengaré.)
Coro
(Lo que sucede es raro,
y es cosa extraña
que no sea el marido
quien la acompaña.
No sé por qué,
pero si hay un motivo
yo lo sabré.)
Nic.
Lucía
Amb.
Coro
Nic.
Amb.
Lucía
Aunque mucho lo siento... etc.
(No se por qué sospecho...) etc.
Por si acaso yo sirvo... etc.
(Lo que sucede es raro...) etc.
(a Lucia.)
Da el brazo á mi padrino.
jEso es muy justol
Lo haré, ya que te empeñas,
por darte gusto.
(cogiéndose del brazo de don Ambrosio.)
— so —
Amb. (a Nicanor.)
Y tú queda tranquila.
Nic. jAsí lo espero!
Amb. Ya ves que en buenas manos
está el pandero.
Lucía (a Nicanor )
[Ven prontol
Amb. (a Lucía.) ¿Nos marchamos?
Lucía Cuando usted quiera.
(No sabes, pobrecillo, *
lo que te espera.)
Coro Lo que sucede es raro
y es cosa extraña, etc.
Amb. (ai coro.)
Disuélvase
la reunión,
y acabe aquí
la diversión.
Marchemos, sí,
sin más tardar
lue es hora al fin
de descansar.
¡Vamonos, pues!
{Vamonos ya!
(cogiéndose del brazo, por parejas y animando mach»
la escena.)
Vamonos ya todos, llenos de alegría,
unos en simones y otros en tranvía.
Vamonos de prisa, vamonos afuera
que ya están los coches en la carretera.
(simulando que gritan á un tranvia.)
Ellas — ¡Cobrador! ¡Cobrador!
Hágame usté el favor,
que vamos á subir
gente de buen humor.
Ellos —¡Pare usté! ¡Pare usté!
— 3i —
Ellas
Ellos
Todos
Coro
¡Que aun no me monté
y no me he de quedar
para volverme á pié.
— (No seguir! ¡No seguir!
¡Que aun tienen que venir
cuatro personas más
que están para salir.
— jVámonos! jVámonosI
(Si al fin lo quiere Dios,
que van montados ya
doscientos veintidósl...
Y suena el timbre
!r suena el pito,
os mayorales
lanzan un grito
¡Ehl lEh!
y \hala\ \hala\ \hala\
sin podernos revolver
\hala\ \hala\ ¡halal
empezamos á correr
y \hala\ \hala\ ¡halal
tumbo allá, tumbo aquí,
por la cuesta San Vicente
penetramos en MadrL
Como no haya una cuestión
que nos haga detener,
entraremos en Madrid
antes del amanecer.
Lucia
EUL.
Amb.
Este viejo es un bribón
que me va á comprometer,
y he de darle una lección
si se llega á enternecer.
ií
Mi marido es un bribón!
No me puedo contener.
jMe las tiene que pagar
ó muy poco he de poder!
¡Cómo brinca el corazón
de alegría y de placer!
iQué diría, la infeliz,
si me viera mi mujer!
— 32 —
Nic. ¡Ya que es buena la ocasión,
no me quiero entretener,
y me voy á San Miilán
á buscar á esa mujer!
Todos ^ Y ¡Aa?a! j^a/a! ¡Aa?a!
ere», evC.a*
(ai terminar la parte cantada del número, Nicanor
vasa corriendo por el foro izquierda. El Coro general,
abriendo calle, deja pasar á Lucía, que va del brazo
de don Ambrosio. Todos dan un «[Viva la novial»
general y agitando los sombreros en alto. Cuando
don Ambrosio y Lucia ban salido de escena, aparece
doña Eulogia por la izquierda, descompuesta, y gri-
tando furiosd á su marido: jFalso! ¡Falso! En este
momento sale Martínez por el primer término izquier-
da también muy agitado, cOn el billete en la mano y
gritando con mucho desconsuelo: {Falsol ¡Falsol y
sale también corriendo. Todo este flnal muy rápido y
con mucha animación en escena.)
, iniJTACIOlf
Telón corto. Representa el interior del portal de una casa de recln.-
Jdad, de modo que, á la luz de la luna, se vea el patio y las puer-
tas do algunas habitaciones de los primeros pisos. A la izquierda
se verá el arranque de la escalera, y en sitio conveniente un fa-
rol con luz encendida. A la derecha se supone la entrada de 1&.
calle.
ESCENA PRIMERA
LUCÍA y DON AMBROSIO, por la derecha
Amb. ¡Éa, ya hemos llegadol
Lucía Sí, ya hemos llegado, y lo que más sienta
es que se haya usted molestado por mí.
I '.
Amb.
.' »•
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
• ' »
Lucía
Amb.
,r-/-;
X'fJ
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
— 33 —
(con faiameria.) fCalla, tonta, bí 110 ha sido mo
lestial... Si yo tengo mucho gusto... pero di-
me, dime, ¿por qué no has querido que
Viniéramos ei^ coche?
Porque eistaha mify sofocaba y 'quería' tomar
el fresco.
*
¡Hubiéramos reñido tan bien en un co-
checito!
Ya le he dicho á usted que quería andar.
Ya, ya lo he visto, "porgue mé has traído á -.
un paso... ¡Recórcho qué trotel
Y á propósito, señor Ambrosio, ¿se puede •
saber á dónde ha ido Nicanor- con- tanta
prisa?
Pues, hija, Vá'te lo hé'dich'Oí Un- asunto ur- '
geutíélthc/\. " - ' '
¿Pero, qué asunto puede tener un marido
el día de la boda que no sea con su mujer?
¡El comercio, hija,-el'comerciol Los que vi-
vimos del comercio tenemos que sacrificar-
nos muchas veces. '
Bueno, ¿pero á dónde ha ido?
Pues' ha ido á;.. (¿já dónde le -diré yó?) á...
recoger una partida que hemos recibido de
salchichas de Muta.
¿Salchichas de muía?
Sí, de un fabricante de Muía, que es una
especialidad haóiendo salchicha»;
¿Y no podía haberlo dejado para mañana?
[Cál'El comerció es lo primero; el comercio
esla palanca social... que... asegura el por-
venir del... de la... pero, vamoa. arriba, va-
mos arriba que se hace tarde.
¿Cómo arriba? De ninguna manera. Yo no
quiero que usted se moleste.
Pero si no es molestia... si...
Nada, nada, usted se marcha ahora á su
casita... y á descansar, que buena falta le
hace.
Pero si es que...
No se empeñe usted, porque es inútil. Yo
subiré sola.
(¡Se escama, se escama!)
Conque... señor Ambrosio... (Dándole la mano.)
3
. >y.
~ 34 —
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Amb.
Lucía
Am0.
tantas gracias por todos sus obsequios y
hasta mañana.
(No conviene que sospeche. Fingiré.) Bueno,
pues ya que lo quieres, anda con Dios. Que
duermas bien... y hasta mañana.
Muchas gracias, padrino.
(Ahora la engaño.) (Medio mutis.) j Ah! (como re-
cordando.) Se me olvidaba... Me ha dicho Ni-
canor, que cuando venga dará tres golpeci-
tos, ¿sabes? es decir, que si oyes que llaman
en la puerta así, tan, í«m, tan.,, es tu marido.
(|Te veo!) Me alegro de saberlo, porque así
en cuanto oiga ¿an, tan, tan, abro... (en se-
guidita.)
]Ea, pues, adiósl
Adiós, señor Ambrosio.
(voiTiendo.) Ya lo sabes, tan, tan, tan, ¿eh?
Sí, ya lo sé.
(ídem.) No vayas á hacerle esperar al pobre
chico.
Pierda usted cuidado... que no esperará.
¡Adiósl... (Vase don Ambrosio derecha.)
ESCENA n
LUCÍA
¡Já, já, já! ¡Pobre señor Ambrosio! ¡Se cono-
ce que me ha tomado por otral ¡Mire usted
que decirme que cuando oiga tres golpeci-
tos es que llega mi marido! El si que es el
que quiere llamar á la puerta para que le
abra. ¡Lo que es como vuelva... se ha caído!
Ahora subo, cierro por dentro y hasta
que vuelva Nicanor no entra nadie. (Enciende
una cerilla y yase por la izquierda cantando muy
alegre.)
— 35 —
EUL.
Mart.
EüL.
Mart.
EüL.
Mart.
EuL.
Mart.
EüL.
Mart.
EuL.
Mart.
EUL.
Mart.
EUL.
Mart.
EUL.
Mart.
ESCENA m
DONA BULOGIA y MARTÍNEZ, por la derecha
¡Venga usted, señor Martínez, venga usiedt
)Ayl Estoy sudando pez con la carrera que
me ha hecho usted dar.
No importa; luego se refrescará usted. ¡Tam-
bién yo vengo sofocada!
¿Está usted segura de que esta es la casa?
Si, esta es.
¿Y cree usted que habrán llegado ya?
I Ya lo creo! (Jomo que veniainos pisándoles
los talones; toma, que si no hubiera sido
por el carro de la carne que se metió por
medio y los perdimos, vo le aseguro que el
escándalo se lo doy eu mitad del arroyo.
Pero no importa se lo daré arriba. ¡Granujal
{Pillo! ¡Qué hombre! (a Martlaez, qiieesUrá ejE».
minando el billete con mucha atención.) ¿Pero hft
visto usted qué fal.-^o?
|Ya yai ¡Y yo que no he sabido hasta esta
tarde en qué se los distinguía!
¡Ahí ¿Pero se les conoce en algo?
¡Ya lo creo! ¡En que tienen la nariz máB
. gordaJ
¿Sí? ¡Pues más gorda se la he de poner yo
entoavía!...
Y en que son más largos.,, y en que la som-
bra no la tienen muy buena...
¿Pero, qué sombra quié ustez que tenga aa
tío así?
¡Señora, que está usted hablando de Goyal
¡Qué Goya ni qué calabazas! Estoy hablan-
do de mi marido.
¡Ah! Creí que del billete... La verdad es que
el señor Ambrosio se La portfido muy mal
conmigo. ¡Después que yo le he escrito la...
digo, el... digo.
(Rápido.) ¿La qué?
La... un&fuga de clarinete que le he escrito
en la... en la mayor...
. w
. -r 36 —
EüL. Bueno, no se apure usted. Ya le he dicho
que yo le daré un billete . bueno si me ayu-
da. Ahora lo principal es sorprenderle y
, armarle un escándalo. Ea, no perdamo»
tiempo. Vamos arriba. "' ' •
JtÍART. . Vximos, vamos donde tísted quiera... y no
se olvide usted del billetito, ¿éh? (Encuenden
dos cerillas y vanse por la izquierda.— "Músicíi én I»
■ orquesta y mutación.)
1a escena dividida.— La parte derecl\a (del aotor) representa^ el des-^
cansino del último. piso de la casa, donde termíhá la'ei^caléra.—
AI fondo, una barandilla de hierro ó madera que se sui>6üe da
al patio.- Más al fondo, buhardillas, chimeneas de casas' lume^
dlatas, etc , etc., y en último término, en el telón de foto, "otros-
tejados, torres, etc., de algunos edificios de Madrid. Esta part»
de la escena estará débilmeiit.nltiminadapor la luz déla luna, que*
se yerá entre nubes.— Kn el muro divÍBorio, un ventanillo pe-
queño, y al lado puerta de entrada á una habitación. Esta puertft
tendrá el número 6.— El Ifido izquierdo de la escena (quo debe-
ocupar fólo una tercera parte, de la mis^naj, representa^ una' salita-
modfsta con puerta al foro, con coriinas.— En esta sala liat)rá, eu
el centrO) nn velador, y sobre él una Jaula con un can&rio títo,
7 un ca,ndelero con vela. Sillas de p»Ja á los lados, consola,,
caadlos, ote , etc.
ESCENA PRIMERA . . '
LUCÍA por la den cha del ludo derecho, que es donde se supone que^
termina la escalera. Sale con una cerJla encendida, saca una llave-
del bolsillo y entra en su l'.abitacién.
Lucía ¡Ay! ¡Gracias á Dios que me encuentro err.
casa! (cierra la puerta y enciende la bujía.) ¡Creí
que no se acababa nunca el bailoteo! ¡Y
ahora que recuerdo!... (viendo la jaula del cana-
rio..) {Pobrecito mío, que- no te he puesta
comida! Pero, es claro, ¿en un día como el
de mi boda, quién se iba á acordar?... Y no-
tiene ni una gota de agua... ni un caña-
— 37 —
món... ¡Ah, 3*0 te aseguro que no rae vuelva
á pasar esto! Cuaucio me case otra vex, yo
me acordaré de... ¿pero qué estoy diciendo?
]S\ me oyera Nicanor!... Voy á ponerte
agua, pobr^ícito, voy á ponerte agua... (vm«
por la puerta del foro de )a hablUción, lleTándoM
]a luz.)
ESCENA II
Ktri^OGIA y MARTÍN KZ, luego LUCÍA. (EuIoría y Martlnei por la
derecha, y con cerillas enceadldas.)
Eli..
Mart.
EüL.
Mart.
EuL.
Wart.
EuL.
Mart.
EuL.
Mart.
EüL.
I Ya eétamos en el palomar!
¿Y en dónde vive ^sa chica?
Ahí; esa es su habitación.
Entonces, apaguemos las cerillas. No con-
viene que vean luz. (Apagnu las cerlllaa.)
¡Ahora, vamos adentro!
;¿P,fí>ro §síá usted decidida á entrar?
Pues. np. f^a^a mí\s; y si no, ¿á qué he ve-
nido? ' ' ••
(Deteniéndola.) Señora Eulo^ia, tenga usted
prudencia; tenga usted serenidad. Conside-
ra; que si su marido está ahí dentro, pudiera
usted ver lo que no quisiera y...
¡Pero si es que yo quiero verlo todo!
¡Chist! Hable, usted más bajo. (Luoía sale con
la luz y con una jarra bastante grande de agua, y se
sienta al velador, de espaldas a ln pneria.) Yo mira-
ré por la cerradura, me enteraré de lo que
' ocurre dentro y después... después veremos.
¡Bueno, haga usted lo que quiei'a, pero pron-
to,, pronto! (Mnrlíiiez mirando por el ojo de la llave.
Eulogia con la mano en la oreja, como escuchando, 7
Lucía hablando al canario.)
■ . • ' '
XíUCÍA
Ifúsica
(ai canario.)
[Ya esto^ á tuladol
¡Ya ves que me río!
- 38 —
¡Mira si te quiero,
pobrecito míol
lExJh, (^En yoz baja.)
¿Qué vé usted, Maitíaez?
MaRT. (Mirando.)
¡Yo no veo nadal
EuL. (¡Este clarinete
toe tiene escamadal)
Marx. Ella está de espaldas (Mirando.)
pero no la llame.
EuL. Bueno... ¿y mi marido?
¿(Jomo está el infame?
Mari . No lo sé, señora,
positivamente,
pero me figuro
que estará de frente.
Lucía (ai canario.)
¿Quién te quiere á tí?
¡Monlnl
EüL. (Alarmada.) *
¿Eh?
JLUCÍA (CoQ zalamería.)
¡Monínl
(Haciendo con la bona ese ruido característico con que
se alegra á los pájaros )
Mart. No es nada, señora,
(¡Va á armarnos ahora
la de San Quintín!)
Lucía ¡Ponte más cerquital ..
[Junto á mi boquita!
EüL. ¿Pero está usted viendo
que desvergonzada
es esa niñita?
Lucía ¿Quién te quiere á tí?
¡Monín! ¡Galán!
(Repite el rnido con la boca.)
Eui.. ¿Le ha llamado mono?
Mart. ¡Es que tiene en casa
un orangután!
— 39 —
Lucía Ponte más cerquita, etc.
SuL. ¡Ya eso es demasiao!
Marx. ¡Verá usted si el mico
le tira un bocaol
¡Vamonos á casa,
que es lo más prudentel
EüL, (Como yo le coja
no le queda un diente.)
(Los dos forcejan, él queriendo UeyárseU y ella que-
riendo entrar.)
Lucía (ai canario.)
Mientras esperamos
á mi maridito,
cuéntame tus penas,
pobre pajarito.
¿Quién te quiere á tí?
¡Kico! ¡Rico!
¡Monlnl ¡Monín!
Martínez Eulogia
¡Qué atrocidad! ¡Qué atrocidad!
¡Qué situación! * ¡Qué picarón!
¿Qué pasará? I^oy va á saber
¡Válgame Dios! lo que soy yo!
Hablado
EüL. ¡Ya no quiero oir más! ¡Canallas! (Queriendo
entrar en el cuarto.)
Mart. (Deteniéndola.) ¡Señora Eulogia, tenga usted
calma!...
EuL. Yo entro!...
Mart. ¡Calma! ¡calma!...
EuL. iSe necesita poca vergüenza!...
Mart. Es verdad, muy poca; pero piense usted
que no conviene dar un escandio á estas
horas y á estas alturas...
Eul. ¿a qué alturas?
- 40 —
Mart.
EUL.
Mari.
Eur.
Mart
EüL.
Mart.
EüL.
Mart.
Lucía
Mart.
Ec'L.
Lucía -
Mart.
Eüti.. • .■
«
Mar*f,'
Lucías ,
EUL.
Lucía
EUL.
LuoÍA
EuL.
Lucía
I A estas, señora, á las del quinto piso! Me
ha ocurrido una cosa para enterarnos mejor.
¿Qué cosa?
Como por ahí (La cerradura.) no se ve lo bas-
tante, yo vo}'^ á llamar á la puerta, y cuando
diga: «¿Quién es?» nos callamos.
. [ClarOrsi coi;iQ9ei:^ la jvoz no abriránl
Salen á mirar por el ventanillo, ' y aprove-
cho ese momento para enterarme de quién
hay dentro. . . ., ^
,\NíO. está mal pensado.
Manos. á 1^ obira.^jAh! ¿Y el billetito?
Hombre, no sea usted pesado. Tómelo us-
ted, (sacándolo del bolso de mano.)
Gracias. (¡Este ya ha caído!) (Martínee da tres
golpecitos en la puerta y se coloca con la cara Junio'
al ventanillo,) ,
■ ¿Quién es? (Pequeña^. pausa, durante la cual M^rlí-
uez hace. señas a doñaiEulogia de que%UArde silencio.)
jNo contestan! (Martínez Tuelve á dar otros tres
golpes y repite el jue^ó/le antes.) <^Ue quién eS?
(¡Ah! ¡Este es don Ambrosio qué quiere en-
trar! ¡Ahora yerá^lo que es bueno!) (contes-
tando.); ¡Voy, voy! ¿^sómese usted al venta-
nillo y. abro, en ,.^egWÍda. (coge el jarro de agua
que tandrá sobre la mesa, abre el ventanillo, y lo arro-
ja con fuerza, diciendo.) ¡Allá Val
((%ue retoiVe el a^rna de lleno«en la cara, da un grito.)
jAyl .::,i.o: .,.- : ,
¿Pero qué ,e^ estp? (Alto.)
¡Ja, ja, jai ¡Pobre viejo!
I Esto es una burla!
•:j Ese- canalla tiene la.culpíi, A)3ra usted en
seguida. (Golpeando la puerta.)
■"i Abra. usted! (Quitándose el chaquet para sacudirlo.)
; ¿Eh?'¡No era el señor Ambrosio!... ¿Pero
quién habla?... (Abriendo la puerta.J
¡NoFotmsk
¡Señora Eulogia! (Sorprendida y saliendo al des-
cansillo.) " .
¿Dónde egtá ese, l?ipmbre?
¿Quién? ■ . .; , .
|Mi marido!
¿8u marido?, j, , ,
--.44 —
Mart.
Lucía
Mart.
(Si, señora, está abll (Entra en lah&bltaclón.)
¿Ahí?... jEstá usted fresco! (con ironía.)
jEs verdad, demasiado frescol (Martines, para
aecarse el agua, deja el clarinete sobre el yelador.)
ESCENA ni
• .;
')>,-i
».
DICHOS 7 NICANOR por la derecha y cofi una cerilla encendida
Nic.
Lucía
Nic.
Mart.
íilC.
Lucía'
Eu^. .
Nic.V .
Marti
Nic.
MART^
Nic.
Mart.
Nic.
Mart.
Nic.
Mart¿
I - 1
Nic.
Mart,
Pues, señor, me he cansado de esperar en el
café y la Petra no ha parecido. ¿Será algu-
na broma? ¿Eh?... (viendo á ios oíros.)
¡Nicanor!
¡Calle! ¿Ustedes por aq.uí? ¡Señora Eulogial
(saludándola.)
. , (Sale del<;u»rto^ dej^ndqse olyidado el clarlnele.) ¡Sí,
I señor; todos por aqu'íl
(¡Qué compromiso! ¡El murguista!) ¿Y á qué
se debe esta visita repentina?
Yo te lo expliparé. .
éí, ya te lo explicaremos. (Entran en la hablta-
, > cl(in y hablfn.)
(Acercándose á Martínez.) ¡Por DioS, nO me COm-
.prometa usted! No diga usted nada de la
carta.
(Distraíí^o,.) ¿De qué cárta?...
. Pe la que. le dio á usted la Petra para mí.
¡Ahí (No me acordaba.) ¿Y qué tul, ha acu-
. dido al caí é? . .
]No„6eí)or!,
(¡Claro, qué ha de acudir!)
He estado esperándola... ¡y nada!
(¡Naturalmente!...)
., ,]^ noi.mujei: se enterara!... ¡Yá ve usted qué
compromiso!...
. (¡Qué idea! A éste le saco el dinero.) Pues,
mire usted, si quiere usted hacer un peque-
ño sacrificio, yo me (comprometo á librarle
,,:■ (Je Qsa mujeí.
¿Para siempre?
Para siempre; soy capaz de mandarla á Fili-
pinas... (que ep donde está.)
I ■ ■ 1
■ : .'I i
' ii . •
-^ 4Í —
Nic.
Makt.
Nic.
Mart.
Nic.
Mart.
Nic.
MaRT.
Nic.
Mart.
Nic.
EüL.
Lucí\
me.
EUL.
Lucía
N:c.
EUL.
Los TRES
EíJL.
Nic.
Eüi.
Lucía
EüL.
Nic.
Lucía
EuL.
Nic.
Lucía
EuL.
Y para eso, ¿qué hace falta?
[Cinco duros, nada más que cinco durosl
Pues no haj' más que hablar, (sacando la car-
tera.)
(¡Asi como así no hay tal mujerl)
(¡Así como así, lo paga el padrino!) El caso
es que no tengo más que este billete de diez
duros. ¿Tiene usted vueltas?
jSí, S€}ñorl
Pues ahí va, (Le dt el biUete.)
Ahí van las vueltas, (sacando un bUIete de cinco
duros.) (¡No, el de la nariz gordal) ¡Ahí val
(Le da otro billete.)
¿De modo que puedo estar tranquilo?
¡Completamente tranquilo! Y ahora que !•
he dado á usted el billetito... que usted la
pase bien... (como lo he pasado yo.)
Muchas gracias. ¡Vaya usted con Dios! (vas©
Martínez por la derecha.) j Ay, qué pCSO Se me ha
quitado de encima! ¡Voy á ver á mi mujer-
cita!... (Dirigiéndose ala habitación.)
(a Lucía.) Nada, como venga, te aseguro que
nos vamos á divertir con él.
Lo tendrá bien merecido.
(Entrando.) ¡Aquí estoy yo!
(Rápido.) ¡Silencio!
¿Qué?
Alguien sube la escalera.
Oigamos. (Pausa.)
¡Ambrosio!... ¡Ese es Ambrosio!... Conozca
sus pasos...
Bueno, ¿y qué?...
(a Lucía.) Ésta es la ocasión; aproveché-
mosla.
Es verdad, (cogiendo la luz.) Vamos adentro,
Nicanor.
(Empujándole.) Anda, Nicanor.
(Atontado.) ¿Pcro qué van ustedes á hacer?
¡Vamos, Nicanor! *
¡Adentro, Nicanor!
¿Pero, yo... pero, qué?...
¡Pronto! (Empujándole.)
¡Que llega! (lo mismo.)
Nic.
— 43 —
(Dando yueltas, Teiletiéndose á entrar.) [PerO... DO
entiendo una palabra... yo estoy tonto...
(Vanse loa tres por la puerta del foro, Uerándoa»
la luí.)
ESCENA IV
MARTÍNEZ por la derecha con cerilla encendida. Luego BÜLOGIA
en la habitación, lin luz.
Mart. Me he dejado el clarinete ahí dentro, y mar
ñaña tempranito tenemos bautizo de unos...
(Tirando el fósforo.) ,Caracole8, que me quemot
jLlamaremosi No es cosa de perder esa cha-
pucilla por falta de instrumento. (Da treí gol-
pes en la puerta y escucha.)
EUL. (Saliendo foro y sin laz ) ({Ah, gran bribón 1
{Caíste en el garlito!)
Marx. ¿Se habrán dormido ya? ¡No, no lo creo...
Esta noche es noche buena, y no es noche
de dormir, (vuelve á llamar.)
EuL. (Abriendo.) [Ahora verás lo que es buenol
Marx. Ya está aquí.
EuL. (En TOS muy baja.) jSilenciol
Marx. (Entra, dejando la puerta abierta.) (¿Eh?)
EuL. (Llamándole con cariño y muy bajo.) ¡Padrinot
Marx. (¡Zapatetal ¡Me lo estaba maliciando!)
EuL. (Muy bajo.) ¿Es USted?
Marx. (Alegrándose.) (¡Qué tentaciónl...) jSí!
EuL. No haga usted ruido.
Marx. (¡Miren la niña!...) |Nooo!..,(Aquí me encuei>-
tro yo algo.)
EuL. Acerqúese... Déme usted un abrazo...
Marx. (Muy alegre.) (¡Alg# se pcscal... ¡Algo se pes-
ca!...) Voy...
EuL. (Sujetándole y dándole golpes y pellisoos.) jGanallal
¡Infame! ¡Bandido!. .
Marx. ¡Ay, Dios mío! ¿Qué es esto?...
EüL. ¡No te me escapas!
Marx. (¡Misericordia, iSeñor!) (consigue desasirse y es-
capa, á tientas, por la puerta del foro.)
EuL. (Buscándole por la habitación.) ¿Dónde eStáS, tU*
nante?... ¿Dónde estás?...
— 44 ^
ESCENA V
9)10HA y DON AMBROSIO por la derecha sin luz y con aire de con-
quistador
Amb.
EüL.
Amb.
EüL.
Amb.
EüL.
Amb.
Aquí estoy ya. (Muy alegre.) {A.y, lo que me
espera ahí adentro!.. , | Vamos allá! (Dirigiéndo-
se á la puerta.) ¿La puerta abierta? ¿Hola, ho-
la? [Esto es^pan comido! (Entra.)
¡Cerraré la puerta y no te me escaparás! (Tro-
pieza con don Ambrosio.) ¡All! |Te pillé!... (Gol-
peándole.)
¡Cuerno! ¿Qué es esto?
(En voz ai'ta.) ¡Bribón!...
¿Pero quién es?...
¡Soy yo! ¡Sinvergüenza! ; •. / .
ESCENA ULTIMA
> 4
, » DICHOS, LUCÍA, luego NICANOR y MARTÍNEZ
Lucía (Asomándose á la puerta del foro con luz.) ¡BuenaS
noches, padrino!
Amb. ¿Eh? (viendo á Eaiogia.) ¡Horror! ¡La de La
Puda!
EuL. ¡La 'misma! fGrranuja!
Amb. (¡Ábrete, tierra!) (Sale corriendo ai descansillo.)
EüL.^ " No te escapas, no. (Sal^e detras.)
Nic. (por el foro.) ¿Péro qué es esto? ¡Yo estoy
tonto! .
Mart; (liüe' sale detras por el foro.) Nada, estiua broma
del padrino. (Salen toí^os al descansillo.) (1)
LúcíÁ ' Justo. Una broma del padrino...'
EüL. Sí, Una broma de mi marido, (con intención.)
¡Cómo es tan bromista!...
Amb. y. de mi mujer... ¡Cómo es tan oportuna!.. •
EUL. (¡Y que lo digas muy alto!) (Pellizcándole.)
Amb. (Gritando.; ¡Cómo es tan oportuna!...
(l) De deicecha á izquierda. Martínez— Eulogia—tucia—Nicanor.
— 45 ^
EuL. (¡Calla, bribón.)
Nic. (Riéndose.) Ha tenido gracia la broma; pera
mucha gracia.:.
Mart. jMucha, muchal
NlC. Y ahora... (cogiendo dcl brazo ¿ Luda eomo en el
primer cuadro.) A casita, á casita, qu6 va á
llover.
Todos (Rápido.) ¿Qué dice? ¿Qué?...
Nic. Quiero decir que... vamos, que... ya es hora
de retirarse todo el mundo... ¿Eh?
Marx. Tiene razón; retirémonos todos... (sajo á don
Ambrosio.) (Pero le advierto á usted que el bi-
lletito que nos dio era falso.)
Amb. jBueno, hombre, buenol
Mart. No, señor, falso... falso...
Amb. (Aparte á Martínez.) Quiero decir que ya le daré
a usted otro, con tal de que se calle...
Mart. (Vaya, menos mal. jAl menos me cobraré la
paliza!) Muchas gracias, señor Ambrosio!.-
(ai público.)
Ya que á este pobre señor
le ha costado su dinero...
¡que no lo pague el autor
á la Vuelta del viveroI
FIN
Las tres lindísimas decoraciones que se estrenaron en
esta obra, fueron construidas por el reputado escenó-
grafo D. Luis Muriel, á quien el público premió su tra-
bajo con estruendosos aplausos.
EL DIABLO HARTO DE CARNE.
OBBAS DE D. FRIUB FLORES 6ÍIRÉ.
BL 11 DE DICIEMBliE, comedia en an aoto y en verso.
EL 1.** DE ENEaO. drama en un acto, id.
ESCUELA DE AMOR, jngnete oómioo en id. id.
QUIEN PIENSA MAL..., Jngnete cómloo id. id.
LA CUERDA SENSIBLE, id., id., id.
LA MÁS PRECIADA RIQUEZA,, oomedia en id., id.
UN DEFECTO, id., id., id.
DOÑA CONCORDIA, id., id., id.
RECETA CONtRA EL SUICIDIO, id., id., id.
SE DESEA UN CABALLERO, id., id., id.
VICENTE PÉRIS, drama histórico.
ENTRE AMIQOS, oomedia en nn acto y en verso.
EL NACIMIENTO DE TIRSO, drama, nn acto. (Segunda edicto tu)
LA MADRE DE LA CRIATURA, comedia en dos actoe, en verso.
CUESTIÓN DE TÁCTICA, oomedia en nn acto y en verso.
LOS VIDRIOS ROTOS, comedia on un acto y en prosa.
NAVEGAR Á TODOS VIENTOS, comedia en dos actos y en verso.
0ALEOTITO, Juguete cómleo en un acto y en verso (Tercera edl*
cion.)
DE CÁDIZ AL PUERTO, comedia en dos actos. (1)
LA HERENCIA DEL ABUELO, comedia en un acto y en verso.
LA ÚLTIMA CARTA, moaólogo en uu acto, en prosa y verso.
CONFLICTO ENTRE DOS INGLESES, Jugaete cómico en un aoto y
en verso. (2)
jEN CARNE viva! Jugaete cómico, en un acto y en verso.
METERSE EN HONDURAS, Juguete cómloo-lirico, en nn aoto y
en prosa.
HAPA-MUNDI, Juguete cómico en nn acto y cuatro cuadros y en
verso.
DB CÁDIZ AL PUERTO, zariuela en dos actos. (Eefündicion.)
LAS CARTAS DE LEONA, Juguete cómico en un aoto y en prosa»
original. (S)
iMtoMÉÉl
(1) En colaboración con D. Julián Rom6a«
(2) Con el mismo.
(8) Con D. Ángel Rubio.
1 LHOMBBE Bfi LAS OAFASJuguete cómieoen uu aeto y en prosa.
DE PESCA, oomedia en nn acto y en prosa.
UNA DONCELLA DE ENCARGO, Juguete oómleo lirioo en un aoto^
y en prosa.
POLÍTICA INTERIOR, Juguete cómico en nn acto y en prosa.
TIRÜELAS LOCAS, humorada cómica en un acto y tres cuadros
(parodia del drama LA PESTE Di; OTRANTO), escrita ea ]
yerto. (1)
COMO BARBERO Y COMO ALCALDE, saínete en un acto y en
verso.
BL DIABLO HARTO DE CARNE..., Juguete cómico en un seto y
dos cuadros (parodia del drama VIDA ALEGRE Y MUERTE
TRISTE, en verso.
GALERÍA DE TIPOS. — (Retratos y cuadros de costumbres.)— Uil
tomo.
¡COSAS DEL MUNDO! — (Narr aciones). -ün tomo.
LA CÁMARA OSCURA.— Tipos y cuadros óe eo9tambres.~T7n toma
(1) Bn colaboraoion con D. Jolian Romei^.
• EL 11
• ••
JIGDITI COlICO IK DX ACTO T DOS CDiDROS
{parodia del drama vida alegre y muerte triste)
escrito en verso
OniGINáL BE
FRANGISGO FLOBES aARGÍA
Representado por pritnara tos, ooq extraordinario «plaoto, en el
Teatro de la ALHAICBBA el 7 de Abril de 18S8.
MA.DBID: 1885
eSTABUeCIMlENTO tipogrX^ioo
1» y. r. MOtf TOTA T OOMPAfff 4
, Cafto«i 1.
PERSONAJES.
ACTORES.
LOLILLA Sita. Sanz.
Soledad > Casado (D.* S.)
Tecla > González.
Bernardo Sr. Sanohez de Castilla»
BOADIL el grande J Balaíruer
BOADiL el chico i * ^aiagier.
Quintín, yeterínarío » Altarriba.
Alvarez > Vega.
Pancho > Teroeño.
Perico » Castro.
Baudilio » Torrijos.
La acdón se supone: el primer cuadro eu Madrid y el
segundo en las playas del Mediodía.
Eita obra es propiedad de in autor, y nadie podrá,
•in sa permiso, reimprimirla ni representarla en Btopa*
fia 7 sos poBeaiones de Ultramar, ni en loa paiset oon
los enales haya oelebrados, ó sé celebren en adelante»
tratados internacionales de propiedad literaria.
El autor se reservan el derecho de traducción.
Los comisionados de la Administración Lírico-Dra-
mática, perteneciente á D. Eduardo Hidalgo, son loa
encargados de conceder ó negar el permiso de represen-
tación, y del cobro de los derechos de propiedad.
Queda hecho el depósito que narea la ley.
AL REPUTADO PRIMER ACTOR GOMICO
D. aABBIEL SÁNCHEZ DE CASTILLA
Mi estimado amigo: A usted, que desde el primer tno-
fpie-nto acojió esta obra con singular cariño^ que la ha diri-
jidv con esmero y que ha interpretado el protagonista ma-
ravillosamente ^ se debe en grandísima parte el éxito que
ha obtenido.
Cumplo y pues, un deber de gratitud al consignarlo así,
y el' más rudimentario de los deberes al dedicarle mi mo-
desto trabajo.
Su afectísimo amigo y cutmirador^
FRANCISCO FLORES GARCÍA.
ACTO ÚNICO.
Sala modesta. Paocta grande al fondo oon cortina basta. Ventana
á lá derecha, en primer término: en segundo, nna puerta. Dos
paertaa á la isqnierda.— A la derecha, en primer tópninoi dos
butacas grandes de gutapercha, colocadas de modo que figuren
un «vis á vis.» A la izquierda, en primar término, una mesa de
pino y sobre la misma un botijo de barro j un quinqué enoen*
dido. Junto á la mesa, un banco de madexa. Billas de paja.
ESCENA PRIMERA.
Pebico.—Baüdiuo,
Pkb. Será una noche de estragos:
' El amo quiere cenar
lo mismo que Baltasar...
uno de los reyes magos.
Lo tienes todo dispuesto?
Baüd. Tal como el amo mandó.
PsB. Has traido lo que encargó?
Baud. Al fiado.
Per. Por supuesto!...
Baud. Ya gruñen!...
Pbr. Qué se ha dé hacer?
— 10 —
A bien que yo no lo escucho!...
•
Baüd.
Es que ya debemos mucho!
Per.
Bueno! Ese es nuestro deber!...
Baüd.
Ha llegado la ocasión;
quiere el amo darse tono,
y habrá aguardiente del mono
y aguardiente de Chinchón.
Per.
Cómo? De los dos habrá?
Baüd.
De cada uno una botella.
Pájaros f titos, paella...
Per.
Fá ella? Si ella no vendrá!...
Baüd.
No me refiero á Loliila,
que es una mujer atroz:
me refería al arroz.
Per.
No la insultes, pobrecilla!...
El amo se porta mal
con eba pobre mujer.
j
Baüd.
Mal, no: es su modo de ser...
porque es un hombre especial.
Per.
Siempre en pos de lo ilusorio
con los imposibles sueña.
Baüd.
Y con locuras. Se empeña
en que él es don Juan Tenorio.
Per.
No tiene el juicio cabal.
Baüd.
Y raya en lo temerario.
'
Per.
Y se viste de ordiuario
lo mismo que en Carnaval.
Baüd.
Si hasta se pone plumeros
en los sombreros del dial
Per.
Y la risible manía
de llamarnos escuderos^
Baüd.
No se le puede aguantar!
Per.
No se le puede sufrir!
Baüd.
No sabe más que pedir!
Per.
Y se le olvida el pagar!
Baüd.
Por él sufrimos desvelos!
Per.
Siempre intranquilos estamos!
Baüd.
Y por eso nos portamos
como criados... nwdelosl
(Vaso por el fondo, y apareoe Teola
aeganda de
reoha.)
— 11 —
ESCENA II.
Perico. — TbclAi oon nn ramo de lilas.
Tkct.a.
Ta te das tono y yo espero.
Peb.
Estaba muy ocupado.
Vienes de arriba?
Tecla.
Pe arriba;
es deeir del sotabanoo. (Sa lienta.)
Pbr.
(Qaeriendu cogerle ana mano.)
Qué díoe Teda de bueno?
Tecla.
(Pegándole en las manes.)
No soy tecla de piano.
Pee.
Qaé diees?
Tecla.
Qne no me toques.
Peb.
A qué vienes?
Tecla.
Por encargo
de mi... señorita, á ver
ai sin vergUensa de tu amo.
£Ila llora y se consume
y oomo lo quiere tanto...
no comel...
Peb.
Por qué no come?
Tecla.
Pues... porque no tiene un cuarto.
y el comer cuesta dinerol
Ay, los hombres son muy malosl
üngafian para pescar,
y. en cuanto que pescan algo^
si te aide^ no me acuerdol
Pero me voy explicando
sobre cosas que no importan.
(Pansa Inref isima.)
Si importan!
Per.
En qué quedamos?
Tecla.
Pásmate!.. . (Perico estornada.)
Esto lo aprendí
en libros que me prestaron.
libros que después prohibieron
por ser los libros de un vago.
Peb.
Pero, mujer, á qué vienes?
I I
Tecla..
Per.
Tecla.
Per.
Tecla.
Per.
ÍECLA,
Peb.
Tecla.
Per.
Tecla.
Per.
TxCLA.
Per.
Tecla.
Per.
Tecla.
Per.
— 12 —
Pues á traerle á Bernardo,
de parte de mi,, s^iúr a,
estas lilas.
Es buen ramo!
Robadas en el Retiro
están por sn {uropia mano,
esponiéndose á que ufa gniírda
la hubiera pegado un palo.
PSnlas en ese botijo:
agua tiene.
Me hago el dargo.
(Pone las lilas du el botijo.)
Hablando de otra materia:
por qué no sube?
Ahoara ha dado...
En qué?
En ser hombre polítíoo.
Pues lo que es en ese ramo,
no adelanta; es un grosero,
manque lo hagan deputado:
Anoche se fué de juerga^
oon varios jmfffo^;. jugaron
á las siete y media, y lugo
por mor de cmtion de ochavos
hubo un desafío.
A qué?
A navaja, á quince pasos.
De suerte, que...
Nada temas:
él es un valiente, un bravo...
según él mismo asegura.
Y hay quij creerlo.
Bstá^aro!
Ahí lo tienes: un sime^n
en la puerta se ha parado.
«
( Asomándose á la ventana.)
Qué feo es, mayormente!
Ya sube: levanta el campo.
(Vase Teola por el fondo, y salé Bernardo, ae^^ua-
dá derecha. Vestido de medio eaerpo abajo, á ea*
tito del siglo XVI 7 de medto cuerpo arriba, á
estilo del d tf <}n el sottbterO) ti^ae varlaa pltuaas.)
4
— 13 —
ESCENA III.
Perico j Bernardo.
Bebn. (Siempre tengo que ir en coche
por temor á los chiquillos.)
Han venido ya esos pillos
que he convidado esta noche?
Peh. No, seftor.
Bern. Vaya una gente!
Per. El lanee?
Bern. No salió mal:
al tuno de Villa-Real
le phité un chirlo en la frente.
El gobierno me envenena!
(Tiraii<So un paro qiie viene f ornando.)
Lástima de perro grande/
Oye, Perico.
Per. Usted mande. '
'Bern. Está dispuesta la cena?
(S«ñ«t afirmati-va áe Perico.)
Porque quiero que elíos goce»...
Qué es esto? (TomAiulo las Ulas.)
Per. (Por fin las videf)
Unas lilas que han traído...
pam usted.
Bern. Bien me conocen!
(Dlatraido, tarareando, oomiensa á romper el
ramo.)
Per. (Sefior, esto clama al cielo)
M se entretiene en romperlas,
mientra» que ella por cogerlas
ha podido ir al Modelo!...)
Bern. No será cosa sencilla
saber quién las ha enviado,
de tanta» oomo me han dado
su corazón.
(Se pone el ramo en el ojal de la levita.)
Per. Fué Lolillal
B£RN« Ooa U notioia me hieres!
— 14 —
Tú tienes muy mala sombral
A mí nunca se me nombra
cierta oíase ie mujeres.
ESCENA IV.
Dichos. — B au dilio. — Luego, Lolilla.
Baüd. La niña del sotabanco,
quiere entrar.
Bbrn. (Pierdo la calma.)
Te voy á romper el almal—
Baüd. (Como si yo fuese manco!)
Bern. Es mucha su obstinación
y hará que mi furia estalle!
Baud. La echaremos á la calle.
Bern. Os tiro por el balconl
Per. (Cualquiera entiende á estetíol)
Bern. Aunque viene á incomodar,
la teaeis que respetar.
Baüd. Buenol
Per. (Quién me compra un lio?)
Bern. Y ahora he de llamarte tunOt
por fuerza del consonante.
Que entre esa dama al instante
y que no pase ninguno.
(Vanse Baudilio y Perloa, aegon^a derecha, y por
la misma sale LuULla.)
LoL. Bernardo, vienes herido?
Estaba tan impacientel..
Bern. No sabes que soy valiente?
LOL. Lo has dichol
Bern. Y lo he repetido.
LoL. AJiora que te he visto, ingrato^
si quieres me marcharé,
Bern. No te vayas, quédate.
(Esta me va á dar el ratol)
(Llevándola al banco.) ,
Tus arrebatos modera,
reposa aquí, y un momento,..
LoL. (Duro es!... Parece este asiento
— 16 —
un «sieolo de tcroera.)
Bern.
Eres buena^ y haces tnat
en querenne.
LOL.
Y me lo diees
en mi c«ra?
Bern.
En tos naríoesl
LOL.
(Este hombre es un animall)
'Decir no quiero ]o horrendo
del mal que me haces sufrir.
Bern.
Tú no lo querrás decir;
pero me lo estás dioiendol
LOL.
Si te quiero con locnral
Bern.
(Besándole la mano.)
To te quiero mucho más.
Lot.
Tú me quieres; pero estás
á baja temperatura.
No lo niegues, si eres franco:
en sefial de tu desvio,
siento en tus labios el frío
que siento en el sotabanco.
Allí el frío, y la amargura,
y la escasez y el dolorl...
Bern.
Te ha colocado mi amor
á considerable altura.
y aún te quejas?
LoL.
Es que lucho
entre tantos padoceres,
porque te quiero!
Bern.
Me quieres?
LOL.
Mucho!
Bern.
Mucho?
LOL.
Muchol Mucho!
Bern.
No te causa admiración
el ver como te he tratado?
Soy asi, porque me han dado
malísima educación.
Como yago me crió,
como gatera crecí,
y por do quiera que fui
lo que pude me llevó.
LOL.
Tu fondo es bueno.
Bern.
(Quó error!)
— 16 —
Lot.
Pero hay que cavar muy hundo.
Bebn.
Desengáfiate: en el fondo,
no soy malo; soy peorl
LOL.
Paes ni aún asi te reohaso.
Bbrn.
Yo me miro en tns papilas!
(So abrasan (uertemeote.)
LOL.
Has deshojado las lilas.
Bbrn.
8í: ftié del enconhonazo.
LOL.
Si á mi sola me prefieres,
perdono tu brusquedad.
Bern.
Te prefiero— en paridad —
entre todas las mujeres.
LOL.
En purid&d? No adivino
lo que me quieres decir.
Bern.
Quieres conmigo venir?...
LOL.
Adonde?
Bern.
A Vifcigudino.
LOL.
Los dos solos?
Bern.
El amor
no gusta de compañía.
LOL.
Es que... yo te lo diria...
•
si no me diese rubor.
Bbrn.
Mujer, ó yo soy muy bruto,
ó no acierto á dónde vas
con tu jdea.
LOL.
Lo sabrás...
Bern.
Caándo?
LOL.
Cuando venga'cZ /rafa.
Bern.
No entiendo...
LoL.
Puedo decirte...
ESCENA V.
Dichos. — Perico.— Luego, BoaDIL el grande. — Alvarez y
Pancho.
Per.
Vienen!
LOL.
Qué oportunos sonl
Bern.
Dime eso en otra oeasión.
porque ahora tienes que irte.
LOL.
Al salir me van á ver.
Bern. , ,
Bahl Qué han de verte. Eso fuera
— 17
•
sino hubiese otra escalera.
1
LoL.
Quién la ha mandado poner?
Bern.
Pues... quien puede.
LOL.
Siendo así...
Bern.
Hay gente muy prevenida.
LOL.
Guíame en esta salida.
Es por aquí?
Bern.
Por aquí.
(Vause primera izquierda. Perieo ol«rra la paar -
ta y salen sogamda dereoUa Boadll»
Alvares y
PaoohoJ
BOAD.
Porqué cierras?
Per.
Esa es buena.
Porque corre un mentedüo,..
V
BOAD.
Estamos de tapadillo^
.
Per.
«
Si señor! Voy por la cena.
1
(Se dirige al foudo)
BOAD.
Ella há estado aquí.
Per.
Velay.
BOAD.
Vamos á indagar...
Alv.
Por mí...
BOAD.
Ya di con el rastro... Aquí
hubo lilas.
Per.
(Y aun las hay!)
(Vasa por el foodo.)
BOAD.
Por BU amor estoy en vilo;
y por lograrla he de hacer...
(Tomando un pañuelo del banco.)
Un pañuelo de mujer!
Alv.
No es de mujer; es de hilo!
BOAD.
Está la prenda empapada.
Esto indica...
Panc.
Échale un galgo!
Alv.
Mira á ver si tiene algo
en alguna rinconada.
Boad.
Binconada?
Alv.
Sí, áfémia!
Boad.
Eso es hablar en camelól
Ni que fuese este pañuelo
obra de mamposteríal
»
Pero, en fin, yo me lo guardo
y en mis pesquisas insisto.
Alv.
£OAB.
Alv.
BoAD.
Panc.
Alv.
BOAD.
Alv.
Bbrn.
Paño.
Bbrní
BOAD.
Alv.
BoAD.
Bern.
BOAD.
Panc.
Alv.
— 18 —
Lo que quieres, por lo visto,
es desbancar á B«rDardo.
No lo niego: por Lolilla
doy, como quien do dá nada,
los GánDenes de Granada,
la Giralda de Sevilla;
y entrando en otro terreno,
doy tn Petra y tu Asunción,
y mi Purificación ..
Hombre, no des tanto.L.
Baenoi
Somos unas calaverasi
Di mejor, unos bandidosl
El terror de los maridos!
• Y el terror de las niñeras!
ESCENA VI.
Dichos.— BkrNARDO, primera izquierda.
Señoresl...
Hola, barbián]
Adiós, Pancho, adiós Boadil.
Cómo os vá?
Ferfefamenie.
Y el Tenorio de Madrid?
Cansado?
(Furioso.) Yo no me canso!
Si lo vuelves á decir!...
Yo juego., á juegos prohibidos,
soy más valiente que el Cid,
tiro muy bien la navaja,
soy muy guapo... de perfil,
tengo treinta afios— y días,
DO soy corto en él pedir, .
hago todo lo que debo,
debo yo solo por mil,
y soy y seré un perdido
desde ahora hasta morir.
Bienl
Muy bien!
Ssto es un hombret
— 19 —
Bern. Períool... Baudiliol... A mí,
mis esouderosl... La oenal
(Deíoórrese la cortina del foudo. Perioo y Bandilio
saeau ana mesa oun platoi y botellaii y Ift ponen
en la iala.)
Aly. Alguno falta.
Bern. Quídiíd:
el sabio voierinarío,
honra de nuestro país
en la cura de animales...
y aun de personas.
BOAD. A ti
te prestó un servicio.
Bern. Inmensol
. Hace un año que en Guadix
me mordió un perro rabioso,
y ese herrador varonil,
después de aplioi^rme un hierro
muy candente en la naris,
y de pouerme un bozal, —
por precaución, junto á mi
cama estuvo treinta días
con sus noches, sin dormir.
«Tu no muerdes por ahora,» ^
me dijo al cabo.
BoAD. Y al fin,
morderás? Porque conviene
saber...
Bern. Me pongo febril
en ocasiones, y pienso
que he de morder... y Quintín
tampoco está muy seguro.
Aly. Es ue^ sabiol
Bern. .Ün infeliz!
Panc. Por qué?
Bern. Porque se ha casado!
Me lo encentré en Chamberí
con su esposa, y con un ohioo
que mamaba en un atriL
Alv. Qué atrocidad!
Bern. T qué cosas
nos obligan á decir
BOAO.
Alv.
Bbrn.
BOAD.
Bern.
Alv.
Panc.
Per.
-. 20 —
los picaros asonantes!
Y tu hijo? (A Boadil.)
Estudia en París.
Diz que será con el tiempo,
peor que yo el chiquitín I
(Ofreciendo una oopa á Bernardo*)
Una copita del mono.
Del mono? Venga de ahí! (Chocan y beben.)
Y ahora otra de Valdepeñas.
De halde me ha de salir! (Beben.)
Peío, ese herrador no viene?
Ya es la hora.
Don Quintíu! (Anunciando.)
ESCENA Vil.
Dichos. — Quintín. — ai final de U escena, LoLILLA. —Todo»
ae sientan á la mesa. .
Bern.
Tú, entre tanto libertino!
BOAD.
^úf que eres tan timorato!
Alv.
Y tan corto y tan pacato!...
QUIN.
Yo pacato? Venga vino!
(Perico les sirve. Todos beben.)
BOAD.
Brindo por la dinamita!
Alv.
Por los vencidos pudores!
Panc.
Yo, por...
Bern.
Prudencia, señores,
que ya el herrador se irrita.
Dando está vivas señales
de enojo y de pesadumbre.
Qüin;
Yo tengo mucha costumbre
de tratar eon animales;
y á más, pienso que es tontuna,
ó más bien, solemne yerro,
enojarse con un perro
I
porque le ladre á la luna.
Bern.
Si hablas de perros aquí
me dan ganas de morder.
Boad.
El cebo. Tú has de caer!
Muy pronto te casas.
Bern.
(Ya medio borracho.) Sí!
— 21 —
BOAD.
Con Lolilla.
Bbrn.
Qaé demenoiaí
QüIN.
Qaién me sirve viao yiejo?
BSRN.
El mejor dia la dejo
á la luna de Valencia. (Bebe.)
BOAD.
Ahora mismo.
Bbrn.
Esas son bromas.
QuiN.
(Este Boadil et cruel.)
BOAD.
fisoríbe en este papel...
Bern.
Pero, tú ¿por quién me tomas?
BOAD.
Con esa actitud confirma
nuestro dicho.
Bern.
Es un error 1...
Venga monol (Todos beben.)
BoAD.
(Lo mejor
es falsificar su firma!)
(Saoa una cartera y escribe.)
Bern.
Servidme mono, nialsinesl
QUlN.
Yo brindo por mi mujer!...
Alv.
Fuera!
Panc.
A callar!
QüIN.
A beber!
Bern.
Ah!... Somos unos pillines!
BOAD.
(Leyeudo lo qao ha escrito.)
(cLola: por razones mil
me las guipo al extranjero,
■*
y contigo es mi heredero;
mi contrincante Boadil...»
Si es tonta, basta este escrito
para realizar mi idea;
pero como no lo sea. ..)
(Dando el papel á Perico, que se va.)
Bern.
Chinchón!...
QüIN.
Un pájaro frito!...
Alv.
Que se lo den!...
QüIN. .
Os mofáis?
Vo me río de vosotros!...
A TV.
Parap4/aro5... nosotros!...
Bern.
Buenos pájaros estáis!...
Más vino!...
QüIN.
Si ya no puedes!...
Alv.
Quién se rinde?...
1
— 22 —
Panc. Maiisamilal...
BoAD. A la, salud de Lolülal
Bebn. a la de todos ustedesl
(Siile Lolilla muy deagceftad» por el foro oon im
Pftpel en la mano.)
LOL, Di que es mentira este líol
BoAD. Le hizo el efeeto de un rayo!...
LoL. No me hablas? Paes me desmayo!
(Cae deamayada ea una de las bataeaa.)
BbBN. (Tcoándoae la frente.)
Aquí hay fuego!
(Tocando una mano á Lolilla.)
Y aquí hay frió!
liOL. (Incorporándose stlibitamenteO
No me quieres responder?
Tienes instintos de fiera!
Bern. Si tengo una filoxera
que no me puedo lamer!
— ^Marcado ya el derrotero,
planteado el asunto así,
vamonos de aquí, que aquí
oonoluye el ouadro primero.
(Bn este momento, el apuntador saca el braxo
fuera de la concha y con tarugo de madera, da on
porrazo sobre el escenario, al cual todos los per-
sonajes hacen un giro y quedan de espaldas al
público, y á otro golpe como el primero abando-
nan la escena con precipitación, saliendo por el
fbro. Salen cuatro asistencias vestidos de laeayoa
7 retiran las siUas, llevándose la mesa donde han
comido. Una de las butacas la pasan al otro lado,
colocando al lado de ella un brasero con tarima
y alambrera y dos banquetas pequeñas.)
FIN D£L CUADBO PRIMBBO.
— 25 —
ESCENA PRIMERA..
PbRICO y BaODILIO, por el fondo. — ^bie«o, QOINTÍN.
Per.
Han p^asado Teinte afios
Baud.
y...
Caéntaselo á tu abuela.
Pee.
(Asomándose á la vantena.)
Está oscuro y huele á queso,.
y á maiisoo. (La elerra.)
Baud.
Es oourreuaía
vivir á orillas del luar!
Gnaudo el temporal anreoia
y crecen las olas...
Per.
Esto
es la mar!
Baüb.
Y. sus arenasl
Per.
El ama está muy malitol
Baüb.
Me alegro.
Per.
Nos tiene cuenta •
Baud.
Ya comprende:
- él, en justa recompensa.
nos dejará alguna manda...
Per.
Entendidol Que se muera...
y deje mandado!
Baud.
Justol
Per.
Eso esperamos yo y Teola,
mi mujer! — Paes me he casada
Baud.
Gran noticia! Hace ya feeha
que lo sé.
Per.
Conviene que el
— 24 —
públioo también lo sepal
Volviendo al asunto: el amo
ha hecho venir con gran priesa
— ^y eso prueba que está grave-
ai médieo de las bestias.
Baüd-
Don Quintín fué siempre sa
médico de cabecera,
y él nos dirá...
Per.
Viene á punto.
Qdin.
(Saliendo por el foro dereoha.)
Y el amo?
Per.
Duerme la siesta.
QüIN.
Pero está ya despejado
de su última borrachera?
Per.
* Eso, nunca: las empalma,
y rara vez se clarea.
Está cuasi embalsamado.
QüIN.
Es la epizoitia que Ilegal
Baüd.
Se morirá.
QüIN.
Como todosl
Nadie por aquí se queda.
Boadil el chico, no ha vuelto?
Per.
Aún no: fué á cojer almejas.
Baüd.
Se nos ba colado en casa...
QülN.
Por estas playas desiertas.
además de lapas, hay
mujeres?
Per.
No; lugareñas.
QüIN.
Pues algo busca.
Per.
(Bscaohaado ) El señor
viene arrastrando las piernas.
QüIN.
Si ya ha dormido la mona^
veremos cómo se.encuentra.
ESCENA II.
DiCH0S.-*-BeRNARDO, S6ganda izquierda, apoyándose en ckl
qoioio de la puerta.
Bern.
Per.
En dónde está mi escudero?
(Siempre con la misma tema!)
— 25 —
(Kutre Parloo y BaadiUo le traen ea bra«^os, y le
Alentan en la bataoa janto al teasero. Pausa.)
Bkun. Aquí el brasero me quemal
Me ponen jnnto al braserol
No me ayudeisl... Quiero ver
si puedo ir al otro ladol
(Dando tra«piós de borracho, ■• aoeroa á la buta-
ca de la derecha.)
QuiN. (Aun está un pooo achispadol)
Bern. Vire Dios que pudo serl
(Se sienta. Pansa corta,)
(Hace ya veinte afios, veinte,
que pasó el acto primero,
y estoy muy malo, y me muero
por mor de tanto aguardiente!)
Ya 9U8 podéis retirar,
quitarsíiS pronto delantel
Aún tengo fuerza bastemie
para, tirar em al marl
(Vánia Perico y Bandllio.)
QiTiN. Fuerza?
Bbrn. Muohal
QoiN. Bsimportano
darla de tan animal.
Bern. Es que luego, en el final,
tengo que matar á uno.
QaiN. Cómo te enouentras?
Bern. Mejor!
QuiN. (Llevó una vida de perro!)
Bern. Lo que necesito es hierro!
QuiN. Manda: yo soy herrador.
Bern. Conque te vas?
QaiN. Me han llamado
porque mi nieto está triste.
Bern. Valiente locura hiciste
tú con haberte casado!
Yo, que no llegué á ese punto,
pienso irme al cementerio
como cumple á un hombre serio:
como un cadáver difmto!
Manto, y caris, y crespón,
y capÚK de moche inmensa,
— 26 —
y niebla que se condensa,
y nube, y rayo, y turbión,
y las olas, y la mar!...
QoiN» A qué tanta algarabía?
Bebn. Todo esto es pura poesía,
para yenir á parar
en que llueva ó haga frió;
me tienes tranquilo aquí
al pensar que por ahí'
no hay ningún pariente mió.
QüiN. Si así la existencia entiende
tu egoísmo vanidoso,
serás felizl
Bern. Muy diohosol
Digo... nol
QülN. Quién te comprende?
Explícate en español
y habla claro y sin rodeos.
Bern. Hombre... estos son los mareos
que me produce el alcohol.
Estoy medio trastornado;
^ pero hablándote en verdad...
y también en puridad^
la palabra me ha gustado!
yo necesito, en mi pena,
algún carino á gue asirme
y un palmo de tierra firme,.,
por más que vivo en la arena.
ESCENA III.
Dichos.— Boabíl el Chico, por ei fondo.
BOAD. EL C. Buenas tardesl (Tono agrio )
QülN. Holal (Kl Wjo
de su papá.)
Bern. (Tono duro.) Buenas tardes.
BoAD. el C. Cómo va?
Bern. Peor.
BoAD. EL C. Me alegrol
Bebn.
BOÁD EL C.
Brrn.
BOAD. EL C.
BeRNo
BOAD. EL 0.
QüIN.
Bebn.
BOAD. EL C.
Bern.
BOAD. EL C.
Bebn.
QaiN.
Beun.
BOAD. EL C.
Bebn.
QOIN.
Bkrn.
Boad. el C.
Bebn.
— 27 —
•
(Bate Upo me haoe sangre!)
Qué estaba usted reoordando?
Las traiciones de ta padre.
Ya sé que fué mi papá
mny noiala persona.
Sabes?...
Todo.
(Bs un hijo modelo!)
Aunque era Boadil el Qrande
— tu papá, que no esté en gloria-
malo, yo era más infame...
mejorando lo presente.
Pues á confesión de parte...
Tú... conociste á Lolilia?
lia arrecojió de la calle
mi papá. Tiene usted celos?
(Boadll Ta al brasero á oaUnlarse.)
(Aparte á Qulntin.)
le parece que le agarre
y le estrangule?
Feto, hombre,
si no puedes menearte!
Además, si así le odias,
debes echarle á la calle.
No puedo: hace mucha falta
luego para ^1 desenlace.
Pues si no fuera por eso,
dime, en qué cabeaa cabe
el que uno admita en su casa
á aquél que 'viene á insultarle?
Mi papá era un pobre hombre,
y se murió de cobarde,
y yo en todo me he portado
como el hijo de mi padre.
Creo que me empieza el vértigo.
No te escites.
Acompáñame
á la puerta de mi cuarto.
(Quintín le di el braso.)
Bstá usted hecho un petate.
Ya te lo dirán de misas!
Cuando vuelves á cuidarnie?
— 28 —
(A QainUa.)
QuiN. £ii (manto el segundo apante
me eohe faera.
Bkrn. Hasta la tarde. (Vase.)
-QuiN. Yo voy ha emprender la marcha.
BoAD. EL C. Pues yo hé resuelto quedarme
con Bernardo.
QuiN. Ta lo he visto!
Vaya, adiós! (Qné botarate!)
(Vaso Qnintin foro derecha, y Boadil foro
qnierda.)
ESCENA IV.
Perico. —BAÜDIUO.—TECr.A, segunda derecha.
i»-
Per.
Echa una firma al brasero. (A Baudilio.)
Tecla.
Cierra la puerta, Perico.
(Perico cierra la paerta del foudo derecha
tres rodean el brasero.)
Per.
Tecla, tráeme medio chico.
Baüd.
Y á mi otro medio.
Tecla.
No quiero.
Per
No nos quieres complacer?
Baud,
No atiendes nuestro reclamo?
Per.
Pues hablemos mal del amo,
que también es un placer.
l)ime, tú: qué hizo LoliUa
después de la horrible escena
de aquella famosa cena?
Tecla.
La cosa era muy sencilla.
Debió que aquella acción
era obra del aguardiente,
y á la mafiana siguiente
pedir una explicación.
Per.
Y por qué no lo hÍEO así?
Tecla.
Phs! Vaya usté á saber!
Per.
£ra tonta esa mujer?
B.IÜD.
Por fuerza!
Tecla,
Pienso que si!
Per.
No se debió de marchar
sin explicarse los dos.
y los
— 29 —
Tecla.
Se fué sia decir adiós,
y hasta el dia.
Per.
Es sisgularl
(Saenan golpas en la paorta del foado.)
Tkcla.
Han llamado?
Pkr.
No he sentido...
Tecla.
Pues me parece que siento...
Baüd.
Es el viento.
Tecla.
£1 viento?
Per.
El viento.
(Llaman ooa más faena.)
Tecla.
Pnes el viento ha repetido.
Si se despierta á ese son
el amo, bronca tenemos.
Per.
Sí, bastante caso hacemos
del amo.
Sol.
(Dentro.) Por compasióol
ESCENA V.
Dichos. — Bernardo, segandaizquierda.- -Deapaes, Soledad.
Bkkn.
Sol.
Bern.
Sol.
Bern.
Sol.
Bern.
(Deáde el quicio do la puerta.)
No estáis oyendo llamar?
Será algÚD pobre iofelice.
Socorro! (Orltaudo dentro.)
Socorro, dice?
Pues eso es que quiere entrar.
(Perico abre, y Soledad entra desgreñada^)
No puedo... (Vacilando.)
S9 va á caer!
Mi madre, yo, y él. Dios mío!
Todo negro!... Todo fríol (Cai al aueío.)
Yo la quiero arreoogerl
(Viene arrastrándose hasta Soledad y forcejea para
levantarla.)
Ay!... No me puedo lucir!
Hay más triste desconsuelo?
Yo, que alcé..; tantas del suelo...
donde no quiero decir,
ahora que tengo interés
— 30 —
en cargar con la virtnd,
me lo impide la salud!
A una!.. A las dos!.. A las tres!
(Con mnoha difloultad la leyanta y ae la «oha
sobro un bra:io.)
Realizada mi intención
y mi fuerza ya probada
en esta primer vegada^
llevarla á mi habitación!
Y veré si á esta doncella
le es mejor, en puridad,
el darle hospitalidad
con asistencia ó sin ella!
(Los criados llevan en brazos á Soledad por la se-
gunda izquierda; Bernardo les sigue á rastra.)
ESCENA VI.
BoADIL. — Después PERICO y luego SoLEDAD.
BoAD. KL C. Pues, señor, todo me sale
á medida del deseo,
su madre tiene morriña^
lo mismo que los gallegos,
y Bernardo no podrá
defenderla, si es un muerto!
(A Perico que sale.)
Esa chica qué tenía?
Pee. Carpanta: ya está comiendo.
BoAD. KL C. Y don Bernardo?
Per. Empinando.
BoAD. elC. y Tecla?
Per. Haciendo pucheros.
Es filoxera sensible.
BOAD. EL C. Vete: todo está dispuesto
para hacer una trastada
digna del nombre que llevo.
Per. Eso me complace mucho,
porque me pone á dos dedos
de que el bueno de mi amo^
al ver mi comportamiento,
se acuerde de mi al morir
— 31 —
y me deje algún recuerdo. (Vase.)
BOAD.
EL
0.
Crepúsculo, uoche, sombras,
calma, fiebre, astucia, pecho.
(Se ooalta en el foado y lale Soledad.)
Sol.
Aunque empina mucho el codo.
parece un sefior muy bueno
y muy campechano. Lástima
que tenga un vicio tan feol
Gielosl (Al ver á BoadU.)
BOAD.
EL
0.
Tú aquí Soledad?
Sol.
Por casualidad. Mas voy...
Pero y tú?...
BOAD.
EL
c.
También estoy
por otra camolidad!
Sol.
Vaya, cuántas novedadesl
BOAD.
EL
c.
Todo tiene su pretesto.
Sol.
T su porqué.
BOAD.
EL
c.
}L está esto
lleno de cauBolidades!
Tu madre?
30L.
Queda en las Ventas,
al otro lado del rio. .
Yo, muerta de hambre y de frió
me vine aquí.
BoAD.
EL
0.
Qué me cuentas?
Sol.
Aunque desaparecí
sin avisar mi partida,
de improviso y á escondida,
te quiero mucho.
BoAD.
EL
c.
Y yo á tí.
Sol.
Yo másl
BOAD.
EL
c.
Yo másl
Sol.
No concedo!
BoAD. EL G. Partamos la diferencial
Sol. Yo te quiero con vehemencia;
pero me ios mucho miedo.
BoAD. EL C. Nos casamos.
Sol. ' Has hablado
de veras?
fioAD. EL C. No sé mentir!
Sol. Hombre, no me hagas reir,
que tengo d labio cortado!
— 32 —
BoAD. EL C. Para probarte mi amor,
antes que acabe la noche
yo te llevaré en un coche
con tu madre.
Sol. (Qué candor!)
Los dos solos, no es verdad?
BoAD. EL C. Y en coche!
Sol. Estoy encantada!
BoAD. BL C. Qué dices?
Sol. Que está probada
tu inocencia.,, en puridad!
BOAB. EL G. Vamonos, pues.
Sol. Antes quiero
despedirme de ese anciano.
Aunque bebe, es tan humano!
BOAD. EL C. Despacha: fuera te espero.
(Vase fondo rlereoha.)
ESCENA VIL
SOLKDAD.—TÉCLA y BAUDILIO, sosteniendo á BERNARDO.
Bern. Más aprisa!
BeRN. (Amenazándole.) (Si no fuera!...)
Tecla. (Amenazándole también por detrás.)
(Perdonaba sus tesoros!)
Bern. Torpes!
Sol. (Yo veo los toros
desde la contrabarrera.)
Bern. No duerma esta noche ya.
No duerme ese mar tampocor
Tecla. Dormir el mar? (Está loco!)
BekN. (Sentándose en el sillón de la izquierda.)
Este es mi sitio. A jajá!
Os espanto?
Tí?CLA. (Está demente!)
Baüd. No tal.
Tecla. Vaya un pensamiento!
Bern. No hay qne olvidarse un momento
de que yo soy muy valiente!
Ir sus!... Solo quiero estar I
(Vánse Tecla y Baudilio segunda derecha.)
— 33 —
Sol. Sefior...
Bern. Quién eres? Ahí Sít
Tú puedes quedarte aquí...
y hasta me puedes hablar.
Nada tienes que temer;
acércate, estoy sereno.
Sol. Yo sé que usted es muy bueno!
Bern. Tu lo sabes? Ya es saberl
(Paana —Tiritando.)
Horrible frió se sientel
Qué, si esto es una nevera!
Sol. Voy á quitar la alambrera.
(Qaita la alambrera del brasero. )
Está bien?
Bebn. Perfeotamentel
¿ nadie se le ha ocurrido
eso que acabas de hacer!
Tu tienes mucho saber!
Sol. (En qué lo habrá conocido?)
Bern. Me tratan que es un horror.
Y es claro! la gente extraña
no tiene gusto ni mafia!
Sol. Malas mafias, sí sefior.
Bernd. ün beso!
Sol. Es cosa sencilla
según la intención y i quién.
Tome usted. (Le besa en la fronte.)
Bern. (Saben muy bien
los besos de esta chiquilla!)
Sol. {Parece inquieto.,» Vadlo..*
y al fin hará que me escame.)
Bsrn* Siéntate á mi lado, y dame
tu mano.
Sol. (Yo estoy en vilo!)
Cómo está usted?
Bern. £1 mareo
vá pasando por mi nombre!
Nada, que tenemos hombre!
Sol. Donde está, que no le veo?
Bern. Nuncio de pac y alegría,
dime ahora, en puridad,
tu nombre.
— 34 —
80L. Soy Soledad-.
Bern. Soledad del alma mía!
Dime ¿caando aquí viniste?..» i ._
Sol. Estaba lloviendo mucho.
Besn. Lloviendo dices? Qué escucho?
Ira de DíosI qué digiste?
Sol. Pero... ¿se incomoda usted? ^
Bern. Tengo en mi pecho una fragua.
En cnanto nombran el agua
en seguida me dá sed; \
y en mid rudos padeceros
y en la crisis de hh mal,
ver quisiera un maniantol )
brotando de esas paderes...
y aplicar mi boca al chorro.
Sol. No haga usted esos estremosl
Agua fresca ya tenemos:
beba usted por el pitorro.
(Dándole agaa por el botijo.) " 4:
Bbrn. Ahora respirar quisiera
aire fresco.
Sol. Yo abrirél
;Bern. Tengo calor... desde que
has quitado la alambrera.
(Abriendo U vent;aua.)
^OL. El viento dé la mafiana
«
refresque su frente grave.
Bern. (Es muy lista! Si hasta sabe
cómo se abre una ventana!)
En esta^vida de abrojos,
tú sola me has comprencKdoI
Sol. En qué me4o has conocido? ^ '^\
Bern. En lo blanco de los ojosl
Tú has nacido en esta playa?
Sol. No: soy paisana del Cid; ^ -
pero vengo de Madrid.
Bern. Hay allí tanto...
Sol. Cál
Bern. Vayal
Sol. Voy á decir mi sedreto
y usted me vá á consejar.
Bern. Habla.
— 36 —
Sol.
Me Toy á casar...
pronto^ oon un baen sujeto.
Bern.
Tu suerte» pobre miúer,
me eausa mucha inquietud.
{Oon tono de dlsearso, eafátiou.)
La virtud... es la Tirtudl
f el deber..* es el deber!
BiAueha eon atendon
lo que decirte he resuelto;
mira que... el diablo anda suelto. .
y quien quita la ocasión...
Antes juergét: hiego oMdol
Nunca para el bien es taidel
ttira el eisoo como ardel
Sol.
Clarol Porque está encendido!
Bebn.
Bl brasero simboliza
el amor y la costumbre!
Ahora confortable lumbre...
y luego después cenisal
El novio... ¿es joven honrado?
Sol.
Sí señor, Boadil el chico.
Bebn.
Cómo? ISía posible? Ese mico?
Ay, que me dál (Se desvaDMe.)
Sol.
Qué le ha dado?.
Bebn.
Lolal... Lolillaj... (Como ddlUando.)
Sol.
Qué oi?
Bern.
Te estrafia ese non^bre?
Sol.
Mucho.
Bemuchfsimol
Bern.
Qué escucho?
Sol.
Mi madre se llama asil
Bebn.
Quién eres tú?
Sol.
Salvo error...
Bebn.
Quién soy yo?
Sol.
(Si en sí volviese...)
Bebn.
Quién es ella?... Qoién es ese?
(S«&alsodo al apuntador.)
Sol i
Ese es el apuntador.
Bebn.
Lolilla... Mi amor profundo!
Sol.
Es mi madre.
Bebn.
Cierta estás?
(Soñal afirmativa de Soledad.)
— 36 —
Tú eres mi hijalNo hay más
que una Lolilla ea el mundo!
Rato hi que lo presentía.
Sol. Cómo? Usted?
Bbrn. . Yo mismo... yo!
Sol.* Usted... mi...
Bern. Yo... Tu...
Sol. Ahí
Bern. Oh!
Sol. Papá! Mi padre! (Gritando.)
Bern. (Orltando también.) Hija mía!
(Se abrasan fuertemente.)
ESCENA ULTIMA.
/
Dichos. — BoaDIL, foro derecha. — Luego LOLILLA y después
QüIIíTIN.
Boa».
Ven! (Llamándola oon la mano).
Sol.
No quiero!
Bern.
Miserable!
BOAD.
Vente conmigo ó te mato.
•
Bern.
Hablas así, mentecato,
porque no tengo aquí el sable!
BOAD.
Ven! (Tirando de Soledad.)
Bern.
Bse no tiene enmienda!
LoL.
Soledad! (Saliendo por el foro.)
Sol.
Ahí
Bern.
Lola!
BoAD.
(A Lolilla.) Harpía!
Sol.
Defiéndeme madre mía!
LOL
Que tú padre te defienda!
(Empujándola oae sobre Bernardo.)
BoAD.
No cedo, por Beloebú!
Sol.
En mi presencia!... Qué horror!
Bern.
Dónde has visto un seductor
que se atreva á lo que tú?
BOAD.
£s que quiero atropellar '
por todo! Nada respeto!
Bern.
Ven acá... y estáte quieto:
porque te voy á matar.
(Roadil viene al sillón y abrasándose
con Ber*
. . — 37 —
Bardo, dan dos ó trei vaeltai de vals, y eudo á
caer de rodilUi á la dereeha.)
Al fíD mi rabia te inmolal •
Ed vano oonmigo luchas!
Quieres machas cosas? Muchas?
BoAD. Nol To queria una solal
(Bernardo mata A mordiaoos, á Boadil de la ma-
nera mis cómloa qne se le oonrra.)
Sol. Se lo comel
LoL. Menos malí
Sol. Yo estoy aterrorizada!
QciN. (Saliendo por el fondo eon nn bozal en la mano.)
Hidrofobia declarada!
Voy á ponerle el bozal!
Bern. Espera, que yo también...
me muero... y seremos dos,
(Colocándose entre las dos.)
Soledad! .. Lolilla!... Adiós!
(Levantándose y dirigiéndose al público.)
Qué ustedes lo pasen bien!
(Una agonía muy eorta y muy cómica: en cuanto
se qaeda rijldo, cae el telón.)
FIN.
EL DÍA DEL JUICIO
Bata obra ea propiedad de su autor, y nadie podrá,
■in sn permiso, reimprimirla dí representarla en Es-
paBa y sas posesiones de Ultramar, ni en los países
con los cuales baya celebrados ó se celebren en ade-
lante tratados internacionales de propiedad literaria.
Bl autor se reserra el derecbo de traducción.
Los comisionados de la Administración lirioo-dra*
mátiea de DON EDUARDO HIDALGO, son los encar-
gados exclusivamente de conceder 6 negar el permiso
de representación y del cobro de los derechos de pro-
piedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
ÍL DU DEL jn
PBOTEGTO UBICO PARA LO FOTORO
EN UN ACTO Y CUATRO CUADROS, EN VERSO
ORIOIKIL DR
CALIXTO NAVARRO
MÚSICA DBL MABSTKO
JOAQUÍN VALVERDE (HIJO)
Hepresentado con aplauso por primera vez en el TEATRO ESLAYA de Madrid,
la noche del S2, de Diciembre de i802
MADRID
R. VELASCO, IMPRESOR, RUBIO, 20
REPARTO
PSBSOKAJSS
ACTOBES
Blanca Srta. D.& María González (1>
Encamada Salomé Pachol.
Rita Elena Salvador.
Dofía Je9wa Juana Eubio.
Práxedes Nieves González.
Julia Carmen Pérez.
El Delegado Sr. D. Vicente G. Yalerow
Arturo Vicente Carrión.
Pepe José Sigler.
Punto Ifi José Biqnelme.
PwÚQ 2.0 ) • ^ ^.^
j í Arturo La Eiba.
Pedro Ramiro Toba.
Criítpin José Riquelme.
Don Abundio Agustín Dorado.
Perpetuo Arturo La Biba.
Ordenanza Pablo Arana.
Fernando José Biqnelme.
^^F^s^^^r^^^^*^^>0^^i^^t^
Guardias, encuarteros, cobradores, conductores, pelotaris y guardias cÍTÍle»^
Coro general, niños y comparsas
(l) Desde la 14 representación, y por enfermedad de la señorita
González, se hizo cargo del papel de BLANCA la Srta. Carmei»
Gardoso.
ACTO ÜNICO
*
ANTE-CUADRO
Kn el momento de empezar la ginfonia, bajará por delante del te~
lón, quedando sospendldo en el centro de la embocadura, un
cartel grande, en el cual se leerá con caracteres rojos muy per-
ceptibles, la siguiente qaintilla:
Puesto de España al servicio,
pensó un legista novicio
las cosas que irán pasando^
y serán un hecho. ^Cuándo?
Muy pronto: EL DlA DEL JUICIO.
Homentes antes de alzarse la cortina desaparecerá el cartelón.
— 6 —
CUADRO PRIMERO
Interior de una delegación. Dos mesas de escritorio, nna frente á
otra y en las cuales aparecen escribiendo Juan y Pedro. Mampa-
ra en la puerta del foro, puerta lateral derecha, y otra á la iz-
quierda. Teléfono. Armario de libros. Cuadros con fotografías ei^
las paredes, etc., etc.
ESCENA PRIMERA
«
COBO de guardias de Orden público, que van entrando por Ift
puerta del foro, de dos en dos, con una cartera debajo del brasor.
JUAN y PSDBO escribiendo
Hulea
Coro Nosotros somos
aquellos guardias
escarnio y mofa
de la nación,
que ahora asistimos
á una academia
donde aprendemos
educación.
No hay que llamamos
á voz en grito.
Es nuestro lema
la urbanidad,
y á los vecinos
garantizamos
imperturbable
tranquilidad.
Si hay escándalo, acudimos
y en la bronca intervenimos,
procurando que haya paz;
dar motivo no queremos
á que digan que tenemos
en lugar de sangre agraz.
Es la verdaz, es la verdaz.
Paciencia muy cumpUda
paxa el monomaniaco,
y contra la bebida
frasquitoB de amoniaco.
La multa establecida
al que hable mal de Dios,
y para las non-santas
papel del sello dos.
El gobierno, que nos premia
con justicia y previsión,
al que cumple en la academia
le señala una pensión.
Nosotros somos
aquellos guardias
sostén de esquinas
de la ciudad,
hoy garantía
del t^nseunte
y defensores
de la verdad, etc., etc.
Es cosa de buen ver
hacer por complacer;
si que lo es.
(En la misma forma qne entraron lalen por la puerta
de la isqulerda.)
ESCENA n
JUAN, PEDRO 7 el ORDENANZA, que entra y lale, legún conviene
al diálogo
HaMado
Juan Multa al cochero Andrés Ponce,
berlina ciento cuarenta,
por usar de malos modos
y por dar una peseta
falsa á don Lucio Rodríguez,
San Vicente, quince, tienda.
Ped. jCJobrada!
Juan Apercibimiento
- 8 —
á Tomasa la prendera,
por escándalo en la vía
con palabras incorrectas,
mal sonantes, y excluidas
del uso por la Academia.
Ped. ¿Apercibimiento, sólo?
Juan ¡Es primeriza!
Ped. Aquí reza
como reincidente.
Juan ¿Si?
Pues multa y destierro en ella.
(Toca el timbre y sale el Ordenanza.)
Ped. Este expediente á la caja,
y que Cobramiez extienda
el documento de pago.
Ord. Ahi hace rato que espera
una mujer. Rita Mingo.
Ped. Ayer di la papeleta:
está citada á las once.
Juan {Pues ya son y siete!
Ord. ¿Entra?
Ped. ¡Claro está!
Ord. Viene con otro
señor...
Ped. ¡Venga con quien quiera!
Juan ¡Al público no se le hace
nunca esperar!
Ped. ¡Anda, vuela! (Vaae ordenanza.)
Juan Si lo sabe el Delegado
nos suelta una reprimenda
y nos suspende lo menos
por ocho ó diez dias.
ESCENA ni
DICHOS, RITA y DON ABUNDIO
Rita ¡Buenas!
¿Puede saberse á qué viene
mandarme esta papeleta
con diez pesetas de multa?
Ped. Si, señora; aqui lo expresa.
ToT pelma en la vía pública.
— 9 —
Rita ¡No tiene usté mala pelma!
Juan ¡Ahí ¿La señora es la?...
Rita ¡Sí!
La que se sienta en la acera,
porque la calle es del rey.
Ped. |No hay tall
Rita ¡Que no!
Ped. ¡No!
Rita ¡Esta es buena!
Juan La calle es del transeúnte,
y el que el paso le intercepta,
por atentar al derecho
de gentes paga la pena.
Rita Pero, señor, si mi cuarto
parece una chichairera;
y que lo diga este hombre.
Abun. La habitación es pequeña...
Rita Y sin luz y sin ventanas
pa que entre el aire siquiera.
Usted viene de hombre bueno;
hable usted ya.
Abun. Sí; es muy cierta
la afirmación...
Rita ¿Y una qué hace?
¿A ver? Salirse á la puerta
á respirar, porque una...
también... no es una de piedra.
Ped. ¿De modo que el cuarto es chico?
Rita Y pago veinte pesetas.
Ped. Pero ¿es chico?
Rita De mantillas.
Usted... (a don Abundio.)
Abun. La verdad es esa.
Ped. Entonces el propietario
falta á las reglas.
Abun. ¿Qué reglas?
Ped. y por moroso en cumplirlas...
Juan, apunte usted sus señas.
Abun. No; señores, poco á poco:
la habitación es estrecha,
pero... larga; como larga
habrá muy pocas.
Rita Pamemas.
La sala esprósimamente
~ iO -
como un pañuelo de hierbas;
la alcoba mía y de mi hombre,
mal compara, una leñera;
y si es la cocina... tuve
que darle al gato soleta,
porque, al pasar, con el rabo
me tiraba las cazuelas.
Usté es hombre bueno.
Abun. Sí,
pero...
Rita Y usté tié concenda.
Abun. ¡Sí!
Rita Y usté cobra los cuartos
mes á mes, y pela apela,
Juan ¡Ah! Pero ¿usté es el casero?
¿Tendrá usté, entonces, licencia
con el visto bueno del
arquitecto?
Abun. (confuso.) En la cartera ..
No, pues la he dejado en casa.
Juan La ley bien claro lo expresa:
cuarto habitado por pobres,
que, examinado, no tenga
las condiciones precisas
de salubridad, se cierra
en tanto que el propietario
no cumpla con estas reglas.
Ped. y aquel que contraviniese
lo que se manda y ordena
será condenado.
Abun. ¡No!
Juan Y usté no se va sin ella.
Abun. Pienso obrar.
Ped . Tarde piache,
Rita Que pague este tío miserias.
Ped. ¡No, los dosl
Juan Los dos faltaron.
Abun. Pero, señor, si yo...
Ped. Vengan
conmigo á contaduría
á que les ajusten cuentas.
Abun. ¡Y yo vine de hombre buenol
Juan ¡Lo que engaña la apariencia!
— 11 —
ESCENA IV
JUAN, el ORDENANZA y en legnlda JBSUSA. con un perrito
ai braso
Ord. Una señora...
Juan Que pase.
Ord. Pase usted.
Juan Cayó jaqueca.
Jes. ¿Está el señor Dele^kdo?
Juan Aún no.
Jes. Son las once y media.
Juan Siendo asunto de oficina...
Jes. jSl» señorl
Juan Tal vez yo pueda...
Jes. ¿Qué es esto? ¿Qué significa
esta citación... grosera,
que á mi nombré y apellido
encontré bajo la puerta?
¿Qué delito se me imputa,
cuando asi se me atrepella?
Juan Aquí dice, por chismosat
y según las referencias
que existen en la oficina,
creo que usted menudea
las visitas...
Jes. Sí, señor;
visito con gran frecuencia
la casa de don Juan Gómez,
la de don Pedro Tardienta,
viuda de Roca Mojada,
señoras de Carangüesa...
Juan Pues eso precisamente,
eso, motiva la pena.
Hay un decreto prohibiendo
las visitas por sistema,
en atención á las múltiples
y muy razonadas quejas
que ha recibido el Gobierno,
que el bien de España desea.
Jes. ¿y nadie va á ver á nadie
porque el Gobierno no quiera?
Juan ¡A ve;c sil A criticar no.
— 42 -
Eso de coger la inedia,
marcharse á ver á una amiga,
en busca de la merienda,
despellejando al vecino,
y sembrando en casa ajena
con los celos la discordia,
y los chismes y la guerra,
se acabó señora mía:
y paga usté lo que sea
y se corrige del vicio,
ó duerme usté en la galera.
Jes. ¡Es abusivo el decreto
y yo apelaré á la prensa!
Juan Muy bien pensado; y á Poncio
Pilatos.
Jes. ¡También es buenal
Yo sola en casa, me aburro.
Juan Pues márchese usté á la iglesia.
Jes. Hace frío, y me constipo.
Juan Entonces, va usté á las dehesas
de Amaniel, y se está al sol,
que en este tiempo calienta;
pero no piense usté hacer
de esas visitas á secas
que abuiTcn á las familias,
y fastidian y molestan.
Jes. ¿y se condona la multa
que me había sido impuesta?
Juan Qué disparate: se paga,
y si hay retraso, la apremian,
y en tercer grado, la embargan,
y se procede á la venta.
Jes. ¿Siete con setenta y cinco?
I Ahí van!
Juan Falta aquí una perra
de las grandes.
Jes. (Le da el perro.) ¡TomC USté!
Juan ¡Señora!
Jes. No hay más moneda.
Juan Pero...
Jes. ¡y á fé de Jesusa ^
Pesadilla, que se acuerdan!
Juan Tome usted este bicho.
Jes. ¡No;
Juan
- 13 —
lo dejo para que muerdal (vaae.).
Pues, señor, un perro grande,
que al bolsillo se me pega.
Regalo para mi novia.
Vamos dentro á hacer la entrega.
ESCENA V
El
DELEGADO que sale acosado por ARTURO y por PEPE
MÚBÍiM
Art. ¿Por qué causa, señor Delegado,
expresarse en francés es pecado?
Pepe ¿Y si hablar en francés no lo es,
por qué multan al que habla en inglés?
Art. ¡Estas leyes me dan un sofoco!
Pepe ¡Yo no puedo sufrirlas tampocol
Deleg. ¡De su mano me tenga á mi Dios
ó les voy á pegar á estos dos!
¿Usté donde nació? (a Arturo.)
Art. 8oy hijo de Boro.
Deleg. ¿Y usté, José Marín?
Pepe Nacido en Ajofrin.
Deleg. ¿Sus padres?
Art. De Daimiel.
Deleg. ¿Los suyos?
Pepe. De Buñol.
Deleg. ¡Y usté habla á lo Cromwel,
y usté á lo Ravachol,
y harán un mal papel
si escriben españoll
Pepe
Ya la vida me da splen,
y aunque vivo muy striCf
mi patrona es un huldoc,
y no tengo ni un chelín.
Cuando viajo sli pincar,
sueño estar lanzado al turf^
me enamora andar en bree,
y me muero por un lunch.
u —
Art.
Pepe
.Art.
Deleg.
Art.
Pepe
Deleg.
Art.
Deleg.
Pepe
Det£G.
Pepe
Art.
Pepe
Deleg.
Art.
Pepe
Deleg.
Art.
Yo habito rué Mayor,
con una soli fem^
y tengo mucho sic^
y visto á la dernier.
Empeño al par de sm,
por ir al haccarrat,
y mi lever tuchur
fué un plato defuagrá ■
[Yes, yes, yes!
|üi, uil
jYo estoy fuera de mil
jüi, ui, uil
¡Yes, yesl
¡Les daba asi un revés!
Hablado
A bien que esto es una broma.
¡No me dé usté en la barriga!
¿Más por qué se nos castiga?
Por perversión del idioma.
El sistema es depresor.
De los de mayor caHbre.
¿Pues no hay enseñanza libre?
Enseñanza, si señor;
aprenda el que es erudito
de otras lenguas los destellos
para entenderse con ellos
en su tierra, ó por escrito,
pero llamar sanfasón
al desahogo, es cruel,
y á las niñas cíeymuzsel,
y al que nos sirve garsón,
sólo es propio de tontines
y danzantes majaderos.
¿Por qué chapó á los sombreros
y chaqué á esos levitines?
^'^ues no faltaría más!
a no hay peUs comités^
ni vis avisj ni suarés
ni es la sombrilla antucas.
¿Y esto se escucha con calma?
Tampoco yo me acomodo...
|Ya está, traducido todo!
¡¡Pobre Pina de mi almall
— <5 —
ESCENA VI
DICHOS: PERPETUO j el ORDENANZA
Oro. Le he dicho á usté que entre dentro,
sin dÍBCUSiÓn. (Empujándole.)
Perp. jAndal... ¡Andal
ipu8 señor, no es usté naide
arrempujando/
Deleg. ¿Qué pasa?
Perp. If^racumes, señor mió,
y usté que tiene pestafUi
y un quinqué salva la parte,
con luz natural, y cMna,
yerá, estando aliqumday,
si éste bulo no tiépata,
y lo fané del servicio;
que aquí s' afufa el que falta
y el que se propone... mangue,
proceder como Dios manda,
que lo apiolan y eli,
que le diñan la castaña.
Art. Pues él habla en español,
pero no entendí palabra.
Pepe Y éste, ¿no vicia el idioma?
Deleg. Ahora verá usté: Ordenanza.
Este va á los Escolapios.
Perp. ¿Qué?... ¿Yo á la escuela?
Art. {Qué gracial
Perp. Hombre, ¡si yo soy muy hombre!
Deleg. ¿Sabe usté leer?
Perp. ¡Ni falta!
Ord. ¡Venga usté!
Perp. ¿Quién, yo al colegio?
¡pues tendría que ver! (Amenazando.)
Deleg. ¡Guardias! (saien doi.)
Perp. ¡Señores! (porque lo sujetan con cordeles.)
Deleg. ¡Codo con codo!
Perp. ¿Pero ustedes ven?...
Ord. |En marcha!
Pepe La letra con sangre entra.
Art. Medida muy bien tomada.
- i6 -^
Deleg. jQue le den una cartilla!
Perp. Pues ni que fm yo una...
Ord. ¡Callal (Vanae.)
Pepe jOjo, Arturito!
Deleg. ¿Y ustedes,
á ver, pagan ó no pagan?
Art. |Sí, señorl
Pepe ¡Pero ahora mismo!
(Echando mano al bolsillo.)
Deleg. Ahí, á la izquierda es la caja, (vanae,)
En menos de cuatro meses
es esta España otra España,
con un gobierno que tenga
fuerza, valor y constancia.
jNo ha de encauzarse, queriendo,
yo lo creo que se encauza! (vas©.)
Húsica cu la orquesta
jniJTAClOJi
CUADRO SEGUNDO
Calle corta
ESCENA Vn
O
PUNTO 1." por la Izquierda y PUNTO 2. por la derecha
Punto 2.o Chico, tanto tiempo sin
verte; ni... y yo preguntando...
¿qué es de tu vida?
Punto l.o Pasando,
querido, las de Caín.
Punto 2 o ¿Se persigue mucho?... (Acción de tirar.)
Punto l.o ¡Cá!
¡Hojalá, voto al infierno!
Alto: ¡El Juez! Pues al gobierno;
se dá la guita y ya está.
Más ahora... ¡Condenación!
es un mito echar el pego.
-n-
Punto 2.^ ¿Pero no hay casas de juego?
Punto l.o Con rótulo en el balcón.
Punto 2.o Pues siendo así, cosa rara
que tú no saques tu escote.
Punto l.o Si no hay quien ponga un burlóte
por un ojo de la cara.
Nos ha entrado la segur
porque el gobierno traidor
daba un premio al inventor
que suprimiese el albur.
Conseguirlo era un bocado
y al concurso fueron mil,
y un músico zascandil
es quien nos ha reventado.
Punto 2.o ¿Te quedaste sin oficio?
Punto l.o ¡Abur, ideas empíricas!
Hay unas barajas lírioas
que á Dios le quitan el vicio.
Punto 2.o ¡Qué ingeniol
Punto l.o ¡Ya es discurrirl
Punto 2.o ¿Cantan las cartas?
Punto l.o Y tanto,
que hecho el juego, con su canto
dicen la que va á venir.
Punto 2.o ¿Y entonces, de sopetón,
todos á una?
Pmnto l.o ¡Y con qué inquinal
Punto 2.o ¿Pero cómo se adivina?...
Punto l.o Escucha la explioación.
Máslea
Punto l.o Tiro yo sobre el tapete
como albur un rey y un siete
y es -el rey la de ganar,
pues de dentro del paquete,
dando al punto sabia ley,
suena un canto de violines.
Punto 2.o Y se pone todo al rey.
Punto l.o ¿Qué es el rey un infeliz
y es el siete la que abona?
( >antará la codorniz
de Pepa la Frescachona,
Si después se tira el gallo
2
— 18 -
Punto 2.o
Los DOS
Punto l.o
Punto 2. o
Punto l.o
Punto 2.o
Punto l.o
Punto 2 »
Punto l.o
Punto 2/»
Punto l.o
Punto 2.o
Punto l.o
Punto 2 »
Punto 1.^
Los DOS
que es un dnco y un caballo
y el caballo en puerta está...
Ya aprendí la teoría:
toque de caballería.
Tra, tra, tra, ta, ta, tá.
Dices tú «va muerto el cuatro»
¿y á la quinta el cuatro está?
«No le mates, no le mates.»
jjuegol
I Venga!
Ya no va.
jAs y seis! (punto de atención.)
¡Yo copo al as!
Tres y cuatro
¿Tres y cuatro?
Si ¡eso €s!
No cabe duda ninguna,
sin disputa, yo copo al tres.
¡Sota y dos! (dos campanadas.)
Mato la sota.
Ya aprendistes, eso es.
Ay, qué barajita, ya es bueno el asunto,
no hay gaohó que talle, pues con esta broma
hace punto el punto y así logra al punto
que no coma el conia ni que se lo coma.
Hablado
Punto 2 o Pues, chico, se me íigura,
aunque me duelen tus quejas,
que el músico á quien motejas
ha dado en la matadura.
Punto l.o Ahora vamos poco á poco
mirando, si otro folias
les cambia Jas melodías,
y Cristo se vuelve loco.
¿Habrá marcha real en manó
y á los dos cartas, un as?
Y rey que salte al compás
del himno republicano.
La reserva te suplico...
Puedes fiarte de mí. (Despidiéndose.)
¿Llevas tres pesetas?
¡Sí!
Punto 2.o
Punto l.o
Punto 2.o
Punto l.o
Punto 2.o
— 19 —
Punto 1 o ¡Venganl
Punto 2.o ¡Tomal (DándoseiM.)
Punto I.® ^Dándole la maiio.) [Graciafi, chico! (Va«e.)
' Punto 2.o Costumbre tan detestable,
aún no se acaba, y á fé
daré aviso para que
le apliquen la ley del sable.
Asi expondrá los motivos
de por qué, en giros inciertos,
si antes levantaba muertos,
ahora sacrifica vivos, (vaae.)
ESCENA Vm
PRÁXEDES, JULIA y FERNANDO, al final de la escena el
ORDENANZA
Práx.
Fern.
Práx.
Julia
Fern.
Práx.
Fern.
Práx.
JUUA
Práx.
Julia
Fern.
Práx.
Julia
Fern.
¡Vamos, Femando, que no!
¡Pelo, señóla!...
|No quiero!
Mamaita, si él se empeña-
Si yo tengo gusto en ello...
Pase, el almuerzo en los Cisnes
y pase tras el almuerzo
esa docena de guantes,
ya que se puso usted terco.
¡La sombrilla!
¡Doña Pláxedes,
pol Dios!..
Bien, no la nombremos;
pero el abanico mío
y la caja de pañuelos
no he debido consentirlo.
Yo ya me opuse, ¿no es cierto?
Y ahora comprar chufas, ¿eh?
¡Nada, no;, no lo consiento!
Mira qué alfiler más mono
lleva Fernando.
¿Es recuerdo?
Si usted como tal lo acepta...
Pero, ¿qué hace usted, diablejo?
¿Lo tomo, mamá?
Señóla,
— 20 —
dígale usted que si.
Práx. Bueno.
Julia ¡Me da cortedad!
Práx. jjulita!..
¡Niña!.. No se hacen desprecios;
y basta, basta, Fernando,
' ó verá usted si me ofendo.
Fern. Ahola tomamos un coche.
Práx. ¿Un coche?
Fern. ¡Si está muy lejos
el flontón que se inaugula!
Julia ¿De mujeres? (Tengo celos.)
Fern. ¡No temas! Allí va uno.
Práx. En tranvía cuesta menos.
FEkN. Si no hay tlanvías, señóla.
Práx. Es verdad, con el concierto...
Julia ¿Y tocan los cobradores,
conductores y encuarteros?
Fern. Y muy bien; son una especie
de bemoles callejelos.
Los ploductos se destinan
á lemedial atlopellos,
indemnizaciones, culas. .
Práx. ¡Qué cosas hace el gobiernol
Fern. Anda, ¿y el último bando?
Ha plohibidolos entielos
y las manifestaciones,
y las...
Juua Eso está bien hecho,
porque se ponen las calles
á lo mejor...
Práx. ¿y los muertos?
Fern. Van por la londa.
Práx. ¡Ah! ¿Si?
Fern. Y la»
plocesiones pol el templo
ó pol la londa; ios meetings
pol la londa y al Vívelo,
y las glandes folmaciones
por la londa, al C^elo Neglo.
Práx. ¿Todo por la londa?
Fern. Todo.
Se han subido los télenos.
Julia ¿Qué ruido?..
^
— 21 —
Fern. Los del tlanvia.
Práx. Pues no hay que perder el tiempo.
Fern. ¿Conque se va en coche?
Práx. ¡Vaya!
Fern. ¡Eh!.. No me escucha. ¡Cochelo!
Práx. Apriétale las clavijas.
Julia Lo vamos á dejar seco, (vanie.)
Ord. Lo que es á éstas, por gofronaSy
las pesco. jBah, si las pesco!
¿Coches á mi? A la trasera
me subo, y quién dijo miedo, (vaae.)
JHVTACIOM
CUADRO TERCERO
Plasfl, no á mucho foro; eif diferentes muestras, tanto d« los baleo-
nes como de las portadas, se leen los sfgatentes rótulos: «Taona».
«Bazar elástico», *Se gisa de comer», «Ay Chuletas», «Villar y
tertulia» y otros carteles pequeños.
ESCENA IX
Seis ENCUABTSROS, chicos que traerán en la manó colleras peque-
ñas de cascabeles y .campanillas, detrás los conductores, los bajos
«oú trallas y pitos; y por último, primeros y segundos tenores con
timbres
— Aquí están los Encuarteros
insolentes y groseros,
— detrás marchan los del pito:
ahí va el tronco, señorito.
— Los del timbre y la cartera,
los pelmazos cobradores;
abroncamos á cualquiera,
porque somos los peores.
— [Anda, pronto, chico, engancha! — jMulal
—Ahora no, que sube cuesta! — |ArreI
— Quite usté que le dé al torno. — ¡Plancha!
— 52
-El que quiera que se agarre.
jArrel [sóo! ¡arre! isóoo!
Cobradores malos modos,
conductores y encuarteros^
somos tres bichos distintos
y un peligro verdadero.
Vaya si hago ruido
con los cascabeles;
jpito! ¡pito! ipitol
oaje usté si puede;
venga movimiento,
duro con la tralla^
suba el m;6nos torpea
y el qa€ no, que caiga.
Si lleva usté mucha prisa,
suba usté al tranvía pronto
y llegará usté hecho un cisco,,
pero á su tiempo, tampoco.
Vaya si hago ruido, etc., etc.
Quieta, generala,
no seas revoltosa,
deja de correr.
I Y — a, y — a!
porque si no paras,
á ese de la boina
vamos á coger.
ly— a, y— a!
¿dónde va, señora?
Voy á la que llaman
puerta de Alcalá.
¡Ese cabayero,
como baje andando^
dá una costalá!
Vamos sin tardar
pues faltan dos minutos
para llegar.
|Riá!
Vamos sin tardar. (Vange.)
- i3 —
ESCENA X
JUAN y PEDRO con unas carpeta, pequeñas en Ja mano, Upiz T
cuartUlas, que van tomaodo nota de los letreros
HaMado
Ped. TaoTMj isin H!
Juan Apunta.
Bazar elástico. ; Aprieta!
Ped. y este servicio, ¿por quién
lo hacemos? ;
juj^ Por la Academia.
Ped. Graciaé á Dios que se ocupa
en cosas de transcendencia.
Juan ¿Se ffisa de comer?
Ped. \knas,,
duro con él!
Juan AylL.. Chuletas,
Ped. Interjecciones con hueso,
chico.
Juan ¿Será que se queja?
Ped. Mira, Villar con 7.
Juan ¡Sí!...
Y ahí, ¿qué venden?
^^ ^ jChichonerafll
Juan jQué atrocidad!... Para niños
del tamaño que se quieran.
Verás tú cómo mañana
ni un rótulo de estos queda.
Ped. La cultura irá ganando.
Juan Pues si esto es una vergüenza.
Ped. Vé por ese lado tú ,
que yo sigo por la izquierda. (Vanse.)
ESCENA XI
EL DELEGADO, CRISPÍN, de etiqueta con corona dorada y cetro|
detrás una pareja de la Guardia civil
Deleg. ¡Eal Andando, que hace frío;
no quiero conversación.
Crisp. ¿Pero á mi, por qué razón
— 24
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crjsp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Dkleg.
Crisp.
Dei^g.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
se me prende, señor mió?
Bien claro está, ¡por ladrón!
¿Cómo es eso?
¿Usté qué es?
¡Primer actor!
{Embustero!
¡Actor cómicol
¡Cal
Pues...
¿qué soy?
Lo que era hace un mes.
¡Zapatero!
¡Ehl
¡Zapatero!
A mí me aplaude la gente
y me llaman eminente,
porque de un mes á esta parte...
¿Se suben tan fácilmente
los escalones del arte?
Con justa razón me apeno
viendo otros cien como usté.
A mí me aplauden y estreno.
¡Pero dice usté haiga!
¡Bueno!
¡Y se nesecita!
¿Y qué
que lo diga?
¡Habrá truhán!
¡Guzmánl ¡Latorrel ¡Qué actores!
¡Anda! ¿Latorre y Guzmán?
¡Si!
¡Como que esos señores
ganaron lo que me dánl
¿Quién fué Felipe Segundo?
El que iba tras del primero.
¿Quién hizo El hombre de mundo?
Cualquiera, Pepe ó Facundo;
á mí guita, caballero.
Si canto mal, bailo bien;
y aunque digan que hablo mal,
por mi, que siga el belén,
siempre que el lunes me den
de nómina un capital.
Deje usté ya, pues me afrenta,
— 25 -
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp.
Deleg.
Crisp
Deleg.
Crisp.
esa corona que ostenta (Qoiiándoseía.)
y ese ridículo tjetro
(Se lo quita )
g^Ti sabe usté lo que es metrol
os veces cero cincuenta.
¿Que carezco de instrucción,
de artistica educación,
de iniciativa? Convengo,
si, señor; mas como tengo
el doií de la imitación...
Procure usté ser flemático
que se ha de quedar estático.
Pero es que...
Sea usté amable
y verá lo más notable
que hay en el arte dramático.
(Hace yarias imitaciones ó recítese aquello que crea
el actor más condnceiite ptira hacerse aplaudir,)
I Anda á una celda, reptil,
que tu insolencia me exalta!
Pues como yo, hay otros mil.
Por eso, lo que hace falta,
es mucha Guardia civil.
Pues si prende usté en su celo
lo malo que se conoce,
va usté á llenar el Modelo.
¡Pero hay tantos, justo cielo!
Sí, señor; de trece, doce, (vaose.)
ESCENA XII
BLANCA y las suyas con traje de caprico y boina de su color, lle-
vando todas en la mano una pelota encarnada sujeta al dedo de
corazón por una goma larga; después ENCARNADA y las suyas
con trajes análogos, boinas grana y pelotas blancas sujetas en la
misma forma
Blanca
Blúsica
Si consiguió renombre
la ninfa Eucaris,
algo han de hacer que asombre
las pelotaris.
Enc.
Blanga
Enc.
Blanca í
Enc. (
Blanca
Enc.
Todas
— 26 —
Y si hay qui^n no lo crea,
sabrá por su interés,
que dan una bolea
lo mismo que un revés.
Si la manzana gana,
quien quiere Paris,
ya están por su manzana
las pelotaris.
Y el que la dé de tuno,
sépalo de una vez,
se saca aquí del uno
lo mismo que del diez.
A pollo lamido,
que ofrece su brazo,
por ser presumido
le va de rechazo,
jpelotazol
Al hombre sesudo
de gran bigotazo,
que Ja echa de viudo
por dar» un bromazo,
¡pelotazol
En el frontón del querer
con mucha fuerza hay que dar,
porque faltar es perder
y es preciso no faltar.
Mida usté al terreno,
bueno, bueno, bueno;
no hace falta encomio,
mí querer regalo,
malo, malo, malo,
que yo doy con momio.
Si el primer novio se va
aprovechar la ocasión,
porque no hay partido ya
siendo el zaguero tumbón.
Mida usté el terreno,
bueno, bueno, bueno;
palo al que se arrima
mi querer regalo;
malo, malo, malo,
que yo doy con prinia.
Si consiguió renombre
la ninfa Eucaris, etc., etc.
I
-»-^
Blanca
Todas
Enc.
Blanca
BiJiNCAS
Enc.
mMíMmIf
Si 68 pwi el hombre un Edén
el mundo en que se alborota»
llegó el tiempo, ¡voto ¿ dénl
en que nosotras íAvcAÁéa
devolvamoe la pdoía.
QtoaMr siempre es lo primero,
sm que el contrario lo note,
y si hace iaqat rastrero,
devuélvasela al zaguero,
aprovechando el rebote.
Mucho de aquí y muchos pies
para luchar sin reparo,
ganando en un dos por tres.
Bolea al que juegue claro;
al que ande turbio, revés.
lEso!
¡Al frontón, camaradas,
y cuenta la que se escurra,
por si vinieran mal dadasl
{Urra por las blancasi
|Urra!
{Urra por las encarnadasl
(Música ea la orquesta, que ya no debe cesar basta el
fluaL Las pelotaris se van abrazadas unas con otras y
dando saltos al compás de la orquesta.)
ESCENA ULTIMA
EL DELEGADO ^
Puesto de España al servicio,
pensó un legista novicio
lo que habéis ido escuchando,
y que será un hecho... ¿Cuándo?
jquién sabel El día del juicio.
CUADRO CUARTO
Telón que represente una alegoría del juicio final.— Fuerte en la
orquesta
TELÓN
OBRAS D8 D. CALIXTO N/VARRO
Y EN COLABORACIÓN CON OTROS AUTORES
COMEDIAS EN ÜN ACTO
¡A gusto de todos, verso.
¡A lo tonto,., á lo tonto! id.
Antojos, prosa.
A Segura llevan preso^ id .
¡Bilbao es nuestrol verso.
Brujerías, prosa.
Chindasvinto, verso.
Como perros y gatos, id.
Correo interior, id.
Curro-Cttchares, verso.
Dos reales de judias^ id.
Distracciones^ id.
El pueblo rey, id.
El héroe de Aleaban, id.
El día del santo, id.
El café Imperial, id.
El nuevo impuesto, id.
El 22 de Junio, id.
El ángel vengador, prosa.
El santo del chico, id.
El dominqOy verso.
El cementerio del año, id.
El monarca y el abad, id.
El ramo de la africana, prosa
El pintor José Mivera, verso.
Electro-manía, prosa.
El orden de factores..., id
Entrada por salida, id
Enciclopedia, id
España y sus hijos, verso.
Entre hombres..., id.
En los pasillos, id.
Efecto contrario, prosa
Mrmar la paz, verso.
Ftiituro imperfecto, id.
Gundemaro, prosa.
Wja única, id.
Hecho un San Lázaro, verso.
Jugar con elfí4ego, verso.
Za crisis, prosa.
La Internacional, verso.
La homeopatía, prosa.
La calle del Arenal, id.
La venida del planeta, verso.
Lazo de amor, id.
¡La vida! iá .
La mano de Dios, id.
Lo qus no puede leerse, id.
Los obstáculos, prosa.
Las América», vemo.
Los dos polos, id.
Las perdices, prosa.
Mala sombra^ id.
Miss Leona, id.
Medias suela» y tacones, id.
Mi tía, verso.
Mi tocayo, id.
Muy corto, id.
Noche buena y noche malajiá^
¡¡No llora!! prosa.
Pasteles y vino, verso.
Perico, id.
Principio y fin de un actorfiá^
Quien bien ama.. , id.
Rarezas, id.
Sablazos á domicilio, verso.
Salón-Eslava, id.
¡Se da dinero! id.
Soy un caníbal, prosa.
T. B. O., i.1.
Un consejo á los maridos^
verso.
¡Un valiente! prosa.
Un marido infeliz, verso.
¡Un conspirador! ^TOBA.
Zarandaja, id.
EN DOS ACTOS
Antes y después, verso.
Bueno como el pan, prosa.
Con buen fin, verso.
Cosas de Pepe, prosa.
Dos Hermanes, id.
-B» Babia, Id.
El barrio de Maravillas, verso
Escupir al' délo, prosa.
La prima donna, iá .
Las de VilladiegOy verso.
Padre y padrino, prosa.
Sin padre ni madre. Id.
Tres yernos, id.
TJn padre, id.
EN TRES ACTOS
LoÁt dos sortijaSy verso.
Ley de amor, orosa .
Los inútiles^ id.
Los murciélagos, verso.
Mendoza y Óompañia^ prosa.
Un capricho, verso.
Orgullo, amor y deber, prosa.
Quemar las naves, id.
Vivir de milagro, id.
ZARZUELAS EN UN ACTO
A la puerta del Suizo, verso.
A real por duro, id.
jAlPololiá.
jA España! iá.
Arriba y ahajo, id,
As/nor obliga, id.
A temo seco, id.
Bal-masqué, prosa.
• Blanca ó negra, verso .
Brinquinij iá.
Bromas pesadas, iá.
Boda ó muerte, iá.
Bodas de oro, id.
Congreso doméstico, iá.
Contaduría, prosa.
Con paz y ventura, iá.
Corina, verso.
Curro Achares, iá.
Cromos madrileños, iá.
Dar la casta fía, id.
Dos entre dos..., iá.
Dudas y celos, iá.
De viva voz, iá.
El 93, id.
El bobo, iá.
El invalido, iá.
El estudiarúe, iá.
El estudiantiílo, iá.
El nene, id.
El siglo de las luces, prosa y
verso.
El pájaro pinto, verso.
El baile del porvenir, id.
El mirlo blanco, id.
El monaguillo de las Salesas,
Ídem.
El himno de Riego, id.
El Noy, Milord y Monsieur,
prosa y verso.
El salto del gallego, id.
El bazar H., iá.
El día del juicio, id.
El dinero y lafort%ma, iá.
El bazar, iá.
En la venta, iá.
En el cuartel, iá.
En LeganéSy iá.
El proceso del saínete, iá.
El rey de oros, prosa.
Fiestas de antaño, iá.
Mrmar las paces, iá.
Fortuna te dé Dios, hijo..., iá,
Frasquito Barbóles, iá.
Fuego en guerrillas, iá,
Flam^ncomanía, prosa.
Hipócrates y Galeno, id.
Juan del pueblo, verso.
La salsa y los caracoles, prosa.
¡Lorito real! verso.
Los aparecidos, iá.
La cita, prosa.
Luda Pastor ó Pichichi, id.
La forastera ( monólogo ),
verso.
La cruz de San LucaSy id.
La gran colmena^ prosa y
verso.
Loa do8 cammos, id.
Lo8 pájaros del amor, id.
Laida aragonesa, iá.
La «na y la otra, prosa
La gatita, verso
Los náufragos^ verso.
¡¡¡LosUl Id.
Madrid por dentro, id.
Maéaid petit^idi y prosa.
Madrid vi^o y Madrid ime-
vo, id.
Magia blanca, prosa.
Mata-moros, id.
Maestro de amor^ verso.
¡Maridos á peseta! prosa.
Mentiras de nn curial^ id.
¡Nos mcUamosI id.
Nido de amor, prosa.
Oros son triunfo, id.
Ondukuíiones, v. y p.
Ordeno ymandoy prosa.
Ótelo y DesdémófUi, verso.
Pan negrOf prosa.
Pasante de Notario.
Paz conyugal, verso.
¡Pero cómo esta Madridl id.
Plan de estudios, i\.
Periquito entre ellas, íá.
Percances domésticos, id.
Primo... de un prímOy iL
Q. Q., prosa.
República femenina, vemo.
Simulacro, prosa.
Sin conocerse, verso.
Se gisa de comer, id.
Señor feudal, prosa.
8<üa ae armaé, id.
Salú y suerte, verso.
Ternera, 7. 3.o, id.
Tipos y topos, id.
Toros en ParíSf id.
Toros y cañas, id.
Tres píes para un banco, id.
Una fiera, prosa.
Vn perro grande^ id.
Variedades, verso.
¡Viva tu miidrel íá.
Veneno nacicnal, prosa y
verso.
EN DOS ACTOS
Abril y Mayo, verso.
Cosas de pueblo, id.
Dos leones, prosa.
El laurel de oro, verso.
El barón polaco, prosa.
Huyendo de ellas, verso.
Ida y vuelta, id.
La tela de araña, id.
La barretina, prosa.
Martes trece, id.
EN TRES ACTOS
(hrona contra corona, verso. Jorge el guerrillero, id.
El bergantín adelante, prosa La condesita, prosa.
y verso. La Santa Cecilia, verso.
El sacristán de Saa Justo, Los maitines, di.
Los saltilbanquis, id.
Madrid vi^o y Madrid nue-
vo, ver^^o.
María, id.
Novio y marido, id.
Olla de grillos, id.
¡Pobres madres! id.
¿Quién es el loco? id.
Un viaje á la luna, id.
Una aventura en Siam, id.
verso.
El grito de guerra, id.
Héroes y verdugos, id.
Miguel Strogoff, id.
Nuestra Señora de París, prosa.
- « »t ■■■¡¿.■■Zj.. y.
OBRAS MUSICALES
DE
JOAQUÍN VALVERDE (HIJO)
^^>^^>^^*»/>^>JS^\^^^^
Con las de Caín.
Madrid Petit.
Caretas y capuchones.
Los boquerones (*)
Entrar en la casa.
La fuente de los milagros.
Cerrado por nacimiento (*)
Charito.
El mirlo blanco.
El ordinario de Villamojada.
El paso de Judas.
Corte y cortijo.
El Señor Juan de las Viñas.
El botón de muestra.
Mañana será otro día.
El cervecero.
El Gran Capitán (*)
Las alhajas.
El día del juicio.
(*) En colaboración
^^ ^
^ <-
^t>//
C^ ^ '
(f^-^^^^^ /y-^
í> >
día de prueba
f«r->>V*^r . ri ' '' )
EL. TEATRO
día DE PRUEBA
DRIIA n TR18 ACTOS ORIGIHAL Y El VERSO
DB
D. VICENTE COLORADO
D. FRANCISCO F. VILLEGAS
l^trenado en el Teatro Bspafiol con extraordinario éiáf
la noche del 16 de Enero de 1894.
I" iw»i
MADRID
Establecimiento tlposT^fico de Afustf n ATrial »
San Bernardo^92, —Teléfono 3.074,
1894
•*•
■í
» , .b-. »4k ».
PERSONAJES ACTORES
MARÍA Sra.D/ Julia Sala.
ANDRÉS. .•••..••.. • • D. Wenceslao Bueno.
DON FERNANDO.. • Jeté Mata.
JUAN ,. • 1 Francisco Gómez.
CURRO...... • Salvador Soler.
LUIS • Rafael López.
La acción, en Madridí empieza al amanecer del día 2 de Blajr»
^ de 1806, 7 termina A la miyma hora del día siguiente.
ACTO PRIMERO
Jardía de casa particQlar ; á la derecha del público páíbellón con es-
calinata practicable; en el fondo Terja de hierro con puerta;
árboles , arbustos , macetas , macizos de plantas , etc ., etc*
m
ESCENA PRIMERA
JUAN
¡Ya terminé!... ¡Buena siega!...
Ni una flor queda en las ramas.
¡Pobres rosas! pronto mustias,
marchitas y deishójadas,
seréis despojos del viento;
las mismas manos que os daban
con tanto amor la existencia,
ahora la vida os arrancan...
Gero, en fin, ¡qué se ha de hacer!
el amo es amo y lo manda.
Como hay boda, don Fernando
á los novios agasaja,
y quiere que sea un nido
de flores toda la casa.
¡Dichosos ellos!... ¡y triste,
triste de Andrés!... Siempre pasa
lo mismo; las alegrías
de los felices se labran
con las penas del que sufre:
¡es la condición humana!
para un ramo, ¡cuántas flores!
para un goce, ¡cuántas lágrimas!
¡Ay! cuando mi Andrés se entere
de que María se casa...
porquey:aunque jamás lo ha dicho,
• la adora con toda el alma;
Dios le dé resignación
para sufrir su desgracia.
Per.Q, ^-y Curro?
(Llamando.) ¡Curro!... Vamos;
¿por dónde demonios andas? ;
ESCENA II
JUAN y CURRO
Curro. ¿Qué quiere usted, señor Juan?
JuAÍf. Que cojas el cesto y vayas
á adornar la galería
y el pabellón.
Curro. ¡Pues no es nada!...
¡si no se encuentra un capullo
por un ojo de la cara!
¡Qué degollina de flores!
'- ¡qué limpias están las ramas!
Y la cosa lo merece; y
la señorita se casa
hoy con don Luis, y hay que echar -
el jardín por la ventana.
¡Qué excelente pareja hacen!
ella es joven, buena y guapa
y él es rico y un real mozo..
Juan. Pero, ¿callarás?
<3urro. iQué. gracia!
callar, cuando la alegría
me sale á brincos del alma.
¡Qué gran día, señor Juan!
JüAK. (Con, tristeza,)
¡Muy bueno!
Curro. ¡Pues ahí es nada!
Dentro de poco la boda, .
después refresco en la sala;
luego en el patio nosotros
armaremos la gran zambra;
vendrá Lucas el barbero,
que hace hablar á la guitarra,
y la Petra con su novio,
y la Rosario, y la Paca,
•y el pinche, y el cocinero,
y usted y yo... ¡hasta mañana
habrá jota, y seguidillas,
y bromas, y risa, y,..
JuÁH. ¡Basta!
CuiiRO. ¡Si viera usted la cocina!...
aquello parece Jauja.
Aquí hay un par de jamones,
allí un cordero que sangra,
más allá pollos rellenos
y truchas asalmonadas;
al otro lado licores,
quesos, bizcochos, naranjas,
varios pellejos de vino,
y dulces y mantecadas.
¡Cómo el. asado se queja
'4 porque le tuestan las ascuas^
• mientras murmura el puchero
y refunfuña la grasa!
Las mozas pelan las aves
y, al par que las pelan, cantan
al compás de los morteros
donde los pinches machacan...
¡Qué música, señor Juan!
Juan. Para música tu charla.
CURRO. ¿Se enfada usted?
Juan. Me impacientas.
Curro. ¡ Si tiene usted una cara
más triste que el Viernes Santo!
Juan. Pues no estoy triste, te engañas.
10
Cada cual goza á su modo.
Curro. ¡Qué alegría esa tan rara!
Juan. Hay lágrimas que se ríen
y risas que vierten lágrimas. *
Curro. Eso no reza conmigo;
me gustan las cosas claras;
¿que estoy contento ?. . . alegría ,
y saltos, y carcajadas;
¿que estoy triste? hago pucheros
y la pena me atraganta.
Eii cai;nbio otros... como Andrés...
Juan. ¿Qué dices de Andrés?
Curro. Yo, nada
puedo decir que le ofenda;
que á bueno nadie le gana ,
y es valiente como el Cid ,
y generoso sin tacha; >
pero, como divertido
y alegre, según las trazas,
es también de los que ríen
igual que lloran en Francia.
Juan. ¿Pues qué ha ocurrido ?
Curro. A eso voy.
Ayer, al salir de casa,
le hallé en la esquina del Prado
inmóvil como una estatua.
— cHola, Andrés», le dije yo,
«{buena se va á armar mañana!»
— «¿Que se va á armar?... ¿Qué sucede?»
— «¿Tú no sabes lo que pasa? »
— -«Dímelo y me enteraré.»
— «jSi hace ya un mes que no se habla
de otra cosa , y en el barrio
lo saben hasta las ratas !
Pero como tú no has ido
á vernos desde las Pascuas
de Navidad...»
—«¿Y qué es ello?»
II
— i|Qué ha*tle ser! Pues que se casa
la señorita María ^
con don Luis. •
— c ¿Cuándo?» *•
—«Mañana.»
Juan. ¡Ah, Curro! ^Qué es lo que hiciste?
(Aparte.)
(¡Y yo que se lo. ocultaba!)
Curro. ¿Pues qué mal había en ello?
Juan. Dices bien; pero... tan grata
noticia... así... de repente...
Curro. | Pues si viera usted qué xara
puso Andrés!... ¡ni la de un muerto!
Y luego, casi con rabia ,
asiéndome de este brazo
que por poco me le arranca ,
prorrumpió desencajado
y comiéndome á mtradas:
—«Eso no puede ser, Curro.»
Mas cuando yo le juraba
que decía «i Evangelio,
repuso: — «Perdona, y gracias;
te agradezco la noticia.
. Adiós, Curro; hasta mañana;
^ no faltaré.»
Juan. ^' Eso te dijo?
Curro. Con esas mismas palabras.
^CENA m
JUAN , CURRO y D. FERNANDO
D. Fer. ¡Cómo se entiende i^,; Os estáis
charlando con esa calma
habiendo tanto que hacer?...
¡Me gusta vuestra cachaza!
¡Ea, Curro! A trabajar.
«I
t2
Curro. (Cogiendo el cesto de flores y yéndose d
escape:) ^ _ '
Allá voy. •
D. Fer. ¡Valiente alhaja!
^Por qué me miras tan serio?
¿en qué piensas? ¿qué te pasa?
¿eres de yeso ó de carne?
¿no tienes ni una palabra
para mí de enhorabuena ?
Juan. Bien sabe Dios que mi alma
siente por suyos Iqs duelos
y alegrías de esta casa.
D. Fer, Por eso deseo, Juan,
que conmigo los compartas.
Ya somos viejos amigos.
Juan. ¡Tan viejos! .
D. Fer. Desde- la infancia
hasta hoy, hemos pasado
muchas penosas borrascas
tú y yo juntos; ¿lo recuerdas?
Juan. ¡ Ya lo creo ! . •♦
D. Fer. La más mala
• \fué la muerte de mi esposa...
¡ pobrecilla ! ¡ Era una santa !
Juan. Más buena que el pan.
D. Fer. ¡Oh! Si ella
yiviese hoy, y presenciara
la boda de su María...
Dios dispuso de su alma;
desde el cielo nos contendía,
y en el cielo nos aguarda...
En fin, mientras^ llega el día
en que hemos de ir á buscarla , ^
(que será pronto), pondremos
al mal tiempo buena cara,
Y no lo digo por hoy,
que, á la vez que en nuestras almas,
resplandece en todas partes
/
i
I «3
la alegría: está la casa
que parece un jubileo;
la primavera embalsama
el ambiente , ni una nube
el azul espacio mancha,
y el^sol su madeja de oro
en el oriente desata...
. la naturaleza entera
hoy se ha vestido de gala.
Juan. Para el que es feliz, ¡gran dial
mas, par» el triste..;
D. Fer. iQuién habla
de tristezas!
Juan! Yo pensé...
.D.Fer.. Vamos á ver^ ^qué pensabas?
Juan. Que cuando á boda repican
en la iglesia las campanas
nace un 4mor y- otro muere.
D. Per. ¡Quién hace caso de fábulas!
Jvan. Por algo lloran los padres
cuando los hijos sé casan.
D. Ferv Se llora... porque se llora...
sin fundamento, sin causa.'
Porque María se case
(¡algún día he de casarla!),
^'voy á llorar como un tonto?
¡ni que fuera una desgracia!
¿La voy á enterrar acaso?
¿no la adoro? ¿no me ama?
¿no- soy su padre? ¿no es mi hifa? "
¿no vendrá á verme á esta casa?
¿no iré yo?... ¡El dia^o te lleve !
que la lengua se me traba
y ya no sé lo que digo, - • .
ni lo que pienso, ni nada.
> fToda la noche .he pasado
dando vueltas en la caipa»
sin poder pegar los ojos; •
«4
ni hallar instante de calma.
ItJAN. ¡La alegría!... es natural.
D. Fer. Pues bien; no, señor. Pensaba
en que hace veintidós años
que María me acompaña
constantemente, y en que hoy,.t
esa dicha se me acaba.
El pájaro va á romper
los alambres de su jauks
y, con jubilo, á otro hogar
•' ' extraña tiende las alas.
.^
m * . . <
ESCENA IV
DON FERNANDO y MARÍA
(Juan al principio que esU «n escena, termina sus quehaceres
. y se marcha.) -«•
María. ¡Ya levantado aunque el dia
ha amanecido hace poco!
D. Fer. Pues, por tu parte, tampoco
te has descuidado, María.
María. Esta noche, casi toda ^
la pasé en claro.
D. Fer* Es sabido;.
iqué muchacha habrá dormido
la víspera de su boda! ,
María. ¡Padre mío!
D. Fer. No es reproche;
tal contento...
María. No. señor;
la tristeza y el temor
me han desvelado esta noche.
D. Fbr. ¿Qué estás diciendo?
María. Nq sé
que triste presentimiento
amargó mi pensamiento
í3
que, á pesar mío, lloré.
En el cielo que parece
más azul, de pronto sube
sin saber cómo una nube
que cíe.lo y tierra obscurece. .
D. Fer. También lo mismo sentí; .
pues temo que, tu amor fiel,
seajodo para él...
y el olvido para mí.
María. ¿Qué dice usted?
D. Fer. La verdad,
por terrible que parezca.
María. Hará usted que me entristezca
tan injusta Crueldad.
¿No le amo á usted con pasión?
D. Fér. ¿Será cierto?
. María. _ ¡Y lo ha dudado!
D. Fer. Hoy cambias, hija, de estado.
María. Pero no de corazón.
Ya sabe usted que no he sido
la que proyectó mi boda ;
y si con el alma toda
sus consejos he seguido ,
es porque á usted ciegamente
amo con amor inmenso ,
padre; y asi amarle pienso,
como ahora, eternamente.
D. Fer.. Sigue, sigue; ¡cuánto bien
me hacen tus palabras !
María. VamoS ,
usted quiere que riñamos.
. D. Fer, Estoy celoso.
María. ¿De quién?
D# Fer. { Oh ! no creas que te riño ^
ni te enojes si me quejo; -
soy tu padre y soy ya viejo ,
es decir, dos veces niño.
Egoísta ^ he codiciado
iC
que sólo para mí fuera .
tu amor , que tu vida entera
.me la hubieses consagrado; '
perdona tanta ambición;
siempre te he querido así;
tú eres tqdo para mí :
. alma', vida y corazón. •
Sí ; desde tu nacimiento
has llenado mi existencia ;
de tu amor y tu. presencia
.' se nutrió mi pensamiento ;
como un chiquillo, siendo hombre,
gocé en tu primer sonrisa,
y en. la palabra indecisa
con que decías mi nombre ;
sostenida por mis brazos
á andar de niña aprendiste ,
y á mí , antes que á nadie ,. diste
tus besos y tus abrazos.;
ya joven , tus alegrías ,
tus esperanzas , tus penas ,
tus horas malas y buenas
fueron mías , sólo mías.
Así el tiempo y el amor
formaron tan fírmes lazos.,
. . .que hoy, al hacerse pedazos ,
me va á matar el dolor.
Makía. ¡Padre!
B. Fer. a. tu dicha me inmolo,
más tiemblo al ir á perderte;
sin ti, á mis años, la niuerte
• es preferible á estar solo.
María. ¿A qué hablar de soledad,
de dolor y de morir, ..
puesto que hemos de vivir
con la misma intimidad?
P. Fer. ¿Siempre bajo el mismo techo i*...
María. ¿Quién ha pensado otra cosa?
i7
D. Fer. ¿Siempre á tu lado.^
María. Y dichosa
de verle á usted satisfecho.
D. FcR. Eso es todo lo que ansio :
no separarme de ti
nunca.
María. ¡ Qué fuera de mí
lejos de usted, padre mío !
D. Fbr. ¡Nunca me dejes, María!...
María. Pero, ««'qué motivo he dado
para que haya usted pensado?...
D. Fer. ¡Oh! perdona mi porfía.
Dices muy bien. A mi edad
se discurre lo peor.
¡Siempre juntos!
María. Si, señor;
siempre.
D. Fer. ; Qué felicidad !
ESCENA V
D. FERNANDO, MARÍA y ANDRÉS
D. Fer. Mira quién viene, hija mía.
María. Andrés.
D. Fer. Le estaba esperando.
And. Buenos días , don Fernando ;
que Dios te guarde, María.
María. ^-Por fín te has dejado ver.
D. Fer. Pero, hombre, ¿qué te ha impedido
en medio ano haber venido
por esta casa?
And. El deber.
D. Fer. ¡El deber!... Pues el primero,
sea ese tuyo cual fuere,
. es querer á quien nos quiere
con afecto verdadero. -
And. Crea usted que para mí
antes es eso que todo.
2
i8
D. Fer. i Lo disimulas de un modo,
que dudo si será así!
And. {Oh! no me haga usted la ofensa
de dudar de mi cariño; .
quien le debe desde niño
á usted gratitud inmensa,
^' cómo habia de olvidar
tal deuda en su juventud^
D. FfiR. ¿Quién habla de gratitud ?
And. Déjeme usted recordar;
que aunque entonces mi memoria
era frágil, aún grabada
de mi niñez desgraciada
llevo aquí {señalándose elpecho)la. triste historia,
Huérfano, desamparado,
sin asilo, sin parientes, .
vagabundo entre las gentes,
hambriento y desabrigado,
iba solo y dolorido
por las calles ai azar,
como el ave que al tornar
' al nido no encuentra el nido;
cuando un hombre, un artesano
que por mi lado pasó, ,. '
se detuvo y me tendió
mudo de emociq^ la mano.
D. Per. Era Juan.
And. Sí, mi buen Juan, . ■
que llevándome consigo,
al huérfano le dio abrigo
y partió con él su pan.
Me trajo aquí, reñrió
acción tan.noble y honrada,
y usted, con voz alterada
y balbuciente, exclamó:
— • Bien hecho está l<j que has hecho;
serás para él un padrazo»;
y á la vez que en un abrazo
19
le oprimió contra su pecho:.
— • No sólo aplaudo tu acción , *
sino que también— le dijo —
^ al que tú'adoptas por hijo,
le doy yo mi protección. »
} Y aún duda usté de que le ame!...
Si llegara. á suceder
tal cosa, fuera yo el ser
. . más indigno , más infame.
D. Fer. ¡Por vida de!... ]Pues no toma
la cosa por dopde quema !
Vamos, hombre, ten más flema
^ para sufrir una broma.
]MarÍa. Debió de entenderlo así ;
^ pero yo no le perdono
tantos meses de abandono.
T>. Fer. ¿Por qué no has venido aqui,
como solías hacer,
á' vernos de vez en cuando?
And. Ya dije á usted, don Fernando, -i
que mi deber...
D. Fer. ¿Qué deber?
And. ¿ Ignora usted por ventura
que en todas partes aumenta
cierto rumor de tormenta
qUe grandes males augura ?
D. Fer, l^s verdad. -
And. Del Pirineo,
que Dios y naturaleza
erigieron fortaleza
digna de marcial empleo, %
á Cádiz, que sus pies baña
en dos mares cuyas olas
besan playas españolas,
no hay un rincón en España
que no vea con temor
al ejército francés
llegar amigo, y después
20
avanzar conquistador. *
Ellos pisan nuestras leyes,
«. mandan en nuestro^ hogares y
ultrajan nuestros altares
y cautivan nuestros reyes ;
]y aun llaman con insolencia
nuestro deber osadia ,
la libertad rebeldía
y crimen la independencia!
D. Fer. ^'Y hay quien sufra tal cinismo?
And. En todos los pechos late
la indignación, y el combate
estallará ; acaso hoy mismo.
María. jHoy mismo!
D. Fer. " Andrés ^exagera;
su imaginación se exalta
y...
And. ¡Exagerar!... ¡Ay, si salta
la chispa y prende la hoguera i
porque será asolado r,
voraz y terrible incendio,
tanto como el vilipendio
que nos causa el invasor.
Salga y recorra Madrid,
vaya y hable en cualquier parte;
cada casa es un baluarte,
en cada pecho hay un Cid;
sólo un acto de imprudencia,
y el pueblo, con arrogancia,
se lanzará contra Francia
al grito de independencia.
D. Fer. A mí no me pesaría;
lo digo como lo siento.
María. Vamos, un loco hace ciento;
¿también usted?...
D. Fer. Sí, hija mía;
soy viejo, n-as, como lleguen
las cosas hasta el amén ,
21
]juro á Dios que yo también
he de ser de los que peguen!
Que no cometan excesos
y se vayan á su tierra ;
pues como estalle la guerra ,
se dejan aquí los huesos.
¡Quél ¿No recuerdan su historia.^
Alli habrán visto con creces
que, nuestras armas, mil veces
los derrotaroh con gloria. ¡
¿Y hoy nos quieren someter '
como á esclavos sin honor?
/Piensan que nuestro valor
no es hoy el mismo de ayer?
Si nos tratan de oprimir,
con sangre lo han de llorar,
porque es más fácil entrar
en España , que salir.
Y Transición.)
Mas quizá en este momento
como el héroe de Cervantes ,
pensamos que son gigantes
unos molinos de viento.
Lo que fuere sonará.
Esperadme; voy á dentro
un instante , á ver si encuentro
todo preparado ya.
«
ESCENA VI
MARÍA y ANDRÉS
María. ¡Ohl Me han llenado de inquietud el alma
esos tristes presagios que has traído.
And. ¿Temes que turben la apacible calma
de tu felicidad ?
María. No, no han nacido
de un impulso egoísta mis temores
I
!
I ;
I . '
22
fr e conmueve el pesar , su angustia siento y.
y al fondo de mi ser llega el lamento
que en la tierra levantan los dolores.
Soy débil 9 soy mujer; aquí nacida,
tranquilos corren para mí los años
apartada del mundo ; mas , ; qjxé vida
no ha sido más ó menos combatida
. ^or crueles y amargos desengaños!
And. i Qixé sabes de dolor 1
María. No digas eso.
¡Qutf^no sé de dolor!... ¡Cuánto te engañas!
¡ Pues qué sentí cuando el postrero beso "
dejó en mis labios, al morir^ impreso
la madre que me tuvo en sus entrañas I
{Que no sé de dolor!... ¡Ay, cuántas penas ^
como en el mío, vi en otros hogares
que cuajaron la sangre de mis venas!...
4 Qué intuitos y varios Iqs pesares
que en todas partes, por diversos modos ^
germinan espontáneos en la tierra!...
Pero ninguno, Andrés, como la guerra,
que es el supremo mal, causa de tocLps.
And. Ese es el mundo,, valle de amargura;
* . pero el hombre más ruin y desgraciado
probó entre tantas hieles la dulzura;
sólo yo, sin consuelo y sin ventura,
. el dulzor de la vida no he gustada.
María* ¿Pues qué te falta? ; '
And. ~ ¿Que mje falta, dices? '
Una madre que amar y que me ame,
y, para hacer mis horas más felices,
bálsamo en las abiertas cicatrices
de mi angustiado corazón derrame.
Jamás la conocí ; ¡ santa quimera
que en vano 4,mi memoria restituyo I
Quizás el pecho que por vez primera
á mis sedientos labios ofreciera
el jugo de la vida, no fué el'suyo.
¿^
23
¡Parece que en el mundo se ha agotado
la fuente del amorl... Mientras devoro
tantas ansias de amar y ser amado,
indiferente pasa por mi lado
y veloz huye lo que más adoro «
• • cual huye la salud del apestado.
María. ¡Qué pronto, Andrés, tu corazón olvida!
Mi padre, Juan y yo, ;no te queremos!
And. Pero el amor que llena nuestra vida ,
el tierno amor de la mujer querida, '
á quien, de hinojos ante Dios, cedemos
corazón, alma, vida, honor y nombre,'
amor santo, amor grande , amor et^no
que no ha sido negado á ningún hombre^
' ese amor celestial, |ay! , es mi infíerno.
María. ¿Has amado quizá?
And. Con alma y vida.
María. ¿Y la que adoras?...
And. Nunca ló ha sabido;
pertenece ya á otro hombre.
María, . Pues olvida.
And. Amo una vez, pero jamás olvido.
María. Los' años calmarán todos tus duelos.
^ ' • . '
And. Los años no han de darme alivio alguno.
María. En otro amor, encontrarás consuelos.
And. M( amor es como el Dios que está en los cielos
infínito , Inmortal , eterno y uno.
f Breve pausa*)
i Y hubiera sido taíTÍbtiz !.., Cifraba
en su amor mi ventura; de mis penas
al deseado término llegaba ,
y por ella ser grande ambicionaba
y derramar la sangre de mis venas.
Pero ella, indiferente, no veía
este profundo y vivo sentimiento
en que mi pecho apasionado ardía;
. ¡no lo advirtió jamás!... Hasta que un día
en otro hombre fijó su pensamiento.
24
Presencié el despertar de sus amores ,
inundarse su pecho en dulce encanto
como el cielo en el alba de colores ,
sus sueños, sus miradas, sus temores...
¡Ay! ¡cuánto mi alma ha padecido! ¡cuánto!
María. Mucho debiste de sufrir.
And. No hubiera
á este nuevo dolor sobrevivido
si otra pasión , no menos verdadera ,
no menos grande y santa, no viniera
á levantar mi espíritu abatido.
María. ¿Otra pasión?
Akd. Inerme y ocupada
por extranjera y aguerrida tropa,
vi á mi patria .enxregarse confiada
á ese genio terrible cuya espada
cubre de sangre á la vencida Europa.
Por vez primera entonces, desde el fondo
del alma mia, enardecido, siento
que á tan tremenda angustia correspondo
con un impulso irresistible y hondo
que el peligro hace amar con ardimiento:
el amor de la patria ; el más sagrado
de todos cuantos hay en nuestro pecho;
amor que al débil trueca en esforzado;
amor puro, amor fuerte, amor honrado,
que mil héroes y mártires ha hecho.
¡Dar mi sangre y mi vida en tu defensa,
verte grande y feliz cual fuiste un dia,
volver por la honra tuya ante lá ofensa,
eso siente, eso quiere y eso piensa
por ti mi corazón, oh patria mía!
Tú eres mi madre, tú la amante esposa
que mis penas mitiga con sus besos;
pueda antes de morir verte dichosa
y en tu seño tener la humilde fosa
donde duerman en paz mis pobres huesos!
ESCENA VII
ANDRÉS y JUAN
Juan. Preguntan por ti, Maria.
María. Allá voy. Andrés, quisiera
que tuya mi dicha fuera
y tu desventura mía.
Ano. Deseo de todos modos
que seas feliz.
María. Lo creo;
y yo, Andrés, también deseo
veros felices á todos.
(Vase Maria; Andrés queda pensativo^ y
hay una breve pausa*)
Juan. ^En qué piensas?
And. En mil cosas
y en nada.
Juan. Di^ ^-cuáles son?
Anr. Me esperan; ya habrá ocasión...
Juan. ¿En qué empresas sediciosas
andas metido?
And. ¿Yo, empresas?
Juan. Sí, Andrés; he oído contar
que os disponéis á luchar
contra las tropas francesas;
y, según lo que he sabido,
en reunión celebrada
por gente juramentada,
su jefe te han elegido.
Dime, ¿es verdad?
And. •• Verdad es;
mis amigos me han honrado
con ese puesto.
Juan. Cuidado;
mira lo que haces, Andrés.
26
¿Qué intentáis?
And. Salvar ét España.
JüAÑ. ¡Temerario pensamiento!
¿Y no veis que ese ardimiento
que os envanece, os engaña?
Sin jefes y sin soldados,
sin armas ni municiones^
¿qué haréis contra esas legiones
de guerreros esforzados,
. de mil victorias testigos
frente adversario mejora
And. ^E1 verdadero valor
no cuenta los enemigos.
Juan. El valor, sin la prudencia,
es locura y fanatismo.
AnjÍ). No hay grandeza ni heroísmo '
sin un poco de demencia.
Juan. Pero, insensato, ¿qué harás,
si sois unos cuantos locos?
And. ¿Qué haremos siendo tan pocos?...
-pues dar ejemplo á los más.
. Mi pecho indignado late;
á m¡^ amigos juré
luchar con eUp's, é iré :
guiándolos al combate. '
Juan. El éxito, en cualquier obra,
es del más hábil. Vosotros, .
^xon quien contáis?
And. Con nosotros.
Juan, ¡Buen puñado! j; v
AnD. Hasta y sobra.
Si opresa la patria. gime,
el pueblo se sacrifica.
Juan. Y el fuerte le crucifica. ,.
And. ¡Qué importa, si la redime!
Juan. No quiere á su patria más
el que más la compromete.
And. ^'La amará el que se somete
»7
al extranjero, quizás?
Juan. Esperar es lo mejor.
And. El sufrimiento no espera.
Juan. ¿Y si todo se perdiera?
And. Se habrá niuerto con honor.
Juan. (Buen consuelo!
And. Nuestra hazaña
otras puede fomentar;
gota á gota se hace el mar,
grano á grano la montaña.
Juan. . Estás ciego.
And. No me pesa:
todo á la patria se inmola.
Corra mi sangre española
derramando la francesa*
Juan. Eo vano tratas, Andrés,
de engañarme y de engañarte;
no es eso lo que á arrojarte
te induce al peligro. .
And.
¿Que es?
Juan.
¿Qué?... Que estás desesperado.
And.
No entiendo á usted. .
JUÁÑ.
.0 no quieres
entenderme.
• •
And.
1 Por Dios!
Juan.
Eres,
•
en verdad , muy desdichado.
Sé que has puesto él alma toda
•.
en una^mujer.
And,
¡Maríal
Juan.
Que con otro, en este día ,
-
ha de celebrar su boda.
And.
¿V usted piensa ? . . . ^
Juan.
Y con razón ;
que tu pesar es tan fuerte,
que busca alivio en la muerte
tu angustiado corazón.
And.
¿Eso piensa?... No es mi pecho
V
28
tan frágil que , al arrostrar
los embates del pesar,
caiga en pedazos deshecho ;
el infortunio ha templado
mi alma, no hay pesadumbre
que no tenga por costumbre,
pena que no haya arrostrado ;
mas, aunque la dicha anhelo ,
aunque el amor de María
mi felicidad seria ,
le juro á usted por el cielo
que si ella me llama ahora
para llevarla al altar
y oigo á mi patria á la par
que oprimida gime y Hora...
no ío dude usted , la palma
del martirio abrazaría,
• y por mi patria daría
dicha y amor, cuerpo y alma.
Juan. No aplaudo tu desvario.
And. Nuestra patria es nuestra madre.
Juan. ¿Y yo? ¿no me llamas padre?
¿no me quieres?
And. {Padre míol
masque padre, ciertamente;
pues no debiéndole el ser
se impuso tan gran deber
y me amó entrañablemente.
Juan. Y ahora debes, en conciencia,
como la vida yo á ti
te he consagrado, tú á mí
consagrarme tu existencia.
And. Jamás á su padre ha honrado,
ni merece amor ni vida,
quien por la patria ofendida
la sangre no ha derramado.
Juan, j Andrés, hijo mío !...
And. Adiós,
29
que viene aquí don Fernando,
y no ha de yermé.
Juan. ¿Hasta cuándo?
And. Hasta cuando quiera Dios.
ESCENA VIII
JUAN, D. FERNANDO, MARÍA y LUIS
D. Fer. Parece que se retrasan
un poco los convidados.
Luis. No me sorprende; en Madrid
pasa hoy algo extraordinario.
María. \ Sólo faltaba que tú
vengas también á asustarnos !
D. Fer. ¿Pues qué sucede?
Luis. Ocurrir...
nada ocurre , don Fernando.
D. Fer. Pues, entonces, ¿por qué has dicho
que pasa en Madrid hoy algo?
Luis. Y es verdad. Desde mi casa
á la de usted he. encontrado
por esas calles y plazas,
tan desiertas de ordinario
á estas horas, numerosos
grupos de hombres conversando
en voz baja y con misterio;
todos ellos, agitados,
accionaban con viveza
y miraban de soslayo,
con ademanes y gestos
incomprensibles y extraños.
D. Fer. Juan, ¿y Andrés?
Juan. Salió ahora mismo»
D. Fer. El quizá pudiera darnos
noticias ; pero, su marcha ,
me parece mal presagio.
1
30 t
María. ¿Porqué?
D. FfiR. Porque es natural
que viniera á compaáarnos
como testigo á tu boda.
(A Juan,)
¿Dónde ha ido? »
Luis. Don Fernando,
¿no oye usted?
D. Per. ¿Qué?... No oigo nada.
'(Rumor.)
iuAN. Es verdad ; aunque lejano,
se oye un rumor...
D. Fer. o soy sordo,
ó estáis vosotros soñando
( Suena . una descarga lejana ,)
María. ) Jesús, María y José 1
Luis. ¿Y ahora?
Juan. Son tiros.
D. Per. ; Diablo!
lo que es ahora, no hay duda ;
son tiros los que han sonado.
ESCENA IX
JUAN, DON FERNADO, MARÍA, LUIS y CURRO
Curro. ¡Señor Juan, don Luis, María!
Todos. ¡Curro!
D. Per. ¿Qué hay?
Curro. Don Fernando,
¡ qué ha de haber ! ¡ Que ya se armó
la de San Quintín! ¡Que vamos
á limpiarnos de franchutes
en menos que canta un gallo
D. Per. ¡ Ea! Dinos lo que ocurre,
lo que has visto 6 te han contado,
3í
sin andarte por las ramas
y sin... .
( Suena otra descarga. )
María. \ Virgen del Ampafo!
Curro. ¿Oye usted > Los madrileños
están ahora celebrando
nuestra santa independencia
' con el francés á balazos.
D. Fer. Pero, hombre, di lo que sepas;
¿no ves la angustia en que estamos?
Curro* Pues, en resumidas cuentas _,
no sé nada entre dos platos. .
D. Fer» Entonces...
Curro. Espere usted
á ver si recuerdo algo.
Cuando salió Andrés de aqui,
se unió á unos hombres armados
que en una tftlle inmediata
parecían aguardarlo.
Hablaban al mismo, tiempo ;/
los unos decían :—f ; Vamos
al Parque de artillería ! »
, ' otros muchos :— « ; A Palacio ,
« . ádefende'r álqs nuestros!»
y los más de ellos : — « ¡ Al Prado ! »
En esto que uña descarga
resonó, y aprovechando
el silencio , Andrés , se sube
á una reja, y... j cielo santo^
la arenga que les echó!...
¡qué cosas les dijo!... ¡vamos,
que parecía <}ue un ángel
por su boca estab&i hablando !
Y, á cada palabra suya ,
\ qué gritos ! [ cuánto entusiasmo !
¡viva España! ¡muera Francia!...
Y rezándooste rosario ,
á una voz de Andrés , se fueron
32
todos por la calle abajo*
D. Feíi. ¿y qué más? ^
Curro. ^-Quiere usted más?. ••
(Se oye otra descarga,)
Pues ya está usted contestado.
ESCENA X
JUAN, DON FERNANDO, MARÍA, LUIS, CURRO y ANDRÉS
María. Andrés llega.
D. Fer. Así sabremos*
qué sucede.
And. Don Fernando;
temí que ustedes se hallasen
fuera de casa.
Juan. (Que ha ido acercándose á Andrés.}
¡ Insensato !
D. Fer. ^ Qué pasa ?
And. Que al fín llegó
la hora del desagravio.
Hace un instante han querido y
con el príncipe^ arrancarnos
honor y patria, y el pueblo^
cual si estuviese animado
por solo un alma , y tuviese
nada más que un solo brazo,
acometió á los franceses
á las puertas de palacio.
María. ^' Ha corrido sangre? ;
And. Mucha;
y correrá, hasta que hayamos •
arrojado al extranjero
y tanta injuria vengado.
La patria nos llama á todos.
D. Fer. Pues si nos llama, aquí estamos.
Curro, trae pronto mis armas.
33
María. ¡Padre!
D. Fer. Reprime tu llanto.
Juan, tú te quedas coa ella.
(Aparte Juatt;)
(Sésu padre si yo falto.)
María. (Señalando á su. padre):
Luis... ••
Lois. Iré con él, Marta.
María. No te apartes de su lado.
Curro. Aquí están:
(Curro trae dos escopetas que cogen D, Fernando
y Luis,)
¿Y para mí?
Juan. ;Tú también?... .
CxJKRO. ¡Pues está claro! *"
Cogeré la podadera
y... ¡zas! á podar gabachos.
.(Otra descarga,) .,
And. Nó perdamos tiempo.
María. ¡Padre!
D. Fer. Hija mía, adiós. (Se abracan,)
(A Andrés,) Partamos.
(Sa len por el foro, formando grupo d la puerta dé
la verja, D, Fernando, Andrés y Luis y Curro;
sobre la escalinata del pabellón Juan sostiene d
Marta, que .llora. Al caer el telón se oye una
nueva y nutrida descarga', Debe procurarse que
esta descarga y las anteriores sean muy poco
ruidosas y á la mayor distancia posible de la
escena,) v
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
Habitación en casa de D. Fernando; puertas laterales ; por la del
. foro se ve la arboleda del jardín ; á la derecha una mesa de
escribir ; la acción empieza al caer la tarde y termina ya bien
entrada la noche.
ESCENA PRIMERA
JUAN y CURRO ( que entra en escena).
Curro. ¿Y don Luis? ¿cómo se encuentra?
Juan. ¡Déjame en pazl
Curro. ¡Vaya un geniol
Juan. Como me apuréis un poco ,
cojo una estaca y la emprendo
con todo el mundo á estacazos
hasta que os muela ios huesos.
Curro. ¿Por qué razón?
Juan. Porque sí.
Curro. ¿Qué hemos hecho?
Juan. ¿Qué habéis hecho?...
¡Os podéis vanagloriar^^
de vuestra hazaña!
Curro. ¿Volvemos
á las andadas?
Juan. ¡Qué dial...
Curro. De gloria.
Juan. Para el infierno.
Madres sin hijos, mujeres
35
sin esposos, pequeñuelos
sin padres^., lágrimas, luto,
hambre, miseria... todo eso
queda del día de hoy;
¡mira tú lo que habéis hecho!
Y por ñn de fiesta, ahi tienes
prisiones, fusilamientos...
Curro. ¡Después de todo... qué importa!'
¡Paciencia! Tras de estos tiempos
de dolor, otros vendrán
de alegría y de contento;
' mientras tanto, ¡que nos quiten
los franceses que hemos muerto!
5uAN. Porcada uno de los suyos
cayeron cien de los nuestros.
CuKRo. Eso»., según y conforme,
señor Juan; pues como echemos
bien las cuentas, me parece
que per allá nos iremos.
Y si no, vamos á ver,
aquí estoy yo sano y bueno
y lo menos he ensartado
á diez franceses... ¡lo menos!
pues, si cuenta los heridos,
vaya usted echando ceros;
y don Luis... ¡no digo ijada!
y nuestro amo... ¡vaya un viejo!
pues, ¿y Andrés?...^ ese ha matado
tres 6 cuatro regimientos. -
Y, lo que digo, á nosotros
no nos ha pasado ni esto;
porque es verdad que á don Luis
le han hecho en el hombro izquierdo
una herida... poca cosa...
¡quién hace casjl... Por cierto
que si Andrés no sale al quite,
disparando al granadero
%n tiro á boca de jarro
36
que le atravesó los sefsós,
está dd'n Luis á esta¿ fechas . *
más difunto que mi abuelo.
Esta es la verdad.
•Juan. Í^ Te dejas .^-".
Jo peor en el tintero.
Curro. ¿Y qué es lo peor?
Juan. - <fNo sabes,
Curro, que está puesta á precio
la cabeza de Andrés? .
Curro. jClaro!
Juan. ¿Que daráii miles de prepio ,
. á quien diga dónde se halla
ó le entregue vivo ó muerto? .
Curro. Eso prueba, señor Juan,
' que Andrés tiene mucho mérito,
Juan. Y qué algún traidor, tentado
por el maldito dinero,
le venderá como Judas
vendió á Cristo.
Curro. No lo creo;
ni él se dejará coger, '- -
ni hay español qne haga esoy-
además, que hoy ó mañana
pondremos tierra por medio, .
Juan. ¿Dónde vais?
Curro. A recorrer .
España,. pueblo por pueblo,
p2M*a que á^todo «monsiúa
le retuerzan el pescuezo.
Juan. En fin, que estáis á matar
él y tú con el pellejo.
CüRRQ. De la nada lo. hizo Dios.
con que bien poco perdemos.
ÍU/»N. Basta de conversación
y marcha á ocupar tu puesto;
y, si asoma una patrulla,
ven á avisarnos corriendo.
37
OuRRO. i Bonito oñcio! Sin armas
andar por ahí al ojeo
y coper en cuanto asomen '
un par de gorras de pelo...
¡yol que tengo tantas ganas
de echar un baile con ellos.
"* Juan. -Curro, ¿quieres que nos cojan
y nos fusilen?
•Curro.. . No quiero.
Juan. Pues, entonces, á cumplir
con tu obligación.
►Curro. {Haciendo vna reverencia cómica,)
Adiéu.
5 ESCENA II
JTJ^lN y D. FERNANDO
íD. FfeR. ¿Con quién hablabas?
luAN. Con Curro.
D. Fbr. Pobre muchacho; es muy bueno.
Juan. /Cómo está don Cuis? . .
íD. Fer. Descansa;
tiene alguna fíebre ; pero
el cirujano me ha dicho
que curará en poco tiempo.
fuAN. . Y el cirujano, ¿es persona '*'
de confianza?" -
D. Fer. - . * La tengo
como en mí mismo.
Juan ^Hay.qúe andar
con cien ojos ; donde menos
se 'piensa... ^
f;^. Fer. No temas nada;
respondo de él.
Juan. Bueno, bueno.
.D. Fer. ¿Y Andrés? ¿Ha venido?
Juan. No,
3S
D. Fer. ^* Dónde. andará? .
JuAN% Estoy inquiete;
porque, según mis noticias,
le buscan con mucho empeño,
y si un traidor le descubre
y le delata...
D. Fer. \Le cuelgo
para escarmiento de pillos!
Juan. Pero ustedes , ¿no salieron
de aquí juntos?
D. Fer. Ya lo viste; -
juntos fuimos en efecto;
mas, á los pocos minutos
de haber empezado el fuego,
cayó herido Luis; y Andrés,
con tres de sus compañeros,
nos hizo volver á casa;
desde entonces no le veo.
Pero Curro, que quedó
con él y qué en todo el tiempo
que ha durado la refriega
no se apartó ni un momento
de su lado, nos ha dicho
que sin temor esperemos
su vuelta aquí , y que esta noche
llevará á un lugar secreto
á Luis, affñ herida puede
á él y á nosotros perdernos.
Esto es lo que hay ; pero yo,
como tú , ya me impaciento
y temo qu» algún cobarde
le haya al francés descubierto»
Voy á averiguar yo mismo...
Juan. ¿Usted mismo?
D. Fer. Pronto vuelvo»
Juan. Es peligroso salir.
D. Fer. ¿Quién hace caso de un viejo?
Juan. Si no respetan á nadie.
« " ••
39
D. Fkr. No importa.
Juan. Entonces, iremos.
D, Fer. No; tú te quedas en casa.
por lo que ocurra á ios nuestros.
ESCENA III
MARÍA y LUIS
María. ^- Te sientes fuerte?
Luis. * Muy^fuerte.
María. ^Y el bíazo?
Luis. Bien,
María. No lo muevas.
Luis. Si alguna vez se me olvida,
él mismo me lo recuerda
con un dolor tan agudo
que me hace ver las estrellas.
Pues ya sabes el remedio :
muy quietecito, y paciencia.
Siéntate en este sillón.
¿Y tú?
También; aquí cerca»
¡Quién había de decirnos
esta mañana, qu«J;iubieran
de ocurrir tantos sucesos...
menos el que más desea
mi corazón !
María. Es verdad.
Luis. Cuando atravesé esa puerta,
venía alegre y dichoso
para llevarte á la iglesia ;
y de re^pente, María,
la boda se trocó en guerra ,
nuestras galas fueron luto
y las alegrías penas.
Pero al ñn, todo ha pasado.
María.
Luis.
María.
Luis.
40
María. ¡ Oh ! i Quién sabe ! La sangrienta .
lucha de hoy, y sus terribles
dolorosas consecuencias,
engendrarán nuevos males ; . I
que siempre vi^en ias penas
á bandadas.
Luis, No, María;
desecha tales ideas.
Y ahora, hablando de otra cosa,
^* cuál dirás que es la sorpresa
más. grande que hoy he tenido?
Vamos, ¿á gue n9 lo aciertas?
María. Gomó tú no me lo digas, '
no adivino lo que sea.
Luis. Pues me sorprendió que Andrés,
al verme herido , saliera
con tanto arrojo y peligro
de su vida en mi defensg.
María. A mí me hubiera asombrado *
mucho más que no lo hiciera. ^
Luis!' ¿No has observado que siempre '
existió entre los dos cierta ^ '
frialdad, y por su parte ,
tal desvío y tal reserva,
que huía de hablar conmigo .
y esquivaba mi presencia? .
María. Aprensión tuya.
Luis. Quizá;
pero, como yo, cualquiera .
hubiera pensado, viendo
su altivez y su aspereza, . ' •
que , más bien que amigo mío, -
mi enconado rival era. . * •
Tal vez fueron infundada^
esas mezquinas sospechas. '
Haría. No lo dudes.
Luis. Ni es posible,
María, qué dudar pueda
.^.:ü3í
41
de quien con tanto valor *
me ha salvado la existencia.
ESCENA IV
MARÍA , LUI§ , CURRO ; á poco JUAN
. Curro. | Ea 1 Digo que no quiero,'
y no quiero; ¡se ha acalcado 1 .
Luis. ,fQué pasa, Curro?
Curro. ¿Qué pasa?...
Pues por lo .que yo no paso.
Llevo cerca de tres horas
sin mover piernas ni brazos ,
ni decir oxte ni mpxte '
entre la hierba agachado,
y... {se acabó ^
Luis. ^-Qué es lo que haces?
Curro. Pues, ¿qué he de hacer? Vigilando.
Juan. ¿Ya dejaste el escondite?
Curro. Sí, señor.'
Juan. * ¿Ha ocurrido algo?
Curro.. Nada.. . '
Juan. . ¿Pues qué haces aquí?
Curro. He venido^..
Juan. ¿A qué? Habla claro.
Curro. A que me den un fusil,
Juan.," ¿Unfusil?.^.
Curro. De los del amo.
Juan. ' Y tú, ¿para qué lo quieres?
Curro. Eso no hay. que preguntarlo.
Juan.. Si , para comprometernos.
Curro. ¡Yo, señor Juan 1
Juan. . Vete al diablo.
Curro. ¡Comprometerlos á ustedes!...
¡juroá Diosl...
JUAN^ Juras en vano.
42
Curro. Pero venga usted aquí, .
señor Juan ; si por acaso
se presentan esos tunos
á la puerta, ¿qué les hago?
¿Les pregunto por inadama
y los enfants?,,, pues jcanastoal
me descerrajan un tiro
á las primeras de cambio;
¿echo á correr?.. . pues lo mismo;
¿me quedo?... pues otro tanto.
Y entonces, ¿qué pasará?
Pues piasará... ¡esto es más claro
que la luz del día ! que ellos
aquí entrarán sin obstáculo
como Pedro por su casa,
y prenderán á nuestro amo,
y á usted, y á la señorita,
y... jcolorín colorado!
Mientras que si yo tuviese
un fusil, pongo por caso,
cuando quisieran entrar
les podría echar el alto;
y, tiro va y tiro viene,
pasaríamos el rato
hasta que todos ustedes
lograran ponerse en salvo.
Ya que esté de centinela ,
quiero estar con arma al br^zo
para defender mi puesto
cuando sea necesario.
Además, que es triste cosa
que á uno le den un balazo
y le dejen en el sitio
sin haber hecho otro tanto.
¡Como lleguen á venir!...
lo que es solo no me largo ;
por lo menos, tres franchutes
van conmigo al otro barrio.
43
Juan. Mira,'coge lo que quieras,
y déjame en paz, muchacho.
Curro. Gracias, gracias, señor Juan;
muchas gracias.
Juan. i Y cuidado
con lo que haces !
Curro. ¡Qué he de hacer!
Entre los bojes mirando
lo que pasa por la calle;
y si asoman los gabachos,
dejarlos venir; si llaman,
que llamen; pero si al cabo
forzasen ia verja, entonces...
¡ no hay más remedio ! disparo.
Luis. Dice bien.
Curro. (Yéndose.) Hasta la vista.
Juan. Curro.
Curro. ^- Qué hay?
Juan. Déjame á mano
el otro fusil.
Curro. (Haciendo ademán de disparar,)
¿ También
usted quiere...?
Juan. Por si^acaso ;
-i^ se van poniendo las cqms
de tal suerte...
Curro. (Saliendo de escena:)
¡ Qué apostamos
á que, con tanto gruñir,
nos resulta un veterano?
ESCENA V
MARÍA, LUIS y JUAN
Luis. Pero, dígame usted, Juan^
^•qué pasa?
Juan. Nada.
Luis. Por algo
44. V
serán esas precauciones.
Juan. Ya lo dije: por si acaso.
^ Luis. ^* Teme usted...?
Juan. Todo lo temo ;
desde que está pregonado
Andrés...
(Él talento de la actrif que haga el papel de Ma^
t^a, así como el director de escena, interpreta-
. rán la excepcional situación de dicho personaje
desde el final de la escena tercera hasta el mo^
mentó en que oye pronunciar el nombre de An~
drés. En este intervalo su imaginación ha debi-
do evocar, sin duda^ los recuerdos del pasado,
para explicarse mejor la naturaleza de los sen-
timientos que Jta inspirado á Andrés, Esto no
llega al público, pero debe de tenerse éñ cuenta
para expresar convenientemente la situación de
María*) ' .
María. <; Qué dicen ustedes?
Juan., y además, se ha puesto un bando...
María. (Inquieta,)
¿Qué significa...?
Juan, En el cual
exhórtase al vecijidario
á que le delate.
Maílía, -fCon impaciencia,)
Pero,
^•qué están u&tedes hablando?^
¿qué le ocurre á Andrés? ¿qué es eso
de pregones y. de bandos?
Luis. (Haciendo señas á Juan para que calle,)
Nada. ¿No vienes, María?
María. Ya iré.
Luis. No tardes.
María. No tardo.
<•
■ 45.
ESCENA VII
MARÍA y JUAN
María. Juan.
Juan. . ¿Qué quieres?
María.' ¿Dónde vas?
Juan. .. Pues á recorrer la casa.
María, No tengas prisa.
Juan. . ¿Y siNpasa
• ' ■ cualquier cosa?
María. Luego irás.
Escucha. .
Juan, ¿Por qué ese empeño?
María. Hoy tienes muy mal humor.
Juan. Tal vez.
María. Pues hazme el favor
de desarrugar el ceño. .
Necesito hablarte.
Juan. ¿A mí?...
Déjalo para después.
Ma^ía. Teujgo que hablarte de Andrés»
Juan. ¿Tú de Andrés?
María. Siéntate aquí.
Juan. ¡Bueno va! Ya estoy sentado. ' .
María. Siempre fui una buena hermana
* de Andrés; pero está mañana
por. vez primera he dudado
de que mi afecto haya sido
lo que creía.
Juan. ¿Porqué?
María. Porque ahora de cierto se
que el suyo no he merecido.
Juan. ¿En qué te fundas?
María. . . En todo, .
Si Andrés á mí me quisiera
como le quiero, se hubiera .
46
conducido de otro modo.
Juan. Tú no sabes lo que dices.
María. Entre hermanos no hay Secretos;
y, sin pecar de indiscretos,
se cuentan^ si son felices,
sus intimas alegrías,
y en la desgracia sus penas;
como yo, que á manos llenas
le contaba á Andrés las mias.
No asi él; que me ha ocultado,
hasta hoy mismo, una pasión
que, á la vez que el corazón,
su existencia ha destrozado.
¿Conoces tú á la mujer
que es causa de sus dolores?
Juan, Nunca á mí de sus amores
mg ha hablado.
María. ¿Y á sorprender
no llegaste su tristeza?
Juan. Eso sí.
María. ¿Y no te contó...?
Juan. Nada; jbuena tengo yo
para cuentos la cabeza!
María. Pues, por mi parte, he podido
fácilmente comprender ..
que Andrés ama á una mujer
y que no es correspondido.
Juan. Es posible.
María. No; es seguro,
Y tú la conoces.
Juan. ¿Yo?.
María. Sí ; tú la conoces.
Juan. No,
María. Júramelo, Juan.
Juan. No juro,
María. No insisto ; me basta ver
que no quieres contestar;
porque. á veces es callar
47
tanto como responder.
(Breve pausa,) '
Escucha de todos modos :
mi padre y tú habéis querido
mucho á Andrés^ pero yo he sido
quien le quiso más de todos ,
que al ñn juntos compartimos
de nuestra infancia los días,
y las mismas alegrías
y pesadumbres tuvimos.
Aún en los troncos, grabados,
de los árboles , si vas
al jardín, encontrarás
nuestros nombres enlazados ;
aún se ve perfectamente
la fecha que Andrés trazó,
el día que se ausentó,
en la piedra de la fuente;
tal vez mi primer pesar
lo causó aquella partida,
cuyo c adiós > de despedida
á gritos me hizo llorar;
¡qué triste me pareció
. sin Andrés el mismo cielo!
y su nombre , ; con qué anhelo
mi corazón repitió!
No acertaba á estar sin él ;
y á medida que la ausencia
se acortaba, {qué impaciencia
me acosaba tan cruel!
En mis cartas — «¿Volverás
pronto?!, siempre le escribía;
y al volver, { con qué alegría
le dije:-- «Ya no te irás!!
\ Qué días los que siguieron
al de su vuelta ! Dichosos,
alegres y presurosos
para nosotros corrieron.
4 4» . .
Llama con sinceridad
estas cosas por su nombre
y di, ¿no es querer luniíombre
y quererle de verdad?
. . - (Breve pausa,)
*^ ¿No me respondes?
(Pausa,) Quien calla;
Qtorga, JuaiL "
Juan. . Así es.
Marííu Pues conmigo há»sido Andrés
el revés de la medalla.
Siempre le hallé cariñoso,
pero, si no de -altanero,
tiLVO mucho de severo
en nuestro trato amistoso,
Juan. Es su carácter.
María. Hoy sé
que es su carácter asi;
pero antes de hoy no lo vi ,
. y al juzgarle me engañé."
Hoy que sé cuánta amargura
su corazón envenena,
por evitarle una pena
diera mi mayor ventura;
■ ^ y me inspira esa mujer,
que tah. mal paga su amor,
ira y rabia.
Juan. . ¡Pues, señor,
no me queda más que ver!
María. ¿Qué es lo que quieres decir?
¿por qué extrañas?
Juan. ¿Que te inspira
esa mujer rabia é ira?...
¡Piies si ella te llega' á oirl
María. ¿La conozco?-
Juan. . ¡Qué séyot'
María. ¿Sabes?...
Juan. Que haberla querido
49
su eterna desgracia ha sido;
María. Pues si él mismo me contó
que no la ha dicho jamás
que la amaba*
Juan. Cierto.
María. Pues
si es desgraciado, lo es
por su culpa nada más.
Si de ignorante ha pecado,
esa mujer, no es traidora;
quizá le quiere, y, ahora,
siente que él haya callado.
¿Por qué le ocultó su afán?
Juan. ¿Pues qué querías que hiciese?
¿que en la calle la siguiese
como hace tanto galán
imbécil, y como niño,
sin pizca de reñextón,
la dirigiera al balcón
ya una mirada , ya un guiño?
Pues si lo ha creído así,
tal mujer no le conviene;
porque ha probado que tiene
(Tocándose con el dedo en el pecho y en la
frente,)
muy poco de aquí, y de aquí.
María. Eres injusto.
Juan. Si yo
la conociera, ¡qué cosas
tan famosas la diría...
De seguro que...
María. Habla.
Juan, No;
no son del caso, María;
pero, ¡tendrían qae oirl • .
María. ¿Qué le pensabas decir?
Juan. ¡Tantas cosas le diría!
María, Vamos; dímelas, por Dios;
4
50
lo deseo.
Joan* iQué caprichol
María. Dime...
Juan. Nada. Harto te he dicho,
y... basta ya.
María. Juan...
Juan. Adiós.
ESCENA VIII
MARÍA (sola).
Harto claro dio á entender
que es por mí. tanta pasión,
i Si él callara , el corazón
me lo haría comprender!... •
Yo soy la ingrata mujer
que hirió á Andrés con su desvío.,.
Mas ¿por qué este desvario?
^'por qué la inquietud me asalta?
i por qué mi mente se exalta^
pensando en Andrés, Dios mío!
¿Qué es esta ansiedad que siento
que hasta ahora jamás sentí?.,.
Cuando ha poco á Andrés oí
pionderar su sufrimiento,
me pareció que, á su acento,
se alzaba algo que dormía
en mi alma, y que moría
algo que el alma ocupaba...
Era una luz que expiraba
al par que otra luz nacía.
Aquel que en noche estrellada
contempla el suave fulgor
que llena de resplandor
la ancha bóveda azulada,
cuando fíja la mirada
51
en tantas estrellas bellas,
imagina que son ellas
luz clara y resplandenciente...
mas brilla el sol en Oriente
y se apagan las estrellas.
Quien en la margen de un rio
ve las ondas pasajeras
que entre apartadas riberas
corren con sonante brío,
:se asombra del poderío
del agua que ve pasar,
pero la llega á olvidar,
y hasta la juzga menguada,
•cuando la ve sepultada
entre las olas del mar.
Quizá en rústico rincón
' vivió alegre el campesino
bendiciendo su destino,
sin codicia ni ambición ;
mas si á dorada mansión
le lleva su buena suerte,
y de ella dueño se advierte,
Jo que antes le parecía
el centro de su alegría
lugar lo juzga de muerte...
Por sol la estrella tomé,
pensé que el río era mar
y el pobre y rústico hogar
regio palacio juzgué.
jCuán grande mi engaño fué!
Ante el nuevo resplandor
pierde la estrella el fulgor,
el hogar se desvanece,
el río en el mar perece...
y reina sólo el amor.
^^
5^
ESCENA IX
MARÍA, DON FERNANDO y JUAN,
(b. Fernando entra agitadfsimo y detrás de €1 Juan.;^
Juan. ¿Qué tiene usted , don Fernando?
' D. Fer. ¡Hay que verlo!... j vive Cristo!.,,
¡ verlo , como yo lo he visto 1
María. ^* Qué ha visto usted?
D. Fer. Ese bando
inicuo que pone á precio
la cabeza de Andrés.
María. {En un grito.) ¡Ahí
Juan. Calle usted.
D. Fer. ¡ Déjame ya .
desahogarme y que hable recio!
María. ¿Le condenan?...
D. Fer. Por valiente.
María. ¿Le matarán?...
D. Fer. A traición,
que hombres de tal corazón
no se matan frente á frente.
María. Pero, ¿c{\ié hizo?
D. Fer. Defender
su patria; oponer su pecho
en franca lid; eso ha hecho;
¡qué menos podía hacer!
Y ofrecen puñados de oro
por su vida; ¡miserables!
Juan. Serán con él implacables.
María. ¿Y Andrés? ¿Dónde está?
D. Fer. Lo ignoro.-
En busca suya salí
hace un rato, y rio le hallé; '
ni alma ninguna se ve
que transite por ahí.
Madrid es un cementerio;
53
sus calles están desiertas,
cerradas todas las puertas,
sus hijos en cautiverio.
En silencio y soledad
se pone el sol y anochece ,
y, como el día, padece
que agoniza la ciudad.
A veces á mis'oídos
confusas quejas llegaban,
que de pronto se trocaban
en sollozos y gemidos ;
fácil era adivinar
lo que allí pasado habia,
sólo un dolor este día
hace gemir y llorar;
bien lo dicen altaneros
y arrogantes los franceses,
conduciendo como á reses
á inocentes, prisioneros.
cuadro tan desolador
en m^dio de tanta calma ,
á la vez infunde al alma
ira, vergüenza y horror.
fuAN. ¿Qué ruido?...
Haría. (A Juan,) Mira quién es.
D. Fer. ¿Curro?
JuAüT. (Desde el foro.) No es Curro el que viene.
D. Fbr. ¿Será Andrés?
María* ¡Qué duda tiene I *
Sus pasos conozco.
( Se va al foro y exclama , estrechando con efu'-
sión entre las suyas la mano de Andrés, que
aparece en escena ,)
¡Andrés!
34
ESCENA X
}f ARf A. DON FERNANDO, JUAN y ANDRÉS
And (Estrechando las manos de cada uno de los que-
nombra.)
María... Juan... don Fernando...
María. ¡ Gracias á Dios que has venido !
Juan. ¿ Dónde has estado ?
^- ^^^' ¿Qué ha sido
de ti? ¿Qué has hecho?
^^^- Salvando
de esa cobarde matanza
á mis amigos, al par
que les aliento á tomar
pronta y terrible venganza.
Juan. ¿Aún piensas en combatir?
And. En aflicción tan inmensa ,
¿en qué <free usted que piensa
todo español?... ¿en huir?
Nuestro ánimo no se abate;
haremos el sacrificio
de la vida, en el suplicio
lo mismo que en el combate.
Juan. Os será adversa la suerte
una vez más.
And. ¡y qué importa!
á la larga ó á la corta
el pueblo será el más fuerte.
Sacien en Madrid su saña ,
en crímenes y atropellos
se gocen, y contra ellos
se alzará más pronto España.
Cuanto más grande la ofensa,
cuanto mayor el ultraje,
más se avivan el coraje
y el ardor en la defensa.
55
Los odios que desenfrenen
contra ellos se volverán.
Juan. (Olas que alza el huracán
en la arena á morir vienen!
And. a veces humilde río
que en paz la llanura baña,
desciende de la montaña
turbio, furioso, bravíof.
rompe el cauce que le encierra,
asuela ciudad y llano,
y cual furioso Océano
inunda toda la tierra.
D. Fkr. Es verdad.
Juan. ^ Usted también
aplaude tales locuras?
^ no bastan las desventuras
que tenemos?
María. Dices bien.
Juan. Hora es ya de dar oídos
á la razón , y confíese
que estamos, mal que nos pese,
derrotados y vencidos ;
que es tan odioso el. cobarde
huyendo, como el valiente •*
que sucumbe inútilmente
de su arrojo haciendo alarde.
And. ¡Oyéndole se diría
que no tiene corazón!
¡Someter á la raz(S|i
desapasionada y fría
el impulso... no, el instinto
que ciegamente nos mueve
á matar al que se atreve
á profanar el recinto
de nuestro hogar, y sus manos
pone en nuestra madre, y mata
á nuestra esposa, y maltrata
á nuestros hijos y hermanos!...
5^
. En tales casos , pensar
es tan infame^ que fuera
más grande y noble una ñera
que mata sin razonar.
Juan. ¿No te inspira compasión
tanta víctima inocente? .
And. Como otro cualquiera siente
y sufre mi corazón;
mas no me inspiran ternezas
el crimen y la metralla,
ni mi indignación se acalla
con femeniles flaquezas;
no suspirO'y me contengo
ante el vil asesinato:
odio al verdugo, y le mato,
y á la víctima la vengo.
Juan. Tu pasión no tiene nombre;
¿sólo al odio has áe ceder?
And. Llore la débil mujer
tales desdichas, no el hombre.
Si hubiera usted presenciado
la catástrofe tremenda
como yo, y en la contienda
á tanto héroe asesinado...
entonces, |ay! no hablaría
de piedad y compasión,
que también su corazón
de cólera estallaría.
Aún se alzan ante mis ojos
tantas escenas de muerte;
la hostilidad de lo -inerte;
los palpitantes despojos.
Todavía. mis miradas
ven presurosas pasar,
como las olas del mar,
mil sombras ensangrentadas.
Aún parece que se escucha
el pavoroso estampido
57
del cañón, y que á mi oido
liega el fragor de la lucha.
Hubo instantes eaque entramos,
cual segador en las mieses,
entre masas de franceses
cuyas filas derribamos.
Ayes, gritos y clamores
llenaban el ancho cielo,
y, en ríos de sangre el suelo,
víctimas y matadores.
En nuestro triunfo embriagados
con denuedo combatimos,
pero en breve espacio vimos
que un enjambre de soldados,
hombres duchos en las artes
de ganar una batalla,
como ciclópea muralla
nos cercó por todas partes.
En infernal remolino
nos batimos brazo á brazo,
dispuestos en corto plazo
á morir ó abrir camino.
No fué larga la agonía;
combatiendo sin cesar
logramos al fin llegar
al Parque de Artillería ;
¡ahí entonces la luz del sol
me pareció .más brillante;
jqué orgullo, en aquel instante*,
tuve de ser españoll
Eran pocos; reunidos
«n torno de una bandera
que ya un harapo sólo era;
rotos, sangrientos, heridos.
En medio del grupo había,
espada en mano, un soldado ,
pálido y ensangrentado^
que el combate dirigía
1^8
con la varonil cabeza
entre el fuego, altiva y sola
cercada de una aureola
de magnífíca belleza.
Junto á los héroes yacian
cadáveres, cuyos ojos
mirar con ira y enojos
al invasor parecían.
Tres veces seguidas, tres,
aniquilar intentó
aquel baluarte, y huyó
el ejército francés.
Pero ¡ayl al ñn pudo más
la traición que el heroísmo ^
y allí cayó el patriotismo
á mansalva y por detrás.
De su infame traición ciertos
pronto gritaron : «¡Victorial»
y en aquel campo de gloria
sólo hubo un montón de muertos.
(Breve pausa,)-
Hable usted de compasión
cuanto quiera; mi piedad
*se ha trocado en crueldad, .
y en piedra mi corazón.
Ante la sangre vertida,
ante mis muertos hermanos,
no gimo, buscan mis manos
con ansia el arma homicida ;
la sangre enemiga vierto ,
y ni cejo ni perdono;
sólo arrancar ambiciono ^
mil vidas por cada muerto.
59
ESCENA XI
MARÍA, JUAN, DON FERNANDO, ANDRÉS y LUIS.
(Al principiar la escena, Joan trae una luz que coloca sobre la mesa.>
Luis. Andrés, celebro eacontrarle;
tengo con usted hoy deuda
de*gratitud.
An». jPor favor!...
Su buen deseo exagera;
quien cumple con su deber^
en la paz como en la guerra,
merece que se le estime,
mas no que se le agradezca.
¿Y la herida?
Luis. No fué nada ;
ya casi no me molesta.
Ahd. ¿Podrá usted venir conmigo?
Luis. Cuando quiera y donde quiera.
And. Estar herido, es decir
que se estuvo en la pelea;
y el^herido, y las personas
que le encubran, tienen pena
de muerte.
Luis. ¿Y usted?
María. ¿No sabes
que á ti también te condenan?...
And. Eso nada significa ;
quizá muy pronto me tengan
al alcance de sii mano;
veremos cómo se arreglan,
cuando estemos frente á frente,
para cumplir la sentencia.
María. ¡Oh Andrés! ¿No fuera mejor
que mi padre dispusiera
que fuésemos á pasar
6o
unos meses á la hacienda
que tiene'en el campo, y tú
con nosotros te vinieras?
Nada mejor que estar juntos.
D. Fer. Me parece bien la idea.
And. No insistan ustedes más;
suceda lo que.suceda
he de cumplir lo que debo.
(A Luis*)
¿Vamos ya ?
Luis. Cuando usted quiera.
And. (A, D. Femando,)
Si alguna cosa ocurriere
ya ustedes saben las señas,
t). Fer. Conocemos bien la casa.
María. ¿Os podremos ver en ella?
And. a cualquier hora.
I>. Fer. Que Juan
os acompañe.
And. Que venga
si quiere.
Juan. ¡ No he de querer!
D. Fer. {A Juan,)
Te vas ú la descubierta .
delante de ellos , ^ entiendes ^
Juan. Sí, señor.
D. Fer. Juan , que no tengan
un mal encuentro.
Juan. * Usted sabe
que soy la misma prudencia.
( Juan recoge x entrega á Luis y Andrés sus ca-^
pos y sombreros.)
Luis. Adiós, María.
María. Adiós, Luis.
Luis. Don Fernando... (Hablan ios dos,)
María. Andrés, {qué peaa
tenernos que separar !
And. Ya le verás con frecuencia.
6i
Makía. ¿Yáti?
And. También.
María. Que no hagáis
locuras que os comprometan.
And. Te respondo de él, María.
María ¿Y de ti?
Ano. Lo que Dios quiera»
María. No, Andrés; pediré á la Virgen
del Carmen que te proteja.
(Se van todoSy menos Marta, por la puerta dcT
primer término derecha,)
ESCENA XII
MARÍA y DON FERNANDO
(María co^re un libro y se sienta á leer en el primer término izquierda p
á poco llega su padre, que dice la siguiente frase en el umbral de la
puerta.)
D. Fer. Ya se marcharon.
(Pausa; pasea la mirada por todas partes; se di--
rige al sillón que está junto á la mesa, y se
sienta.)
\ Qué triste
es estar solo !
(Pausa; coge y suelta preocupado los objetos de-
la mesa y arregla el pábilo déla luf,)
No acierto
á moverme ni á hablar alto.
(Otra pausa; se vuelve, sin levantarse, hacia Ma-
rta, á quien contempla en silencio,)
¿Qué haces, hija mía?
María. , Leo
este libro de oraciones.
Y usted , ¿en qué piensa?
D. Fer. Pienso
en que ha dicho no sé quién
que cada hombre es un misterio,
t>2
y es la verdad; y si no.
^cómo te explicas tú esto?
E^ta mañana, tu boda
me entristecía en extremo;
la casa, tan animada,
se me antojaba un infíerno;
no quería ver á jiadic;
irritaban mi mal genio
cuantos me hablaban, y yo
les respondía gruñendo;
gozaba en la obscuridad,
me deleitaba el silencio .
y, estar inmóvil y solo
sin pensar, era mi anhelo.
Pues bien; ahora me sucede
todo lo contrario: siento
que al ñn no te hayas casado;
que el sol no luzca en el cielo;
que no esté aquí con nosotros .
medio Madrid por lo menos,
para charlar por los codos
y... ¡vamos! que no me encuentro
tampoco á gustó esta noche,
y á mi pensar me entristezo
por... porque sí.
ESCENA XIII
MARÍA, DON FERNANDO y CURRO
Curro entra de puntillas y se dirige á Don Fernando, con qoieaiiaUa
á media voz; Marfa vuelve á su lectura.
Curro. Don Fernando.
D. Fer. ¿Qué ocurre?
Curro. Que ahí les tenemos,
D. Fkr. ¿a quién?
Curro. Pues, á los franchutes.
D. Fer. ¿Qué dices?
Curro. Ni más ni menos.
(•3
Equivocaron las señas,
y llamaron los zopencos
en ese jardín que está
frente por frente del nuestro;
bajaron á abrir, y mientras
deshicieron el enredo
me enteré de cabo á rabo
de todo lo que dijeron.
Saben que Andrés tiene aquí
amistad y parentesco,
y nos vienen á prender.
D. Fer. ¿Qué hacemos, Curro?
Curro. ^'Qué hacemos?...
pues la cosa es bien sencilla;
sin pérdida de momento ,
usted y la señorita
toman las de Villadiego.
D. Fer. ^-Tú te vendrás con nosotros?
Curro. No, señor; que yo me vuelvo
al jardín á todo escape.
D. Fbr. (i'Qué intentas?
CtJRRo. Entretenerlos
como Dios me dé á entender,
don Fernando, y ganar tiempo
para que escapen ustedes.
D. Fer. ¿Y tú?
Curro. Iré á buscarles luego.
(Se oyen, fueray fuertes y repetidos golpes,)
María. (Asustada,) Padre, llaman.
D. Feb. (Con misterio,) Calla y vente
conmigo.
María. jDivinos cielos!
¿qué pasa?
D. Feb. Ya lo sabrás;
ahora sigúeme en silencio.
Curro. Pronto. (María y don Fernando se dirigen á ¡a
puerta del primer término derecha )
D. Fer. Que te espero, Curro.
64
Curro. Bueno, señor.
D. Fer, (Al ir á desaparecer,) Que te espero.
ESCENA XIV
«
CURRO
(Una vez solo, Curro se va de' puntillas por el foro.— La escena
queda sola durante algún tiempo.— Después de un buen rato de-
haber salido Curro, se oye un tiro ; de allí á poco, otro; luego ^
dos á la vez. Estos disparos deben ser muy poro ruidosos.—
Transcurren algunos segundos, y aparece de nuevo Curro , por la
puerta del foro, herido y tambaleándose.)
Curro. Han desperdiciado un tiro;
bastaba con el primero.
De dos y yo he tumbado á dos ;
gano por un tanto el juego.
(Apaga la lu^^y arrastrándose penosamente llega
á la puerta del forOj cerrándola con grandes
esfuerzos,)
Ahora, cuando entren aquí,
no hallarán á nadie» (Cae muerto contra la.
puerta.)
ESCENA XV
CURRO y DON FERNANDO
(Don Fernando aparece en la puerta por donde salió , se dirige at
foro, tropieza con el cuerpo de Curro, se inclina , le reconoce y
exclama : )
D. Per, ¡Muerto!'
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
Habitación modestísima ; puertas laterales y una ventana grande
en el foro. A la izquierda del actor, una imagen de la Virgen de
los Dolores.
ESCENA PRIMERA
ANDRÉS, JUAN y LUIS
(Juan y Luis, á la izquierda; Andrés, á la derecha, escribiendo.)
Juan. - Para que amanezca, falta
mucho tiempo todavía.
Luis. ¡Qué hermosa noche!
Juan. Sí; pero
las mañanas son muy frías.
Vaya usted á echarse un poco.
Luis. ¿Para qué?... no dormiría.
Juan. Y tu, Andrés, ¿cuándo concluyes
esas cartas?
Ano. En seguida.
(Dictándose y escribiendo,)
t... Hay que sublevar en masa
>á todas nuestras provincias;
>que el grito de independencia
•España entera repita,
»y resuene en nuestros campos,
•en las aldeas y cimas
>de nuestras libres montañas
66
»en tantas guerras invictas.
»A todas partes llevad
»la imagen sangrienta y viva
»de este glorioso y terrible
»Dos de Mayo, que atestigua
»que el valor de nuestros padres
»aün en los hijos palpita.
• Decid á nuestros hermanos
}»que Madrid perece victima
»de la perfidia francesa,
»que España gime cautiva,
»que su honra es nuestra honra,
»que en nuestros esfuerzos fia
»su libertad y grandeza ,
»y, por causa tan bendita
»y justa, debemos todos
•arriesgar hacienda y vida.»
He terminado. Estas cartas,
asi que haya entrado el día,
quiero que las lleve usted
á quienes van dirigidas.
(Entrega las cartas á Juan , que se las guarda,)
Juan. ¡Ahí Mientras tú en fomentar
la guerra sólo meditas,
en el viento de la noche
llegan claras y distintas
á estos sitios las descargas
con que á los nuestros fusilan.
(Señalando á la ventana,)
¿No las oyes?... A pequeños
intervalos repetidas,
anuncian con ronco estruendo
que expirantes caen cien victimas.
Al través de las tinieblas,
desde esa ventana mira,
y verás las resplandores
de los disparos.
And. Daría
67
JIdan.
And.
X.UIS.
fUAN.
-And.
Juan
And.
Juan.
^ARÍA.
And.
Xuis.
por tomar pronta venganza,
si las tuviera, cien vidas.
¿Será fecunda la sangre
hoy á torrentes vertida?
Ño lo dude usted ; la hora
del desquite se aproxima.
¡Ah! Si; no pueden quedar
sin castigo tanta inicua
crueldad y tanta infamia,
ó en los cielos no hay justicia.
(Se oye llamar al exterior de ia casa.)
(A Andrés,) ¿Has oído?
Si; han llamado.
(Dirigiéndose á la ventana.)
¿Quién será? (Se asoma.)
No se divisa
más que un bulto.
Pues pregunte.
(Gritando.) ¿Quién llama?
(Dentro.) Soy yo.
I i María ^•
ESCENA II
ANDRÉS , JUAN . LUIS y MARÍA
^<Jaaii sale á abrir y vuelve con María; mientras tantp, Andrés
y Luis han estado asomados á la ventana. )
t^uis. ¿Qué ocurre?
And. ^ Por qué ese llanto ?
JMaría. (^So//ofanio.; Mi padre...
And. ¿Qué ha sucedido?
María. (Con hipo. )Ptoso... preso...
«Luis. ^^e han prendido
los franceses?
iüAN. ¡Ciclo santo!
68
María. ¡Padre mío!...
JoAfi. Vamos, calma;
tranquilízate^ hija mía. .^
And. Pero, ¿cómo fué, María?
Luis. Dínoslo.
María. ¡Padre del almaj
And. Habla.
María. Salisteis, y allí
nos quedamos él y yo
solos; á poco llegó
Curro, y hablaron; yo oí
llamar; mi padre, en seguida,
.seapercó á mí; «calla y vente» ^
me dijo; é inmediatamente
nos pusimos en huida.
No fué muy largo el camino;
pues, en la calle cercana,
llamó quedo á la ventana
de la casa de un vecino;
me conñó á s\i cuidado
mientras él iba á buscar
á Curro y á averiguar
lo que en casa había pasado.
Tras los vidrios de la reja
me puse al punto en acecho,
febril, palpitante el pecho, \
sin exhalar ni una queja;
de allí á poco oí el disparo
de un tiro... y otro después...
y luego dos... ¡ay, Andrés!
¡qué angustia! ¡qué desamparo!
yo no sé lo que sentí
cuando entre tanto soldado
vi á mi pobre padre atado
pasar delante de itíi;
perdían- el acto el sentido, -
y, apenas lo recobré,
aquella casa dejé -^ •
69
y corriendo aquí he venido.
Luis, Andrés... ¡por compasión!
Salvad á mi padre.
Luis. Fía
en nuestro esfuerzo, María.
And. Por lograr su salvación
hemos de hacer sin tardanza
cuanto pueda nuestro brío.
María. ¡Oh sí, en vosotros confíol
And. Si; no pierdas la esperanzal
Juan... Luis... los dos; ya propicias
ó adversas, con prontitud
y con toda exactitud,
traedme cuantas noticias
sea posible recoger
de don Fernando; aquí espero.
Luis. Vamos, Juan.
Juan. Sí, vamos; pero...
¡ya lo puedes suponer!
ESCENA III
^^ ANDRÉS y MARÍA
t
María. ¿Qué ha dicho?
And. Nada. Cálmate, María.
María. No me engañes > Andrés ; por Dios te ruego
que no me ocultes la verdad. Sería ^
criminal mi abandono, y moriría
desesperada y blasfemando luego. .
Si ha de morir, dejadme ir á su lado,
que le hable, que le escuche, que me vea;
que no piense que yo le he abandonado;
que en trance tan horrible y desdichado
yo su consuelo en su agonía sea.
And. No morirá.
JMTaría. Ya nada bueno auguro.
70
And. No morirá.
María. Cuando de aquélla suerte
fué preso y arrastrado, de seguro
la muerte le darán.
And. Pues yo te juro
que salvaré á tu padre de la muerte. '
María. ¡Andrés! ¡Andrés!
And. Despierta á la esperanza^
María. ¿Quizá su salvación está en tu mano?
And. Maria, á poco mí poder alcanza;
pero, por esta vez, ten confianza.
María. ¿Será verdad?
And. No juro nunca en vano.
Makía. ¡Qué bueno eres, Andrés! ¡Y yo tan ciega
que tu alma generosa no veía!
¡Cómo el destino con nosotros juega!
¡Tengo la dicha junto á mí , y se entrega
á un bien dudoso el corazón!
And. María,
¿qué dices?
María. Déjame que en este instante
te exprese con verdad mi sentimiento;
no me juzgues ni creas inconstante:
hoy por primera vez me siento amante,
hoy por primera vez el amor siento.
And. El dolor te trastorna.
María. No lo creas;
nunca en mi alma como ahora han sido
tan claras y precisas las ¡deas;
mírame cara á cara, porque l^as
lo que hasta hoy en mis ojos no has leído»
And. ¡María!
María. Fui inexperta, fui inocente;
te llamaban mi hermano, y como hermana
creía que te amaba ciegamente ;
hasta que he comprendido de repente
ese funesto error esta mañana.
And. ¡Calla! ¡calla, por Dios! porque imagino
71
que dictan tus palabras mi promesa.
María. La fícción aborrezco y abomino ;
¿por qué ese pensamiento tan mezquino
cuando mi amor el labio te confíesa?
No es un ciego egoísmo el que me inspira^
ni el agradecimiento el que me inñama,
es el amor; y si lo dudas, mira...
¡que perezca mi padre si es mentira I
¿Dudas aún de que mi pecho te ama?
Ano. ¡Gracias! ¡gracias, Dios miol ¡Has apartado
de mis labios el cáliz de amargura I
¡Amar inmensamente y ser amado!...
El dulzor de la vida ya he gustado.
¡Y en qué instante me ofreces la ventura!
María. ¡Andrés! ¡Andrés!
And. ¿Será cierta, María,
esta dicha que tanto codiciaba?
María. ¡Que si es cierta!... ¿Lo dudas todavía?
And. ¡Oh! ¡qué felicidad!
María. ¡ Yo no sabia
cuánto te amaba, Andrés, cuánto te amaba!
El afecto tranquilo y confiado,
la vida de familia sin enojos,
la costumbre de verte aquí á mi lado,
como á Juan y á mi padre, han ocultado
el amor tantos años á mis ojos.
Pero existía en mí este sentimiento,
existía; y la fiebre abrasadora
de este día de lucha y sufrimiento,
tanta ansiedad, el choque violento
de tantas penas como el alma llora
y el estrago terrible de la guerra,
sacudieron con furia mis entrañas
y surgió esta pasión que el alma encierra ^
cual surge en los temblores de la tierra
el volcán que corona las montañas.
And. ¡Cuánto dolor, cuánto pesar y cuánto
martirio este momento recompensa!
72
¡Amar sin esperanza, sufrir tanto,
y de pronto gozar el dulce encanto
de una dicha tan honda y tan inmensa!
Porque tú no lo sabes; yo te amaba
como á un ángel del cielo cuando niño;
joven, en contemplarte me extasiaba,
y en amor invencible se trocaba
el de la infancia fraternal cariño.
Siempre he tenido de mi amor conciencia;
siempre, siempre te amé; siempre he pensado
consagrarte á ti sola la existencia;
te amaba en tu insensible indiferencia;
á otro querías... y también te he amado.
Por ti mi corazón se sacriñca;
como el fuego, mi amor voraz se extiende;
la escoria con sus besos purifica,
da luz , fuerza , calor y vi vinca,
nace en la tierra v hacia el cielo asciende.
Muría. Piensa en mi padre, Andrés.
And. Tuya es mi alma,
mi existencia también tuya, María;
por tu felicidad daré con calma
la sangre de mis venas , y la palma
<íq1 martirio veré con alegría.
Ta no me importan penas ni dolores;
rseré animoso ante la adversa suerte ,
mx corona de espinas tendrá flores,
endulzarán mis odios tus amores
y con valor arrostraré la muerte.
"María. No me hables de morir; tan sólo anhelo
que salves á mi padre, y ¡qué felices
podremos ser!
And. ¡Felices!... sí... ¡en el cielo!
María. Y en la tierra.
And. En la tierra todo es duelo»
sangre y desolación.
María. Andrés, ¿qué dices?
And. ¡Ayl si supieses la tremenda lucha
73
que entre mi corazón y mi albedrio
se libra en este instante!... porque, escucha,
aunque por ti mi abnegación es mucha,
algo protesta en mi, y á pesar mío.
Es mi amor, si, mi amor que, violento,
egoísta y cruel, me grita y llama,
y, con terrible y angustiado acento:
thuye, dice, al peligro y al tormento,
y, pues eres dichoso, vive y ama».
¡Es tan grata y tan bella la existencia
después de haber luchado y padecido!...
¡Ay! ¡cómo renunciar á tu presencia!
¡cómo aceptar una tan larga ausencia
cuando apenas tu amor he conocido!
María. No te comprendo, Andrés; si de la muerte
librares á mi padre sin ventura,
¡cuánto mi corazón no ha de deberte !
pero, muriendo, seguiré su suerte
y perderás mi amor y mi ternura.
And. ¿Tú morir?... ¡ Ah! no abrigues más temores;
pronto á tu padre abrazarás gozosa;
pasarán de esta guerra los horrores,
vendrán horas de paz, tiernos amores
serán tu encanto y vivirás dichosa;
y mi recuerdo llenará tus días
sin que pueda borrarlo ningún hombre;
á mí me deberás tus alegrías ,
las esperanzas tuyas serán mías
y con fervor pronunciarás mi nombre. ,
¿Tú morir?... ¡Ahí perdóname, María,
si dudé^ si temí; Dios igualmente
el cáliz del dolor apartó un. día
de sus labios, y, al verse en la agonía,
dobló abatido la divina frente.
74
ESCENA IV
ANDRÉS , MARÍA y JUAN
María. ¡Ohl ¡Juan! ^ Traes noticias?
Juan. Sí.
And. Diga usted pronto por Dios,
qué ha averiguado.
María. (Viendo que trata de separar á Andrés.)
A los dos.
Juan. ¿A los dos?... No; (á Andrés) sólo á ti,
María. (Con ansiedad.)
Y á mí, Juan.
Juan. De ningún modo.
María. (Atemorizada,)
i Le han matado, Virgen mía !
Juan. No ha muerto.
And. Hable usted; María
debe de saberlo todo.
Juan. ¿Tienes el juicio cabal?
And. He ofrecido no ocultarla
la verdad.
Juan. ¿Quieres matarla?
And. Más cruel y más mortal
es el silencio traidor
que por la espalda nos hiere ;
María , como yo, quiere
ver cara á cara el dolor.
Además, si don Fernando
vive aún, se salvará;
hable usted, que nos está
con su silencio matando.
Juan. Sea, pues que así lo quieres.
Pasé por el Prado; allí,
montones de muertos vi
de hombres, niños y mujeres.
A la gente se fusila
1^
sin auxilio de la cruz,
de grupo en grupo, á la luz
de un farol, puestos en ñla.
Apartando con horror
la vista de tanto mal,
dirigime al Principal
por saber de mi señoi*.
El jardín de casa abierto
vi al pasar, y, entre el tumulto
de la gente medio oculto,
que á Curro sacaban muerto.
And. ¿Ha muerto Curro?
JüAN\ Luchando
como un héroe; por salvarle,
y sin duda por vengarle,
prendieron á don Fernando.
María. (Cuántas desgracias!
Juan. Seguí
mi camino, y, al fín de él,
la verdad fué más cruel
de lo quedantes presumí.
Entre un grupo, cuya suerte
leí en su aspecto sombrío,
vi á don Fernando.
María. ¡Dios mío!
And. ¿Le han condenado?...
Juan. Sí; á muerte.
María. ¡Padre del alma!
Juan. Altaneros,
tranquilos, y custodiados
por numerosos soldados,
estaban los prisioneros,
esperando la brigada
que los iba á conducir
hasta el Prado.
María. ¡Va á morir,
Santo Diosl
And. No temas nada.
76
María. | Sálvale!
And.
Sin duda alguna.
Juan.
En este instante quizá
hacia el patíbulo va;
no hay esperanza.
And.
Sí; hay una.
{Con solemnidad,)
Juan.
^Cuál?
And.
Esperadme los dos.
{A Marta.)
juré que le salvaría
y le salvaré, Maria.
Juan.
¿Cómo?
And.
Como quiera Dios.
Juan.
Andrés, no quiero que partas.
María.
¡Qué! ¿No lé dejas marchar?
And.
No se olvide de llevar
á su destino esas cartas.
Juan.
Creo en tus ojos leer
una decisión funesta.
And.
Acabemos.
Juan.
Pues contesta;
¿.qué es lo que piensas hacer?
And.
Urge el tiempo.
Juan
No te irás.
María.
¿Que no se irá?
Juan.
Escuchar.
And.
No.
María.
¡Matas á mi padre!
Juan.
¡Yo!
María.
Sí; tú le matas.
And.
Atrás.
Juan.
Andrés , no me desesperes ;
te he dado casa y abrigo,
mi pan compartí contigo.
me debes vida y cuanto eres ,
por ti arrostré mil pesares ;
y ahora, que á la vejez llego,
77
¿me abandonarás?... Te ruego,
cual te amparé, que me ampares.
And. Se me parte el corazón,
pero no la voluntad.
María. ¿Será tarde?... jQué ansiedad!
Juan, No vayas; ¡por compasión!
And, Paso ; todo inútil es
Juan. Ve estas lágrimas.
Añd. . Ya el día
no tardará. Adiós , María.
Adiós, Juan.
Juan. (Siguiéndole.)
¡Andrés, Andrés!
ESCENA V
MARÍA
Ya se fueron; ¡qué agonía!
¡Cuánta siniestra negrura!
¡Cuántas olas de amargura
invaden el alma mia !
(Se asoma á la ventana.)
Ni el más ligero rumor
en la obscuridad se advierte...
El silencio dé la muerte
causara menos horror...
Todo negro, todo en calma...
eterna noche de duelo...
¡Cuántas sombras en el cielo!
¡Cuántas sombras en el alma!
(Pausa.)
Pasa el tiempo...
(Dirigiéndose á la imagen de la Virgen,}
Virgen pura ,
gloria y esperanza nuestra,
á quien el cielo nos muestra
como faro de ventura;
7»
túy que amparas y proteges
á justos y á pecadores,
apiádente mis dolores;
Madre mía, no me dejes
huérfana y sola en la vida ;
ten compasión, ten clemencia
y á mi padre la existencia
sálvale, Virgen querida.
En ti espero, en ti confío
y en el que llevaste un día
en tus entrañas,
D. Fer. (Dentro.) María.
María. ¿Esa voz?... {éll
(Entra D, Femando y se abra jan, J
; Padre mío!
ESCENA VI
MARÍA DON y FERNANDO
María. ¡Libre!. .« La Virgen del cielo
ha escuchado mis plegarias;
gracias, gracias. Madre mía.
¿Y Andrés?
D. Fer. ¿Andrés?
María. De esta casa
salió ha poco.
D. Fer. ¿Dónde ha ido?
María. Al saber que usted estaba
preso y condenado á muerte^
secó piadoso mis lágrimas,
jurándome que él podía
salvarle ; y, sin más tardanza,
se marchó con tal objeto
no ha mucho.
D. Fer. ¡Cosa más rara!
María. ¿No le vio usted?
D. Fer. No le he visto.
r
79.
María. Entonces, padre, ¿á qué causa
debe usted el estar libre?
¿Qué ha pasado?
D. Fer. Calla , calla...
deja que recuerde... Temo
comprender... Sí, sí; marchaba
yo con otros infelices
entre dos ñlas compactas
de soldados, cuando un hombre,
el rostro envuelto en la capa,
se fué xil jefe de la escolta
y hablaron breves palabras;
después, el jefe, mandándome
desatar, dijo en voz alta:
— «Estás indultado y libre;
puedes marcharte á tu casa.i
María. ¿Y ese hombre?...
D. Fer. No sé quién era;
los soldados me cercaban,
la noche era aún muy obscura
y él, lejos, se recataba.
María. Sería Andrés.
D. Fer. ¡Oh! sí, ha sido
Andrés!...
ESCENA Vil
MARÍA , DON FERNANDO y JUAN
(Juan^ que ha oído las ultimas palabras anteriores, entra
apresuradamente j descompuestos traje y rostro.)
Juan. |Le matan! ¡le matan!
Se ha entregado por usted.
D. Fer. ¿Qué dices?
María. ¡Andrés del alma!
1
8o
JvAN. (Abriendo la ventana, cuya viva luf del amanecer
contrastará con la obscuridad de la escena^
Mire usted.
(Se acercan todos á la ventana y miran al exte-
rior.)
D. FiR. Soy un cobarde.
María. (Cayendo anonadada en los brafos de su padre.)
I Qué horror 1
Juan. (Enarbolando los puños.) ¡Venganza! ¡venganza!
Madrid 5 de Octubre de 1893.
FIN DEL DRAM.\
.*
BL DUHANTB IUGRO.
OBRAS DEL MISMO AUTOR.
EN CN AGTO.
Ona e«iiield«Dela alf«b4tl««.
6o aninul raro.
10 qae le f«lU i mi miiido.
Vi borde del predplelo.
Dot y tres... dos.
Anror* de- liberud.
Una CMe de ierae.
líEl inundo ^n nn arniMiol!
La venida- del Mesías.
Un Mllord de Ciemposaelos.
Americanos de peg'a.
Pedro el Veterano.
Bl retrato de Macaría.
lEl demonio de los BafosH*!
La eomedianta Raftna.
El impuesto de g^nerra.
m D06 ACTOS
Uoa eonversioa en diei minitos. .
üo liberal como hay machos.
El CaD-cio.-iAtrás, paisano!
Setiembre dol 16 y Abril dol W.
tu Toatro en 1876!!
El principe Lila.
Satanás lí.
Bl Diamante negro.
EH Tflfi^ACTrO^.
La Almoneda del diablo.
El paloma asni.
La espada de Satanás.
La lanrel de plata.
La asnina del ptadoy sartoela.
Desde Cares á Flora.
Los amores del diablo.
PIEZAS BILINGÜES.
De femater á lacayo.
Les elecsions d an poblet.
Un rato en l'hort del Santlsslm.
Gn les festes d nn earroj^.
La mona de Paseaa.
La flor del eami del Gran.
La toma de Tetnan; ^ zarsaela.
Dos pichoneftdel Tnria, ' larsaela.
La cotona d Alaenas.
Telémaco en I Albufera, parodia.
Una broma de Sabó.
Una paella.
Un doctor de seca.
Zapatero... á tus zapatos.
L'ag'ttelo PalilIagTog^a.
Nabolaela d'estin. ^
Carracuca!!!
La eomedianta Rufina.
El que fuigr de Den...
Adán y Eva en Burchasot,
Doña Juana Tenorio.
Arros en fesols y naps.
Dos Adans contra un aterp.
La ocasio la pinten calva.
Volantins en Chirívella.
Chavaloyes.
1 Música de D. Joaqain Miró*
2 Id. Id.
3 Música (le D.^F. A. Barblerf»
4 Id. del Sr. Nieto.
EL DIAMANTE NEGRO
cuiiTo cowico-iiRico-rimsTico
BN DOS ACTOS BN PROSA T VERSO,
nano con n mnáHinfo m wu obm fiirciiá
DON BAFAEL MABÍA LIEBM
■vsiorfk ra
DON BENITO DE MONFORT.
Estrentdo con éxito extraordinario en el TEATRO DEL JARDÍN DEL
BUEN RETITO e! 7 de Jallo de 1876.
^«^N^^i^*
MADRID.
HiraBRTA m iOSB BODBIGDBZ.— «AL VARIO, tS'.
1878.
PERSONAJES. ACTOKES.
FLORALBA , Saa. D.* Romualda. Moriones.
J ABADITA c . • Pascuala Cabezas.
>
UN P\JE. .; M. Fernandez.
QUIQUIRIQUÍ Sr. D. José García.
PEDRO Antonio Campoamor.
ROBERTO Carlos Marrón.
Tiroleses de uno y otro sexo. — Acompañamiento fantástico.—
Tres duendes. • • _
Decoraciones de D. Antonio Bielsa.
Trajes de D. Dalmacio Detrell.
Atrezzo de D. Nicolás Rodríguez.
Bailables de D. M. Muñoz.
La acción en el Tirol.
EsU obra et propiedad de D. ALONSO 6ULL0N, y nadie
podrá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España
y SUS posesiones de Ultramar, ni e'ñ los países con los cnalea
haya celebrados ó se celebren en adelante tratados intemacio»
nales de propiedad literaria.
Los comisionados representantes de la Galería Lirico-Drami-
tica, titulada El Teatro, de dicho señor GULLON, son los exclu-
sivamente encarg'ados de conceder ó neg'ar el permiso de re-
piesentaciou y del cobro de los derechos de propiedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
AL 8EN0R
DON FELIPE DUGAZGAL.
Dedica esU obrilb, eo preoda de iofiriibla afecto, m
apasiooado amigo
ÍHoraet tíLaiMí. £iev.a.
ACTO PRIMERO.
SeUa. Á i* derecha, primer término, la paerU de una cabana. Un grran
peftoa en el eentro del teatro, í la Altura de la tevcera ó eaarta ca^a.
En lontanansa caserío.
ESCENA PRIMERA.
CORO DB SBFÍORAS y PEDRO. Éste, pensativo, i la isquierda. El coríJ á
la derecha, cachich«ando.
MÚSICA,
Unas. El secreto Pedro
nos revelará
si se le pregunta
sin importitnar.
Otras. Según y eonlbnne,
qué es muy animal,
y si le parece
no contestará.
Todas. Vamos á probar,
vamos á probar. (Acércense i Pedro.)
Hermano Pedro,
¿por qué se os ve
tan pensativo?
— 8 -
Pedro. Yo os lo diré.
Hay UD secreto
que esclarecer,
y annqae soy listo
no doy con él.
Ck>ao. El misterio no existe
más que en ta mente.
Pbbeo. Hay misterio en mi casa.
Podéis creerme.
Coro. Para tales creencias
tendrás indicios.
Pedro. Sí señor, y muy grandes.
Coro. Varaos á cirios.
(MistoriosMiMiU lo qae si^ue. Pedro rodoftdo de 1m campe-
sinas.)
I.
Pbdro. Cuando le roba la noche
al cíelo su hermoso azul,
rauda ninfa en áureo coche
llega envuelta en negro tul.
Llena el aire el son de un coro
que hace el alma extremecer,
y se ve una lluvia de oro
dulcemente descender.
Pero invisible
se hace la lluvia
antes que el suelo
llegue á tocar,
y se oye apenas
el rumorcillo
de plata y oro
que hace el metal.
Din, din,
dan, dan.
Como si dijera
para hacer rabiar,
según yo colijo
— 9 —
por aquel compás:
din, din,
dan, daa,
me yerás, me yerás,
pero no me* Catarás.
GoRO. Gomo si dijera
para hacer rabí»", etc.
l^EDRO. La fantasma cansa njiedo;
yo tirito de pavor.
¡Es un duende por lo yisto!
Coro. ¡Cielo santo, qué temblor!
(Tiemblan todos, apretándose los anos contratos otros.)
Todos. Temblemos, tej^blemos,
recemos, recemos,
si no de congoja
me da un patatús.
¡Ay, ay, pobrecilla,
si el duende me pilla...
QuiQ. Socorro, socorro.
Todos. (Gran yol) ¡Los duendes ¡Jesús!
(Sate huyendo y muy asustado Qaiqíñriqoi.)
QuiQ. ¡Que me sigue!
Coro. ¿Quiéu?
QuiQ. ¡La sombra!
Coro. ¡Ay! ¡Es cierto, mírala! (Saltando todos de miedo.)
QoiQ. ¡Ay! ¡Que viene por la izquierda!
Coro de hombres. (Saliendo.)
¿Quién se asusta?
Coro DB mujeres y hombres. ¡Já, já, já!... (Gran carcajada.)
QORO. Dime, ¿qué tienes,
Quiquiriquí?
QuiQ. Mil sanguijuelas
en la nariz.
Coro. ¡Ay, qué desgracia!
Di, ¿cómo fué?
— 40 —
QuiQ. En dos ^abras
yo lo diré.
I.
QuiQ. (Señalando i l« aarli.)
Como ea lagar denártces
tengo un pitorro cual veis,
antes que beban mis labios
quiere el pitorro beber,
w. . Á beber me eché de bruces
en la balaa que hfty allí,
y saqué una t^eretígena
donde tuve \k narisl
Amigciflos mfos,
por amor de Dio9^
arrancad los bicbos
que dan picazón.
¡Ay, ay, ay!
cuatro rascáditas
pido por faVdr.
11.
QuiQ. Gomo en lugar de narices
con esta alcuza nací
que sale al doblar la esquina
antes que yo la nariz,
á beber me eché de bruces
de la balsa en el pilón
y se dieron las malditas
en mi alcuza un alcuzon.
Amiguitos mios
etc., etc.
Coro. Pobre muchacho,
rabiando está;
en sus narices
hay que rascar.
¡Ay,
— 11 —
^ qué risa que me da á mi
el pobre Quiquiriquí!
¡Já,já,já!
Rasca que te rasca
te rasca hasta aUl,
rasca. que te rasca,
¡ay, Quiquiriquí!
QuiQ. ¡Ay, qué pena que me da á mí,
ay> pobre Quiquiriquí!
HABUUM.
QviQ. Arrancedme por Dios estos bichos, aunque me arran-
quen ellos las narices. ¡Y como chupan las condenadas!
Pkdeo. ¡y que están gorditas!
QuiQ. Pero no están hartas. Estas sanguijuelas deben ser es-
pañolas.
Todos. Já^já!...
Pedro, Espera y las echaremos sal en la cola. Vé á buscarla,
nina. (A ana, que se va corriendo y vaelre.)
QtijQ. Guando vuelva ya se me habrán comido la mitad del
aparato de oler! ¡Ay! Ya está ahí! (Dando en saiio.)
Varios. ¿Quién?
QuiQ. La sombra que me persigue.
Varios. ¿Dónde?
QüiQ. ¡Ay!
Todos. ¡Ay! (SaUan todos.)
QuiQ. No es por allí, que es por el otro lado.
Pedro. Tranquilízate que nadie te acosa, y cuenta con detalles
lo sucedido.
QuiQ. ¡Ay, si no puedo! Qué dolor tengo en la tabaquera!
ESCENA II.
DICHOS y ROBERTO. Salé de la choza.
Roberto. Te está bien empleado por curioso.
— 12 -
QuiQ. No te alegres de mi desgracia, hermano.
Roberto. Eso te enseñarii á respetar lo que no te importa.
Psoao. Pero me importa á mi.
RoliBRTO. Poco más ó méDos, io mismo que á éste. Esa ambicioo
que te devora será la causa de tu ruina.
Pedro. Pues sí señor. Quiero descubrir el secfeto que rodea
nuestra casa.
Roberto. Mejor fuera respetarlo, puesto que así lo desea nuestro
anciano padre.
QuiQ. Toma, y nuestro padre, ¿por quó^ tiene secretos para
nosotros?
Pedro. ¿Los tenemos nosotros para él?
QuiQ. Yo no le oculto nada. Guando tengo hambre se lo digo
francamente...
Pedro. Cuando tengo sed lo confieso sin rodeos...
QuiQ. Y cuando me hacen falta un par de zapatos le digo que
me los compre.
Pedro. Yo me los compro sin decírselo.
QciQ. Ya veis sí se puede ser más franco.
Roberto. En fin, desistid de vuestro tenaz empeño...
Pedro. No señor... En nuestra casa debe existir un gran tesoro
oculto... Y es fuerza descubrirlo.
QoiQ. Yo quiero ser poderoso.
Pedro. Y yo... Tener palacios, jardines, fiestas, comidas... Ti-
rar de largo, en una palabra.
QoiQ. Y de un coche si es preciso. (En serio.)
Pedro. Eso no.
QüiQ. Yo sí... Ya me voy hartando de ir á pie.
Pedro. Pues figúrate lo que á mí me pasará con esta bola. (Mo.
viéndose el abdomen d» un lado á otro.)
QuiQ. Hombre, sí que debe ser molesta... (Le da una «rran pal-
mada en el abdomen.)
Pedro. ¡Ay! (Ríen todos.)
QuiQ. Andar por el mundo con ese peso.. .
Pedro. No, si no me incomoda... Yo estoy ágil... y ando con
mucha gracia. Mira la prueba. (Da un paseito srrotesco.)
QuiQ. ¡Viva lo bonito! (Rectuebrándole.)
— 13 —
Pedro. Eso mismo me dicen las mujeres... (Sonriendo candorosa*
mente.) Y hay uoa... hay uoa... la más bonita de todas...
Roberto. ¡Floralba!
Pedro. Tu novia.. . Es decir, tu novia hasta que yo quiera^ por"
que se me Ggura que la he flechado.
Roberto. ¡Imposible!...
QuiQ, Si Floralba está enamorada de éste...
Pedro. • Poro se fija mucho enmi. Y me gasta unas bromitas..<
Anoche después de cenar salía yo alomar el fre&co, res"
pjrando fatigosamente^ como todo el que ha cenado
bien... cuando me encontré á Floralba... «Qué cansado
estás,» me dijo... Bastante; la contesté. — «¿Qué, te mu-
das de casa?»— No; ¿por qué lo dices?— «Como te llevas
á cuestas la cómoda...» — (Aludiendo al abdomen.) Y me
dio un papirotazo en la esfera, que me encantó.
Todos. ¡Já, já, já!...
Pedro. He conocido que me quiere mucho.
QuiQ. ;En el papirotazo?
Pedro. Y en todo... ¡Oh! descubra yo el tesoro, que mia será
la mano de esa niña. .
Roberto. Yo te prohibo alzar los ojos delante de Floralba.
Pedro. El corazón es libre.
QuiQ. Y los ojos también.
Pedro y QuiQ. Y haremos de ellos lo que nos dé ia gana y mira-
remos así... y haremos estos guiñitos y los pondremos
en blanco y bizcos y tuertos y como nos parezca...
y á ella le gustará mucho...
Roberto. -Imposible!...
Pedro. Si no que se lo pregunten á ella...
QuiQ. Aquí está Floralba. (Todos miran al foro.)
ESCENA 111.
DICHOS 7 FLORALBA.
MÚSICA.
r
Cofto GENERAL. Llega,' Floralba,
— ít -
pura y gentil.
Ven, montañesa,
ven bacía aquí.
(Llaman todos con la mano. *Apareee Floralba por el foro.
Viste un traje al eapricho y fantasía, entrelazado con rami^® T
flores. Un pig'arillo sobre la cabeza y dos en los hombros.)
Flor. Gracias, amigos,
gracias sin fin.
(Pedro y Roberto se aproidman 4 saludarla. Floralba, reunién-
dolos, les canta lo qne 8ie*ne<)
Dos raiseñores
diéronme alH (Señala ai eam{.o.)
estos consejos
qne vais á oír.
I.
* Dijo el primer ruisé&or
que debe toda mujer,
si la requieren de amor,
de este modo responder.
Busque otra comarca
sí va con mal fin,
que no somos bobas
. ^. las de por aquí.
No á mis paisanítas
queráis engañar...
pues la tirolesa
le contestará:
La, ia^ la itú ;^
la,ía, itú,
somos previsoras
las de por aquí.
La, la, la itu,
la, la, la^
saben defenderse
las de por acá.
Todos. La, la, itu, etc.
-I».—
Flor.
Todos.
Flor.
RoseiiTO.
II.
Diz elfiegundo que amor
as inariposilla ioGel,
que ya no pieosa en la flor
si ha libado con su miel.
Si la mariposa
tiene un &lso amor,
busque otras montañas
que las del Tiro!.
Ño á mis paisanitas
piense en engañar»
pues la tirolesa. .
le contestará:
La, la, itu^ etc^
La, la, itu, etc.
QülQ.
Pedho.
HABLADO
Si no es del alma antojo,
las tintas del enojo
tiñen de palidez ese semblante. (Á Roberto.)
¡Oh, yo las borraré, que mi alegría
rasga de la tristew el negro f eio
como rasga las sombras de la noche
la luz primera al irradiar el día,
de rosa y nácar esmaltando el cielo.
Gs Terdad, mi Floralba.
Tu voz es mi consuelo,
de tus ojos la luz, luz es del alba
que el mal ahuyenta de la noche mia.
(Como encandilado.)
(¡Cuan regraeioaa esté! ¡Me la comía!)
(Dándose cierto tono.)
Amaren este valle
donde se crian mozo»4ia este talle,
peligrosillo es, porque loi celos
^»!««^*»*
,-^*''
- 16-
no dan sino amargura y sinsabores.
Flor. No dan sino agasajo mis amores.
Si ni familia tengo, ya lo sabes,
que amargue mi pasión;
sí que la tengo,
y con ella te ufanas
y mi pena ufanándote mitigas:
mí padre es Dios, las aves mis hermanas,
las flores mis amigas.
Y en lenguaje privado »
aves, flores y yo nos entendemos.
Oye lo que ha pasado.
Roberto. La historia con placer escuchar. ji,5t.
QUIQ. Poesseñor... (Vai hablcv.)
Flok. Tú callado.
QüiQ. Ya está el cerrojo ecliado.
(Poniéndose dos dedos entre los labios.)
Flor. Al cruzar por esa vega
que frondosa
manto de flores despliega
I caprichosa,
> de un clavel la gallardía,
\ á cogerlo
I provocó la mano mia.
I Presurosa
¡ lo separé de su tallo,
f y en su cáliz entreabierto
] que los céfiros velaban,
dejé impresa una caricia.
Brisa y flores murmuraban...
a Pues lo besa
' con delicia,
para mi tengo por cierto
í que el clavel irá á Roberto.»
; Lo acertaban.
t Mecí en el ambiente
' gallardo el clavel;
— 17 —
'ias aves llegaron,
las brisas vinierOD y
las flores se alzaron
dejándome en él,
perfames, esencias,
rocín y cadencias;
acepta el clavel;
que á par del rocío
de perlas del rio,
y esencias y flores,
y besos de amores,
y cantigas suaves
de armónicas aves,
de amar signo fiel,
van dulces, risueños,
mis mágicos sueños,
mí paz, mi ternura,
mi amante ventora,
mi fe más querida^
mi aliento, mi vida
y el alma con .él.
ionada el clavel á Roberto.)
Mi labio la flor besa
y mi cariño tu cintura enlaza. (La abraza.)
Es inmenso mí amor... es infinito.
Para él el clavelito,
y para mf... señor...
La calabaza.
Pues no ba de salirse con la suya... Temblando de aoior
be de ver á mis pies á esa OrgUlloSa. (Saena ana campan a.
Quedan cuchicheando Pedro y Quiquiriquí.)
Roberto. Amigos, esa campana os llama al trabajo nuevamente.
(Entra en la casa.)
Varios. Adiós, Floralba.
Flor. Id con él, compañeras.
Pedro. Palabra, Quiquiriquí.
QuiQ. Dlla. (Hablan «I oido los dos' hermanos.)
2
UOBERTO.
Pedro.
QuiQ.
Pedro.
— 18 —
Roberto. Espérame un momento.
Flor. ¿Á dónde vas? (Roberto ha salido trayendo an cesto de
viandas.)
Roberto. Á llevar la comida á los pobres viejos.
Flor. Dichoso tú que tienes padres, (viaae a) foro.) Aquí te
esperaré.
Pedro. ¿Harás lo que mando?
Qdiq. De esta vez ó muerto ó poderoso. Ahora verás tú quién
es Calleja. (Váse corriendo.) '
Pedro. (Contoneándose.) Y yo á enamorar á esa rebelde. Cupido,
dame tus flechas. Ninfa de las montañas, préstame ia
armonía encantadora de tu voz.
Flor. Esperaré á Roberto cogiendo flores en el jardiníllo.
Pedro. ¿Floralba? (Va & «ntrar en la choza.)
Flor. ¿Qué?
Pedro . Escúchame un instante .
MÚSICA.
Pedro, acompañándose á i* gpaitarra, canta g^rotesca y melancólicamento.
Pedro. Si tú mí amor desdeñas,
te juro y es tan fijo
como el sol,
que hoy mismo este botijo
se rompe entre las peñas
delTírol.
Piedad de mí,
piedad de mí.
Dame un dulce sí.
Pues lloro yo,
pues lloro yo
No mj^^áes un no.
Flor. No, no esperes que yo te mire,
Perico amigo,
con tal furor.
No, que en tanto que yo respire,
— i9 —
Roberto, diga
será mi amor.
Pides y en vaoo ruegas
á mis favores
poder Jlegar.
Yo sé que el favor ao liegas
ni mis amores
á conquistar. .
Pkdro. Mira mi quebranto,
mira mi llorar.
Duélate mi llanto,
calma este penar.
(Florálbft repite la letra que dice.)
Á DÜO.
Flor. No, no esperes que yo te mire, %l
Pedro. No, no esperes que yo te mire,
Perico amigo,
con tai rencor. .
No, que en tanto que yo respire
prometo y digo
aeras mi amor.
Flor. (Voy á burlarme
de este infeliz.)
Pedro. Voy á matarme,
voy á morir.
Flor. No, que mi mano
es para tí.
Los DOS.
Gomo el jilguero
que por el prado
dulce y parlero
saltando va...
Mr enamorado
corazoncito
de cahñito
saltando está.
— fj-
Aqu¡< ven^
▼en á oir^
oye bieo'
qué latir.
¡Qué saltar,
qué temblor!
¡Mi temblor
es de amor!
Flor;
Es fuerte el ti-tí.
Pedro.
Es fuerte lel ta-tá.
Flor.
Pues ven hacia mí.
Pedro.
Pues ven !)ácia acá.
Los DOS.
Gomo el jilguero, etc
HABLADO.
Pedro.
Flor.
Pedro.
Conque al fin la reina
de las altas cimas
que el Tirol protegen
y el Tírol dominan,
por mi amor ganada,
por mi amor herida,
su amor con su mano
me dá compasiva.
(Dengosa.) Á ciegaS» Gupído,
sus flechas envía. '
Pues no ha de pesarte
Tirolesa linda.
Mi cara es graciosa,
alegre mi risa,
los ojos tunantes,
la mirada picara,
y el talle... no digo
que sea la espiga
que al aire se mece;
pero vamos... niña,
fT.":
iW
24 —
es retrecherillOj^ ,
(Dando uo paseito.)
y eso eslá á la vista.
Soy rico en haciendas,
que yo tengo viñas,
yo tengo ganados,
yo tengo gallinas,
yo tengo cabritos,
yo tengo cabritas,
y pues yo te adore
y tú eres bonita,
y la reina eres *"* . '3
•de las nltas cimas
que al Tiro! rodean
y ni Tirol dominan,
aunque me incomoda
- y aunque me fastidia
<Hin€¿nao la rodilla.)
por causa del buche
doblar la rodilla,
la doblo y te digo
c^n mí voz meliflua,
«dame un sí del alma,
tirolesa mi a.»
^LOR. Levanta del suelo
y escucha á la niña
cuyo pie recorre
las vedadas cimas
que el Tirol rodean
7 ei Tirol dominan.
Cuando te despiertes
por la mañanita,
de frente al espejo
sin pasión te miras;
y así que sus rayos
verídicos digan,
que es bella tu cara
■j^f
— 22 -
y alegre tu risa,
tunantes los ojos,
la mirada picara,
y flexible el juego
de tu cinturita,
▼íenes aquí en súplica
de la mano mía;
pero en tanto, Pedro,
repara y medita
si es precio tu cara
de esta sonrisilla,
de éste moTimiento,
de esta gallardía,
de mis ojos garzos
de mi boca rica.
Aflígete, sufre,
solloza, suspira,
maldice, patea,
y rabia y suplica,
pero no consigues
de la Floralbílla
más que un par- de pares
de calabacitas.
(Váse dándole un fuerte gpolpe en el abdomen. Pedro rompe á
Uorftr grotescamente y con mucha fuerxa.)
ESCENA IV.
PEDRO y en segruida QUIQUIRIQUÍ.
Pedro. Me clavó en el buchecillo
una flecha envenenada.
No peca de cariñosa
la niña... ¡pero de clara!
( Vuelve á llorar estrepitosamente.)
QUIQ. (Sale azorado.)
iPedroI Ay!
Pedro. ¡Ay! (Saltando los das de miedo.)
— 28 —
que hau desplegado en sas jaulas.
Al eDtrar yo se incorporan
sin decir ni una palabra.
Yo saludo y me contestan
rascándose con la pata,
no sé si el pico ó la cresta,
pero en fin, con mucha gracia.
PkDKO. (Con ansiedad creciente.)
No divagues, por Dios santo.
QuiQ. En el centro de la estancia
▼eo una gallina rubia,
no era rubia, era jabada,
no era jabada, era negra,
tan negra como mis ansias,
con el pico levantado,
puestas en hueco las alas,
el ojo doliente y triste,
quejumbrosa y apenada.
Por la actitud que tenia
vine á conocer que estaba
en estado interesante...
De pronto gime, se agacha,
vuelve pudibunda el pico
esquivando mis miradas,
hace un postrimer esfuerzo,
cacarea, se levanta,
y con aire victorioso
su pico al suelo señala
diciéndome: «ahí queda eso»
mientras al nido volaba.
Pedro. Abrevia la historia, hermano.
QuiQ. Sobre amarilleutas pajas,
puestas en cesto de mimbres
y adornos de filigrana,
lecho nupcial de la bfpeda,
espléndido reposaba
un huevo de oro tamaño.
— 26 -
Pedro.
QoiQ.
Pedro.
QülQ.
Pedro.
QülQ.
Pedro.
QüIQ.
Ágil mi mano le agarra;
sueoa QQ tnieaoy Jas gallinas
86 estremecen en s us jaulas,
cruje el gallinero todo,
todo el mundo me amenaza.
Á una luz fosforescente,
de olor de azufre impregnada,
veo aparecer la sombra;
salto al suelo y ella salta,
y corro y corre tenaz •
hasta las puertas de casa,
y ai verme libre supongo
que ha quedado disipada. (MirandQ á todas partes.)
b)6ta 68 la historia completa,
esta es h gloriosa hazaña;
' y pues descubrí el secreto,
y pues rompí la charada,
y pues descifré el enigma,
y pues disipé tus ansias,
á cambio del huevo de oro (Presentándolo.)
dame un abrazo del alma. (Se abrazan.)
Más que la vida te debo..
Caliente está aún, repara.
Es verdad. Y es de. oro.
. De oro
macizo...
Pero se ablanda
con la presión.
Debe ser
que esté pasado por agua,
pero cuando llegue á duro. ..
Ya se le enfría la cascara,
ya pesa más...
¿Y nd había
más huevo que éste?
Acabaras.
Á millones y á granel;
— ar-
las hueverías de España,
que son las más abundaDtes^
con la nuestra comparadas
son una pobre tortilla* • ^
Apueste yo... un real de plata
áque no hay quien rompa
el huevo.
Pedro. (AtnstMio.) No lo intentes.
QuiQ. Vamos, calla.
Quiero si el huevo se ronipe
que venga aqui la fan1»sma.
(tCstrella el haevo eontra el suelo. Gran trueno y muchas
TOees' fuera. Tumulto y confusión.)
Losóos. ¡Ayl...
(Huyen despavoridos.)
ESCENA V.
CORO GENERAL, JABADITA y PEDRO. Por to^os lados lleg^an en tropel
los aldeanos. Jabadita viste un traje de fantasía.
MÚSICA.
Coro. ¿Qué ocurre, qué pasa,
qué es ello, decid?
Pedro. Que el cielo y la tierra
se quieren hundir. (Aparece Jabadita.)
Jabadita. No es cierto. La causa
soy yo.
Todos. (Temblando.) ¡Ay de mí!
¿Quién sois? (Váse Pedro.)
Jabadita. Al instante
lo voy á decir.
í.
Jabadita. Mi nombre es Jabadita,
y mi linaje
ya lo deja ver el traje
-28 —
con que por ei mundo voy.
Mi madre es la bonita
gallina de oro,
y del mágico tesoro
la heredera sola soy. .
Guando la pluma
llegue á soltar '
y en vez del feo
caracacá
el castellano
llegue yo á hablar,
seré pollita
de sociedad. - ,
Haré monadas
de acá y de aquí.
Bonitos pollos
vendrán tras mí,
y con mí cara
y á más din, din,
y hermosa reina
de los dandys^ *
al mirarme rica y bella "^
y adorada aquí y allí, ,
rabiarán por mí de envidia
las pollitas de iMadrid.
Coro. (Repite el estribillo.)
JaBADITA. (Yendo al foro.)
Probad, mis secuaces,
que vengo de paz.
Mis.mariposíllas,
alegres bailad.
(Aparecen diez y seis mariposas. Bailete de maripojsas , «oreado
y con aeompañamieiito de liras.)
CoHo . . La marípusilla
va de flor en flor
porque es coqúetilla
más que el niño amor.
-^ 29 —
Bello un mariposo
viene tras de mí.
Ya que es tan hermoso
Je diré que sí.*.
Siga la fiesta^
viva el amor.
Ven, mariposa,
ven á mi voz. .
HABLADO.
Pudro asoma la cabeza poco i poco por et primer bastidor de la izquierda.
Jabadita. No temáis, campesinos. Vengo de paz. Y tú, mortal
usombfadizo, que temeroso de mis encantos te guareces
en el follaje, ven á mi presencia.
Pedro, (á aigrunos campesinos.) Bso va con alguno de vosotros.
Jabadita. No va sino contigo. (¿No te inspira confianza la bonda-
dosa luz que ifradia en mis ojuelos?)
Pedro. (Parece buena persona.)
Jabadita. (Uéga sin temor, mi amigo Pedro.)
Pedro. ;Ah! Conque la cosa va con miquis.
Jabadita 4 Efectivamente, va contiquis,
Pedro. Pues aquí me tenéis. ¿Y cómo sabéis nii nombre, sin
conocerme?
jAB\DitA. Y también codozco á tus hermanos.
Pedro. ¿Los conocéis sin conocerlos?
Jabadita. De algo ha de servirme el oficio de hechicera.
Todos. (Persignándose.) ¡Ave-María Purísima!
Jabadita. No os asustéis. Vengo á labrar vuestra dicha. He sufri-
do esclava harto tiempo. ¿Es mucho que quiera hacer
felices á los que me han dado la libertad?
Pedro. ¿Esclava, dónde?
Jabadita. En el gallinero de vuestra choza.
Pedro. Pues no os he visto.
Jabadita. Cómo habías de verme si me encerraban los nítidos y
quebradizos muros. . .
— 30 -
Pedbo. No sigáis. . . Estabais prisionera entre las paredes,
Jabadita. De un huevecilio de tórtola.
i^EDBo. ¿Vos? ¡Pues eche usted huevo!
Jab4Dita. Místierios de la hechicería. Soy hija del ave de oro.
PsDRO. Cs decir, una pollita que me está dando gana de aletear,
de haeer la rueea y de... ¿Y quién es ese pájaro dorado?
Jabadita. Una princesa reducida á la forma de ave por celos de
un poderoso encantador.
Pedro. De manera que al desencantada, le hemos hecho un
beneflcio inmenso.
Jabadita. Que sabrá recompensar largamente.
Fedro. Bendito sea mi hermano que dio en el quid. Permitid
que os lo presente. Es el más poqueño de la familia,
¿Quiquiriquí? Es buen muchacho. Un poquillo feo...
No tiene el aire de &milis como yo; ¿Quiquiriquí?...
Pero en fin, no todos han de nacer con esta suerte...
(Paseándose.) ¿Quiquiriquí?...
jABADiTA. Inútil es que le llames.
Pedro. ¿Por qué?
JaBADITA. Apartad. Porque está allí. (Tiende U varita mágica y vese
trasformarse en un enorme huero un gran peñón.)
Pedro. En ese huevo; pues ya habría con su yema para un
centenar de flanes. ¡Pobre hermano mío! Estará hecho
un poik).
Jabadita. Efectivamente, un pollo hechp y derecho.
Pedro. ¿Y por qué lo habéis aprisionado?
Jabadita. Pena es impuesta al descubridor del hechizo. -
Pedro. Pues cualquiera puede hacerles á ustedes un favor.
Jabadita. Premiase el beneficio, pero se castiga la curiosidad.
Pedro. Yaya, vaya. Yo voy i romperle, la coronilla al haevo
Jabadita. Quieto... Eso me toca á mí. Id vosotros á recoger el te-
soro que 08 aguarda en nuestro nido.
Pedro. ¿Mucho metal?
Jababita. Más del que podéis imaginar.
Pedro. Vamos. ¡Viva la hechicera!
Todos. ¡Viva!
-33 —
mas dar me da Tergúencita
un ese í sí.
Con placer escucho
1
tu cacarear,
y me gusta macho
ese aletear.
•
Cumple tu deseo
»
pues resuena aqui
ese cacareo
de Quiquiriquí.
•
1
(Sepánnge como avergonzados y se miran
como á hurtadillas
1
poniéndose el dedito'en'la boca.)
De rubor arde mí cara,
tengo miedo á mi papá.
QüIQ.
Yo quisiera que usté hablara
> de su amor á mi mamá.
JXBADITA.
¡Qué mirar! '
QuiQ.
¡Qué placer!
Jabadita.
¡Qué gozar!
QüIQ.
¡Qué mujer!
Jabadita.
Ven á mi.
QüIQ.
Allá voy.
Jabadita.
¿Vienes, di?
QülQ.
Tuyo soy.
Al ver la de tus hechuras
ese a ele sal,
etc , etc.
•
Jabadita.
Tambieu la de tus hechuras
ese a ^le sal,
etc., etc.
«
HABLADa
QtftQ. Pero qué impetuoso vengo al mundo después de mi
rara trasmigración!
Jabadita. Poco habéis perdido con ella.
QuiQ. Al contrario. He ganado mucho. De simple paleto estoy
^» o4r, "~-
hecho un señorito.
Iabadita.Uq polio de la última cria.
QUIQ. ÜQ daody, un lion. (Paseiadose de un lado 4 otro.) ¡Qué
maneras tan distinguidas! ¡Qué delicadeza de senti-
mientos! [Qué figura sobre todo! ¡Y la ropa es elegan-
tísima! (ai mirarse por delri» se ve U cola.) ¡Sauta María
Magdalena! ¿Qué plumero es este?
Jabadita.BI distintivo de la especie.
QoiQ. ¡Jesús! ¡Anda, y cómo se menea! (Dando saiutos y mirin-
dssp hacia atris.)
Jabadita. y os hace mucha gracia.
QuiQ. Parezco un gallo inglés... (Ríe mucko y salta como riñendo.)
Esto sí que es bueno, esto sí que es bueno. (Si^ae sai.
tando.) ^
Jabadita. No os mováis tanto, que os podéis desplumar.
QuiQ. Cá .. Estas cosas se mueven, pero no se caen... Y á
toda& estas, podéis explicarme lo que ha sucedido?
¿Qué pasa?
JABADiTA.Que descubriendo vos el secreto de la gallina mágica,
sois rico» poderoso, y estáis en camino de ll*{gar á la
felicidad suprema.
QuiQ. ¡Ay, explicádmelo todo!
JABADiTA.Más tarde os lo explicaré. Ahora es imposible. Ved que
llega la comitiva. Lo primero es entregaros y entregar
á vuestros hermanos los talismanes á que por él descu-
brimiento os habéis hecho acreedores.
Qmq. ¿Conque tenemos talismanes?
ABAD1TA. Los más poderosos de la hechicería, (voce» y.aigrazara
dentro.)
Voces. (Dentro.) ¡V?Va! (Muchas veces.)
ESCENA VIL
D]CHOS, PEDRO, ROBERTO, FL0RALBA, CORO GENERAL.
Pedro. ¡Viva! Ya estoy aquí.
QuiQ. ¡Pedro!
- 38 -
Pedro. ¿Qué bicho es este? Ose... ose... (Como se espanta 4 las
l^llinas.)
. tíuiQ. Sí soy Qai<iuiríqaí.
• Roberto. ;Herinano mío!
Pedro. ¡Somos felices! Hemos heredado una iufiuídad de talis-
manes, y DO hay más qoe irlos rompiendo para realizar
nuestros deseos.
Quino. ¡Floralba!
Pedro. ¡Oh! Ahora que soy rico, yo me Tengaré de Floralba.
Jabadita. Pase la comitiva.
(Con macha vos»)
MÚSICA.
Coro. ¡Es un prodigio!
¡Qué admiración!
¡Qué miga llega
la procesión!
(Apareee al son de la marcha la comitiva de Jabadita. Des-
cuellan en alia tres duendes vestidos fantástica y ricamente,
Cada uno de ellos trae sobre un paño de g^rana y plata, an
casto de mimbre plateado. Heno de huevos de oro.)
Jabadita. Talismanes son de precio
los que allí mirando estáis.
Uno de estos caiiastillos
corresponde á cada cual.
(Por cada uno de loe tres hermanos.)
Coro. ¡Qué riqueza! ¡Qué fortuna!
¡Quién tuviera un talismán!
Roberto, (á Fioraiba.) De una riqueza
toigo ambición,
si ella engrandece
tu dulce amor.
Flor . (Con pasión . ) ¡ Pobre, te quiero
que pobre soy!
(Agrúpase el foro alrededor de los amantes.)
- 38 -
PiDRO. (A|r.> Estapicboiic
y este pichón,
hoy van á diunde
Ib desazón.
Tengo niw idea
qoe ee de mi flor.
Tengo el talento
de* Salomón.
(lnp«rfttiytBeBte lo qaa sigtie. T9ntí de tv cesto un boev»
4e oro.)
Dela^cesiilla
que le tooó,
qníero al instante
la destroccion.
Hoya ei tesoro
qoeapeteoíé •
7 sea'ríco
sólito yo.
(Estrellft el hneyo con faerM. XI eesto de Roberto se trasto rma
en gpran bonqnet.) '
Cobo. ¡Jesús qué asombro!
{Qué admiración!
(Coge Roberto ano d« los radrilletes db flores. )
RoBBBTo. Nada importa la riqueza m
cuando puro es el amor,
mira toda roí grandeza .
eondensada en una flor.
Como ella pura
. es mi querer,, ,•■.■■.
-por ella juro
tu 'esposo ser.
Plor. Lá, lá lá. itá,
saben defenderse
las de por acá. (En son de burU.).
Roberto. Pues que ingrata cr^vs. juro por mi Dios,
olvidar tu heclii7.o, olvidar tu amor.
Flor. Ingrata me llama, cuando amante soy.
— 37 -
Pedro. Las pesa» se olvidan y empiece el amor.
(Mucha animaeion.)
Floe. Camino es la vida
sembrado de flores,
sí dulces amor^
las hacen brotar.
Hoy Hora Roberto, .
mañana dtchosck.
qn prado frondoso
podrá transitar.
Iabadita y QüiQ. Oye bien lo qae dice
por Dios, por Dios,
y que nunca me falte
tu dulce amor.
Es mi dioba en el mundo
«
ser tu piebon.
No te olvides iqonona
de mi pasión.
Todos. Camino es la vida
sembrado de ñores, . .
etc., etc.
Coaa. ¡Qué placer es cantar,
qué placer es amar!
(Baja el telou cuiíwk) Mti el euadro más animado.)
flN ftBt IkCTO PRISIBRO
acE
ACTO si:guini)0.
lardin . -^Deeormeion corta .
ESCENA PRIMEHA.
ROBERTO y CORO DB HOMBRES.
Roberto «e halla pensativo.
MÚSICA.
(Como murmuración.)
Coro. Diz que está maleficado
por la magia negra, y diz
que del cielo abandonado
ya no puede ser feliz.
Lo del maleficio^
según mi pensar,
tíeae ciertamente
probalulidaa.
Yo no sé de cierto
sisera verdad...
pero asi se eoenta
por Ja vecindad.
Roberto. Dejadme un momento.
-- 40 —
Cobo.
¿Por qué, por qué?
Roberto.
Porque es mi gusto
que me dejéis.
Coro.
Pues que éi lo manda.
▼ámOUOS ya. (Váse el Coro,)
Roberto.
Quieren las penas
la soledad.
•
ESCBNA li.
ROBERTO,, solo.
ROMANZA.
Roberto.
El amor es un foro
de luz cubierto,
que del mar de la vida
luce en el puerto.
De su luz me alumbraron
ríeos fulgores,
pero apagan los celos
sus resplandores.
¡Ah!
Luz de esperanza,
vena alumbrar
el faro mió
que muere 3ra.
Coro de mujeres (Dentro.)
Lá, lá, rá,
lá, lá, rá.
Roberto. Es la voz de la ^peranza
la que hiriendo el alma está.
(Aparecen diez y seig pi^es eleg^ftntíslmos. Coro de mujeres.)
Coro y Pajes. Una princesa altiva,
de rostro singular,
humildemente pide
permiso para entrar.
Roberto. (Con afán.) ¿Quién es, quién es?
- 41 —
^AiEs. Sabedlo pues*
Tiene Jabios de rubí
como yo.
Febo el cutís coaM á mí*
le doró.
En su boca vi labnr
rica mieiy
7 es su talle singular
un clavel. >
Es la más bonita flor
del pensü»
/ Es su cuello seductor
de marfil.
De su frente el celestial
rosicler,
es del nácar matinal
el nacer.. .
¡Ay, caballero,
decid ligero,,
que.á mi seaora
vais galante á recíbirl
¡Ay, sí!
RoBBRTO. Rayo de amor--deá que perdí,
consolador — peoetra en mi.
Con tu brillar— me das el ser,
cesó el pesar— y el padecer.
HABLADO.
RoiBRTO. ¡Ob! ¿Guiado podré ver á la princesa? ¿Decidme, dónde
se halla?
Un pajb. á dos pasos de aquí.
RoBEato. Llevadme á su presencia.
ESCENA III.
DICHOS y FLOlULBAa éa tr^e de tiecWc^er^, envuelta en un gran albornoz.
» • •
Flor. En ella estáis.
Roberto. ¿Qaé me queréis? ¡I£l taoratode esa voz, qoé dolce^
mente suena en mis oídos! Es la voz de Fioralba.
Flor. Va á reeonocerme. Utilizaré mí talismán. Haced que no
me reconozca, auxiliares de mi poder. Despejad; y
cuenta con revelar á nadie mí secreto. (SaUdan respetao-
sámente loa Pajes y vinseu^) ¿Habels amado á uua Campe-
sina llama Floralba?
Roberto. Si.
Flor. ¿Que ingrata á vuestros amores os ha abandonado al
veros en la pobreza?
Roberto. Sí.
Flor. . ¿Habéis oído hablar del diamante negro?
Roberto. ¿Un talismán perteneciente á las joyas de la corona?
Flor. Joya riquísima, que Pedro, vuestro hermano, regaló á
Floralba á costa de la mitad de su fortuna. Pues bien,
ese diamante ha sido robado.
Roberto. ¿Por quién?
pLOR. Por una hechicera que favorece tus amores. Floralba
llora la perdida joya. Toda su ambición se cifra hoy en
recobrarla.
Roberto. ¿Dónde está la hechicera de que me habéis hablado?
Flor. Soy yo y hé aquí el diamante (Presentando on estachito.)
Roberto. ¿Esta es la joya?
Flor. Guardadla. Yo os la entrego.
Roberto. ¿Para que se la devuelva á Floralba?
Flor. Semejante paso os costatla la vida. Floralba os amará
mientras el anillo no salga de vuestro poder.
Roberto. ¿Es posible?
Flor. Para enternecer vuestro coraton, para obligaros á de-
volver el anillo, se emplearán ruegos, lágrimas y las
súplicas más ardientes, hasta de Floralba misma. No
cedáis á tamaüas superolierias ó perderéis para siempre
— 45 —
su amor.
Roberto. ¿Cómo resistir á las súplicas de Floralba?
Flok. Si cedéis, al par de so amor perderéis la -TÍda.
RoBBKTO. ¿Quién me asegura yuestri^ veracidad y vuestro poder?
Flor. Yo misma.
RoBBRTO. Descubrios si queréis que os ere».
Flor. Uirad. (Tr^fómas)» •« Ninfa.)
Roberto. ¡ AIi!. . . ¿Quién sois?
MUSCA*
Flor. Soy un sueño del amor
ó el producto de un vapor
celestial.
Bella ninfa del edén
en mi pecho anida el bien
como el ma^.
Pura y bella,
vaporosa,
sobre el tallo de una rosa
tengo un nido
y allí estoy.
Soy estrella
de colores
que protege los amores.
Esto lie sido
y esto soy.
Roberto. Si esto es m,
bdla nila,
pieda4 F^i mí.
Flor. En dolencias del rosal
me da abriga un ideal
alhelí.
Que la eseneia 4® la flor
es el nido del anor
Flor.
Roberto.
— 44 -
para mí.
DÜO.
Pura y bella,
vaporosa,
sobre el tallo de una rosa
tengo an nido
y alü estoy.
Soy estrella
de colores,
que protege los amores.
Esto he sido
y^tosoy.
Pura y bella,
vaporosa,
sobre el tallo de una rosa
tiene un nido,
á verlo voy.
Á la estrella
de colores
protección á mis amores
yo la pido
por quien soy.
Roberto.
Flor.
Roberto.
Flor.
HABLADO.
No partas de aquí veloz.
Te lo pido por el cielo,
que es bálsamo de consuelo
la armonía de tu voz.
Guarda esa joya preciada
y del más discreto modo.
Mas ¿quién eres?
Lo soy todo
á veces, y á veces nada. .
— 48 —
Soy la Ninfa del esfiacfo,
que al salir de su palacio
leve y paré,
con su alieiito* ^
da á las brisas movimiento,
. y á las auras matinales
da frescura.
Roberto. La que las pjantas orea,
la que dulce Mancea
las espigas á stt paso,
la que flores ^at acaso
desparrama...
Flor . La qu» al jil^ero canoro
que de cplillos godvuIso
seestaemeo»...
da el impulso* :
para'aubir)á la rama,
que se meee
Gen el peso.
Y al son de canto de aniore!»
dó la dulce compañera
que le esp^a
le da un bes6 » •
que mitiga sus dolores.
Y soy el ave,
1a débil nube
de seno vano,
que al cielo sube
dejando el llano,
y en giro suave
c volver resuelve,
deshace el vuelo^
. y al llano vuelve
dejando el cielo.
(Con Tolubilidad. gn^MÍa y coquetería. Rapidez hásla el Anal.)
Indecisa,
soy encanto,
— 46 —
soylabrísa,
soy el liento,
soy la risa,
libre gíroy
veugo y voy.
Soy acento
de uu suspiro,
soy el Tiento,
soy la espuma,
soy aliento,
soy la pluma,
no más soy.
Que tengo del hada
fantástico el modo,
y así lo soy todo,
y asi no soy nada. {VUe corriendo.)
RoBBRTo. Ocúltase y me convida
con amores y placeres.
Yo he de averiguar quién eres
aunque me cueste la vida, (váse.)
MDTACIOa.
Rotonda de flores en el palacio de Pedro.
ESCENA IV.
COBO DB PAiES.
MÚSICA.
('.ORO. (Dirigriéndose al público.)
La bella Jabaditá
la tímida potlíta,
que salió ha poco del Cascaron
--•Ib juro por tai nombre —
demuestra por el hombre
una marcada gran afición.
— 47 —
No lo desmiento^
bien puede ser,
que yo ia sieuto
por la mujer.
Y DO e* tontana,
pues juro á Díoa
que más que una
me ifUíitaB dos.
¡Ay mujercitas mías,
guardado teogo aquí
un almacén de besos
que luchan por salir!
Bl cerrojillo es débil
y ya no puedo más.
Salgan, pues, mis besitos
de su cautividad, (fichando besos al aire.)
Besad ahí,
lo mando yo,
sobre la frente sí,
sobre la boca no.
HA«UkDO.
ESCENA V.
PBDRO y en segruida QUIQUIRIQUÍ.
Pedro. Cantar en palacio cuando está afligido vuestro dueño y
señor... D^pejad...
Un paje. Seuor!...
Pedro. Despejad os digo... Los buenos psyes deben llorar cuan-
do-llora su amo.
QuiQ. (Saliendo.) Sí señor, SÍ soñor, ó cuando llora algún su-
jeto de la familia. (Ron^pe á llorar.) Vamos, vamos, des-
pejad... (incJínanse, los pi^es se vaiu)
TcDRO. Ya ves, ya ves la felicidad que tenemos.
tíuiQ Ojalá hubiéramos seguido toda la vida siendo pobres.
-48 -
Pbdro.
Qdiq.
Pedro.
QülQ.
Pbdro.
Qüio.
(*BDRO.
QülQ.
Pedro.
Qdiq.
Pedro.
QüiQ. .
Pedro.
QülQ.
Pedro.
QüIQ.
Los DOS.
QlllQ.
Los DOS.
Desde que me tentó el demonio de la ambición, no ka
asomado á mis labios ni una sonrisa.
Ni á )os mios. Y si rae río será por dentro, porque yo no
lo noto.
Quince días hace que heredamos los talismanes y mir^
los que me quedan^ todo por satisfacer los caprichos do
Floralba.
Eso me pasa á mi con Jabadita. Dice que quiere estc^.
¡Pum!... Talismán roto. Que quiere lo otro... ¡Pum!...
HueToa al plato. Que quiere lo de más allá... ¡Tortilla!
Que se me antoja lo de más aquí... Revueltos ó estre-
llados. T de rotura en rotura vamos derechos, derechos
á la miseria... (Llora.) Porque esto, ¿qué es ya? Una
miseria.
Nosotros tenemos la culpa. Somos demasiado débiles
con las mujeres.
Sí señor.
Nos enternecemos en seguida.
Y es que piden las cosas con tanta gracia...
Y como ponen aquella boquita de piñón...
Y aquellos ojitos tan retrecheros para pedir las cosas...
(Se van animando y sonriendo poco i poco )
Es verdad... Floralba onando quiere algo, dice... «Mi-
ra... Pedro... monin... anda, cómprame una co.síta...»
¿Quién no se enternece cuando le llaman monin?
Pues mi novia dice, dice... «¿Quién te quiere á tí en el
mundo, cachumeno?...» Y si yo me hago de pencas, se
pone así dengosa y como enfadada* (Haciendo dengaes.)
Y el deditO aquí como la mia. (Poniéndose un dedo sobre
un lado de la boca.)
Y da una patadita como esta... Haciendo luego asi...
Y dice vete, vete, que no te quiero...
Si, ven con zalamerías... (imitando ios dos ros mismo» $c»-
tos de las iilujeres. ( " .
Já, já, já. Qué ricas son!
Y qué guapas!... Pero después...
(L)oiando.) Me dice que no me quiere.
— '4^ —
Pedro.
QoiQ.
Redro.
ftoiO^
Pedro.
Qüio.
. P^DROU
QüIQ.
Pedi|0.
Pedro.
Pedro.
QülQ.
Pediro.
Qoio.
I
Pedido.
QülQ.
Pedro.
QuiQ.
Y yo me moriré de trístesa..* (Si^an llorando estrepitosa.
n.QBtea^
Y yo demelan... de melan... de melancolfa... Se roe
había atrayesado la palabra.
Pero yo poy más mfellz qoe tá, porqiie á iestas fechas, '
|i6d do sé 8i me easo ó do con Flomiba.
^i yio«o|i la p0l]jta.i. tPere oo lo taifas toÜo dispoesto
para casarte hoy mismo? .i'< í > : ^ • ' t
Si, hombre, y dentro da oa^nitot verás Hegar toda la
[comitiva de la boda con él éserl)MHio al freiite.
.¿Pero eUa. consiente iteicaéaFibt .. i i
. Con una soAsa oondieiq» . Fisrattia. se can omroigo hoy
á ]BSii4^9)»r,iacobiíoel «j^amante negroiqne ha sido
robado de nuestra joyeiía, no sé por qníén. '
Por el diablo tal vez. De modo qu% si el diamante no
.parepe..< /.•,'.«<•;.••. »i
No mi^tcaso» Ya vesiaítsoyr mea desgradado^que tú.
Eso no. Tú al menos consenwf la heehafli.^mp]eta y
los instintos del hombre, pero «yo, defde fUe roe hallo
ingerto en ^Víís soy elser.KtásJnfelk de lá creación.
NOy sí que 4ebe ser una pejiguera. .
No lo sabes biaa^^Kstaide participar de doij naturalezas
diferentes... ea ini^guantable. Aanérdata siso de lo su-
cedido ayer. : ' • /'•'■.
SI; quando aataado eael baaquale oficial..i
Vi una cazuela, con? salvadb y me fui derecho á co-
>••■«! ■'
mérmela. \-
¿Y el sueño qufi to jcofii^ por lasibodheá?
En cuanta osourece^'ttfi estoy doMieiido como los
gallos. ■ • < ■ v; • -'■'■■i-') '
Y naturalmente, te despiertas al amanecer...
Y empiezo á caatar>, y despierto á todos los de la casa
con mi maldito quiquiriquí. Y lo malo no es eso... Mira,
tiéntame la eabeza... Tres chichones como tres nuece!^.
¿De qué es eso? '
De una caída. Como duermo en el barrote de una silla
desde que soy gallo, anoche, ¡cataplum! me desnuqué.
4
— 50 —
•
Pkdro. ¡y qué greserits hnoes en sociedad!
QciQ. Machas. Me rasco delante de las gentes, así como st
tuviera pico...
Pbdro. No, no es eso.. •
Qgiq. Ya. Qite estof casi siempre con la pata éücogida.
Prdro. Eso es. Y cdmo estiras el pescuezo á lo mejor!
Qgiq. y lo que megusta %i maíz. Y mé pni<^a, porque estoy
fuerte y robusto.
Pedro. ¡Y lo peor na es eso!
QuiQ. . Lo peor es que desde que soy gallo, en viéndolas ya me
tienes rascando el suele y... (Escarbando como los gallos.)
ademas... ademas.!. quQ siento así... uiios instintos de
sultán... y una gana dB comprar pañuelos para rega-
larlos...
Pedro. Jabadita...
QuiQ. Esa es la favorita siempre. Y más se aumenta mi amor
cuanto más enciende mis celos con isus coqueterías...
Pedro. ¿Ha salido coqueta?
QuiQ. Más que jaca ton penacho. Delira cuando la regalan ó
la dicen una ftor, se entusiasma con la lectura de las
cartas de amores y se- pasa el (fia escribiendo, y tiene
papel y sobres de todas ciases; y más correspondencia
que un ministro en tiempo de elecciones. Y como es
una pollito inocente que no conoce la doblez de los
hombres, estoy temiendo que me la engatasen, porque
en medio de todo, es «na bobalicoDU. . .
Jabadita. (Dsntro ) ¿No hay más cartas?
QuiQ. ¿No lo dije? Ya está preguntando por la corresponden-
cia. Esto co hay quien lo aguante... Voy á romper las
«
cartas y al cartero... ¿y lo ves, (viendo aparecer á Jabadita
con ana carta en la m«M.) lo OStás vieudO?... Carta Canta.
(La orquesta ha dicho «I pnltidio durante tas frases ant&riores.)
#•
— sí —
^v
^ABADITA,
Pedro.
Jabadita.
QuiQ.
Jabadita.
Femó y Qmo.
1.
Jabapita.
IQue leas, sin «¿líividd
imepétco por leal.
Soy presa de tos labioa,
afrenta del coral.
En ti cifré mi suerte,
que vivo para ti.
Un no seri la nmerte^
será \9k tida un 9k^
Alma del atana^,
luz de n¿ amor.
am«te y cariñosa
e^Jit^mepor Dios.
¿Contestarás?'
Contéstale.
¿Quó le dirás?
Yo ledúé.
Oue roe sorprendí,
que pollita soy,
ni diré que si
.^ / si diré, que no.
Que puede esperar
sien mi tiene fe.
Lo de contestar
que lo pensaré.. V
Cual todasy sí lo yiera
T-tengo para mí—
pensará la manera
de decir que ú. *
II.
Si escuchas sin enojos
4^
JT
— 82 -.
los ayes de iñi fe,
la ?ida por despojos
y el alma te daré.
La llQTia ni^ioenta
la flor para lucir,
y yode taboquita
ia miel para vivir. '
Alma del alma,
hix de mi amor, etc.
. I ' ^IJII .
|;iQ. Tiene la molleja vátia^
yatelod^e. ' •
.I|badita. Siiobplekáé.
¡Qaé deudas^ c^é bellezas
encierra la vída-lmniáiia!
¡Cuánta dorada ilasion!
¡De cuántas ricas mercedes
me privé entre las paredes
del nitído caseáron!
Bello es el mondo. \k gozar!
Nada á la iglibranciá asusta. %
¿Te gusta el mundo?
4ab|oita. 7' r»i' M? ^Me gusta.
I Me gusta hasta ^ekrari
i ¿Y los hombresí^ftoé regalo?
é ¡Oh muQdo hevtttoso 7 ftmeno!
1^í:d|o. ¡El nido, «n^ielia^ha, es bueno
i pero los pairos «matos.* f
¡No ei cieMo,.^vole 4 mi nombre!
* ¡Es malji)ichdl .>-Ar.\ v.j
t M ¡Qneisi-quieres!
Son mejoiHBftilias'mUieres^ •;
Jaba|ita. Bien; pero halriemoeidelihombre.
¡El hombre! Hprrendo animal!
.^
• ■■»
■^..
— 83?^£-
QüIQ.
Jabadita.
Pedro.
Jabaoita.
QüIQ.
Pedro.
Jabadita.
QülQ.
Pedro*
Jabadita.
QülQ.
Jabadita.
Pedro.
Coociencia gastadtf f lísléii . <
¡Es bello en su parte fínica!
¡Pero en su parte ttiofall..;
Casi mi valor abismas.
¡Si tú sas mañas supieran!
¡Ay si al hombre conoderas
del amor bajo Í0»pr(á(nas!
Vais á hacer qtf»f ferda el tino.
¿Pues, qué es el hodtb^e, señor,
i baxo el prisma del amor?
\ Un animal mtiy^dámiMy. -
; Alma insensible yayiesa
( quo sin amar 8^ enamora.
|Un cocodrilo que llora
^para acercarse la presa.
¡ Sierpe de dulce ¡sÜbar,
; — ^y lo dirésin;empdcho:-^
[ Es una sirena macho
que aduerme con su óantar«
^ Y ese hombre, dadme una guía
;;que sirva >de luz y norma»
¿qué forma tien^?
Ujia forma '
inuy parecida á 4a m'ia.
Si de ellos m&éM de guardar,
lo interesante ante todo^
es saber alg^i del modo -
que tienen de enamorar.
Yo lo. diré. Esos vampiros. =
—y á ver si tú los resistes—
ponen las caras muy tristes
y extraían hondos suspiros.-
Lanzan miradas traidoras, •
se ac(^n, que sufren juran, *
y en 4 oído murmuran
pajabhl^ hakgidorae; .
Se vanVyu^YlMLMEefeíí^í.?^^
««Y»'
— 54-
de gemir y saspinr.
y otra y^ vuelia á mirar
.
acariciando e) bigote.
Jabadita.
¿El bigote?
PfiDRO.
Sf sefior.
Jabadita.
¿Qué es bigote?
Pedro.
¿Hará que rían?
Qüio.
Unos pelos que se crian ;
sobre el labio superior.
Jabadita.
Signe...
Pedro.
Fingiendo un decoro
"*
que no sienten, entra aquello
de «alma mia y ángel bello.
»con qué pureza te adoro.
•
«Sin ti no puedo vivir.
)»Tú eres toda mi alegría...»
Frases que á ciento en un día
se las suelen repetir.
Jabadita.
¿Hay Ul falsedad?
Guio.
Asi es.
PSDRO.
Después entre ruego y qtieja
piden bablar por la reja.
Se les concede.
Jabadita.
Pedro.
¿Y después?
Las lágrimas les asoman,
QülQ. '
juran — por supuesto en vano—
y piden besar la mano.
Piden si no se la toman.
PIlDRO. '
Gomo suplican de un modo
Jabadita.
que obliga...
Sí, besarán.
Prdho.
Y si la manóles dan...
Qmo. ♦
Se suelen tomar el codo.
Jabadita.
¡Grande atrevimiento es!
Pedro.
¿Y después?
(¡Pues es bicoca!)
Ponen asedio á la boca.
— 86 —
Jabadita.
QüIQ.
Jabadita.
Pedro.
Jabadita.
QviQ. *
PEDao.
í A la boca?
Jabadita.
Sí. . ,
¿Y después?
¿Si h logran asaltar,
para qué quieren mip Tífta?
Bien. ¿Y después?
Pero njíia,
¿dónde Tamos á parar?
Después á las infelices
que asienten á peticiones»
las dejan esos bribones
con un palmo de narices.
Que en un principio pequeños,
como altaneros, y bravos
cuando de viles esclavos
pueden eregirse en dueños,
nada su audacia respeta» .
y de éste ó del otro Of odo.,
arramblan luego con todo
como cero de ruleta,
arrastrando el vendaban ■,
4.
de su loca juventud,
talentos, valor, virtud,
los afectos y el cauduL .
Porque es el hombr§ iina abeja
que en viendo pur^ upa flor,
las otras flores se deja;
llega , la murmura amor,
liba la miel y se aleja.
Gastáis la pólvora en ¡salva.
Y sabe Quiquiriquí H
que ni > o te quiero á tí,
ni á Pedro quiera Floralba.
Floralba quiere j rpe alegro
á Roberto con pasito.
Roberto está en posesión
del rico diamante negro;
».....«'*'•'■
- 86^
y pues vuestra magia cesa
porque os vence vuestro hermano,
hoy da á Rbbertu su<^ano
la graciosa tirolesa. >:■■.,;•
Yo no te pueéby qmr«r;^
debo en vista det percance
sostener á todo trance
mi dignidad de i£ruier.
La causa ya no me cáiíó,
pues que tu ignorancia advierto.
No quiero un maridoí ingerto,
mitad hombre y mitad galio,
que en las grandes recepciones
de cumpleaños '6 de idias^y
me rasgue las sillerías
con las uñas ó espolones.
No quiero vivir: al) lado
de un señor Quiqiiní<)ufy ' ■*
qué en viéndolas ande a^...
como San Juan ladeado,
y adore á aqueUa this esta,
y ande en roipala(^ rico
haciendo así con el pico
y enrqjeada la cresta,
y tenga instintos agrestes
y habitar quíeria en los vallesi '
Soy celosa. Que te calles. {kPéá^.)
. Muy celosa. No contestes. (Á oaiqniriquí.)
Y quiero, pues soy bonita,
—por más que él no sea hermioflo—
un marido muy mimoso,
pero para mí sólita.
Que no se aparte de mí,
que en mí vea' su alegría,
que se pase el santo dfii
acariciándome así. t '
(Como describiendo círcitlos con un pico.)
— 87 ^-
Piensa no más eémo fistes '
r y di si formad taü nóevas
paedeii gostar.-^No los ixnievas.— (Por ios ümos.)
Pueden gustar...— <2oe oo chistes.—
(Tapándole la boea.)
á aoa niña de eitas galas,
orgullo de las morenas.
Por si lo tomáis á buenas,
y si lo tomáis á malas
y de pena os sentís llenos,
al anochecer tomáis
un caldito, os arropáis,
y mañana ya estáis buenos. (Váge coniendo.):
f ESCENA VII.
OOIQÚlRIQüi y PKDaO.
Roivpea i llorar..
QüiQ. Ya lo oyes. Ya lo oyes.
Pedro. No hay en el muñd'ó un ser más ingrato que la mujer.
QyiQ. ¿Despreciándome Jabadita, para qué quiero yo este res-
to de fortuna?
Pedro. Ni yo esta miseria, despreciándome Floralba.
QuiQ. Ea, mi partido está tomado... Me YueWo á mis mon-
tañas. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Limpio. Ya no
tengo ni un solo talismán. Ya soy tan pobre como
nací .. ¡Ah! que faltaba este... (otro huevo que estrella.)
Pum. ¡Lo mismo baria si fuera un hombre! (váse.)
ESCENA VIH.
PEDRO, solo.
Pues tiene razoo mi hermano. ¿Para qué quiero estos
embelecos sí de nada me han servido? Uno, dos, tres,
' cuatro... (¡jnCO.... (Aompe cuatro hoeros, (»ero 4I ir á rdtai-
per el quinto se detiene.) ¿Qué?... ¡JOSÚS qué idea!... La
-.88 —
posesioii del diamante negro da la victoria... Pues
bien... Despojo á Roberto de la jofya... Sí, ¡eso es lo
que qoiero! Venga á mi poder el diamante negro.
(Cono invoesndo á na ser y e8tr«llando el huevo. Brota dot
saelo un grocioeo pedestalito; sobre él Tiene una eigita que
encierra el diamante neflrro.) ¡Uh! CUmpHdo VOO mí deseO.
Aquí está el dianUnnte!
ESCENA IX.
PEDRO y iABADlTA, asoma la cabeza por la derecha.
Jabadita. ¿Qué dice?
PEoao. Sí, éste, éste es el anillo mágico. Éste es el poderoso
diamante negro, por cuya influencia iba yo á ser des-
graciado. Dios se lo pague á Jabadita que me descubrió
el poseedor de la joya. Yo me vengaré de Roberto.
¡Floralba es miaí (Váse.)
ESCENA X.
MBADITA y ea ^^uida QVljDUIRIOni.
Jabadita. Una indiscreción mia ha robado á Floralba la ventura.
Sí á costa de mí vida pudiera devolvérsela...
QuiQ. Ya estoy más tranquilo.
Jabadita. (¡Olí! ¡Él puede salvarme!) Una palabra.
QüiQ. No estoy en casa.
Jabadita. Una palabra digo.
QuiQ. Conmigo no hable usted, faltona.
Jabadita. Préstame un talismán y soy tu esposa antes de acabar
el dia.
QuiQ. Á buena hora, mangas verdes.
Jabadita. Un talismán y soy tu espesa.,
QoiQ. Sirven en tortilla... Ahí están. (Señala ai suelo.) Todos
los he destruido de una vez..
Jabadita. ¡Jesús!
Voces. (Dentro.) ¡Vivan los novios! •
Tonos. ¡Vivan!
-89 -
Jabadita. ¡Ya es tarde! Van i firmar los coBtrafos de boda. Pobr^
Fioralba.
Voces. (Dentro.) ¡ Vívanlos hotíos!
Todos. ¡Vivan!
ESC2NA XI.
*
ROBERTO, FLORALBA, ^ABADITA^ QDiOOlRIOUi: baile de |r*llinM.
* ■ '
Tiempo de marcha: tA son de ella salen loe pi^es, las damM, los tiroleses
y Codo el acompañemiento del acto primero.
MÚSICA.
Coro general.
La hermosa Fioralba
sus votos cumplió.
pues se une á Roberto
con lazos de amor.
r
Viva Fioralba
rica y feliz,
viva Fioralba
mil veces, mil.
Roberto.
¿Bres dichosa,
Fioralba, di?
Flor.
Más venturosa
nunca me vi.
ROKRTO.
Dulce consuelo
hallo en tü amor.
Flor.
Pródigo el cíelo
premia ei candor.
Ni cáliz con rocío
ni garza en libertad,
surcando en el vacio
con grave majestad;
ni rayo que fulgura
tras nube que pasó.
— 60-
consigue más irentura
D¡ más placer que yo.
Arroyos y flonss
y besos de amores,
venid de mi dicha^
venid á aprender.
GampiBtojg. y, fuentes ..
de limpias corrientes,
en!inisaie^as>
^enid á beber.
(Roberto y el Coro coretn este canto*)
RoBBRTO. Firmemos el contrato
Flor. Con gozo he de j^mr.
Roberto. Y Dios bendííga']til^¿ó
tu amor eia el altar*
ESCUNA xn.
DICHOS y* PEDRO.
Pedro.
¡Tened!"
Roberto. •
¿Qué sucede?
Pedro.
Tened y escuchad.
El diamante negro
lo tengo yo
,
merced á la mágja¿
Flor, y Roberto.
¿Qué dice?
Todos.
{6ran Dios!
Roberto.
jRobároniae la joya!
Pedro. (Triunfante.) ' *•
Mi esposa té serás. •
JaBADITA.(Á Quiquiriquí, aparte.) -
(Mi amor sí lú la salvas. '
QüiO.
Tu amor; no digas más.
Á costa dé mí vida
•
la tengo que salvar; (Váse corriendo.)
Jabadita.
Bella aurora de tu vida i
los senderos alumbró,
— 61 •
indiscreto el labio min
tus fulgores eclipsó!
Píedady piedad.
Quiera ílios qcie la esperanza
yfmfjk hermosa^-
tu catulno á íltiminar.
Floralba^ Rodbrto, PsMia y€oiie general.
Bella au^bía de j ??• [ vida,
1o8 scndecps alumbró/
indtscr^f l^bip suyo
sus fulgores eclipsó.
Vifiíif^r piedad.
Qijue^: Pjos q«'e la (nperausa
veQga.hanii06a '■]
^ { étttekid á numiiiai'.
su * . <
'* h .
8tt
HABLÜJDO:
I <
Flor. En red de amor gimo presa*
T^ya es m^.alma, aifuíla tienes. (Á Roberto.)
Pedro. Por fin vencí ^us desdenes^
orgollosa tjrol^;
Calma tu aupiprc^/oafan,
vea á casarte, pi¡onti,t9.
No hagas den^!^.^
ESCENA, Xin.
DICHOS 7 OVIQtnRIQUi.'
OiiQ. ' , :, ¡EJi,, quietifeOj!
que aún existe un talisnuiu. .
(Trae un haevo d^.p^O. en la.;inMpk)
Ante mi poder te inclina
y tú has vencido, mancebo,
— 62 -
para adquirir este huevo
muerte he dado á la gallina.
(^lovimiento de espanto.)
Que Tiielva á ser el diamante
de Roberto. No te inquietes.
Pedro. Le daba uc par de moquetes.
Quio- ¡Qué pillo soy!
Pedro. Di, borgaittey
¿no conoció tu simpleza
que al matar á ese animal
cegabas el manantial
de nuestra pingue riqueza?
QtiQ. ¡Ay! es cierto!
Pedro. ¡Lo adivina
cuando ha cometido el yerro!
QuiQ. Es verdad, pues muerto el perro. . .
ya no pondrá la gallina.^
Pedro. La idea ha sido funesta.
¡Qué felicidad tan corta!
QuiQ. Es cierto;^¿más q^aé ine importa,
si yo me caso con esta? (Por MbA<^t«..)
La mano.
Jabadita. ^ebo otorgarla «
Flor. Os probará esa toütunsí» '
que no merece fortuna
quien no sabe conservarla.
Pedro. Buena/ieccíon. Yo me alegro.
La leerte he despreciado.
^Qué necio!
^^^^' No os dé cuidado..
Merced al diamante negro
que gran poder me asegura,
para vivir y gozar
yo os abro de par en par
las puertas de la ventura:
a
^:::
vr'i
r'^
— 63 —
t
APOTEOSIS.
Y 4;omo opioion es mía,
que es la paz — si éste do engaña-
un hogar en la montaña
y una santa ecouomía,
no en red de ambiciones presa,
renuncio al bríllo, al poder,
porque sólo quiero ser
Floralba la tirolesa.
MÚSICA.
Un aplauso quiero
de vuestra bondad,
y las tirolesas
lo agradecerán.
Lá» lá, lá» lá,
y las tirolesas
lo agradecerán.
riN DK LA OBRA.
, — í»-
KOTA.
En ios teatros donde no haya cuerpo de baile, pueden
suprimirée Io8 bailetes de esta obra.
^xn_.
EL DIAMANTE ROSA
ZARZUELA DE GRAN ESPECTÁCULO
EN DOS ACTOS Y DIEZ CUADROS
ESCRITA EN VERSO SOBRE EL PENSAIIENTO DE URA NOVELA
POR
GÜILLERHO PERRÍN Y MIGUEL DE PALACIOS
HÜSICA DIL MAISTBO
MIGUEL MARQUÉS
)btreiiada eon <xito «xtraordinaj-io en el TEATRO DE LA ZARZUELA
la noche del 25 de Enero de 1890.
MADRID
lUPRaNTA DB JOSB ROJDRKKJB
ATOCHA, 100, miKClPAL
1890
Z
PERSONAJES
ACTORES
BERTA DUBUN Sha. Folgado (C).
REINA MAKALA Srta. Alba (L.).
ALBERTA » Pastor (C).
MARY DUBUN Sra. Toda.
MISTER JüáTO Sr. Mesejo (J.),
LUIS » Cerrón.
ANTONIO GARCÍA » Mbsejo (E.),
MISTEa DÜBLIN » Jimeno. .
LUCCA V » Ferrandiz.
VON-BRUN » Vedia.
EL NEGRO DALÍ w Ruesga.
EL REY TONAÍA » Alba.
LOPEPE » Arana.
EL VIEJO JHON » GüZMÁN.
MISTERDRAQÜE ( ^
UNGütA ) " ^^"^'^"•
EL VIEJO GRAND » Caba.
POLISMAN !.• » ValcArcel.
POLISMAN 2.° » Cuadras.
UN MINERO » Morales.
UN CRIADO » Picazo.
CAFRE !.• » RiAZA.
C4FRB 2." » Martínez.
♦
Mineras. 'Mineros, Convidados, Boers-holandeses, Cafres, Zalús,
Guardia imperial. Guardia roja, Guardia azul, Guardia negra.
Esclavos, Esclavas, Fetiches, Espantamoscas, Doncellas, Por*
taestandartes, Portabanderas, Portaescudos, Portalanzas, Mú-
sicos, Ministros, Altos dignatarios. Servidumbre de la reina.
Magos, Coro general y Comparsas.
títulos de los cuadros
ACTO PRIMERO
CUADRO I/— Bl gran problema.
CUADRO 2/— Bl diamante*
CUADRO 3/— Deuda pagada.
CUADRO 4.'— Una traición.
CUADRO 5.®— Bl incendio.
ACTO SEGUNDO
CUADRO 6.*— A través del TranevaaL
CUADRO 7.^— Lopepe.
CUADRO 8.'— liá. fiesta de los Betchuanas.
CUADRO 9.'— Transición.
CUADRO 40.— ¡Lo que es la lélicidadl
DECORACIONES
ACTO PRIMERO
Cuadro i ." — ^Interior de un laboratorio químico (coa trans-
formación), nueva* del Sr. Amalio»
Cuadro 2.— Gabinete de paso en casa de mister Dublín (te-
lón corto), nueva, del Sr, Muriel.
Cuadro 3.**— Plaza en el Griaualand, nueva, del^Sr. MurieL
Cuadro 4."— Interior de la cabana del viejo Jhon (telón cor-
to), nueva, del Sr. Amalio,
Cuadro 5.*— Salón de baile, en casa de Dublío (con tranis-
formación), nueva, del Sr. Amalio.
ACTO SEGUNDO
Cuadro 6.* — Montañas y exterior de una granja de Boers-
holandeses, nueva, del Sr, MurieU
Cuadro 7.®— -Orillas del río Limpopo (telón corto), nueva, del
Sr. Muriel,
Cuadro S.^^La gran ciudad del Rey Tonaia, engalanada
para la fiesta de los Búfalos Negros, nueva, del Sr. Amalio.
Cuadro 9.° — Una selva (telón corto.)
Cuadro iO. — Gran parque en casa de mister Dublín (con
transformación), nueva, del Sr. Muriel,
La acción de la obra^ en el Griqualand (Cabo de Buena Espe-
peranza), acto primero. Los cuatro primeros cuadros del acto
secundo en el Transvaal y el quinto en el Griqualand,
•
Los figurines han sido dibujados por el Sr. MurieL
Los diseños para los palanquines y carrozas del acto se^ -
gundo, han sido dibujados por el Sr. Amalio.
Los trajes han sido confeccionados por el sastre Sr. Villa. •
El atrezzo ha sido dirigido y construido por el Sr. Bueno.
La obra ha sido ensapda y puesta en eiscena por el Director
V primer actor D. José Mesejo, y concertada por el reputado
Maestro D. Manuel Nieto,
A todos los que tanto interés han demostrado en la represen-
tación de esta obra, les repiten miles de gracias
k LOS ACTIVOS ¥ ESPLENDIDOS EMPRESARIOS
DEL TEATRO DE ¡LA ZARZUELA
DON FRANCISCO SICILIA
DON JOAQUÍN LAHÓZ
sus siempre agradecidos amigos,
J^<f aifáf^ea.
. .V
->?»
ACTO PRIMERO
CUADRO PRIMERO
8L oaur wnomoML
Cabana rúitlea i tres eajai. Interior de na laboratorio
^^aímtco* Ettantct de caftat eoo lib-ot y papelea. Apara*
doret ráttiect de madera con retortai, fraseoa, alambi*
qaei, ete.y ote. Aparatos do física. Todo lo dicho en e)
telón de foro, enyo telón se abrirá 4 su debido tiempo*
Á la derecha del piimer término, f^^an ^orno encendido
con e^ran matráx, retortas y alambiques. A la isqnierda
en seg'ondo término, mesa rústica con papeles y libros
en desorden. Lampara encendida. Primer término da la
izquierda, pnerta y reutana practicables. Bereehai primer
término, pnerta. Sillón y siUas rústicas* (ToJa esfia de-
coración debe ser lo mis rústica posible y formar con
los enseres de ella el conjunto mes aproximado i la rea*
lidad.) Es de noche. Un rayo do luna entra por la ven-
tana al levantarse el telóa.
— 10 —
ESCENA PRliMERA
ANTONIO garcía j DALÍ. El prim«r« tomado
leyendo, y el tobando, junto al horno, «vivando la lonibre.
MÚSICA
CORO DE MINEROS, denuo.
El rudo trabajo
cesó con el día,
la noche al minero,
le presta alegría.
' Busquemos amores
con férvido afán,
busquemos la dicha
que el vino nos da.
Tiene el minero
trabajador,
pecho de cera
para el amor.
¡Viva la orgía,
viva el licor,
fuera las penas
del corazón!
(V* ol canto alejándose poco i poco )
HABLADO
García, (ai negrro.) Dalí, cierra la ventana
que esos mineros borrachos,
cerca de la media noche
me fastidian con sus cantos.
Dalí. (Ciorra la ventana y vacWe.)
¿De cuándo acá la alegría
te causa molestias, amo?
García. (Levaatándote.) Desde que sé que soy rico;
desde esta tarde muchacho.
Este pedazo de piedra
— il —
(Saca del bolsillo aa pedr«teo.)
tiene la culpa del cambio.»
Yo he sido siempre feliz
cuando no tenía un cuarto.
Soy español y nací
no sé n,i por qué, ni cuándo.
Llevé vida aventurera
y de crápula y trabajos;
he corrido medio mundo
siempre como ave de paso;
allí dejaba una deuda,
allá una mujer llorando;
en fin, que he sido un demonio,
y ahora me encuentro en el Cabo
este de Buena Esperanza,
de minero trabajando.
Dalí. Pero acabaron tus penas:
hoy eres un potentado;
ese diamante es soberbio^
no hay otro de igual tamaño.
Gakcía. Es verdad. Pero refiere,
¿cómo has podido (encontrarlo?
Cuéntame otra vez... .
Dalí. Pues nada:
subí coa grandes trabajos
la carretilla de arena
que de la mina se extrajo,
y al arrojarla en la criba
sentí que un cuerpo pesado
rebotó en ella; lo cojo,
y mudo quedé al mirarlo;
conocí que era un diamante
entre su ganga encerrado.
Lo guardé, corrí en tu busca
y ahí lo tienes en tus manos.
García. Mi fiel Dalí. (Abrasándolo.)
Dalí. No era mío;
lo encontré en tu mina amo:
es tuyo^ como Dalí
que es tu perro y es tu esclavo.
García. Gomo no tengo costumbre
de ser rico, estoy cargado
— i2 —
de tener este pedrusco;
¿qué te apuestas á que abro
la ventana y se lo tiro
á los mineros borrachos?
Dalí. jQué locura! Señor, oye;
lo que precisa es que huyamos.
Que nadie sepa. .
Garcu. El primero
que ha de saberlo es mi hermano,
mi amigo del corazón;
en cuanto llegue, lo charlo. (TriMieión.)
Pero ya tarda Luis
esta noche.
Dalí. Pues es claro,
al lado de una mujer
el tiempo no se hace largo.
García. ¿De una mujer?
Daij. ¿Qué? ¿No sabes
que está muy enamorado?
¿Que está loco? •
García. No. ¿Por quién?
Dau. Por Berta.
García. ¿Qué estás hablando?
¿Por Berta dices, Dalí? (Pausa.)
Por eso no me hizo caso
cuando la hablé de mi amor.
Le amará, no hay que dudarlo;
entre un ingeniero y yo,
la elección... ¡Voto al diablo!
Dalí. ¿Pues por quidn sino por ella
trabaja tan sin descanso
hace un mes, en este horno
que siempre estoy atizando?
Porque quiere conseguir
un diamante fabricado,
un diamante artificial...
(Está locol ¡Hay que dejarlo!
García. ¿Tú qué sabes? {No te rías,
mi amigo Luis es un sabio!
Dalí. ¡Lo será! pero... señor...
si á esa mujer te ha quitado,
¿cómo le defiendes?
— 15 —
García. Oye:
aunque ligero de cáseos,
tengo un corazón, que vale
más que el diamante que guardo.
¿Me quita la novia?... bueno.
¿Le gusta? Se la regalo:
por mi parte hecha la boda:
lo siento, pero me aguanto,
y aunque yo sufra, quisiera
ser cura para casarlos;
• tanto le quiero... Y escucha
porque le quiero, muchacho. (Pausa.)
Yo fui un mal hijo, sí,
un mal hijo, á qué negarlo.
A mi madre abandoné .
y á mi patria, y de verano.
Hice vida aventurera,
y un día llegó á mis manos
sin saber cómo, una carta:
mi madre estaba espirando.
Lloré primero, después,
ansioso volé á su lado.
Llegué á tiempo, la besé,
su cuerpo cayó en mis brazos. .
(Todo acabó! ¡Pobre madre!
me dije yo sollozando. (Con ironía.)
Mas los curas en mi patria
no entierran cuando no hay cuartos,
(Con entusiasmo.)
Luis, cristiana sepultura
dio á aquel cuerpo idolatrado,
y al rodar sobre la caja
la tierra, sonó aquí tanto, (En «i toma&n)
que pareció que decía
(ama á Luís como á un hermano!
(pausa. Transición.)
¿Lloras, Dalí?
Dalí. (Yendo hacia el horno.) ¡Buona aCCÍÓnl
Gaagia. ¿Dónde vas?
Dalí. Alborno, amo,
que quiero avivar la lumbre.
Garcha. Tienes razón, por si acaso,
— 44 —
que al hacerle Dios tan bueno,
también pudo hacerle sabio.
m
ESCENA II
DICHOS y LUIS por la primera de la izquierda.
Luis. Dalí; retírate, basta,
no alimentes más el fuego.
Gabcia. Hombre, da las buenas noches.
Luis. ¿Estabas aquí?... Me alegro.
Tengo que hablarte.
García. Y yo á tí.
(VolTiéndoie i Dalí.)
Uno sobra.
Dau. • Y es el negro.
(Vage por la tercera de la derecha.)
ESCENA III
DICHOS menos DALÍ
Luis. Antonio, nada te he dicho
de una pasión que alimento,
mas hoy necesito en alguien
depositar mi secreto.
Desde mi llegada al Cabo
en calidad de ingeniero
para hacer sobre las minas
un estudio, el más completo,
no he sido dueño de mí;
una mujer es mi dueño.
García. Pues también por ahí se pueden
hacer estudios mineros.
. Luis. No me interrumpas, y escucha.
Esa mujer de mis sueños....
García. Es Berta Dublín; lo sé.
Tienes buen gusto; me alegro.
Luis. ¿Cómo sabes?...*
García. Esas cosas
se adivinan, majadero.
Y ándate con pies de plomo, (Con sraveató.)
— 15 —
que viven por elja muertos
machos; y uno, sobre todo, (Dánicso totto.)
que está muy bien de dinero.
Ldis. Sí; Lucca el italiano;
lo sé, no le tengo miedo;
quiere el padre... pero ella...
García. (¡Caracoles! un tercero.)
Luis. Pues Antonio, hasta esta noche
no hablé á su padre.
García. Lo creo.
Como que es un padre ese
de padre y muy señor nuestro.
No he visto padre más bruto.
Luis. Le dije mi pensamiento;
que era para mí su Berta
todo en el mundo... y el necio,
¿sabes qué me preguntó?...
García. ¿Que si tenías dinero?
Luis. Yo le hablé de mi carrera,
de mis estudios diversos,
y hasta le dije á ese imbécil
la esperanza de mi invento.
García. ¿El diamante artificial?
Y se reiría tu suegro.
Luis. Me dijo con mofa: «Bien;
en cuanto logre usted eso ..»
García. Y me traiga usté un diamante
del tamaño de... un sombrero,
véngase usté por aquí
y de la chica hablaremos.
Vaya, sé franco, Luis;
vaya, ¿á que te dijo eso?
Luis. Cosa parecida, sí.
|Perdí á mi Berta!
García. Bien; pero
no es para desesperarse;
olvídala, y otra al puesto.
Luis. ¿Olvidarla? No es posible,
querido amigo, no puedo.
García. (Pues resulta amelonado;
es un buen melón de invierno. (Transícióa.)
¡Por Vidal ¡Pobre Luis!
~ 16 —
Y el caso es de los más serios.
Y yo sin decirle nada
de la piedra que aquí ten^o.) (Paaga.)
Oye, Luis... (|Pero qué ideal)
Luis. ¿Qué quieres?
García. Nada. Hasta luego.
Que descanses. (¡Es magnífica!...
¡Si todo lo que yo pienso!...)
Luis |Descanso! No; á trabajar
con entusiasmo en mi invento.
Si resuelvo el gran problema
esta noche, lo veremos.
Garcu. Animo, que lo resuelves.
Nada, hombre, que está hecho.
(íÁ éste le pago la boda
como él pagó aquel entierro!
(Vtse por l« teretra de U derocha )
ESCENA IV
LUIS levantándose y dlHeriéndose al horao. Pausa.
Aún no está el horjv) apagado;
calma corazón y fé;
quién sabe si alcanzaré
ese diamante anhelado.
Y si le llego á alcanzar,
tras de mi gloria segura,
tendré otra gloria más pura
en el ángel de mi hogar.
¡Ciencia, sírveme de guía;
da luz á mi pensamiento
y dé yo al mundo este invento!
(Toca los alambiques.)
iNo! |No es tiempo todavía!
(Se dtrigre al sillón y se recuesta o« él.)
Tarde para mi pasión
se extingue esa llama vaga;
á medida que se apaga,
se enciende mi corazón.
(Queda pensatÍTO, y poco á poco iaclinala caben
y «e qaeda dormido. Preludio ea la orquesta.)
— 47 —
MUTACIÓN
(Sa abre el telón de fondo* Aparece ana caToraa
ó garata, y en sn fondo el brillante tallado. Alegro*
ria: cuadro plástico* Boita Dablía en un salón coa
mlster Dublin, y á tu lado Lula el liq^oaiero» Este
estará representado por una contrafignra*)
ESCENA V
DICHO 7 GARCÍA sinuosamente por la derecha, tdrcer
tórmino.
García. ¡Dormido! ¡Sueña quizás
con su invento soberano!
(Coge el martillo, rompe el matrás ó retorta Ó in-
troduce en él el diamante»)
¡Te pagué la deuda hermano!
¡Sé feliz! ¡Que haga otro más!
(Se retira por la tercera do la derecha, y queda
escondido. Sig^ue la mdsica. £1 telón de fondo se
cierra. Un rayo de sol entra por, la ventana*)
LTJIS* (Levantándose.)
¡Será sueño ó realidad,
ó será mi empeño loco!
(Se dirige al horno, ve el matraz roto, acaba de
romperlo y saca la piedra. Se dirig^e con ella ha-
cia la ventana^ la abre y mira á la luz del día la
piedra*)
¡Es un diamante! ¡Lo toco!
¡No es un sueño! No. ¡Eg verdad!
Mi fe todo lo alcanzó,
¡he resuelto el gran probleiña!
(Vase por la primera de la izquierda.)
García. (Saliendo,)
¡Cada loco con^su tema!
¡Quien lo ha resuelto, soy yo!
(Música fuerte y mutación.)
2
/
— 48 —
CUADRO SSaüNDO
t
U DUMAMTB!
Tvlóa corto* Un {gabinete de paso cd casa de mUter Da*
blin. El carácter de este telón debe ser rástico. Pieles, ar-*
mas, etc., en el telón* Es de día.
ESCENA PRIMERA
. MISTER DUBLtN y LUGGA saliendo por la izquierda.
HABLADO
DuBUN. Nada, nada, amigo Lacea,
de usté será la muchacha.
LuccA* ¿Formalmente?
DvBUN. Formalmente.
Guando doy una palabra...
LuccA. Pero Berta, al ingeniero
ya sabe usted que le ama.
DcBUN. £1 amor en estos tiempos
es una fórmula vana.
¿Guánto tienes? Tanto: eso.
£1 novio que tiene en caja
muchas libras esterlinas,
es el novio que se casa.
— 49 —
LucGA. Entonces, yo soy el novio.
Digo, si no me desbanca
con sn invento colosal,
ese ingeniero camama
qne pretende por la química,
llenarnos de piedras falsas.
DuBUN. Se necesita estar loco
para que anoche, en mi casa
me hiciera la peticióo
formal de que le casara
con mi hija. ,
Luce A. ¡Qué inocente I
DuBLiN. Mire usté que tiene gracia.
Es claro, le eché de aquí
y con cajas destempladas.
LvcGA. Pues según oí decir
esta mañana en la plaza,
ha fabricado un diamante
en esta noche pasada.
DuBUN. ¡Será posible!
LüocA. Eso dicen.
Mas no creo una palabra. (Transieión.)
Me voy á la mina, suegro.
DuBUN. Adiós, yerno.
LvcGA. Muchas gracias.
(Le da la mano y vase por la derecha.)
ESCENA II
DÜBLÍN
Es un negocio redondo:
con éste Berta se casa,
yo manejo ambas fortunas
y no hay quien me tosa, vaya.
— 20 —
ESCENA III
DICHO, MISTER JUSTO, de levita negra, paatalóa
negro, chaleeo blanco, sombrero de eopa blanco con gasa
negra, gaantesy etc. Tipo exajerado de finura, DOS NE-
GROS con maletas, aombrereras, etc.
Justo. ¿Se puede? ¿Da usté permiso?
DuBLiN. Es mister Justo... Adelante.
¿Cuándo se ha llegado?
Justo. Ahora.
DuBLiN. ¿Y viene usté en ese traje?
Justo, Yo no puedo gastar otro,
éste es el más presentable.
DuBLiN. ¿Cuarentas leguas en carro
hizo usté con ese empaqpie?
Justo. Sí señor, cuarenta leguas,
y nada, sin arrugarme.
DüBLiN. ¿Y sin dormir?
Justo. No señor.
Yo no duermo en los viajes,
se echa á perder la pechera
y se arruga mucho el traje,
DuBLiN. De modo que habrá sufrido
molestias incalculables.
Justo. Muchas. Pero todas ellas
han podido soportarse
menos aquel carretero...
¡Qué manera de faltarles
á las muías! ¡Santo Dios!
¡ün sexo tan respetable
como el sexo femenino!
DuBLiN. (¡Qué fino, si va á quebrarse!)
Vamos, que es usted el tipo
de la finura más grande.
Justo. (Transición,) jAy, Jesús, qué ordinariez!
¡Cómo he podido olvidarme!
¿Cómo está usted? ¿y la niña?
¿y su bella y respetable
hermana?
DuBLiN. Todos muy bien,
— 21 —
Justo, ¿Y los negros y los cafres^
DvBLiN. Tan cafres.
Justo. Celebro tanto...
¿Y aquel buldog que al marcharme
quedaba con el moquillo?
DuBLiN. Murió.
Jdsto. {San Roque le ampare!
Le acompaño en la desgracia,
porque un perro ya se sabe
que es el amigo del hombre,
DuBLiN. Si quiere usted cepillarse,
pase usted...
Justo. Gracias, lo estoy.
Llevo aquí lo indispensable
(Sacando de los bolsillos cepillos, ate.)
para hacerme la toilette
hasta en medio de la calle.
DuBLiN. Entonces voy á avisar...
Justo. iQue no se moleste nadie!
No consiento que por mí...
(Vase Bnblfn por la izquierda.)
¡Hijos míos! ¡Dispensadme!
(Fijándose en los nebros.)
¡Cargados con las maletas!
¡Qué olvido tan censurable!
(Salen dos Criado* por la izquierda y eog^en las
maletas á los l7eg^ros que kaeen mutis por la de*
recha.)
Señores, si ustedes gustan,
ahora pueden retirarse.
Yan á salir esas damas.
Me pondré más presentable.
(Saca de los bolsillos cepillo y espejo, y (se atnsa
pelo y bigote, etc.)
ESCENA IV
DICHOS, DÜBLIN, BERTA y MARY por u Uquierd*.
MÚSICA
Berta.
JU'iTO.
Mary.
Justo.
DlíBLlN.
Berta.
Justo.
Mart.
Justo.
Mister Justo.
Señorita.
Mister Justo.
Noble Mis.
Ya tenemos al viajero
de regreso por aquí.
¿Qué tal el viaje?
¡Cosa sin igual!
¿Ha visto usted mucho?
He visto la mar.
y con su permiso
y con su licencia,
si no es imprudencia
lo voy á contar.
Pero si molesto,
me callo y chitón,
yo no falto nunca
á la educación.
En Londres los trenes
van por los tejados,
París está todo,
todo entarimado.
Parecen salones
las calles allí
y todas las mujeres
son tres jolies.
Alli se proteje
tan sólo el trabajo;
la gente de arriba,
la gente de abajo,
corren todos juntos
al mismo ideal:
y allí se administra
de un modo especial.
Todos Ijs gobiernos
— 83 —
I
buscan el progreso;
por eso adelantan^
por eso, por eso..
En ambas poblaciones
la civilización^
llegó al grado supino
de la perfección.
Por eso, por eso,
vale la nación.
(Máry, BerU 7 Publii, repitan)
Justo. De la capital de la Francia
un martes salí,
y el domingo á las tros de la tarde
entraba en Ifadrid.
Siempre allí los trenes
llegan retrasados.
Madrid está está todo
muy mal empedrado:
parecen estatuas
los guardias allí,
y si hay alguna riña
no quieren ir.
Allí no se mira
por el que trabaja,
la gente de arriba
y la gente baja,
por distintos lados,
marcha cada cual,
y allí se administra
á lo concejal.
Todos los gobiernos
tienen poco seso,
por eso se atrasan,
por eso, por eso;
y la pobre España
con tanta filtración,
llegó al grado supino
de la inanición.
Todos. Por eso, por eso, etc.
— 24 —
>
HABLADO
DuBLiN. iPues estará buena España!
Justo. Aquel país vive muerto.
Mabt. Bien. ¿Y qué tal el negocio?
Justo. En Londres lo hice soberbio:
he vendido cada piedra...
En París también fué bueno.
Berta. ¿Y en Madrid?
Justo. Así, tal cual.
Llegué en muy buenos momentos.
Pues me compraron diamantes
unos muchachos... suspensos.
DuBLiN, ¿En qué?
Justo. Creo que en moral.
Maht. Pero misler, ya hablaremos.
Usté querrá descansar.
Berta. Tomar algún alimento.
DuBLiN. Eso se arregla en seguida....
Buena carne y vino bueno...
Anda, Mary, díle á Tom
que haga un rosbeef al momento.
Justo. Señora, no lo permito...
(Coriándoie*la retirada.)
iMuchas gracias, lo agradezco 1
¡Que no molesten ustedes
por Dios á los cocineros!
DuBLiN. Vaya, pues á descansar.
Ande usted.
Justo. Usted primero.
DUBLIN. Es lo mismo, pasaré. (Vase por la Izquierda.)
ESCENA. V
DICHOS, m«Bo. DUBLIN
Justo. (ofreciendo el brazo á Mary.)
Señorita, el honor tengo
de ofrecerle á usted mi brazo'
para ir al otpo aposento.
Mart. Muchas gracias. (¡Justo mío!
No me hables con cumplimientos...
— «5 —
Entre dos que bien se aman...)
Justo. Es verdad; mas me violento,
me parece que te falto
cuando te digo un requiebro.
Y el día de nuestra boda,
á fe de Justo, yo creo
que no he de decirte nada
por no faltarte al respeto.
¡Porque tú eres muj señora
y yo soy muy caballero!
(Medio matis, y do pronto auelU el brazo de Mar j
7 Tuelve hacia BerU.)
¡Pero que Olvidol... (iccUnándose.)
\k sus piésl
Dispénseme si un momento
olvidé la cortesía,
mas como el amor es ciego,
uno no ve á lo mejor...
¡Con su permisol Hasta luego.
(Coge otra voz el brazo á Mar y y vase por la iz*
qaierda.)
Berta. ¡Ay, qué pesadez! ¡Qué hombre,
es lo más cumplimentero!.. •
ESCENA VI
BERTA y LUIS por la derecha.
Lüis. ¡Berta!
Berta. ¡Luis!
Luis. Mi bien amado «
Qué dichoso llego á tí:
la fortuna conseguí;
aquel disin^áute anhelado,
las venturas que los dos
buscamos con noble afán,
ya realizadas están.
Berta. ¿Qué dices? ¡Habla por Dios! (Pausa.)
Luis. Vine tu mano á pedir;
de esta casa rae arrojaron,
de mi ciencia se mofaron;
y pensando hasta en morir.
— 26 —
con pena á mí hogar llegué
y con afán ilusorio
entré en el laboratorio,
víme solo y tuve fé.
Trabajé para alcanzar;
luego el sueño me rindió;
después el alma soñó
lo que encontré al despertar*
¡La ciencia al cabo triunfante,
tú en mi mente, vida mía,
en el pecho la alegría,
y Qn mis manos un diamante!
MÚSICA
Luts.
Berta.
Luis.
Berta.
Berta.
Por fin el cielo
propicio dá
i nuestras almas
felicidad.
Dicha y ventura,
riqueza y amor,
ya nuestro sueño
se realizó.
Mi pecho amante
no se engañó,^
y mi esperanza
se realizó.
Dicha y ventura
por fin logré,
¡ahí qué dichosos
vamos á ser.
Cuántas veces, Berta mía, .
llena el alma de dolor,
al trabajo yo corría
con constancia y con valor.
Cuántas veces, bien amado,
llena el alma de pasión.
De los cielos he implorado
para tí la protección.
Cuántas veces
— 27 —
delirante,
te ha jurado
amor constante
este triste corazón,
y animaba
tu desvelo
por lograr
el puro cielo
que soñaba
mi pasióa.
Tu amor,
tufé,
pagarte
yo sabré.
Luis. Cuántas veces
delirante
te ha jurado
amor constante
este triste
corazón;
y animaba
tu desvelo
por lograr
el puro cielo
que soñaba
' mi pasión.
Mi amor,
mi bien,
mi dicha
ya logré, •
Los DOS. Y el íulce y tierno afán
la dicha de los dos,
por fin, propicio el cielo
por fin nos otorgó.
Mi amor, etc.
— 28 —
ESCENA VII
DICHOS 7 DUBLtN por U isquierda.
HABLADO
DUBLIK. (Vieado i LoU.)
¿Qué es esto? ¡Voto al diablol
¿Aquí otra vez? ¡Señor mío I
Pues cuenta que...
Luis. Perdonad;
yo mi palabra he cumplido
y vengo aquí por la vuestra.
DuBLiN. ¿Cómo?
Luis. Anoche me habéis dicho
que cuando hiciera un diamante
volviese aquí, y he venido.
(Le entrega la pitdra.)
Ved si es falso, y responded
si puedo ser vuestro hijo.
DuBUN. (Pausa.) {Oh, qué asombro, qué ejemplar!
Y TOS... ¿cómo habéis podido?...
Luis. La ciencia todo lo alcanza.
DUBLIN. ¡Vale un fortunón! (Transición.)
;Mi amigo,
no pensé que erais tan sabio t
¡Este diamante es magnífico! '
¿Y podrán hacerse muchos
de este tamaño?.*.
Luis. Lo mismo.
Lo importante aquí es la fórmula;
hallada, todo es sencillo.
DuBLiN. (iEste hombre va á ser un Creso!
¡Roschild será un pobre chico!
¡Es la gran adquisición!
Pero antes yo necesito
cerciorarme de si es bueno.)
Berta. (Ap. á Luís.) (El dinero es su delirio^
no es posible corregirle.)
Luis. (Verás si le corregimos.)
DuBLiN. (Llamando.) ¡Mister Justo! jMister Justo!
— 29 —
ESCENA VIH
Justo.
DUBLIPÍ,
Justo.
DICHOS, JUSTO y MARY
¿Quién llama?
DUBLIN.
Justo.
Todos.
Justo.
Yo.
Á su servicio.
(Reparando en Lois.)
¡Caballero! ¿Cómo va?
Déjese usted de ser fino.
Tome usted. ¿Qué vale eso?
(Le entrtg^a la piedra.)
Señores, con su permiso.
(Saca los lentos, examina la piedA y empieza á
hacer aspavientos. Pansa.)
¡Raro ejemplarl Bien tallado;
según lo que yo colijo
valdrá más de cien millones.
(Cien millones!
¡Claro^ amigos!
Si es más grande que el Koi-^or
que tiene enorgullecido
al tesoro de Inglaterra,
jSi éste es mayor que el magnífico
Gran Mogoll Pues ya lo creo.
¡Si el del Czar es un cominol
¡Si éste es un diamante rosa
de padre y muy señor mío!
¡Ohl ¡qué ilustración tan vasta!
¡Lo de vasta me ha partido!
¡Venga! ¡Venga!
(Recogiendo la piedra á Dablin.)
¡Enhorabuena!
Este ejemplar habrá sido
hallado en su mina.
Luis. No:
. ¡es artificial!
JusTo^ ¡Dios mío!
¿Y quién es el fabricante?
DUBUIf* ¿El fabricante? (Trantlelón. Á Lnls.)
¡Mi hijo!
Mart.
Justo.
DUBLIN.
Justo.
30 -.
£1 esposo de mi Berta
que lo es desde ahora mismo.
Ésta noche los contratos;
el diamante á mi holsillo;
el casamiento mañana;
sí señor, mañana mismo,
¡y en cuanto pase la luna,
á trabajar, hijo mío!
Berta. ¡Mi padre! ¡Qué bueno es!
DdBLIN. (Guardándole 'la piedra.)
Ya lo creo que es buenísimo;
vale más de cien millones.
Justo. Pero señores, yo opino
que se lleve al viejo Jbon
ean piedra, con sigilo,
para que la talle.
DuBLiN. ¡Clarol
LuccA. No hay otro más entendido.
DuBLiN. ¡Yo estoy loco de entusiasmo!
Vaya, venirse conmigo
á casa del tallador*
Vosotros, adentro, y chito.
Vamos...
LvccA. {Hasta luego, Berta!
Berta. Adiós. (Vaie.)
MART. (Aparte á Jasto.)
(¡Vuelve pronto... niño!)
Justo. (Dándola el brazo y acompañándola.)
Hasta después. (Vate Mary.)
DUBLIN. (Cociendo de un brazo á Jasto.)
¡Vamos, hombre!
Justo. ¡Qué ordinario es este tío!)
(Van á salir y entra Lneea.)
ESCENA IX
DICHOS y LUCCA por la derecha.
Lucga. ¡Señores!
DuBLiN. (¡El otro yerno!)
LuGCA. Llego en feliz ocasión,
pues ella me proporciona
f
— 31 ^
el saladar á los dos.
(DlrlgiéndoM á Lois y i Jacto. Á Jaito.)
Dar á usted mi enhorabuena.
Justo. (lueliniadote coa respeto.)
¡Ahí ¡muchas gracias, señor!
LuccA. (Á Luis.) Y á usted, señor ingeniero,
¡mis plácemes! ¡Vive Dios •
que sois un sabio!
Luis. ¡Mil gracias!
LurcA. ¡Hnrra por el inventor
del diamante artificial!
Ha hecho una revolución
en ]a plaza esa noticia.
Luis. ¿Se ha sabido? (Con extrañeta.)
LuccA. Sí señor.
Se supo que esta mañana
al primer rayo del sol,
estuvo usted en la casa
del lamoso viejo Jhon,
el tallador de diamantes.
Luis. Es cierto.
LucGA. £1 cual se asombró
de piedra de tal pureza
y de tan alto valor.
DuBLiN. Se exagera mucho, mucho...
Justo, Pero en este caso, no.
Porque como antes he dicho
es más grande que el Koi-nor
y que él...
DuBLiN. ¿Quiere usté callarse?
Justo. Hasta la respiración
me corta el mal educado.
DoBLiN. Hombre, no sea usté atroz.
Luis. Conque vamos, mister Dublín.
DUBLIN. Vamos. (Media matU.)
LuccA. Un momento: yo (Á Dobiía.)
quisiera que muy en breve
los contratos de mi unión
con mi Berta se firmasen.
Luis. ¿Qué dice usted?...
LuccA. Me otorgó
hace muy poco su mano.
— 32 --.
DuBLiN. Sí, sí... pero es la cuestión...
que ahora... se casa con éste, (por Lnis.)
Que lo he pensado mejor,
que me da la gana, ]ea!
¡Y que esto se concluyó 1
LuGCA. jMistcr Dublínl
DuBLiN. * ¿Qué? Lo dicho. (Á uu.)
A casa del tallador.
LuGCA. Usté falta á su palabra
y nos veremos los dos.
Conmigo no juega nadie.
Lins. Yo soy un buen jugador,
y le acepto una partida,
y veremos, ivive Dios!
quién la gana.
DuBLiN. No hay partida.
El que lo parte soy yo. ( So avaíanxa á él.)
Justo. (interponíóndose.)
iGaballeros! No faltarse...
que es de mala educación.
(DablÍQ vaso por la derecha.)
Luis. (pasando al lado de Lacea.)
Berta me ama. ¡Será mía!
Lucca... Pensadlo mejor. (Vaso.)
Justo. (Pasando cómieamonte al lado de Lacea.)
Señor Lucca... Siento mucho...
LucGA. (Basta!
Justo. ¡Bueno! iServidorl (vase. Pausa.)
Lucca. Sólo queda la venganza,
la tomaré de los dos. (Vase.)
(Música, mataotón.)
— 33 —
CUADRO TERi
»^>^:
DSÜDA I>AOADA
Plaza del Griqaaland. Casas do madera y caña y paja; ár*
boler, etc. £n el telón del fondo montañas fin vegetación.
En el primer término de la derecha tahoraa con mosaay ban-
cos fuera. En el primer término do la izqaierda casa rús"
tica con una maestra qna dice: «Jhon, tallador.» £■ de día.
ESCENA PRIMERA
CORO D£ MINEROS. Vosiirin pontaíón bombacho, bo-
tas altas, camisa y encima chaquetón. El pantalón sujeto
con grandes correas de cuero, sombretos de fieltro anchos;
anos sentados bebiendo, y otros de pió formando corrillos*
VON-BRÜN
«
MÚSICA
Von-Brün. Bebed, bebed.
¡Viva el licorl
fuera las penas
del eorazón.
Coro Minbros. Tiene el minero
trabajador
— 34 —
pecho de cera
para el amor.
|Viva la orgía,
viva el licor,
fuera las penas
del 'corazón!
Brün. No olvidéis con el vino
lo que nos trajo acá. .
Coro Mineros. iEso, jamás!
Ese ingeniero
de los demonios
la pagará.
Pero chitón
y precaución,
que nadie sepa
de los mineros
la decisión.
Si hace diamantes
nos arruina;
hahrá la mma
que abandonar,
y por su culpa
ricos mineros
en pordioseros
se trocarán.
¡No será!
¡Antes á nuestras manos
morirá!
Coro Mineras. (SaUendo por ambos ledo» )
¿Es cierto lo que dicen
por esta villa?
¿Que existe un ingeniero
que ya fabrica
diamantes á granel
de gran valor?
Decidnos lo que ocurre,
por favor. ,
Brün t coro de Mineros. Es cierto lo que dicen,
pero chitón;
que nadie sepa
de los mineros
la decisión.
-35-
Coro Mineros. Con el diamante
qne ha fabricado,
ese malvado
rico será,
y por su culpa
nos perderemos
y nos veremos
pronto sin pan.
|No será!
¡Antes á nuestras manos
morirál
Coro Mineras. £n defensa del trabajo»
de los hijos y el hogar,
es preciso que esta noche
castiguemos su maldiul.
iMaera, muera
el ingeniero
qne arruinarnos
quiere asíl
¡Muera, muera,
muera, sil
Tonos. En defensa del trabajo, etc., etc.
HABLADO
BauN. Pero silencio^ por Cristo,
que todo va á malograrse.
Esta noche aquí á las ocho.
Prudencia y calma. Dejadme.
(Vase «1 Coro^ unos por la taberna y otros por
distintos lados de la plasa. Von-Brnn se sienta
•
Jonto á la mesa de la taberna caando todos han
desaparecido.)
Aguardemos aquí á Lucca.
ESCENA ÍI
DICHO y LÜCCA
Brun. ¿Qué tenemos? Bien tardaste.
LüGGA. (senUndose.) Lo del diamante es on hecho»
— 36 —
Ese viejo miserable
casa á Berta con el otro,
y yo me quedo en la calle.
Brun. ¡Buena fortuna te quita
el viejo DubliQ, tunante!
LuccA. Pues no me importa, Von-Brun;
lo que yo quiero es vengarme.
¿Cuento contigo?
Brun. Pues claro.
El pueblo en estos instantes
está, que con una chispa
el incendio es formidable.
LrccA. Pues hay que encender los ánimos,
y decirles, que si hace
el ingeniero más piedras,
su ruina es inevitable.
Brun. ¡Eso piensan 1
LiTccA Y es lo cierto.
Ahora yo, por otra parte,
contigo, á nuestro negocio.
Es preciso apoderarse
del viejo Jhon.
Brun. ¿Para qué?
LüccA. El va á tallar el diamante;
Dublín con el ingeniero
dentro de breves instantes
llegarán; se han detenido
en casa de mister Draque,
el jefe de policía.
En cuanto caiga la tarde,
tú, con dos buenos amigos,
vienes para apoderarte
del viejo.
Brun. ¿Y si se resiste?
LuGCA. La mordaza y maniatarle.
Preparados dos caballos;
tus dos amigos^ á escape *
con el viejo y con la piedra,
pues es fuerza que la tall^
á mi casa en Kimperley;
que de vista ni un instante
le pierdan .
— 57 —
Brun. Muy bien pensado.
Luce A. Que no vaya á malograrse-
el plan por una imprudencia.
Bhün. Todo se hará cual mandaste.
Luce A. Sin el diamante no hay boda.
Brun. Fabricará otro al instante
puesto que tiene el secreto.
Luce A. ¿Y cómo ha de fabricarle
sin laboratorio?
Brun. . ¿Cómo?
LuccA. Porque ese, esta noche, arde,
Brun. Te comprendí, vales mucho.
(Lovantándose y dándose las manos.)
Luce A. Veremos lo que tú vales.
Brun. Adiós, Lucca.
Luce A. Adiós, Von-Brun.
Bru>. Hasta luego, (vaso.)
LuccA. Buenas tardes,
(Lacea vuelve á sentarse, llama y un mozo lo traen
un vaso de Qll^i bebida ingesa.)
ESCENA m
.DICHO, ANTONIO, GARCÍA y DALÍ
García. Dalí, paga al tabernero
sesenta boks de cerveza
que le debo hace seis meses.
No conviene dejar deudas...
una persona decente
debe pagar lo que deba (Dándole dinero.)
Dalí. ¿Le doy propina, señor?
García. Que se quede con la vuelta.
Dalí. Falta un pico.
García." Pues por eso.
(Vase Dalí por la taberna.)
ESCENA IV
DICHOS, menos DALÍ
García. Mi decisión está hecha.
— 38 ~
Dos caballos esta tarde,
y con el negro á ver tierras.
Seguir mi vida de siempre^
mi gran vida aventurera.
¿Qué hago yo aquí? Luis se casa,
á mí me va á dar dentera
si asisto á la boda, vamos;
ya le he pagado la deuda...
Nada, nada, de verano...
Griqualand, hasta la VQelta.
(Va á salir y le detiene Lacea.)
Luce A. Hola, García,
García. (Acercáodoee i la mesa.) AdiÓS, LuCCa.
¿Qué se hace? ¿Se refresca?
LüccA. Tomando un vaso de gin,
¿Quieres otro?
García. Bueno, venga. (Sentándose.)
LüccA. Pero vas á pagar tú
porque estás de enhorabuena.
García. Yo, ¿por qué?
Luce A. Tu buen amigo
te señalará una reiita. (Con ironía.)
Como fabrica diamantes,
hará todos los que quiera.
García. Á millones, ya lo creo...
iTodo lo puede... la ciencia!
LuccA. Y díme, ¿esta noche irás
como todos, á la ñesta
de casa de Mister Dublín?
García. Yo ya no estoy para juergas
como dicen en mi patria.
Muy pronto, en cuanto anochezca,
salgo andando.
LuccA. ¿Para dónde?
García. Toma, para donde sea.
Á recorrer el Transval,
me harté de vida minera.
Yo soy libre como el pájaro,
que cuando le agrada, vuela.
LuccA. ¿Y vas solo?
García. Con el negro.
LuccA. ¿No ves á Luis?
— 39 —
García. ^ No me deja
marcharme, si yo le veo.
LucGA. (iOhl ¡qué magnífica idea!)
García. (¿Verlos casar?... Eso no;
para eso no tengo fuerzas.)
ESCENA V
DICHOS y] DALÍ
Dalí. Todo corriente, señor.
García. Á casa por las maletas.
Lucca, adiós.
LuccA. Adiós, García.
García. Griqualand, hasta la vuelta.
(volviéndose i Laeca*)
A los que les debo algo»
que volveré... cuando vuelva.
No les pago, porque así
sabré que de mí se acuerdan,
y eso siempre es un consuelo.
Conque abur, lo dicho, ¡ea!
(Vanse García y Dalí.)
ESCENA VI
LUCCA íoio.
Todo se presenta bien:
la marcha de éste, la fiesta,
los Mineros en motín;
tendré victoria completa.
(Vase por la taberna.)
ESCENA VII
MISTER JUSTO y MISTER DRAQUE, jefeUe poli
cía inpleía. Este personaje llevará g'afas ahumadas.
Justo. Los ladrones, son gentuza
que se entran sin cumplimientos
y sin permiso en las casas;
— 40 —
forzoso es que aseguremos
la casa del viejo Jhon.
Draque. No hay cuidado, caballero;
el jefe de policía
os da palabra de ello.
Justo. Hay que tener mucha vista.
Draque. Sí señor, y yo la tengo.
Justo. ¿Con esas gafas ahumadas?
Draque, Esto es porque íiace ya tiempo
padecemos de oftalmía
los individuos del cuerpo.
ESCENA Vm ,
DICHOS, DÜBLIN y LUIS por la derocha.
DUBLIN. (Leyendo la maestra.)
Jhon, tallador. Ya llegamos.
Luis. ¿Estará en su casa el viejo?
DUBLIN. Sale poco. (Á DubUn.)
Ya le he dicho
al señor jefe, que creo
que aquí lo más oportuno
es custodiar...
DüBLiN. Bueno, bueno.
Cállese usted.
Justo, (incomodado.) Ya me callo
DuBLiN. Es usté un pesado.
(Á Lais y á Draque haciéndoles entrar en casa
del tallador.)
Entremos, (vanse.)
Justo. (viéndolos entrar. Paa^a.)
No le digo que es muy bruto;
pero conste que lo pienso.
MUTACIÓN
— 41 —
GUADRa CUARTO
VNA TBAIdÓIff
Telón corto* Interior de ana casa rústica on casa de Jhon
ol tallador. Ventana grande pI foto, qua da al campo.
Empieza i anochecer desde el principio de este cuadro.
ESCENA PRLMERA
DÜBLIN, LUIS, JUSTO y DRAQUE, por la .io.«h.,
y JHON por la izquierda.
Los CUATRO.
Jho>*.
Los CUATRO.
Jhon.
Los CUATRO.
Luis.
DUBUN.
MÚSICA
¡Ah de casal
¿Quién va allá?
¡Todos, somos amigos!
Señores, ¿y qué tal?
Muy bien nos va.
Es nuestra visita
de lo más formal;
aquí hay una piedra
sobrenatur al.
Un rico diamante,
pero artificial.
Es de tal tamaño
— 42 —
que hay que saludar. (Saiadae todos.)
Justo yDaÁQUE. Y como es tan grande
él lo viene |
yo lo vengo ( * custodiar.
Jiiox. Y yo lo recibo
con sati-sfacción,
esto es una honra
para un tallador.
Todos. [Síseñorl
DcBUN. Y para su dueño
es gloria mayor,
Justo. Y archipislonuda
para un servidor.
Lris. Y mucho más grande
para su inventor.
Todos. Y hasta espeluznante
pora el guardador,
¡Si señorl
Que conste asi.
Luis. No tiene igual,
Jhon. Monumental.
Justo. Piramidal.
DuBLiN. Es colosal
Todos. Y tal y tal.
Guidadito,
despacito,
no se vaya á desgraciar;
mucho ojo
que el tallado
ha de ser muy especial.
£s colosal,
piramidal.
Precaución,
discreción
y al que robarlo intente^
ipiml ¡pam! |pom!
HABLADO
DüBLix. Ya sabéis, mi viejo Jhon,
— 43 —
el valor que deposito
en vuestras manos.
Jhon. Lo sé,
y quedaréis complacido
de mi trabajo. Esta piedra,
que es de un valor infinito,
un bello diamante rosa,
tallarla bien es preciso;
pero tengo que tardar.
Ahora bien, yo necesito
una guardia en esta casa.
Luis. Kso ya estaba previsto.
DuBLiN. Perfectamente. Pues vamos. (Á Luí».)
Justo, (á todos.) Señores, no lo permito.
Si ustedes tienen que hacer)
vayan en buen hora, amigos;
pero yo me quedo aquí
mientras esos individuos
de la policía vienen.
Cuando lleguen, me retiro,
entretanto velaré
por el gran excelentísimo
diamante que nos ocupa.
Márchense ustedes: he dicho.
Luis. Muy bien pensado.
Draoik. Está bien.
DUBLIN. (Dándolo U mano y apretindosaU.)
Eso le honra á usté muchísimo,
muchas gracias.
Justo. (Hacíondo gestos.) ¡Basta, hombre!
(Vanse todos monos Jasto 7 Jhon.)
Me ha dejado sin servicio
la mano derecha.
Jhon. ¿Cómo?
JusT^ De un apretón;- si es tan fino,
que hasta cuando da la mano
da una coz el pobrecito.
— 44 —
ESCENA II
JUSTO y J HON
JiioN. Ahora vamos á guardar
la piedra en sitio seguro,
en mi taller, y dispense
si lo encuentra usté algo sucio;
porque he tenido alhamíes
y aún andan por allí algunos
utensilios del oficio;
espuertas de yeso, cuhos.,.
Ji:sTo. No importa, tendré cuidado.
JiiON. Hombce, como usté es tan pulcro,
se lo advierto.
JrsTo, Muchas gracias.
(Por precaución yo me suho
los pantalones.)
Jhon. Entremos.
JrsTO. Primero usté. Yo el segundo.
(Vanso por la izquierda.)
ESCRNA III
VON RRUN por la ventana, y á poco dos ou mascara Jos.
BrT.N. (Apareciendo y miran<lo.)
jNadiel (Saltando la ventana.)
Estará en el taller.
(Se dirig-o á la izqnioi'da.)
¡Con él está mister Justo!...
jQué contratiempo!.,.
(Se dirig'C á la ventana y hacu señas.)
Subid.
Si el fino chista, lo esnuco.
(Entran los enmascarados»)
Adelante. Ya sabéis,
por la ventana del muro
que da al campo, con el viejo...
De lo demás, yo me ocupo.
(Vanse por la izquierda. Se oye dentro roído, y
dos gritos ahogados. Todo instantáuoo.)
— 4o —
ESCENA IV
MISTER JÜSJO lleno do yeso la cora, cabeza y todo
el traje.
Justo ¡Ladrones! iPillos! ¡Tunantes!
jAy, Jesús, cómo me han puesto!
¡Horror! Me han tirado al rostro
toda una espuerta de yeso.
Me han cegado, y en resumen,
que se llevaron al viejo
con el diamante, y á mí
que me han dejado indefenso.
Prefiero mejor un tiro
á que me manchen. Mas debo
avisar á lodo el mundo
por si aun podemos cogerlos.
Pero antes voy á vestirme,
porque así no me presento,
(Va á salir por la derocha.)
KSCENA V
DICHOS y POLISMAN 1/ y 2." por la derecha.
PoL I.'* ¡A sus órdenesl
Justo. Muy bien,
llegan, como siempre, á tiempo.
Vengan ustedes conmigo.
Nos robaron.
PoL. 1.* No podemos.
Venimos á custodiar,
¡Custodiemos!
PoL. 2."* ¡Custodiemos!
(Dan media rnelta y vanso por la izquierda.)
Justo. ÍLes mira marcharse, y dice despaés.)
¡Imbéciles! Les falté»..
¡Pero con éstos no peco!
(Vase por la derecha.)
MUTACIÓN
I
- 46 —
GÜADBO QUINTO
U INCENDIO
Gran Balón de baile en la casa rúitlca de mister DabHn*
'Arañai oncendldtt» pioles, armas, etc» Todo lo qoe dé ca-
rácter i U cata de un minero en el Cabo de Baena Espe*
raasa. Puertas laterales. Al fondo, frau balcón, terraza de
cristales con plantas, etc. Es de noche.
ESCENA PRIMERA
DÜBLÍN, BERTA. MARY, LUIS, CONVIDADOS,
CORO GENERAL. Vestirán trajes sencillos á la moda
inglesa, y les hombres lo mismo, sin gran etiqueta»
MÚSICA
G. GENERAL. Sea enhorabuena
mil felicidades
dé Dios á los novios
que á casarse van.
£1 novio es apuesto
la novia muy bella,
y no hay dos cual ella
en el Griqualand.
A felicitarlos
— 47 —
venimos acá.
Dios les dé á los novios
la felicidad.
HABLADO
Dl'blin. ¥o, señores, agradezco
todas las enhorabuenas
que me dais por esta unión.
Caro yerno, pocos llegan
á conseguir lo que tú.
Luis. Cierto, victoria completa.
Un ángel y una fortuna;
sólo soy feliz por ella. (SoiaU á Berta.)
ESCfiNA II
DICHOS y JUSTO vestido de etiqueta, por la derecha.
DvBLiN. Pero ese ave de rapiña,
es decir, ese escribano,
¿cuándo viene?
Justo. , Buenas noches.
(Entiando muy ag^itado i dirigiéndose á loa se"
ñoras»)
Les beso á ustedes las manos.
(Á los caballeros.)
Y á ustedes beso los pies.
Luis. ¿Mas por qué tan sofocado?
Berta. ¿Qué le pasa?
DüBLiN, ¿Qué sucede?
Juflro. Oigan ustedes el caso.
Dos cargaron con el viejo.
otro me puso hecho un trapo,
y en fin, yo lo siento mucho...
lel diamante lo han robado!
(Sensacióa general.)
DuBLiPc. ¿Quién?
Luis. ¡CieJosI
BkRTA. ¿Cómo?
Maht. ¿Qué dice?
DuBLir^. ¿Pero cuándo ha sido?
— 48 ~
Luce A. ¿Cuándo?
Ji'STo. Hace una hora no más,
tiempo que he necesitado
para arreglarme y vestirme.
DuBLix. ¡Una hora! ¡Mamarracho!
Justo. ¿Delante de tanta gente
faltarme á mi? (Retlrándoge á un Udo.)
Mary. [Justo amado!
Justo. ¡Qué hermano tienes!
DuBLiN. ¡A ver,
la policía del Cabo!...
Justo. Sí, para bastante sirve.
Crudo. (Por laderoeba.)
¡Señores! El escribano.
DuBLiN. A la calle, que no entre.
Ya no hay boda ni contratas...
Lo que quiero es el diamante.
Berta. ¡Luis mío!
Luis. ¡Pierde cuidado!
DuBi.iN. ¡Ah! Ya conozco al infame...
(Entran por la derecha Luoca, Von-Bran y un.
Minero.)
Es Lucca el italiano
el que nos hizo, traición.
ESCKNA iil
DICHOS, LUCCA, VON-BRÜN y MINERO
Luce A. No; Lucca es un hombre honrado.
(Sensación general.)
Cuando me enteré del robo,
pensé lo que está pasando;
que á mí se me acusaría,
y puse en averiguarlo
todo mi empeño. Yo sé
quiénes fueron los malvados.
DuBUN. ¿Quiénes?
Luce A. Antonio G^ircía
y el negro Dalí.
Luis. Rechazo
esa acusación infame.
- 49 -
BauN. Los hemos visto á caballo
internarse por la selva.
Minero. Y yo les vi que sacaron
las maletas de la casa.
Brün. y esta tarde cuando estábamos
bebiendo gin en la plaza
nos dijo á todos, me marcho
y se despidió.
Minero. Verdad.
Berta, (á Lni».) Me habló de amor, no hice caso,
rechacé sus pretensiones, '
y no dudes, se ha vengado.
Luis. Imposible, no lo creo.
DüBLiN. Pero vamos á buscarlos.
Justo. Tiene usted mucha razón.
Sí señor, yo le acompaño.
DUBUN. (Pe|r¿ndole ua empujón.)
Quítese usted de mi vista.
Justo. (Me falta hasta con las manos.)
Litis. Si es cierto, perdí un amigo:
Mas señores, ¿á qué tanto
pensar en persecuciones?
Si él fué, yo se lo regalo,
y quien hizo aquel diamante
puede hacer otro. (Todrs agianten.)
DUBLIN. (Aleyrándoge. Paasa.) ¡PueS clarol
¡Qué tontos fuimos! ¿Verdad?
En seguida el escribano.
Rafdo dentro de mueras, etc.)
¿Pero qué es eso?
{-'^- ¿Qué pasa?
LüCCA, (Corriendo al balcón-terraw y abriéndole. Sé re
decoración de calle rústica de Crlqaaland, y qq
edificio al fondo envuelto en^Uamas eompIeU-
mante.)
¡Es el pueblo amotinado
que incendia el laboratorio!
Luís. iMiserables! (Corriendo al balcón.)
Berta. ¡Cielo santol (Dosmayándow.)
-80 —
MÚSICA
Todos. ¡Qué horror! ¡Señorl
jYa todo concluyó!
La dicha que reinaba
en pena se trocó.
Coro. (Dentro.) En defensa del trabajo
de los hijos y el hogar,
castigaemos del infame,
castiguemos su maldad.
Muera, muera, el ingeniero»
que arruinarnos quiere así.
Muera, muera.
Muera, sí.
Luis. |Seca el llanto, vida mía,
que me mata tu dolor;
la ventura que se aleja
más enciende mi pasión!
Berta. Este llanto, bien amado,
no lo causa mi dolor,
que por tí tan sólo lloro
pues te hiere la traición.
CONCERTANTE
Luis. Seca el llanto, vida mía,
que me mata tu dolor,
la ventura que se aleja
más enciende mi pasión.
Berta. Este llanto, bien amado,
no lo causa mi dolor,
que por tí tan sólo lloro,
pues te hiere la traición.
DuBUN» Esos viles, al robarme,
se llevaron mi ilusión;
para siempre se borraron
mis ensueños de ambición.
LuCGAy VoN-BrUN y MlNEROS.
La venganza que buscaba
ya mi pecho la alcanzó;
para siempre, yo he deshecho
— 81 —
la ventara de los dos.
Justo y Mabt. La venganza que buscaban
la ba logrado el traidor;
para siempre, él ha deshecho
la ventara de los dos.
G. GENERAL. Á alcanzar el premio iba
la constancia de los dos;
tornadiza la fortuna
la ventura les robó.
Luis* . (Desprandléadose da los brazos de Berta.)
Mas ya que la desgracia
nos quiso herir asi,
sigamos á los viles
del mundo hasta el confín.
La gloria de mi invento,
las dichas de mi amor,
reclaman que marchemos
en busca del traidor.
Todos. Las glorias de su invento,
las dichas de su amor,
reclaman el castigo
del vil y del traidor.
(ÁTftnxftndo.)
Á partir,
á marchar,
ni un punto
descansar.
Corramos
tras del vil;
castigo
á su maldad.
T el diamante
que á la ciencia
supo un hombre
arrebatar, .
de las manos
de esos viles
es preciso
recobrar.
— 82 —
¡Á partir,
á marchar!
(Gran «onfosiÓD; se oyen roces dentro y gritos de
{mneral EL ineandio sig^ae Tiéndese 4 través del
fran balcón; todos los personajes, salea por dis-
tintos lados. ▼ cae el tal¿n.)
tintos lados, y cae el telón.)
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
CÜADBO SEXTO
[A T&AViS VS3L TBMHSVUai
Grandes montañas ilnminadas por el sol poniente. Colinas
todas practicables j con rampas^ arraneando d«sde la
coarta caja hasta el segando termine inclnsive. En el
primer término de la derecha ana granja de Boers-holanr
desea con sn pequeño jardín 4 la entrada. Á la isqniar*
da nn gran árbol con nn banco al pié.
ESCENA PRIMERA
DÜBLtN. BERTA, HART, LUCCA. BRUN, JUSTO
y nn GÜIAl salen por la isqnlerda y como si bajaran de an
carro donde yan las maletas; dicho carro so supone está á
la isqnierda, al pié de las montañas.
MÚSICA
Gnu. ¡Alto!
Justo. ¿Qué es esto?
- «4 —
OUBUN.
¿Llegamos ya?
Guia.
Esa es la Granja
(SeftaUndo á la derecha.)
del viejo Gratid.
Bebta.
Pues bajemos
y en ella podremos
al fin descansar.
(Uegpan todos á la pnerta.)
Todos.
¡Ah, de la Granja!
Grand. (Saliendo.) ¿Quíén llama?
Todos. Viajeros
ingleses. Mineros
del Griqualand.
JviSTO. Aquí es decantada
la hospitalidad.
Para presentarse
debe cepillarse
todo caballero
con educación. (Saca nn cepUto.)
Yamos^ míster Dublin,
haga usté el favor
de limpiarme por la espalda
la levita y pantalón.
DUBLIN. (Empajándole.)
¡Yaya usté al demonio!
Justo. ¡Siempre tan faltón!
(Se oye dentro músiea deTlolinos.)
Berta, ¿Qué música es e$a?
¿No escucháis?... ¿Oíd? ;
Justo. Estas son costumbres
viejas del país.
Aquí se recibe
siempre con violín...
Son muy musicales
las gentes de aquí.
ESCENA II
DICHOS, 7 por la granja taleti ALBCRTA GRAND
f BOEéRS» tocando el TÍolin.
Alb. Salud á los viajeros
que acaban de llegar.
— 88 —
Grand, , Me doy la enhorabuena
de verlos por acá.
Coro de señoras.
Salud á los viajeros
que acaban de llegan
Coro de hombres.
Tenemos mucho gusto
en verlos por acá.
(Rodean ¿ los TiajerosT.)
Viajeros. ¿Señores, qué es esto?
¿Por qué tal recepción
y al son de los violines
bailáis en derredor?
Alé. Estas son costumbres
viejas del país.
Aquí todo se hace
tocando el violin.
Oíd, oíd.
Cómo el violin
dá la expresión,
del sentimiento
del corazón.
y como aquí ,
todo es verdad,
siempre el violin
en juego está.
Guando nace un chiquitín
suena el violin,
cuando dos se casan bien,
á la iglesia van con él.
Que se muere un mfelíz,
le acompañan con violin.
Con violin se ofrece
la hospitalidad;
aquí á todas partes
con violin se va.
Porque es el violin
la fiel expresión^
de los sentimientos
de un buen corazón.
(imitando el violin.)
Tai, taí^ tai,
— 86 —
Todos.
Grand.
Justo.
Todos.
el arco por acá.
Tai, etc.,
y el arco por aquí.
Tai, tai, etc.
Estas son cosumbres
en esta región.
¿Cuáles son las vuestras?
Tocar el violón.
Oid, oíd,
con atención
lo que en España
he visto yo.
Como el violón
da la expresión,
del sentimiento
del corazón.
Y como allí
nada es verdad,
siempre el violón
en juego está.
Si se casa un ochentón
suena el violón.
Se subleva don Manuel,
el violón detrás de él.
Si hay alguna discusión,
todos locan el violón.
Con violón se vive
siempre por allá;
es el inslrumento
que se toca más.
Porque es el violón
la fiel expresión,
de los infelices
de aquella nación»
Tai, tai, taó,
el arco*por acá,
tai, tai, taó
y golpe de violón»
• Tai, tai, etc.
Aquí con violín,
allá con violón, ^
— 57 —
cada uno toca
según su afición.
HABLADO
Viejo. Podéis disponer de todo;
de mi persona y mi granja.
Alb. Somos BoerS'holandeseSf
y nadie en esta comarca
ni á hospitalarios nos vence
ni á francos nos aventaja.
Berta. Y yo en el nombre de todos
os doy expresivas gracias.
Viejo. La norma aquí es la finura,
con finura se agasaja,
con finura se recibe.
Justo. (Pasando.)
Entonces, yo soy de casa.
(Saladando al TÍejo.)
¿Cómo esta usted? ¿Y la niña?
Es una rosa temprana.
' ¿Y la familia, qué tal?
Viejo. Todos buenos, muchas gracias.
Justo. Tengo un placer...
Viejo. Tengo un gusto. .
Justo. Mandeusted.
Viejo. Usted me manda.
Justo. Justo Bloquer, Mikir-Maken.
Viejo. Jacobo Von-Grand y Makas,
DuBLiN. Se encontró con otro fino.
{Nos hemos lucido! ¡Basta!
Ale. Señores, á descansar.
Viejo. En seguida, no fal taba. . .
Arreglarlo todo, todo.
Luis. (Á Berta.)
Berta querida, descansa.
Berta. Hasta luego.
Mary. (ÁJu8to.) ¿Tú no vienes?
Justo. Me quedo por si hago falta.
(Vanso Al berta, Berta, Mary y el Coro por la
f^raojtt.)
— M —
*
ESCENA III
DICHOS meaos lo« anterioret*
Viejo. ¿Y vosotros? ¿no queréis
honrar mi casa, señores?
Ltis. Con mucho gusto, mas antes
queremos nos proporcione
noticias de dos viajeros
que aquí debieron anoche
detenerse, procedentes
de Portchesftron.
Viejo. Sí, dos hombres.
DuBLiN. De diferente color.
Lvis. Los cuales, según informes,
atraviesan el Transvaal,
viajando en un carricoche
del que tira un avestruz.
Viejo. Son los mismos. Sí, señores.
Uno español muy simpático.
Nos dedicó unas canciones
que empezaban con... ¡tu madre!
Y acababan... lOlé, olél
Luce A. ¿Y el otro era un negro?
Viejo. Sí.
DvBLiN. ¿Y aquí pasaron la noche?
Viejo. Unas dos horas escasas
estuvieron, se conoce
que viajan con mucha prisa.
Luce A. Como que son dos ladrones
. que venimos persiguiendo.
Luis. (No puedo oir que ese hombre
llame ladrón á García.)
Viejo. Fácilmente se les coje.
Pues si llegan al Limpopo,
y sus vados no conocen,
se quedan en sus orillas
y los caires me los cojen;
los encierran por espías,
los ceban y se los comen.
Justo. ¿Pero el bistek personal
— 59 —
Justo.
Viejo.
Justo.
VlBJO.
Justo.
Viejo.
es de moda entre esos hombres?
Viejo. No señor. A los espías
dan tratamientos feroces,
pero son muy buenas gentes,
muy finos y servidores.
¿Fino*? Vestirán de^ negro.
No visten.
¿No? ¿Pues entonces?
No necesitan vestirse;
son negros como tizones.
£1 color ya es de etiqueta,
menos mal. Y esos señores
¿están muy cerca de aquí?
Tan cerca, que algunas noches
andan por esas montañas,
y lo que pueden lo cojen;
pero no hacen daño á nadie.
¿Y diga usté?...
iBasta, hombre!
(Á lot demás.)
Bien pronto estarán cogidos.
Ahora, dejad que reposen
las señoras, y después
entrada la media noche,
emprendemos el camino.
LucGA. Pues á descansar, señores.
Von-Brun y yo velaremos,
OS preciso que se compren
ahora mismo los caballos. .
Es verdad.
Mas eso corre
de nuestra cuenta.
Hasta luego.
Hasta pronto.
(Vansa por la ^anja con el Viejo Grand.)
Buenas noches.
(Acercándose.)
Si ustedea juzgan que yo
puedo ser útil... Entonces
ni tomo nada, ni duermo,
y me tienen á sus órdenes.
LuGGA. No señor.
Justo.
DUBUN.
Luis.
DUBLIN.
Brun.
Luis.
DUBUN.
Luce A.
Justo.
Bruh.
Justo.
— 60 —
A descansar.
Mi ofrecimiento^ que conste. (vm«.)
ESCENA IV
LÜCCA I VON-BRÜN
Brun
Cada vez te entiendo menos
Lucca, ¿cuáles son tus miras?
Salimos del Griqualand
persiguiendo á ese García
que nosotros acusamos,
y al cual esta noche misma
quizá le daremos caza;
¿qué vas hacer cuando él diga
que es inocente? ¿A ver, díme?
LuGCA . Tienes muy poca malicia.
¿Vistes con qué habilidad
me introduje en la familia
hasta hacerles ver que yo
por mi dignidad, debía
venir en la expedición
y los convencí en seguida?
¿Tistes como á tí también
te propuse para guía
por conocer el país
diciendo que útil serias?
¿Vistes como á mister Dublín
convencí, de que su hija
estaba expuesta á peligros
en ^1 Griqualand, en vista
de la actitud que tomaron
los obreros de las minas,
y en contra del ingeniero
el viejo trajo á la niña
á pesar de los obstáculos
y de todas las fatigas?
Pues si viste todo esto,
¿cómo dudas todavía
de que yo tenga mi plan?
Antes de que raye el día
he de verlo realizado.
— 61 —
Bruw.
jComo no le comunicas!...
¿Qué es lo que piensas? •
Luce A.
¿Qué pienso?
Mostrar amistad sencilla;
comprar ahora los caballos,
é internamos en seguida
en los matorrales; luego.
con tu ayuda y mi pericia^
robar á Berta, y después
á Kimperley.
Brun.
¡Por mi vida,
que te honra mucho ese plan!
Con el diamante y la chica...
LUCCA.
Es completa mi venganza.
{Silencio, por si vigilan!
El ingeniero conmigo...
Brun.
Noté que bien no te mira.
LVCCA.
¡Ya las pagará ese necio!
¡Vamos!
Brvn.
La caballeriza
-
de Pedro Grind está cerca.
Lusca.
Pues anda delante. Guia. (Vsnie.)
ESCENA V
MISTER JUSTO por la c^ftnja, con ana eaja debajo d,al
braso.
Ahora que no me ve nadie,
voy á hacerme la toüette.
Saldremos á media noche,
y un hombre de mi jaez
debe presentarse limpio.
Aquí no molestaré.
(Coloca la eaja en el banco que hay debajo del ár-
bol. Paoaa.)
Me quitaré la levita
y el chaleco. No está bien
quedarse en paños menores;
pero aquí nadie me ve. (Pausa.)
Gomo no hay bastantes camas,
me tocó dormir con el
— 62 —
estúpido mister Dublín.
Yo con un hombre qae es
tan ordinario... jIm{iosi¿le1
Voy á abrir el neceser
á ver si me falta algo. (Abriéndolo.)
Está como lo arreglé.
Cuatro barras de cosmético,
colonia, agua de Suez,
pomada de lirio verde,
peines, cepillos: muy bien;
todo en orden, todo en orden;
¡como yo... vamos, no hay tres!
(Múaica piano en la orquesta. Van aparaeicndo por
laa colinas cafres negros. Sacan las maletas y ob*
jetos que figpnran estar en el carro. Caatro.de ellos
reparan en Jaste y bajan «i ganosamente en el mo-
mento que se Indiqoe.)
jYoy á darme de jabón!
Primero me afeitaré;
sin luz, yo me afeito al tacto;
V por cierto que una vez
recuerdo que al afeitarme
tanta carne me corté,
que si hay allí un cocinero
le sobra para un bistek,
(Se da de jabón. Pansa.)
Vaya, ya estoy jabonado. (Cogo la navaja.)
Vamos. Una, dos y tres.
(En este momento han bajado ya los cafres y co*-
gen á Jnsto y se lo llevan; otro cogpo el neceser y
la levita y el chaleco.)
¿Pero qué es esto? {Los cafres!
Señores, ¿pero por qué?...
¡No faltarme! ¡Me digieren,
me digieren de esta vez!
MUTACIÓN
^63 —
CÜAD&O SEPTUaO
LOPSPS
Sflra corta. Orillas del Limpopo* Primer Urmino de la de-
recha serie de eaba&as de cafres; las dos primeras practica-
bles* Primer término de la itqalerda, naos matorrales espe-
sos de poca altara; lo bastante para ocultar Tarias personas*
Bi d^ noche*
ESCENA PRIIIERA
LOPEPE y CORO DE HOMBRES (cafres nebros) que
salen por detréi de los matorrales*
MÚSICA
Cobo* ¡Saludl loh, gran Lopepe,
caudillo de este kraall
la orilla del Limpopo
tranquila está«
Retoño de la loba
ta cuerpo esbelto es,
tu voz es la armoniosa
del ave del Mambé.
Salud al vencedor
del fiero Nomafú,
!
t I
— 64 —
al hijo de Sobusa,
al rayo de la luz.
LoPEPE. Hijos del búfalo
y del leopardo,
el kraal os brinda
paz y descanso.
Capaes. ( Dentro*. )íLopepe I ¡Lopepe!
ESCENA II
DICHOS y MISTER JUSTO en mangas de camUa y con
sombrero de eopa paetto. Despnós OCHO CAFRES coa las
maletas abiertas, levita y neceser da mister Josto.
Justo. . iSeñorl iSeñorl (Mirando i Lopepe.)
Éste es, por las trazas,
un gobernador.
Cafres. Nieto del Mavinki,
sol de rayos mil,
del esclavo blanco
este es el botín.
(Tiran i los pies de Lopepo las maletas abiertas.)
Justo. Tened más cuidado
que cuesta el dinero.
(Estos son salvajes,
perb verdaderos.)
Lopepe. ¿Quién eres? (Á Josio.) Vosotros
el botín coged. (Á ios Cafres.)
JfJSTo. Merienda de negros
mí ropa va á ser.
No lo quiero ver. (Á Lopepe.)
Yo soy mister Justo,
todo un caballero
muy fino y cortés.
Me ban cogido estos,
y aquí me han traído,
yo no sé por qué,
ni para qué.
(Lcs Cafres se han repartido camisas, toballas, ame-
ricanas, etc., y se las ponen de distintos modos
por la cabeza, etc. Lopepe se pono la levita do
mister Jasto.)
— 68 —
Coro. (Saltando y haciondo contorstonet.)
lAhüI iAhü! ¡AbúI
Mavinki y Nomafú.
¡Ahéi jAhél (Ahé!
* Bassato de Mambé.
Justo. Si sigue el reparto,
¡qaé barbaridad!
en paños menores
me van á dejar.
LopEPE. Paso al gran Lopepe,
rayo de la luz.
(Contoneindose con la leTÍt«.)
Justo. Lo que es de levita,
bonito estás tú.
Coro. Con los trajes del blanco,
los betchuanas,
qué bien están.
{Abál
¡Macabé! ¡Macabé!
¡Qae bien!
¡Ahú, Ahú!, etc.
Justo. Me han dejado sin prendas
los betchuanas
para alternar.
¡Ahál
¡Macabé! ¡Macabé!
¡Qué bienl
¡Ahú! ¡Ahú! ¡Ahú!
# Reniego del zulú.
¡Ahél ¡Ahé! ¡Ahé!
Me comen de esta vez.
¡Ahél
Coro. ¡Ahú! ¡Ahú!, etc.
HABLADO
LoPEPE. Basta de saltos y ahullidos,
que me duele la cabeza..
Justo. (Yo pensaba que los cafres
la tenían de madera.)
Cap. 1.* ¿Y qué hacemos, gran Lopepe?
— 66 —
Justo. (iVaya un nombre, ó lo que sea!)
LopEPB. Con esos trapos, al kraal.
JcsTO. Trapos les llama á mis prendas
el negro beccerro mate.
Nada, y ellos se las llevan.
(VftnM todoA, dotpoés de haberlo recogido todo.)
¿Me permite usté... don Pepe?
LoPEPE. Ghist.
Justo. {Púml don Pepe me pega.
LopEPE. Vamos á ver, ¿tú quién eres?
Justo. ¡Qué ordinario, y me tutea!
LoPBPE. Habla sin miedo, que aquí
no comemos carne fresca.
Justo. Yo me llamo misler Justo,
soy subdito de Inglaterra^
soy habitante del Cabo,
y soy corredor de piedras.
LopEPE. ¿No eres un espía? Bueno.
Tu mano.
Justo. {¡Si no la aprietal)
LOPEPE. (Coge U mano qao le tiende Jatto y te la coloca
sobfe la cabeza.)
¡Por Mavinki y Nomafú!
Justo. ¡Vaya un pelo! jsi son leznas!
LopEPB. ¿Pero tú no me saludas?
Justo. Es verdad. Á la Europea.
¿Cómo estás? ¿y la señora?
LoPEPB. ¿Qué es eso?
JüSTO. iMujer á secas! -
LoPEPE. No sigas. ¡Racalamú!
Justo. ¿Qué dice? Vaya una lengua,
LoPEPE Mi mujer la Macaloa
era un tipo de belleza;
. yo la amaba mucho, mucho:
un blanco vino á esta tierra
y á mi negra se llevó.
Justo. Esa si que es la más negra,
LoPEPE. Ella fué mi favorita
por lo gallarda y esbelta;
pesaba más que dos vacas...
Di; ¿por qué se marchó ella?
Justo. Á pesar de pesar tanto,
— 67 —
la majer siempre es ligera. (TrMsici¿B.)
¿Y Gomo hablas nuestro idioma?
LopEPB. Porque me enseñó la lengua
ese blanco que te he dicho.
Justo. (Sacando U ten^a.)
Pues la burla fué completa.
LopBPE. ¿Y tú, á qud has venido aquí?
Justo. Fué porque tu gente bestia
me trajo. Mis compañeros
estarán llenos de pena
por mi desaparición.
LopBPE. ¿Dónde está la gente esa?
Justo. En una granja de boers
que debe estar aquí cerca.
LopEPE. ¿Y qué buscan? ¿Qué pretenden?
¿Por qué no se me presentan?
]Yo debo saberlo todol
(Tirándose de la lerlta.)
Justo. Lopepe... Mira que es nueva.
LopEPE. ¡Que vengan! ¡Racalamül
Justo. (Este cafre me cornea.) (Raido dentro.)
LoPEPE. ¿Pero qué es eso? ¿Qué pasa? (Mirando.)
Jvsto. Son más cafres que se acercan.
¡Me quedo en paños menoresl
¡Me desnudan de esta hechal
ESCENA III
DICHOS, CAFRE l.«, DÜBLIN, LUIS, BERTl,
^ARÍ, LUCCA Y VON-BRUN por toa «atorrnlet.
*
Cap. i."* unos blancos quieren verte.
Justo. (¿Serán ellos esos blancos?)
LopEPB. Que lleguen á mi presencia.
DUBLDf. Mister Justo. (Saliendo.)
Mart. ¡Justo amadol
(Todos lo abrazan y le rodean.)
Luis. Le juzgábamos perdido,
Berta. Pero por fin le encontramos.
Justo. ¿Y de qué modo? Señores,
perdonen si en este estado
me presento. No m^ mires, (Á Marj.)
— 68 —
que estoy hasta pornográfico.
LoPEPE. ¿Quién sois? ¿De dónde veníst
¿Á dónde vais?
Luis. Jefe bravo
de los caires betchuanas,
tu protección demandamos.
Venimos del Griqualand
y del Limpopo los vados
pasaremos esta noche,
si como esperan los blancos
les das tú licencia y guías
para que el gran soberano
Tonaia, el poderoso,
nos reciba en su palacio.
DuBUN. Somos mineros. Venimos
persiguiendo á dos malvados.
LopEPE. Bien, os haré ésos favores,
pero ¿qué ofrecéis en cambio
al nieto del gran Mavinki?
LüccA. (Á Luis.) (Ofrecedle dos caballos.)
Luis. Un fusil con municiones.
LoPEPE. No es bastante.
Luis. P^^s te damos
también un par de pistolas.
LopEPE. Con eso se cierra el trato.
Ahora, á descansar al kraal.
Las cabanas de ese lado,
(señalando á la derecha.) ~
OS pertenecen. Entrad.
Lopepe es hospitalario. (Todos saludan.) ^
DuBUN. Tú, Berta, con ^ary, aquí.
(Sefialando It primera cabana.)
Los hombres nos arreglamos
de cualquier manera.
LopEPE. Entrad.
(Mary y Berta entran an la primera; los demáa
por ta segunda.)
Justo. ^iLopepel Primo del rayo,
sobrino de la centella
y pariente del relámpago,
yerno del sol y la luna,
de las estrellas cuñado,
— 69 —
en fin, de lo que tú qníeras...
Te suplico por los astros
me devuelvas la levita
y un neceser, que amo tanto,
como tú amabas la vaca
que se fugó con el i)laDCO.
LopEPE. Esto nunca. De lo otro
ya hablaremos más de3pacio«
(Vase por U deracka.)
Justo. Yo no puedo andar alí;
me vestiré de prestado.
(Vmo por la segunda eabafia.)
ESCENA IV
DALÍ qae sale por los matorrales.
Dalí Yo les he visto; no hay duda,
es Berta, Doblin, son ellos.
¿Qué buscan aqui? ¿Á qué vienen? n
¿Sabrán... pero no lo lo creo,
que los cafres á mi amo
han cogido prisionero?
¡Es imposiblel ¿En las minas,
como han podido saberlo?
Al atravesar los vados
anoche nos sorprendieron;
yo pude escapar, pero él
bien pronto quedó sujeto.
Aunque la noticia es mala,
no pudo llegar á ellos
con tal rapidez; la causa
después la averiguaremos;
lo importante es que aquí están,
que yo veré al ingeniero,
qne le hablaré, y entre todos
á mi amo salvaremos.
Viene gente... ¿Serán cafres?
¡Á los matorrales, negro! (s« escondo )
— 70 —
ESCENA V
LUGCA y YON-BRUN ti^noMmeiite por la der«chft«
LüccA. La impaciencia m« devora,
Yon^Brun, se a^rca el momento.
¿Los caballos?
BauM. Eslán cerca.
LuGGA. En el kraal todo en silencio.
Yon-Brun, esa es la cabana
donde está Berta.
Dau. (Escondido.) ¿Qué OS esto?
iLncca y Yon-Brnnl
LucGA. Con sigilo
entramos, la sorprendemos
la cojo, monto á caballo
y á á Kimperley me la llevo.
Brun . Tienes razón. Adelante.
LuGCA. Tú te quedas un momento
por si Mary se apercibe...
. Si grita...
BauN. No podrá hacerlo.
No me encargues más.
Dalí. ilnfames,
pretenden robarlal
LvccA. Adentro.
(Entran en la primara «abaña. )
Dau. (Saliendo.) {Entrad, entrad, la salida
está guardada. Aquí espero.
ESCENA VI
DICHOS y LUGGA ItoTando on brazos á BERTA;
dotpoét BRUN
LUGCA. (Tapando la boca & Berta qno qniero gritar y Im*
cha por desasirse de los brazos de ¿t.)
¡No grítesl ¡Luchas en vano I
Dalí. ¡Cobarde] Yo la defiendo.
LüccA. IDalil
Berta. ¡Dalí!
— 71 —
(Qn% lia loando paitar U mtno do Laeea de
su bpca.)
LVCGA. I Aparta! (Sacando un reTÓWar,)
Dau. {Tira!
LvGCA. (Si tiro todo lo pierdo.)
Brun. iLucca!
LuGCA. (vundoá Brun.) {Mátame á ese hombre!
(Bran laea na )reT¿lTar y diipara*)
LüGGA. Somos perdidos.
(Soolta á BarU| qaa la reeo(r« DaH«)
¿Qué has hecho?
Bbun. {Huyamos!
(Vaosa corriendo por la izquierda Lacea y Brvn.)
Berta» (Q«a to á Dall y qaiere se^nirloe*)
{Detente!
Dau. {Aquí! (Uamando.)
Berta. {Socorro!
ESCENA VII
DICHOS» LUIS y DUBLÍN; á poeoLOPEPB y CAFRES
Luis. {Berta!
DüBUN. ¿Qué es esto? (Vien<1o á DaU.)
{£1 negro Dalfi ¡Tunante! (Cogriéndoia.)
{Ya le tengo! {Ya le tengo!
Berta, (interponiéndose.)
¡Padre.) {Dalí me ha salvado!
Luis. ¿Qué dices?
DvBLiN. Habla al momento.
Lo PEPE. (Saliendo con los Cafres.)
¿Quién ha turbado el reposo
de este kraal? {Habla extranjero!
Berta. La traición de un miserable
que no ha logrado su objeto.
Lucca y Von-Brun, padre mío,
de aquí robarme quisieron.
Dau. Yo estaba en los matorrales
y sorprendí sus intentos.
Él la llevaba en sus brazos;
yo se la arranqué de ellos.
He amenazó, resistí..
— 7¿ —
Berta.
Sobre él Yon-Bran hizo íaego.
DUBUfC.
¡Ahy canallas!
LV18. '
¿D6nde están
esos infames?
Dalí.
Huyeron.'
Luis.
Pues Dalí, pronto, un caballo
toma al punto de los nuestros,
y persigúeme á ese hombre.
Dalí.
Yo le traigo vivo ó muerto.
LOPEPE.
A perseguir al traidor,
con él irán mis guerreros.
Blanco que roba mujeres
le sacrifico al momento.
Luis.
iGorre, puesl (Á DaU.)
Dalí.
{k Luis aparte.) Sí, pero autes,
es preciso que salvemos
á mi amo.
Lvis.
¿Dónele está?
Dalí.
Ha caído prisionero,
del rey cafre Tonaía.
Luis.
Yete, que le salvaremos.
Dau.
Corro en su busca.
LOPEPB.
(k los cafres.) {Marchad!
(Vaie Dalí seguido de cuatro Cafres,'
por la i
qulerda.)
DUBLIN.
¿Dejas escapar al negro
sin saber lo del diamante?
Luis
Á García ya le tengo.
Sé donde está.
DUBLIN.
¿Sí? Pues dímelo.
ESCENA VIII
DICHOS* y JUSTO con QDa blata anelia do Dublía y
sombrero de copa.
Justo. Señores, ¿qué ha sido eso?
No he podido venir antes
porque me estaba vistiendo.
DuBLiN. ¡Mi blusa!
Justo. Perdone usted,
no he tenido más remedio,
— 73^
aunque no está en mis principios.
(lodioando el robo*)
Berta. Pero ahora que recuerdo,
¿dónde está Mis Mary?
JcsTo. ¿Cómo?
Berta. Venga usté conmigo. Entremos.
(Vante por U cabafia primera Jatto y Berta.)
Luis. Ilustre caudillo. (Á Lopepe.)
LopEPE. (Habla!
Luis. ¿Quieres decirme si e^ cierto
que tu gran rey Tonaía
tiene á un blanco prisionero?
L('PEPE. Por espía. Sorprendido
fué por varios de los nuestros ».
al atravesar el rio.
iUiBi.iN. ¡Pues magnífico, soberbiol (Á Lepóle,)
Ese hombre es el que nosotros
veníamos persiguiendo.
Luis. Preciso es que nos dé guías
para marchar al momento.
Lopepe. Yo mismo os conduciré
en mi canoa, pues debo
asistir á la gran fiesta
de los tres Búfalos negros.
DuuLiN. Pues marchemos cuanto antes
porque ya está amaneciendo.
(Empieza á amanecer.)
ESCENA IX
DICHOS, JUSTO, BERTA y MARY por la derecha.
Justo. Aquí está ya sana y salva. (Á Mary.)
Cálmate ya, dulce dueño.
Mart. ¡Ay, qué susto más terriblel
Justo. ¡Claro! Tenía un pañuelo
de ocho puntas en la boca.
Mary. Y aún respiraba.
Justo. Lo creo.
(¿Tendrá grande mi futura
el paso del alimento?)
DüBLiN. Ya todo pasó y en marcha.
— 74 —
JvsTO. ¿Lopepe, me vuelves eso?
LopEPB. ¿Qué quieres?
JvsTO. iMi neceserl
La levita no la quiero,
porque no te da la gana
de dármela.
LopEPE. Lo concedo.
(Hae* Mfta á na Cafr6 y ¿tte antref* al nacaMr 4
Juta.)
Luis. Mister Dublín; ¿vamos?
DuBUN. Vamos.
LoPEPE» Las canoas al momento.
(Vaua todoi par la doraeha.)
Justo. |Mi^neceser de mi alma!
Voy á ver si está completo. (Lo abr».^
iHorrort ¡BandidosI iLadronesI
Se me han comido los negros^
cuatro tarros de pomada
y tres barras de cosmético.
(Vaaa eorriando por la doraeha.)
MUTACIÓN
V
— « —
CÜAD&O OCTAVO
VL mSTA «B IOS BSTCBOANAS
Gr«a pl»sa á todo foro en el krtal del rey Toneíe^ enge-
Uneda con trofeos, ete. Al fondo derecha, palacio ráe-
tieo del r«y. Al fondo iiqa lerda, gran gruta formada de
piedras preelosas: se t¿ bastante de sa interior* En el
segando tirmlno de la derecha, dosel y trono para el rey
y sa espossi todo engalanado* Esta decoración se deja ¿
jnicio del pintor escenógrafo» Es de día.
MÚSICA
Desfile por el palacio.
i.^ La gaardia negra.
2.* Ministros y altos dignatarios.
3.* Gran palanquín con los reyes y al lado cuatro
doncellas de la reina.
4.° Todos los viajeros y Lopepe«
5.^ La guardia imperial.
HABLADO
ToNAiA. Que empiece la fiesta,
yo mando y ordeno.
— T6~
LopEPE. Ante Tonaía,
humíllese el paeblo,
(Todos haecn usa roTeroneia»)
Justo. Qué cafres tan finos
y cuánta etiqueta;
y estar yo en la corte
^ y sin ropa negra.
MÚSICA
Sicn>« «1 desfile por la Grata.
i .• Guerreros negros.
:?." Doncellas.
'S* Palanquín con un ídolo.
4.** Hechiceros.
ij." Otro palanquín, con otro ídolo.
0/ Esclavas.
7." Portabanderas, estandartes» escudos y lanzas.
.8.° Caudillos, fetiches, guerreros, magos y
acompañamiento.
9.^ Espantamoscas.
10. Gran palanquín con los tres biifales negros.
i i . Cierra la comitiva la guardia cafre y un gran
carro con trofeos, tirado, por negros, ban-
deras y la Guardia azul ^mujeves).
Coro general. Salud, señor,
salud, gran rey,
del trono de A/encí,
el tigre y el leopardo
se humillan ante tí. .
Del gran monarca negro
ninguno es vencedor,
tu fama es coma el rayo
purísimo del sol.
LopEPE, ^ El rey os da las gracias
por tanto favor.
To.NAiA« La reina Makala
que entone su canción.
Makala. (Baja del Uono, avanza y todoi la rodean.)
~ 77 —
Del Búfalo negro,
del gran Unwattif
la canción es ésta,
oíd, oíd.
(CANCIÓN CAFRE)
En la verde orilla
del claro Limpopo,
Zulí, la doncella,
se enamoró
de un bravo caudillo
de escudo de cuero,
de lanza acerada,
de fiero valor.
Una noche triste
que el viento silbaba,
que el trueno rugía
y el snelo temblaba.
Del fondo agitado
del revuelto río,
Lamúf el hechicero,
cual sombra surgió.
Y al ver la doncella,
que en la orilla estaba,
sediento de amores
la arrebató.
Y el bravo caudillo
maldijo las aguas,
y al negro hechicero
valiente retó,
y entonces un rayo
hiriendo al caudillo
en búfalo negro
le convirtió.
Cobo. Y entonces un rayo
hiriendo al caudillo
en búfalo negro
le convirtió,
Makala. ¡Temblad, temblad!
\Lamú, perdón I
iNuttca nos mandes
tu maldiciónl
— 78 -
Coro. Temblad, temblad,
Lamúf etc.
HABLADO
Makala, Del hechicero Lamú
esta es la triste leyenda,
y de los búfalos negros
al celebrarse la fiesta,
tiene el deber de cantarla
todos los años la reina.
Bbrta. La leyenda es muy sentida.
DvBLiN. Es muy bonita.
Luis. ¡Interesal
llARY. Extraordinaria costumbre,
¿verdad, Justo?
Justo. Mas no buena.
Eso es convertir los reyes
en cantantes de zarzuela. (Pausa.)
TONAIA. (Aransaado.)
Empiece la ceremonia,
y venga la copa regia
con la bebida sagrada.
(VanM dos donctllas, y ea seguida vaelTon coa
una graa copa de oro.)
Justo, (á Lopepo.)
Oye, ¿qué bebida es esa?
LopBPB. Es un brevaje compuesto
del zumo de la hoja seca.
Justo. (iQué poco zumo tendrá!)
LoPEPE. Luego ese zumo se mezcla
con las aguas del Limpopo,
y se le añade pimienta,
jugo de cardo silvestre,
y sangre de una pantera.
Justo. ¿Y luego?
LopEPs. Luego, se bebe.
Justo. Claro, y luego se revienta.
Ton AI A* (Con la eopa on la mano.)
Beberán antes los blancos;
mas porque tranquilos beban,
— 79 —
primero mis regios labios
tocarán la copa esta.
(Mete U beca dentro del -rato.)
Justo. Cualquiera bebe, después
de esa majestad tan negra.
Va á teñir la copa.
(Pm» U 'eopa á Luie, Berta, Mary y detpméa á
Dttblin.)
DUBUN. (Deapaét de bebgr»)
¡Cuerno! (PadindoU á Jasto.)
¡Mister Justo, cosa buenal
Justo. Que lo beba Nomafú.
Makalá. Extranjero, el que no beba
queda convertido en búfalo.
Justo. No bebo aunque me convierta
en becerro, no señor,
vamos, que no bebo, |eal
ToNAiA. ¡Como no bebas, te rajo!
Justo. Hay que beber á la fuerza.
(Se aproxima la copa á loa labios y empleía ba
bacer ge<»toa.)
DuBLiN. ¿A qué sabe mister Justo?
Justo. ¿A que quiere usté que sepa?
Á infusión de prestamistas •
con raspaduras de suegras.
ToNAiA. Ahora en la pira sagrada,
y al gran búfalo en ofrenda,
quememos al prisionero.
Justo. (iQué tranquilidad tan regia!
Lo mismo asan aquí un honüire
que dos kilos de chuletas.)
ToNAiA. Salga el blanco de la gruta.
Luis. Señor, un momento. Espera.
Ese prisionero blanco
que á quemar vais á la fiesta,*
es nuestro compatriota,
y aguardo de tu clemencia
le pongas en libertad.
ToNAiA. ¡Imposible!
Luis. Cuanto quieras
pídenos por su rescate.
Hakala, Hay que quemarlo á la fuerza,
— 80 -^
aunque después de quemado
las cenizas se os entregan.
Justo. Sí señor, muy bien pensado
lo que ha pensado la reina.
Es muy nuevo, nos llevamos
al amigo en la cartera.
ToNAiA. No; mi pueblo necesita
un sacrificio.
Makala. Se tues1|l
al prisionero, no hay más.
Justo. Tiene la señora ésta,
unas ganas de rosbiff.
No es guapa, pero es muy bestia.
Luis. Gran rey, nosotros te damos
porque el prisionero cedas
fusiles y municiones.
DuBLiN. ¡GaballosI
Justo. (Sacando dUz eéntimot.)
Y yo una perra
que me dieron en España,
es decir esta moneda.
ToNAiA. (Cogi0adoi9.) lOh, qué adomo tan bonito
para mi corona regia!
JusTOf (A snstompa&eros.) (Déjenme ustedes á mí.
(Á Mary.) Ofréceíc tu pulsera,
y es el prisionero nuestro.
Mary. (á u reina.) Este don para la reina.
Makala. (Con cntusUimo.) Mira, mira, Tonaía.
TONAIA. (Ve la paltera y hace nn signo de aprobación.)
Libre está el blanco. ¡Que venga^
(El pneblo aransa y grita demaforaiiaTnonta pro*
testando de la orden del rey. Dos g-uorreroi en-
tran on la grata para asear al prUioncro.)
¡Maviakil... iRacalamuúI
(EI pueblo ae humilla y calla anic la furia del
monarca.)
Justo. Ya están como unas ovejas.
Todos los pueblos lo mismo;
el que les manda les pega.
LopEPE. (á Tonaía.) ¿Y así siu el sacrifício
á dioses, y ¿ pueblo dejas?
ToNAiA. (iraenndo.) ¡Al rey uo SO le replica!
— 81 —
Y para que el paeblo aprenda
ya qne nú hay esclavo blanco
quemaré tu carne negra.
{Sujetadlel (Lo* graerrarot ttijitaa i Lopep«.)
LoPBPB. {Gran señor!
ToNAiA. ¡Soy el rayo de la guerra!
Justo. (¡Lo fríen!) Oye, Lopepe;
te suplico, por si testas,
que me legues la levita.
ToNAiA. ¡Pronto, la pira dispuesta!
(Se diriyea lodos i arrof lar la pira.)
«
ESCENA II
DICHOS y ANTONIO GARCÍA
Gaacu. ¡Berta! ¡Luis! ¡Todos! ¿Qué miro?
Lvl5 ¡Amigo, por fin te hallamos!
DvBUN. ¡Tuno, por fin le encontramos! '
García. Mas ¿qué es esto? ¡Yo deliro!
¿Cómo vosotros aquí?
¡No me explico! ¡No comprendo!
DuBLiN. Te venimos persiguiendo.
García. ¿Persiguiendo, á quién? ¿A mí?
Habla Luís: ¿por qué razón
dice Dublín lo que dice?
DiJBLiN. Dublín, que no se desdice,
te llama infame ladrón.
García. ¿Ladrón yo?
DUBLIN. Sí.
García. ¡Por mi h
que no comprendo!...
Luis. Un instante.
(interponiéndoae.)
DuBLiN. Tú me robaste el diamante.
Berta. ¡Padre!
Luis. ¡Cabna. Dublín!
García. (Con asombro á Luis.) ¿Qué?
Explícame por favor
lo que en mi ausencia ha pasado,
y quién es el que ha man(^ado
con tal calumnia mi honor.
6
— 82 —
Luis. (TrantlelÓQ y ptotft*)
Mi ciencia logró alcanzar,
como tú sabes, García,
un diamante, y aquel día
que iba dichoso á lograr
mi gloria en esta mujer, (por Beru.)
todo me lo arrebataron;
el diamante, lo robaron.
García. ¿Y pudiste suponer
que tu amigo.,. lo robó?
Luis. Tu ausencia te delataba;
Lucca, además, te acusaba,
mi amistad te defendió;
pero ante indicios fatales...
García. (Coa uonu.) Á la evidencia cediste,
y es claro... me perseguiste...
(Con dotprecio.) ¡Tú y yo uo somos iguales!
Luis. ¿Cómo?
García. (Coft rapidéi.) Me sobra razón
para decir lo que digo,
y no puede ser mi amigo
quien no tiene corazón;
que es no tenerle, pensar
que yo tal infamia hiciera,
Luis. iVé lo que dices!
Garqa. Espera,
que ya voy á terminar. (Pausa.)
Buscabas gloria y amor
en tu ciencia decantada,
y yo, sin pretender nada;
logré pronto el bien mayor.
La fortuna vino á mí
y casi la desprecié;
yo una deuda te pagué,
y de tu lado partí
después de hacerte dichoso^
por noble agradecimiento,
y te dejé con tu invento
y feliz por ser su esposo.
(Señalando ¿ Berta.)
¡Bien pagas mi afán sincero I
Luis. ¿Qué dices? ¡Habla; lo ansio!
— 83 —
García. Aquel diamante, era mío.
Luis. jTuyo?
García. Sí; decirlo quiero.
En la mina que era mía
lo encontró mi fiel Dalí,
y cuando triste te vi
exclamé con alegría:
es un tesoro, no importa;
de tu ciencia yo dudaba,
el diamante te salvaba,
y lo puse en la retorta.
¡Ingrato! ¡Duda otra vez! .
¡Duda de tu noble amigo!
Te adyierto, que por testigo
sólo tengo mi honradez.
Luis. De modo que mi deseo,
mi ciencia, fueron locura.
Ya se eclipsó mi ventura.
¡Perdona, Antonio, te creo!
DuBuiy. Si mi frase le ofendió
que me dispense suplico.
(¡Si la mina de este chico
pudiera explotarla yol)
JüiTO. Una pregunta indiscreta.
¿Berta con el ingeniaro
se unirá?
DuBuif. Con el minero.
Justó. ¡Huy! ¡qué tío más veleta!
Tonaia. Extranjeros, en mi trono
ved de la fiesta el final.
Luis. Nuestra religión nos veda...
Toivau. Entonces, idos en pu;
hasta pasar el Limpopo
mi guardia os escoltará. (Vas» U Gaardia ne^rav
ESCENA III
DICHOS,' UN CAFRE, despaés LÜCCA manUtado.
Gaprb. ¡Rayo del sol!
ToifAu. ¿Qué sucede?
Cafre. ]Señort Otro preso blanco.
(E1 paobU da señalaa de regoeijo.)
— 84 —
ToNAU. Conducidle á mi presencia.
Pero pronto.
LOPEPE. Estoy salvado. (Sale Loee*.)
Luis. ¡Lncca!
Garcu. jlnfamel
Luce A. Estoy perdido.
García. ¡Tú me acusaste, Yülanol
¡Habla! Tú eres el ladrón.
Lu€GA. ¡Sí; yo fui, á qué negarlo!
DuBLiN. ¿Dónde está el diamante, dílo?
LuccA» No lo sabréis de mis labios.
Luis. Lucca,, que vas á morir.
LuGGA. La muerte tranquilo aguardo.
ToNAiA. Libre está Lopepe, cafres. ÍDomUq á Lopepe.)
¡Pueblo! ¡Ahí tienes otro blancol
(El pueblo prlU y.roeifera.)
Berta. ¡Qué castigo más horriblel
DuBLix. Su fin encontró el malvado.
Berta. La humanidad nos lo pide;
es necesario salvarlo.
García* ¡Es verdad!
Luis. ¡Dejadme á mí!
¡Ah! ¡señor!
Lopepe. (Abarte á LjAu) Ruegas en vano.
Si le perdonan me queman. ,
Luis. Pero...
Lopepe. Silencio; marcharos;
porque si amotino al pueblo,
os hacen aquí pedazos.
Berta. ¡No hay salvación!
Luis. És inútil.
García. Dios le castiga.
Lopepe. Marchaos.
To?(AU. Empiece la ceremonia.
Justo. ¡Pobre Luccal
DuBUN. \ Vamos!
García. ¡Vamos!
(Vanse loa Yiajeros.)
TONAiA. Arda la pira sagrada,
y á las llamas el esclavo.
(Másica. Empieza ¿ arder la i>ira y caá el t«l4n
de cuadro.)
--85 —
GUADSO NOVENO
TBAVSXCaÓN
SeWa corU. Preludio por la crqoesta.
COADBO DEI
H I V
LO QVS S^j; LA FELICIDAD
Gran jardín á todo foro con rei^taelóa tropical. Estatuas,
estofas, flores, etc. Gran mesa eon serrleio de gran eomida,
eandelabros con luces, ja( roaos, etc. En el centro de la mesa
an gnran adorno de metal de bastante altura y que se dis<
tin§^ Men por el público. Es de noche. Al empezar el coa-
dro la lona ilumina la escena; despoés, cuando se indique,
cambia el coadro*
ESCENA PRIMERA
Al levantarse el telón todos aparecen sentados ¿ la most.
DÜBLlN, BERTA, GARCÍA, MARY, JUSTO y
CONVIDADOS DB AMBOS SEXOS. Gran alegría al
leraatarse el telón.
Justo. ¡Buena comidal lExcelentel (Urantándose.)
Señores...
- 86 —
Varios, ¡Que hable!
Justo. Un momento.
Propongo un voto de gracias
al anfitrión, (lodoi apUudea.)
DuBLiN. Agradezco
todas vuestras atenciones. (Prasa.)
Con motivo del regreso
de nuestro largo viaje,
me dije, ¿cómo festejo
nuestra vuelta? y en seguida
me contesté: pues comiendo.
(Todo» api and en.)
Justo. Muy bien pensado, en la mesa
se funden los pensamientos.
El que mastica, agradece,
y el que agradece... pues eso.
(Todos rien y empiezan i lerantarso de la mesa
formando grupos.)
DlTBLIN. (Bajando ai proscenio con an g-rapo.)
No hay mayor dicha que ver
los amigos que queremos,
en un convite cual éste
reunidos y contentos.
Justo. Uno falta.
Gargu. Lo supuse. . .
DuBLiN. Es verdad, el ingeniero.
Justo. Su invento resultó al fin
lo que ya todos sabemos.
DuBUN. Sin embargo, prometió
despedirse y vendrá luego.
Mary. ¿Lo ves? Va á venir. (Á Berta.)
Berta. No, Mary.
Le conozco. Está resuelto
á volver á Francia. Ya
nunca acaso nos veremos.
(Vaose Dablín y García por el foro.)
ESCENA II
DICHOS y LUIS
Luis. ¡Señoresl (satndando.)
Berta. ¡ÉU
— 87 —
Mary. ¿No lo ves?...
¿no te dije que vendría?
Justo. ( Abraaindoie.) iQueridísimo ingeniero!
Luis. í Berta!
Berta. ¡Lais!
Luis. La suerte mía
no quiso hacerme dichoso;
\Xe amaré toda la vida!
Voy á Francia, mi trabajo
acaso hará que consiga
lo que me negó la suerte.
Justo. Va á hacer una tontería,
Luis. Mary, adiós. (Tendiéndolo las manos.)
¡Berlal
(Se oyen voces do DaU.)
Justo. ¿Qué pasa?
escena m
DICHOS y DUBLIN con el diamante, i peco el negro
DALÍ y el riejo JHON. Empiezan las nubes á obscorecei-
la luna*
DuBLiN. ¡El diamantel ¡Berta, hija!
I Ya le tengo, ya le tengol
Berta. ¿Cómo?
Luis. ¿Qué?
DuBLiN. De la alegría
no puedo hablar.
Justo, ¿Quién le trajo?
DUBLIN. Mirando la piedra.)
¡Oh, qué piedra tan magnífica!
¡Qué tallado más hermoso!
fCómo brilla! ¡Cómo brilla!
¡Mirad!
Luis. (viendo entrar al ne^^ro.) ¡El negrO Dalí!
Dau. ¡El mismo!
DvBLiN. ¡Dios le bendiga!
Justo. ¿Cómo recobró el diamanté?
Dalí. Pues la cosa es bien sencilla.
Salí persiguiendo á dos,
de uno me puse en la pista.
— 88 —
E ntre el matorral espeso
mirando que se me iba
hiee faego, cayó un hombre,
llegué al sitio y vi con ira
que la bala hirió á Von-'Brun.
Guando á rematarle iba,
me dijo: Dalí, delente,
y yo te daré noticias
del diamante, ¿Qué diamante?
(Empieta k reUmpagaear poco i peco y mo oyeo
traenos lejanos.)
pregunté^ Nada sabía.
Habló, le escuché, partimos
á Kimperley en seguida,
y allí encontré al viejo Jhon.
i'omé por acción más digna
recuperar el diamante
que seguir sohre la pista
de Lucca.
García. Hiciste muy bien.
El desgraciado fué víctima
de los cafres betchuanas..
Jhon. Dos meses día por día
- tardé en tallar esa piedra
prisionero en la guarida
de aquellos dos miserables.
DuBLiN. (Abrasátidoift.) üslé ya 68 de mi familia.
Yo mantengo á todo el mundo.
Justo. Dispénseme que le diga
que el diamante no es de usted.
DUBLIN, ¿Quét (Mirando i Gáreia.)
Verdad, Es de García.
García. No es mío.
DUBLIN. (Con alegría ) ¿No? ¿PtteS dC quiétt?
García. Del ingeniero y su hija.
Lws. No,
Berta. iLnisI
DüBLiN. (A Lnis.) ¿Cómo quc no?
¡El escribano en seguida!
¡Tu mano! (A Luis.)
Dame la tuya. (A fiwta,)
(Les echa la bendición.)
— 89 —
¡Lo que es la piedra ya es mía!
(Lm reUiupafM llumlnsn la ^tceii», y se Of ea
lar|^» y proleaf^dot traenM.)
Justo. Un suegro eon variaciones.
Luis. ¡Pero Antonio!...
García. Si; la vida
me has salvado... Sed felioes.
Berta. [Oh! ¡Muchas gracias. García!
DiTBLiN. ¡Venga champagne! ¡Pronto, pronto!
¡Celebremos nuestra dieha!
Justo. Que el cíelo está de tormeala.
Tamos á mojarnos.
DuBLiN. ¡Quita!
¡Que llueva! ¡Vengan botellas!
El diamante, que presida
colocado en este centro*
(Lo coloea «n el centro de metal.)
Justo. Con centinelas de vista.
DuBLiN. El negro Dalí me basta.
¡Hurra! ¡Viva la alegría!
(Alcatara y moTimiento ea toda»: ko destapan bo"
tellaa do Champagne.)
MÚSICA
Todos. De la alegría
que el cielo da,
el complemento
es ¿1 champagne.
¡Choquen las copas .
pronto, á beber!
¡Viva la orgía!
¡Viva el placer!
(Brilla un fuerte relámpago y ae oyó an trueno
prolongado.)
Ya la tormenta
ruge violenta;
el ronco truena
pavor nos dá.
Pero no importa,
la vida es corta;
siga la fiesta,
no hay que temblar.
— 90 —
iGhoqaen las copas
pronto, á beberi
¡Viva la orgía!
I Viva el placer!
(Gran relámpago y trueno proloo^ado, 7 cae «a
rayo qae Gg^era fundir el diamante qve está on el
centro de metal.)
|Ah, qué horror!
\E\ trueno retumbó!
¡Oh, terror!
¡El rayo allá cayó!
Dl'ULIN. (Acercándose á la mesa.)
¿Dónde está el diamante?
Luis. ¡Todo concluyó
el rayo maldito
la piedra fundió!
Todos. La dicha en este mundo
jamás constante es:
el hombre en un momento
la ve desvanecer.
Las vanas ilusiones
desparecieron ya.
¡Adiós, hermosos sueños!
¡Adiós, felicidad!
HABLADO
DuBLiN. ¡Nada, que de Dios estaba
no fuera mío el diamante!
García. ¿Hay ventura más constante
que la que esa piedra daba?
(Señala á tais 7 Berta.)
¡Ved qué dicha más segura .
la que el amor les concede!
¡Ved, mister Dublin, si puede
existir may*r ventura!
DuBLiif. Es cierto, no hay que dudar:
son el amor y el trabajo
las venturas que aquí abajo
solamente hay que buscar. (Á Luis y Berta.)
Así lo quiso el destino.
— 91 —
fi£RTA. Por fin le Hamo mi esposo.
García, (ÁLuís.) Oiga usted, señor dichoso,
que quiero ser el padrino.
Mary. ¿Lo ves, Justo? ¡Casamiento!
Justo. Vaya, pues también los dos...
(Ap.) (iNo le pido más á Dios
que un rayo en aquel momentol)
^IVIúsica. TelÓQ.)
FIN DEL DIAMANTE ROSA
NOTAS IMPORTANTES
Debemos hacer presente á las empre-
sas de los teatros de provincias y Ultra-
mar, que para los trajes y atrezzo de esta
obra existen figurines y fotografías, de
las cuales pueden sacar los modelos para
la confección de atrezzo y vestuario, pu-
diendo para ello dirigirse á los pintores
Sres. Muriel y Amalio, ó á la fotografía
de la calle del Prado, núm. JO, en Madrid.
Las decoraciones que para esta obra
tienen que hacerse imprescindiblemente,
son las siguientes:
ACTO PRIMERO
Cuadro í.^-^Bl laboratorio, con su trans-
formación.
Cuadro 3.* — ^La plaza del Griqualand.
Cuadro 5.®— El salón de baile, con su trans-
formación.
ACTO SEGUNDO
Cuadro {/«-Montañas y granja de Boers-
holandeses.
Cuadro 3.^— B1 kraal del rey Tonaia.
Cuadro 5/-— El Jardín, con su transforma-
ción.
OBRAS DE LOS MISMOS AUTORES
bn un acto
Villa.... t palos.
iQmÉñ FCERA bllaI
Solteros ektre paréntesis.
La PlLARlCA.
Miss Eta,
Tarjetas al muioto.
El Zaragozano.
Ghin-Ghin.
El Glob de los feos»
GARAL4MPI0.
El 7 DE Julio.
Don Dinero.
Una señora en un tris.
Los inútiles. (Tercera edición.)
MOEi;LfiS FUSADOS.
Apuntes del natural.
Certamen nacional. {Tercera edición.)
La cruz blanca.
Las dos madejas.
Liquidación general.
Los Primaveras.
¡Al OTROMUNDOl
La de Roma«
Misa de Réquiem.
EN dos actos
Madrid en el año 2.000«
El diamante rosa.
DIANA
DIANA
DRAMA II GDATBO ACIOS ! U PURA
OKWnMl DC
DON NARCISO GONZÁLEZ DE MESA
MA.DRIO
IMPRENTA DE iOSÉ RODRÍGUEZ
MOMA, 100, MliaC»M
i892
PERSONAJES
DIANA.
BRÍGIDA, criada de Diana.
GOLETA, muchacha del paeblo.
HUGO.
JUAN CABET.
CENTELLAS.
DlONlS, padre de Goleta.
PEDRO» correo de Gabinete.
UN JUEZ.
UN ESCRIBANO.
UN FRAILE.
EL VERDUGO.
ALGUACILES, SOLDADOS Y GENTE DEL PUEBLO.
La acción tiene lagar en una ciudad de Flandes, por los
anos de 1573 á 1574.
Los sucesos del cuarto acto, acontecen seis meses después
de la fecha que se fija en la escena XV del acto tercero.
Esta obra es pro¡4edftd do sa sator, y nadie podrá, sin sa pernüsoy
reimprimirla ni repreieniarla en £spaña y sus posesiones de Ultm-
mar, ni en los pa<ses eon los eaales se hayan eelebrado ó se celebren en
«delante tratados internaeionales de propiedad literaria.
El autor se reserra el derecho de traducción*
Los comisionados representantes de la Galería LírÍco*Dramátiea,
titulada El Teatro, de DON FLORENCIO FlSCOWICH, son los oxcln-
elTamente encargados de conceder ó neg^ar el permiso de representación
y del cobre do los derechos de propiedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
A MI ESPOSA
LA Sra. Ma
En frnéba de mi cariño.
^^arccéo^ ^t>n{&€Í/e» M %jWó逧.
Habana, 21 de Diciembre de 1891.
NOTA DEL AUTOR
Como quiera que este drama fué admitido para su
representación en el teatro de Novedades casi al ir á fina-
lizar la temporada de 1888 á 1886, y entonces llevaba el
titulo de Mariana, y siendo ya con éste dos los dramas
míos que se publican por la Galería Lírico-dramática
del Sr. Fiscowich sin haber sido puestos en escena, debo
decir algo del por qué de su variación de título y de por
qué lo doy al público sin haber sido representado.
El que este drama lea ó lo vea representar (si alguna
vez le cabe esa suerte), no ha de ser muy lince para
comprender que Diana, el personaje principal de la
obra, no es otra que doña Mariana Pineda, la heroica
víctima que sacrificó en Granada el miedo y el rencor de
un Gobierno despótico y tenebroso á fines del primer
tercio de este siglo. Es claro que Diana resulta ser en
mi drama lo que fué dona Mariana Pineda, y buen cui-
dado he puesto en que el carácter de mi personaje, sus
acciones y vicisitudes, no me desmientan; sóio que por
virtud de mi soberano capricho, Diana vive en Flandes
y en el último tercio del siglo XVI, en vez de vivir en
Granada en el año 1831; y así como doña Mariana Pi-
neda sucumbió en la horca, yo á Diana la hago morir en
la hoguera.
Entonces ya no es la misma, se me dirá.
No es la misma, es verdad; pero es otra tan idéntica,
aunque colocada en otro país y en otra época, y es tan
semejante el medio ambiente entre que vivió doña Ma-
riana Pineda y en el que yo coloco á Diana, que bien
puede ser que á aquélla le sucediera mucho de lo que yo
invento para ésta, salvo la intercepción del indulto, me-
dio éste del que me valgo para que la acción resulte más
dramática y más tenebroso el carácter de Hugo, asi como
me valgo de la invención del fugado Juan Gabet para
hacer resaltar más la bondad, la virtud, la serenidad de
alma y la energía de Diana.
En Idol una bandera tricolor y las ideas liberales
infundían á los Gobiernos rencores y tan pánico terror,
como en 1873 las doctrinas de Lutero y las ambiciones
de Guillermo de Orange, allá por los Países* Bajos.
En una y otra época, ¡cuántas Marianas y cuántas
Dianas deben haber sido sacriñcadas!
Escribí el drama con el titulo de Mariana en 1884, y
era mi protagonista la verdadera doña Mariana Pineda,
y el lugar de la acción, Granada; y la época, los años
de 1830 y l831; pero después de escrito el drama, pronto
noté que era crueldad, y mucha, poner el dedo sobre esa
llaga aún abierta en el recuerdo de personas interesadas
por el parentesco con la víctima y con los delatores, qui-
zás viviendo todavía testigos presenciales y aun actores en
aquel famoso procáso. Todo esto motivó que rompiese
el drama escrito, y variando algo su argumento, trasla-
dando la acción á otro país y á otra época, resultó otro
drama distinto, aunque parecido; pero el personaje Ma*
riana siempre me resultó el mismo, tal y cual yo lo
había concebido en el primer drama, y tal y cual debió
ser á juzgar por las noticias y antecedentes que me hube
de procurar antes de escribirla. Y por eso en el segundó
drama, que es éste, escrito bajo la idea del primero, dejé
subsistente el tíúilo de Mariana, y así lo presenté á la
empresa del Teatro de Novedades en el invierno del
año i885y dividida la obra en tres actos y un Epílogo^
componiéndose el acto tercero de dos cua(ir»)s.
^ Pressntado al empresario y ápreciable actor D. Ri-
cardo Morales por un amigo suyo y mío, le entregué el
manuscrito, y á los muy pocos día> me contestó que la
obra quedaba aceptada para su representación, si bien se
había visto obligado á hacerle algunas supresiones, por-
que el drama resultaba muy largo y la empresa tenía el
compromiso de dar funciones por secciones á razón de
dos dramas cada noches aconsejándome de paso que
hiciese resaltar más el carácter de Coleía, uao de los
personajes del drama. Acepté las supresiones, acepté el
consejo, y dejnndo al actor el manuscrito, puse manos á
la obra de. hacer más interesante el papel de Coleta, para
lo cual me bastaba un borrador que yo conservé, pues
todo el trabajo consistía en rehacer ei Epílogo,
Se puso en ensayo el primer acto, según me dijo don
Ricardo Morales, quien me invitó á que asistiese á los
ensayos del acto segundo; y habiendo tenido yo á mí es-
posa enferma, ni me fué posible estar al tanto para que
mi drama hiciese ^su camino, ni pude terminar el nuevo
Epilogo hasta que ya casi expiraba la temporada de aquel
añOi Rííci.bió el Sr. Morales el Epílogo rehecho y lo co*
rrigió, diciéndome que estaba dispuesto á que el drama
íuese puesto en escena, á pesar de que faltaban ya pocos
días para la clausura del teatro; pero que sería mejor
dejarlo para el año siguiente, porque á ningún autor le
con venia estrenarse en las últimas representaciones de
una temporada, ni á los actores les había de gustar estu-
diar u la obra nueva para una sola representación.
Coincidió con esta advertencia mi traslación de des-
tino á Granada, por lo que recogí el manuscrito de la
obra que hoy doy al público, y á Granada fui, en cuya
ciudad no me fué dable llevarla al teatro, porque la sola
vez que allí actuó en el espacio de dos años una compa*
nía dramática (la de la señora Cirera), no había termi-
nado de trasladar al limpio el manuscrito que me de-
volvió el Sr. Morales, cuyas supresiones y correcciones
acepté, con las que estoy muy contento, porque el drama
ha ganado mucho, y por lo que siempre le viviré agra-
decido. Y convencido de que el drama Mariana era ya
una obra de argumento convencional y de pura fantasía,
no quedando del primero que escribí (del histórico) otra
cosa que la identidad del carácter, virtudes y vicisitudes
de la heroína, le he cambiado el título que ^le puse por
el que ahora lleva.
No siendo frecuente la venida de compañías dramá-
ticas á esta capital de la Gran Antilla, y trayendo su re-
pertorio, si acaso vienen, para satisfacer al público en el
breve período de tiempo que aquí permanecen; y no
siendo fácil conseguir sea este drama puesto en escena en
Madrid en otro teatro que el de Novedades, por su sabor
melodramático, en cuyo teatro no conozco en la actua-
lidad á nadie que me pueda recomendar, porque reco-
mendaciones suelen necesitar en estos tiempos los dramas
para colocarse (salvo raras excepciones), ni más ni me-
nos que como los hombres que solicitan un destino para
comer, á fin de que no duerma por más tiempo en los
cajones do mi bufete, he decidido su publicación para
ver si así consigo siquiera que sea criticado, aunque
también para eso suelen necesitarse recomendaciones.
T
ACTO PRIMERO
.Sala daeentemente amaeblada. La accióa, por la tarde, poco antes de
Anochecer. Al fondo de la sala está la paerta de entrada. A la iz*
qaierda hay otra puerta y en el costado lateral derecho hay una
paerta y una yentana* Cerca de la yentana, sentadas en torno i un
yelador, se hallan Diana y 6r%ida trabajando en labores de costura.
KSCENA IMUMKRA
DIANA y BRÍGIDA
Diana. Está anocheciendo.
Brig. Estas tardes de invierno son muy cortas.
Diana. Paes es necsario concluir esta tarea.
Brig. Trabajáis mucho, señora. Joven; viuda, hermosa, no
rica, pero con recursos para pasarlo bien... no sé por-
qué os afanáis tanto.
Diana. Lo mío es bastante para mí,' y aún me sobra, pero no
tanto como yo quisiera.
Brig. Hay que admiraros.
Diana. Gomo es poco lo que me sobra después de cubrir mis
necesidades, no hay otro remedio que trabajar para
ganar más.
— 12 —
Bbig. Toda exageración es mala. Os estáis matando y nadie
os lü agradece.
Diana. No te creo. Los pobres siempre Agradecen lo que se
Iiace por ellos.
Brig. Los pobres son may desagradecidos, creed me: y so-
bre todo, es^ clase de pobres qae os inspiran lástima.
Diana. ¡InfelicesI Inocentes son los más.
Brig. ¡Pero si todos so a herejes! Ya vendrán mejores
tiempos.
Diana. Mi espirita lo adivina. Los martirios siempre son fe-
cundos.
Bric. Na veo ensartar la aguja. (Gsta mujer es buena de
puro vanidosa.)
Diana. AUora encenderás laz; espera que acabe de anochecer.
Brig. La verdad es, que mejor estaríamos paseando á pesar
del frío.
Diana. ¡Paseando! No hay familia que no esté de duelo. No
puedo yo vivir alegre cuando otros padecen.
Brig. Es lo cierto que de duelo sólo están los malvados.
Pues buen remedio: que sean buenos.
Diana. Ya no se vé. Hay que encender luz. (oejaa de tr^bAjar.
Se le Tantea de sus asientos y eondoeen el velador, las sillas y
la ecstora al centro de la sala. Mientras hacen todo esto sl|^a4iii
. hablando )
Rrig. La verdad es que la ciudad parece un desierto.
Diana* Como todos temen amanecer en la cárcel ó en el pa-
tíbulo, nadie va á parte alguna.
Bi'.iG. Todos, no. Por cierto que á vos no os arredra ir á la
cárcel.
Diana. Todos ios días iré en tanto que me sea posible y me
lo permiUn.
Brig. No me hace gracia acompañaros.
Diana. No me acompañarás; iró sola. No á todos nos com-
place enjuj^ar las lágrimas de los desgraciados.
Baig. (Esta mujer os insufrible.)
Diana. En socorrer y consolar á los pobres y á los presos»
hallo mi suprema felicidad.
— 13 —
Brig. (lYa! Porque la tengan por santa.)
Diana. Trae laz, pues urge concluir y entregar esta labor. '
Brig. Lo que yo digo, señora, es por vuestro bien. Cual-
quier día os levantan una calumnia, y en lugar de ir
á la cárcel á socorrer y consolar, os quedáis allí sin
quien os socorra.
Diana. Todo podría ser, pero no lo temo. Trae luz y no me
turbes el ánimo con tus augurios. (Vase Bríg^ida por u
pnerta del foro.)
ESCENA II
DIANA
¿Y por qué he de temer? Cumplo mi oblig jción, cum-
plo con los preceptos de la caridad cristiana, sin mez-
clarme á dar ni á aquitar (a razón. Si me persiguen
los hombres, Dios me premiará. ¡Bienaventurados los
que padecen persecuciones por la justicial (Vase por la
izquierda. En el Instante mismo en qae Diana desaparece entra
en escena Brígida, qae trae en la mano ana lámpara encendida,
dejándola sobre el Telador. Después cierra la ventana.)
ESCENA ni
BRÍGIDA
Santas y buenas noches. ¡Calle! No está aquí la vir-
tuosa. ¡La virtuosal Soy ya muy vieja para que me
engañen. ¿Una mujer tan hermosa, de apenas veinti-
cinco años y sin amante? Increíble es. ¿Estará re-
zando? Dios no me perdone sí creo que ella reza. Para
mi gusto es luterana. Yo no sé nada, pero... En fin,
me es igual. Cerró la ventana por si viene el señor
Hugo. ¡Qué buen señorl ¡Qué espléndido! Bien me
paga mi oficio. Por cierto, que lo hago muy mal y
adelanto poco. Hoy, aun no le he hablado á Diana de
— 14 —
él. ¿Si pensará la tonta que la sirvo con gusto por
los dos escudos que me paga? ¡Ayl Si da en seguir
virtuosa 6 viuda, me arruino. ¡La detestol
ESCENA IV
BRÍGIDA T DIANA
Diana. ¿Hablas sola? ¿Estás murmurando?
Baiti. ¿Vo murmurar?
Diana. Me pareció.
BuiG. Señora, es que rezaba.
Diana. Vamos á coser, á concluir esta obra.
BaiG. Pronto estará. Yo soy trabajadora y vos coséis mucho
y bien. (Halaguémosla.) (Se »ientan á eoKer corra da U Irz.)
Diana. Ur^e, port{ue Goleta quiere llevar á su pobre pariré
una prenda de abrigo. \\S^n la cárcel se siente mucho
frío, y como el padre de Goleta está enfermo, y yo la
quiero tantol
Sí, excusaos ahora con el cariño que tenéis á Goleta.
Achacailo mejor á vuestra bondad, á vuestro deseo de
hacer bien sin mirar á quién.
No lo niego; pero eso no quita que yo quiera á Go-
leta V al quererla, siento mayor placer aliviando las
miserias de su familia.
{Siempre tan buenal Digo, no; porque algo tenéis do
cruel.
¿Yo?
(Ya planteé la cuestión.) Vos, sf; porque esa misma
y superior bondad, ese continuo placer de la caridad,
es seguro que redunda en perjuicio de alguno ó de
algunos.
Diana. No te comprendo.
Brig. ¿Es posible creer que en la ciudad no haya un hom-
bre, ó varios, que por vos vivan muertos de amor?
Diana. No lo creo. Vivo retraída, fiel á la memoria de mi
esposo.
IRIG.
Diana.
Brig.
Diana.
Bbig.
— i5 ^
Brig.
Diana.
Bhig.
Diana.
BuiG.
Diana.
BlUG.
Duna.
Brig.
Diana.
Brig.
Diana.
Brig.
Diana.
Brig.
Diana.
Bbig.
Diana.
Brig.
Diana.
Brig.
Diana.
Brig.
Diana.
Pues los hay.
¿Cómo? ¿Tú Ic sabes?
Debe haberlos, quise decir.
Me habías alarmado.
(¡Mojígatal) Mujer que reúne virtud y tantas gracias,
por fuerza tiene adoradores.
Lo ignoro. No lo creo; pero si los hay, pierden el
tieíiipo. Quiero decir que lo perderían, si se atre-
vieran,..
Esa es la crueldad de que yo hablaba. Vos, ]ya se ve!
no reparáis. ¡Siempre tan seria! ¡Pero si vierais, como
yo veo, el efecto que producís!...
¿Tú sabes? ..
No os alarméis; yo no sé nada, ni he visto rondador
alguno.
Entonces, no formes juicios temerarios.
Yo soy vieja, señora, ly he visto tanto! El amor
nunca está ocioso. El amor es*á en ¿a vida, y por
fuerza hay almcs que penan... porque vos su pena no
consol :iis.
No es culpa mía. Cambia de conversación.
Esta noche tarda el señor Hugo en venir.
Siempre viene más tarde. Vendrá, de seguro Agra-
dezco su asiduidad, porque es desinteresada.
Tal vez no.
Dos años hace que me visita todos los días, desde la
muerte de mi esposo.
Pues por eso.
Siempre comedido, respetuoso, breve en sus visitas.
Pues por eso.
Nunca me habló á solas, ni lo pretendió.
¿Tímido? Síntoma de ei amorado.
Era muy amigó de mi Rafael.
Tal vez desea heredar á su amigo.
Por haber sido amigo de Rafael le recibo, y porque
su conducta no me da que sospechar Dice la gente
que es duro de corazón, vanidoso, enemigo de todo
— 16 —
adelanto, de toda mejora..* Si eso es verdad, lo de-
ploro; pero conmigo se porta con mucha discreción.
Bbig. Ya terminó mi costura, ¿y vos?
DlA^A. Ahora mismo. En seguida vas á la tienda/ haces la
entrega y traes el dinero, i Brígida esta ya He pié.)
Ba G. Pensar que un caballero joven, apuesto, rico y ele^
gante visita todos los días á una mujer de vuestras
prendas, ¿y pensar que no está de vos enamorado?
Eso sóíamenle lo puede pensar y creer la que es suma
virtud y suma bondad.
Diana. Pues por si acaso es eso, y te agradezco el aviso, voy
á procurar que me visite más de tarde en tarde.
BáiG. (Sombría.) ({Ay de tí, si tal hacesl)
DiaNa. Ya confluí. Ayúdame, Brígida, á doblar. Aún es tem-
prano... hay tiempo. Ve y no tardes en volver. No
quiero estar sola, por si viene el señor Hugo.
Yo nunca me tardo, señora. Si me detengo, es en la
Brig.
iglesia.
Diana. Esta noche, ni eso.
Brig. (Murmvrando, pero «on intención de qae Diana la oiga.) Tam-
bién es fuerte cosa, que no pueda una rezar sus ora-
ciones.
Diana. Rezarás en casa, á la vuelta. Mi reputación exige que
ese cabsllero no me halle sola.
Brig. (¡Tonta! Pues por eso tardaré ) Volveré en seguida.
Diana. Cierra bien la puerta.
Brig. (Pues no la cierro.) (Voso BrCg^ida por la puerta del fondo.)
ESCENA V
DIANA.
{Amor!... ¿amar yo? ¿Por qué no amo? Amé á Rafael
con delirio y con ternura. Algo amo yo ahora, algo
que no acierto á definir, algo grande. Kl bien, ¡sí!
¡amo el bien! Pero, ¿amar al señor Hugo? ¿al azote
de los que padecen? ¿al enemigo de les que piensan y
— 17 —
de los que sienten? ¡Nunca! Si yo he de amar algo,
no es eso.
KSCRNA VI
DIANA y JUAN
Joan entra por la paerta del fondo, desparorido, des§;«rrado3 lea vestí-
dos, ensangrentado el rostro, y en cuanto ve i Diana va como á ampa*
rirse de ella, y se arroja snpHeanle á cas pies.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
(ai verle.) \ky\
¡Señoral ¡compasión, señora!
¿Qué queréis? ¿Quién sois?
¡Piedad, señora I ¡piedadl
Alzad. ¿Qué pasa?
Me persiguen.
¿Quién?
La justicia.
Bien. Alzad; serenaos un poco y pensad lo que con-
viene hacer.
Perdonadme, señora, ó no me alzo.
Perdonado estáis.
¡Oh, graciasl (Se pone de pié.)
Tomad aliento, sentaos y hablad. {; Pobre jovenl)
No me han visto entrar. Los Alguaciles perdieron mi
pista muy lejos de aquí.
Pero ¿quién sois? ¿por qué os persiguen?
Soy... un fugado de la cárcel. Soy.,, ¡un sentenciado
á muertel
¡CielosI
No os asustéis, señora. ¡Tened lástima de mí! ¡Ampa-'
radme en trance tan borri))le, en momento tan so-
lemnel (VaeWe á caer de rodillas á los pies do Diana )
¡Infeliz! ¿Y si vienen? ¿Y si registran la casa? Huid,
huid.
¡Imposible! ¡Mi salvación está aquí!
' ^ 2
— 48 —
Diana. Pero alzad, y hablemos de una vez. Sentómonos» con-
tadme vuestra situación y deduzcamos de ella el re-
medio que puede aplicarse á caso tan grave, (se 8¡oi;Ua.
La «g^itaeión qae le posee ob'fg^a á Juan i moverse, á mirar y
oír CAO desconfianza, y caando so exalta se pono de pié.)
Juan. Mañana debía morir.
Diana. ¡Qué horror!
Juan. ' ¡Es horroroso, sí! ¡Horroroso es despedirse déla vida
joven, lleno de alientos, de esperanza y de generosi-
dad! ¡Horroroso es contar por las pulsaciones los ins-
tantes que se suceden, y pasan y no vuelven, y taher
así los momentos de vida que nos quedan.
Diana. Calmaos.
Juan. ¡Amar la luz, amar la vida, amar con el alma y saber
en cuál instante va á desgarrarnos la existencia la
inexorable ley humana! ¡Eso es horrible, señora; vos
lo habéis dicho!
Diana ¿Por qué os han sentenciado?
Juan. Por conspirador y por hereje. Ese fué el pretexto;
pero esto es largo de contar. ¡\h, señora! Si supiese
el rey los abusos que se cometen á la sombra de su
poder; si conociese las iras y los odios que se desen-
vuelven y las venganzas que se logran, pretextando
amor que no le tienen y servicios que no le hacen^
¡cómo castigaría á esos traidores!
Diana. ¿Cómo os llamáis?
Juan. Juan.
Diana. ¿Juan nada más?
Juan. ¿Para qué decir mi apellido? jOb, no es desconfianza,
señora!... Si me aprisionan de nuevo y muero en
horca, ó en hoguera, mi apellido debe olvidarse. Si
escapo de tan afrentosa muerte, si huyo, si gracias á
vos me salvo...
Diana. Eso, eso es lo que importa. Veamos cómo puede ser.
Juan. Dadme asilo hasta la media noche.
Diana. ¿Y mi honra? Viuda y joveii, y acechada...
Juan. Tenéis razón, señora: la honra es más que la vida.
¿Qaé importa ta vida de un hombre anu^ la lionra d&
una mujer? Señora, perdón y adiós. (\u<o ecmo qae se
va. Diana lo detieae eoo vlvaxa.)
Diana. ¡Jesúsl No, hofnbre, no. ¿Dónde vais?
Juan. A donde me ll«ve la suerte.
Diana. {Quieto! ¡quieto aquí!... iNo me extraña: el alma he-
rida, el corazón lastimado...
Juan. El corazón lastimado mana 'sangre; el alma herida se
revela.
Diana. . Vamos, sentaos otra \^.z.
Juan. La casualidad me condujo á esta casa. ^Bendita sea la
Providencia! Vos sois buena. Yo os conozco.
Diana. ¿Me conocéis?
Juan. ¿Quién no conoce á la madre dé los pobres, á la que
consuela á los presos y ampara á todos los desvalidos?
En i a cárcel os he visto muchas veces... antes os co-
nocía ya. ¿No es verdad que no me dejaréis sin am-
paro? Asilo hasta media noche, no pido más.
Diana. Bien, sí; pero es el caso que yo no vivo sola. Temo á
la indiscreción, á la fatalidad,
Juan. Tengo amigos y dinero; dinero y amigos me facilita-
ron la fuga. Me esperan á la media noche. Con un
buen caballo pronto llegaré á la frontera.
Diana. ¿No conspiráis?
Juan. Ni conspiro ni he conspirado.
Diana. ¿No sois hereje?
Juan. Ferviente católico soy.
Diana. Si viniese la justicia... si sospechasen que estabais
aquí... [Dios mío!
Juan. ¿Tenéis miedo? Entonces... (Haca adem¿n de levaatarsa
de la silla.)
Diana, (ccn vWexa.) Temo por vuestra vida.-— Pero ya estáis
menos agitado. Debéis tener frío, hambre y sed.
Juan. Tengo sed; sed de la fiebre que me devora: sed es lo
que tengo. — Sueño, necesidad de reposo, es lo que
siento; pero no dormiré. No es posible dormir al que
no sabe cómo ha de despertar. (Saea aa pafloeio y ae
— 20 —
limpia el «odor de la frente. Mo vaeWe i §^oardarlo, y sin sar
bar lo que hace, fel>ril, lo paaa de la una á la otra mano hasta
qae, dUtraido, lo deja caer al «oelo.)
Diana. Voy á traer un poco de vino generoso.
Juan. Y mucha agua, porque me abraso.
Diana. Voy teniendo confianza. Pasa el tiempo y nada turba
la tranquilidad.— Voy por el agua. ¿Queréis comer
algo? Fiambres tengo.
UAN. Beber nada más. (Vaie Diana por la pnerta del fondo.)
J
líSCENA VII
JUAN
|A dónde me ha traído la casualidad! \Y en qué mo-
mentos! ¡Destino inexcrutable! ¡Amarla tanlo tiempo,
bendecirla en silencio y deberle ahora mi salvación!
KscENA vm
JUAN T DIANA
Diana trae en ana bandeja nna copa con yino y nn vaso con a^uai
Diana.
Juan.
Diana.
JfJAN.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Ya estoy aquí.— Cerré bien la puerta de la casa. — ^Be-
bed. (Juan se pono de pié y bebe con ansia.)
¡Gracias! (Se oye golpear en ana puerta, por el foro.)
(Asustada.) ¡Llaman!
Ocultadme, abrid, y sea lo que Dios quiera, (vuelven
á repetirse los §^oIpes.)
Prisa trae el que llama.
Pues abrid pronto.
(Sefialando A la puerta de la isquierda.) Ese CS mi dormito-
rio, lugar segaro, sí no es la justicia. (Coioca la bando-
ja sobre el velador.)
¿No tiene otra pnerta está habitación?
— 21 —
Diana. Esta sólo; pero entrad traaqailo. La alcoba de una
majer honrada 63 un lugar infranqaeable. (LUman por
tercera tos )
JuAM. Se Í!npacíentan.
Diana. (Aliando la Yos.) Voy en seguida. (Vato por U puerta del
fwndoi)
KSCKNA IX
JUAN
iCuárita ansiedad! (Escachando.) No son los esbirros d&
la justicia. (Vaae por la poerta de la Izqaierda^ cerrándola.)
ESCENA X
DIANA y GOLETA
Diana. ¿Por qué llamabas con tanta prisa?
Coleta. Vengo muerta de miedo.
Diana. ¿Qué te asusta?
Coleta. Y al mismo tiempo me alegro.
Diana. ¿Qué pasa?
Coleta. ¡Ahí es nada! ¿No sabéis? Se ha fugado un preso de
la cárcel: un reo de muerte.
Diana. ¿Si? No sabía nada. Cuenta... cuenta.
Coleta. Pues sí señora; el señor Juan Cabet.
Diana. ¿Cabet?
Coleta. ¿Por qué os sobresaltáis?
Diana. No, hija mía, no. Es el afán de la curiosidad. Prosi-
f^ue, prosigue.
Coleta. Tengo mucha sed. Ya se vé: el susto y lo que he co-
rrido. Aquí hay agua. (Repara en el vaso que hay sobre
el reí ador y se bebe la poea a^a qae dejó Jaan.) PoCa dej6
la visita.
Diana. (Con Tireza y asnttada.) ¡SÍ uo he teuido visita ningunat
Eso lo trajo Brígida para mí.
Coleta ¿Y el vino? Vos no bebéis vino.
— 22 —
Diana. (¡Torpeza míal)
Coleta. (AfligrióadoM.) ¡Ya no me queréis!
Diana. Sí, hija mía, sí; pero no me gastan las muchachas
cariosas y preguntonas.
€oLETA. {Ya no me queréis! Os veo asustada, conmovida; veo
pruebas de que aquí ha estado alguien, y como vos
no tenéis secretos, y como yo os quiero macho, de-
seaba enterarme, por si se atreven á daros algún pe-
sar* (Con bravara y desbarro.) £1 quC Se atreva COU VOS,
se acuerda de Coleta. ¡Por mi madre!
Diana. Sí, visita tuve y le di ese agasajo; pera el $usto que
me notas es inquietad por ese pobre Cabet. Prosigue
tu relato.
Coleta. (Cuando ella miente. •• algo oculta, á alguno fa-
vorece.)
Diana Vamos, cuenta.
Coleta. (Mucho ha tardado en abrir.)
Diana. ¡Coleta!
Coleta. Pues señor, que don Juan Cabet, rico y guapo mozo,
preso por sus amores á cosas que dicen que no son
buenas, se fugó de la cárcel, y que era reo de muerte,
ya lo dije. Tuvo el caballero la mala suerte de ser
descubierto ea su tuga, y por calles y plazas, y por
huertos y tejados, lo hau perseguido como á una
fiera. Por fin, se les ha ido de entre las manos. ¡Me
alegro! Está la ciudad que parece que vienen los fran-
ceses. Los Alguaciles corren, gritau, aullan; los Sol-
dados están sobre las armas... ¡Gran belén! ¡gran
belén! (Se aflige de pronto y se limpia las lágrrimas con la
panta del delantal.) ¡Lo sicuto por mi pobrc padre! En
las cárceles, siempre que se fuga alguno, lo pagan los
infelices que se quedan. Seguro es que no me le di»
jan ver más.
Diana. Mañana iremos á verle, pero es de necesidad que esta
noche le lleves.con qué abrigarse. Brígida fué por di-
nero y no debe tardar.
CIoleta. y mi padre estará contento, de seguro. Mi padre
~ 23 —
quiere mucho al señor Juan Cabet. Ds el que siempre
nos daba trabajo; y si no es por éi,mal lo hubiéramos
pasado en ocasiones. Yo le quiero muchísimo.
Diana. ¿Le conoces lú?
Goleta. |Ya ío creol ¿Cómo no he de conocer al que ha siJo
ángel tutelar de mi familia, después de vos? Vos tam-
bién le conocéis.
Diana, ¿lol
Goleta. Le habéis dado consuelo con vuestras bondadosas pa-
labras.
Diana. ¿En dónde?
Coleta. En la cárcel. ¡Por cierto que os miraba de un modot
Diana. No lo recuerdo.
Goleta. ¡Pobre señor Cabet! Toda la ropa blanca se la mar-
caba yo. Con lo que rae pagó por los ültimos Ififtiue-
los que le bordé, pude corapar el vestido que llevo
encima. Ya sabéis que yo no bordo mal.
Diana. Mañana te regalaré yo otro^ vestido.
Goleta. ¡Qué buena soisl Pero... y esto, ¿qué es? (Repara en ei
pañuelo que se le cayó á Jaaa y lo recoce y lo examina con
detención.) ¡Un pañuclo... y fino, de batistal
Diana. Sí, sí, es el mío. (¡Otra desdichal)
Goleta. Tiene sangre y polvo.
Diana. Dámele acá. El polvo es del suelo, y la sangre... que
me he pinchado.
Goleta. ¡Cs singular! Estas cifras las he bordado yo. ¿A.
ver? J. C. Justo; esto dice: Juan Gabel.
Diana, (xapaivdo u boca a Coleta.) ¡Silcncio! ¡Silencio, des-
dichada!
Goleta. ¡Por Dios, señora! ¡que me ahogáis!
Diana. Si pronuncias ese nombre, me pierdes.
Coleta. ¡Ha estado aqfti! (¡Cuando yo decía!...)
Diana. Estuvo y se fué.
Coleta. Fortuna ha sido que yo haya visto todo esto; fortuna
ha sido y no poca. ¡Buena la hacemos si lo llega á
ver la vieja Brígida, tan habladora cotno es! Ya me
contaréis mañana, cuando estemos más serenas.
— 21 —
Diana, Fortuna ha sido: tienes razón.
Ck>LBTA. No hay que perder tiempo. Los vasos á la alacena y
el pañuelo al fuego. (Aquí debe estar oculto.) (Se Ueva
la bandejft y el pañuelo; pero antee de ealir por la paerta del
fondo, «cha ana mirada á la paerta del donuitorio de Diana.)
ESCENA XI
DIANA
Es verdad: fortuna ha sido. Si Brígida ó Hugo llegan
á ver lo que Coleta, soy perdida y se pierde ese infe-
liz Gabet. ¡Qué angustia! ¡qué temor! iCon qué lenti-
tud pasa el tiempo esta noche! ;Dios quiera prote-
. . gernos!
ESCENA Xlí
DIANA y COLETA
Coleta. Ya no hay rastro. Hasta que se promulguen leyes más
justas, hay que vivir muy alerta.
Duna. Dios te lo pague.
Coleta. ¡Caramba! ¡y me queríais ahogar!
Diana. Perdona.
Coleta. ¡Chistl Oigo abrir la puerta.
Diana. Será Brígida, que tiene llave.
Coleta. Ella debe traernos noticias recientes.
ESCENA xrii
DIANA, COLETA y BRÍGIDA
Brío. Vengo horrorizada. Aquí está el dinero; tres essados.
¡Jesás, Jesús, Dios nos asistal
Diana. ¿Qué tienes?
Coleta. ¿Qué sucede?
— 2o —
BiUG. ¡Ahí es nadal La ciudad está alarmaila. Se lia fugado
de la eircel un bandido, un monstruo. ¿Qué digo? ün
monstruo es poca cosa. Se ha fugado un traidor, un
hereje, un partidario de las doctrinas de Latero, un
orangísta. Le buscan por el arrabal.
Diana. |Ah!
BaiG. Pero que le echen galgos. Las autoridades le suponen
ya lejos y salvado.
Coleta. {Alabado sea Dios!
Brig. . ¿Eh? Permita Dios que lo atrapen, ün alguacil amigo
mío cree que aun no ha salido el prófugo de la ciudad.
DfANA. ¿Eso dicen?
BáiG. Lo que es yo, como supiese dónde se oculta, le de-
nunciaba y á los encubridores también. (Diaoa no podds
resistir la emoción, y cae temblorosa en una silla mirando eon
inquietad á la paerla de la izquierda. Brígida no so fija en esta
cireanstancia, pero Goleta sí.)
Diana (¡Protégele, Dios mío!)
Coleta. (La señora está asustada. Oculto le tiene.)
BaiG. No saldría yo esta noche á la calle por nada bueno.
Diana. (Hay que alejar á esta furia todo el tiempo posible.)
Coleta. ¿Estáis enferma, señora?
Diana. Estoy inquieta. Tengo miedo, como Brígida.
Brig. \Y pensar que vivimos solas dos mujeres indefensas!
Diana» Esta noche debía Coleta hacernos compañía.
Bbig. Bien pensado.
Coleta. Yo, con mil amores; pero debo avisar á madre para
que no pase cuidado por mí.
Diana. Es justo. Toma, Goleta, el dinero que me dio Brí-
gida. Llévalo á tu madre, y que tu hermana Berta
compre el abrigo para tu padre.
Coleta. Gracias, señora, gracias. Mujer tan buena ha de ganar
el cielo. (Besa ana mano á Diana.)
Brig. (Así se cobra fama.)
Diana. En tales circunstancias y á estas horas no está bien
que vaya una muchacha sola por la calle. Brígida te
acompañará.
— 26 —
BaiG. ¿Yo? ¡Va^'á! Acompañar á una moza que tiene más
bríos que un dragón.
Goleta. Mucho que sí. •
Diana. Brígida, obedece y calla. Peor será q'ie pasemos la
noche sin su compañía.
Brig. Vaya sola y vuelva sola.
Diana. No le permito volver si no la acompañas.
Brig. ¡Si es que ten^o mucho miedo!
Diana. Con más temor quedo yo mientras volvéis.
Goleta. VamoS) señora Brígida, vamos.
Brig. ¿Miedo aquí? ¿Quién se ha de atrever á darnos an
susto? Nadie. Todo el barrio sabe que aifuí visita el
muy n( ble y muy poderoso señor Hugo.
Diana. (¡Ah, qué idea! Bien discurrió.)
Brig. La j nslicia no ha de atreverse á sospecliar de esta casa.
Goleta. Claro es que no, ni nadie.
Brig. V el prófugo no vendrá por acá por la cuenta que le
tiene.
Diana. iQue se hace tarde!
Brig. (El señor Hugo no ha venido aún. Debo marcharme
y dejarla sola.) (Llaman á la paorta de la casa.) El SCñor
Hugo debe ser. Voy á abrir.
ESCENA XIV
DlA^A y COLETA
Diana. (¡Malhaya mi suerte!) (a Coioia.) Haz de modo que vol-
volváis pronto.
Goleta. No hemos de tardar.
ESCENA XV
DIANA, COLETA, BRÍGIDA j HDGO
Brígida entra detrás do Hupo, adulándolo.
Hugo. Buenas noches, Diana.
'— 27 —
Diana. Huy buenas, señor Hugo.
Brig. (a Haflpo.) iQué tarde! (qué tardel Nos tenéis muy ol-
vidadas.
Hugo. Los negocios públicos. . .
Brig. Tomad asiento, caballero. Aquí, en esta silla.
Hugo. Si Diana me da permiso...
Diana. Sentémonos. Y vosotras, ya sabéis.
Brig. ¿A. ver? Este pobrecito señor trae muy mojada la
capa. La extenderé un poco para que se seque. En
esta silla... ó si no, mejor estará entre estas dos.
. (Toma la capa de flu^o y la tiende, eolg^ada de dos tUlas qae
coloca al lado do la p^aerta de la izquierda; pero tin qae impi^
^aa el paso al dornuitorio de Diana.)
Goleta. Señora Brígida, ¡que se hace tarde!
Hugo, (a Diana.) ¿Se marchan?
Diana. Por poco tiempo: volverán pronto...
Hugo. (Al fin le hablaré sin testigos.)
Diana. Ya veis, señor Hugo, la confianza que m^ inspiráis.
Hugo. La merezco.
Brig. Ya está tendida. Vamonos, si mi señor Hugo no dis-
pone otra cosa.
Hugo, (á Brígida, con inteñeión.) Gracias, muchas gracias p6r
vuestro celo, madre Brígida. Nada tengo que desear.
"Brig. Entonces, adiós.
Hugo, (á Diana.) Es muy buena.
Goleta. (Desda la puerta del fondo, al irse con Brígida.) ¡Muy
buena... muy buena!... (ipara emplumarla!)
KSCENA XVI
DIANA y HUGO
Hugo. Duros tiempos corremos. Temí que esta noche la sa-
grada ^obligación de velar por el orden me vedase
venir.
Diana. ¿Peligra el orden?
Hugo. No, precisamente hoy, en este momento. Pero si las
autoridades continúan tratando con suavidad á los
— 28 —
enemigos nuestros y de Dios; si d Duque de Alba no
llega pronto, ¿quién es eapáz de saber lo que su-
cederá? Es el Duque gran amigo mío.
Diana. Pero ¿qué ha pasado hoy?
Hugo. Hoy poca cosa, y me importa más á mí que al Go-
bernador. Un enemigo mío se ha fugado de la cárceL
Es hombre peligroso para mí y para las instituciones.
La vida daría yo por apresarle; pero ni lo¿ jueces ni
el Gobernador desplegan la energía que es necesaria
y yo les aconsejo.
Diana. Uaro es el día que no hay reo de muerte.
Hugo, iiso es poco. ¡Ya se vé I Así cunde la herejía y se
pierde lodo respeto. En vano escribo á Bruselas al
Virrey y á sus Ministros: allí están también por la
suavidad. Ya vendrá el Duque de Alba.
Diana. ¡Si están atestadas las cárceles!
Hugo. Es poco, es poco.
Diana. (Este hombre es un monstruo.)
Hugo. Hoy temí no poder venir á visitaros, y lo hubiese
sentido. No concilio bien el sueño la noche que
tengo la desgracia de no veros. Por fortuna mía, eso
ha sucedido pocas veces, desde que murió Rafael:
Dios lo haya en su gloria.
Diana. Allí está, de seguro. (l£ste hombre, ¿sería capaz?...)
Os estoy muy agradecida, señor Hugo: vuestra dis»
creta amistad me honra, y sabiendo yo, como sé, que
os mostráis mi amigo por haberlo sido de mi esposo,
sería en mí descortés b'rusquedad...
Hugo. ¡Qué dichoso fué Rafael! Y lo mereció, porque era
muy bueno.
Diana. Por eso soy fiel á su memoria.
Hugo. Hacéis bien; pero es lástima que tanta hermosura se
marcbite bajo las tocas de la viudez. ¿Por qué no os
casáis?
Diana. (¡Se atreve á lo que nunca!)
Hugo. Dicen que sois la virtud personificada, la madre de
los afligidos; pero no piensan como dicen.
— 29 —
Diana.
Hugo.
Duna.
Hugo.
Diana
Hugo.
Diana.
Hugo.
Diana.
Hugo.
Duna.
Hugo.
Duna.
Hugo.
Diana.
Hugo.
Diana.
Hugo.
¿Qaé piensan? ¿Qué piensan?
¿Cómo queréis que yo sepa fijamente lo que piensan?
Pero es casi seguro que no piensan nada bueno.
(Oiana, It rilada, te pooo d« pl¿ )
[Señor Hugo!
¿Os incomodáis? Hacéis muy mal. Yo, que os estimo;
yo, que os quiero... bien, esto cuento para que me-
ditéis que á una mujer tan bella y tan joven no le
conviene vivir sola. £1 mundo murmura.
iQué me importa á mí del mundol
(La altivez de su virtud me intimida.)
¡Y yo que os creía mi amigo!
Y lo soy, lo soy: no lo dudéis. (Hago se pone de pie.)
Me dais el mayor de los pesares.
La culpa es vuestra.
Diana,
»
Hugo.
Diana.
Hugo.
Diana.
Tomad estado.
¿Sin amor? ¿Con quién?
¿No amáis á nadie? ¿á nadie? (Esto lo dice Ueno de afán,
Tendiendo ta secreto.)
A nadie entre los vivos: lo juro.
(lOh, dicha!)
Preciso es que me expliquéis...
Murmuraciones... envidias... rencores: hé aquí lo
que los buenos alcanzan. £1 mundo toma la bondad
por hipocresía. ¿Cómo es posible imaginar una mujer
como vos, sin novio ó sin amante?
(May aitwa.) ¿Y 680 piensa el mundo? ¿Y eso pen-
sáis vos?
Yo no lo pienso: el mundo puede pensarlo. No tenéis
derecho á vivir sin amar, no siendo monja. Y como
todos sabemos que hay muchos hombres que por
vuestro amor darían la vida...
¿Vos también lo sabéis? ¿Conocéis alguno?
Muchos conozco, y sé de uno que os idolatra.
(lOh, imprudencia mía!) Compadezco á ese hombre.
No puedo amarle.
— 30 —
Hugo. (Eso ya lo veremos.) Ya veis, Diana, cómo la voz pd-
blíca, aun siendo injusta, llene derecho á suponer
que al no tomar marido...
Diana. ¿Cs porque teogo amante? Y vos, ¿quó opináis, señor
Hugo?
Hugo. Lo que habéis jurado.
Diana, Gracias, muchas gracias por la fe que tenéis en mi
palabra. Por lo injusto de la opinión y per mi fama,
voy á rogaros que no me visitéis más... después de la
oración de la tarde.
Hugo. (Adivinó mi amor.)
Diana. Eso exige, muy celosa, mi buena fama. Aquí no entra
más hombre que vos, y tan cumplido caballero...
Hugo. Es exigir demasiado.
Diana. Silencio y mudemos la conversación, porque llega
gente
Hugo. (Si no mintió, aún tengo esperanza.)
ESCENA XVir
DIANA, HUGO, BRÍGIDA y COLETA
Goleta. Ya estamos de vuelta, señora. Ya fué mi madre á
comprar el abrigo para padre. Mi hermana Berta se
lo llevará mañana, porque esta noche ya no dejan
hablar con los presos. Dejad que os bese y os abrace.
Diana. Sí, hija mía; ven á mis brazos, (se abraiaa. Ea unto
qae Goleta y Diana soitianen la conversación qae antecede)
Brígida y Hogo hacen eome qae hablan entre si. Saenan las
ocho en el reloj de una iglesia. Todoe están en tornó al
Tolador.) '
Hugo, (a Diana.) Ya es hora de retirarme.
Diana. ;Si vos, señor Hugo, pudieseis hacer algo en favor del
padre de Goleta!
Hugo. Veremos.*, veremos: los tiempos son malos y los
hombres peores.
BrIG* (Se dirige al dormitorio de Diana.) (Arreglemos el ICCho
— 3i —
de esa gazmoña. {Espinas le echaría de buena gana!)
(Entra en el dormitorio sin que de ello se aperciban ni Coleta
ni Diana. Mucha rapidez en la ejoeaelón de la escena qae
signe.)
ESCENA XVIII
DIANA, HUGO y COLETA; luego JUAN y después BRIGIDA
Coleta (a Hugo.) ¡Mi agradecimiento sería eternol
BrIG. (Dentro gritando.) iSoCOrroI ¡SoCOrrot
Diana. {Virgen de las Angustias!
Coleta. (Grito prclongado.) ¡Ayl
Hugo. ¿Qué pasa? ¿qué pasa? 'Las anteriores exclamacienes son
casi simaltáneas; al oir los personajes los gritos de Brígida^
Hugo saca la espadi; Diana, poseída de terror, crasa las manos
y las eleva hacia el cielo, viendo que el escondido ha s'do des-
cubierto, y Coleta, comprendiendo, de golpe, la sitaaeión, al
dai so terrible grito, entte verdadero y fingido miedo, da on
manotazo á la lámpara y la derriba y apaga. Hugo, ya á obs*
caras, al dirigirse al dormitorio, trcpieza con las silLs y so
enreda con la capa que está «n ellas tendida, por lo que cae: al
alzarse del suelo se desorienta, y á tientas toma ona dirección
contraria á la puerta del dormitorio. Brfgide sigue pidiendo
socorro i gritos. Coleta, en cuanto apaga, la éax, va rápida y
cdn segaridad á la puerta de la izquierda. Allí tropieza con
Juan, que sale á tientas, le reconoce al tacto per el veatido, lo
toma de la mano y se le lleva por la puerta del fondo. Un
Instante después sale Brígida del dormitorio á tientas y llena
de terror. Por fin vaelve á entrar Goleta en escena, trayendo
en ana palmatoria una vela encendida* Todo á sa tiempo.)
Brig. iSocorroI ¡Socorrol
Coleta. (Estaba aquí.)
Hugo. (ai tropezar y caer.) ¡lofíemo!
Diana. (iPiedad, Dios mío, piedad!)
Juan. (Apareciendo y tropezando con Coleta.) ({Una mujer! ¿Será
ella?)
Coleta, (a jaan ai oido.) (Seguidme: soy Coleta.)
— 32 -
Brig. (Saliendo del dórmitoHo.) ¡Un hombre! |Es UD liombrel
Hugo. . No atirO con la puerta. (Brígida y Hogo se halUn ya ano
jonto al otro»)
Brig. ]Era un hombre!
Higo. ¿Qué dices? (Entra Coleta con la vela encendida y deja la
Icz sol.re el velador, en coyo mueble está el sombrero de Ho^o.
Saena al toque de ánimas )
ESCENA XIX
DIANA, HUGO, BRÍGIDA y COLETA
Coleta. ¡Alabado sea Dios! Aquí hay luz.
Brig. (a Hago aparte.^ (¡Un hombre en su cuarto!)
DiA?(A. (¡iNo me atrevo á respirar 1)
Hugo. ¿Qué ha pasado?
Coleta. Buen susto nos habéis dado, madre Brígida. ¿Ya veis
fantasmas?
Hugo Veamos... Sepamos lo que es. (ai dtdr esto, toma con
ími^etu la las y entra en el dormitorio. La escena qneda á oba—
cu as. Mientras -vuelve Hug^o, Coleta y Diana cambian entre
si, aparta, las frase» que slg^uen.)
Coleta. ([Está en salvo!)
Diana. (¿Por dónde salió?)
Coleta. (Por la puerta, de prisa y quedilo.) (Entra Hugo en es-
cena.)
Hugo. No hay nadie.
Brig. Pues yo juraría... (Recoge la capa de Hugo y se la coloca
á éste sobre los hombros. El deja la luí en el velador y toma
el sombrero )
Hugo, (a Diana.) Adiós, señora. Ha sonado el toque de áni-
mas y no debo permanecer aquí. Me alegraré que no
tomen cuerpo las fantasmas que asustaron á Brígida.
Mañana volveré. (Se dirige á la puerta del fondo. Brígida
le sigue con la luz en la mano, como para alumbrarle el paso*
Ya en la puerta, Hugo se vualve para saludar á Diana, que no
le mira ni le atiende, mostrámloie así su desprecio.)
— 33 —
Brig. (a Hagro aparte.) (¡Era un hombre!)
Hugo. (a Brígida aparte.) (]Es precisO vigílarlal) (Coleta se fij3^
en estos apartes.)
Goleta. (¡Como yo me enfadel) (Vansa Bngo y Brígida. Coleta ios
rig'QO pisando de pantlllas. La escena qneda á obscuras. En
cnanto Diana qneda sola, cae de rodillas, crnsa las manos y ele-
Tft lá mirada snpUcante hacia el cielo.)
Diana. ¡Dios mío, tened compasión de todos los desgracia-
dos! (Telón.)
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
La mlima deeoraeión. — Es de día.
ESCENA PRIMERA
HUGO y BRÍGIDA
Hag^o está sentado, Brígida de pié.
Hugo. He de creer lo que dices, pues tanto lo aseguras;
pero... ¿tú le viste?
Brig. No le vi. Entré sin laz. ¿Cómo le había de ver?
Hugo. ¿Entonces?...
Brig. Percibí su aliento^ le oí respirar.
Hugo. , Ese no es un dato seguro.
Brig. Le toqué con mis manos.
Hugo. Eso ya no admite duda.
Brig. Le oí escapar, pisar en el suelo. {Vamos, señor! un
hombre no pasa desapercibido. Un hombre era. ¡Mi-
ren la santal
Hugo. Pero ¿por dónde salió?
Brig. Por aquí, por esta sala. Ese dormitorio no tiene otra
salida.
3(
Hugo. ¡Imposiblel Yo le hubiera oído.
Bbig. La confasión lo impidió.
Hugo. Me hubiese apercibido de algo.
Brig . ¿A obscuras? Pues qué, ¿pensáis que no apagaron la
luz exproleso?
Hl'Gü. Podría ser. Hay que vigilar á Diana, ¿lo entiendes?
Ed tí confío, y ¡ay de tí y de ella si rae engañáis!
(So poDo de pié.) Si me sirves bien te doblo la paga.
BftiG. ¡Qué bueno soisi
Hugo Necesito saber lo que hace, lo que dice y lo que pien-
sa. Es preciso que me des cuenta diaria de sus accio-
nes. (D«atro se oyó un silbido.)
Brig Eso es una señal.
Higo. Me avisan que Diana viene.
Brig. Pues idos: no sea que llegue y os encuentre.
Hugo. Con frecuencia habíale á Diana de mí. Ya me voy
cansando de fingir una bondad que no poseo.
Brig. Lo malo es si ella quiere al escondido de anoche.
Hugo. ¡No tiene amante, not Ella lo ha dicho y yo lo creo.
Pero cela y vigílala... por si acaso.
Brig. ¿No tiene amante? ¡Qué candido soisI ¿Y qué puede
ser lo de anoche?
Hugo. ¡Quién sabel Ya lo sabremos.
Brig. Yo creo que es luterana, orangista, conspiradora.
Hugo. ¡Ojalá!
Brig. ¿Cómo? ^¿Os alegraríais?
Hugo. Tal vez sí.
Brig. No lo entiendo.
Hugo. Ni hace falta que lo entiendas, sino que me sirvas.
Adiós y hasta luego. (Vaso por la paerta del fondo,)
ESCENA li
BRÍGIDA
¡Desagradecido! ¿Altiveces conmigo? Pues no hay
enemigo pequeño, señor Hugo. Tú eres malo, aunque
i
— 37 —
arrogante joven; pero... como dice el refrán: «para
un guapo, otro mayor.» ¡Nos veremosl Tú tienes el
demonio en el cuerpo y pierdes el reposo por el amor
de Diana ¿Por el amor?... No; por el amor, no. El
diablo quiere su alma... y tú quieres lo que Satanás
dȒsprecia. |Nos veremos! Te sirvo por el dinero...
iQué necios son los que hacen de los hombres dóciles
instrumentos, en vez de hacerlos sus amigos! Ya
llevas el veneno en el cuerpo: sentías celos, sospe-
chabas otros amores, y ahora te vas de aquí creyendo
que ese ángel de bondad es una mujer hipócrita y
vulgar... una farsante. ¡Diana!. •• ¡la buena... la vir-
tuosa... la santal Aborrezco á esa mujer con toda mi
alma. ¡Dianal... ¡la gentil... la hermosa... la discretal
Me ensoberbezco cuando la miro. ¿Tú joven y yo
vieja? ¿Tú virtuosa y yo pecadora? ¿Tú amada y yo
aborrecida? ¿Tú hermosa y yo fea, horrible, siempre
fea desde la niñez? Eres insoportable, señora mía. ¿A.
qué vienen al mundo esos seres tan perfectos, llenos
de talento, de bondades y de virtudes? ¿A echarnos en
cara á los demás nuestros pecados y nuestra fealdad?
Pues que paguen su culpa. ¿No castiga la sociedad á
todo el que hace daño? Sí: eso está en la ley. Pues esa
hacen los buenos: sublevar las conciencias mancha-
das, perjudicar á los malos. (Sa asoma i mirar por^ U
▼entanaa.) Hela, quo allí vieno. ¡Y es hermosa! ^her-
mosa como deben ser los ángeles! (Sa sapara de ia ▼an<*
tana.) Mi odio va á poder más que tu dinero, señor
Hugo. ¡Que pague su culpa!
ESCENA m
BRÍGIDA y DIANA
Duna. ¿No ha vuelto Coleta de sa casa?
Brig. Todavía no, señora.
— 3^ —
Diana. Bien; quítame el maato.
BaiG. (DospreadUndo el manto á Diana.) POF ahí paSÓ el SeñOr
Hago... To estaba en la ventana.
Diana. ¿Por qué me hablas ahora del señor Hago?
BaiG. Porque me preguntó por vos con mucho interés. Di-
jo qae luego viene.
Diana. Lo siento, después de lo de anoche...
Bbio. ¿Qué sería? ¿Habéis pensado en ello?
Diana. Eso pregunto yo: ¿qué sería? Tú^ que armaste el es-
cándalo; tú, que poco discreta, has comprometido mi
reputación; tú, que algo viste ó sentiste, ¿tú me lo
preguntas?
Brig. En verdad, en verdad que no sé qué creer. Sin duda
fueron visiones mías. (Dobla el manto y lo deja sobre naa
•illa.)
Diana. (¿Qué importa mi disimulo? ¿Qué importa la sombra
de una sospecha en mi fama, si salvo la vida á un
hombre?)
Brig. T como venía de la calle sobresaltada por la fuga de
ese mal hombre, de ese hereje, de ese demonio de
Juan Gabet, los dedos se me. antojaron huéspedes.
Perdonadme, señora, perdonadme.
Diana. Perdonada quedas, pero cuidado con otra. ¿Y quién
es Joan Gabet? ¿Tú le conoces?
Brig. En mi vida le he visto, gracias á Dios; pero debe ser
horrible. Dicen que es joven y que fué rico. De se-
guro es bizco ó tuerto, mal encarado, patizambo y
jiboso; una imagen del enemigo malo. De seguro no
es como el señor Hugo.
Diana. No me hables más de ese hombre;
Brig. \E\ señor Hugo sí que es buen mozo y hombre de
bien á carta cabal! {Ya veis, nunca le han procesado!
Diana, (impaeieate.) Gállate, Brígida.
Brig. Y creo que no exagero si digo que está enamorado
de vos desde antes que os casarais con el señor Ra-
fael.
Diana. Te he dicho que no me hables más de ese hombre.
— 39 —
Bbig. ¿Del señor HUgo? ¿De vuestro amigo?
Diana. De ese.
Brig. iAhl Yo creí que os referíais á Juan Cabet.
Diana. De Juan Cabet, habíame todo lo quieras; pero del se *
ñor Hugo, ni una palabra; ¿io entiendes? ó sales de un
casa inmediatamente.
BiiiG. (¡Eso no me conviene!)
Diana. No te olvides, ó date por despedida.
ESCENA IV
DIANA, BRÍGIDA 7 GOLETA
€oLETA* ¡Qué dichosa soy! Hoy tengo permiso de madre para
pasar todo el día aquí; al lado vuestro, señora (Apar-
te á Dian», con rapMés, abraiindoU.) (]He de hablaros á
solas!)
Diana. Pues que tú vas á hacerme compañía, concedo permi-
so á Brígida para que vaya á paseo y á visitar sus
parientes.
BfiíG. (¡Algo traman!)
Goleta. El día está muy sereno; parece un día de primavera.
Vamos, madre Brígida, á tomar el sol. Hoy es día de
gresca para mucha gente. Empluman á Sabina y la
pasean caballera en una muía.
Diana. ¿Qu*'? ¿Es eso verdad?
Brig. ¿Quién es Sabina? ¿Es joven ó vieja?
Goleta. Joven y hermosa.
Diana. ¿Qué ha hecho esa desdichada?
Goleta. ¡Pchts! Poca cosa. Según se dice... ha despreciado á
cierto caballero principal, y ha sido denunciada por
los esbirros del señor Hugo.
Duna. ¿De Hugo?
Brig. ¡Ooletál
Goleta. (Fln^Uado §pran pesadambre.) |Ay, DioS mío! ¡I.O dije y
fué sin querer.
'
— 40 —
Diana. ¡Ilogol ¡Siempre sa nombre acusado por la desven-
tura!
Brig. Las lenguas largas deberían ser cortadas.
Coleta. Eso digo yo. ¿Creeríais, señora, que toda la vecindad
sabe lo que aquí pasó anoche?
DIA^A. ¡Brígidal
Brig. Yo no he dicho nada^ creedme. Sin duda oyeron mis
gritos, y por eso...
Coleta. ¿La señora Brígida habladora? ¿Quién es eipáz de
creerlo?
Brío. (Huyamos á la tempestad.)
Diana. Mejor e« no juzgar cuando faltan pruebas.
Brig* Hago uso del permiso; voy á dar unas vueltas por !a
plaza.
Coleta. Si no andáis listas, vais á llegar tarde.
Diana. (Esta mujer me da en qué pensar.)
Brig. ¿Yo ir á ver á esa infeliz criatura? ¡Dios me libre I
Sólo por ver la gente iría yo. (Necesito disimular
para saber lo que traman.)
Diana, (a Brigid»*) Vete y déjanos en paz.
Coleta. Además... hoy no hace falta la acompañante, puesto
que el señor Hugo ya estuvo aquí.
Diana. ¿Aquí? ¿Cuándo?
Coi^TA. Antes de llegar vos.
Brig. Ya os dije... pasó... preguntó... (Me marcho, me mar-
cho.) Voy por el manto. (Vate da prlta.)
ESCENA V
DIANA T COLETA
«
Diana. La compañía de esta mujer es peligrosa.
Coleta. Es una bpuja.
Diana. Mañana la despido.
Coleta. Mejor sería hoy.
Diana. Y eso de esa pobre joven, ¿es cierto?
Coleta. Cierto es; sólo que no es una joven.
— 41 —
Diana. ¿Y por qué has dicho que lo era?
Coleta. Si digo que es una vieja, la madre Brígida oo entra
en deseos de ver la azotina y no se aiarcha.
Día Na. ¿Es preciso?
Goleta. Tomad esta carta. Es del señor Cabet.
Diana. ¡Ah! ¿Porqaé me escribe? (Diana tiene la carta en la mano
cuando Brig^ida lleg^a* Ésta no pasa de la puerta.)
ESCENA VI
DIANA, COLETA y BRÍGIDA
Brig. (La scriben. Bueno es saberlo.)
Goleta. La mora Brígida,
Brig. ¿M mandáis algo, señora?
Diana. Naáa Vele.
Brig. (Lo sabrá el señor Hugo.) (Vate.)
ESCENA VII
DIANA y GOLETA
Goleta. No penséis que he mentido al hablar mal del señor
HuKo.
Diana. Ese hombre es un demonio.
Coleta No os fiéis de él, porque es muy malo. ¡Cuan dife-
rente es estará vuestro ladol
Diana. Te prohibo las adulaciones.
Goleta. No lo digo yo, lo dice la voz pública. Pero... la carta,
la carta; leed la.
Diana. Tienes razón: la había olvidado. Leamos la carta de
ese desdichado joven. (La lea para »', y en tanto habla
Coiota.)
Goleta. Disfrazado está, y espera la contestación en la hoste-
ría de ahí enfríente. ¡Me ha suplicado tanto!
Diana. Desea despedirse de mí; peto eso es una imprudencia,
una temeridad.
— 42 —
Goleta. Dijome que sería breve, y que si le reeibís, ea se*
gaida emprende la marcha.
Diana. Sea. Díle que le espero, y mientras él oslé aquí vigila
tú, no le vaya á suceder una desgracia, v^asa Coleta.)
ESCENA VIH
DIANA
¿Cómo negarme, si dice que no huye mientras de mí
no se despida?... ¡Tiemblo de pavor á la idea de que
le puedan volver á encarcelarl Sería su muerte se-
gura. Es imprudente, temerario. Venga, venga, no
*vaya á ser yo causa de su muerte. (Oenita u carta q««
contervó en la mano»)
ESCENA IX
DIANA T JUAN
Joan Cabet, Ttste al oso militar, eon la banda roja da eapitáa» Lloara
ombosado y al entrar ae deaemboza.
Juan, Señora...
Diana* Sed breve... y ¡adiós!
Juan. Irme de la ciudad sin despedirme de vos, era impo-
sible.
Diana. Bien; ya me visteis: marchad.
Juan. ¿Teméis? Razón es. ¿Quién no teme comprometerse
hablando con un perseguido, con un sentenciado á
muerte?
Diana. ¡Sois Injusto! Os digo lo que anoche os dije: temo por
vuestra vida, señor Gabet.
Juan. ¡Ahí ¿Ya sabéis mi apellido?
Diana. Ya lo sé' pero idos, ¡por DiosI
Juan» Todavía, no.
Diana. Sois un temerario. ¿Qué queréis?
— 43 —
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana,
Juan,
Diana.
Juan.
DiAnA.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Juan.
Diana.
Daros las gracias, haceros ana pregunta, revelaros
un secreto y luego partir para Holanda.
¿Y Si os sorprenden?. •• Voy á cerrar la puerta.
Inútil afán; peligrosa medida. Sí nos sorprenden, sea
€on la entrada libre. Yo estoy juzgado: conviene que
no os juzguen á vos.
Hablad, hablad pronto.
¿Qué pensáis de mi? ¿Me creéis un malvado?
.Os creo por vuestra palabra.
Señora, os admiro... y os estimo. Por eso quiero que
sepáis que el hombre que an oche á vuestra casa llegó
por azar; que el hombre que os pidió un asilo, es un
honibre honrado. No soy criminal, no; no soy lutera-
no; no soy orangista. Un miserable me ha calumniado;
un vil, que tiene mañosos instrumentos para sus ven-
ganzas, y oro, influencia y poder para todos sus
deseos.
¿Quién es ese perverso?
Hugo de...
(Galladl... ¡Siempre él!
Lo juro, señora: soy inocente. Si fuese culpable no
estaría aquí hablando con vos.
Bueno... bien... lo presumía. Idos ya, no seáis impru-
dente. Asi no se juega con la vida. ¡Marchad! La
pregunta está hecha, las gracias dadas, la despedida
tuvo lugar. Del secreto nada quiero, nada debo saber.
Mi secreto es lo más importante.
No insistáis, calladlo. En cuanto yo lo sepa, ya no es
secreto. £1 tiempo pasa y me asaltan terribles presen-
timientos.
No temáis por mf . Estando á vuestro lado ha de pro-
tegerme Dios.
¡Tengo miedo!
Vengo disfrazado. El gentío que vaga por las calles y
estos atavíos militares, me protegen. Además, me
creen muy lejos de aquí.
Mejor estaréis lejos, siendo verdad.
— 44 —
Juan.
Diana.
Joan.
Duna.
Juan.
Diana.
JuANt
Diana.
Seré breve. Oíd: amo á una majer joven y bella; en
silencio la amo, hace ya mucho tiempo. No pude de-
cirle mi amor en circunstancias tan graves. Es her-
mosa y buena, como vos lo sois. ¿Queróis hacerme la
merced de hacer llegar este papel á sus manos?
¿La conozco yo?
Hay doble sobre: debajo del primero encontraréis sus
señas. (L« ofrece ana carta cerrada, que Diana no te deeidd 4
tomar.) l'erdouad, sros ofende el encargo.
)0h, no es esol
Es rili última súplica. (Diana toma la carta.)
Dddine acá... y en marcha. Ni un iustante más, ¡por
DiosI V Él os proteja. (Toma á Juan de la mano y lo coa-
doce á la puerta.)
{Adiós, señora, adiós, y bendita seáis I
¡Adiós... adiÓsl (Entra Coleta corriendo y detiene á Jaan.)
ESCENA X
DIANA, JUAN y COLETA
Goleta. ¡El señor Hugo, el señor Hugol
Juan. ¡Mi enemigo!
Diana. ¿Él?
Juan. Saldré antes que él llegue, (coleta le detiene y Diana M
Inteipone en la puerta.)
Goleta. |Imposible! La calle está llena de alguaciles y soldados.
Diana. ¡Dios nos Valgal (Coleta empuja á Juan hacia el dormitorio
de Diana. I
Juan. ¿Otra vez?
Goleta. No hay otro remedio.
Juan. ¡Menguada es mi suertel (ja«n «ntra en el dormitorio,
cuya puerta cierra Coleta. Diana, asoktada, ra bajando al
primor término. Aparece Hn^o en la puerta del foodo.)
— lo —
ESCENA Xí
DIANA, COLETA y HUGO
UüGO. Dios os guarde, Diana.
Diana. Él sea con vos. ¿Qué queréis? (Hago avanza y coa 81 ña
imperiosa iodiea i Coiota que debe irse.)
Hugo. Ofrecí venir hoy.
Coleta. (jGon tal que se vaya pronto!)
Diana. No te vayas, Goleta.
Hugo. A solas quiero hablaros, Diana.
DiAiXA. Con testigos ha de ser, señor Hugo. De otro modo,
no consiento.
Hugo. Sea con testigos, pero en voz baja hablaremos: os lo
ruego, señora. (Diana había al oído i Coleta. É^ta traspone
el nmbral de la puerta del fondo y en todo lo qae resta do esta
escena se deja ver de enando en cuando.)
Diana, (a Ha«ro.) Podéis hablar.
Hugo. Os hallo inquieta, desmejorada.
Diana. Pasé la noche sin dormir.
Hugo. No hablemos de anoche.
Diana Mejor es. Y hov, ¿qué queréis?
Hugo. Importante es el motivo que me trae.
Diana. ¿Por eso venís á visitarme seguido de un ejército?
Poco galante sois.
Hugo. Me han asegurado que Juan Gabet está en la ciudad y
le voy buscando.
Diana. Lejos ha de estar, si es avisado.
Hugo. Hombres de mi confianza le han visto hoy, y dicen
que en esta calle.
Diana. ¿Y venís á buscarle en mi casa?
Hugo. No: vengo á ofreceros mis servicios.
Diana. ({Respiro!)
Hugo. Vfengo á ofreceros mi amor.
Diana. ¿Vos?... ¡Qué dice, madre mía!
Hugo. ¿Os admira? Lo creo; pero escuchad.
— 46 —
Hugo.
Diana.
Hugo.
Diana. Señor Hago: isi es que me espanto de oírost... ¡Ah,
Rafaell iRafaell
Hugo. ¿Lloráis? ¿Es que me aborrecéis?
Diana. ¿Yo amada de vos? ¿Y venís á decírmelo cuando vais
persiguiendo á un desgraciado? No perdáis el tiempo,
señor, porque se os va á escapar el enemigo. Dejad
el amor para ocasión más propicia. Guando se sienten
rencores, cuando se desean víctimas, es un ultraje
hablarme de amor.
Diana, os amo con toda el alma, creedme; os amo
dosde hace mucho tiempo; os amo desder antes que
Rafael os amase.
¡Oh!...
¿Dudáis? Oíd, oíd: cuando iba á vencer mi timidez;
cuando iba a arrojarme á vuestras plantas y á confe-
saros mi amor, entonces os enamoró Kafaei y con él
os casasteis, y no le maté por no turbar vuestro
sosiego.
DiAN4. ¡Señor Hugo!
HuGp. No le maté, porque no me aborrecierais. Y desde en-
tonces creció mi amor, y aborrecí á Rafael y maldije
mi suerte. ¡Cuánto padecí, señora, mientras fuisteis
casadal
Diana. ¿Y queréis que os ame? ¡Dios mío, este hombre estálocol
Hugo. ¡Loco de amor. Dianal Os amé, os casasteis y perdí la
esperanza: ¡no quiero volver á perderla! No quiero
que otro hombre más dichoso os llame suya. El
mundo cree que tenéis amante: el mundo lo dice y yo
lo sospecho.
Diana. ¿Sospecháis? ¡Ah, calumnia vil!
Hugo. ¡Acordaos de anoche!
Diana. ¡Basta!
Hugo. Habéis de oídme, señora, por doloroso que á los dos
nos sea. Si aceptáis mi amor, redimís un alma: me
salváis para el cielo. Mi amor es ya deseo indomable.
Sin vos, sin vuestro amor, la tempestad que ruge en
mi pecho será temible.
Diana. ¡Amor de Satanás! ¡No puedo ser vuestra esposal ino
puedo! Juré á Rafael en sa lecho de muerte no volver-
uie á casar.
Hugo. No os caséis... ¡pero amadmel
Diana. (iLrguidí, may aitUa.) ¡Sois UQ ínfamel ¡Salid, salid de
mi casa! (ColeU se Moma i la paerta.)
Goleta. (Esto no acaba en bien.) (VaeWe Coleta á sos paseos, apa-
raeleodo y desapareciendo & interTalos* Hago se hioea de redi*
lias delante de Diana.)
Hugo. ¡Así, señora, os lo suplico!
Diana, | Nunca! (Hag^o se pone de pié, sombrío.)
Hugo. ¡Vos lo habéis querido! He suplicado, me he humi-
llad o, he procurado -salvar mi alma. ¡Ahora os toca
suplicar á vos!
Diana. ¿A mí?
Ck>LETA. (Dasde la paerta.) (¿Qué díCC?)
Hugo. ¿No es cierto, señora, que por nada de este mundq
querríais vos ser causa de infinitas desgracias?
Diana, De ninguna.
Hugo. Ved: aquí traigo un salvo-conducto en blanco firma-
do por el teniente del Virrey, Os le hubiera dado para
Juan Cabet,
Diana. (Aterrada.) jAh!
Hugo. Para Cabet, que está oculto en vuestra casa.
Diana. Mentís.
Hugo. No lo neguéis: le he visto enlrar.
Diana. ¡Señor! ¡Señor! ¿Cuándo llegará á la tierra el reinado
de los justos?
Hugo. Vana declamacióa. ¿Qué dejáis para el cielo? Vuestro
humanismo es mentira. Cabet irá á la hoguera, mo-
rirá quemado vivo, ¡por culpa vuestra!
Diana. ¡Dios mío! ¡Dios mío!
Hugo. A una señal mía sube la gente armada.
Diana. Perdón, ¡perdón para ese desgraciado!
Hugo. Sed mía« y le perdono y le salvo. ¿Galláis?
Diana. Salvadle... y matadme á mí,
Hugo. • ¿Tanto le amáis?
— 48 —
DlAIfA.
Hugo.
Diana.
HCGO.
Diana.
Hugo.
Goleta.
Diana.
Hugo.
Diana.
Hugo.
DlASfA.
Goleta.
La ira os ciega.
(Bajando la TOi para qae no le oig^a Coleta.) Y mOrlrá el
padre de Goleta, que yo todo lo puedo con mi influjo
ly mi maldad! (Diana rae de rodillas datante do Ha§^.)
¡Tened compasión de mil ¡tened compasión de todos!
Así, mujer altiva, á mis pies, suplicante y llorosa ..
así le quiero ver.
Seré vuestra... haré cnanto queráis.
Alza, pues, y loma el salvo-conducto, (coieta baja ai
primer término. Hago eteribe en 'el Mlvo-eondaetn, TaUéndose
del recado de escribir qae hay sobre el celador. Diana ae pone
de pi¿*)
(Aparte á Diana.) f¿Qné le4)abéis ofrocido?)
(a Coleta.) (Un imposible. ¡El dolor enloquece!)
(a Diana, mostrándole en ana mano el saWo-eondacto y «n la
otra un silbato.) Escoged: cl papel da la vida, un silbido
traerá la muerte: escoged. (Bajando u voz ai oído de
Diana.) O ser mía, 6 matarlos.
(A Hago, también en toi baja y al ofdo.) |Ser tU espOSE y
morir de vergüenza y de dolorl
HoVy hoy mismo. Júralo.
¡Lojurol
(Amenace con el pafio i Hugo, desde lejos ) ¡Infame!
ESCENA XII
HDGO, DIANA, COLETA t JUAN
Se abre con violencia la paerta del dormitorio y aparece Joan, enearén*
dose conHug-o. Este da an paso atr&s y desnada la espada. Las dos
majerea se interponon entre ambos (esto sólo en el primer instante*)
Después Ccleta cierra la paerta del fondo y se qaoda como §^ardándcla«
Diana queda situada entre les dos*
Juan* (a Hug^o con caima y coa despreeio ) Eres UH miserable.
— 49 —
Juan. (a Diana.) No puedo, no debo aceptar vuestro sacri*
ficio: me entrego á la justicia.
Diana. (Coó energía.) ¡Jamás!
Juan. (a Hag^o ) Aquí me tienes, mal caballero. Guarda esa
espada: la mía, hela aquí, á los pies de tu víctima.
(Saca la espada del tahalí, coa Taina y toda, y la eoloea 4 los
piéa de Diana.) Llama á tus CMbirros, llámalos, mons-
truo; atadme y preparad la hoguera... Yo soy Juan
Cabet, tu enemigo; yo te execro, engendro de Sata-
nás; yo iré al martirio del fuego y Diana no será
tuya.
Hugo. (A iuan.) No te mato porque eres del verdugo. (En-
vaina la espada y da un silbido.)
Coleta. iMisericordial
Juan. (a Hag^o.) Llama, llama pronto á tus esbirros. (Diana,
eon rapidez, toma nna mano & Hago y lo Ueva imparte, soste-
niendo con Tiveía el diálog'o que slg^ue. Coleta entretanto re-
coge doi suelo la espada de Cabet y se la eoloea en el taliali,
flgnrando que con él sostiene muy animada eonyersaeióny así
como persaadi¿ndole que haya.)
Duna, (a Hago.) (El salvo-conducto... ¡pronto!)
Hugo, (a Diana.) (¿Mía?)
Diana, (a Hugo.) (Sí.)
Hugo, (a Diana.) (¿Hoy?)
Diana, (a Hago.) (Sí.)
Hugo, (a Diana.) (¿Juras?)
Diana, (a Hago.) (iPor Rafael!)
Hugo, (a Diana.) .(Toma.)
Diana. (ai tomar el papel.) (Ah! ¡Ya era tiempo! (a Joan, dán-
dole el papel despaés de pasarle la Tlsta.) Tomad: estáis
salvado.
Goleta, (a Juan.) Huid sin dilación. (Hogo oye con caima erazado
de brazos.)
Juan, (a Diana.) No me voy, sí os sacrificáis.
Diana. (Aparte i Jaan.) (Lo obtuve por sorpresa y puede arre-
pentirse. Os exijo obediencia.) (La puerta del fondo se
maeve como si la forzaran.)
— 50 —
Juan, (a DUna.) Oledezco, porque lo exigís, (a Uago.) Bon-
dad tuya, traición debe ser. (Se abre U puerta del foad*
y enüran en tamalto Aigoaellaa, Soldados y Hombrea del pao*
blo, gente baldía derota de Hag^o* Diana y Coleta aprovechaQ
el primer Instnate ala Utabear, y tomando á Cabet, cada ane
de «na maao, le arr astran hasta la puerta» dominando con ene
Toees á la masa de gente qae ha entrado y qae no comprende
la aitmelón. Macha rapldéi.)
ESCENA XIII
HUGO, DIANA, COLETA, JUAN, ALGUACILES, SOLDADOS
y HOMBRES DEL PUEBLO
Diana. Paso, paso al capitán Diéguez.
Coleta. Paso ai capitán de los tercios del rey. (La gente abre
paso y Jnaa se va.)
ESCENA XIV
DICHOS, menos JUAN
Diana. (Aparte i Hago.) (Despedid á esta gente.)
Hoco, (a los que entraron.) Esperad en la calle.
Goleta. (VoJ á ver si le siguen.) (Vanse Hombres, Soldados f AH
gnaclles. Coleta se asoma á mirar por la ventana.)
ESCENA XV
HUGO, DIANA y COLETA
Hugo. Hoy seréis mía.
Diana. (Hoy me toca morir.)
Hugo. Hoy. ¡Sin remedio!
Diana. (Como respondiendo A sa pensamiento.) {Slu remodíot
Coleta. (Separándose de la ventana.) Se SalvÓ.
- 51 —
Hugo. No, todavía no.
Diana. ¿Cómo? ¿decís qae no?
Hugo. (Aparte á Diana.) (Ei salvo-conducto es falso.)
Diana, (irritada.) ¿Dudáis de mi palabra?
Hugo. Hasta la bendición napcial.
Diana. Eso me autoriza...
HU'iO. A negaros si podéis.
Diana. ¿Y si me niego?
Hugo. kSsos dos hombres pueden morir. (Vaae por u paerta del
fondo.)
Diana. ¡Ah, bestia humana, que has arrojado tu disfraz áe
hombre!
Coleta. Esos dos hombres, dijo. ¿Quién es el otro?
Diana. Tu padre.
Coleta. (Dios nos asista! (Las dos se abraxan llorando y cae el telón.)
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
La misma deeoraeión*-— Es da día.—- Eacima del velador hay an -vaso
eoD agaa, aa reloj de arena f recado de escribir*
ESCENA PRIMERA
DIANA
(Rápidas pasan las horas! ¡Si me parecen minutos!
¿Será posible qne yo me despose con Hago? ¡No, no!
¡Eso sería nn horror, un sacrilegio! Sí, porque eso
sería condenarme en vida y renunciar al cíelo* ¿Yo
esposa de tal hombre? ¡Nunca! ¡Si á su lado no podría
ser buena! (uora. Breve paasaj Y pasa el tiempo y á
nada me resuelvo, y, ¡sin remedio! ha de llegar el
fatal instante. Lo he jurado, y debo cumplir mi pala^
bra .. ó morir. ¡Morir! ¿Por qué no? ¡No... no, Dios
mío! Ese monstruo es capaz de todo... ¡Ni muerta yo,
respetaría él mi memoria, y sacrificaría á esos ino-
centes 1 ¡Qué horror! Me zumba la cabeza, se me quie-
ren salir los ojos y me abraso de sed. (Se iieva ei raso
á los labios y lo Vaelre á dejar en el velador. Mira el reloj j
le da la vaeiu.) ¡Aht Mo duclc el alma, se me escapa
— 54 —
el penan mieoto y el tiempo avanza, lavanza inexora-
ble! Así caentan los sentenciados á muerte los ins-
tantes de su vida, de la vida que se les ya. {Pobre
Juan Gabet, abora te comprendo! £1 recuerdo de tus
penas endulza las mías. Aquí está la cart^ que me
dejó, ¿Será para míT ¡Debe serlo! La desgracia atrae
á los buenos unos á otros. |Dame treguas, dolor mío,
para cumplir su encirgo! ¡Dame treguas, desgracia
mía, para que se aumente mi dolor, si en mi puso su
cariño! (Rompe «l primer sobre j lee.) «Este eSCrítO es
para vos, Diana.» (RepresenUodo. Mny abatido.) i He lo
daba el corazón! (Rompe el oegaodo sobro y lee.) «Os C0«
nozco bace un año y os amé, Diana; porque hay her-
mosuras como el imán» y porque el amor entra por
los ojos y en el alma queda. Os atoaba ya, convidado
por vuestra virtud; os conocía ya, atraído por vues<
tra fama, y calló y padecí, porque fuera de tiempo
es imposible llegar ante una mujer como vos.» (ooja
de loor y declama.) Llegó tarde, SÍ; ¡llegó tarde! (Vaelre
á loor.) ttPero os seguía discreto, y soñaba sin discre-
ción, y adivinaron mi amor, y (perdonad por lo que
os revelo) en cuanto mi amor supieron me encarcela-
ron, y en mí se cebó la calumnia y el rencor más en-
conado.» (Deja do loor y declama.) {Ah, fatal revelación!
¡Triste suerte mía! (VooIto 4 leor.) «No sería por vues-
tro amor, no sería por eso; pero de un amigo logré
un enemigo en el hombre que os visita, y con ese
reñí, y ese fué mi delator, artero y falso.» (Deja do leor
y deeiama.) ¡Soñor! ¡Señor! ¿Por qué ponéis la ley y ia
autoridad de los hombres al servicio de los malvados?
(VqoIto i loor.) üY i la cárcel fui. Allí ibais vos todos
los días, y me consolabais... como á los demás pre-
sos. Consolabais al desgraciado, sin sospechar mi
amor. iBendije mis prisiones! Pero el Satanás que me
odia quiso ir demasiado lejos. Me iban á matar, sin
misericordia, calumniado y envilecido mi nombre.
Entonces huí, pude huir, y el azar me llevó hasta
- 55 —
vuestra casa. Lo demás, ya lo sabéis. Os amo sin es*
peranza, pero os amo con toda mi alma. (Adiós... y
bendita seáisl» (Deja de leei.) (Me amal Este sería un
hombre digno de mi amor, sí no lo hubiese sido Ra-
fael. Rompamos esta carta, porque está visto: amar*
me es un crimen. Rompamos esta acusación. (Rompe
la eatta y arroja lea pedazos por la renUna, y asomada por
•Ha queda aa momento mirando haeia afuera.) |Me duelO
verla volar! {Paréceme que son pedazos de mi alma
que se van. (vaoUe ai udo dei celador.) ¿Amaré á Ga-
bet?... No; no le amo, ni debo amarle, ni deben amar-
me. ¿Qué alcanzan con amarme? Los buenos delin-
quen ante los hombres, y los malos pecan ante Dios.
Tú has sido, Rafael mío, el único amador feliz. ¡Tú
kne esperas en el cielo! (Bre-ve pausa. Mira con afán á la
clepsidra.) ¡Cómo pasa el tiempo! Otra vez se colmó la
medida, ¡otra vez! El mejor pensamiento es el prime-
ro. (Aparece Brígida en la puerta. Diana no la ve, y de on
pomito que saca de la escarcela, yierte anas g^olas en el agva
del Taso.) ¡No tiembles, pulso cobarde! La muerte es
una buena amiga. ¡Dios velará por esos inocentesl
(Gvarda el pomito en la escareelaé)
ESCENA II
DIANA y BRÍGIDA
Bbig. Ya estoy de vuelta, señora.
Diana. |Ah! ¿Eres tú? (Vete!
Brig. (¿Qué es esto?)
Diana. ¡Yete, 6 no seró dueña de mi voluntad!
BaiG. (Ganemos tiempo.)
Diana. (Yete, te he dicho! (Brígida se arroja a ios pies da Diana.)
Brig. Perdón, señora mía, perdón si en algo os he ofendido.
DiANA. ¡Me has vendido, me has calumniado!
BaiG. Perdón, perdón y escuchadme.
— 5t5 —
Duna. Levanta, hipócrita: levántate y vete, (envida te pene
d« pié.)
Bbig. ¿Pero qné pasa? ¿qaé sacede? Seguro es que ese mal
hombre ha hecho algana de las suyas.
Duna. ¿De quién me hablas?
Bbig. Del señor Hugo.
Duna. Aparta, mujer infame, aparta. ^Vas á hablarme mal
de tu cómplice? iVete, ó no podré conteiiermel ¡Yetel
BaiG. Bien, yo me iré; pero sin vuestro perdón, ¡jamás!
(VaelT« i hincarte de rodtllaa, sapUcanto.)
Duna. ¡Mi perdón! ¿Pides mi perdón? Te lo niego. Pero asi
estás bien, de rodillas, ¡vieja miserable! Asi, verdugo
de mi alma, así: á los pies de tu víctima.
Brig. |Por Diosl
Duna. ¡Mi perdón! Pues qué, ¿no me ves espirante? ¿No eres
tú la causa de mi muerte y de mi oprobio? ¡Qué te
estoy contando, si tú lo sabes mejor que yol
Brig. ¡Perdón, perdón!
Duna. ¡Nunca!
Baio. Es preciso que me oigáis. No casóis con el señor
Hugo. Es un malvado. (Diana apoya sos manos en los
hombrof de Bríg^ida, y brayía, faera de si, la sasade.)
Diana. . ¿Y eres tú quien me lo dice? ¿Tú? ¡aborto del infierne^!
Brig. ¡Que me ahogáis! ¡que me muero! (Diana se repone y la
deja quieta.)
Duna. Sería indigno de mí. (Brígida se pone de fié.)
Brig. (Tú me lo pagarás.)
Diana. Vive... vive.
BftiG. ¿Me culpáis? ¿Queréis que me vaya? Yo no debo aban*
donaros, y no os abandono. He sido miedosa, por-
que... sabedlo, he tenido y aún tengo mucho miedo.
Ya estoy arrepentida: ¡lo juro! Remedio, remedio al
mal, es lo que debemos buscar. Busquemos, que la
Providencia acude en los días aciagos.
Duna. ¡Blasfema!
Brig. Vos sois buena, fuerte con vuestra virtud, y yo soy
dibil y cobarde. Vos sois joven, discreta y hermosa^
~ 57 —
y yo anciana, pobre, ignorante. Vos podéis luihar y
yo no puedo. Salióme al paso el senor Mago, y me
tentó y me venció. Ya estoy arrepentida. ¡Perdo-
nadme!
Diana. Quo te perdone Dios. (Ya no vaelro á hacer caso de Br{-
gida.)
BaiG. ¿Quién es este hombre que así me vence, y me sub-
yuga y me llena de terror? ¿Quién es? me pregun-
taba... ¿No roe atendéis, señora? Sin vuestro perdón
voy á morirme de vergüenza, y no me marcho si no
es perdonada. (Diana egtá ai lado del velador, tiene CA ana
mano el vaso y con la ctra so oprime nna sien. Brígida signad
hablando para s{.) (Va á beber*, cou eso tendría bastante»
Lo cierto es que á no ser tan buena, me ahoga.)
Diana. (¡Es imposible sufrir más! Busquemos el remedio.)
(Se va acercando el vaso á los labios.)
Brig. (iQué tontos son los buenos! Al fin perdonan; y si no,
vamos á verlo.)
Diana, (oprimiéndoso la frente.) (¡Así, así cueutan los senten-
ciados á muerte la vida que se les va! Así, por los la-
tidos acelerados de la sangre.) (Entra Coleta, muy alegare
por la puerta del fondo. La sig^oe Pedro, que se qaeda en el
umbral de la puerta. £n o^te instante va á beber Diana, pero
al o!r la vos de Coleta se detiene, y poco á poco, sin darse
cuenta de lo qne hace, deja otra vez el vaso encima del ve-
lador*)
ESCENA lil
DIANA, BRÍGIDA, COLETA y PEDRO
Goleta. ¡Albricias, señora, albriciasl
Diana. ¿Vienes contenta?
Brig. ¿Qué?
Goleta. ¡El señor Gabet está salvado, y mi padre también!
¡Viva, vi val
Diana, ¿Salvados? Explícate pronto.
— 58 —
B«iG. ¡Si yo lo decial (¿Qaé será?)
GoLBTA. (Á DUaa.) Dejad que os abrace. | La alegría me
mata!
Diana* Habla, Goleta, habla.
Coleta. Hasta soy capaz de abrazar á la madre Brígida; pero
no, no: sería demasiada benignidad.
Diana. ¡Coleta!
Coleta. Tenéis razón: soy muy loca y os tengo impaciente.
Ese que está en la puerta, ese os un buen primo mío.
Acércate, hombre: la señora te da su permiso, (padro
s« coloca al lado da Coleta.) Estc primo mío, es corrco de
gabinete, en la casa del Virrey. Hace un cuarto de
hora ha llegado de Bruselas con dos pliegos urgen-
tes para el Gobernador. Es uno de ellos, el iadulto
amplio para el señor Cabet, y el otro es la orden para
que se ponga á mi padre en libertad. Y como este
primo mío nos quiere mucho, y sobre todo á mí, en
seguida ha traído la noticia á mí casa, y hasta ahora
sólo sabemos la novedad los presentes, mí familia y
el Gobernador.
Brig. ¡y aún hay quien dice que no hay clemencia!
DiA.iA. Fausta es la nueva para todos.
Goleta, (á Diana.) (Ya no os casaréis.)
Diana. Es urgente que se corran las órdenes. Vamos en se-
guida á ver al Gobernador.
Golbta. Algo hay más urgente.
Brig. ¿Pero cómo ha sido eso?
Goleta. De sencillo modo. El señor Cabet tiene amigos y pa-
rientes. Se supo su sentencia de muerte, y corrieron
dineros y caballos. El señor Obispo de GüeMres in-
tervino, y el señor Cabet, que era inocente, se ha
salvado. Mi padre ha quedado en libertad, pues se ~
hallaba preso por su afecto hacia el señor Cabet. Hé
aquí la historia. La cuestión era llegar pronto, y
Pedro es un buen jinete, (a Pedro.) Ahora, amigo mío,
vete á beber á la vecina hostería y espérame allí.
(Pedro hace que se ▼% y Diana lo detiene.)
— 59 —
Diana. Esperad. Jasto es gratificar á quien tanto bien nos ha
traído.
Goleta. De eso me encargo yo, cuando Dios y padre lo per-
mitan. Qice venir á Pedro para que fuese un testímo^
nio yivode mis declaraciones. Déjanos, Pedro: la se-
ñora te lo manda-. (Pedro saluda y fo va. Diana y Coleta ee
abraian.)
Diana. (¿Triunfará la inocencia? ¿Triunfará la virtud? (Aun-
que en eata eieena Brígida toma parta en la eonTersaeión, es
ala que Coleta y Diana le presten atención, y lo mismo acón'-
teeo en la escena qoo sigaO')
ESCENA IV
DIANA, COLETA j BRÍGIDA
Diana toma su manto qne quedó sobre un mueble en el acto anterior
y se lo prende.
Diana. Vamos, Goleta, vamos pronto á ver al Gobernador,
que es buen amigo mío.
Coleta. Antes es vuestra felicidad. Vamos despacio. Yo quiero
casarme, pero vos no, y es preciso que no os caséis.
Diana. ¡No me recuerdes mi desdicha! Vamos á lo que he
dicho y después á buscar á tu padre.
Goleta. Eso no corre prisa. Padre saldrá hoy en libertad y el
señor Gabet no debe haberse ido todavía.
Diana. Debe estar lejos.
Goleta. No lo creáis. £1 campo es muy peligroso para el que
huye. En la ciudad estará.
Bríg. Capaz será de ello.
•€i0LETA. (Á Diana.) Lo quo corrc prísa es libertaros á vos.
BaiG. Eso es lo importante.
£toANA. ¡Lo he jurado!
CoLET^t. Oíd, señora: cuando loca de dolor salí de aquí, hálle-
me en casa con la buena nueva, y fui á participar mi
alegría á mí confesor que también lo es vuestro.
— 60 —
Diana. ¿Hablaste con él?
Coleta. ¡Y se lo he contado todol [todol
Diana. ¿Qué dijo?
Goleta. Se lo conté por desacreditar al señor Hugo. Yo quería
denunciar á la justicia lo que hace ese fiero señor y...
Brig. ¿Qué dijo?
Diana. Sí: ¿qué te dijo?
Coleta. Se aiogró por mi padre, se alegró por el señor Cabet,
rae díó el parabién y luego se puso muy serio.
Brig. ¿Muy serio?
Coleta. Y cada vez con mayor seriedad me dijo de este modo:
«El señor Hugo puede mucho y es muy malo. Lo me-
jor que podría hacer Diana es huir hoy mismo; pero
eso es difícil á una mujer Su juramento es nulo, co-
mo arrancado por la fuerza. Se ha portado bien: su
virtud y su conciencia deben ser sus consejeros. iQue
le inspiren el acierto!»— Callóse y yo exclamé: — Pero
¿quién es ese hombre terrible que así vence, asusta y
logra?
Brig. ¿Qué contestó su paternidad?
Coleta. Y así me dijo: — «Coleta, hija mía, oye,, y aprende y
sabe que todo no se puede decir. En cada aldea, en
cada pueblo, en cada ciudad, donde quiera que hay
seres humanos asociados civilmente, hay un hombre
ó una mujer, un demonio como el señor Hugo, dueño
de todas las voluntades y de todos los secretos, de to-
das las tentaciones y de todas las hipocresías, y por
eso mismo de todos temido y respetado. El poder y la
riqueza le sonríen; su aliento y su mirada envene-
nan. Esos seres están por encima de la ley humana.
Fingen ser virtuosos y son enemigos de todo bien j
de toda virtud, y sólo la virtud puede vencerlos. Pro-
cura ser discreta. Las flores delicadas de los campos
se deshojan al primer soplo de la tormenta; no olvi-
des, pues, que tú eres ana florecílla y que el señor
Hugo es una tempestad: huye de su camino, pero no le
irrites.» — Calló, medió la mano á besar y me despidió.
i
— 61 —
Brig. ¿Lo veis, señora, lo veis? ¡Cómo había yo de resistirlel
Diana. Juró. ¡No hay remediol
Brig. Pero... si el juramento es nulo.
Goleta. Fué arrancado por la fuerza.
Brig. Y el señor Gabet está indultado.
Goleta. T mi padre saldrá libre.
Diana. (O ser suya ó morir. ¡Morir de todos modosl)
Goleta. Os autorizó á negaros si podíais.
Brig. Y podéis.
Diana. ¿Y si me niego?
Goleta. So amenaza es ya imposible.
Brig. ¡Gasarse una mujer tan buena con un hombre tan
malo! No puede ser.
Goleta. Gonsultad con vuestra conciencia.
Brig. Al lado de ese hombre la vida os será un martirio.
Diana. ¿Gomo casarme con él si no le amo? ¡Si le aborrezco!
No debo casarme con él, no; la conciencia me lo grita,
mi dignidad me lo manda. Sea como queréis, sea como
yo quiero. (Se tienta y escribe dictándose en alta voz.) aSc-
ñor Hugo: puedo negarme, y me niego. Los dos se
han salvado. Es inútil que insistáis, porque estoy re-
suelta á no volver á veros más.» (cierra el escrito ea
forma de carta y lo entrega á Coleta.] Toma, GolCta, lieva
tú misma el recado.
Goleta. Así os veis libre do tan tremendo dolor.
Diana. No te detengas.
Goleta. Pedro llevará la carta á su destino. (Vase Coleta.)
ESCENA V
DIANA y BRÍGIDA
Brig. No le ha de gustar al señor Hugo el recado, pero
¡que rabie! Después de todo, su amor es más un em-
peño que una pasión. Los hombres malos no tienen
amor anadie.
— 62 —
DiANV ¿Todavía estás aquí? Te mandé salir; te despedí de mi
casa.
Bbig. Dócil obedezco para probaros mi cariño y mi arre-
pentimiento He iré; pero dejadme arreglar mi equi-
paje. Mientras, salís con Coleta... y cuando volváis»
me despido.
Diana. Antes de la noche has de irte.
Brig. Sois muy injusta conmigo.
KSCENA VI
DIANA, BRÍGIDA y COLETA '
Goleta. Ya fué Pedro con la carta, y le encargué también que
averigüe algo sobre el paradero del señor Cabet. Ya
podemos irnos, señora.
Diana. Sí, vamonos.
€oLETA. £1 paseo os ha de sentar bien.
Diana. Vamos, vamos, no sea que Hugo se decida á replicar.
No quiero verle.
Brig. Como se atreva á volver, yo le diré cuántas son cinco.
(Vaose Diana y Célela.)
ESCENA Vil
BRÍGIDA
Que ha de venir, es seguro: en cuanto se entere del
recado |Ah, florecilla, expuesta á la furia del hara^
cánl Si yo dicto la carta, no sale mejor. ¡Mujer odiosal
Has puesto tus manos sobre Brígida y te has perdido.
Necesito vengarme y gozar en tu desventura. Pero
¿cómo? ¿por qué medio? (Queda pensativa. Aparece Ceo-
lellaa en la puerta del fondo.)
— 63
ESCENA VIII
é
BRÍGIDA y CENFELUS
Cent. {Ah, de la casa!
Brig. ¿Eh? ¿Quién es?
Cent, ün pobre viajero.
Brig. Esta casa no es un mesón.
Cent. Pero ¿qué miro? |Tú eres Brígida!
Brig. {Centellas!
Cent. El mismo.
Brig. ¿Por dónde has entrado?
Cent. Por la puerta.
Brig. ¿Forzándola?
Cent. Estaba abierta. Desde que forcé los remos de una ga-
lera, no me dedico á ese oficio. Están muy malos los
tiempos.
Brig. (Ay, Centellas, qué tiempos aquellos!
Cent. Eramos jóy enes. Yo era un bravo y tú.,, más vale
callarlo; percí se ganaba dinero. Yo fui á galeras y til
ala vergüenza.
Brig. ¡Ceoteliasl
Cent. No te incomodes: si eso es verdad.
Brig. ¿Y qué quieres? ¿Por qué te atraves á entrar en esta
casa?
Cent. El hambre es itiuy atrevida. Lo que quiero es comer.
Pasé, vi la puerta abierta y entré, bien ageuo de que
te pudiese hallar á tí dentro de esta casa.
Brig. (Aladi«ndo i ua envoltorio que Centellas g^uarda debajo del
brasc.) ¿Y qué es eso?
Cent. -Ui equipaje
Brig. Es bien reducido.
Cent. Menos tenía ayer.
Bhig. (coo Ironía.) ¿Algúu hallazgo?
Cent. Una herencia.
Brig. ¿A quién has heredado?
Cent. Pobre y hambiieato, vagaba yo anoche por el bosque.
— 64 -
cuando acertó á pasar un viajero no mal portado y de
misteriosa apariencia. Aqaí está mi negocio, me dije,
y mi hambre le asaltó.
Brig. ¿Le mataste?
Cent. Allí se quedó para pasto de los lobos. Recogí este
fardo, que era todo lo que llevaba. ¡Qué desengaño
tan cruell K\ hombre no llevaba ni un escudo, ni esto
se puede vender á nadie.
Brig. ¿Tan mala es la herencia?
CEZfT. Dentro de este envoltorio hay una magnífica bandera
holandesa, y en ella, bordado con mucho primor, el
escudo del príncipe Guillermo de Orange.
Brig. Mal lo puedes pasar.
Genr. Entre los pliegues de la bandera se esconde una biblia
de Lutero y un paquete de cartas dirigidas á ,una per-
sona desconocida, porque en los sobres sólo hay una
inicial. Todos dicen: apara D^...» Las cartas están
firmadas por los capitanes rebeldes que se han apo-
derado de Harlém.
Brig. iJesucristoI Vete, vete pronto.
Cent. Sin comer, nunca.
Brig. Con esos efectos estás muy comprometido y me com-
prometes á mí también. ¡Pues ahí es nada! Heregía y
conspiración. \Y en esta casa, donde todos los días
viene el muy alto y poderoso juoz, el señor Hugo!
Cent. (Azorado.) ¿Sí?
Brig. Si llega, y te encuentra y barrunta lo que posees, te
ahorca.
Cent. O me manda quemar. Mira, Brígida, dame alpún
fiambre y un vaso de vino, y me marcho en seguida.
Brig. Vale más que te vayas ahora mismo.
Cent. Sin comer, jamás.
Brig. (Este bribón me va á servir.)
Cent. Mira que me desmayo.
Brig. ¿En cuanto comas te marchas?
Cent. Yo te lo juro.
Brig. Pues sigúeme. (Voy á ver si puedo emborracharlo.)
— 65 —
(TaoM por la paerta de la doroehat Ál tiempo mismo eotra
Hago por la del fondo.)
ESCENA IX
HUGO
¿Dónde estará Diana? Sin dada ya sabe que Juan Ca-
bet está perdonado y ha ido á buscarle. ¿Qué otra ex-
plicación puede tener esta carta? (Trae en la mano la
qae le eseribió Diana.) ¿Yo asi burlado? ¡La ira me abra-
sal |Ab, pasión maldital {Ab, torpe deseo que así
adormeces mi altivez! ¡Dianal ¡Dianal ;,A mí una
burla como esta? Mía bas de ser, ó te hollaré (Apar-ee
Brígida en la paerta de la derecha.) COn míS plantas COmO
huello los signos que trazó tu mano. (Arroja U carta al
•nelo y la pisa.)
ESCENA X
HUGO y BRÍGIDA
Brig. Muy buenos días, señor Hugo.
Hugo. ¿Dónde está Diana? ¿dónde está?
BaiG. Salió... porque ya sabréis que han perdonado al señor
Juan Cabet.
Hugo. ¡Por mi torpeza! ¡Por mi bondad!
Brig. Y sale libre el padre de Coleta.
Hugo. El infierno se revuelve contra mí, pero yo me ven-
garé. (Brígida recoce del snelo la earta, la rompo y arroja los
pedazos por la Tontana.)
Brig. . (Esto sería prueba en su favor.)
Hugo. ¿La rompiste? Bien has hecho. Así quebraré yo la vida
de Diana.
Brig. Está enamorada de Juan Gabet.
Hugo. ¡Desdichada de til ¿qué has dicho? ¡Di que mientes!
¡Dílol
8
— 66 —
Brig. y 86 casaráDi do lo dadéis.
Hugo. Naoca: mía ó muerta.
BaiG. Diana os aborrece.
HoGO. Yo domaré sa esqoivóz.
BaiG. Por el terror. Eso puede mucho.
Hugo. Tienes razón. Probemos ese medio. (Saea nn boUi.io
eon dinero y le lo da i Brígida.) El demoníO te ha ínspi «
rado. Aqni hay cien doblas y te daré otras ciento, si
Diana duerme esta noche en la cárcel.
Brig. Ordenad que la prendan en seguida, sin perder mo-
mento.
Hugo. ¿Golpe seguro?
Bbig. Seguro. {Si todo lo tengo listo! Que registren bien en
su dormitorio.
Hugo (Yéndose.) Pucs uo más dilaciones; pero ¡ay de tí si
me eo gañas!
Brig. Descuidad, que yo también trabajo por mi cuenta.
(Vase Hago, y Brígida qaeda por «n momento en la paertn,
riéndole ir. Entra Centellas en escena, eon su fardo debsjo
del braio.)
ESCENA XI
BRÍGIDA y CENTELLAS
Brig. ¿Ya saciaste el hambre?
Cent. Y la sed. iQué buen vino me has dado!
Brig. ¿Y te marchas?
Cent. En seguida.
Brig. ¿Qué piensas hacer con ese lio? •
Cent. Allá veremos.
Brig. Con eso vas muy cemprometido. Debes deshacerte de
esos objetos.
Cent. Sería lo mejor; ipero á nn pobre le duele tanto des-
hacerse de una herencial
Brig. £1 señor Hugo ha estado aquí y ahora mismo acaba
de irse.
— 67 —
Cent. (De eso ya me he enterado yo.)
Brig. De buena has escapado.
Cent. Por eso quiero escapar de esta casa.
Bbig. ¿Por qué no me dejas ese fardo á mí, y así te vas
libre de cuidados?
Cent. ¡Cuánta abnegaciónl jY luego dicen que no hay bue-
nos amigos en la tierra! Yo debo corresponder á
tanta generosidad huyendo sin más tardanza. ¿Cómo
he de permitir que te comprometas tú por salvarme
yo? Me marcho y me marcho. (Hace eomo que se ya y
Brígida lo deti«ne.)
Brig. (Con resoiaeión.) Te io compro todo.
Cent. Eso ya es otra cosa, porque eso es señal de que ne-
cesitas estos objetos. Siendo así, te los vendo.
Brig. Mi interés es por salvarte.
Cent. (Pues los vas á pagar caros.)
Brig Por supuesto, que ios vas á vender por poco dinero.
Cent. ¿Cuánto me ofreces?
Brig. Tres doblas.
Cent. Ciento quiero, ni una menos.
Brig. ¡Jesús! Eso es un tesoro. ¿De dónde iba yo á sacar
tanto dinero? ¿Ni para qué?
Cent. El señor Hugo te ha dado un bolsillo con esa cantidad.
Brig. (Como negando.) ¡Avo María Purísima!
Cent. Y te ha prometido otras ciento.
Brig. Tú has bebido mucho.
Cent. Bastante; pero al mismo tiempo os escuchaba. ¿Cómo
vas á vender y calumniar á tu señora, si no me com-
pras todo esto?
Brig. (Haciendo garandes proteataa con el adem&n.) TÚ nO haS CS-
cuchado bien.
Cent. Entonces, adiós.
Brig. Veinticinco doblas.
Cent. Ciento.
Brig. Cincuenta.
Cent. ¿Y mi silencio y mi complacencia en servirte, no va-
len nada?
— 68 —
Bbig. (HtbUndo eontigro.) Yo Siempre fea... ¡ella hermosal Yo
siempre mala... lella buena! (Transieión.) Pero hom-
bre, si lo qae pides es mucho, ¡muchísimo!
€ent. i Pero si el señor Hugo dará mucho más!
BrIG. (Olrs yei dominada por la envidia.) ¡Ella querida de tO—
dos, y yo vieja, aborrecida! Por entregarla al verdugo
doy las cien doblas^ y daría hasta mi alma. (Entreg^a i
CenUllaa el bolsillo qae le dio Hng-o y le toma eou preelplta*
ción el fardo.) Toma... dame... y vete. ¡Vete, que el
llanto me ahoga! ¡Ay,.qué cara es la venganza! (vase
por la puerta de la Isqoierda llevándose el fardo.)
ESCKNA XII
CENTELLAS
¡Ay, qué lástima de soga! Aquí hay que huir el cuerpo,
porque de mi lío, que es pequeño, esta gente va á ha-
cer un lío muy grande. Ya tengo dinero. (Hace sonar
las monsdat del bolsillo y se -va por la paerta del fondo.)
■
KSCKNA XIII
BRÍGIDA
£1 fardo lo ha dejado en el dormitorio do Diana.
¡Qué sacrificio tan grande! ¡Me voy á morir de dolor!
Menos mal si la queman. Ha puesto 5us manos sobre
mí, y no la perdono. ¡Qué virtud tan oJiosa la de esa
mujer! ¡Maldición sobre ella! (Vase por u paeru de u
derocha. Por la del fondo entran Diana, Coleta y Dionfs.)
hSCKNA XIV
DIANA, COLETA y DIONÍS
Coleta. Ya hemos llegado. Hoy rae parece que respiro mejor
— 69 —
que otros días. Al fin estáis en libertad, padre mío*
Diana. A vuestra casa, Dionís, áyuestra«casa en seguida*
Allí os esperan con afán.
DiONis. A mi casa voy, á abrazar á mi esposa y á mis hijos;
pero Goleta ha de quedarse aqui.
Diana. Hoy debéis reuniros en familia, y Goleta es vuestra
hija querida.
Goleta. Brígida está despedida. ¿Cómo queráis que os deje-
sola? Un abrazo, padre; abrazadme y b&sta mañana.
Diana. Me duele el tiempo que habéis perdido acompa-
ñándome.
DiONis. Era mi obligación. ¿Cómo? Vos habéis sido mi pro-
videncia y la de mis hijos, como lo sois de todos los
necesitados; vos habéis hecho que la orden de mi li-
bertad se comunique pronto; vos misma habéis ve-
nido á sacarme de la cárcel, ¿y no queréis que ya
venga hasta dejaros en vuestra casa? Eso es lo menos,
que puedo hacer. Mi vida os ofrezco si de ella nece-
sitáis
Goleta. ¥ la mía y la de mis hermanos.
Diana. Exageráis lo que hice.
DiONis. ¡Qué hermosa es el bien, señoral
Goleta. |Qué hermosa es la caridad!
Diana. Más hermoso es el agradecimiento. Id, buen padre,
id con vuestros hijos y no os privéis por mí de la
compañía de Goleta.
DiONis. Goleta se queda. Adiós, hija mía, hasta mañana. Adiós,
señora, y Dios os premie en el cíelo por vuestras bue-
nas obras en la tierra.
Diana. A vuestra casa, Dionís, á vuestra casa.
DiONis. Adiós, Coleta.
Goleta. Adiós, padre. (Oionís y Coleta m abrazan.)
DioNís. {Dios os bendiga, hermosa señoral (Vase por la paoru
del fondo.)
•¡o —
. ESCENA XV
DIANA y COLETA
GoLBTA. ¿Habrá venido el señor Hugo?
Duna, No quiero ni preguntarlo.
Goleta. ¿Aún tenéis puesto el manto? (Desprende ei manto i
mana.) Permitid que os lo quite. ¡Que se os vea la
frente! Así. |Qué bi en os estaría una corona de flores!
Diana. {FloresI ¿Flores con el alma dolorida?
Coleta. Ya no hay que temer. Ya todo nos sonríe.
Diana. Mañana es el día de los Difuntos. Mañana cubriré de
flores la tumba de Rafael.
Coleta. No se han de sembrar pocas en torno á vuestro se-
pulcro el día que vos muráis. Pero ¿quién piensa
ahora en la muerte? Vivid mil años.
Diana. Dios me dé vida para ceñirte la frente con olorosos
azahares.
Coleta. Vuestra corona es mejor. Cada vez que os miro, creo
ver en torno á vuestra cabeza una aureola de vivísi-
ma luz, así como el nimbo de los santos.
Diana. Exaltaciones son de tu cariño.
Coleta. Dicen las gentes, comparando eotre vos y el señor
Hugo, que vos venís del cielo y él del infierno; que
vos sois la luz y él es la sombra; que vos sois la bon-
dad humilde y él es la soberbia satánica; que vos sois
la pureza y él es el pecado. Y eso lo dicen sin saber
que él y vos os conocéis y os tratáis.
Diana. Con el fresco timbre de tu voz, ¡cuántas ideas has
agolpado en mi mente! Yo no creo ser buena, porque
ser buena sería ser perfecta, pero soy mejor que Hu go.
Hugo es hijo de estos líempos de tra nsición en los
que riñen su último combate las fierezas del ayer y el
humanismo del mañana. ¿Quién vencerá? La victoria
es, en esta batalla, para el soberbio que dispone de la
fuerza en el momento de la lucha; pero la gloria es
— 71 —
para la bondad, que con su constancia y á fuerza de
YÍrtudeSy prepara en la tierra un hermoso porvenir
para la raza humana. En tiempos, quizás muy lejanos
todavía, los libros y los sabios no serán perseguidos,
y los hombres serán honrados por sus virtudes. (Se
oyen aaos g^olpM por la paerta del fondo.)
Goleta. Llaman, y fuerle.
Diana. ¿Quién podrá ser? (Entra Brígida en Mcona.)
ESCENA XVI
DIANA, COLETA y BRÍGIDA
Brig. Voy á ver quién es.
Diana. .¿Aún estás en mi casa?
BaiG. Me iré en seguida.
Diana. Averigua quién llama y luego vete. (Vase Brferida por ei
fondo.)
Goleta. Pocas ganas tiene Brígida de irse.
Diana. Pues ha de irse antes que la noche llegue. (vneWo á
entrar Brígida.)
Brig. Señora: un señor Juez pide permiso para hablaros.
Diana. Di que puede pasar.
Brig. Es que... viene acompañado.
Goleta. ¿Con quién?
Brig. Trae Escribano, Alguaciles y Guardias.
Goleta. iCielosI ¿Qué puede ser?
Diana, (a Brígida.) Di al señor Juez que le espero. (Vase Brí-
gida por el fondo.)
Goleta. ¿Qué puede querer la justicia?
Diana. Ya lo veremos.
Goleta. Estoy atormentada por la curiosidad.
— 72 —
ESCENA XVII
DIANA, COLETA, un JUBZ, .a ESCRIBANO, ALGUACILES
y SOLDADOS
El JaM entra delante, •egwldo del Escribano, ambos coa el sombrero «a
la mano, y detrás entran los Al^naciles y Soldados, cabíertos. Brígida
atrarlesa la escena y se ts per la puerta de la derecha. Diana qaeda en
primer término entre el Jaes y el Escribano* Coleta 4 la iiquierda, los
Alguaciles á la derecha, en segundo término, y los Soldados á nno y
otro lado de la puerta del fondo.
Juez. Perdonad, señora, si vengo á turbar vuestra tranqui-
lidad.
Diana. Bien venido seáis. ¿Qué queréis de mí? ¿En qué puedo
serviros? Pero... ¿á qué este aparato de fuerza, señor
Juez?
Juez. En cumplimiento de mi penoso deber.
Diana. ¿Venís á prender á alguien?
Juez. A vos.
Diana. ¿A mí?
Coleta. ¿Qué dice?
Diana. ¿De qué me acusan?
Juez. De hereje.
Coleta. ¡Jesús! ¡Si es casi una santal
EsGRiB. Hay que ver si resulta cierta esta denuncia» (Maestra
un papel que tiene en la mano.)
Goleta. ¡MiserablesI
Duna. ¿Una denuncia anónima?
EscaiB. Se ofrecen testigos.
Juez. Y pruebas.
Diana. Leed me esa calumnia, (bí Escribano se caía las antiparras
y lee.)
EsGRiB. «Acusada de sostener correspondencia con los secta-
rios de Lutero.»
Diana. Eso, en mí, no hay quien lo crea.
Juez. Pero hay quien lo pruebe.
- 73 —
EscRiR. (Lejendo.) ((Aciísada de conspirar á favor de Holanda.»
Diana. ¡Mentira!
Coleta. ¡Impostural
EscRiB. (Leyendo.) «Acusada de dar asilo á herejes y conspira-
dores sentenciados á muerte.»
Diana. .|Las pruebasl ¿Dónde están las pruebas?
Juez. Dicen que en vuestra casa.
Diana. Registrad, señor Juez, registrad. (Coleta se aprcximt a
Diana y^ lat des forman grapo.)
EsGRiB. (ai Jues.) ¿Se procedc al registro?
Juez. (a Diana.) ¿Dónde está vuestro dormitorio?
Diana. Aquí: esa es la puerta*
Juez. (ai Escribano.) (Dejad el dormitorio para lo último.)
Coleta. ¡Valor, señora! ¡Valor!
Duna. ¡Que registren, señor Juez!
Juez. (ai Escribano.) Empezad por alli. (Lo señala la paerta de
la derecha. Vase por ella el Escribano y le signen todos menos
Dittoa y el Juei.)
ESCEN V xvín
DIANA y EL JUEZ
Juez. Señora: cuando no me miran los familiares de la jus-
ticia, antes que Juez soy caballero.
Diana. Siempre debéis serlo.
Juez La ley es la ley; pero si algo os puede comprometer,
entrad en el dormitorio, y lo que sea arrojadlo por la
ventana. En el dormitorio dicen que están las prue-
bas..*
Diana. Tranquila está mi conciencia.
Juez. No basta eso para escapar en bien.
Diana. ¿Siendo inocente?
Juez. La sois y vais á aparecer criminal,
Diana. Entonces, ¿qué es la justicia?
Juez. La esclava de las leyes.
Diana. (May «xiitAda.) ¡Mientras haya serviles, habrá tiranos;
— 74 —
pero 8ÍD tirAAoSy sin tormentos, sin verdagos y sin
dóciles é impasibles hechuras de los poderosos, ni
habría héroes para la historia, ni mártires para los
altares, ni energías para el alma, ni esperanzas para
el cielo, ni progresos para la humanidad! ¡Que me
juzgue Dios!
Juez. {Ha cumplido el caballero!
Duna. ¡Haga justicia el Juez! (Entran en eieéna todos ks qne •«.-
lieroo «n la anterior, j a« attaan como aates#«taTÍeroa.)
ESCIÍNA XIX
DIANA, EL JUEZ, EL ESCRIBANO, COLETA, ALGUACILES
y SOLDADOS
EscBíB. (Al Jaos.) {Nada hemos bailado!
Coleta. ¡Nada! ¡Si no es pesible!
Juez. Registrad en esa habitación. (Sefiaia i u paerta de u u-
quierda y ranee por ella el Escribano y los Al§^uaciles.)
Coleta, (a Diana.) (¿Y eátáis, señora, tranquila? ¿Nada
teméis?)
Diana. Soy inocente. ¿No lo sabes tú?
Coleta. (¡Tengo mucho miedo!) (Vaelren i entrar en escena el Es-
cribano y los Alonad los. Uno de ellos trae el fardo qae Cente-
llas vendió á Brígida; va sacando los objetos ano i «no, «o los
Ya entregando al Jaei, éste los pasa al Esctibano, qae los
examina y denunciai como se indica en la escena que signe.
Aparece en la paerta del fondo Juan Cabet, rostido de caballero
de la época; pero al pronto nadie repara en él, ni traspasa el
umbral de la paerta hasta qae es cportano»)
ESCENA XX
DICHOS y JUAN
EsGRiB. Dimos coD las pruebas.
Juez. Veamos.
— 75 —
EsGMB. «Una Biblia de Lulero.»
Diana. ¿Una Biblia?
Goleta. ¿A ver?
Juez. Indicio de la sospecha*
EsfíRiB. (iVarias cartas firmadas por Lázaro MúUer, capitán
rebelde.»
JoEz. ¿Su fecha?
EsGRiB. De este mes y en Harlém*
Diana. ¡Me calamnianl
Goleta. Todo eso es una farsa.
EscBíB. aOtras cartas fírmadds por Felipe Coninxo.»
Diana» Esos papeles no son míos.
Juez. ¿A quién se dirigen esas cartas?
EscRiB. A D*...: no hay sino esa letra.
Juez. Sospecha vehemente.
E9GRIB. (Extandlaodo U bandera para qaa ae rea.) (ilUna bandera
con los colores y armas de Guillermo de Oraoge.»
Juez. Prueba plena.
Diana. Falsedad notoria... criados comprados. (Jaan Cab«t
baja al primer término.)
Juan. Esos objetos son míos, señor Juez.
Diana. ¡Ahí
Juez. (a Joan.) ¿Vos os llamáis Juan Cabet? (Jaan mueatra na
papel al Jnei.)
Juan. Leed.
Juez, (oeapnéa de leer.) Este cs uu salvo-couducto á favor del
capitán Diéguez.
Juan. Ese era yo. Estaba perseguido.
Juez. ¿Cómo están en esta casa los objetos que por vuestros
reclamáis?
Diana. No son suyos.
Juan. Míos son.
Diana. Miente, señor Juez, miente.
Juan. Míos son: por míos los reclamo. Aquí los dejé olvi-
dados, aquí me oculté.
Diana. ¡Jesús!
Goleta. ¡Mentira!
— 76 —
Juez. (a Diaoa.) Anoche era un reo de maerte y le ocaltás*-
teÍ8 á la jasticia. (S« poa« «l lombreio y el Escribano
también.)
Juan. Mentí por salvarla.
Juez. (a I04 Algaaeltea.) Prended á esa mujer. (Jaan desenvaina
la espada y haea eara i loa Al^nacÜes; pero los Soldados le sn*
jetan per detrás.)
Jdan. i Atrás, canalla! ¡Ah! jMaldicidnl
Juez. Así: desarmadlo y prendedlo también.
Juan. (a Diana.) iMe vencen, señoral Os quise salvar y os he
perdido.
Juez. A la cárcel los presos.
Diana, (con exauaci¿n.) A la cárcel, al tormento, á la hogue-
ra. Vamos allá. Con la sangre de los inocentes y las
cenizas de los mártires, se amasan los horrores que
fecundan las ideas del progreso y de la libertad. Va-
mos al martirio. (Vaie con yalentía por la poerta del fondo
y tras olla todos. Joan va sujeto.)
Coleta. ¡Tened piedad! |Si son inocentes! (Mientras se van yendo,
aparece Brígida y atraviesa la escena hasta la (ioerta del feudo
como para cerciorarse de que Diana va aprisionada. Despaés
baja al primer término, frotándose las manos de contento.)
ESCENA XXí
BRÍGIDA
Gayó la cierva en la trampa. (Ca« ei telón.)
s
FIN DEL ACTO TERCERO
ACTO CUARTO
Un patio de la cárcel. Al fondo vna verja da hierro con puerta praeti-
eablcy da doble hoja. La paerta está cerrada. Más allá de la verja an
pasadisoy limitado por el telón del foro, qne debe representar nn
grupo de edificios de la misma cárcel. En el costado lateral de la de-
recha hay dos paertasy y entre ambas, an nicho con una santa ima-
gen y delante una lámpara ardiendo. Frente á la segunda paarta,
casi en el centro del escenario^ dejando libre la vista de la gran
puerta del fondoy sa eleva una crus de madera pintada de negro. En
el costado lateral da la izquierda, hay un pabellón saliente, coo
puerta practicable, que da sobre la cara lateral. Al frente del páblleo
■ tiene el pabellón una ventana con fuertes barrotes de hierro» que-
dando como un pasadito entre la fachada de la ventana y el primer
término. Debajo de esta ventana hay uu asiento adosado al muro.
Este pabellón es la prisión de Diana. La ventana* reja del pabellón
tiene una contraventana que se cierra por la parte de la escena. Es
de dia, primeras horas de la mañana.
ESCENA PRIMERA
BRÍGIDA
Creo que hoy terminarán mis angustias. De nadie se
ha fiado el señor Hugo, sino de mí, para que esté al
inmediato cuidado de Diana. Y ella se siente tortu-
rada con mi presencia, y yo me siento en tortura á la
— 78 —
presencia de mi Tíctima. ¡Caántos deseos tengo de
qae maeral Pero es preciso fingir compasión para
engañar al mundo. Es preciso disimular mucho.
Vamos acontar mi dinero. (S« tienU en el banco debajo
de la Taotana, taea ana bolta j cmplesa i contar monedas,
prodaeiondo el consf fílente roído metálico. Diana se asoma á
la reja» Visto do oe^^o y lloTa ol cabello svelto y deatrensado»)
ESCENA II
BRÍGIDA T DIANA
Diana. Ese debe ser el premio de su traición. Cercana debe
estar mi muerte. (nUna se separa de la ventana y Brígida
escoride el diaero al ver qoo llega gente.)
ESCENA III
BRÍGIDA, HUGO, el JUEZ, el ESCRIBANO y caatro AL-
GUACILES
Los qve llegan entran por la primera paerto lateral de la derecha.
JuBZ. (ai Escribano.) Notificad la sentemsia á la reo.
ESGRIB (Á Brígida.) Abrid y entrad. (E1 Eserlbanc, Brígida y dos
Algaaciles entran en ol pabellón. Otros dos Algaaelles qnedan
en la paerta.)
ESCENA IV
HUGO, .1 JUEZ } do. ALGUACILES
Juez. (á H«go.) No debéis estar aquí. El suceso os tiene
afectado.
Hugo. Daría mi vida por salvar la de Diana.
— 79 —
Juez. ¡Qae no os oigan! Vuestro celo en su favor os puede
comprometer.
Hugo. Sus confesiones se las arrancó el tormento.
Juez. Tiene cómplices, y ni aun á costa de su perdón quiere
declarar sus nombres.
Hugo. (Cómplices imaginarios:)
Juez. Testigos en su contra, hay muchos.
Hugo. (Testigos falsos.)
Juez. Padece manías.
Hugo. ¿Quién dice eso?
Juez. La mujer que la guarda y otros muchos.
Hugo. (Miserables hechuras mías.)
Juez. Y pues que no la perdonan, mejor es que muera.
Hugo. ¿Mejor?
Juez. Mejor es morir que vivir loco.
Hugo. ¿Diana loca?
Juez. Prefíere morir á delatar
Hugo. Eso prueba su virtud y su entereza.
Juez. Esa mujer es el ídolo de las gentes sencillas.
Hugo. La tarde de hoy será de duelo.
Juez. Quizás la mañana. Se teme un motín. Pretenden sal-
varla, y si damos tiempo...
Hugo. No lo harán. Si es necesario, yo intercederé por ella.
Juez. Serían inútiles vuestros ruegos, si fuese preciso ade-
lantar la ejecución. La leña está amontonada en la
plaza.
Hugo. Haré que el pueblo se retire; haré que se doblen las
guardias.
Juez. Es lo prudente. Y quedad con Dios, que mi deber me
llama á la prisión de Diana. (E1 Jaai penetra en el pa-
bellón.)
ESCENA V
HUSO, COLETA, dot ALGUACILES y «n SOLDADO
Entra Coleta corriendo por la primera pnerta lateral do la doreeha, y
detrás de ella nn Soldado, deteniéndola; pero ella laeha y arrastra al
Soldarlo detris de si. Los Algaacil«4 sig^aen en to paesto.
— 80 —
Goleta. ¡Dejadme, dejadme! Son inútiles vuestros esfuerzos. O
me matáis, ó la veo. ¡Soltad, soltadl (ai ver ei Soldado
á Hago soolta á Coleta y m dotcobre. Hugo eogo i Coleta con
Tioieneia por an braio.)
Hugo. ¿Qué vienes á hacer aquí?
COLRTA. (Oeassiéndose por ao meTlmiento braieo.) ¡No me toqaéjs!
¡Cuidado!
Hugo. Vete, ó mando que te azoten.
Goleta. Aquí mandan los jueces. '^
Hugo. No verás á Diana.
Goleta, i O la veo, ó me matan I
Hugo. (ai Soldado.) Llévatela por la fuerza. (El Soldado se apo-
dera de Coleta, qoe se resute, reno^indose la lacha* Al fin e*l
Soldado la arrastra hacia la puerta.)
Goleta. jfTo, nol ¡Si es inútil! ¡Si me haréis pedazos! ¿Y hay
justicia en la tierra? ¡Padre, padre! ¡Socorro, socorro!
(Á los gritos de Coleta, salea del pabellón el Jues, el Escribano,
Brígida y los otros dos Alguaciles. Brígida cierra la poerta del
pabollón. Los demás, todos acudeo á donde asti Coleta* Diana
se asoma i la reja del pabellón. Dionís, vestido de soldado y
con una pica en la mano, se deja ver por detrás de la verja del
fondo. Brígida baja al primer término despaés de haber cerrado
la puerta del pabellón.)
ESCENA VI
HUGO, GOLETA, el JUEZ, el ESCRIBANO y BRÍGIDA;
DIOiNÍS, detrás de la verj»; un SOLDADO, cuatro ALGUACILES
y DIANA, por dentro de la roja.
Rapidez en las frases y en la acción ea los primares momentos.
Goleta. (Socorrol
JoEZ. ¿Quién pide favor?
DioNis. (jRayos del cielo!)
Goleta. |No puedo más!
Juez. (ai soldado, interponlóndose entre ól y Coiota.) ¡Suelta! ¿NO
ves que es casi una ni fia?
— 81 —
Goleta. ¡Gracias, gracias, señor Jaez!
Diana. (Era Coleta.)
Diopíis. (j Pobre liija míal)
Juez. (a Coleta.) ¿Qué quieres?
Coleta. Quiero ver á mi señora.
Diana. (;Cs ella!)
Hugo. Quiere ver á Diapa.
Juez, (a Hago.) ¿Y os oponíais?
flüGO. Ese Soldado cumplía con su deber. (Coleta se arrodiUa y
suplica al Jaez.)
Coleta. lAh, señor! ¡señor! Dadme permiso para verla, para
hablaijla, para besarla. ¡Si la quiero como á mi madrel
Va á morir, y es el único consuelo que nos queda.
Juez. Levántate. ¿Eres Goleta?
Coleta. Coleta.
Juez. Yo te concedo el permiso que solicitas. (Coi«ta m pooe
de pié.)
Hugo, (ai Juez.) ¿1^0 habéis pensado bien?
Juez, (a Hogo.) Acaba Diana de hacerme igual súplica.
Hugo. Si Diana lo desea, no se le puede negar ese consuelo.
Coleta. Pero ¿es verdad?
Juez. Vas á verlo. (Dionft, con la pica ai hombro, te pasea por de-
trás de la yerja.)
Hugo. (¡Si coleta sabe algo!... ¡Si lo revela!...)
Juez, (a Brígida.) Vais á permitir á esta joven que hable con
Diana por allí, por la reja.
Goleta, (ai Jooz, aparte.) (Esa yieja es muy mala, ¡muy malat
En cuanto os vayáis no ha de dejarnos hablar. Que-
rrá escucharnos, ¡y estorba tanto un testigo ádos que
se quieren bien!)
Juez, (a Brígida.) Vjds á vigilarlas, pero no á escucharlas.
Tenedlo bien entendido.
Brig. Seréis obedecido, señor Juez.
Hugo. (Necesito hablar con Brígida.)
Juez, (á Coleta.) Si la carcelera no cumple con mi orden,
acude á mí.
Goleta. ¡Cuan bueno sois! ¡Cuan bueno es Dios! (coieu se iie^
6
— 82 —
ha%ta la eroi <Í« nad«nf y qaeda i sa pié en oración haaU el
final de la aaeana.)
Juez. Ya es hora de salir de aquí.
Hugo, (a Brinda ) (Luego he de hablarte.)
Juez, (a Ha^o.) Vamos, señor.
Hugo. YamOS. (Vanae por la primera paerta lateral da la derecha
Hn^o primero j tras él loa demia, menoa Brígida y Coleta.
Diana alf^ae aaamada á la reja del pabellón y Dionís continúa
aa eentineln. Goleta deja de orar.)
ESCENA Vil
COLETA, BRÍGIDA. DIANA y DIONÍS
Duna. Ya se van. ¿Y Golela?
Goleta. (¡Por fin!)
Bbig. (No las perderé de vista.)
Coleta, (a Brígida.) Tú, aquí, madre Brígida, á este lado. Le-
jos de Diana, lejos de mí. ¡Cuidado con acercartef
(Poco á poco, y ▼oWiéndoae para mirar á Bríg^ida, se va apro-»
simando á la reja del pabellón, paro Diana no la ve haala qae
ae proaenta de llei.o.)
BaiG. (Bueno es que me vean rezar por el alma de la sen»
tenciada.) (Se arrodilla delaftte de la imagen del nicho y hace
como que reaa, pero ae coloca de modo qae pueda ver á Coleta.
Por fin llega Coleta á donde eatá Diana. Explosión de afecto en
ambaa.)
Coleta. (BeaándoleáDianalaamanoa.) {Señoral ¡SeflOrd míal
Diana. (Besando i Coleta.) ¡Coletal ¡Golela de mi almal
Goleta. ¡Os quieren matar I
Diana. ¿Y tu padre?
CoLKTA. Le veréis.
Diana. ¿Y Juan Cabet? ¿Sigue preso?
Coleta. Le dieron por libre y está en Bruselas.
Diana. ¿En Bruselas?
Coleta. Gestionando vuestro perdón.
— 83
Diana. Dios se lo 'pague. Nada logrará. ¡Está mi maerte tan
cercana!
Goleta. ¡Quién sabel Yo no puedo creer en vuestra muerte.
Diana. Hoy me queman. ¡Soy un moribundo en la agonía;
pero veo á un ser querido, te veo á tí después de seis
meses de misteriosa reclusión y de tormentos, y ben-
. digo á DiosI
GOLBTA. (Bajando la vos y arrodillándose en el banco de piedra para
qae Diana la oi^a mejor.) (Oíd, OÍd todo lo que VOy á de<"
Ciros; oídlo sin moveros, sin hablar. Brígida nos está
acechando y yo vengo á salvaros.)
Diana. (¿Tú?)
Goleta. (La menor imprudencia puede perdernos á todos.)
Diana. (Habla.) •
Goleta. (El señor Cabet obtuvo la libertad hace tres meses.
Procuró veros. ¡Inútil síánl Yo también lo he procn-*
rado inútilmente.)
Diana. (Lo creo, mis buenos amigos.)
Goleta. (Sabíamos los tormentos que os daban, las decisiones
de los jueces^ la sentencia recaída y aplazada en es-
pera de vuestras denuncias. Nombraron Gobernador
de la ciudad al seiípr Hugo.)
Diana. (¡Ahí)
Goleta. (Y el señor Gabet decidió ir á Bruselas á procurar
personalmente vuestro perdón. £1 caso urgía, podía
llegar el duque de Alba y entonces no había re-
medio.)
Diana. (No ha llegado, y ya' 16 ves, me matarán.)
Goleta. (Yo estoy aquí y os salvo. Mi padre ha comprado á
un centinela y ocupa su puesto. Pedro espera cerca,
tiene un buen caballo y es un buen jinete. £ni^
brazos y á todo correr, dentro de una hora estáis en
salvo.)
Diana. (¿Y Dionís? ¿y tú?) •
Goleta. (Os seguiremos.)
Brig. (Larga es la plática. y ya me impaciento.) (sa poae d*
pió haciendo -reTereneias al tanto.)
— 84 —
Diana, (a CoUu.) (No puedo aceptar vaestro sacrificio. Ponéis
en peligro vaestra vida.)
Coleta. (EsforsándoM en coBTancer i Diana.) (En el peligro esta—
roos. No se evita de ningún modo. El pueblo conoce
ya vuestra sentencia y no se conforma con ella.
]Guánta sangre se derramará si estalla un motín! Ese
generoso pueblo, de quien sois el ídolo, será acuchi-
llado por las tropas de Hugo. Y luego llegará el señor
Cabet» enamorado, y os traerá el perdón, la vida, y
morirá de dolor al hallaros muerta: porque vais á
morir. (Cruia 1m manos en actltad de aúplíet.) ¡Morir VOS!
|Tan joven, tan buena, tan hermosa y tan queridal
Morir inocente ¡en la hoguera! ¡Y morir en el mes de
las flores, cuando todo convida á vivir! Morir vos es
matarme.) (Diana be«a ¿OD efaiión la eabeza de*Coleta.)
DiA!«A. (¡Hija de mi corazón!)
C)LETA. (¿Os salvo?)
Diana. (Hágase tu voluntad.)
Goleta. (Pues adentro... y Dios sea con nosotros.) (indica &
Diana, con el ademán, qae se separe de la reja, y en seguida
cierra la contra^ventana con .cerrojo.)
ESCENA VIH
• I
DIONIS, COLETA y BRÍGIDA
Bbig. ¿Qué haces?
Goleta. Gierro esta ventana.
Brig. ¿Para qué? Ya es hora de que te vayas, (coleta te apro-
xima a Brígida.)
Goleta. Madre Brígida, escúchame un secreto, (l» eo^e con
fuersa por an braso.)
Brig. Suéltame ó grito. (Coleta saca un paSallto y nmenasa á
Bríg^ida.)
Goleta. ¡Si gritas, te mato! (Dlon{s se acerca á U Torja. Erigida se
ToeWe hada él, Inrocándole para qoe la soeorra.)
Brig. ¡Favor, centinela, favorl
j
— 85 •
Goleta. ¡Callal
Brig. ¡Grita, soldado, grital
Goleta. Padre, ¿qué hago?
DiONis. Si se resiste, mátala. .
BaiG. ¡Su padrel ¡Estoy perdidal
Goleta. ¡Obedecel (Brígida se arrodilla á ios pies de Coleta, qae no
la suelta y la amenasa eon el pañal hasta el fia de esta escena*
Coleta la va obligando á acercarse i la paerta del pabellón.)
. Brig. Tú eres buena. Tú no puedes verter la sangre de una
pobre anciana.
Goleta. Sigúeme y obedece.
Brig. ¡Perdón! (Uegan i U paerta del pabellón.)
Coleta. Si quieres vivir, abre esa pueiHa.
Brig* ¡No, eso nol
Goleta. ¡Abre, víbora, abre, ó mueres! (Brigada saca ana Uare j
abre la paerta del pabellón, dejando la llave en la cerradara.)
Brig. ¡Ya está! ¡Sí, ya está! (ColeU empaja con faena á Bríe^ida
Y la obll§^ á entraren el pabellón, quedándose ella en el um-
bral; Dlonís sigue todos sns movimientos.)
Goleta, (a Brígida.) Entra, (a oionís.) Padre: ¡alerta! (Entra en ei
pabellón entornando las hojas de la puerta.)
ESCENA IX
DIONÍS, detris de la verja.
¡Solemne momento! Por fortuna nadie pasa. No soy
cobarde y tengo miedo. ($e qalta el sombrero y lo maeve,
eomo hadando ana señal, en dirección i la derecha») Allí
está... ya me vio.
ESCENA X
DIONÍS y PEDRO, detrás de la Tarja.
DiONis. Goleta y Diana van á salir. Espéralas á caballo. Si la
salvas, ¡cómo te va á querer mi hija! (Vase Pedro por
— 86 —
donde Tino. Bionítt eoo U pie» •! hcmbro, viélva á patearM.
Salen del pabellón Diane y Coleta. Díase lleva pneato el manto
de Brígida. Coleta eierra con IUto la pnerta del pabellón, y se
guarda la llave en nn bolilUo*)
ESCENA XI
. DIONIS* GOLETA y DIANA
Coleta» Bueno es dejarla encerrada.
Diana. |Si te sorprendenl...
Coleta. Imitad todo Ko posible el modo dé andar de Brígida..
Encorvaos nnpoco... asi. Rebozaos bien, que no os
vean él rostro. Todo va bien. Un poco de serenidad,
an poco de audacia, y dentro de algunos minutos, en
libertad.
Diana. |Yoy á salvar mi vida y tiemblol
Goleta. (SeftaUndu á la leganda pnerta de la dereeba.) Por allí sal-
dréis. Cuando yo dé tres golpes en la puerta, abridla,
y salid sin miedo y sin perder tiempo. Ahora, un
abrazo y adiós.
Diana. ¡Bendita seasl
Coleta. To me marcho por donde he entrado. Conviene que
me vean salir, y es prudente una exploración. (Se abra-
tan ybeean.)
Diana. ¡Adiós!
Goleta. ¡Hasta luego! (a Dioníi.) ¡Padre, ayudadme! (vase por
la primera puerta lateral ^e la derecha, y Dlonít por el miamo
lado trae la Torja.)
ESCENA XII
DIANA
Conforme deelama te ra aproximando á la emi.
¡Soy inocente y me da miedo huir! Pero es necesario.
Debo evitar que se derrame sangre por mí causa. Esa
— sí-
es la puerta, esa es la barrera que derriban los cora-
zones generosos para ofrecerme vida y libertad. Ape*
das puedo tenerme en pié. ¡Me faltan las fuerzas! 'Ha
llegado ya i la craz y se sajota de ella.) TÚ me offCCeS apo-
yo, santo signo de la redención humana. Bajo la som-
bra de tus abiertos brazos me siento revivir, (se oyen
tres golpes detrás de la segunda paerta lateral de la derecha.
Diana se reboza bien en el manto y abre la puerta» Eotra Ha—,
go y la puerta se cierra otra ves* Creyendo que Diana es Brí—
gidsy la eoge por una muñeca y la hace bajar al primar t^'r'*
mino.)
\
ESCENA XIII
DIANA y HUGO
Diana. (Aterrada.) (¡Hugo!)
Hugo. ¿Qué ha dicho Coleta? ¿Qué le ha contado á Diana?
(Diana se reboza todo lo posible.)
Diana. (Sacrificio perdido. ¡Pobres amigos míos!)
Hugo. (Con violencia.) ¿No rospoudcs? (Diana eonsigne desasirse
de Hugo.)
Diana. ({Estoy maldita!)
Hugo. ¿No respondes? ¿Se lo dijo quizás? (como si le gritara su
conciencia. j {Licvas cubiorto el rostro y me huyes con
horror! ¡Lo sabes tú también, y te avergüenzas y te
horrorizas á pesar de ser mi cómplice! Fué mi em^
peño dominar su virtud y hacerla mía, y quiero ha-
blarle, porque si hoy se rinde á mis deseos aún puedo
salvarla.
Diana. (¿Qué dice, santo Dios?)
Hugo. Gs grave mi secreto y me importa mucho saber si lo
supo Coleta.
Diana. (¡Monstruo!)
Hugo. (En tono confidencial.) Haco uu mcs vcuía de Bruselas,
y á toda rienda, un correo trayendo un pliego para
mí, como Gobernador que soy de esta ciudad. £s6
— 88 —
pliego era para mi más qae un tesoro; era mí feUcí-
dad; era el medio de rendir á esa soberbia majer, y
r á eso vengo. Si aquí llegaba el correo y se sabía el
contenido del pliego, mi esperanza se malograba.
Hice asaltar y asesinar al hombre que; le traía, y el
pliego ha llegado á mi poder, pero nadie lo sabe,
porque en el secreto consiste el que pueda yo conse«
guir mis deseos 6 mi venganza. Aquí traigo ese pa-
pel. Si Diana acepta mis proposiciones, la llevo ea
triunfo á su casa; si se niega, la envío al suplicio. Est
ese papel, conseguido por los afanes de Juan Cabet,
está escrito el perdón para Diana. (Sa jergao Diaa», so
deitoea ol manto, qae le qaeda sobre los hombros, y ameaasa-
dora se adelanta haeta Heco. Este qoeda en el primer momento
como anonadado y va retrocediendo, pero pronto recobra sa atL*-
dada y sa soberbia )
Diana. ¡Traidor 1
Hugo. ¡Diana!
Duna. ¡Mal caballero, alma depravada, engendro mons-
truosol ¿piensas vencer con el terror? La bondad po-
dría rendirme, la soberbia jamás. Y tanto se irrita mi
alma al sentir el espoleo de tu empeño vil y tenaz,
que ya sus energías me dan alientos para tomar ven-
ganza por mi propia mano.
Hugo. Imposible es tu salvación si no escuchas la voz de mí
deseo.
Diana. Prefiero los horrores del suplicio al horror de mirarte.
(Se oyen tres golpes tras laseganda paerta lateral ¿e la dere-
cha. Al oírlos Diana, conmovida, comprendiendo que aquella es
la sefialpam qae huya, nopaede contenerse y dice:) «{Goleta'v
(En seguida corre hacia la paerta para decir á Goleta qae hay»;
pero Hago, qae se figura qae Diana va á irse, te interpone entre
•Ua y la paerta.) ¡Coleta! ¡Colota, sálvatc, sálvatel
Hugo. Tú, no.
Diana. Me quedo. No queriéndolo tú, ¿cómo me iría? De
golpe lo entendí: eres mi sino.
Hugo. Tú lo has dicho.
^89-
DiANA. A mi existencia va unida tu maldad como al cuerpo
su sombra, y sólo nos separará la muerte. (Aparecen
por detrás de la verja Coleta y Dlonft, y al ver i Dlaoa deaea*
bierta y i Hago allí, demoeatraa sa desesperacióa y se qaedan
escachaado»)
ESCENA XIV
DUNA, HUGO, COLETA y DIONIS
Hugo. ¿Por qué resistes, si soy tu sino?
Diana. Me has de perseguir mientras viva, y si no te venzo
en la lucha, con mi muerte se va á librar la humani-
dad de un enemigo. Mi muerte es tu muerte. Con el
cuerpo que muere desaparece la sombra que le per-
. sigue.
Hugo. ¿Y cómo has de vencer? Hoy mismo y en ardiente
pira se abrasará tu carne.
Diana. Hoy, aquí misqno, he de publicar tus villanías, y has
de morir de vergüenza.
Hugo. ¿Y las pruebas? ¿A quién han de creer entre una
hereje que acusa sin pruebas y un caballero honrado?
Diana. (conTencida y eon desdón.) A la mentira, al dolo, al cri-
men: no me cabe duda.
Goleta. Al pueblo, padre, al generoso pueblo debemos acu-
dir. (Vanie Diond y Coleta per la derecha, eorriendo. Diaea y
Ha|po vuelvea la eabesa y loe vea al eir la vos de Goleta.)
Hugo. (Refirióndoee á loa qae se yan.) ¡Deliraul
ESCENA XV
DIANA y HUGO
Diana. ¡Quién sabe! El imperio de los malos está en la tierra;
pero la humanidad por la tierra tiene que pasar para
poder ir al cielo. Los buenos son .los vencidos, y en
sus mismas derrotas les anima la esperanza de su fu-
- 90
tura gloria: vale más ese divino consaelo que los
laureles mundanos.
Hugo. No hables de esperanza cuando matas la mía. No
hables de consuelos cuando desmientes tu bondad.
Duna. ¿Qué entendíais por bondad los inhumanos? Para vos-
otros la bondad es la servil sumisión. Estáis acos*
tumbrados á que el miedo y la adulación os bese las
plantas, y es bueno nada más el que se humilla. Co-
diciáis una mujer y es la suma bondad si se doblega
á vuestros deseos: si se resiste, vuestro furor la com-
bate, y ó cede por la fuerza, ó se la mata.
Hugo. ¿Quién no codicia á la mujer á quien ama? Mi amor
será empeño terrible; pero es amor. No me desespe-
res más.
Diana. Amor es todo lo hermoso: lo que nos place; lo que
dulce y sereno nos convida con la felicidad; lo que
nos sonríe. No es amor lo fuerte y lo terrible, lo que
asusta y atormenta^ lo que hiere y mata. No es amor
el deseo torpe, la calumnia vil, la cobarde impuden-
cia y la venganza miserable*
Basta ya: no más declaraciones. ¿Tú me quieres
amar?
Es imposible. Amé á Rafael y me espera en el cielo.
Ibas á fugarte: tienes amor á la vida, y es porque
prefieres ir en busca de Juan Cabet á ir en busca de
Rafael. Tú amas á Cabet y los celos me abrasan.
¿Tú sentir celos? Envidia y despecho es lo que sientes.
(Violento é imperioso.) iBaSta!
Sí, basta. Es gran locura perder el tiempo en oírte,
cuando tu felonía me tiene sentenciada á morir. (Ho^o
' saca an pspel del jabóa ó de U «Mcarcela y se lo ensofta i
Diaaa.)
Hugo. Por última vez te lo pregunto.
Diana. (Con arranque, lurrojáodosa aobre Rugó y lachando por obleaer
el papel.) Esc cs mi pcrdóu, el perdón que has robado.
Hugo. O cedes, ó le quemo.
Diana. Es mío... ¡es mi vid al
Hugo.
BlANA.
6uG0.
Duna.
«Hugo.
Diana.
>
— 91 —
Hugo. Soy el más faerte.
Diana. ¡Quiero vivir! (Síq dejar de lachar se Tan acercando á la
' lámpara.)
Hugo. ¿Qaieres ser mía?
Diana. íYo te abominol
Hugo. (Aproximando el papel i la las.) Sea aatofcha de tu fa-
neral.
Diana* (Redoblando las esfaerzoi.) ¡NO, hol (Al ver arder el papel.)
¡Ahí (Grito desesperado. Diana, como ana loca, con la Tista
fija en el papel qae se qaema, se lleva las manos á la cabeza y
permanece akf un momento. Hog^o qoeda Interpaestb entre elU y
el papel qoe arde, gozando en la dMosperadón de sa TÍctlma.
Un Inttante después se oyen gritos lejanos^ por el foro, indica'*
dores del principio de an motín popal ar, qae se repiten dos ó
tres Teces. Estos gritos Tan Tolviendo 4 Diana en sí, y reco-
brando sa razón, bacé notar A Hago qae aún puede salvarse» En
la lacha anteriormente sostenida, se le debe caer á Diana el
manto, quedando como cuando se asomó á la reja.) ¡GritOS de
esperanza! ¡Voces que imploran mi perdón!
Hugo. No hay perdón para ti. (Vase precipitadamente por la
ganda puerta lateral de la derecha.)
ESCENA XVI
DIANA
\
En euanlo Hago desaparece legUtra las dos puertas de la derecha por
ti están abiertas, pero resisten, y dice con desconsuolo: «¡Cerradas!]^ ^
Poco á poco se va situando en el centro de la escena.
¡Cerradas! ¿Estos gritos que oí, serán los cantos de
mi funeral? ¿Serán himnos de mi salvación? Mi juicio
se transforma. No es posible que yo muera infamada
en horroroso suplicio, quemada viva, siendo inocente,
cuando las aún encendidas pavesas del papel que con-
tenía mi indulto acusan la maldad y la traición de mi
eiiemigO. (Breve pansa, durante la cual se vuelven A oir Itis
— 92 ~
^rltof, pero ilempre lejanos.) {Otra VOZ! ¡CÓmO SOfreS, 00-
razón míOl (Ca« de rodllUe coa lu manos crasadas.) ¡A tí,
Dios mío, te invocol Hágase ta volantad. (Qaeda en
oraeͿB coa la cabeza baja y loe ojos cerrados. Por las dbs paer*
tas de la derecha, slmaltineameate, entran en escena el JaeS|
el Eecribaoo, vn grnpo de Atgaactles y na Fraile. Se abro la
pnerU del fondo, y aparece en ella el Verdugo Tostldo de rojo
con an pegne&o haa de leña debajo del brazo Izquierdo y una
tea encendida en la mano derecha. Detrás del Verdag^o, y en la
parte de allá de la Terja, se coloca un piquete de Soldados coa
un tambor destemplado. Algunos grupos de gente dei pueblo
llegan poco después, y quedan tres la verja eon los Soldados.
Diana no se mueve ni se apercibe de to que pasa hasta que al
Juet le dirige la palabra.)
ESCENA XVn
DIANA, el JUEZ, el ESCRIBANO, un FRAILE, el VERDU-
GO, ALGUACILES, SOLDADOS y GENTE DEL PUEBLO
Juez.
EscaiB.
Juez.
EscaiB.
Juez.
ESCBIB.
Juez.
Duna.
Juez.
(ai Eseribano, indieándole que alU «stá Diana.) Miradla re-
zando.
Está fuera de su prisión.
Iba á fugarse.
Por eso adelantan la hora de su suplicio.
Pretenden salvarla por medio de un motín; pero esa
empresa requiere bríos y tiempo, j antes de que
puedan intentarlo Diana no existirá, á no ser que de*
clare quiénes son sus cómplices.
Poco falta ps^ra las diez.
Esa es la hora que ha de sonar para llevarla al supli-
cio. Vamos á interrogarla por última vez. (Dirige i*
palabra á Diana.) ¿Scñont?...
(Coma si TolTiera de nn letargo.) ¿Quíéu CS? (ai raeoaoear
al Jues se pone de plá, rápida.) |Ah! La PrOVidcnCÍa OS
envía. He de revelaros un secreto muy grave.
Eso puede ser vuestra salvación.
_¿5l.
— 93 —
Diana. Es segura si hay justicia y piedad en la tierra.
Juez. De vos depende. Tengo el encargo de preguntaros
por vez postrera, y en público, si queréis dar los nom-
bresf de vuestros cómplices.
Diana. |Lo de siempre! ¡No, y mil veces he dicho que no!
Juez. Señora, pensadlo bien.
Duna. Miradme bien, miradme todos. ¿Tengo yo cara de te-
ner cómplices? ¡Ah, señor Juez! ¿Pues no veis que
tener cómplices es prueba de la culpa?
Juez. Declarad, por vuestro bien. Dentro de breves instan-
tes ya no será tiempo.
Diana. ¡Declaro que muero sin culpa! ¡Declaro que mi muer-
te sería un crimen, porque en virtud de un decreto
del Virrey Requesens, he sido perdonada!
Juez. ¡Eso es un sueño, un delirio!
EscRiti. Una quimera*
Duna. ¡Un sueño! ¡un delíriol ¡una quimera! ¿No sabéis,
acaso, y lo sabe todo el mundo, que Hugo pretendió
mi amor? Y aquí, ante esa santa imagen; aquí, ante
ese sagrado signo de la humana redención, acabando
ofrecerme el perdón y la vida si doblegaba mi volun-
tad á sus deseos.
Juez. (ai Escribano.) (Su manía.)
EsGRiB. (ai Jaex.) (Bien decía su carcelera.)
Diana. Hace un mes venía de Bruselas un correo, siendo por-
tador de un pliego, y en ese pliego estaba escrito mi
perdón. El correo fué asesinado en el camino y el
papel llegó á manos de Hugo, y creyéndose fuerte de
ese modo, vino el cruel á exigirme amor á cambio de
mi vida. De sus lal^íos he oído la infamia que os re-
lato. ¿Es posible mi supücio?
Juez. ¡Pruebas, pruebas de lo que decís!
EscBíB. ¡Testigos hacen falta!
I^Na. (Moitrando las pavesas del papel qos se qaem¿.) LaS pmebas
que puedo presentar son estas cenizas.
EscRiB. ¡Un papel quemado!
Duna, Por testigos tengo esa santa imagen, esa cruz y esa
— 94 —
lámpara coya llama ha servido para quemar el doca-
ment^. (Dios os ilumine y terí|;a misericordia de mil
JuBz. Las pruebas nada dicen, y aunque los testigos son
buenos, son mudos.
Duna. ¿Y he de morir?
Juez. (ai Eteribano.) (¿Qué opináis?)
EsGRiB. (Al Joes.) (Puede ser todo ello una fábula para demo-
rar su suplicio.)
Diana. ¿Y he de morir? Contestad.
Juez. A las diez. (D*o álet cAmpanadM.)
EscAiB. ¡Esa es la horal ,
Diana. ¡Oh! (Exelamacióa de hnrror. Breve pansa. Gira la mirada
con extrsTfo ea torno de tí» f habla con exattaeión.) ¡La ho*
ral Hombres inhumanos y perversos, ¿así inj arláis á
la justicia? Soy inocente, y me sentenciáis; me per-
donan... no, no me perdonan, me hacen justicia los
que mandan y me queman, los que, torpes y ciegos,
obedecen á la maldad, despreciando lo justo del man-
dato. ¡La horal Es el instante escogido, la víctima
está indefensa y el suplicio preparado, ¿qué importa
lo demás? Es preciso el escarmiento, el espectáculo,
y urge martirizarme. Las pruebas de la inocencia, la
evidencia de mi absolución, vendrán luego, cuacdo
convertidas mis carnes en ceniza se haya cumplido el
fallo de mi bárbaro destino. {Ah, desdichada edadl.
( Va cobrando entérela y aerenidad.) {AqUÍ Cl VOrdugO..*
allí la hoguera... la curiosidad en los rostros y el
miedo «n el corazónl )Dios no os ha de perdonar y la
historia tampocol ¡Prended, atormentad, sentenciad,
quemad sin miserícordia,,avivad las llamas de las pi-
aras, y al rojo resplandor de las hogueras, llenad el
mundo de luz que lo ilumine y de fuego que lo puri-
fique! ¡Y veréis entonces cómo llegan tiempos de hu-
manismo y de piedad, y cómo los que hoy son luga*
res de suplicio, se transforman en altares suntuosos
que glorifiquen á las víctimas! ¡Esos tiempos llega-
rán, mi espíritu lo adivina, y la raza humana honra-
— 95 —
rá á los justos, á los buenos y á los mártires^ haciea-
do imperecedera su memoria!
Juez. Ha sonado la hora.
Diana. Puos vamos ya. (Asi¿ndo«e del Fr«ne.) Vamos^ padre,
vamos á esperar la justicia del cielo, (vmo por u
puert» de la verja dal fondo, precedida y rodeada do Algoaei*
loa* El Verdal^ va delante de todot, el Jaex y el Eserihano
detrit de Diana, y cierran el cortejo los Soldados^ haciendo
tonar la caja* Laa mujerea del pneblo alg^aen al piqaete, pero
loa hombrea te qaedaa trae la verja, en ya puerta ae vaeWo á
cerrar. Entra Hago en eseena por una do las paertaa do la do"
reeha. Aparecen Coleta y Dlooía detráa de la verja y anos hom*
broa con haces do picas y espadas y las reparten entre los hom-
bres del pneblo. El cortejo se va alojando y el tambor va poeo
i poeo amortiguando el r«{do de sas golpes.
ESCENA XVIII
HUGO, COLETA, DIONÍS y GENTE DEL PUEBLO
Hdgo. (Aquí habrá soledad. Aquí he de ocultar mi ver-
güenza y mi derrota.)
Goleta. (Blandiendo ana espada.) lÁ salvarla, Ó á morir!
Dioins. lA salvarla I
Hugo. (Refiriéndose á los qao hay tras la verja.) |lmbécilesl (Vanse
todos menos Hago.)
KSGENA XIX
HUGO
iPor fin calló la destemplada caja! Sus golpes sentía
yo aquí en lo interior del pecho, lo mismo que si so-
bre el corazón me descargasen cíciópóos martillazos.
I Miseria humanal ¿De qué sirve el poder vencido por
la voluntad de un ser débil? ¿De qué sirve el deseo
— 96 —
arrogante de la fiereza ante la apaéible resistencia de
la virtud? ¡Yo, humillado, y ni siquiera me queda el
placer de matar su memoria! ¡Ni siquiera esa ven-
ganza! Ella, Diana, va al suplicio como á sus nupcias
con Rafael. Un ¡ay! un pequeño dolor, la muerte... ¡y
es feliz! Muere venerada, llena de piedad y amor.
Flores sembrarán en la tierra que la sepulte y serán
reliquias los huesos y los cabellos de la mujer que me
desdeñó. |Y yo, aquí, vencedor vencido, silbado por
el respeto, y el miedo y el terror que infundo! ¡Pero
¡no! ¡no! Bien muerta está. En el mundo de los vivos
está Juan Cabet. El dolor de ese hombre, su condena-
ción en vida, ¡esa es mi victoria!
ESCENA XX
HUGO y JUAN
Joan con botas d« monUr y aspattlas entra an «ácana par la primera
pnerta lateral de la derecha. Lleg^a afanoso con an pUeg^o de papel en la
man«» Al entrar no repara en Hugo, qne en dicho momento ha de ha*
liarse en segando término cablerto por la eras; pero Hago s{ re á Jaai^
desde el primer iastantea
HüGO. (Al Ter i Joan.) (¡Cabet! SatHUás le trae.)
Juan. Este es el patio... aquella es la prisión de Diana. Pero
¡qué soledad! No hay centinelas, ni carceleros, ni
jueces. ¿Habré llegado tarde? (Se oye dentro, é lo lejoe,
an gran rocerfo confaso y prolongado. Juan se asonft 4 la
Terja, por la parte de la itqaierda, para oir mejor.)
Hugo. (¡Cómo voy á gozar en su desventura!) (Vase eoa iigiio,
por la primera paerta lateral de la derecha, cerrando !• pMrta
despais de haber salido.)
— 97 —
ESCENA XXI
JUAN
Esos gritos... el silencio que aquí reina... (sa aeercA «
la puerta del pabellón y escacha.) Nada Se oye. ¡DiOS míol
¡Dios míol ¿Habrá muerto? ¿La estarán quemando?
¿Irá á morir cuando de nuevo traigo su perdón, ese
perdón misteriosamente robado? ¡Ah, no, nol Gsos
lejanos gritos son una revelación. Diana está en el
suplicio. Quizás es tiempo de salvarla, si acudo dili-*
gente. (Corra hacia la puerta por donda entró, la encuentra
cerrada y la golpea con desesperación. Después acude 4 la sa-
^nda puerta.) ¡Cerrada! ¡Abrid, abrid! ¡Maldición! La
han cerrado tras de mí. ¿Y por dónde?... Otra puerta.
¡Cerrada también! ¡Hugo! ¡Hugo! Reconozco tu mal-
mad. (Se dirige á la puerta central de la rerja.) Esta es
• Otra salida. No cede... se abre por fuera... ¡y otra vez
se oye gritarl (otra vez se oye el lejano Toeerío.) ¡Diana!
¡amor míol ¡no me acuses si mueres! ¡Yo también me
muero de dolor! ¡Ah! Trepando por la* verja, podré
salir. (Empieza á trepar por la verja, cuando se abre la primera
puerta lateral de la derecha y entra Hug^ en escena seg^nido do
Qn Soldado. A. la vos de Hugo, Juan detiene su ascensión.)
ESCENA ÚLTIMA
JUAN, HUGO y an SOLDADO, que entra y se va en seg'uida.
HüGO. (ai Soldado.) Cierra por fuera y vete. (Vase el Soldado.)
Juan. ¡Hugo!
Hugo. Antes que puedas traspasar la verja, he de matarte.
Juan. (Dirigiéndose á Hugo.) ¿Y Diana?
Hugo. En el suplicio.
Juan. ¡Asesino! ¡Abre, abre! ¡Manda abrirl
7 •
— 98 —
Hugo. Después del toque de agonía. (Se oye do naero ei Toeerío,
lajaao «orno antes» pero más inerte y prolongado*)
Juan. Tú fuiste, tú, el que interceptó el perdón de Diana,
de esa mártir, de esa mujer cuya vida es mi vida;
pero aquí Ke traigo otra vez. ¡ Abrel
Hugo. Inútil porfía. Ese perdón que traes es mi denuncia.
Ese perdón es la vida de la mujer que tú amas, y
antes la quiero muerta que. en tus brazos. ■"
Juan. ¡Abre, ó te mato! (Ábrel (Desmda U espada. Sago hace
lo mismo.)
Hugo. Cuando su alma suba al cielo.
Juan. Guando la suya suba al cielo, la tuya bajará al in-
fierno» (Ataca con brío i Hago, qne te defiende.)
Hugo. Y tú quedarás en ol infierno del dolor.
Juan. ¡Muere, miserable! (Hago ese herido.)
Hugo. No la verás... más.
Juan. Todavía puedo llegar. lAyudadtne, Dios del cielo!
(Corre hacia la verja. Dentro se oye raído lejano como de
lacha y gritos más fuertes y prolongados q«e las yecos ante-
floree.)
YoGBs. (Dentro.) |Hurra! [muera! ¡viva!
Juan. Gritos de victoria.
Hugo. ¡Voces malditasl .
Juan. Aún es tiempo. (Va i trepar por la verja, pero ana cam«
pana de iglesia da el toqne de agonía. Jnsn cae de rodillas,
deja caer la espada, se cubre el rostro con las manos y llora.)
¡Muerta!
Hugo. (incorporándose por an gran esfaertOt) He VCncidó. (Cae
muerto y se baja el telón, oyéndose aún el lento y lúgubre
toqne de la campana.) .
FIN DEL DRAMA
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